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VINOS: EL VALOR DE UN VASO DE RIOJA
Manuel Gamella EL VALOR DE UN VASO DE RIOJA VINOS alió en la prensa. José Antonio Ortega Lara fue felizmente liberado del zulo en que había estado secuestrado durante 532 interminables días y, tras asegurarse de que quienes inopinadamente se le presentaban (unos guardias civiles y el juez Garzón) eran realmente sus salvadores, pidió lo que más ansiaba en semejante ocasión: ¡un vaso de buen rioja!. ni el más entusiasta propagandista del vino en general y del rioja en particular hubiera podido imaginar un argumento más sensacional para difundir las virtudes liberadoras del espíritu humano representadas por un vaso de vino. Pero, ¿por qué precisamente rioja?. La verdad es que en este país de nuestros pesares la respuesta parece casi trivial. La experiencia demuestra repetidamente que ante la tesitura de pedir un vino de calidad la primera opción que pasa por las mentes de la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos es sencillamente ésa, por más que en gran parte de los casos haya en ello una injusta ignorancia hacia las excelentes alternativas que, como hemos intentado mostrar a lo largo de decenas de artículos en esta sección, nos ofrecen otras muchas comarcas españolas. En la anécdota de Ortega Lara, burgalés pero trabajador en Logroño, puede pensarse sin embargo que la elección haya sido con mayor conocimiento de causa, y ciertamente hay que reconocer que, ignorancias aparte, no faltan razones a su favor. Empecemos por las razones comerciales, nada desdeñables en una actividad que supones trabajo y creación de riqueza gracias a los mercados nacionales e internacionales (la globalización no sólo afecta a las telecomunicaciones en el mundo de hoy). Veamos las cifras: según el diario económico "Expansión" la distribución porcentual de las ventas de vinos españoles con denominación de origen en 1996 fueron como se ve en la tarta. El predominio de la denominación de origen Rioja (la única denominación de origen con distinción de Calificada), es notorio, y más del 32% de su mercado correspondió a exportaciones, destacando las ventas a los EEUU, Suiza, Reino Unido, Holanda y el Caribe, y el crecimiento de nuevas demandas, como las del sureste asiático y de China, o de Japón donde el pasado año se consumieron más de ochocientos mil litros de estos vinos. No siempre la cantidad va unida a la calidad, pero lo cierto es que, como también hemos indicado en estas páginas otras veces, ninguna otra comarca vinícola española reúne un mayor número de buenas marcas. Así pues, Ortega Lara podía cumplir su deseo escogiendo entre distintos tipos de vinos excelentes. En este sentido, la diversidad de los vinos de RIoja deriva, no tanto de sus distintas subzonas (baja, alta y alavesa) y clases de uva (sobre todo tempranillo, junto con garnacha, mazuelo, graciano y viura), cuyos productos se mezclan muchas veces en las bodegas, como de las distintas selecciones y elaboraciones que dan personalidad propia a cada etiqueta. Centrándonos en los tintos, que constituyen el segmento principal de la producción vinícola riojana, puede observarse un aumento en los últimos años de la variación a partir del tipo que podemos llamar "clásico" desde el establecimiento, bajo influencia francesa, de las primeras bodegas modernas a finales del siglo pasado. Aunque también producen interesantes vinos jóvenes, sobre todo los elaborados por el procedimiento más tradicional ("de cosechero") llamado maceración carbónica (fermentando los racimos enteros), los riojas clásicos son vinos de crianza caracterizados por un acidez apreciable, un color y un cuerpo más bien ligeros y un acusado sabor a la madera del roble de las barricas. Como ilustración de esta variedad creciente podemos citar al maestro Pepe Peñín que nos sugiere comparar ejemplos de mayor color y menor gusto a madera (Cune, Monte Real, Contino, Marqués de Cáceres, Montecillo, Marqués de Riscal), de mayor gusto al roble de crianza (Marqués de Murrieta, Viña Ardanza, Remelluri, Beronia), de acidez algo mayor (Viña Pomal, Beronia, Marqués de Murrieta), o algo menor (Faustino, Remondo), o de color menos intenso (Solar de Samaniego, Berceo, Beronia). Esta misma variedad entre las marcas, unida al hecho de que en nuestro país las diferencias climáticas entre los años resultan menos críticas que en latitudes superiores, relativiza bastante la utilidad de las socorridas tablas de cosechas. De todos modos, teniendo en cuenta que nada menos que un 64% de los riojas con denominación de origen se consumen en hostelería, y que a muchos les gustará quedar bien en el restaurante sabiendo cuáles son las añadas oficialmente recomendadas, no está de más recordar que desde 1980 fueron calificadas como excelentes las de 1982, 1994 y 1995, como muy buenas las de 1981, 1987, 1991 y 1996, y las restantes como buenas, excepto la de 1984 (sólo normal). Sólo queda solidarizarnos con Ortega Lara eligiendo la botella que queramos abrir para brindar por una liberación que, como la prosa de su antiguo paisano Gonzalo de Berceo, "bien valdrá según creo un vaso de bon vino".
30 oct 2015