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SOBRE VINOS, VIAJES, LIBROS, DEPORTES... Y MÁS
LIBROS Bernardo González Palacios EL PALACIO DE LA LUNA (Moon palace) Paul Auster Editorial Anagrama ISBN: 8433914545 312 Páginas ¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más? En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil. (fragmento del discurso realizado en la recepción del premio Principe de Asturias) VINOS Manolo Gamella MANZANILLA Lo más normal hubiera sido llamar a este vino sanlúcar, lo mismo que decimos jerez, rioja o burdeos. Pero la manzanilla es especial hasta en el nombre, cuyo origen se nos ha perdido desde finales del XVIII, cuando aparece reseñado y atribuido a distintas historias, ninguna del todo fiable. Y es que hace falta imaginación para encontrar parecido su aroma al de la infusión de la camomila, o para suponer que deriva del pueblo de Manzanilla (Huelva), donde, como dijo el viajero Richard Ford, “ni se conoce ni se bebe”. La buena manzanilla se hace con “mosto yema”, o sea sin prensar (como el fino de Jerez), de uva palomino (como el fino), fermentado y “encabezado” con más alcohol hasta unos 15% (como el fino), criado en botas de roble de unos 600 litros alineadas en tres o cuatro pisos (criaderas) para ir pasando por partes desde cada una a las de más abajo, hasta llegar a las del suelo (soleras) de donde se embotella (como el fino). Y su carácter lo da el velo de “levadura de flor” que cubre y aísla del aire su superficie libre en las botas (como el fino). Pero la manzanilla es manzanilla y el fino es fino. Jerez queda a unos pocos kilómetros hacia adentro, y en Sanlúcar de Barrameda la brisa fresca y húmeda colándose por el embudo de la desembocadura del Guadalquivir da vida todo el año a la levadura flor que aporta el aroma seco y punzante del vino de aperitivo más personal del mundo. Eso sin exagerar. Exagerando, los sanluqueños juran que también gana como compañero de toda la comida (se pasan un poco). EXCURSIÓN Julián Fernández Navajas EL GR-1; LOARRE Las piedras no tienen memoria; tan sólo son reflejo de lo que nosotros recordamos. Incluso, pueden ser los cimientos de historias que nunca sucedieron pero que encajan en nuestro recuerdo como piezas de un tetris fantástico, construyendo las más apasionantes aventuras de nuestra imaginación. Bien lo sabía esto Bécquer, que contemplando unas ruinas junto a un río, a los pies de una montaña que le daba sombra al atardecer, se imaginaba a la mora abrazada a su cristiano con un amor imposible y desesperado. Seguro que nunca estuvo nuestro gran escritor contemplando el castillo de Loarre, pues ni se sabe cuantas historias podían haber surgido de su pluma con tan fabuloso escenario. Pero quizás, con desigual éxito literario, cada uno de los visitantes de dicho castillo ha podido imaginar su historia particular. Os invito a que os suméis vosotros también. Para ello conviene enmarcar el escenario de la construcción de Loarre y tener presente que hacia el año mil, en la península, comienzan los reinos cristianos a querer hacer visibles sus posiciones. Es un cambio de estrategia en la que aquello que hasta ese momento habían querido que permaneciera oculto, ahora quieren exponerlo a la vista de todos. Las fortalezas que hasta entonces se ubicaban en escondidos refugios y en recónditas cuevas, se trasladan a los altozanos que dominan valles mas abiertos. A plena luz del día se alzan sus estandartes expuestos sobre las almenas de las torres, para poder ser vistos desde lejos. Por supuesto que dicho cambio no nos corresponde a nosotros explicarlo, para eso están los estudiosos del tema. Disfrutemos del magnifico cuadro que nos presenta dichas construcciones dibujadas sobre el horizonte y dejando volar, despreocupada, nuestra imaginación. Centrándonos en castillo de Loarre, lo que sí parece claro es que éste es un caso de construcción expuesta con orgullo a la vista de todos. Su edificación fue llevada a cabo por el monarca de Aragón y desde ella se divisan las posiciones de los reinos enemigos a la vez que puede ser vista desde lejos. Pero el gran valor de la fortaleza radica en que pronto perdió la utilidad para la cual fue construida, a causa de la expansión del reino de Aragón. Aquella obra pensada para ser capital de un reino, morada de reyes y sede episcopal se ve despoblada, quedando prácticamente intacta hasta nuestros días. Sin miedo a exagerar, es una auténtica joya de la arquitectura medieval, tallada en auténtica piedra de ley, que os animo a visitar sin falta. Además, el mismo enclave del castillo, permite unos cuantos paseos por la sierra para los que quieran estirar las piernas. EXPOSICION FUNDACION TELEFONICA MADRID La visión de Corea de Nam June Paik: Lo fantástico y lo hiperreal 14.2.2007 – 20.5.2007 Nam June Paik (Seúl 1932 – Miami 2006) es uno de los creadores con mayor reconocimiento internacional en el terreno del arte contemporáneo. Conocido como “el padre del video arte” fue un pionero en el tratamiento de la imagen y el uso trasgresor de las nuevas tecnologías. ENTREVISTA A RAMON CASARES Ramón Casares (La Coruña, 1960). Doctor Ingeniero de Telecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid (1993). Actualmente trabaja en Telefónica en Creación de Red de La Coruña. Autor de "El problema aparente: una teoría del conocimiento" (Ed. Antonio Machado Libros) ¿Qué es la epistemología científica? Cuando uno va entrando en profundidades, preguntándose por la validez de asuntos cada vez más fundamentales, llega necesariamente a plantearse preguntas aparentemente paradójicas, como cuál es el significado del significado. Estas cuestiones de la máxima profundidad, que arañan el fondo sobre el que se sostiene todo el conocimiento, son el tema de la epistemología. Este es el método de Descartes. Y también fue Descartes quien propuso separar nítidamente el estudio de la materia del estudio del espíritu. Según su propuesta, el conocimiento de la materia, que es el conocimiento científico, debería tener un origen radicalmente distinto del conocimiento espiritual. Así las cosas, la epistemología científica trataría únicamente sobre el origen y la validez de nuestro conocimiento sobre el mundo material. Pero yo creo que, así como el método de Descartes sigue vigente, en cambio su propuesta separadora está agotada. Entonces, la tarea de hoy es olvidarse de la epistemología científica y retomar la epistemología; la epistemología a secas. ¿Qué consideras más relevante de tu libro “El problema aparente: una teoría del conocimiento”? El núcleo del libro es la teoría del problema. De la teoría se sigue una progresión de cinco resolutores de problemas, cada uno más complejo y flexible que el anterior, que culmina en uno que he denominado “sujeto”.Y, ¿qué características ha de tener tal sujeto para ser el más capaz de los resolutores? Mi conclusión es que el resolutor más flexible ha de ser capaz de representarse interiormente problemas y resoluciones. Hasta aquí nada sorprendente, espero. Pero una consecuencia de la conclusión anterior es que tal sujeto, para poder representarse problemas y resoluciones, ha de disponer de un lenguaje simbólico, o sea, de un lenguaje con una sintaxis recursiva. Esto ya empieza a ser interesante porque nosotros somos la única especie simbólica. Y, además, es fácil darse cuenta de que únicamente un resolutor capaz de representarse resoluciones sería capaz de representarse a sí mismo. ¡Vaya!, ya estamos muy cerca de explicar la relación entre el habla y la consciencia. Entonces me pregunto, ¿y si la vida fuera un problema, y una de las ramas de la evolución hubiera llegado hasta el sujeto? Bueno, yo no me lo pregunto, sino que propongo definir la vida como un problema. Y, a lo que iba, lo más relevante del libro es esa definición. ¿A qué te dedicas actualmente? ¿Cuáles son tus campos de interés? ¿Qué es METATeX? Lo que más me gusta es leer y pensar, aunque este último año he dedicado mucho tiempo a Linux. Lo cierto es que alterno por temporadas la filosofía con la informática. METATeX es un conjunto de macros que permiten fundir las dos herramientas fundamentales de TeX, que son el propio TeX y METAFONT. TeX, para los que no estén en este mundillo, es el sistema informático que Donald Knuth ideó para poder mantener la calidad tipográfica de su monumental obra “The Art of Computer Programming”. El caso es que, con la informatización, la edición de los textos matemáticos se hizo tan defectuosa que el propio Knuth decidió atacar el problema, pensando que le llevaría un año. Se pasó más de diez años con el asunto, pero ahí está TeX. En comparación, METATeX, mi contribución al software libre, no es nada. ¿Tienes algún libro en cartera? Sí, pero todavía no ha sido aceptado por ninguna editorial, así que no sé siquiera si se publicará o no. No es fácil publicar libros difíciles, así que me lo tengo muy merecido. Recomiéndanos tres libros que consideres importante conocer. Tres libros que, por lo menos, han sido importantes para mi, y que están traducidos al castellano, son: “Pruebas y refutaciones” de Imre Lakatos, “Teoría general de sistemas” de George Klir, y “Pensamiento y lenguaje” de Lev Vygotsky. ¿HACIA EL QUINTO NIVEL? Manuel Alfonseca 1. ¿QUE ES LA VIDA? Las noticias de radio y televisión, las primeras páginas de los diarios de máxima tirada, hacen eco a menudo de elucubraciones sobre la posible existencia de vida en Marte. Es una cuestión que intriga a la humanidad desde hace más de un siglo. A pesar de los análisis químicos negativos realizados en 1976 por las sondas Viking, la detección en una fotografía de un simple reguero, que podría haber sido provocado por el agua, dispara la imaginación de científicos y periodistas. Es posible que exista vida en Marte, pero al pensar en esta cuestión, no puedo evitar plantearme una pregunta: ¿seremos capaces de reconocerla? ¿Sabemos realmente qué es la vida? Al considerar este problema con atención, se constata que existen seres que claramente poseen vida y otros que sin duda no la tienen. Nosotros estamos vivos, junto con las plantas y los animales que vemos a nuestro alrededor. Las piedras, el agua destilada, el dióxido de carbono no lo están. En estos casos extremos no cuesta trabajo decidirse. Cuando Antony van Leeuwenhoek (1632-1723) descubrió los microorganismos (levaduras, infusorios, bacterias, espermatozoides y glóbulos rojos) tampoco se dudó de que estuvieran vivos. Pero las cosas no siempre son tan sencillas. El primer caso dudoso surgió con el descubrimiento de los virus. Son seres más pequeños que las más pequeñas de las células vivas, y están formados por una sola molécula de ADN o ARN, encerrada en el interior de una cápsula de proteínas, que a veces contiene también grasas e hidratos de carbono. Inicialmente se los consideró simples sustancias químicas venenosas (de ahí su nombre, pues virus significa, etimológicamente, veneno). En tal caso, no estarían vivos. Después se pensó que debían ser células vivas tan pequeñas, que no podían verse con el microscopio óptico ordinario. Pero en 1935, el norteamericano Wendell Meredith Stanley (premio Nobel en 1946) demostró que el virus que produce la enfermedad llamada mosaico del tabaco forma estructuras cristalinas, como muchas sustancias químicas. Por segunda vez parecía que los virus no estaban vivos. Hoy, sin embargo, se tiende a considerarlos como células parásitas reducidas a la mínima expresión, y se piensa que la capacidad de cristalizar no tiene por qué ser incompatible con la vida. En la tradición filosófica que se remonta a Aristóteles y dominó durante casi dos mil años el pensamiento grecolatino y occidental, un ser vivo se definía como un ente organizado, dotado de movimiento continuo e inmanente, es decir, un ser complejo, formado por partes más sencillas ensambladas entre sí, y capaz de moverse por sí mismo. Esta definición de la vida no resulta hoy satisfactoria, pues se aplica a seres claramente inanimados. Por ejemplo, un aeroplano moderno provisto de piloto automático está formado por miles de partes que interactúan entre sí de forma muy compleja, y es capaz de moverse por sí mismo, al menos durante cierto tiempo. Sin embargo, nadie ha planteado la posibilidad de que esté vivo. Por otra parte, un liquen o una célula ósea no se mueven por sí mismos en toda su vida, pero no se duda de que estén vivos. Otra definición clásica considera a los seres vivientes como entes que nacen, crecen, se nutren, se relacionan con el entorno, se reproducen y mueren. Se trata de una definición funcional, no estructural como la anterior, que hace referencia explícita a las conocidas funciones de nutrición, relación y reproducción. Las primeras permiten al ser vivo intercambiar materia y energía con el entorno; las segundas son reacciones a los estímulos que recibe del mismo; las terceras dan lugar a la aparición de seres vivos nuevos. La tecnología moderna ha conducido a la construcción de máquinas cada vez más complejas. Hay robots experimentales (alguno se ha utilizado, precisamente, en Marte) capaces de extraer energía del entorno, y que poseen sensores que les permiten recibir estímulos y generar las respuestas adecuadas. Se puede decir que estas máquinas son capaces de realizar funciones de nutrición y de relación semejantes a las de los seres vivos. Sin embargo, aunque se ha teorizado mucho sobre la posibilidad de construir máquinas capaces de reproducirse, esta función biológica sigue siendo, por el momento, exclusiva de los seres vivos. Por ello, se tiende a considerarla como la piedra de toque que permite clasificar a un ser cualquiera como vivo o como inerte. Dado que todos los seres vivos que conocemos, incluido el caso dudoso de los virus, contienen ácidos nucleicos (ADN o ARN), una familia de macromoléculas químicas capaces de reproducirse, hoy se tiende a asociar la vida con los ácidos nucleicos. De acuerdo con esta interpretación, el objetivo de crear seres vivos nuevos en el laboratorio se logró en 1955, cuando Severo Ochoa construyó por primera vez una molécula sintética de ácido ribonucleico, ensamblándola a partir de componentes más sencillos (los nucleótidos). Cuatro años más tarde, este experimento le valió el premio Nobel de Medicina y Fisiología. Los ácidos nucleicos aislados serían, por lo tanto, los seres vivos más sencillos, lo que yo llamo el primer nivel de la vida. De hecho, existen ciertas moléculas de ARN, llamadas viroides, descubiertas en 1962 por T.O.Diener y William B. Raymer, que contienen unos pocos cientos de nucleótidos y carecen de cápsula, pero son capaces de reproducirse (con ayuda de una célula a la que parasitan) y producen enfermedades, al menos a las plantas. En la historia de nuestro planeta tuvo que haber un tiempo, del que no ha quedado huella, durante el que las moléculas de los ácidos nucleicos serían capaces de reproducirse solos, sin parasitar células (pues aún no las había), en las aguas del océano primitivo. De alguno de esos seres elementales descienden todas las formas de vida que hoy pueblan la Tierra. Claro es que no tenemos la seguridad de que la vida en otros mundos se haya de basar en los ácidos nucleicos. La hipotética vida marciana podría apoyarse en moléculas diferentes. Si es así, ¿cómo podremos reconocerla? Propongo que, al igual que en el caso de los viroides, se debe considerar viva toda sustancia química que sea capaz de reproducirse. Por supuesto, esto abre el debate sobre si una máquina autorreproductora, cuando se consiga construirla, también estará viva, pero ésa es otra historia. CINE Atanasio Carpena Martín SALVADOR (PUIG ANTICH) Dirección: Manuel Huerga (2006) Veinte años separan los carteles de los dos “Salvador”. Uno, el siniestro. Su título corresponde a un nombre de persona, cercano en el espacio y contemporáneo en la historia. Describe al activista que observa impasible, por encima de comentarios pusilánimes y cortedad de miras, hacia lo que inevitablemente –por dictamen– le ha de acontecer. Otro, el diestro. Su título corresponde al nombre del país, alejado en el espacio pero también contemporáneo en la historia. Muestra al periodista mirando hacia lo que se le viene encima, como consecuencia de lo publicado, y que se encuentra fuera del alcance del objetivo fotográfico que sostiene entre sus manos. Ambos carteles encarnan –coincidente e irónicamente– al ajusticiado por haberse interpuesto en la conveniencia de quienes se consideraron –paradójica o cínicamente– “salvadores”. “La muerte de nadie (El enigma Heinz Ches)” o “La mort de ningú (L’enigma Heinz Ches)” de Joan Dolç (2004). Por su parte, “La muerte de nadie (El enigma Heinz Ches)”, documental del valenciano Joan Dolç, investiga exhaustivamente acerca de la auténtica identidad de Heinz Ches: un misterioso vagabundo, ciudadano de la entonces Alemania oriental, presentado a la opinión pública como polaco, el cual fue ejecutado el mismo día y hora que Salvador Puig Antich, en lo que, con motivo y sorna, en su momento, fue denominado “La torna”. “Salvador (Puig Antich)” de Manuel Huerga (2006). “Salvador” de Oliver Stone (1986). MÚSICA Rocío Tuda WHITNEY HOUSTON Elizabeth Houston, nacida en agosto de 1963, era hija de la cantante de Gospel Cissy Houston, y sobrina de Dionea Warrick. Criada en un ambiente donde la buena música era la protagonista, apoyada en su carrera por su madre y dotada de una voz prodigiosa, con multitud de registros y un talento natural para interpretar canciones. Esta mezcla, conjugada con una fuerte imagen, una fuerte disciplina y rigor en lo profesional, han sido los desencadenantes del enorme eco y sonados éxitos de la cantante. Cuenta con 21 premios a su carrera (entre ellos 6 Grammy) y ha vendido más de 130 millones de discos (100 millones en la década de los noventa). Haciendo balance, todo lo que toca se ha convertido en oro, incluso su versión del himno americano. Desde 1985, con su disco de debut “Whitney Houston”, hasta 2003, con su último trabajo “One Wish”, ha sacado un total de 11 trabajos, tres de los cuales son bandas sonoras originales de películas protagonizadas por esta artista: “El guardaespaldas” (1992), “Waiting for exhale” (1995) y “The preacher´s wife” (1996). Hay canciones muy destacadas en sus trabajos, incluso, alguna que, rápidamente, viene a nuestra memoria como: “I always love you”, “I have nothing”, “I´m every woman”, “Didn´t we have it all”, “Where do broken hearts go”, etc. Últimamente, no ha atravesado unos momentos personales y profesionales buenos; en 2006 se ha divorciado y ha tenido problemas con las drogas. No obstante, el huracán “Whitney” amenaza con volver en el 2007. Vista su impresionante trayectoria, es casi seguro que podremos disfrutar durante muchos años de esta gran diva de la canción.
30 oct 2015