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Artículo BIT
Javier Domínguez
Quizá el ingeniero esté crepuscular. Evoca la lejana incorporación del color en la TV y la admiración que sintió entonces por la ingeniosa solución para garantizar la compatibilidad con los receptores monocromáticos que siguieron (y siguen) reproduciendo, en blanco y negro, programas producidos en color. No hubo que prever apagones de la vieja tecnología y los ciudadanos renovaron sus televisores sin imposición de un plazo determinado. Recuerda también cómo se acometió la sustitución del móvil analógico. Con la tecnología digital se introdujo la competencia y, sin grandes campañas ni complicados planes de transición, los usuarios se convencieron de la bondad del cambio (la gran mayoría ignoraba el uso de una nueva tecnología) sin soportar la tortura del anuncio sobre los días que quedaban para el cese del servicio analógico. Ahora, en pleno siglo XXI, el ingeniero se siente incómodo con la imposición del momento en que deberá adaptar su instalación para seguir viendo la TV radiodifundida por ondas terrestres en versión digital (TDT). Profesionalmente, considera un fracaso que no se haya adoptado una estrategia que permita a los usuarios eligir cuándo cambiar de tecnología. El ingeniero sospecha que se opta por imponer a falta de saber convencer. El mayor número de canales y la mejor calidad no parecen argumentos de peso, y en cuanto a lo de la interactividad hay que reconocer que es una verdad a medias. Piensa el ingeniero que para ser consecuente con la ampulosa declaración de poner a la ciudadanía en el centro de las decisiones, habría que dedicar el beneficio de la mayor eficacia espectral de la TDT (el dividendo digital) para mantener en funcionamiento, simultáneamente, las dos tecnologías. Entonces, desde este escenario y en un marco audiovisual previsiblemente más reducido, se podría racionalizar la desmesurada asignación de múltiplex (especialmente en los ámbitos local y regional), corregir las incertidumbres del modelo teórico de propagación, y, mejorar la calidad percibida por los usuarios, evitando los apagones totales: de lo viejo y de lo nuevo. A la vez, habría que promover la competencia para que sean los productores y programadores los que convenzan a los televidentes de la bondad de adaptar sus instalaciones y de comprar un descodificador o de cambiar su receptor. En este contexto, resulta lógico impulsar la alta definición y admitir la TV de pago. Si se quiere mantener el hito tecnológico del 3 de abril de 2010, el ingeniero propone que se sirva con soda y se promocione como el objetivo del encendido digital nacional, renunciando a vincularlo con el cese total de las emisiones en analógico. Para los ansiosos por disfrutar del dividendo, se aconseja una dosis de sosiego: ya les llegará su oportunidad, como sucede con las frecuencias que se liberan del móvil analógico. Mientras, se respetará el derecho de la ciudadanía a la libre elección de cuándo y cómo sustituye su vieja tecnología. Encendido con soda Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
Artículo BIT
FRONTERA. “Crisis, ingeniería y futuro”
La actual crisis económica ha sido ya diagnosticada por el premio Nobel de economía de 1970, Paul Samuelson, así como por el de 2008, Paul Krugman. El primero manifestó (11-03- 09) que esta crisis es comparable a la Gran Depresión de 1929: “la peor experiencia con la que Norteamérica y el mundo se enfrenta desde el final de la II GM... y que posiblemente no asistiremos a una recuperación antes de 2014”. El FMI ya ha anticipado que el PIB mundial caerá por primera vez en 60 años. En cuanto a la situación económica de España, Krugman afirmó en Madrid que es “aterradora”, y que sólo se saldrá de ella mediante “cirugía” e innovación que fomente el empleo. Intentaré responder a tres preguntas, sin que la obligada brevedad afecte al necesario rigor: 1º. ¿Es esta crisis el anuncio del cambio cultural de una nueva sociedad? El cambio cultural exige la implantación de revolucionarias tecnologías que aún están en fase experimental, y la puesta a punto de un sistema educativo competitivo. Sustituir la economía de los combustibles fósiles por la ilimitada del hidrógeno exige disponer de reactores de fisión de 4ª generación (aprovechamiento de residuos) como paso previo, y luego sustituirlos por rectores de fusión, lo que está a medio siglo vista, tras lo que la síntesis de alimentos nos independizará del cultivo. Tampoco el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) ofrecerá resultados prácticos sobre Física antes de una década, por lo que aún no se dispondrá del soporte tecnológico necesario a corto plazo. 2º. ¿Qué factores determinarán la recuperación? La crisis es tecnológica y se ha producido según el modelo cíclico de Kondratieff y de destrucción creativa de Schumpeter. El largo ciclo de prosperidad que ahora acaba, se ha debido preferentemente a la tecnología de los combustibles fósiles (petróleo y gas) y la electrónica, que estaban llegando a su madurez, por lo que a partir de la crisis del puntocom, (marzo 2000) el negocio se fundamentó en la venta especulativa de dinero (bonos basura y construcción). La crisis estalló por la falta de liquidez y ha contagiado al sistema. Ha faltado ingeniería para crear nuevos productos de sustitución con los que dinamizar el mercado. Los ingenieros y científicos innovadores son imprescindibles. 3º. ¿Cuándo se producirá el cambio social que marcará una nueva época? La crisis monetaria puede durar un lustro, en que empezará el remonte económico con la mejora de la tecnología existente, hasta que en los próximos 20 años comiencen a verse los resultados las nacientes aplicaciones de tecnologías tales como el suministro ilimitado de energía limpia, la ingeniería genética, la Red Universal Digital (terminología de Fernando Sáez Vacas), con inteligencia incorporada, y los nuevos materiales. Los nuevos retos harán obsoletas las antiguas preocupaciones y el progreso seguirá su curso negentrópico. Empezará el futuro. Esa frontera que esperábamos en 1984 y en 2000. FRONTERA Crisis, ingeniería y futuro Aquilino Morcillo Crovetto Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
Artículo BIT
“Pros y contras de la globalización ”
En estos días, donde nos enfrentamos a la crisis más "compleja" de la historia, han vuelto a surgir con fuerza las voces opositoras a la globalización. En el sector de las telecomunicaciones, el comercio y la globalización han reportado beneficios ingentes a muchos países y ciudadanos. Sin embargo, a muchos les asaltan dudas sobre la veracidad de esta afirmación para el sector de las telecomunicaciones, sobre todo en el impacto que ha tenido en la calidad del empleo en los países occidentales. La realidad es que este sector se enfrenta a un duro problema en muchos países, que no es precisamente la globalización: es de los pocos sectores, por no decir el único, que es deflacionista. Durante años, los precios de los servicios y equipos de telecomunicaciones no dejan de bajar, ofreciendo mucho más por menos. Un importante factor para la bajada es el entorno regulatorio... ¿Es realmente cara una tarifa plana de servicios de telecomunicaciones si lo comparamos con el precio de tomar unas tapas, unas copas, ir al cine o poner la calefacción?... Centrándonos en el tema de la globalización, el comercio ha permitido a muchas naciones obtener los beneficios de la especialización y conseguir economías de escala. Ha incrementado la productividad, impulsado la difusión del conocimiento y de las nuevas tecnologías y aumentado la posibilidad de elección de los consumidores. El comercio y la globalización han dado una mayor prosperidad para centenares de millones de personas, mejorando la asignación de recursos, reduciendo la pobreza y una mayor estabilidad entre los países. Hace unos años pensábamos que la globalización sólo afectaría negativamente a sectores intensivos en mano de obra, como el textil o el agrario, pero ya está afectando a los sectores intensivos en I+D, como el de las telecomunicaciones. Sin embargo, debemos tomar el ejemplo de empresas como Inditex o Adolfo Dominguez, donde la globalización ha sido una oportunidad de crecimiento, emprendiendo un exitoso proceso de intercionalización en base, precisamente, a un avanzado sistema de coordinación y control de sistemas productivos fragmentados, gracias a los avances de los sistemas de información y las telecomunicaciones, asi como a la reducción de los costes de transporte y comunicación, costos de seguros y arances, mejora de la propiedad intelectual, acceso a subvenciones, etc. Las telecomunicaciones son uno de los pilares básicos sobre los que se ha construido el éxito de estos grupos. El comercio es beneficioso para los fabricantes de telecomunicaciones, porque aunque están sometidas a una mayor presión competitiva, pueden acceder a nuevos mercados, reduciendo los riesgos de tipos de cambio y crisis regionales, aumentando su producción y reduciendo sus costos a través de economías de escala y el efecto experiencia. Las empresas también pueden conseguir beneficios importantes gracias al acceso a insumos intermedios especializados. Las diferentes etapas de la producción, ya sean de productos o servicios, requieren tipos distintos de tecnología y de cualificación o insumos en distintas proporciones. En estas condiciones, la ventaja de fragmentar la producción entre varios países consiste en que la empresa puede localizar diferentes etapas del proceso de producción en el país en el que exista una abundancia relativa del tipo de cualificación o de insumo (energía barata, hierro, chips, conocimiento en algún área específica como el datacom en Estados Unidos, el transporte óptico en Italia o el software en La India, etc.) que se utiliza de forma más intensiva en esa etapa de producción. Fruto de la globalización de los suministradores, los operadores, empresas y particulares tienen a su disposición una mayor variedad de productos y servicios a precios más bajos y de mayor calidad. Sin embargo, sobrevivir en este entorno más competitivo exige una mayor especialización, eficiencia y productividad, razón por la cual muchos suministradores y operadores han tenido que recurrir a reestructuraciones organizativas y reducciones de plantilla. Este año, el 2009, será decisivo en la configuración del nuevo escenario futuro de las telecomunicaciones. No todos seguirán dando que hablar, pero aquellos que lo hagan, lo harán reforzados. ¿Están las empresas de telecomunicaciones españolas o con presencia en nuestro país preparadas para la globalización?... Ejemplos como el del Grupo Telefónica, demuestran que sí. Sin embargo ¿facilita la Administración la I+D+i y la consecución de sinergias y economías de escala en nuestras empresas?... Esta cuestión da para otro artículo de opinión. Pros y contras de la globalización Ramón Jesús Millán Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
Artículo BIT
El espectro radioeléctrico, la regulación y la competencia
No cabe duda que el sector de las telecomunicaciones está atravesando no sólo un proceso de cambio tecnológico sin precedentes, sino también una transformación de las redes de acceso que está provocando la necesidad de abrir un debate sobre la asignación del espectro radioeléctrico y su uso eficiente por parte de los operadores adjudicatarios, con el objeto de maximizar el beneficio que este recurso escaso aporta al conjunto de la sociedad y a la economía en particular. En este contexto, observamos cada vez en mayor medida la existencia en el mercado de ofertas convergentes que hacen que la delimitación geográfica y por servicios que realizan las distintas Autoridades Nacionales de Regulación tenga que ser objeto de revisión y actualización, con la finalidad de adaptarse a la realidad competitiva que el nuevo entorno de transformación de la red de acceso está provocando. Efectivamente, la existencia de plataformas alternativas como las redes móviles podría provocar que el entorno competitivo que tradicionalmente hemos conocido cambiara de forma significativa, haciendo que cuestiones como las siguientes tuvieran que ser objeto de análisis o, cuando menos, reflexión: ¿hasta qué punto los servicios de banda ancha móvil pueden llegar a convertirse en sustitutos o en servicios complementarios de los servicios de banda ancha fija?; ¿resulta más eficiente técnica y económicamente que la prestación del servicio universal con una red móvil en lugar de con una fija?; ¿cuáles serían las implicaciones sobre los análisis de mercados y sobre los precios de los distintos servicios regulados?. Las respuestas a estas preguntas exigen reflexionar sobre el procedimiento seguido para la adjudicación de las licencias, los compromisos de inversión requeridos a los adjudicatarios, y el uso eficiente que eventualmente los mismos estarían haciendo de las bandas de frecuencia que les asignaron. Pero, adicionalmente a lo anterior, también exige reflexionar sobre el ámbito geográfico en el que dicha competencia podría tener lugar, así como la necesidad o no de revisar la definición y el análisis de los distintos mercados afectados, y la tipología de obligaciones impuestas. Se puede concluir por tanto que el espectro radioeléctrico, cuando es asignado de forma correcta y utilizado de forma eficiente, constituye el primer instrumento regulatorio para garantizar no sólo la tan ansiada competencia, sino también un modelo regulatorio que incentive la inversión y la innovación. La asignación por tanto de las bandas de 790-862 MHz a los operadores móviles tras el apagón analógico representa una oportunidad para aumentar el beneficio para la sociedad y para avanzar con paso firme hacia un modelo de competencia en infraestructuras, gracias a la aparición de plataformas alternativas de acceso que técnica y económicamente pueden resultar muy competitivas y atractivas para unos consumidores finales que demandan cada vez más no sólo servicios empaquetados sino también servicios convergentes. El espectro radioeléctrico, la regulación y la competencia Antonio García Zaballos Gerente de la Industria de Telecomunicaciones, Media y Tecnología de Deloitte Profesor Asociado del Instituto de Empresa Business School
30 oct 2015
Artículo BIT
La marca
Trato de adherirme con entusiasmo a la campaña para el fomento y la defensa del prestigio de la “marca” Ingeniero de Telecomunicación. Me pregunto a quién debe, prioritariamente, dirigirse el esfuerzo. Creo que el sector ya está convencido y que el desafío consistirá en seducir al resto de la sociedad. Ya que estamos, cuestionemos su denominación excesivamente larga. Según los manuales, el éxito de una marca radica en que su nombre sea corto, fácil de leer y recordar, y agradable para el oído. Afortunadamente, allí donde habita lo popular está admitida la abreviatura teleco, así que, con permiso de los puristas, la utilizaré aunque sólo sea para ajustarme al límite de caracteres que establece la Dirección de la revista. Cuentan los expertos que la distinción y credibilidad de una marca depende, en gran medida, de su capacidad para generar sentimientos positivos. No fueron, precisamente, reacciones favorables (más bien, el efecto contrario) las que percibí cuando, a petición del presidente de mi comunidad de propietarios y revestido del supuesto prestigio de la “marca”, comenté ante mis vecinos una oferta para instalar antenas en el tejado del edificio y les describí el alcance de la adaptación de las instalaciones a la normativa de las Infraestructuras Comunes de Telecomunicaciones (ICT). Sospecho que les sometí a tal sobredosis de conceptos sobre antenas, radiaciones, cables, canalizaciones, registros, etc. que mis palabras tuvieron más poder de disuasión que de persuasión. Aquello que valoriza la “marca” en el ámbito restringido del sector (como sucede con el éxito en el despliegue de la telefonía móvil y las ICT), no es precisamente el ejemplo más adecuado para lograr un extenso reconocimiento social. El prestigio y la credibilidad de nuestra profesión ante la sociedad no dependen tanto de la demostrada competencia para crear redes e infraestructuras, como de la habilidad para aplicar la tecnología en el desarrollo de productos que provoquen en la ciudadanía estímulos positivos de sorpresa y curiosidad. Tengo serias dudas de que la noticia de instalar fibra óptica hasta el hogar o el despliegue de nuevas redes de acceso radioeléctricas o la imposición de la TDT, favorezca el reconocimiento social de la “marca”. Es preciso dar un salto cualitativo y convencer a la opinión pública de que los teleco somos también protagonistas en el progreso de la educación, de la sanidad, de la asistencia social, de la seguridad, de los transportes y, por añadidura, de la información y del ocio en sus diferentes modalidades (TV, videojuegos, radio, turismo, etc.); y que, además, estamos capacitados para colaborar en proyectos multidisciplinares en los que se precisa relacionar elementos inconexos para crear algo nuevo. En cualquier caso, toda marca está unida indisolublemente al sonido y a la imagen. Teleco suena bien pero de imagen andamos un poco pobres. Observen el escudo de la especialidad: una mezcla de antena, línea de postes, hilos, rayos… ¿No deberíamos buscar un logo, más moderno y sugerente, que ayude a extender y fortalecer el prestigio de nuestra “marca”? La marca Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
Artículo BIT
NGN: una oportunidad
La crisis de las telecomunicaciones, que desde el año 2000 azotó a las empresas tecnológicas de todo el mundo, se manifestó en los años 2002 y 2003 en toda su crudeza, con despidos masivos y quiebras de algunas grandes operadoras (algunas no quebraron porque el Estado vino en su ayuda). Se trataba de una crisis financiera, debido al alto precio pagado por las operadoras por las licencias 3G y los altos endeudamientos adquiridos por los suministradores de equipos para el desarrollo de tecnologías emergentes y la alta competitividad, fruto de la intercionalización. Se llegó al mercado con una tecnología móvil de banda ancha, la 3G, que parecía la panacea, pero para la que los usuarios no estaban listos. En la actualidad, las operadoras de telecomunicaciones generan grandes flujos de caja, pero su nivel de endeudamiento es relativamente elevado, debido a las fuertes pérdidas sufridas en el pasado, el proceso de integración de las redes fijas y móviles en una red convergente y el proceso de adquisiciones para generar sinergias entre los distintos negocios internacionales. Los operadores deberán afrontar fuertes inversiones para poder ampliar su catálogo de servicios mediante el despliegue de fibra hasta el hogar, una tecnología para la que, esta vez sí, están listos los usuarios, si bien la demanda se verá afectada por la desaceleración económica. Sin embargo, la actual crisis financiera global, conocida como “crisis suprime”, originada en el mercado hipotecario de alto riesgo de Estados Unidos, ha generado una elevada incertidumbre sobre su alcance e impacto económico y ha supuesto la restricción del crédito internacional. Los suministradores están sufriendo estas consecuencias con mayor intensidad debido a la entrada de los suministradores asiáticos, como Huawei y ZTE. Los suministradores chinos están "rompiendo" el mercado gracias a precios inicialmente, y aparentemente, más bajos que los tradicionales competidores europeos (ALU, Ericsson, NSN, etc.) y americanos (Nortel, Morotorla, Tellabs, etc.). Este sector ligado a la innovación, sufre con más intensidad la caída de la demanda por la desaceleración económica y la prudencia inversora de los mercados financieros. El aumento del poder de compra de los operadores y la presión de márgenes, dará lugar a un proceso de concentración de los suministradores, donde sólo unas pocos suministradores multionacionales sobrevivirán. Estos suministradores ofrecerán un amplio catálogo de equipos, servicios y software para redes de telecomunicaciones para operadoras y empresas. Trabajarán en tecnologías estratégicas como "resellers" o "partners" de pequeñas empresas, mucho más flexibles y rápidas para la I+D. Este proceso, que ya ha comenzado, no estará exento de reestructuraciones de plantillas y venta de activos que han dejado de ser estratégicos, algo que afectará muy negativamente a la economía española en particular, porque no anda sobrada de empresas nacionales o extranjeras punteras tecnológicamente. La realidad es que la inversión en redes de nueva generación puede actuar como catalizador de la recuperación económica de nuestro país, generando un nuevo tejido industrial con alta cualificación, competitivo y exportador. El Gobierno debe fomentar políticas que favorezcan la inversión en estas nuevas redes como medio para conseguir resolver uno de nuestros mayores problemas: la falta de competitividad. Favoreciendo las inversiones en este sector (desgravación por I+D y contratación, inversión en formación, ayudando con inversión pública en las zonas de menor competencia, etc.), la mano de obra trabajando tradicionalmente en la construcción podría ser "reciclada" para soportar el despliegue de la infraestructura de las nuevas canalizaciones de fibra óptica, apoyada por la excelente cualificación tecnológica que tienen los ingenieros de telecomunicación de este país. Ramón Jesús Millán Tejedor Ingeniero de Telecomunicación NGN: una oportunidad
30 oct 2015
Artículo BIT
Telemedicina, el futuro del sector sanitario
El desarrollo tecnológico y la aplicación de las nuevas tecnologías a las demandas sociales están cambiando por completo nuestros hábitos y costumbres. Una de las áreas en las que más se están empleando estos avances es en el sector sanitario. La telemedicina es un sistema relativamente reciente, impulsado por las tecnologías de la información y las comunicaciones. Sus aplicaciones incluyen educación médica, diagnóstico y tratamiento. La formación de profesionales sanitarios a través de los sistemas de videoconferencia, o e-learning, permite hacer uso de estas técnicas con las que sacar un mayor provecho de las clases sin necesidad de acudir físicamente. La mejora de la tecnología ha permitido una excelente calidad de imagen y sonido, y su perfecta sincronización en tiempo real y en varias ubicaciones simultáneamente para su utilización en la formación de profesionales sanitarios. Esto se debe a que el desarrollo de aplicaciones y programas de formación se ha concentrado en aquellas disciplinas en las que la imagen era el elemento fundamental, como es el caso de todas las variantes quirúrgicas. Pero quizá la más sorprendente de todas sus prácticas sea la telediagnósis. Este recurso tecnológico permite atender a pacientes mediante videoconferencia, evitando desplazamientos, tanto de médicos especialistas como de pacientes al hospital. Esta ventaja de movilidad facilita la asistencia, sobre todo, a aquellos pacientes que viven en zonas rurales o a largas distancias del hospital más cercano. Estos sistemas permiten que cualquier diagnóstico que necesite una imagen tanto fija como en movimiento, desde una endoscopia hasta una ecografía, puedan ser analizados por otros especialistas, vía remota, en el mismo instante en el que se está produciendo. La telemedicina se está aplicando prácticamente en todas las especialidades médicas, pero los esfuerzos iniciales se han centrado en la asistencia domiciliaria a mayores y pacientes crónicos, así como los grupos más vulnerables, como las mujeres embarazadas. Mediante el apoyo de las telecomunicaciones y las ciencias informáticas, el abanico de posibilidades que se abre ante la telemedicina o e-salud (término que indica un campo de actuación más amplio) puede ser tan extenso como alcance la imaginación. Tan sólo es necesario un sistema de telefonía y una conexión a la red y, por tanto, la telemedicina puede ser aplicada, por ejemplo, en situaciones de emergencia o catástrofes. Allí donde un médico o especialista tardaría horas en llegar, este sistema podría salvar la vida a un accidentado cuya vida corre peligro. Aún se está lejos de alcanzar y aprovechar todo el potencial que esta solución técnica aporta a la medicina. Pero la confianza de las nuevas generaciones en el desarrollo de las tecnologías al servicio del ciudadano permitirá en un futuro el uso masivo de la Eduard Arnau Director Comercial de Techno Trends Telemedicina, el futuro del sector sanitario
30 oct 2015
Artículo BIT
El fracaso de la regulación del cable en España
Una de las razones del lamentable panorama de las redes de nueva generación en España es la falta de competencia, heredada de una regulación ineficiente que impidió la creación, desde un primer momento, de uno o dos grandes operadores nacionales de cable. Los concursos de cable se convocaron en España entre 1997 y 1998, dando lugar en 1999 a las siguientes operadoras concesionarias: ONO (Cantabria, Huelva, Cádiz, Comunidad Valenciana, Islas Baleares), Supercable (Andalucía), Menta (Cataluña), Able (Aragón), Telecable (Asturias), R (Galicia), Euskaltel (País Vasco), Retena (Navarra), Canarias Telecom (Islas Canarias), Retecal (Castilla y León), Reterioja (La Rioja), y Madritel (Madrid). Las únicas regiones en las que el concurso de adjudicación de licencias de cable quedó desierto fueron Extremadura y Castilla La Mancha. Telefónica Cable obtenía licencia para operar en todas las demarcaciones, si bien acabó por terminar de revocarla, sustituyendo sus compromisos en fibra óptica por ADSL, reaprovechando así el par de cobre telefónico. La situación actual ha ido cambiando bastante, siguiendo un proceso lógico de concentración en el sector. ONO obtuvo en 2003 la concesión administrativa para operar en Castilla la Mancha, y en 2004 compró Retecal. Por otra parte, Auna decide en 2003 agrupar sus cinco operadoras regionales de cable (Madritel, Menta, Able, Canarias Telecom y Supercable) y en 2004 compró Tenaria. Finalmente, a mediados del año 2005, ONO adquiere Auna. Así, la empresa resultante de la integración de ONO y Auna, que mantiene el nombre comercial de ONO, controla el actual mercado español del cable, a excepción del País Vasco, Asturias y Galicia, donde están presentes los operadores Euskaltel, Telecable y R, respectivamente, además de Extremadura, que carece de este tipo de servicios de telecomunicaciones. ¿Quién ha ganado en este proceso de concentración? Los accionistas iniciales de todos estos operadores (bancos, cajas, compañías eléctricas, etc.), que han visto recuperada su inversión inicial junto a un beneficio, por liderar un proyecto empresarial llamado al fracaso desde el primer momento. ONO cuenta en la actualidad con los necesarios volúmenes de alcance, escala y experiencia, pero todo este proceso de fusiones le han supuesto continuas reestructuraciones de plantilla, una planta de infraestructura heterogénea y difícil de mantener y la desviación de esfuerzos técnicos y comerciales a esfuerzos reorganizativos. Los recursos en comprar otros operadores se podrían haber invertido desde un primer momento en incrementar la capilaridad de su red, incrementar su catálogo de servicios, incrementar el número de clientes y mejorar la imagen de marca. Ahora estos operadores no tienen capacidad de invertir en redes de nueva generación y esto supondrá un gran retraso a España, porque la situación regulatoria tampoco beneficia la inversión por parte de Telefónica. El fracaso de la regulación del cable en España Ramón Jesús Millán Tejedor Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015