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VINOS VINOS BALEARES
Manuel Gamella VINOS VINOS BALEARES Las vacaciones suelen ofrecer magníficas ocasiones para probar en su propio ambiente vinos muchas veces difíciles de obtener en nuestros lugares habituales de residencia. Con este convencimiento me propuse aprovechar unos días en Menorca para dar un pequeño repaso a los vinos del archipiélago que se pusieran a tiro en tiendas o restaurantes. La historia de estos vinos es milenaria, remontándose al menos hasta la Roma imperial cuando el naturalista Plinio el Viejo los ensalzaba con entusiasmo entre los mejores caldos que llegaban en ánforas a las bodegas de la capital. Los siglos de presencia árabe pudieron ser un paréntesis, o quizás ni eso siquiera dada la liberalidad de costumbres señalable en buena parte del Islam andalusí y así consta posteriormente que en el siglo XVIII Mallorca seguía embarcando vinos de buena calidad, al tiempo que el mallorquín Fray Junípero Serra plantaba los primeros viñedos de California en las misiones que fundamentaron la civilización sobre la costa oeste de Norteamérica. En la actualidad los vinos baleares se producen principalmente en el interior de la isla de Mallorca bajo la denominación de origen de Binissalem, y también un poco más al este como "vinos de la tierra" de Plá i Llevant, alrededor de Felanitx. En la comarca de Binissalem destacan sobre todo los tintos, basados en la uva manto negro, adecuada para una moderada crianza en roble y, en menor proporción la callet y las tempranillo y monastrell, más habituales en la península. También se producen rosados y blancos, a partir de éstos de la uva moll (o prensal), y de cantidades menores de las más conocidas macabeo y parellada. En Plá i Llevant la proporción se invierte en los tintos a favor de la uva callet, y aparece también la moda actual con algunas plantaciones de cabernet-sauvignon para tintos y de chardonnay para blancos. En Menorca, sin embargo la producción comercial de vino se abandonó hace ya tiempo, aunque se embotella localmente un vino barato de procedencia indefinida. En cambio la colonización británica a lo largo de todo el siglo XVIII dejó como herencia la fabricación ya tradicional de un "gin" perfumado (mucho para mi gusto, pero esto es muy opinable) que se toma solo o con zumo de limón ("pomada"). Así pues, mi esperanza como bebedor curioso estaba puesta en que la cercanía permitiera una abundante presencia de los vinos mallorquines en esta isla vecina. No parece que sea el caso. La búsqueda en supermercados y tiendas de alimentación resultó infructuosa, lo mismo que el examen de las cartas de unos cuantos restaurantes, en donde se aprecia el predominio de los blancos del Penedés y de los tintos de Rioja, junto a ejemplares variados del resto de la península. Una excepción observable fue "Es Cranc" en Fornells, un templo de la langosta en caldereta o en arroz caldoso, que puede acompañarse con el blanc de blancs de uva moll José L. Ferrer (Binissalem), ligero y agradable. Aunque no lo indica en su carta, también "Ca N´Aguedet" en Mercadal puede ofrecer alguna botella suelta mallorquina, como un blanco de chardonnay y prensal Armero i Adrover (Plá i Llevant), de intenso sabor afrutado, para tomar con excelentes platos regionales. Por cierto que el dueño de este restaurante produce unas 2.000 botellas de vinos propios (desgraciadamente ya agotados este verano) en dos hectáreas de lo que seguramente sea el viñedo más oriental de España. Tampoco tuvo mucho éxito mi exploración de una tienda especializada en el centro de Mahón y dos en el casco histórico de Ciudadela. En las tres se escondían en algún rincón vinos de José L. Ferrer (Binissalem), los blancos y rosados sistemáticamente pasados de años, y el tinto Franja Roja, crianza del 93, interesante aunque algo ardiente en la boca. Encontré también en la tienda de Mahón un par de tintos de Jaume Mesquida (de Porreres, Plá i Llevant), el Molí de Vent, vino de mesa que resultó lamentablemente picado, y el crianza del 91, ardiente y algo oxidado, así como un tinto Gall Vermell crianza del 92 (del mismo municipio), que fue para mí el ganador de este reducido concurso, de color rubí oscuro con ribetes teja, equilibrado de acidez, astringencia y cuerpo, con sabores a cuero y a cacao, y persistencia agradablemente amargosa. Conclusiones, habrá que ir directamente a Mallorca para poder conocer mejor los vinos que admiraron a Plinio el Viejo e inspiraron a Fray Junípero en su aventura californiana. La originalidad de sus uvas y de su clima mediterráneo e insular promete una personalidad interesante, pero todo indica que su escasa producción y su pobre comercialización, despreciando incluso la oportunidad de escaparate hacia el turismo en la isla de al lado (quizá es que no se llevan bien con los vecinos), los aleja del alcance de los curiosos foráneos. Por lo demás Menorca es sin duda una isla extraordinaria
30 oct 2015