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Vinos: añadas
Vinos Manuel Gamella Bacete Añadas ¿Quién no ha oído hablar de la maravillosa cosecha del 70?, ¿o incluso de la extraordinaria, y ya algo pasada, del 64? Empiezan a ser corrientes en los restaurantes de cierto postín, los clientes que atacan las cartas de vinos armados con tablas de años. En otros países, como puede comprobarse aquí mismo observando a los turistas más sibaritas, esta práctica parece estar aún más extendida. ¿Estamos ante un esnobismo de moda, o ante una sabia medida de buen consumidor? puede que de todo un poco. Analicemos brevemente el asunto. Como fácilmente se comprende, las características buenas o malas de un vino dependen básicamente de cuatro factores distintos. 1.- Las vides con su edad, estado y variedad. Se estima en más de 5.000 los tipos de vid catalogados en el mundo. Muchos no pasan de ser pequeñas variantes locales, pero sólo en España hay unas 30 variedades importantes, que dan lugar a sabores definidos. 2.- Los suelos, generalmente calcáreos o arcilloso-calcáreos, pero muy diversos en cuanto a la combinación de elementos que aportan a la vid. 3.- El clima, entendido como las condiciones de insolación, humedad y temperatura distintas según el tiempo y el lugar preciso (micro-clima) en que se ha desarrollado la uva. Los efectos del clima son variados y complejos. Son nocivas las heladas tardías o las lluvias cálidas que facilitan enfermedades en verano, pero tampoco son buenas para la calidad las condiciones que dan lugar a grandes cosechas, agotando la capacidad nutritiva de suelos y plantas, y produciendo uvas más sosas. 4.- El proceso de elaboración que va desde los cuidados a la vid, hasta la crianza del vino, pasando por la vendimia, la fermentación y ia obtención adecuada del producto, Una misma materia prima puede producir, según como sea elaborada, vinos muy diferentes. De estos cuatro factores, el año afecta, y de manera muy condicionada según la situación exacta de cada viñedo, al que se refiere al clima solamente. Esto ya nos da una idea de la relatividad con que es preciso abordar el tema. Una helada o un granizo pueden dañar a una viña y, sin embargo, respetar a otra, un kilómetro más abajo. Una cosecha entera, como ocurrió por ejemplo con la del 72, puede considerarse mala en Rioja y excelente en el Penedés por lo que no es correcto el referirse a añadas sin concretar además la zona. En general puede decirse que el azar de las condiciones climáticas afecta menos a las regiones vinícolas de España o Italia que a las más septentrionales de Francia o Alemania. En Francia la diferencia entre un año bueno y uno malo puede alcanzar para los vinos de Burdeos o de Borgoña, extremos inusuales por aquí. En Alemania, si un año es difícil, la vinificación sólo se logra con ayuda del azúcar de remolacha generosamente mezclado con los mostos flojos, para producir vinos que no pueden obtener la preciada etiqueta de "Qualitátswein". En algunas comarcas de Francias y del valle del Rhin, ciertas condiciones muy especiales de humedad y temperatura al comienzo del otoño provocan algún año el desarrollo de un hongo que perfora delicadamente la piel de los granos, ocasionando una forma de pasificación natural conocida como "noble pourriture" o podredumbre noble, que permite obtener vinos peculiares, más bien dulces, de alto grado y mayor precio, como algunos Sauternes y Beerenauslese. Nada de eso se da por estos pagos. La climatología suele asegurar en España vinos mejores o peores, pero siempre bebibles si se hacen seriamente. Este hecho desde luego afortunado, de que las diferencias entre añadas sean reales pero no escandalosas para el consumidor medio, viene a facilitar la picaresca. No ha existido hasta ahora el control necesario para evitar que en cosechas prestigiosas, como la del 70 en Rioja, más de una bodega haya reproducido en versión moderna el milagro de los panes y los peces. Y a la inversa, es rarísimo encontrar impreso en una etiqueta un año nefasto lo que, dicho sea de paso, quita mucha utilidad práctica a las tablas de añadas, porque casi siempre que se sirve un vino con fecha resulta ser de un buen año (premio a quien encuentre un Rioja del 77, por ejemplo). Parte del misterio se explica por la cantidad de marcas que se etiquetan como "tercer año", "cuarto año", etc. (¿contando a partir de cuándo?) y también por las muchísimas, y algunas no precisamente baratas, que simplemente omiten el dato, dando a entender que el bodeguero se reserva el derecho de mezclar cosechas a su arbitrio para ofrecer año a año un producto más o menos homogéneo. Otra consideración viene a relativizar aún más la información que nos puede proporcionar la añada de un vino. Como ya hemos dicho alguna vez, y en contra de lo que algunos creen siguiendo el mito de lo añejo, todos los vinos incluso los más nobles, alcanzan una edad de madurez, a partir de la cual comienzan a perder sus cualidades con el tiempo. De nada sirve, por lo tanto, fiarse de una buena cosecha, si para el vino que sea, el tiempo transcurrido fue ya excesivo. La mayor parte de los blancos y rosado pueden considerarse maduros, y por tanto irán a menos, a partir del primer año. En el otro extremo, algunas bodegas, pocas, informar a sus clientes de la evolución observada en su vinos de reserva durante su vida útil de 15, 20 o más años. Sobran, sin embargo, todas las consideraciones cuando un vino de cualquier año, que todos se igualan ante la muerte, ha pasado ya a mejor vida oxidándose en pie durante meses por el corcho seco en la estantería de la tienda, o cociéndose dulcemente al amor de los radiadores del salón, o quizás tostándose al alegre sol del escaparate. No nos desanimemos, a veces no es así y entonces una buena tabla de añadas nos dará una orientación relativa, pero provechosa, Así que, para que no se diga, publicamos también una. De nada.
30 oct 2015