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Fibra óptica. ¿Por qué?
Fibra óptica. ¿Por qué? Todo cuanto se haga en beneficio de una mejor comunicación entre los ciudadanos, resultará claramente positivo para la sociedad en su conjunto. El despliegue de fibra óptica en entornos urbanos, mediante la utilización de las redes de saneamiento ya existentes y de tecnología robótica muy avanzada, redunda en favor de la ciudadanía al mismo tiempo que contribuye a conservar las ciudades intactas. Luis Gómez González del Tánago Director Ténico, Citynet Vivimos en un mundo en el que se afirma de que la comunicación se ha convertido en el cuarto poder. Es más, se llega incluso a hablar de una sociedad sobreinformada, en clara alusión a los perjuicios que un exceso de información puede estar ocasionándonos. Por tanto, todo cuanto se haga en beneficio de una mejor comunicación entre los ciudadanos, redundará positivamente en el conjunto de la sociedad. Desde que surgió el telégrafo, allá a mediados del siglo XIX, posteriormente el teléfono, la radio… cada día observamos cómo los medios de comunicación electrónica se arraigan más y más dentro de la cultura y las actividades diarias de la sociedad actual. Pero si adoptamos una visión histórica, no son muchos los años que hemos de retroceder para pensar en las primeras comunicaciones telefónicas. Éstas se produjeron gracias a los tendidos de cable, conexión física a través de centrales de comunicación, física también, punto a punto, a través del espacio, primero, y bajo tierra, más tarde. Ahora bien, pasado un tiempo, la demanda en la manera para comunicarnos empezó a crecer de una forma inimaginable hasta entonces. Todos estos diferentes tipos de comunicación debían “viajar” sobre el mismo cable (por supuesto, de cobre). En esta ocasión, el problema también se pudo solucionar pronto con la aparición del “multiplexador”, dispositivo electrónico cuya función es repartir el ancho de banda del cable, introduciendo varias conversaciones en el mismo par físico. Por lo demás, un hallazgo fundamental para la distribución de cables submarinos. La necesidad de fibra óptica en un mundo de comunicación Casi paralelamente irrumpe la radio, pasado un tiempo, la televisión, la telefonía móvil después, las comunicaciones vía satélite a la par. Todos, “medios” que permiten tener acceso a la información de forma rápida y mantenernos comunicados en cualquier momento. Pero hay un medio que se puede decir que es el centro mundial de la información por excelencia: Internet. Se puede decir que cada día, la cantidad de información que se encuentra en la “red de redes” va a más, al igual que el número de personas que se conectan. Los usuarios demandan servicios que necesitan, mayor velocidad de transferencia de datos (conversaciones de voz y vídeo, bajada de grandes archivos, etc.), por lo que se ha hecho necesario desarrollar un nuevo medio para la transmisión de la información, capaz de transferir los datos de un modo más eficaz, rápido y accesible para ese gran número de personas. Ese medio es la fibra óptica. El lector sabe por qué la fibra óptica ha revolucionado las telecomunicaciones pero, quizá, el detalle, como en otras tantas cuestiones, nos ayude a estar más convencidos y satisfechos después de haber realizado nuestra elección. De todos son conocidas las ventajas que la fibra óptica, comparadas con el par de cobre, nos ofrecen (menos coste, mayor utilización de servicios: Multichannel TV, Video on Demand o Vídeo bajo Demanda, vídeo digital, acceso de banda ancha a Internet, telefonía, incontable ancho de banda para una cantidad ilimitada de usuarios conectados a un nodo local, menor degradación de la señal, menor gasto de energía, señales digitales, no es inflamable, es ligera, no es susceptible a interferencias eléctricas, no radia ningún tipo de señal al exterior siendo por ello mucho más segura incluso que los cables apantallados…). Ahora bien, como inconvenientes podemos señalar que las redes de cableado son subterráneas y que su destino más demandado son los municipios, comunidades y ciudades. Inmediatamente, como ciudadano, al lector le habrá surgido un rechazo automático: “¡No, por Dios, más zanjas no!”. El responsable de los ayuntamientos, las diputaciones, etc., aunque por otros motivos, y, quizá, con menos “pasión”, pensará lo mismo: su pérdida de popularidad por las molestias de las obras al ciudadano, los inconvenientes que se derivan de ellas en cuanto a costes, riesgos, incomodidad, imagen… se refiere. Aprovechamiento de las redes de saneamiento existentes Llegados a este punto, podríamos pensar que de salvar este último inconveniente obtendríamos la “panacea” para solventar uno de los problemas derivados de la sociedad de la comunicación. En otros países (Estados Unidos, Alemania, Suiza, Japón, Italia, Suecia, Holanda…) ya llevan tiempo investigando sobre esto y algunas compañías llevan años trabajando en este sentido. Pero en España hemos tenido que esperar a que alguna compañía de telecomunicaciones se lanzara al despliegue de fibra óptica en entornos urbanos utilizando redes de saneamiento ya existentes (sin zanjas, sin alterar el ritmo de la ciudad, sin perjudicar el medio ambiente, accediendo a los lugares donde otros no llegan: casco antiguo, zonas de tráfico elevado, etc. garantizando seguridad e higiene), y nos presentara sus avances tecnológicos para comprobar que el futuro ya está aquí. Y cuando digo “ya está aquí” lo hago en el más literal sentido de la expresión. Desde hace muy poco tiempo, pero eso sí, desde entonces, sin detenerse. Pero ¿cómo han conseguido dicho despliegue a través de los conductos mencionados? Sabemos que los conductos de saneamiento subterráneos son diferentes en cuanto a diámetro y posibilidades de visita, movimiento y, en definitiva, del trabajo humano. Por ello, y en función de las características de dichos conductos, se aplican técnicas de trabajo y tecnologías diferentes. A este respecto, la empresa clasifica los conductos de saneamiento en: “colectores” (de hasta 80 cm de diámetro, lo que las hace totalmente inaccesibles para el hombre); y “galerías visitables” (de más de 150 cm de diámetro y, por tanto, aptas para que una persona pueda caminar erguida o semierguida), cuya facilidad de acceso las hace atractivas para instalaciones de diverso tipo. Sin “obviar” éstas (en ellas los tubos se adosan a las paredes de la galería y se recubren con una canaleta especialmente diseñada a éstos efectos), es en los “colectores” donde alguna empresa está aprovechando su ventaja competitiva al contar con una tecnología robótica exclusiva para el despliegue de fibra óptica: el robot “SAM” (Sewer Access Module), tecnología punta diseñada con el objetivo de maximizar los rendimientos en la instalación y de asegurar un altísimo grado de calidad en todos sus procesos. “SAM” es un pequeño robot, de 90 cm de largo por 16 de ancho y 15 de altura, que se encarga de todo el proceso de supervisión e instalación de la red de fibra óptica: inspección y mapeo, instalación de anillas, conductos y, por último, del cable. Decíamos que “el futuro ya está aquí” y, si no, que se lo pregunten a los operadores (se les facilita su trabajo), a los ayuntamientos (se les evitan molestias) y a los ciudadanos (se les hace la vida más fácil). Finalmente, se contribuye a conservar las ciudades intactas. Existe un conducto de saneamiento bajo prácticamente la totalidad de las calles (en ciudades y pueblos, parques empresariales, recintos temáticos, campus universitarios…), lo que implica que el canal por el que se desplegará la red ya existe (no es necesario “destruir” para volver a construir). Además, estas canalizaciones se encuentran a profundidad, protegidos de todo tipo de “ataques” externos (excavadoras, obras civiles, agresiones climáticas, etc.). Sin ningún género de dudas: ¿por qué fibra óptica en las comunicaciones? Muy sencillo, porque “el futuro ya llegó”.
30 oct 2015