Filosofía Hegel y la filosofía del espíritu El problema esencial que deja sin resolver la filosofía de Kant, es la dicotomía entre conocimiento mundo de las cosas conocidas y materia o naturaleza mundo de las cosas que existen por si mismas. Pues, si bien el noúmeno kantiano había hecho desaparecer de la conciencia las cosas reales permitía, por otra parte, su existencia fuera de la mente, gracias a una serie de recursos de los que la mente no sabe nada. Toda la filosofía de Hegel está dedicada a demostrar que esa ruptura no existe, que no hay cosas fuera de las representaciones de la conciencia lo que es, está puesto en ella. En definitiva, natural, indiferente a las, leyes del pensamiento humano, que opera sólo su necesidad, sin tener en cuenta otros designios que los suyos propios. que constituye el centro de la doctrina hegeliana es la CONCIENCIA una conciencia universal que contiene en su interior, como saber, todo que existe. Conciencia es lo que conocemos en nuestra vida ordinaria, el conocimiento BIT87 que usamos para ejecutar tas acciones que determinan nuestra propia existencia. Un hombre tiene conciencia de la realidad que vive cuando interpreta esa realidad desde su propia vivencia, como sujeto individual. En otro plano, el de la autoconciencia que Hegel llama ESPÍRITU los acontecimientos cotidianos, que constituyen las conciencias individuales, aparecen ya no como algo que sucede a este o aquel sujeto, sino como sucediendo a todos los sujetos a la vez en suma, a la humanidad. Para Hegel, el espíritu lo crea y lo conoce todo todo sucede dentro de una conciencia que reclama, para si, la forma que el mundo tiene. Y esta conciencia explica las cosas según el lugar y el tiempo en que ellas están puestas. Si habla de la naturaleza, se refiere siempre a representaciones que contienen objetos exteriores, sometidos, sin embargo, a las leyes de la exterioridad propuestas por el mismo espíritu. Ahora bien, si lo que quiero explicar son los motivos que dan origen a la obra de arte, a la religión, etc., el espíritu tendrá que recurrir a su propia reflexión interna. Quizá fuera bueno ver con un ejemplo como se producen estas manifestaciones del espíritu. Si elijo para ello la forma del Estado, me encuentro, según Hegel, con un campo de explicación donde los hechos que se producen tienen que ver, primordial mente, con conceptos asociados al poder y al derecho. Averiguar la velocidad de caída de un cuerpo en el vacío, o la naturaleza del arco iris, no entra en el área de sus competencias. Quiere decir que el espíritu no puede extraer de la 88BIT Física conceptos propios del Estado, porque aquélla no es una ciencia explicativa del poder o del derecho. La Física le servirá cuando quiera saber de lo anterior, cuando se haga preguntas tales como qué es el peso, cómo se produce un árbol, porque el espíritu, cuando se pone en la naturaleza, sólo puede objetivarla mediante leyes físicas, y él mismo no puede reconocerse más que en la forma de su exterioridad. Con el estado, la religión, el arte o la filosofía, el espíritu recupera la interioridad, se hace reflexivo es decir, opera con acciones o con ideas, no con cosas. El bien o la ley, los tiene que formar la conciencia con materiales de la reflexión, y cuando el espíritu los pone fuera en un Estado, por conceptos actúan moviendo a una práctica que tiene que ver con los actos. Obrar bien sería el dictamen de las leyes, pero el tiempo histórico en que este concepto se desarrolle determinará, en última instancia, su significado. Así, para una conciencia. medieval, expresará la relación de toda obra con Dios, mientras que para el renacentista, el bien obrar tendrá que ver con buenos resultados. El espíritu, que se manifestó en dos tiempos diferentes medioevo y Renacimiento, conoció del bien según la conciencia que había en cada uno de ellos. En este caso, la del Renacimiento perfeccionó añadiendo hechos nuevos, producidos por el ejercicio de prácticas nuevas la obra del medioevo. Esto significa que el espíritu no conoce de una vez, sino que tiene que producir ideas que luego implantará en la realidad, sometiéndolas a las leyes que la conciencia pone para probar la verdad que tienen sus presupuestos. En el Renacimiento, la acción tiene un lugar predominante, y los sujetos se reconocen por referencia a ella. La subjetividad ha de ser, pues, la noción central del sistema explicativo que quiera conocer del Renacimiento. Pero la subjetividad renacentista sólo desarrolla aspectos que aquella época conoce, quedando fuera otros que todavía no se han producido. Y habrá que esperar a que pase el tiempo para saber más de ella. El espíritu, o el momento de su desarrollo, en el Renacimiento, sólo podría objetivar en su autoconciencia aquel instante, mediante el saber de que entonces disponía, no pudiendo sobrepasar el tiempo. Sin embargo, el espíritu, que no puede actuar por encima de la necesidad que posee no puede actuar cambiando el orden del antes y el después, es capaz de tener, en cada tiempo por el que pasa, un conocimiento en el que están incluidos, de forma perfecta, los momentos que ya dejó atrás. El diseño hegeliano de un espíritu que todo b que va a producir que tenga de ello no se dé de forma definitiva más que en el final de los tiempos, porque, mientras no se produzca ese final, el conocimiento siempre se está el camino de la historia como constitutivo de las condiciones del conocer significa desarrollar el pensamiento en el tiempo. Pero, que es lo que obliga al espíritu. La libertad que posee, dirá Hegel. La Libertad será, motor que obligue al espíritu a que éste produzca en provecho de esa misma libertad. Si el espíritu produce el estado, será para que la libertad desarrolle sus propios contenidos y los estados no serán sino los recipientes, siempre transitorios, de esa libertad. Los pasos que se dan entre los diferentes momentos del desarrollo de un concepto, están movidos por esa ineludible necesidad que la libertad impone a la realidad. Sin embargo, tal imposición no debe entenderse como salida de una comparación establecida entre dos términos realidad, libertad poseedores de unos contenidos estables, gracias a los cuales se pueda producir una diferencia definitiva. Libertad y realidad coinciden en Hegel, pudiéndose establecer esta igualdad de principio todo lo que está siendo contiene un grado de libertad igual a la máxima que es posible alcanzar en ese momento. Realidad y libertad se confunden, se mezclan, se unen en una síntesis que, en todo caso, no es definitiva dura sólo el tiempo necesario para que la libertad conozca de la contradicción producida cuando ella quiso hacerse real. Por eso va a realizar un movimiento hacia adelante que la alejará de buscando una nueva síntesis que constituya, a su vez, un nuevo momento de la libertad.