Artículo BIT
Javier Domínguez
Quizá el ingeniero esté crepuscular. Evoca la lejana incorporación del color en la TV y la admiración que sintió entonces por la ingeniosa solución para garantizar la compatibilidad con los receptores monocromáticos que siguieron (y siguen) reproduciendo, en blanco y negro, programas producidos en color. No hubo que prever apagones de la vieja tecnología y los ciudadanos renovaron sus televisores sin imposición de un plazo determinado. Recuerda también cómo se acometió la sustitución del móvil analógico. Con la tecnología digital se introdujo la competencia y, sin grandes campañas ni complicados planes de transición, los usuarios se convencieron de la bondad del cambio (la gran mayoría ignoraba el uso de una nueva tecnología) sin soportar la tortura del anuncio sobre los días que quedaban para el cese del servicio analógico. Ahora, en pleno siglo XXI, el ingeniero se siente incómodo con la imposición del momento en que deberá adaptar su instalación para seguir viendo la TV radiodifundida por ondas terrestres en versión digital (TDT). Profesionalmente, considera un fracaso que no se haya adoptado una estrategia que permita a los usuarios eligir cuándo cambiar de tecnología. El ingeniero sospecha que se opta por imponer a falta de saber convencer. El mayor número de canales y la mejor calidad no parecen argumentos de peso, y en cuanto a lo de la interactividad hay que reconocer que es una verdad a medias. Piensa el ingeniero que para ser consecuente con la ampulosa declaración de poner a la ciudadanía en el centro de las decisiones, habría que dedicar el beneficio de la mayor eficacia espectral de la TDT (el dividendo digital) para mantener en funcionamiento, simultáneamente, las dos tecnologías. Entonces, desde este escenario y en un marco audiovisual previsiblemente más reducido, se podría racionalizar la desmesurada asignación de múltiplex (especialmente en los ámbitos local y regional), corregir las incertidumbres del modelo teórico de propagación, y, mejorar la calidad percibida por los usuarios, evitando los apagones totales: de lo viejo y de lo nuevo. A la vez, habría que promover la competencia para que sean los productores y programadores los que convenzan a los televidentes de la bondad de adaptar sus instalaciones y de comprar un descodificador o de cambiar su receptor. En este contexto, resulta lógico impulsar la alta definición y admitir la TV de pago. Si se quiere mantener el hito tecnológico del 3 de abril de 2010, el ingeniero propone que se sirva con soda y se promocione como el objetivo del encendido digital nacional, renunciando a vincularlo con el cese total de las emisiones en analógico. Para los ansiosos por disfrutar del dividendo, se aconseja una dosis de sosiego: ya les llegará su oportunidad, como sucede con las frecuencias que se liberan del móvil analógico. Mientras, se respetará el derecho de la ciudadanía a la libre elección de cuándo y cómo sustituye su vieja tecnología. Encendido con soda Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015