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El desarrollo de la televisión en España a través del BOE
El desarrollo de la televisión en España a través del BOE José María Romeo López Miembro del Foro Histórico de Telecomunicaciones En el año 1956 comenzaron en España las emisiones de televisión, en una sede provisional situada en el Paseo de la Habana de Madrid. Desde entonces, la televisión ha sido objeto de legislación y de una serie de ajustes regulatorios. Así lo demuestra el Boletín Oficial del Estado (BOE). A lo largo de diferentes publicaciones ha sido el testigo silencioso y el cronista histórico de los particulares desarrollo y evolución de la televisión en nuestro país, a menudo marcados por una orografía y unas características geográficas singulares y complejas. Comienzan las emisiones de Televisión Española (1956) El 28 de octubre de 1956 comenzaba sus emisiones la televisión española, desde una sede provisional en el Paseo de La Habana, en Madrid, con una antena de 90 metros de altura, un transmisor de imágenes con 2 kw de potencia útil y uno de sonido de 1 kw, elementos con los que tenía un alcance de 70 km. Sus emisiones podían ser captadas por los 600 aparatos receptores que en aquel momento existían y que habían costado entre 24.000 y 32.000 pesetas, incluido el Impuesto sobre el Lujo que gravaba la tenencia y disfrute de aparatos de televisión. Evidentemente, este precio no era asequible para la gran mayoría de las familias y, por tanto, para lograr aumentar la audiencia, el Gobierno, por Decreto de 3 de octubre de 1957, decidió convocar un concurso para la fabricación de un modelo de receptor nacional de televisión a precio reducido. El número de receptores objeto del concurso era de 20.000 unidades. Para la adquisición de dichos aparatos era necesario solicitarlos a través de la Organización Sindical, estando excluidas de esa posibilidad las jerarquías, y en el caso de los funcionarios civiles y militares, se haría a través de los Ministerios correspondientes En todos los casos, se efectuarían sorteos si el número de peticiones era superior a las disponibilidades. Los aparatos debían de tener un tamaño de pantalla de 17 pulgadas o cuarenta y seis centímetros. Cada empresa sólo podría presentar propuesta para la fabricación del 25 por ciento de la cantidad total. El precio no podría ser superior a las 10.000 pesetas, en las ventas al contado, y a 12.000, en las ventas a plazo, en 30 mensualidades y a 400 pesetas. En ese precio estaba incluida la instalación de la antena correspondiente en el casco urbano. En el decreto se consideraba oportuno apartar del mercado un número reducido de receptores a fin de adjudicarlos a las parroquias, escuelas y demás instituciones o asociaciones que lo solicitaran. Como se contemplaba en este decreto, para la recepción de la señal de Televisión era necesaria una antena exterior. Pero en 1957 la mayoría de las viviendas eran de alquiler y para situar cualquier elemento en el exterior, como el tejado del edificio, era necesaria la autorización del propietario del mismo. Como ésta no debía de conseguirse fácilmente, un decreto firmado por Franco el 18 de octubre de 1957, en Barcelona, regulaba la instalación de antenas receptoras de televisión en el exterior de los edificios. El artículo primero del decreto decía: “Los inquilinos, arrendatarios y personas legalmente autorizadas para usar la totalidad o parte de un inmueble urbano podrán instalar por su cuenta, en el exterior de los edilicios que ocupen, antenas receptoras de televisión, sin las limitaciones derivadas de la observancia de los Reglamentos administrativos sobre la materia. Se considerará nula y sin valor alguno, cualquier estipulación que contradiga lo establecido en el párrafo anterior aunque hubiere sido convenida antes de la promulgación del presente Decreto”. En el Decreto de 3 de octubre de 1957, sobre fabricación del receptor nacional, se decía que el pliego de condiciones se publicaría en el plazo máximo de cuatro meses. Hay que hacer constar que dicho decreto, de 3 de octubre, se publicó en el Boletín Oficial del Estado (BOE) del 29 de noviembre de ese año. Y, efectivamente, en el BOE del día 10 de marzo de 1958 aparecía una orden de fecha 6 de marzo en la que se publicada el pliego de condiciones en cuestión, dentro del plazo establecido, si se tienen en cuenta las fechas de publicación en el boletín. Por fin, otra orden de la Presidencia del Gobierno, de 30 de agosto de 1958, aprobaba la adjudicación definitiva para la fabricación del modelo nacional de receptor de televisión de precio reducido, en la siguiente forma: – Marconi Española, S. A., 5.000 aparatos receptores. – Standard Eléctrica, S. A., 5.000 aparatos receptores. – R.C.A. Española, 3.500 aparatos receptores. – Payma, S. L., 3.500 aparatos receptores. – Fluoresecencia y Televisión Ibérica, S. A., 1.000 aparatos receptores. – Teleradiocomunicación S. A., 1.000 aparatos receptores. – Iberia Rodio, S.A., 1.000 aparatos receptores. La Bola del Mundo, un largo proceso (1960) El Ingeniero de Telecomunicación Sánchez Cordobés, a quien se encargó el proyecto técnico de la televisión española, tomó dos decisiones importantes. Una de ellas, la adopción de la norma de 625 líneas que había desarrollado el PTT1 suizo, frente a las de 405 líneas de la televisión británica y las 819 de la francesa. La otra, fue la instalación de grandes emisoras de 200/250 kw, en los puntos más elevados de las cordilleras de la Península Ibérica como Navacerrada, Aitana, Guadalcanal, etc. Esto dio lugar a muchas críticas ya que en Europa las redes de televisión se establecían mediante la construcción de torres muy elevadas de entre 100 y 200 metros de altura, muy típicas porque en su parte superior solía haber un restaurante panorámico. Se llegaba a decir que llevar la emisora para cubrir Madrid a 40 kilómetros iba a dar lugar a que entraran en resonancia los cuernos de las vacas que era lo único que había entre ellas. Existe una obra de Sánchez Albornoz, titulada “España, un enigma histórico”, en la que, para justificar que el desarrollo histórico y político del país haya sido el que ha sido, recurre a algo tan ajeno a la historia como es el perfil de la línea férrea de París a Algeciras. Resulta sorprendente comprobar que ese perfil desde París a Irún es una planicie y desde Irún a Algeciras es un verdadero “serrucho” de picos y valles. Sánchez Albornoz lo utiliza para poner de manifiesto la dificultad de relaciones sociales y culturales y yo recurro a él para subrayar cómo no es posible adoptar en España los criterios utilizados en Europa para sistemas de radio cuya propagación está afectada por la orografía como son los de microondas, tales como Televisión y Telefonía Móvil. Efectivamente, en un territorio llano, una estación de poca potencia en una torre de 200 metros puede cubrir círculos de 200 kilómetros de diámetro. Por tanto, es posible completar la cobertura con una adecuada selección de frecuencias. En el caso de España, esto no es así porque se interrumpiría la señal en las montañas. Por consiguiente, lo que se hizo fue lo mismo sustituyendo las torres por alturas geográficas y aumentando proporcionalmente la potencia de las emisoras. La Gaceta de Madrid del 28 de diciembre de 1957, publicaba una Ley del 26 de dicho mes por la que se concedía un suplemento de crédito de 61 millones de pesetas para la instalación de emisoras de televisión en Barcelona, Navacerrada, Valencia, Málaga, Zaragoza y Santiago de Compostela, debidamente enlazadas entre si. Por sendos decretos, de 21 de febrero de 1958, se autoriza a contratar la adquisición de los elementos necesarios para la instalación de emisoras de televisión, una en Navacerrada, por un importe máximo de 19.400.000 pesetas, y otra en Barcelona, por un importe máximo de 16.750.000 pesetas. Otro decreto, de 7 de marzo del mismo año, autorizaba la adquisición e instalación de un “Mástil soporte para la antena de la Emisora de Televisión en las dos Castillas”, por un importe de 943.739 pesetas. Unos días después se aprobaba la construcción del edificio para la emisora de televisión de 200 kw en Navacerrada, por un importe de 4.857.064 pesetas. Por una Orden, de 13 de junio de 1958, se dispone la adjudicación definitiva de una emisora de televisión en Navacerrada a R.C.A. Española, S. A. por valor de 19.400.000 pesetas. Al concurso se habían presentado, además de la adjudicataria, Omnium Ibérica Industrial, Philips Ibérica S. A. E., Iberavia, S.A. y S.A.C.R.E.I., S.A. Con la misma fecha se adjudicaba a Philips Ibérica S. A. E. la emisora para Barcelona, por valor de 14.823.200 pesetas. El 5 de septiembre de 1958 se autoriza para contratar, mediante concurso, la adquisición y tendido de un cable subterráneo para alimentación eléctrica de la emisora de Navacerrada por un importe de 1.341.754 pesetas. Con la misma fecha se autoriza la adquisición de una emisora para Zaragoza por un importe de 4.500.000 pesetas. Aunque Telefónica acababa de terminar en 1957 el tendido de un cable coaxial entre Madrid, Zaragoza y Barcelona, con capacidad suficiente para transportar un canal de televisión y 960 canales telefónicos, Televisión Española (TVE) decidió la instalación de radioenlaces de microondas - “enlaces hertzianos” se decía entonces- cuya instalación comenzó a finales de 1958. El sistema funcionaba en la banda de 4 GHz, que con parábolas de casi 3 metros de diámetro permitía vanos de unos 70 km de longitud. Para salvar la curvatura de la Tierra en esa distancia eran necesarias, en algunos puntos, torres de casi 100 metros de altura. Pero en aquellos años no existían medios de transmisión o guía ondas que, a esa frecuencia, pudieran conectar los equipos con las parábolas a esa altura. Por tanto, las parábolas se colocaron horizontalmente en el suelo y una placa metálica de 3 x 4 metros con una inclinación de 45º, en la parte superior de la antena, que constituía un reflector pasivo. Un decreto de 8 de octubre de 1959 autorizaba a contratar sin subasta la adquisición e instalación de reflectores pasivos con destino a ese enlace hertziano. “Las dificultades que plantean las condiciones climatológicas del paraje en que se ha realizado este proyecto hacen necesaria la urgente ejecución del mismo (…)”. Dichas dificultades justificaban la autorización para contratar, sin las solemnidades de subasta, la “segunda fase del edificio”, por un importe de 1.389.925,03 pesetas. Nuevamente, un decreto de 17 de abril de 1959 explicaba, debido a las “dificultades que plantean las condiciones climatológicas del paraje (…)”, la necesidad de construcción de un edificio-torre para la instalación de antena y parábolas de televisión en Navacerrada por un importe de 3.765.031,05 pesetas. Una Ley, de 11 de mayo de 1959, concedía tres suplementos de crédito por un importe total de 21.000.000 de pesetas, como consecuencia de que “El funcionamiento en cadena de las emisoras de televisión en Madrid (Navacerrada), Barcelona y Zaragoza, previsto para el año en curso (…) que, al recargarse con nuevos y más intensos gastos, resultan insuficientes a los fines para que han sido consignados”. La misma Ley asignaba dos suplementos de crédito por 61.000.000 pesetas para atender a las necesidades de instalación de la segunda fase del Plan de Radiodifusión y Televisión Nacionales. Por un decreto, de 2 de junio de 1960, el Ministerio de Industria declara de “interés nacional” el tendido de una línea de transporte de energía eléctrica de Villalba al Puerto de Navacerrada, destinada a alimentar la emisora de televisión de Las Dos Castillas. Por fin, el 15 de diciembre de 1960, es posible transmitir, desde las emisoras de la Bola del Mundo, La Muela y Barcelona, la boda de Balduino de Bélgica con la aristócrata española Fabiola de Mora y Aragón en la Catedral de Bruselas. El Segundo canal Esa solución de las emisoras de gran potencia, en los puntos más elevados de la geografía española, a pesar de su idoneidad, tenía el inconveniente de que daba lugar a numerosos solapamientos de coberturas, por lo que fue necesario utilizar distinta frecuencia en cada una de ellas agotando las bandas de VHF. Por consiguiente, para establecer un segundo canal, fue preciso recurrir a las bandas de UHF, lo que a su vez llevó a la necesidad de regular el uso de antenas colectivas en los edificios de viviendas. El Decreto de 13 de mayo de 1965 justifica la necesidad por estas razones técnicas: “En uno de enero del año en curso comenzó en Madrid, con carácter experimental, el segundo programa de TVE. Debido al agotamiento de los canales disponibles en las bandas I y III se hizo preciso que dicho programa fuera difundido en las frecuencias correspondientes a las bandas IV y V (UHF), en cumplimiento de los acuerdos de la Conferencia de Estocolmo (...) Se autoriza al Ministerio de Información y Turismo para contratar, por concurso, con excepción de las solemnidades de subasta, la adquisición de tres emisoras de televisión UHF para el segundo programa, con destino a Barcelona, Navacerrada y Zaragoza, por un importe máximo de cincuenta millones de pesetas (50.000.000 de pesetas)”. La utilización de estas nuevas bandas de frecuencias, más elevadas, requería el uso de una segunda antena de menores dimensiones y, mientras el segundo canal se había implantado mediante decreto, la solución al problema de las antenas se hace por Ley. Así, la Ley de 21 de julio de 1966 decía: “El desarrollo de la televisión, con el establecimiento de un segundo programa que requiere una antena de características diferentes y la ampliación del servicio de radiodifusión en frecuencia modulada, lo cual en muchas zonas de recepción requiere también una antena especial, determina que el uso de antenas individuales se haga casi imposible al ser limitado el espacio disponible en las terrazas de algunos edilicios y en la totalidad de ellos contribuya a extender la gran amenaza a la estética que ya ha podido apreciarse especialmente en las grandes ciudades. Actualmente, los inmuebles suelen ya presentar un anárquico y deplorable aspecto debido al bosque de antenas de televisión que los corona”. “Por ello, parece conveniente y oportuno dictar normas, como es la obligatoriedad de instalación de antenas colectivas. Su necesidad ya se había destacado en los trabajos del Seminario de Viviendas del Instituto Nacional de la Vivienda. También determinadas Corporaciones municipales han demostrado inquietud ante la situación que plantean, desde un punto de vista de la seguridad pública y de la estética, las aglomeraciones de antenas en los tejados. Igualmente, en varios países extranjeros se estudia detenidamente la posibilidad de instalación de antenas colectivas en todas las edificaciones debido a la diversidad de canales de televisión y a la proliferación de emisoras de frecuencia modulada (...) En su virtud, y de conformidad con la propuesta elaborada por las Cortes Españolas, DISPONGO. Artículo uno —Para todo Inmueble de más de diez viviendas, o con un número de plantas superior a cuatro, la instalación de antenas de televisión y radiodifusión en frecuencia modulada se regirá por las normas que en la presente Ley se establezca. Artículo dos —Todo Inmueble cuya construcción se termine o habite por primera vez, a partir de la fecha de entrada en vigor de la presente Ley, debe contar con una antena colectiva para recepción de emisiones de televisión y radiodifusión en frecuencia modulada. Dicha antena debe poseer las tomas necesarias para cada una de las viviendas del inmueble y previsiones para los posibles locales comerciales que puedan instalarse”. Nota 1 PTT: acrónimo de Post, Telephone and Telegraph, hace referencia a los entes públicos que gestionaban las telecomunicaciones en Europa.
30 oct 2015
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El concepto “televisión”en sus orígenes
El concepto “televisión” en sus orígenes En pleno siglo XXI, en el que la televisión forma parte desde hace mucho tiempo de nuestras vidas y el color, el sonido estereofónico, los contenidos digitales o la interactiviad son ya cotidianos, cuesta trabajo situarse en una época en la que ni siquiera se hablaba de televisión, sino de visión a distancia. Desde sus orígenes, se fueron incorporando diversos usos a la visión a distancia, hasta que el nuevo concepto quedó consolidado alrededor de la segunda guerra mundial. Algunos de ellos se siguen considerando dentro del actual concepto de televisión, mientras que otros se separaron definitivamente de él. Este artículo expone algunos de los usos y tecnologías que se han incluido dentro del término televisión, en sus orígenes, y que han servido para definir la televisión tal como hoy la conocemos. Olga Pérez Sanjuán Vicesecretaria de la AEIT Responsable del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Génesis del concepto: la telefotografía Las primeras pruebas de transmisión de imágenes son de mediados del siglo XIX, si bien entonces no se hablaba de televisión. La palabra francesa “télévision” la utilizó por primera vez el físico ruso Constantin Perskyi en una conferencia sobre este tema impartida en el primer Congreso de Electricidad, que se celebró en la Feria Internacional de París de 1900, y pronto fue trasladada a otros idiomas con expresiones muy similares. En estas primeras experiencias se transmitían imágenes fijas, y una copia de las mismas quedaba “impresa” en el extremo receptor. Este es el caso del pantelégrafo de Caselli, de 1856, y de otros inventos posteriores más relacionados con lo que después se denominaría telefotografía, como los realizados por el ingeniero español Agustín Riu, o el radioaficionado Pablo Abad y Piera o como los de Belin, Korn o Fulton. La principal característica de todos ellos es que realizaban unos barridos de las imágenes a través de métodos diferentes y conseguían de manera ingeniosa convertirlas en señales eléctricas que eran transmitidas y recibidas en un aparato adecuado. Durante algún tiempo, estas primeras transmisiones se incluyeron dentro del término televisión. Fue a partir de la década de los años 1920 cuando ambos conceptos y tecnologías se empezaron a separar. Ejemplos de estas distinciones los encontramos en las hemerotecas: así, el diario “ABC” en 1927 ya separaba la telefotografía de la televisión. El ingeniero de Telecomunicación Ramón Miguel y Nieto también lo hacía en la conferencia que pronunció en 1932 sobre la televisión, primera de un ciclo que había convocado la Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación (AEIT), en la que definió la televisión como el “cinematógrafo a distancia”. La televisión como teleteatro Al mismo tiempo que la separación entre la televisión y la telefotografía se fue haciendo más evidente, un nuevo concepto empezó a incluirse dentro de la visión a distancia: la emisión de obras de teatro con la transmisión de imágenes fijas al principio, y con movimiento, después. Una referencia de ello se puede encontrar en las noticias aparecidas en la prensa de 1928 sobre lo que algunos consideran el primer drama teatral emitido y recibido por televisión en Estados Unidos: “El mensajero de la Reina”. La obra se emitió telefotográficamente desde la emisora WGY gracias a trabajos del Dr. Alexanderson que desarrolló un receptor “radioóptico”. Para la transmisión se utilizaron dos canales independientes: uno para el vídeo y otro para el audio. Y para la captación de las imágenes se prepararon tres fotocámaras: dos para cada uno de los dos actores que intervenían en la obra, y una tercera para otros elementos que intentaban representar el movimiento. Poco tiempo después, se empezaron a transmitir obras de teatro en las que las imágenes ya presentaban movimiento. Este es el caso de la primera comedia transmitida por televisión en Inglaterra en 1930, “El hombre de la flor en la boca”, en la ya se podían ver lentos movimientos, aunque las cámaras sólo seguían siendo capaces de captar el rostro de un actor. La crítica fue muy positiva, alabando las ventajas del nuevo sistema y sus posibilidades futuras. No obstante, también se expusieron algunos aspectos que había que mejorar. Así, algunos de los comentarios aparecidos en los diarios fueron: “Lo que el público ve en el televisor es una imagen o reproducción del tamaño de una tarjeta postal. Las pantallas son tan pequeñas que se tiene la impresión de ver por el ojo de una cerradura”. Esta situación varió rápidamente. Las pantallas receptoras fueron aumentando su tamaño y las cámaras empezaron a captar a varias personas al mismo tiempo. En 1931 la prensa publicaba: “Es posible ver un grupo de ocho personas a través de la televisión”. Los sistemas de captación de imágenes también mejoraron y la velocidad que se conseguía en los movimientos era cada vez mayor. “ABC” lo destacaba de esta forma en 1936: “Nueva York. Se han hecho pruebas de televisión dándose una exhibición pública de imágenes transmitidas por TSH1 sobre una pantalla de cuatro pies de anchura. La Exhibición, que duró media hora, consistió en varios actos de un vodevil demostrando las posibilidades de la televisión para teatros y otros lugares públicos”. Se puede observar como la televisión fue definiendo su ámbito de aplicación hacia la transmisión de imágenes en directo, ya fueran fijas o con movimiento. Este aspecto puede resultar sorprendente si se asocia la televisión con la transmisión de imágenes en movimiento, pero hay que recordar, por ejemplo, la Reglamentación de Trabajo en las Entidades de Radiodifusión del año 1947 que define la televisión como el servicio que efectúa la difusión de imágenes fijas o en movimiento para su visión a distancia. Aparece un nuevo concepto: el telecinema El telecinema, la telecinematografía, el radio cinema o transmisión de películas de cine a distancia fue otro de los usos que se fueron incluyendo dentro del novedoso concepto de televisión en los años 20. El cine ya era una realidad desde 1895 y, posiblemente, fue éste el que impulsó el desarrollo de las nuevas aplicaciones para la televisión. Hay que considerar que muchos inventores de sistemas o aparatos de televisión empezaron experimentando con la transmisión de películas a distancia, al requerir menores condiciones técnicas que la captación de imágenes en directo, evolucionando posteriormente hacia la transmisión de éstas. Fue con dichas experimentaciones cuando se le empezó a dar utilidad práctica a los dos inventos del siglo XIX: el disco de Nipkow, que se utilizaba en la televisión mecánica, y el tubo de Braun, en la electrónica. ¿El cable o la radio? Una idea que también estuvo relacionada con la concreción del concepto televisión tiene que ver con la forma en la que se transmitían las señales: radio o cable. Al principio, el único medio de transmisión que existía era el cable telegráfico, y por ello, los primitivos sistemas utilizaban este medio, como hacía el pantelégrafo de Caselli. Posteriormente, un nuevo sistema de transmisión por cable permitía las comunicaciones telefónicas y, así, algunas de las primeras transmisiones de televisión se realizaron a través del cable telefónico convencional, si bien las características técnicas de los mismos influían en la distancia a la que se podía llegar y en la calidad de la señal transmitida. La llegada del siglo XX trajo consigo un nuevo sistema de transmisión: la Telegrafía Sin Hilos o TSH, y apareció la radiodifusión sonora, que fue evolucionando siendo capaz de incorporar también, a los pocos años, la transmisión de imágenes. De esta forma surgió la radiovisión, o la radiotelevisión que transmitía las imágenes a través de ondas de radio y que algunos entendidos, como el ingeniero Agustín Riu, distinguían de la televisión que las transmitía por cable. Este término, radiovisión, fue utilizado durante las década de los años 1930 y 1940 como un concepto diferente al de televisión, sin embargo, con el tiempo, ambos conceptos se unieron en el de televisión. Estos dos conceptos establecían, además, unos modelos de televisión diferentes: la radiovisión asociaba los receptores a los domicilios particulares mientras que la televisión lo hacía a grandes salas públicas. Dentro de las transmisiones de imágenes hechas mediante cable se encontraba también la denominada fonovisión o telefonovisión, sistema telefónico que permitía que dos interlocutores pudieran verse mientras dialogaban por teléfono: una especie de videoteléfono, que también tuvo cierto impacto durante los años treinta del siglo XX y del que incluso llegamos a tener dos equipos en España en 1938, los cuales se utilizaron posteriormente para las primeras pruebas realizadas en los años 1950. Este sistema había sido desarrollado en Estados Unidos y en Alemania y permitía establecer una comunicación bidireccional entre dos interlocutores, concepto muy distinto al de la difusión de televisión, y en el que las grandes compañías telefónicas tenían gran interés. El vídeo, ¿una señal auxiliar? Otro de los conceptos que se incluyeron en los orígenes de la televisión está relacionado con la imagen: como señal auxiliar o no. Las primeras transmisiones de televisión no incluían el sonido. La idea de introducir en una misma emisión el vídeo y el audio se fue incorporado con posterioridad, planteándose dos posibilidades. En la primera, la televisión estaba destinada a complementar los programas de radio, transmitiendo imágenes de forma auxiliar. La otra entendía la transmisión de imágenes como aspecto principal junto con el sonido y la relacionaba con la transmisión de películas. Al principio, se optó por transmitir las dos señales en frecuencias diferentes y era necesario la utilización de dos receptores: uno para el vídeo y otro el audio, aspecto que recomendaban las revistas especializadas, como “Radio Universal” que en 1935 decía lo siguiente: “a fin de gozar al completo de un espectáculo visual y sonoro, se hace indispensable el uso de dos receptores; mientras que uno permite oír la palabra y la música, el otro muestra las imágenes transmitidas desde las estaciones emisoras”. Poco a poco la tecnología fue avanzando hasta que ambas señales llegaron a recibirse en un solo receptor. Reflexión final Ahora que la televisión se ha convertido en algo cotidiano, resulta interesante conocer los distintos usos y tecnologías que se asociaron a este concepto. Las investigaciones siguen avanzando y los desarrollos también, y dentro de otros cien años, quizá, nuestro actual concepto de televisión parezca tan curioso como nos parecen a nosotros los conceptos que se incluían dentro de la televisión en sus orígenes y que se han desarrollado en este artículo. Nota 1 TSH. Así se denomina a la Telegrafía Sin Hilos, es decir, mediante radio.
30 oct 2015
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Consideraciones sobre las líneas telegráficas y telefónicas en España
Consideraciones sobre las líneas telegráficas y telefónicas en España El tendido de las primeras líneas telegráficas y su mantenimiento, muchas veces en condiciones extremas, era toda una aventura. En la mayoría de las ocasiones se seguía el tendido del ferrocarril para facilitar la labor, pero en otras no, como fue el caso, inicialmente, en España, un país de compleja orografía. José María Romeo López Miembro del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Difícil orografía, verdadero milagro En los estudios sobre la evolución histórica de las telecomunicaciones se considera que el Telégrafo Eléctrico fue una consecuencia de la implantación de los ferrocarriles, tanto por la necesidad de regular el tráfico de trenes por una sola vía como por la rapidez en la transmisión de noticias e informaciones que permitían esas mismas líneas. Efectivamente, así ocurrió en la mayoría de los países. Pero en el caso de España, el comienzo del Telégrafo fue anterior a la construcción de las vías férreas y, por tanto, las líneas telegráficas siguieron, en un principio, los itinerarios de las carreteras y caminos, incluso, a través del campo. Las dificultades para la construcción y mantenimiento de estas líneas se describen muy dramáticamente en un artículo aparecido en la Revista de Telégrafos de 1 de noviembre de 1861. Allí se dice: “Las líneas quedarán construidas aunque para ello sea necesario plantar un poste en el fondo de un barranco donde aún no ha impreso su huella la pisada del hombre o sobre el pico de una escarpada roca azotada de continuo por el rugido de las tempestades… El puerto de Pajares, en Asturias, el alto de Alcolea, hasta la Muela, el trayecto desde Alsasua hasta San Sebastián y la Brújula, bastarían, por si solos, para dejar asegurada para siempre la buena reputación del Cuerpo de Telégrafos”. Se indica, también, cómo los extranjeros se asombraban de la orografía española, hasta el punto de que en su “Rapport sur les lignes telegrafiques en Europe” (“Informe sobre las líneas telegráficas en Europa”), el experto D´Ancelot exclama: “Las líneas telegráficas en España, son un verdadero milagro”. En el mismo artículo se comenta que entre Algeciras y Cádiz, por falta de camino, la línea se tendió sobre las marismas y que, entre Trujillo y Cáceres, distantes de ocho leguas, no existe ningún punto intermedio. “¿En dónde está la veloz locomotora para conducir con la rapidez necesaria al celador encargado de remediar la avería? Tendría que salir a caballo y recorrer las ocho leguas desafiando la crudeza de la estación y, tal vez, exponiendo su propia vida…”. En este texto se menciona el uso del caballo. No he encontrado ninguna otra referencia a que en la Península se utilizaran caballos por los Celadores y sí un caso descrito en la Revista de Telégrafos en que un Jefe de Estación y un Celador recorrieron 20 kilómetros para averiguar las causas de un cruce que se producía periódicamente en la línea. También se hace referencia en ese relato a que el celador llevaba carabina. Sin embargo, en el Reglamento del ramo y servicio de Telégrafos en la Isla de Cuba, aprobado por el Ministro de Ultramar el 13 de mayo de 1867, figuran Reparadores montados con un sueldo de 790 escudos y Reparadores a pie con 600 escudos. Asimismo, en noviembre de 1868, el Gobierno Provisional decidió disminuir los gastos de explotación del Telégrafo en la isla de Cuba y, entre otras medidas, suprimió los 32 Reparadores a pie y 9 de los montados y estableció que los 64 montados que quedaban atendieran, cada uno, una longitud de línea de 25 kilómetros. En la disposición ministerial correspondiente se indica que las líneas de la Isla sumaban 1.600 kilómetros y contaban con 40 estaciones, es decir, una media de 40 kilómetros entre estaciones. Configuración de la red telegráfica En un artículo de R. Exea, titulado “Reseña histórica y estadística de nuestras construcciones telegráficas y hechos más notables”, publicado en varios números de la Revista de Telégrafos en 1864, se detallan los recorridos y fechas de las líneas que constituían la red telegráfica española hasta el mes de noviembre de 1863. La longitud total de estas líneas era de 9.465 kilómetros, las cuales conectaban a 197 estaciones. Esto supone una media de 48 kilómetros entre estaciones, lo que confirma las penosas características y las consideraciones anteriores sobre las líneas telegráficas en España. El trazado de la mayor parte de las líneas recogidas por R. Exea aparece en la “Carta Telegráfica de España y Portugal” de 1860. De dicha carta podemos destacar algunos tramos significativos por su evolución posterior. La llamada de Galicia, a la salida de Madrid, tenía las siguientes estaciones: El Pardo, San Rafael, con una desviación anterior a El Escorial, y otras dos desde San Rafael, una a Segovia y San Ildefonso, y otra, a Ávila. Continuaba a Valladolid, desde aquí a Palencia, por un lado, y a Rioseco, por el otro. La línea de Irún, salía de Madrid hacia Alcalá, Guadalajara, Alcolea, Calatayud, con derivaciones desde aquí a Soria y Teruel y continuaba a Zaragoza, desde donde, por Pamplona, se dirigía a Irún, y por Huesca, Barbastro y Lérida llegaba a Barcelona. La de Portugal salía por Casas del Retamar a Talavera y la que podíamos decir del sur, pasaba por Aranjuez, desde Castillejos tenía una derivación a Toledo, seguía a Tembleque desde donde por Alcázar de San Juan se dirigía a Albacete y Almansa para llegar a Valencia, Alicante y Murcia. Desde Tembleque por Manzanares y la Carolina seguía a las capitales de Andalucía. Al terminar su artículo en el número del 15 de julio de 1864, R. Exea advierte que existe una diferencia de 536 kilómetros, entre la suma de las longitudes que él indica en el cuadro que se acompaña y la longitud que en esa fecha tienen las líneas, debido a la rectificación de algunos tramos y a la supresión de varios trayectos cuyos hilos han pasado ya a los apoyos de las líneas de los ferrocarriles. Continúa: “A todas las construcciones que hemos referido, añadiremos las que además se llevan a cabo del paso de los conductores de las líneas del Gobierno a los apoyos de las de los ferrocarriles, lo que se está verificando en el de Madrid a Zaragoza y Barcelona, y en el del Norte por Valladolid hasta Vitoria. Líneas telegráficas y trazados de ferrocarril Es evidente la ventaja que suponía para el mantenimiento y vigilancia de las líneas telegráficas el que éstas fueran a lo largo de los trazados del ferrocarril, más aún si, como parece deducirse del texto anterior y como más adelante veremos, se utilizaban los apoyos de las líneas de aquél. La vigilancia y conservación eran compartidas, especialmente en los casos más graves de caída de postes. Recuerdo que, de pequeño, cuando íbamos en el tren, mi padre me contaba cómo se localizaban y reparaban las averías. Una vez detectada una por el celador, éste montaba en el primer tren, en el furgón de mercancías con la puerta abierta e iba observando la línea. Cuando el celador veía el hilo caído o cruzado seguía hasta la primera estación y desde ella regresaba andando hasta el lugar de la avería. Supongo que en muchos casos el maquinista les pararía más cerca. Por otro lado, “la mano airada”, como se denominaba entonces a ciertos actos de vandalismo, afectaba seriamente a la integridad de los elementos de línea, especialmente los aisladores, y no tanto a los conductores de hierro. Sin embargo, cuando fue necesario utilizar hilo de cobre de 3 milímetros en las primeras líneas telefónicas, la principal causa de averías fue el robo de los conductores. No deja de ser llamativo que cuando en 1910 se consiguió establecer la línea telefónica internacional desde Madrid a Francia, una Real Orden dispuso que el personal de Vigilancia de Telégrafos, compuesto de Capataces y Celadores tuviera el carácter de Guardas Jurados con el uniforme y el armamento correspondientes. La difícil orografía de la Península Ibérica que tuvieron que vencer los telegrafistas para el tendido de sus líneas, también se dejó sentir en la construcción de los “caminos de hierro”. Estas dificultades hicieron que las compañías ferroviarias fueran realizando por tramos las grandes rutas tratando de rentabilizar inmediatamente los trayectos más fáciles. Los más relacionados con las líneas telegráficas se desarrollaron como sigue: Alar, Reinosa (1857), los Corrales, Santander (1858), Sanchidrian, Medina, Valladolid, Baños, Alar (1860), Barcena, Los Corrales (1860), Baños, Burgos (1860), Burgos, Quintanplana (1861), Quintanaplana, Miranda (1862), Madrid, El Escorial (1861), Ávila, Sanchidrian (1863), Escorial, Ávila (1863), Madrid, Guadalajara (1859), Guadalajara, Jadraque (1860), Jadraque, Medinaceli (1862), Medinaceli, Alhama, Grisen (1863), Grisen, Casetas, Zaragoza (1864). La Ley general de 3 de junio de 1855 incluye la obligación de las Empresas concesionarias de ferrocarriles de permitir la colocación, entretenimiento y conservación de hilos telegráficos al servicio del Estado. Pero no es fácil encontrar referencias sobre cómo se decidía y se llevaba a cabo el traspaso y nuevos tendidos de hilos de Telégrafos por los trazados ferroviarios. En la Revista de Telégrafos, en la sección de Crónicas del Cuerpo, hay algunas referencias a los funcionarios comisionados para llevar a cabo los trabajos y poco más. Nuevamente, es la “Carta Telegráfica de España”, de 1867, la que refleja los cambios que han experimentado los trazados de las líneas telegráficas. La llamada línea de Galicia sigue el trazado del ferrocarril por Madrid, El Escorial, Ávila, y desde aquí, sale la derivación a Segovia y San Ildefonso. Continúa por el ferrocarril a Medina del Campo y Valladolid y Palencia, y desde aquí por Reinosa, llega a Santander, y por Burgos, a Miranda y Vitoria. Por su parte, la línea de Irún, sigue el ferrocarril, y desde Guadalajara, va a Sigüenza, y por el valle del Jalón, a Calatayud y Zaragoza. Desde aquí conserva el anterior trazado y otro nuevo por el ferrocarril. Ambos se unen en Tafalla y continúan por éste. Creo bien conocidos los trayectos de ferrocarril desde El Escorial a Ávila y el del Jalón, con gran cantidad de túneles, en los que resulta difícil soportar los hilos y que dio lugar a numerosos ensayos para la utilización de cables con cubierta aislante. Sin embargo, se prefirieron al puerto de Guadarrama y al alto de Alcolea. La “Carta Telegráfica y Telefónica de España” y la CTNE El mejor documento que muestra los trazados de las líneas, inmediatamente antes de la creación de la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) es la “Carta Telegráfica y Telefónica de España”, formada por la Sección de Planos del Cuerpo de Telégrafos y publicada por la Dirección General de Comunicaciones, en 1923. En ella se indica, en diferentes colores, las telegráficas y las telefónicas así como los hilos que iban por carretera (rojo), por trazados de ferrocarril en postes de Telégrafos (negro) o sobre apoyos de las Compañías ferroviarias (azul). Es considerable la importancia de éstas últimas. En 1924, la Compañía Telefónica compró a Telégrafos las líneas telefónicas y los hilos que sobre apoyos comunes se dedicaban a servicio telefónico. Aunque mantuvo algunas por las vías férreas, modificó unas y construyó otras nuevas en los márgenes de las carreteras sin problemas de conservación ya que dotó a sus Celadores interurbanos de automóviles de turismo, lo que en aquella época producía cierta sorpresa. Desgraciadamente durante la posguerra fue necesario recurrir a las bicicletas, imagen que de alguna manera ha transcendido.
30 oct 2015
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Telecomunicaciones y espionaje, en España, durante la Primera Guerra Mundial
Telecomunicaciones y espionaje, en España, durante la Primera Guerra Mundial Telecomunicaciones y espionaje, en España, durante la Primera Guerra Mundial En la actualidad, estamos acostumbrados a través de novelas, películas y noticias a ver como las telecomunicaciones forman parte del mundo de los Servicios de Inteligencia. El presente artículo pretende, con la debida distancia temporal, divulgar a través del estudio de correspondencia oficial disponible en archivos de diferentes instituciones españolas, algunos curiosos casos de espionaje durante la primera guerra mundial en España. Rafael Fernández Ruiz Miembro del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Recordando la historia as telecomunicaciones tomaron una importancia de especial relevancia en España durante la Primera Guerra Mundial debido a la neutralidad que mantuvo nuestro país en el conflicto. En este artículo contaremos una colección de casos de espionaje inéditos, en algunos casos rocambolescos, extraídos de colecciones de legajos de correspondencia oficial. La radiocomunicación desplaza a las palomas Durante la Primera Guerra Mundial, España permanece neutral y es por tanto que las violaciones de dicha neutralidad en materia de comunicaciones y la existencia de sistemas de radiocomunicación clandestinos utilizados por los servicios de inteligencia contendientes son motivo de especial seguimiento por parte del Gobierno de aquel período. En líneas generales, gran parte de las denuncias de estos casos surgen de las embajadas inglesa, francesa y estadounidense en nuestro país. La mayoría de los casos denunciados se sitúan en la capital y zonas costeras por interés estratégico para los submarinos alemanes. En virtud de la neutralidad, el Gobierno Español se adhiere a los artículos 7 y 8 del Convenio Telegráfico Internacional de San Petersburgo de 19 de Julio de 1875 y se establece censura y control sobre los telegramas en cifra. Maletín de radiocomunicaciones como los utilizados por los servicios de inteligencia. L El Gobierno Español, el 11 de noviembre de 1914 considera que “por el momento deben limitarse las restricciones en materia de comunicación radiotelegráfica a prohibir la circulación de todos los radiogramas cifrados en clave o en lenguaje convenido expedidos por o destinados a particulares, barcos de guerra y mercantes o agentes consulares de cualquier nacionalidad y categoría, y a ejercer severa censura en cuanto a los redactados en claro en cualquier idioma de los admitidos por los reglamentos o por lo menos en español, francés, inglés y alemán, recomendándose a los censores que en caso de duda consulten transmitiendo precisamente por telégrafo o cable el texto sospechoso”. En nota interna de Correos y Telégrafos se indica a los radiotelegrafistas que “se cuide de examinar la redacción de radiotelegramas dirigidos a Alemania, por si con apariencias comerciales pudieran ocultar noticias de otra índole; como así mismo se ha recomendado el exacto cumplimiento de las Reglas del Convenio Radiotelegráfico Internacional”. La carta del embajador británico Es de especial interés una carta con fecha de 4 de febrero de 1917 del embajador británico en España al ministro de la Gobernación solicitando el desmontaje de toda instalación no gubernamental de telefonía sin hilos en España, que, según la misiva, se utilizaban para la comunicación de objetivos a los submarinos alemanes. En la Coruña, donde según carta del Cónsul de EEUU en dicha ciudad, existían más de seis estaciones de radio clandestinas, se produce el siguiente episodio relatado en carta al Ministro de la Gobernación: “A las 4 de la tarde se sorprendió estación radiotelegráfica y parte de un radio de París en casa de la señora donde vive sacerdote José Toubes. Citada señora pudo escapar con una caja que no fue habida en registro (..)”. Se tiene constancia de la existencia de una estación clandestina montada por espías alemanes en la finca “El Cabezuelo”, cerca de Miraflores, Madrid. Así, el oficial encargado de la estación telegráfica de Collado Villalba comunica que “se ha encontrado una antena de unos ocho metros de altura, que el montaje ha sido efectuado por tres súbditos alemanes y que éstos disponen de otros aparatos que procurar ocultar a la vista de toda persona ajena”. Aparato sospechoso en el convento En telegrama oficial del Gobernador de Bilbao al Ministro de la Gobernación, el 14 de octubre de 1914 es suficientemente explicativo: “Cumpliendo órdenes que tengo transmitidas a Alcaldes cercanos a costa para que vigilen si en territorio de su jurisdicción se montan estaciones radiográficas, el de Portugalete me comunicó anoche que había observado instalación de un aparato sospechoso en convento monjas Carmelitas. Dispuse saliera Inspector vigilancia Herraiz y un agente acompañados telegrafista Jefe línea para reconocer aparato (..) y siendo aparato reconocido resultó contener elementos de estación radiotelegráfica no concluida de montar, pero que hubiera funcionado inmediatamente de no haber sido descubierta a tiempo (...).” El 28 de diciembre de 1917 el Gobernador Civil de Tenerife informa al Presidente del Consejo de Ministros de la existencia de una antena camuflada dentro del asta de la bandera del Consulado Austrohúngaro. Los franceses, por su parte, no se quedaban cortos en sus actividades de espionajes, y realizaban actividades de inteligencia naval basándose en una red de oficiales radiotelegráficos de la compañía Transmediterránea, como se demuestra en carta confidencial del Ministro de Gracia y Justicia a Eduardo Dato del 30 de mayo de 1914, de la cual transcribimos fragmentos: (..) Hay en Barcelona agentes franceses que obtienen de radiotelegrafistas españoles, con patente de Estado, por medio de compromiso jurado, que radiotelegrafien a una dirección convenida española: todo encuentro con submarinos alemanes, todo ataque y combate de submarinos con buques enemigo y la presencia de súbditos alemanes y austriacos a bordo (..) Redactado de los telegramas para cada caso y significado de los mis- “La mayoría de los casos denunciados se sitúan en la capital y zonas costeras por interés estratégico para los submarinos alemanes” mos: arregla asuntos pendientes. 490 A- situación, haga compra firme .. 250 P-situación, compra libro número… 148-B-situación. (..) Yo siendo telegrafista del vapor Lázaro matrícula de Valencia y compañía Transmediterránea estando en Barcelona los días 27 y 30 de marzo, me propuso el señor Ortega que entrara al servicio de los franceses cumpliendo unos trabajos de telegrafía relacionado con ellos (..) Una vez aceptadas estas proposiciones de palabra me hicieron firmar una carta con el contenido que sigue: ”El señor Lorenzo Navarro, que tiene el certificado de radiotelegrafista expedido en el año 1914 y con cédula … se compromete mediante la cantidad de 500 pesetas mensuales a cumplir todas las instrucciones que de nosotros reciba además de la primera, segunda y tercera anotadas anteriormente y jura, bajo su palabra de honor no decir nada del convenio hecho en esta fecha. Afirmo que estas declaraciones las he hecho de mi espontánea voluntad y sin presión de ninguna clase. Barcelona, 30 de Marzo de 1918, L. Navarro”. La red de espionaje afectaba a los telegrafistas de 13 barcos de la Compañía Transmediterránea. Denuncia de la embajada norteamericana Otro caso consiste en la denuncia planteada en carta por la Embajada Norteamericana en Madrid el 12 de enero de 1918 por parte del Embajador J.G. Willard al Presidente del Consejo de Ministros: “(..) A message sent to the Aranjuez Station at 3.22 AM by a submarine, It is not know what was known with this messsage after it’s receipt in Aranjuez. The following is the authority of the statement that messages were sent reporting american activities in the Azores(...)” cuya traducción viene a decir que se ha interceptado un mensaje desde un submarino alemán con destino a la estación de radio de Aranjuez, con contenido de información de actividades de los americanos en las Azores, no conociéndose su utilización posterior. Al finalizar la contienda se restablecen las condiciones previas en cuanto al uso de claves y censura. Se vuelve a autorizar el servicio de radioaficionados. Será ya en la II Guerra Mundial y durante la Guerra Fría cuando las Telecomunicaciones aplicadas a los Servicios de Inteligencia adquieran su madurez. “Correos y Telégrafos indica a los radiotelegrafistas que “se cuide de examinar la redacción de radiotelegramas dirigidos a Alemania” Mensaje cifrado alemán Otro caso de gravedad fue el envío desde la estación de radio alemana de Norddeich, con destino a la empresa Wilhem Privat-Unternehmen y posteriormente enviado a la estación E.G.C. (distintivo de la estación radiotelegráfica de Carabanchel, emisora militar del gobierno) de un mensaje cifrado con cifra del Almirantazgo alemán. El mensaje era: fogovabbit, kelchectif, eruflegudi, punkt, immejaques, drosviende, cavezeglip, quosammon, cacosebriz, napuravari. El significado no ha podido ser encontrado en los documentos, aunque seguro que algún lector experto en criptografía puede hallar el contenido del mensaje. Este caso generó numerosa correspondencia entre diferentes miembros de la Administración.
30 oct 2015
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75 años de la AEIT
o eran muchos los que integraban la recién creada Asociación. En toda España había un total de 69 ingenieros de telecomunicación, 41 de los cuales estaban en distintos departamentos de administración relacionados con las telecomunicaciones (Telégrafos, Dirección General de Telecomunicación o Escuela Oficial), con la excepción de uno de ellos que trabajaba como ingeniero geógrafo en el Instituto Geográfico y Estadístico. El resto habían pedido excedencia y eran supernumerarios. Así, 14 de ellos estaban en la Compañía Telefónica Nacional de España; 10 en Standard Eléctrica; uno en Unión Radio; dos en compañías de telefonía extranjeras en Brasil y Rumania; y uno no ejercía. La Asociación surgió 12 años después de la creación formal del título de ingeniero de telecomunicación. Es difícil saber el motivo o motivos que llevaron a su creación, pero se puede hacer un repaso por los acontecimientos más importantes de aquellos años, y seguramente aportarán algunos datos de interés sobre este asunto. Funcionarios del Cuerpo de Telégrafos La ingeniería de telecomunicación se creó oficialmente a través del Real Decreto de 22 de abril de 1920, con el fin de “colocar el nivel científico de los Telegrafistas españoles a la altura de los que en otros países ostentan títulos análogos y capacitar a sus poseedores para estudiar, plantear y resolver arduos problemas de la Telecomunicación”. Sólo los telegrafistas podían acceder a esta formación. Para hacerlo era necesario ser funcionario del Cuerpo de Telégrafos, con al menos dos años de servicio y tener un buen expediente, ya que, se exigía un informe favorable “La Asociación surgió 12 años después de la creación formal del título de ingeniero de telecomunicación” Hace 75 años nació la Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación. Una organización creada con el ánimo de “estrechar y fomentar las relaciones y estudios de personas dedicadas a los asuntos técnicos de telecomunicación, contribuyendo al prestigio moral y científico de los asociados y gestionando cerca de los Poderes Públicos que la entidad representa aquella técnica, interviniendo como órgano consultivo en los asuntos de tal orden”. Olga Pérez Responsable del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Recordando la historia N del superior. Además la edad límite para poder incorporarse a estos estudios eran los 35 años. Hay que recordar que en esa época los servicios telegráficos eran monopolio del Estado, que los desarrollaba a través de Telégrafos. El servicio telefónico se establecía y explotaba por parte del Estado, que utilizaba al efecto el personal de Telégrafos, si bien también se había otorgado la instalación y explotación a corporaciones provinciales y municipales y a entidades particulares; en este último caso, la Dirección General se reservaba la facultad de enviar a un funcionario de Telégrafos delegado para vigilar la marcha del servicio y el cumplimiento de la conbit Carta que envía Mouilleron al Director General de Telégrafos en 1861, en la que indica que el telegrafista, Ignacio Hacar, ha sido contratado como Ingeniero Particular para dirigir la instalación de la línea del Bajo Aragón. RECORDANDO LA HISTORIA. 75 años de la AEIT cesión, y reconocer las diferentes estaciones, líneas o material antes de su puesta en servicio. Por último, los servicios vinculados a la “radiotelefonía” también requerían la autorización de un funcionario de Telégrafos que se encargaba de la parte técnica, la vigilancia, la intervención y la inspección. Los Telegrafistas y los Ingenieros de Telecomunicación tenían sus competencias muy vinculadas a los diferentes servicios de telecomunicación y durante los primeros años de la década de 1920 parecía que el Cuerpo de Telégrafos podía adquirir mayores competencias. Sin embargo, en poco tiempo estas cuestiones quedaron definidas y tanto la telefonía como la radio quedaron fuera del ámbito del Cuerpo de Telégrafos. El 27 de febrero de 1923, el Estado empezó a establecer las bases de la radiodifusión española, promulgando un primer reglamento de estaciones particulares de carácter provisional el 26 de mayo. Seis meses más tarde, el 26 de noviembre, las autoridades convocaron lo que se vino a denominar la Conferencia Nacional de Telegrafía sin Hilos, con el fin de analizar la radiocomunicación en España y proponer al Gobierno normas reguladoras. Finalmente, el 14 de junio de 1924 se publicó el reglamento definitivo, quedando concluida esta primera fase de la radiodifusión. Poco después, se otorgó la primera de las concesiones a EAJ-1, Radio Barcelona, a la que siguieron: EAJ-2 Radio España de Madrid, EAJ-3 Radio Cádiz, EAJ-4 Estación Castilla, EAJ-5 Radio Club Sevillano, EAJ-6 Radio Ibérica. Por otro lado, en 1924 el Gobierno suscribió un contrato con la Compañía Telefónica Nacional de España para la organización, reforma y ampliación del servicio telefónico nacional, concediéndole su prestación en régimen de monopolio. Dos años después, en 1926, se constituyó Standard Eléctrica, una empresa creada con capital estadounidense de la Internacional Telephone and Telegraph, para la fabricación de equipos de conmutación y aparatos telefónicos. El momento del cambio Todas estas cuestiones hicieron variar radicalmente el panorama de la profesión. Los ingenieros de telecomunicación, todos ellos Telegrafistas, empezaron a salir de la Administración para colaborar en las nuevas empresas que se estaban creando y que demandaban profesionales. Algunos de ellos ya llevaban tiempo trabajando fuera de Telégrafos, pero el impulso que se estaba dando a las telecomunicaciones necesitaba un mayor número de especialistas en esta materia, que pudieran llevar a cabo los proyectos que se emprendían. De esta forma, mientras en 1924 de los 28 ingenieros de telecomunicación, sólo dos eran supernumerarios, un año más tarde de esos mismos 28 ingenieros, 12 trabajaban ya fuera de la Administración. Libro editado por la AEIT en el año de su creación. Así siguió el escenario español hasta que en 1930 se produjo un nuevo hito que tuvo repercusión en la profesión: se reorganizó la Escuela Oficial de Telegrafía en la que cursaban los estudios los ingenieros de telecomunicación, creándose la Escuela Oficial de Telecomunicación, a través de un Decreto de 20 de septiembre. Con este cambio se modificó la forma en la que se podía acceder a los estudios: ya no era necesario pertenecer al Cuerpo de Telégrafos, sino que podían concurrir “los españoles o extranjeros que sean expresamente autorizados por la Dirección General, dentro de las limitaciones que se establezcan en cada convocatoria”. Dentro de esta nueva Escuela se sistematizaron los estudios de lo que se podría considerar grado medio, a través de la creación del título de perito de radiocomunicación, y se permitió el acceso a las mujeres, pero sólo en la escala auxiliar. Quizá esta fuera la causa de que en 1930 se creara la Asociación Española de Ingenieros y Técnicos de Telecomunicación, que reunía en una única organización a los profesionales relacionados con la telecomunicación. La llegada de las atribuciones El año 1931 también estuvo jalonado por un hecho relevante: las atribuciones profesionales de los Ingenieros de Telecomunicación, dictadas en el Real Decreto 119, de 8 de enero, aún vigente. Esta disposición normativa fue bien recibida por el colectivo del ramo, pero no ocurrió lo mismo con otras ingenierías, que incluso llegaron a solicitar una aclaración sobre ella. Las facultades de los ingenieros de telecomunicación fueron confirmadas poco después por medio de una Orden del Ministerial, de 28 de enero de 1932. De esta forma, en 1931 quedaron establecidas las competencias de los ingenieros de telecomunicación. Sin embargo, 70 años antes, en 1861, el telegrafista Ignacio Hacar, ya había sido contratado por Mouilleron en calidad de Ingeniero Particular, para dirigir los trabajos de la línea telegráfica del Bajo Aragón, tal y como ya señala Olivé. Este contrato resulta significativo, ya que, una empresa extranjera contrata a un telegrafista como ingeniero, para dirigir un proyecto de telegrafía, a pesar de que el título de ingeniero no existiría oficialmente hasta 1920. Poco después, de que se establecieran estas atribuciones y en pleno periodo de la Segunda República, se constituyó un efímero Ministerio de Comunicaciones, mediante del Decreto de 15 de abril de 1931, con lo que se otorgaba a las comunicaciones y a las telecomunicaciones, en particular, el más alto rango ministerial. Seguramente todas estas circunstancias influyeron en la creación de una nueva organización, pero esta vez específica para los ingenieros: la Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación. Su primer Presidente fue Emilio Novoa González. Esta organización representó de manera única a los Ingenieros de Telecomunicación hasta el año 1967, fecha en la que se creó el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación, por Decreto 2358 de 19 de agosto, que, de acuerdo con la Ley de Colegios Profesionales, asumió la representación oficial del conjunto de los Ingenieros de Telecomunicación, quedando desde esa fecha establecidas dos instituciones: la Asociación Española y el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación. Gracias a aquellos primeros ingenieros de telecomunicación que decidieron unirse para crear una Asociación, y a todos aquellos que han participado en ella, hoy podemos conmemorar los primeros 75 años de la AEIT. 75 años de la AEIT “La ingeniería de telecomunicación se creó oficialmente a través del Real Decreto de 22 de abril de 1920, con el fin de colocar el nivel científico de los Telegrafistas españoles a la altura de los que en otros países ostentan títulos análogos y capacitar a sus poseedores para estudiar, plantear y resolver arduos problemas de la Telecomunicación”
30 oct 2015
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Sobre la etimología de televisión
Sobre la etimología de televisión as primeras propuestas conocidas para “ver a través de la electricidad”, alumbraron aparatos muy diversos que recibieron el nombre común de “telectroscopios”. Está aceptado que este nombre fue utilizado, por primera vez, por el divulgador científico, de origen francés, Louis Figuier, en 1878, influido, al parecer, por un artículo publicado en el periódico norteamericano “The New York Sun”, el 29 de marzo de 1877. El artículo en cuestión llevaba el título de “The Electroscope” y anunciaba la presentación de “un instrumento por medio del cual las personas y los objetos que estuvieran en movimiento en una parte del mundo, podían ser vistos por cualquiera que se encontrara en otro lugar diferente”. La palabra “electroscopio”, en el argot científico, nada tenía que ver con la transmisión de imágenes, sino con la detección de la presencia de cargas eléctricas, representando dicho término, en si mismo, un instrumento de probada utilidad que ya existía en aquella época. Tal vez por ello, Figuier prefirió añadir el prefijo griego “tele”, por un lado, y tomar la derivación latina de “electricidad”, adoptada del griego “elektron”, por otro, para referirse de forma inequívoca a aquellos primeros transmisores de imágenes. Conforme a esta hipótesis, “telectroscopio” tendría así el lógico significado de “mirar a lo lejos por medio de la electricidad”. El neologismo se extendió rápidamente entre la comunidad científica de todo el mundo, encontrándose la primera referencia conocida, en España, publicada en el diario “La Época”, en la edición del sábado 27 de septiembre de 1879, donde se dice lo siguiente: Verdaderamente merece nuestro siglo llamarse el siglo de la electricidad. Cada día nuevas aplica- “Constantin Perskyi, profesor de la Academia de Artillería de San Petersburgo, utilizó por primera vez la palabra “televisión” en el Congreso Internacional sobre Electricidad celebrado en París en 1900” Sobre la etimología de televisión La transmisión de imágenes en movimiento, mediante el uso de la electricidad, representó un fabuloso reto tecnológico que cautivó a un buen número de investigadores e inventores del último cuarto del siglo XIX y el primero del XX. Antonio Pérez Yuste Universidad Politécnica de Madrid Foro Histórico de las Telecomunicaciones Recordando la historia Sobre la etimología de televisión ciones de este misterioso agente vienen á llenarnos de asombro. Gracias á el, dos personas separadas por el Atlántico podrán á un tiempo hablarse, oírse y verse sin abandonar su habitual morada. Para llegar á realizar esta última maravilla se acaba de dar el primer paso. Lo ha dado el inventor del telectroscopio, ya antes de ahora anunciado, pero sólo desde hoy sometido al examen de físicos tan eminentes como Du Moncel y Haliez d’Arros, que nos permiten creer en la realidad de invención tan en extremo peregrina. La aceptación del término “telectroscopio” no fue sin embargo unánime y hubo, también, quienes optaron por otras expresiones. Fue el caso, por ejemplo, del alemán Paul Gottlieb Nipkow – inventor del famoso disco de barrido óptico de la imagen, que lleva su nombre–, que en la patente de su invento, presentada en 1884, se refería a su equipo como: “elektrisches teleskop”, o “telescopio eléctrico”, denominación que tuvo su particular predicamento entre un sector de la comunidad científica. Pero no sería la primera, ni tampoco esta última, la palabra que habría de quedar de forma definitiva en el diccionario para el resto de los tiempos. Ese honor le cabe al término “televisión”, expresión que vería la luz en el albor del siglo XX, al abrigo cultural de la Exposición Universal de París de 1900. Un advenedizo en la corte científica del mundo Corría el verano de 1900 cuando, aprovechando la Exposición Universal de París, se organizó en la capital francesa el primer Congreso Internacional sobre Electricidad, del 18 al 25 de agosto. El último día, un desconocido profesor de la Academia de Artillería de San Petersburgo, llamado Constantin Perskyi, pronunció una conferencia, en francés, donde explicaba la forma de “reproducir a distancia las radiaciones luminosas que representan la imagen de un objeto”. La ponencia de Perskyi llevaba el atractivo título de “Télévision au Moyen de L’Électricité” (Televisión por Medio de la Electricidad) y en relación con sus principios básicos decía: Se descompone la imagen a transmitir en un número infinito de puntos de luz que, tomados por separado, pueden ser tratados como si fueran otras tantas fuentes luminosas de diferente intensidad. Por ultimo, Perskyi terminaba citando los investigadores que, según él, venían aplicando este principio en sus trabajos: Nipkoff (Nipkow), Kachmetieff (Bachmetiev), Stchepanik (Szczepanik), Scheffer (Schöffler) o Poloumordinoff (Polumordvinov). Como es sabido, la palabra “televisión” proviene del prefijo griego “tele” y del nombre latino “visio”, dando como resultado, al unir ambas, el significado de “ver a lo lejos”. Esta construcción híbrida, greco-latina, recuerda en cierto modo la misma situación que, cuatro años después, se produjo con la palabra “telecomunicación” (ver BIT, nº 156). Al igual que ésta, fue duramente criticada por los filólogos más puristas, quienes veían en este tipo de mestizaje una especie de barbarismo lingüístico. Pero, al igual que ella, terminaría imponiéndose en casi todo el mundo. Rápidamente pasó a Inglaterra como “television” y, desde allí, alcanzó los Estados Unidos donde Jenkins, uno de los padres de la televisión mecánica, acotó su uso a la transmisión de imágenes por cable, acuñando la palabra “radiovision”, en cambio, para cuando tal comunicación tenía Figura 1. Palacio del Agua y de la Electricidad, situado en el Campo de Marte de París, donde se celebró el Congreso Internacional sobre Electricidad de 1900. Fuente: Wikimedia Commons. Sobre la etimología de televisión lugar mediante el empleo de ondas electromagnéticas. Desde Francia, la “télévision” llegó también hasta Italia, “televisione”, Holanda, “televisie”, y, por supuesto, España, “televisión”, donde las primeras obras monográficas sobre la materia datan de 1929. Se trata de la traducción al castellano de la segunda edición de un texto escrito, originalmente, en 1926 por el inglés Alfred Dinsdale, realizada por Luis Amador López, y de los libros escritos por los divulgadores técnicos Manuel Marín Bonell y Enrique Mata Lloret. La excepción alemana A pesar de su rápida propagación por todo el mundo, el término “télévision” no logró penetrar, sin embargo, en países geográficamente tan próximos a Francia como Alemania o Dinamarca. En Alemania, el nombre empleado para designar este medio es “fernsehen” que, a la sazón, resulta ser más antiguo que el utilizado por Perskyi en el Congreso de 1900. Fue un químico llamado Raphael Eduard Liesegang quien, en 1891, publicó en Dusseldorf su obra “Beiträge zum Problem of the Electrischen Fernsehens” (Contribución al Problema de las Televisiones Eléctricas). El libro, inspirado en los trabajos de Szczepanik sobre el telectroscopio, incorporaba, de ese modo, a la lengua alemana, un germanismo cuyo significado literal es: “ver (sehen) lejos (fern)”. La nueva palabra penetró en Dinamarca, donde se transformó en la expresión “fjersyn” y, en opinión de algunos historiadores de la televisión, como André Lange, también se propagó, junto con la ciencia que conlleva, por los países de la Europa del Este, Rusia entre ellos. Estos mismos historiadores mantienen la hipótesis de que el término fue traducido al ruso como “televisija” y, de aquí, Perskyi pudo haberlo adaptado al francés como “télévision”. Se trata, desde luego, de una hipótesis bastante plausible, como demuestra el hecho de que en su conferencia Perskyi sólo citara los trabajos realizados por investigadores de influencia germano-rusa, pero omitiera otros, igual de destacados, realizados por científicos de la Europa occidental, como el francés Senlecq o los británicos Ayrton y Perry, o del continente americano, como el estadounidense Carey. Pero sería un emigrante de origen húngaro, Dénes von Mihály, quien habría de apuntalar el término “fernsehen” en Alemania definitivamente. Inventor preclaro en su época, pero poco conocido hoy, desarrolló un sistema basado en un original mecanismo de barrido óptico de la imagen, que recogió en un libro publicado en 1923. La obra tenía el sugestivo título de “Das Elektrische Fernsehen und das Telehor” (La Televisión Eléctrica y el Telehor) y está considerada la primera monografía sobre la televisión editada en el mundo. En ella, Mihály realiza una descripción general sobre la transmisión de imágenes a distancia y presenta los detalles del “Telehor”, un equipo de su propia invención al que, un año más tarde, la revista británica Wireless World and Radio Review dedicaría unas páginas antes, incluso, de que Logie Baird, el pionero más famoso de la televisión, fuera conocido en su propio país. Fue así como Alemania terminó, por tanto, afianzado la palabra “fernsehen” en su lengua vernácula. El nacimiento del término unos años antes del Congreso de París, unido a la existencia de una escuela de pensamiento propia, garantizó su supervivencia frente al empuje de la lengua francesa, primero, y de la inglesa, más tarde. “La palabra “televisión” proviene del prefijo griego “tele” y del nombre latino “visio”, dando como resultado, al unir ambas, el significado de “ver a lo lejos” o “ver a distancia” Figura 2. Retrato del inventor húngaro Dénes von Mihály (1894-1953). Fuente: http://www.sasovits.hu/anyag/feltalal/ mihaly_d.htm
30 oct 2015
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Cincuentenario del lanzamiento del Sputnik 1
Cincuentenario del lanzamiento del Sputnik 1 Antecedentes históricos En 1885 Konstantin Tsiolkovsky fue el primero en escribir en su libro “Sueños de la Tierra y el Cielo” como un satélite podía ser lanzado dentro de una órbita de poca altitud. Tsiolkvosky calculó la velocidad de escape de la Tierra hacia órbita en 8 km/s y que se necesitaría un cohete de múltiples etapas utilizando oxígeno e hidrógeno líquidos como combustibles. Bastantes años mas tarde Arthur C. Clarke , concluida la II Guerra Mundial, en el año 1945 publica su artículo técnico “Extra-terrestrial Relays”, en el cual sienta las bases de los satélites artificiales en órbita geoestacionaria (llamada, en su honor, órbita Clarke), una de sus grandes contribuciones a la ciencia del siglo XX. Clarke examinó la logística de un lanzamiento de satélite, las posibles órbitas y otros aspectos para la creación de una red de satélites, señalando los beneficios de la comunicación global de alta velocidad. También sugirió que tres satélites geoestacionarios proporcionarían la cobertura completa del planeta, algo que se está aplicando masivamente para las comunicaciones. En mayo de 1946, el Proyecto RAND (Research and Development) presentó el informe “Preliminary Design of an Experimental World-Circling Spaceship” (Diseño preliminar de una nave espacial experimental en órbita), en el cual se describían las bases que otorgaban al satélite artificial un sinfín de aplicaciones militares y científicas. En 1948 algo parecido ocurrió en Rusia, cuando el experto Mikhail Klavdiyevich preparó un informe realmente pionero y lo presentó a la Academia de Ciencias de la Artillería; pero el documento, por su alto riesgo y poco clara utilidad, no fue considerado seriamente. La URSS carecía aún de los medios de propulsión necesarios para colocar un objeto en órbita, pero unos años más tarde, el científico Korolev concluyó que un misil R- “La era espacial comenzó realmente en 1946, cuando los científicos empezaron a utilizar los cohetes V-2 capturados a los alemanes para realizar mediciones de la atmósfera” Cincuentenario del lanzamiento del Sputnik 1 Este año 2007 es el 50 aniversario del lanzamiento del Sputnik 1, el primer satélite artificial lanzado al espacio por la extinta Unión Soviética, el 4 de octubre de 1957. Estas cinco décadas de exploración espacial han permitido expandir las fronteras de la humanidad mucho más de lo soñado. José Manuel Huidobro Ingeniero de Telecomunicación Recordando la historia Cada vez que hay una fecha significativa, Google suele dar un toque original a su logo y lo modifica para la ocasión Cincuentenario del lanzamiento del Sputnik 1 7, en la configuración primaria, podría acelerar una tonelada y media hasta la velocidad orbital. Su propuesta fue presentada el 26 de mayo de 1954, pero enfocada de tal manera que el lanzamiento del satélite pareciera sólo uno más de los pasos que sirvieran para verificar la efectividad del R-7 como misil ICBM, una auténtica prioridad nacional, debido al estado de Guerra Fría existente. La era espacial comenzó realmente en 1946, cuando los científicos (Wernher von Braun destaca entre todos ellos) empezaron a utilizar los cohetes V-2 capturados a los alemanes para realizar mediciones de la atmósfera (hasta entonces, se habían estado utilizando globos que llegaban a los 30 km de altitud y ondas de radio para estudiar la ionosfera). Desde 1946 a 1952 se utilizaron los cohetes V-2 y Aerobee para la investigación de la parte superior de la atmósfera, lo que permitía realizar mediciones de la presión, densidad y temperatura hasta una altitud de 200 km. Estados Unidos había considerado lanzar satélites orbitales desde 1945 bajo la Oficina de Aeronáutica de la Armada. El Proyecto RAND de la USAF presentó su informe pero no se creía que el satélite fuese una potencial arma militar, sino más bien una herramienta científica, política y de propaganda. Tras la presión de la Sociedad Americana del Cohete (ARS), la Fundación Nacional de la Ciencia (NSF) y el Año Geofísico Internacional (IGY), el interés militar aumentó y a comienzos de 1955 la Fuerza Aérea y la Armada estaban trabajando en el Proyecto Orbiter, que evolucionaría para utilizar un cohete Jupiter-C en el lanzamiento de un satélite denominado Explorer 1 el 31 de enero de 1958. Unos años antes, en 1955, la Casa Blanca había anunciado que los Estados Unidos intentarían lanzar satélites a partir de la primavera de 1958, lo que dio origen al Proyecto Vanguard. Ese mismo año, los soviéticos anunciaron que tenían intención de lanzar un satélite en el otoño de 1957, lo que se cumplió con la puesta en órbita el Sputnik 1, el 4 de octubre de 1957, convirtiéndose así en el primer satélite artificial y comenzando de esta forma la carrera espacial entre las dos superpotencias. Los Sputnik El Sputnik 1 tenía una masa aproximada de 83 kg, contaba con dos transmisores de radio (20,007 y 40,002 MHz, alrededor de 15 y 7,5 m en longitud de onda) y orbitó la Tierra a una distancia de entre 941 km en su apogeo y 227 km, en su perigeo, inclinación 65º, dando la vuelta al globo cada 96 minutos. El análisis de las señales de radio se usó para obtener información sobre la concentración de los electrones en la ionosfera. La temperatura y la presión se codificaron en la duración de los pitidos de radio que emitía, indicando que el satélite no había sido perforado por un meteorito. El Sputnik 1 se lanzó con el vehículo de lanzamiento R-7 y se incineró durante su reentrada el 3 de enero de 1958. Durante días, y para sorpresa del mundo, el primer satélite artificial emitió por radio un constante “bip, bip” a medida que daba vueltas a la Tierra. Consiguió su objetivo de poner nerviosos a los estadounidenses (la noticia fue recibida con sorpresa y desaliento en los EE.UU., cuyos dirigentes habían dejado escapar la oportunidad de una gran primicia que jamás volvería a presentarse), que meses después se dieron su primer batacazo con su primer satélite, el Vanguard, que explotó en la El Sputnik-4 “Durante días, y para sorpresa del mundo, el primer satélite artificial emitió por radio un constante "bip, bip" a medida que daba vueltas a la Tierra” El Sputnik 1, preparado para ser lanzado por el cohete R-7 Cincuentenario del lanzamiento del Sputnik 1 rampa de lanzamiento y al que algunos denominaron jocosamente “Kaputnik”. Rusia volvería a adelantarse años más tarde, el 12 de abril de 1961, con el primer vuelo orbital tripulado de Yuri Gagarin, pero la carrera espacial se inclinaría, sin embargo, con el paso de los años del lado de los estadounidenses, quienes bajo la presidencia de Kennedy consiguieron poner el primer hombre en la Luna, con el Apolo XI, en el verano de 1969. Para mantener bajo control la temperatura interna del satélite, debido al calor producido por la radio y por los rayos solares que bañarían su exterior, se decidió pulir la esfera hasta dejarla muy brillante, esperando con ello reflejar al menos la radiación procedente del Sol. El Sputnik 1 fue el primero de una serie de cuatro satélites que formaron parte del programa Sputnik de la antigua Unión Soviética y se planeó como una contribución al Año Internacional Geofísico (1957-1958), establecido por Organización de las Naciones Unidas. Le siguió, el 3 de noviembre, el Sputnik 2, como el segundo satélite en órbita y también el primero en llevar a un animal a bordo, una perra llamada Laika (ladradora), pero los planes de la misión no proporcionaban un regreso seguro de la nave espacial o su pasajero, haciendo de Laika la primera víctima del espacio. El 15 de mayo de 1958 pusieron en órbita el satélite y laboratorio espacial Keldysh, como Sputnik 3, tras un primer lanzamiento fallido, mientras el Sputnik 4 se lanzó justo dos años más tarde. La nave Sputnik 1 fue el primer intento no fallido, de poner en órbita un satélite artificial alrededor de la Tierra. Se lanzó desde el Cosmódromo de Tyuratam (no muy lejano de Baikonur) en Kazajstán, antes parte de la Unión Soviética. La palabra sputnik en ruso significa “compañero”, “camarada”. La decisión sobre la forma del Sputnik 1 fue enrevesada, pues, Inicialmente, el Académico Keldysh ideó un satélite de 1,5 toneladas en forma de cono, con la capacidad de hacer muchas mediciones físicas en el espacio, pero cuando los soviéticos se enteraron que el proyecto americano Vanguard tenía diseñados dos satélites, uno pequeño tan sólo para ver si podían poner algo en órbita, ellos decidieron hacer lo mismo, realizando el llamado Object PS (Prostreishiy Sputnik, Satélite Sencillo). El satélite artificial Sputnik 1 era una esfera de aluminio de 58 cm de diámetro que llevaba cuatro largas y finas antenas de 2,4 a 2,9 m de longitud. La nave obtuvo información, durante 32 días, perteneciente a la densidad de las capas altas de la atmósfera y la propagación de ondas de radio en la ionosfera. Los instrumentos y fuentes de energía eléctrica estaban alojados en una cápsula que también incluía transmisores de radio; las emisiones se realizaron en grupos alternativos de 0,3 s de duración –que los científicos y radioaficionados podían captar y así confirmar el logro– y el envío a tierra de la telemetría incluía datos de temperatura dentro y sobre la superficie de la esfera. Para más información: http://www.elmundo.es/especiales/2007/09/ ciencia/sputnik/index.html “La nave Sputnik 1 fue el primer intento no fallido, de poner en órbita un satélite artificial alrededor de la Tierra” Componentes: 1 Relé térmico 2 Emisor de radio 3 Sensor de temperatura y presión 4 Toma estanca 5 Antena 6 Baterías 7 Toma de corriente 8 Contactos 9 Ventilador 10 Difusor 11 Teleconmutador 12 Pantalla Interior del Sputnik 1
30 oct 2015
Artículo BIT
Madrid 1932, nace la Unión Internacional de Telecomunicaciones
RECORDANDO LA HISTORIA. Madrid 1932, nace la Unión Internacional de Telecomunicaciones uando, a principios del siglo XX, empezaron a realizarse conexiones telegráficas a través de la radio hubo que establecer normas que permitieran la interconexión de las diferentes estaciones. En 1903, Alemania convocó una Conferencia Preliminar de Telegrafía sin Hilos, tratando de formalizar unos acuerdos mínimos, indispensables para dar un carácter más flexible a las comunicaciones radiotelegráficas. No hubo acuerdos, pero los países asistentes se comprometieron a presentar un proyecto. En la segunda Conferencia, celebrada en Berlín en 1906, se aprobaron algunas normas que han persistido con los tiempos: el término “radiotelegrafía”, la señal de socorro SOS, eliminación de interferencias, un sistema de tarifas y se creó la Unión Radiotelegráfica Internacional (URI), con vínculos administrativos con la UTI. La radio exige nuevas normas Al finalizar la Primera Guerra Mundial hubo varios intentos de los vencedores de reorganizar las telecomunicaciones mundiales, pero se tuvo que esperar hasta la Conferencia de Madrid en 1932 para conseguirlo. La preocupación por las radiocomunicaciones estaba en el primer plano, sobre todo en lo que se refiere a Norteamérica que, por otra parte, no tenía ningún interés en los acuerdos telegráficos o telefónicos. En otoño de 1920, por invitación de EEUU, los representantes de las principales potencias aliadas y los asociados mencionados en el Tratado de Versalles tuvieron en Washington una Conferencia preliminar para examinar la red de comunicaciones eléctricas mundiales. De la reunión salió un principio de acuerdo sobre la conveniencia de crear una Unión que “En 1865 se creó la Unión Telegráfica Internacional y en 1906 la Unión Radiotelegráfica Internacional ” Madrid 1932, nace la Unión Internacional de Telecomunicaciones En 1865 se firmó en París un Convenio Telegráfico Internacional para fijar las normas que servirían para regular las comunicaciones telegráficas entre los países signatarios. De resultas del Convenio se creó la Unión Telegráfica Internacional (UTI). Los países europeos y sus extensos dominios coloniales entraron todos en la UTI y aceptaron sus normas, pero EE.UU., que solamente estaba conectado con el resto del mundo a través de cables submarinos gestionados por empresas privadas, dejó que esas empresas negociaran con la UTI las formas de conexión y el sistema de tarifas, pero no se implicó como Estado en la firma de los Convenios. Sebastián Olivé Roig Miembro del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Recordando la historia C RECORDANDO LA HISTORIA. Madrid 1932, nace la Unión Internacional de Telecomunicaciones fundiera la UTI y la URI. Se encargó a un Comité Técnico la elaboración de un estudio. Por otra parte en 1923, la Sociedad de Naciones quiso convocar una Conferencia internacional Radiotelegráfica y creó, también, un Comité Técnico para estudiar el tema. Parece que no era fácil llegar a un consenso. EE.UU. y Francia polarizaban las dos posiciones extremas: los norteamericanos querían una nueva organización, que ordenara el uso de la radio, que era su obsesión, incluso con la creación de algún sistema coactivo; sin embargo, se desentendían de la telegrafía y la telefonía. Los americanos consideraban los métodos de la UTI demasiado lentos y poco “ejecutivos”, mientras que los franceses querían revitalizar la vieja UTI, y creían que un avance “prudente” era lo aconsejable al permitir posiciones flexibles. En 1925, se convocó la Conferencia Administrativa de la UTI en París y en ella se propuso que se convocaran en el mismo lugar, y al mismo tiempo, las Conferencias de Plenipotenciarios para las Uniones Telegráfica y Radiotelegráfica, con el fin de intentar constituir una Unión que comprendiera los problemas conjuntos de las telecomunicaciones. En 1927 se reunió en Washington la Conferencia Administrativa Radiotelegráfica que aprobó una propuesta igual a la acordada en la Conferencia de París. España presentó la invitación para que la reunión conjunta de las Conferencias tuviera lugar en Madrid en 1932. Se aceptó el lugar y la fecha y en una posterior Conferencia Administrativa de la UTI, en Bruselas en 1928, se ratificó. Circunstancias políticas en España En 1928, desde el punto de vista del interés por la telecomunicación, el tema que en España estaba en el primer plano era la rápida puesta en marcha de la Compañía Telefónica y la entrada en funcionamiento de las primeras centrales automáticas. También eran noticias que se destacaban la primera conversación telefónica del rey de España y el presidente de los Estados Unidos1, en octubre de 1928, o la conexión “Al finalizar la Primera Guerra Mundial hubo varios intentos de reorganizar las telecomunicaciones mundiales, pero se tuvo que esperar hasta la Conferencia de Madrid en 1932 para conseguirlo” Convenio de Telecomunicaciones donde se aprecia la firma de España y debajo la de los Estados Unidos. RECORDANDO LA HISTORIA. Madrid 1932, nace la Unión Internacional de Telecomunicaciones radioeléctrica permanente con Argentina a través de los servicios de la Compañía Radio Argentina (Radiar), en octubre de 1929. Pero, cuando en septiembre de 1932 se abría en Madrid la sesión inaugural, la situación política era muy diferente de la que había cursado la invitación. Se había proclamado la República, pero esto no afectó a la invitación de España, como Estado: el Jefe del Gobierno abrió la Conferencia y el Presidente de la República la clausuró. Durante los tres meses que duró la Conferencia hubo gran actividad en el Parlamento y, dos días antes de la clausura, Azaña había pronunciado el discurso que ponía fin a la discusión sobre la legalidad del contrato de la Compañía Telefónica que, con el advenimiento de la República, estaba en tela de juicio, y lo aceptaba (después de recibir una nota diplomática de Estados Unidos, sin duda llena de buenos consejos)2. Contenido del Convenio El hecho de redactarse un Convenio al estilo de los de la UTI y no bajo formas como las patrocinadas por EE.UU. y, en cierto modo, por la Sociedad de Naciones, significaba el triunfo de la idea de colaboración sin coacción o, como decía el órgano de la UTI: “demuestra, una vez más, que en nuestra Sociedad de Naciones, pronto septuagenaria, las tesis se afrontan siempre en una atmósfera de buena voluntad que explica la excelencia de las decisiones de nuestras conferencias generales”. En el artículo 1º aparece la novedad de dar nombre a la institución: Unión Internacional de Telecomunicaciones. El dilema telegrafía-radio, que estaba entre las posibles dificultades, se intentó resolver mediante el artículo 2º, que dice: “Las disposiciones del presente Convenio se completan por los Reglamentos, a saber: – El Reglamento telegráfico. – El Reglamento telefónico. – Los Reglamentos de radiocomunicaciones (Reglamento general y Reglamento adicional). Que no ligan más que a los gobiernos contratantes que se comprometan a aplicarlos y solamente vis a vis con los gobiernos que han adquirido el mismo compromiso... La firma de uno, por lo menos, de los Reglamentos es obligatoria para los firmantes del Convenio”. Con ello se salvaban las formas, porque EEUU no firmó los Reglamentos telegráfico ni telefónico. El Convenio consta de 40 artículos, de los cuales muy pocos (12) son disposiciones de orden general sobre la correspondencia (de cualquier tipo) internacional. Como novedad se dedicó un Capítulo a las “disposiciones especiales de las radiocomunicaciones”. La cuestión del idioma fue un tema polémico. Hasta entonces el idioma oficial de la UTI había sido el francés, pero el Convenio incluyó también el inglés. Como anécdota se puede consignar que los países hispanoamericanos, con una propuesta de Cuba, presiona- Reglamento Telegráfico y Telefónico donde no aparece la firma de EEUU. “El Convenio dedicó un Capítulo a las “disposiciones especiales de las radiocomunicaciones” ron para incluir el español como lengua oficial, pero España, considerando que como anfitrión debía ser neutral, no apoyó la moción. Para sostener los gastos derivados de mantener una Oficina permanente de la Unión3 se establecían cuotas proporcionales a la importancia económica del país, creándose seis categorías, de modo que la razón entre las cuotas más alta y más baja era de 25/3. De todos modos, las discusiones más difíciles se produjeron en la redacción de los Reglamentos. El Telegráfico estaba prácticamente hecho, el Telefónico tampoco tuvo problemas, pero el Radiotelegráfico suscitó enconadas discusiones, en torno a: – Distribución y empleo de las bandas de frecuencia y tipos de emisión (varias naciones ya habían hecho suyas algunas frecuencias). – Incorporación de servicios en ondas cortas y ultra-cortas. – Inclusión de la televisión y la telefotografía. – Tratamiento de interferencias y procedimientos para eliminarlas. – Disposiciones referentes a la seguridad de la vida humana (radiofaros aéreos y marítimos); etc. Representantes españoles La Presidencia de las Conferencias correspondió al ministro de Comunicaciones Santiago Casares Quiroga, aunque fue el Subsecretario, Ángel Galarza, el que le sustituyó habitualmente. La participación de representantes españoles fue numerosa, y la Delegación oficial la componían 15 funcionarios del Ministerio de Comunicaciones, tres representantes del Ministerio de la Guerra, otros tres del Ministerio de Marina y tres de otros Ministerios. Esta Delegación estaba encabezada por el Director general Miguel Sastre Picatoste, que actuaba como Jefe de la Delegación. Como ambas Conferencias se reunían simultáneamente, actuaron como Jefes suplentes: Gabriel Hombre y Pedro Gamir, en la Telegráfica, y Ramón Miguel Nieto y Tomás Fernández Quintana, en la Radiotelegráfica. Notas 1 Las conversaciones telefónicas intercontinentales eran todavía hechos muy excepcionales, hasta el punto de recogerlas en un artículo en el órgano de la UTI: El día de Navidad de 1931 se batió el record con 342 conversaciones, mientras que el día de Navidad de 1930 se habían celebrado 207. ROOD K. T., “Cinq années de service téléphonique intercontinental », en Journal Télégraphique, Septembre-Octobre 1932, p. 287. 2 Quizá la gravedad de los temas que se discutían en el Parlamento hacía que Azaña no estuviera muy interesado en lo que se trataba en la Conferencia de la UTI. En sus Memorias apenas la menciona y cuando lo hace emplea un leguaje casi despectivo. “Hago un discurso de rúbrica. Contesta un anciano francés, que trae unas barbas blancas hasta la cintura y una melena proporcionada a las barbas. Debe ser Merlín, “aquel que tuvo por su padre al diablo”. También en la clausura se fija en la figura de “un francés barbudo, que es nada menos que doyen des doyens”. El señor de las barbas, que parece ser el único recuerdo que le interesa destacar a Azaña, era el presidente de la delegación francesa, miembro de mas edad, es decir el “decano”, de la Asamblea, Jules Gauthier. 3 Cuya sede se seguiría estando en Berna, bajo la supervisión de la Administración suiza. RECORDANDO LA HISTORIA. Madrid 1932, nace la Unión Internacional de Telecomunicaciones “La participación de representantes españoles fue numerosa, y la Delegación oficial la componían 15 funcionarios del Ministerio de Comunicaciones, tres representantes del Ministerio de la Guerra, otros tres del Ministerio de Marina y tres de otros Ministerios” Ramón Miguel Nieto. Museo Postal y Telegráfico. Miguel Sastre Picatoste, Jefe de la Delegación española. Revista Orbe.
30 oct 2015