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Viajes: itinerario por la Sierra de Guadarrama
atender a la ind icación que nos invita a ascender alllamado Mirador de los Robledos. Trátase de una medioplanicie desde la que se contempla una vista panorámica del valle del Lozoya, acechado por las crestas más sobresalientes de la sierra de Guadarrama: Peñalara (2.430 m.), Cabeza de Hierro (2.380 m.) y Risco de los Claveles (2.200 m.). La carretera se hace definitivamente valle al llegar al monasterio del Paular, situado a poca distancia de Rascafría. Se sabe que la construcción de la cartuja comienza en 1390, asistiendo Juan I de Castilla a la bendición de los terrenos y a la colocación de la primera piedra. En 1876 es declarad o Monumento Nacional. Actualmente, el monasterio se halla dividido en cartuja y parador. La antigua hospedería se ha convertido hoy en hotel dirigido por la Empresa Nacional de Turismo. Franqueando la puerta de la antigua hospedería, obra de Gil de Hontañón, accedemos al patio del "Ave María" (s. XVII), impresionante por su sencillez, su austeridad y su belleza, que nos recuerda a alguna plaza porticada castellana. Una contemplación panorám ica de la cartuja nos muestra que tiene una estructura dieciochesca, acentuada por las cúpulas y la torre, de indudable estilo neoclásico, obra de Ventura Rodríguez. La impresión de solidez está graciosamente contrarrestada por su juego de volúmenes. Los elementos imprescin dibles del monasterio que debe contemplar el viajero son: el llamado Claustro Grande, de estilo gótico flamígero, obra incompleta de Juan de Guas; en la iglesia, la verja de hierro forjado (s. XV) obra de Francisco de Salamanca y, sobre todo, el magnífico retablo góticoflamenco (s. XV), tallado en alabastro y policromado posteriormente, que por si solo merece una visita. Está compuesto por 17 escenas biblicas, de finísima factura y de gran calidad en la ejecución. No se conoce el autor del retable, aunque se supone fue elaborado sobre un boceto de Guas, interviniendo la escuela castellana. Es aconsejable una subida a la torre para apreciar la belleza del paisaje. Una vez visitado el monasterio del Paular podemos dirigimos a Manzanares el Real para ver su castillo, después de atravesar los pueblos de Rascafría y Lozoya. La presión de la cercan a megápolis está lentamente despersonalizando la vida y la arquitectura de estos pueblos del valle del Lozoya. Las viejas casas rurales, con su sabor pintoresco y amb iental, con su integración exacta en unos estilos vitales, están siendo sustituidas por chalés monocordes que ofrecen la implacable monotonía del bienestar y la mediocre opulencia del consumo. La invasión durante los fines de semana de las hordas cosmopolitas altera las formas de vida arraigadas en la comunidad rural. La estética masificada del consumo uniforma los hábi tos, destruyendo la singularidad personal, paisajística y arquitectónica. En Lozoya, el río de su nombre se remansa yensancha, ofreciendo apacib les lugares para el baño o el esparcimiento. Después de subir el puerto de Canencia, todo rumor de aguas y de hojas, tras quedar deslumbrados por la luz cubista y de inspiración andaluza de las casas del pueblo de Miraflores, llegamos a Manzanares. Su castillo se impone airoso sobre el trasfond o de la sierra de la Pedriza. A sus pies, el embalse de San ti llana. Las casas de las urbanizaciones cercanas al pueblo adoptan posturas atrevidas asomándose al vacío en un intento de suicidio escenográfico. La plaza de Manzanares gu.arda algo de su sabor primitivo, a pesar de la arquitectura agresiva del restaurante que con profusión de maderas intenta no desento nar del conjunto. El castillo fue comenzado a finales del siglo XV, provovido por don Diego Hurtado de Mendoza, hijo del Marqués de Santillana y primer Duque del I nfantado. Es un magnífico ejemplo de arquitectura militar castellana, que incorpora a sus funciones militares las de ser palacio además de castillo. Como aspectos más destacados del conjunto señalaremos, además de la armoniosa silueta de torres cilíndricas y almenas, el patio interior con doble galería, obra de Juan de Guas, con artesanados de influencia mudéjar. Asimismo, es imprescindible destacar en la fachada del Mediodía la primorosa elegancia de su galería gótica, bellísimo mirador con vistas al embalse, obra también de Juan de Guas.. P. IZQUIERDO Viajes Itinerario por la Sierra de .G uadarrama Breve ruta esta que proponemos, apta para unas horas de solaz o dequstación de arte y paisaje. Saldremos de la capital por la carretera de la Coruña, de la que nos desviaremos en Collado Villalba hacia el puerto de Navacerrada. Desde allí, tomaremos la carretera comarcal N 604, que zigzaguea, lenta y sinuosa, sobre la falda de la montaña, ofreciendo al viajero una sucesión de vistas de notable belleza. llegaremos así al puerto de Cotos, invadido de instalaciones para el ejercicio masivo del esquí, salpicado de tiendas de campaña en los fines de semana y amenazado por el imponente púlpito rocoso de Peñalara. La carretera desciende en lenta agon ía . hasta el valle,atraída por el murmullo de las aguas del río de la Angostura. Antes de llegar al valle del Lozoya es conveniente
30 oct 2015