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De la Cierva y la primera Ley de Telecomunicaciones de España
Antonio Pérez Yuste Universidad Politécnica de Madrid Miembro del Foro Histórico Recordando la historiaRecordando la historia De la Cierva y la primera Ley de Telecomunicaciones de España La Ley General de Telecomunicaciones, de 2003, consolidó en España un marco armonizado de libre competencia cuya construcción se había iniciado, al menos formalmente, cinco años antes, al señalarse por el Gobierno la fecha del 1 de diciembre de 1998 como punto de partida para la liberalización total del mercado de las telecomunicaciones, una vez que culminara con éxito, a finales de 1996, un intenso proceso de negociación con la Comisión Europea (CE). Apesar de lo antedicho, lle-ajustarse la prestación de las diver-durante mucho tiempo y que gar a la fecha del 1 de sas modalidades de telecomunica-reclamaba, definitivamente, su diciembre de 1998, exi-ción”. Semejante afirmación paso hacia una situación de libre gió un esfuerzo legislativo previo –equivocada, a mi modo de ver– mercado. muy importante, que sirvió para ha hecho extenderse la opinión de transitar de forma ordenada desde que la LOT fue el primer texto Se olvida, empero, una Ley las viejas estructuras monopolísti-legislativo, aprobado por unas mucho más antigua que, de una cas de explotación a las más Cortes Generales, que ordenaba forma bastante más modesta, permodernas de libre mercado. un sector que había tenido la con-siguió el mismo propósito y que, al sideración de “monopolio natural” igual que la LOT, también fue dis- Se acepta, con carácter general, que ese camino se inició en 1987 con la Ley de Ordenación de las “Hasta 1907 existió una ausencia total de base Telecomunicaciones (LOT), Ley que, como su propio preámbulo legal en la que apoyar el derecho del Gobierno señala, establece, “por primera vez en España, un marco jurídico para decidir sobre la explotación de los básico en el que se contienen las servicios de telecomunicaciones” líneas maestras a las que había de bit 157 JUN.-JUL. 2006 87 RECORDANDO LA HISTORIA. De la Cierva y la primera Ley de Telecomunicaciones de España cutida y aprobada por las Cortes españolas. Se trata de una Ley promovida, en 1907, por el abogado y político conservador Juan de la Cierva, mientras ocupó la cartera de Gobernación durante el “gobierno largo” presidido por Antonio Maura, Ley que fue sancionada por el Rey Alfonso XIII el 26 de octubre de ese mismo año. La situación en 1907 En 1907, el término “telecomunicación” todavía no había sido acuñado en España, no obstante lo cual, se tenía bastante claro qué manifestaciones tecnológicas representaba, a saber: la telegrafía eléctrica, la telefonía y la radiotelegrafía. Hacia 1907, la telegrafía eléctrica era una tecnología ya madura. Se había experimentado, con carácter aplicado, por primera vez en España, en el puerto de Bilbao, en 1849. En 1855 se creó el monopolio del Estado sobre los servicios telegráficos al autorizar, por Ley, al Gobierno a “plantear un sistema completo de líneas electro-telegráficas que pusiera en comunicación a la Corte con todas las capitales de provincia y departamentos marítimos, y que llegase a las fronteras de España y Portugal”. Ese mismo año, ya por Real Decreto, se dispuso que la construcción y conservación de dichas líneas corriese a cargo del Ministerio de Fomento, quedando su explotación bajo la responsabilidad del de Gobernación. En 1856 se creó el Cuerpo de Telégrafos, asignándole las competencias de explotación, y al año siguiente se le traspasaron, también por Decreto, las competencias de construcción y conservación, situación que se mantuvo inalterada en lo sucesivo. La telefonía, por su parte, era una tecnología que ya había supe rado su etapa infantil pero cuya regulación adolecía, sin embargo, de todo orden. Como hace ver Gutiérrez Alonso en su tesis doctoral, desde la primera regulación del servicio telefónico, debida a Sagasta, en 1882, hasta 1907, la regulación de la telefonía se fue realizando a golpe de decreto del poder ejecutivo sin dejar que el legislativo tuviera oportunidad de ejercer ningún tipo de control sobre ella. Durante ese período de tiempo, la reglamentación del servicio telefónico fue variando al mismo ritmo que cambiaban los gobiernos de la nación, permitiendo unas veces la explotación privada y dejándola otras en manos públicas, lo que contribuyó a incrementar el desorden telefónico en todo el país. Líneas aisladas unas de otras, materiales no homogéneos, tarifas diferentes, diversidad de cánones de las concesiones, ausencia de calidad y amplias regiones sin servicio eran los calificativos más habituales del escenario telefónico en 1907. La radiotelegrafía, o telegrafía sin hilos era, en cambio, una tecnología novedosa en España, cuyos primeros ensayos habían sido realizados por el comandante Julio Cervera, en 1899, en el Cuartel de la Montaña de Madrid. A este le siguieron otros más, todos auspiciados por el Ejército y la Marina que, como dice Sánchez Miñana, “eran instancias mucho más comprometidas que las civiles Fotografía de Antonio Maura, en su despacho, tomada en 1917. “La Ley de De la Cierva, de 1907, constituyó el primer corpus legislativo, aprobado en unas Cortes Generales, para la regulación de las telecomunicaciones en España” 88 bit 157 JUN.-JUL. 2006 RECORDANDO LA HISTORIA. De la Cierva y la primera Ley de Telecomunicaciones de España con la nueva técnica”. Precisamente, fue el Ministro de la Guerra, Vicente Martitegui, quien movió al Consejo de Ministros a decretar, el 21 de mayo de 1905, la creación de una comisión para promover el establecimiento de la radiotelegrafía en España y redactar un reglamento para la instalación de las estaciones necesarias y la prestación del servicio correspondiente. En esta situación se produjo la llegada al poder de Antonio Maura, quien formó gobierno, en enero de 1907, incorporando al “villaverdista” Juan de la Cierva como Ministro de Gobernación. Se iniciaba, entonces, la etapa tal vez más estable de la Restauración. Etapa que llegó a ser conocida con el nombre de “gobierno largo” y que cubriría la política española hasta octubre de 1909. La Ley de Telecomunicaciones de 1907 La explotación del servicio telegráfico, plenamente asumida como estaba por el Cuerpo de Telégrafos desde 1857, no planteaba ningún inconveniente político para el Gobierno, cosa que no sucedía con la telefonía o con la radiotelegrafía. En la primera, como hace ver Javier Nadal, existía una ausencia total de base legal en la que apoyar el derecho del Gobierno para tomar decisiones sobre la explotación del servicio, pese a lo cual los distintos Gabinetes no se privaron de elaborar Reglamentos y realizar concesiones siempre que surge la ocasión. En cuanto a la radiotelegrafía, se trataba de una tecnología emergente situada, aún en 1907, en España, en el terreno de la experimentación, pero que empezaba ya a demandar su propio modelo de explotación. Consciente de esta situación, De la Cierva supo aprovechar la relativa estabilidad política del momento, y el creciente apoyo de la opinión pública hacia Maura, para sacar adelante una Ley muy básica en su contenido, pero de profundo calado, por la que se autorizaba al Gobierno a plantear y desarrollar los servicios de radiotelegrafía, cables y telefonía, en todo el país, valiéndose de lo que llamó “entidades” nacionales. Siguiendo a Loro Chico en su tesis doctoral, cuando De la Cierva menciona el término “entidades”, lo utiliza como subterfugio para evitar referirse a “empresas privadas”, que era en las que realmente estaba pensando. De la Cierva defendía el criterio de que la mayor libertad de acción de las corporaciones privadas les permitía ser más eficaces que el Estado para explotar los servicios de telecomunicaciones, opinión ésta que le reportó no pocas críticas. Azcárate, Moret y Martín Rosales, en el Congreso, y Navarro Reverter, en el Senado, sostuvieron la opinión de que los servicios de radiotelegrafía, cables, telegrafía y teléfonos eran competencia exclusiva del Estado, que tenía la obligación de dotar de ellos a la nación y de explotarlos por medio del Cuerpo de Telégrafos. En el mejor de los casos, añadían sus críticos, podía admitirse que se cediera a la iniciativa privada la instalación de las redes o la construcción de estaciones, pero nunca la cesión de los derechos de explotación de tales servicios. Juan De la Cierva y Peñafiel. bit 157 JUN.-JUL. 2006 89 RECORDANDO LA HISTORIA. De la Cierva y la primera Ley de Telecomunicaciones de España “De la Cierva defendía que la mayor libertad de acción de las corporaciones privadas les permitía ser más eficaces que el Estado para explotar los servicios de telecomunicaciones” Reproducción literal de la Ley de De la Cierva de 1907, publicada en la Gaceta de Madrid el 28 de octubre de 1907. A pesar de estas diferencias, la Ley salió adelante, si bien demostró en la práctica una menor efectividad de la esperada. Su mayor virtud, si acaso, fue que permitió asumir de jure una situación que se venía dando de facto en el ámbito de la telefonía, donde “casi cualquiera” que lo deseara podía establecer y explotar una línea telefónica. La telegrafía, por su parte, siguió siendo exclusividad del Cuerpo de Telégrafos, mientras que en la radiotelegrafía se optó por la concesión en régimen de monopolio a una empresa privada: la Compañía Nacional de Telegrafía sin Hilos. En definitiva, con el término “entidad” empleado por De la Cierva, el Gobierno conservaba intacto su derecho a establecer y explotar los servicios de telecomunicación mediante la “entidad estatal” que era el Cuerpo de Telégrafos pero admitía, simultáneamente, la participación de “entidades privadas”, como empresas y particulares, e incluso de “entidades públicas”, como los ayuntamientos, diputaciones provinciales o mancomunidades de provincias. Desde nuestra perspectiva actual, la importancia de la Ley de De la Cierva hay que buscarla en el hecho de que constituyó el primer corpus legislativo para la regulación de las telecomunicaciones en España. Se mantuvo en vigor durante nada menos que ochenta años, pasando por encima de Gobiernos de la Restauración, Dictaduras, Gobiernos de la República y Gobiernos de la Transición, unas veces olvidada, otras ignorada, hasta su desaparición final, en 1987, cuando fue anulada por la LOT en su disposición derogatoria primera.
30 oct 2015
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Recordando las comunicaciones de emergencia de los aficionados
Recordando las comunicaciones de emergencia de los aficionados Isidoro Ruiz-Ramos Gª-Tenorio Dr. en Ciencias de la Información por la UCM Miembro del Foro Histórico de Telecomunicaciones Cuando los medios oficiales de comunicación eran aún pobres y deficientes, los radioaficionados demostraron su gran eficacia en casos de accidentes y grandes calamidades. Ello consolidó la comunión definitiva de la radioafición con acciones humanitarias, de colaboración y salvamento que se prolonga hasta nuestros días con la ayuda altruista y desinteresada que lleva a cabo la Red Radio de Emergencia, REMER. Recordando la historia Quizás una de las primeras colaboraciones amateurs en este campo, cuya repercusión dio incluso lugar al rodaje de la película “La tienda roja”, tuvo lugar en mayo de 1928 cuando el italiano Umberto Nobile formó parte de una expedición al círculo polar ártico en el dirigible “Italia”. Tras precipitarse éste bruscamente sobre un témpano de hielo, los supervivientes se refugiaron en una tienda de campaña de lona roja que encontraron entre los restos del dirigible. Una vez que los aventureros consiguieron localizar la estación radiotelegráfica de onda corta, lograron hacerla funcionar cuando se hubo dado al mundo la noticia de la desaparición del aerostato con todos sus tripulantes. Los reiterados intentos de los expedicionarios, con el pequeño transmisor, no tuvieron éxito para establecer comunicación alguna pero un radioaficionado siberiano logró captar la débil llamada proporcionando su localización exacta entre los inhóspitos hielos. Con el salto de la noticia al otro lado del mundo se movilizaron los medios para efectuar el rescate y, dos días después, los supervivientes quedaron a salvo. La radioafición en España En España, sin tantos tintes de tragedia ni repercusión mundial, existe también constancia documental de la colaboración de los radioaficionados en algunos casos en los que prestaron su valiosa ayuda. Quizás la más antigua tuvo lugar el 11 de noviembre de 1929 cuando el aficionado menorquín Francisco Morales recibió la llamada SOS de un hidroavión correo entre Marsella y Argelia. Puesto en contacto el operador de la estación EAR-146 con la Comandancia de Marina de Mahón, salieron embarcaciones en su busca y el hidroavión fue remolcado hasta el puerto de Ciudadela. En marzo de 1934, ante la rotura del cable submarino entre las islas de Tenerife y La Palma, el oficial de Telégrafos Juan Vall ofreció su estación de aficionado EA8AF para sacar el servicio oficial y urgente entre ambas islas. Aceptada la oferta, trasladó sus aparatos a Tacoronte y cursó los tráficos con la estación amateur de Pedro Duque Fernández, quien por entonces emitió sus señales provisionalmente con el distintivo EA8TFF. Llegado julio de 1936, y repitiendo lo ocurrido en octubre de 1934 con los hechos revolucionarios en Asturias, durante los primeros días de la guerra civil ciertos radioaficionados prestaron valiosa ayuda cursando lo que se llamó el “Servicio de socorro” al quedar cortadas las líneas telefónicas y telegráficas entre la España dividida. Ante la incierta situación de quienes quedaron aislados, en una u otra zona, familiares y amigos trataron de buscar la colaboración de las estaciones amateurs para saber de sus seres queridos. También de inmediato, ciertas emisoras de aficionado de ambas zonas, con o sin sus operadores, fueron puestas a disposición de autoridades civiles y militares no sólo para cursar mensajes, sino para ser utilizadas incluso en la “guerra de las ondas” que se entabló emitiendo propaganda político- militar dentro del espectro radioeléctrico asignado internacionalmente al tráfico amateur. Hacia la fundación de la URE Prohibida la radioafición a finales de julio de 1936, se abrió un largo paréntesis administrativo de casi trece años. En 1948, a pesar de la prohibición y cuando numerosas estaciones españolas de aficionado poblaron el éter, dentro de una permisibilidad oficiosa por parte de las autoridades, los amateurs fueron portadores de noticias oficiales ante la falta de medios de la Administración del Estado. En la Primavera de aquél año en el que se produjeron graves disturbios en Bogotá, a fin de dar conocimiento al Gobierno español que, tanto la Embajada como la colonia española no habían sufrido daño alguno, distintos aficionados hicieron llegar a nuestro país el mensaje enviado por el Embajador de España en Colombia. El Gobierno del general Franco expresó públicamente su gratitud a quienes facilitaron la noticia y aquello abrió aún más la esperanza de que las autoridades legalizarían con prontitud la anómala situación de los amateurs. Fundada la Unión de Radioaficionados Españoles (URE), el 1 de abril de 1949, las estaciones de sus socios continuaron brindando valiosa ayuda en las comunicaciones civiles al resultar éstas insuficientes. Las inundaciones de Valencia en los primeros años cincuenta debido al desbordamiento del Turia, los destrozos que ocasionaron las inclemencias del tiempo en los sistemas telefónicos y telegráficos de la Isla de La Palma durante el mes de enero 1957, y la búsqueda de algún medicamento en cualquier parte del mundo para salvar una vida, fueron ocasiones en las que los aficionados brindaron sus servicios. El conocimiento de ello y la proyección, por entonces, de la película “T.K.X. no contesta”, llevó a asociar la radioafición con acciones humanitarias de colaboración y salvamento. Una labor que quedó reflejada en el diario “Informaciones” de Madrid de 11 mayo de 1956 con la cabecera: <<Los radioaficionados son auténticos héroes desconocidos>>. Entre las líneas de aquel artículo consta el acercamiento de la Administración a la URE a fin de conseguir la colaboración de sus socios, “[º] La Junta de Defensa Pasiva se ha dirigido oficialmente a la URE para solicitar su concurso. Es más, esta misma Unión de Radioaficionados, durante el pasado invierno, en que por su rigor quedaron incomunicados muchos puntos de la Península, se ofrecieron a la Dirección General de Telecomunicación para que pudieran disponer de sus servicios en la forma que creyeran necesaria, ya que por existir <<radiopitas>> en todos los lugares de la Patria, a través de ellos se podría prestar interesantes ayudas, oferta que mereció la gratitud de las autoridades, pero que no fueron utilizados por haberse establecido rápidamente las comunicaciones interrumpidas. [º]”. Para desarrollar tal actividad, el 19 de enero de 1957 la URE redactó el Anteproyecto para el establecimiento de una Red Española de Emergencia que fue publicado el mes siguiente en su órgano oficial. La Comisión UREProtección Civil En los trágicos días que siguieron al terremoto de Agadir, el 29 de febrero de 1960, fue cuando comenzó a organizarse seriamente en nuestro país la Protección Civil tras lo que hasta entonces se hubo denominado Defensa Pasiva Nacional. Se precisó contar con la valiosa colaboración de los aficionados y, por ello, el 1 de junio fue distribuida entre los socios de la URE una circular de la Comisión URE-Protección Civil junto al cuestionario para que los amateurs enviasen su opinión. Semanas después de comenzar Isidoro Ruiz Novillo a desempeñar las funciones de presidente de la URE, el operador de la estación EA4DO se vio obligado a asumir la representación de los aficionados en una comisión integrada por delegados de los diferentes organismos colaboradores de la Dirección General de Protección Civil. A partir de entonces, las relaciones URE-Protección Civil fueron continuas, dando comienzo a una serie de ejercicios demostrativos cuyos exitosos resultados pusieron de manifiesto la gran valía de las estaciones amateurs. Además de quedar testimonio de ello en la Revista URE, también consta en periódicos y semanarios gráficos con cabeceras tan sensacionalistas como la que publicó el domingo 27 de mayo de 1962 el diario “Arriba”: El Cuerpo de transmisiones más eficaz del mundo no cobra un duro. Cuando toda comunicación falla siempre existe un radioaficionado que comunica Con el transcurso del tiempo, Protección Civil adquirió sus primeros transceptores ENSA de VHF, similares a los que comenzaron a instalarse más tarde en los autobuses madrileños, y uno de aquellos equipos se trasladó a la estación EA4DO para que la Dirección General tuviera línea directa con los propios aficionados. A pesar de la continua ampliación de la propia red de transmisiones de Protección Civil, hoy en día los radioaficionados aún siguen prestando su desinteresada colaboración en la Red Radio de Emergencia, REMER.
30 oct 2015
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El desarrollo de la televisión en España a través del BOE
El desarrollo de la televisión en España a través del BOE José María Romeo López Miembro del Foro Histórico de Telecomunicaciones En el año 1956 comenzaron en España las emisiones de televisión, en una sede provisional situada en el Paseo de la Habana de Madrid. Desde entonces, la televisión ha sido objeto de legislación y de una serie de ajustes regulatorios. Así lo demuestra el Boletín Oficial del Estado (BOE). A lo largo de diferentes publicaciones ha sido el testigo silencioso y el cronista histórico de los particulares desarrollo y evolución de la televisión en nuestro país, a menudo marcados por una orografía y unas características geográficas singulares y complejas. Comienzan las emisiones de Televisión Española (1956) El 28 de octubre de 1956 comenzaba sus emisiones la televisión española, desde una sede provisional en el Paseo de La Habana, en Madrid, con una antena de 90 metros de altura, un transmisor de imágenes con 2 kw de potencia útil y uno de sonido de 1 kw, elementos con los que tenía un alcance de 70 km. Sus emisiones podían ser captadas por los 600 aparatos receptores que en aquel momento existían y que habían costado entre 24.000 y 32.000 pesetas, incluido el Impuesto sobre el Lujo que gravaba la tenencia y disfrute de aparatos de televisión. Evidentemente, este precio no era asequible para la gran mayoría de las familias y, por tanto, para lograr aumentar la audiencia, el Gobierno, por Decreto de 3 de octubre de 1957, decidió convocar un concurso para la fabricación de un modelo de receptor nacional de televisión a precio reducido. El número de receptores objeto del concurso era de 20.000 unidades. Para la adquisición de dichos aparatos era necesario solicitarlos a través de la Organización Sindical, estando excluidas de esa posibilidad las jerarquías, y en el caso de los funcionarios civiles y militares, se haría a través de los Ministerios correspondientes En todos los casos, se efectuarían sorteos si el número de peticiones era superior a las disponibilidades. Los aparatos debían de tener un tamaño de pantalla de 17 pulgadas o cuarenta y seis centímetros. Cada empresa sólo podría presentar propuesta para la fabricación del 25 por ciento de la cantidad total. El precio no podría ser superior a las 10.000 pesetas, en las ventas al contado, y a 12.000, en las ventas a plazo, en 30 mensualidades y a 400 pesetas. En ese precio estaba incluida la instalación de la antena correspondiente en el casco urbano. En el decreto se consideraba oportuno apartar del mercado un número reducido de receptores a fin de adjudicarlos a las parroquias, escuelas y demás instituciones o asociaciones que lo solicitaran. Como se contemplaba en este decreto, para la recepción de la señal de Televisión era necesaria una antena exterior. Pero en 1957 la mayoría de las viviendas eran de alquiler y para situar cualquier elemento en el exterior, como el tejado del edificio, era necesaria la autorización del propietario del mismo. Como ésta no debía de conseguirse fácilmente, un decreto firmado por Franco el 18 de octubre de 1957, en Barcelona, regulaba la instalación de antenas receptoras de televisión en el exterior de los edificios. El artículo primero del decreto decía: “Los inquilinos, arrendatarios y personas legalmente autorizadas para usar la totalidad o parte de un inmueble urbano podrán instalar por su cuenta, en el exterior de los edilicios que ocupen, antenas receptoras de televisión, sin las limitaciones derivadas de la observancia de los Reglamentos administrativos sobre la materia. Se considerará nula y sin valor alguno, cualquier estipulación que contradiga lo establecido en el párrafo anterior aunque hubiere sido convenida antes de la promulgación del presente Decreto”. En el Decreto de 3 de octubre de 1957, sobre fabricación del receptor nacional, se decía que el pliego de condiciones se publicaría en el plazo máximo de cuatro meses. Hay que hacer constar que dicho decreto, de 3 de octubre, se publicó en el Boletín Oficial del Estado (BOE) del 29 de noviembre de ese año. Y, efectivamente, en el BOE del día 10 de marzo de 1958 aparecía una orden de fecha 6 de marzo en la que se publicada el pliego de condiciones en cuestión, dentro del plazo establecido, si se tienen en cuenta las fechas de publicación en el boletín. Por fin, otra orden de la Presidencia del Gobierno, de 30 de agosto de 1958, aprobaba la adjudicación definitiva para la fabricación del modelo nacional de receptor de televisión de precio reducido, en la siguiente forma: – Marconi Española, S. A., 5.000 aparatos receptores. – Standard Eléctrica, S. A., 5.000 aparatos receptores. – R.C.A. Española, 3.500 aparatos receptores. – Payma, S. L., 3.500 aparatos receptores. – Fluoresecencia y Televisión Ibérica, S. A., 1.000 aparatos receptores. – Teleradiocomunicación S. A., 1.000 aparatos receptores. – Iberia Rodio, S.A., 1.000 aparatos receptores. La Bola del Mundo, un largo proceso (1960) El Ingeniero de Telecomunicación Sánchez Cordobés, a quien se encargó el proyecto técnico de la televisión española, tomó dos decisiones importantes. Una de ellas, la adopción de la norma de 625 líneas que había desarrollado el PTT1 suizo, frente a las de 405 líneas de la televisión británica y las 819 de la francesa. La otra, fue la instalación de grandes emisoras de 200/250 kw, en los puntos más elevados de las cordilleras de la Península Ibérica como Navacerrada, Aitana, Guadalcanal, etc. Esto dio lugar a muchas críticas ya que en Europa las redes de televisión se establecían mediante la construcción de torres muy elevadas de entre 100 y 200 metros de altura, muy típicas porque en su parte superior solía haber un restaurante panorámico. Se llegaba a decir que llevar la emisora para cubrir Madrid a 40 kilómetros iba a dar lugar a que entraran en resonancia los cuernos de las vacas que era lo único que había entre ellas. Existe una obra de Sánchez Albornoz, titulada “España, un enigma histórico”, en la que, para justificar que el desarrollo histórico y político del país haya sido el que ha sido, recurre a algo tan ajeno a la historia como es el perfil de la línea férrea de París a Algeciras. Resulta sorprendente comprobar que ese perfil desde París a Irún es una planicie y desde Irún a Algeciras es un verdadero “serrucho” de picos y valles. Sánchez Albornoz lo utiliza para poner de manifiesto la dificultad de relaciones sociales y culturales y yo recurro a él para subrayar cómo no es posible adoptar en España los criterios utilizados en Europa para sistemas de radio cuya propagación está afectada por la orografía como son los de microondas, tales como Televisión y Telefonía Móvil. Efectivamente, en un territorio llano, una estación de poca potencia en una torre de 200 metros puede cubrir círculos de 200 kilómetros de diámetro. Por tanto, es posible completar la cobertura con una adecuada selección de frecuencias. En el caso de España, esto no es así porque se interrumpiría la señal en las montañas. Por consiguiente, lo que se hizo fue lo mismo sustituyendo las torres por alturas geográficas y aumentando proporcionalmente la potencia de las emisoras. La Gaceta de Madrid del 28 de diciembre de 1957, publicaba una Ley del 26 de dicho mes por la que se concedía un suplemento de crédito de 61 millones de pesetas para la instalación de emisoras de televisión en Barcelona, Navacerrada, Valencia, Málaga, Zaragoza y Santiago de Compostela, debidamente enlazadas entre si. Por sendos decretos, de 21 de febrero de 1958, se autoriza a contratar la adquisición de los elementos necesarios para la instalación de emisoras de televisión, una en Navacerrada, por un importe máximo de 19.400.000 pesetas, y otra en Barcelona, por un importe máximo de 16.750.000 pesetas. Otro decreto, de 7 de marzo del mismo año, autorizaba la adquisición e instalación de un “Mástil soporte para la antena de la Emisora de Televisión en las dos Castillas”, por un importe de 943.739 pesetas. Unos días después se aprobaba la construcción del edificio para la emisora de televisión de 200 kw en Navacerrada, por un importe de 4.857.064 pesetas. Por una Orden, de 13 de junio de 1958, se dispone la adjudicación definitiva de una emisora de televisión en Navacerrada a R.C.A. Española, S. A. por valor de 19.400.000 pesetas. Al concurso se habían presentado, además de la adjudicataria, Omnium Ibérica Industrial, Philips Ibérica S. A. E., Iberavia, S.A. y S.A.C.R.E.I., S.A. Con la misma fecha se adjudicaba a Philips Ibérica S. A. E. la emisora para Barcelona, por valor de 14.823.200 pesetas. El 5 de septiembre de 1958 se autoriza para contratar, mediante concurso, la adquisición y tendido de un cable subterráneo para alimentación eléctrica de la emisora de Navacerrada por un importe de 1.341.754 pesetas. Con la misma fecha se autoriza la adquisición de una emisora para Zaragoza por un importe de 4.500.000 pesetas. Aunque Telefónica acababa de terminar en 1957 el tendido de un cable coaxial entre Madrid, Zaragoza y Barcelona, con capacidad suficiente para transportar un canal de televisión y 960 canales telefónicos, Televisión Española (TVE) decidió la instalación de radioenlaces de microondas - “enlaces hertzianos” se decía entonces- cuya instalación comenzó a finales de 1958. El sistema funcionaba en la banda de 4 GHz, que con parábolas de casi 3 metros de diámetro permitía vanos de unos 70 km de longitud. Para salvar la curvatura de la Tierra en esa distancia eran necesarias, en algunos puntos, torres de casi 100 metros de altura. Pero en aquellos años no existían medios de transmisión o guía ondas que, a esa frecuencia, pudieran conectar los equipos con las parábolas a esa altura. Por tanto, las parábolas se colocaron horizontalmente en el suelo y una placa metálica de 3 x 4 metros con una inclinación de 45º, en la parte superior de la antena, que constituía un reflector pasivo. Un decreto de 8 de octubre de 1959 autorizaba a contratar sin subasta la adquisición e instalación de reflectores pasivos con destino a ese enlace hertziano. “Las dificultades que plantean las condiciones climatológicas del paraje en que se ha realizado este proyecto hacen necesaria la urgente ejecución del mismo (…)”. Dichas dificultades justificaban la autorización para contratar, sin las solemnidades de subasta, la “segunda fase del edificio”, por un importe de 1.389.925,03 pesetas. Nuevamente, un decreto de 17 de abril de 1959 explicaba, debido a las “dificultades que plantean las condiciones climatológicas del paraje (…)”, la necesidad de construcción de un edificio-torre para la instalación de antena y parábolas de televisión en Navacerrada por un importe de 3.765.031,05 pesetas. Una Ley, de 11 de mayo de 1959, concedía tres suplementos de crédito por un importe total de 21.000.000 de pesetas, como consecuencia de que “El funcionamiento en cadena de las emisoras de televisión en Madrid (Navacerrada), Barcelona y Zaragoza, previsto para el año en curso (…) que, al recargarse con nuevos y más intensos gastos, resultan insuficientes a los fines para que han sido consignados”. La misma Ley asignaba dos suplementos de crédito por 61.000.000 pesetas para atender a las necesidades de instalación de la segunda fase del Plan de Radiodifusión y Televisión Nacionales. Por un decreto, de 2 de junio de 1960, el Ministerio de Industria declara de “interés nacional” el tendido de una línea de transporte de energía eléctrica de Villalba al Puerto de Navacerrada, destinada a alimentar la emisora de televisión de Las Dos Castillas. Por fin, el 15 de diciembre de 1960, es posible transmitir, desde las emisoras de la Bola del Mundo, La Muela y Barcelona, la boda de Balduino de Bélgica con la aristócrata española Fabiola de Mora y Aragón en la Catedral de Bruselas. El Segundo canal Esa solución de las emisoras de gran potencia, en los puntos más elevados de la geografía española, a pesar de su idoneidad, tenía el inconveniente de que daba lugar a numerosos solapamientos de coberturas, por lo que fue necesario utilizar distinta frecuencia en cada una de ellas agotando las bandas de VHF. Por consiguiente, para establecer un segundo canal, fue preciso recurrir a las bandas de UHF, lo que a su vez llevó a la necesidad de regular el uso de antenas colectivas en los edificios de viviendas. El Decreto de 13 de mayo de 1965 justifica la necesidad por estas razones técnicas: “En uno de enero del año en curso comenzó en Madrid, con carácter experimental, el segundo programa de TVE. Debido al agotamiento de los canales disponibles en las bandas I y III se hizo preciso que dicho programa fuera difundido en las frecuencias correspondientes a las bandas IV y V (UHF), en cumplimiento de los acuerdos de la Conferencia de Estocolmo (...) Se autoriza al Ministerio de Información y Turismo para contratar, por concurso, con excepción de las solemnidades de subasta, la adquisición de tres emisoras de televisión UHF para el segundo programa, con destino a Barcelona, Navacerrada y Zaragoza, por un importe máximo de cincuenta millones de pesetas (50.000.000 de pesetas)”. La utilización de estas nuevas bandas de frecuencias, más elevadas, requería el uso de una segunda antena de menores dimensiones y, mientras el segundo canal se había implantado mediante decreto, la solución al problema de las antenas se hace por Ley. Así, la Ley de 21 de julio de 1966 decía: “El desarrollo de la televisión, con el establecimiento de un segundo programa que requiere una antena de características diferentes y la ampliación del servicio de radiodifusión en frecuencia modulada, lo cual en muchas zonas de recepción requiere también una antena especial, determina que el uso de antenas individuales se haga casi imposible al ser limitado el espacio disponible en las terrazas de algunos edilicios y en la totalidad de ellos contribuya a extender la gran amenaza a la estética que ya ha podido apreciarse especialmente en las grandes ciudades. Actualmente, los inmuebles suelen ya presentar un anárquico y deplorable aspecto debido al bosque de antenas de televisión que los corona”. “Por ello, parece conveniente y oportuno dictar normas, como es la obligatoriedad de instalación de antenas colectivas. Su necesidad ya se había destacado en los trabajos del Seminario de Viviendas del Instituto Nacional de la Vivienda. También determinadas Corporaciones municipales han demostrado inquietud ante la situación que plantean, desde un punto de vista de la seguridad pública y de la estética, las aglomeraciones de antenas en los tejados. Igualmente, en varios países extranjeros se estudia detenidamente la posibilidad de instalación de antenas colectivas en todas las edificaciones debido a la diversidad de canales de televisión y a la proliferación de emisoras de frecuencia modulada (...) En su virtud, y de conformidad con la propuesta elaborada por las Cortes Españolas, DISPONGO. Artículo uno —Para todo Inmueble de más de diez viviendas, o con un número de plantas superior a cuatro, la instalación de antenas de televisión y radiodifusión en frecuencia modulada se regirá por las normas que en la presente Ley se establezca. Artículo dos —Todo Inmueble cuya construcción se termine o habite por primera vez, a partir de la fecha de entrada en vigor de la presente Ley, debe contar con una antena colectiva para recepción de emisiones de televisión y radiodifusión en frecuencia modulada. Dicha antena debe poseer las tomas necesarias para cada una de las viviendas del inmueble y previsiones para los posibles locales comerciales que puedan instalarse”. Nota 1 PTT: acrónimo de Post, Telephone and Telegraph, hace referencia a los entes públicos que gestionaban las telecomunicaciones en Europa.
30 oct 2015
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El concepto “televisión”en sus orígenes
El concepto “televisión” en sus orígenes En pleno siglo XXI, en el que la televisión forma parte desde hace mucho tiempo de nuestras vidas y el color, el sonido estereofónico, los contenidos digitales o la interactiviad son ya cotidianos, cuesta trabajo situarse en una época en la que ni siquiera se hablaba de televisión, sino de visión a distancia. Desde sus orígenes, se fueron incorporando diversos usos a la visión a distancia, hasta que el nuevo concepto quedó consolidado alrededor de la segunda guerra mundial. Algunos de ellos se siguen considerando dentro del actual concepto de televisión, mientras que otros se separaron definitivamente de él. Este artículo expone algunos de los usos y tecnologías que se han incluido dentro del término televisión, en sus orígenes, y que han servido para definir la televisión tal como hoy la conocemos. Olga Pérez Sanjuán Vicesecretaria de la AEIT Responsable del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Génesis del concepto: la telefotografía Las primeras pruebas de transmisión de imágenes son de mediados del siglo XIX, si bien entonces no se hablaba de televisión. La palabra francesa “télévision” la utilizó por primera vez el físico ruso Constantin Perskyi en una conferencia sobre este tema impartida en el primer Congreso de Electricidad, que se celebró en la Feria Internacional de París de 1900, y pronto fue trasladada a otros idiomas con expresiones muy similares. En estas primeras experiencias se transmitían imágenes fijas, y una copia de las mismas quedaba “impresa” en el extremo receptor. Este es el caso del pantelégrafo de Caselli, de 1856, y de otros inventos posteriores más relacionados con lo que después se denominaría telefotografía, como los realizados por el ingeniero español Agustín Riu, o el radioaficionado Pablo Abad y Piera o como los de Belin, Korn o Fulton. La principal característica de todos ellos es que realizaban unos barridos de las imágenes a través de métodos diferentes y conseguían de manera ingeniosa convertirlas en señales eléctricas que eran transmitidas y recibidas en un aparato adecuado. Durante algún tiempo, estas primeras transmisiones se incluyeron dentro del término televisión. Fue a partir de la década de los años 1920 cuando ambos conceptos y tecnologías se empezaron a separar. Ejemplos de estas distinciones los encontramos en las hemerotecas: así, el diario “ABC” en 1927 ya separaba la telefotografía de la televisión. El ingeniero de Telecomunicación Ramón Miguel y Nieto también lo hacía en la conferencia que pronunció en 1932 sobre la televisión, primera de un ciclo que había convocado la Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación (AEIT), en la que definió la televisión como el “cinematógrafo a distancia”. La televisión como teleteatro Al mismo tiempo que la separación entre la televisión y la telefotografía se fue haciendo más evidente, un nuevo concepto empezó a incluirse dentro de la visión a distancia: la emisión de obras de teatro con la transmisión de imágenes fijas al principio, y con movimiento, después. Una referencia de ello se puede encontrar en las noticias aparecidas en la prensa de 1928 sobre lo que algunos consideran el primer drama teatral emitido y recibido por televisión en Estados Unidos: “El mensajero de la Reina”. La obra se emitió telefotográficamente desde la emisora WGY gracias a trabajos del Dr. Alexanderson que desarrolló un receptor “radioóptico”. Para la transmisión se utilizaron dos canales independientes: uno para el vídeo y otro para el audio. Y para la captación de las imágenes se prepararon tres fotocámaras: dos para cada uno de los dos actores que intervenían en la obra, y una tercera para otros elementos que intentaban representar el movimiento. Poco tiempo después, se empezaron a transmitir obras de teatro en las que las imágenes ya presentaban movimiento. Este es el caso de la primera comedia transmitida por televisión en Inglaterra en 1930, “El hombre de la flor en la boca”, en la ya se podían ver lentos movimientos, aunque las cámaras sólo seguían siendo capaces de captar el rostro de un actor. La crítica fue muy positiva, alabando las ventajas del nuevo sistema y sus posibilidades futuras. No obstante, también se expusieron algunos aspectos que había que mejorar. Así, algunos de los comentarios aparecidos en los diarios fueron: “Lo que el público ve en el televisor es una imagen o reproducción del tamaño de una tarjeta postal. Las pantallas son tan pequeñas que se tiene la impresión de ver por el ojo de una cerradura”. Esta situación varió rápidamente. Las pantallas receptoras fueron aumentando su tamaño y las cámaras empezaron a captar a varias personas al mismo tiempo. En 1931 la prensa publicaba: “Es posible ver un grupo de ocho personas a través de la televisión”. Los sistemas de captación de imágenes también mejoraron y la velocidad que se conseguía en los movimientos era cada vez mayor. “ABC” lo destacaba de esta forma en 1936: “Nueva York. Se han hecho pruebas de televisión dándose una exhibición pública de imágenes transmitidas por TSH1 sobre una pantalla de cuatro pies de anchura. La Exhibición, que duró media hora, consistió en varios actos de un vodevil demostrando las posibilidades de la televisión para teatros y otros lugares públicos”. Se puede observar como la televisión fue definiendo su ámbito de aplicación hacia la transmisión de imágenes en directo, ya fueran fijas o con movimiento. Este aspecto puede resultar sorprendente si se asocia la televisión con la transmisión de imágenes en movimiento, pero hay que recordar, por ejemplo, la Reglamentación de Trabajo en las Entidades de Radiodifusión del año 1947 que define la televisión como el servicio que efectúa la difusión de imágenes fijas o en movimiento para su visión a distancia. Aparece un nuevo concepto: el telecinema El telecinema, la telecinematografía, el radio cinema o transmisión de películas de cine a distancia fue otro de los usos que se fueron incluyendo dentro del novedoso concepto de televisión en los años 20. El cine ya era una realidad desde 1895 y, posiblemente, fue éste el que impulsó el desarrollo de las nuevas aplicaciones para la televisión. Hay que considerar que muchos inventores de sistemas o aparatos de televisión empezaron experimentando con la transmisión de películas a distancia, al requerir menores condiciones técnicas que la captación de imágenes en directo, evolucionando posteriormente hacia la transmisión de éstas. Fue con dichas experimentaciones cuando se le empezó a dar utilidad práctica a los dos inventos del siglo XIX: el disco de Nipkow, que se utilizaba en la televisión mecánica, y el tubo de Braun, en la electrónica. ¿El cable o la radio? Una idea que también estuvo relacionada con la concreción del concepto televisión tiene que ver con la forma en la que se transmitían las señales: radio o cable. Al principio, el único medio de transmisión que existía era el cable telegráfico, y por ello, los primitivos sistemas utilizaban este medio, como hacía el pantelégrafo de Caselli. Posteriormente, un nuevo sistema de transmisión por cable permitía las comunicaciones telefónicas y, así, algunas de las primeras transmisiones de televisión se realizaron a través del cable telefónico convencional, si bien las características técnicas de los mismos influían en la distancia a la que se podía llegar y en la calidad de la señal transmitida. La llegada del siglo XX trajo consigo un nuevo sistema de transmisión: la Telegrafía Sin Hilos o TSH, y apareció la radiodifusión sonora, que fue evolucionando siendo capaz de incorporar también, a los pocos años, la transmisión de imágenes. De esta forma surgió la radiovisión, o la radiotelevisión que transmitía las imágenes a través de ondas de radio y que algunos entendidos, como el ingeniero Agustín Riu, distinguían de la televisión que las transmitía por cable. Este término, radiovisión, fue utilizado durante las década de los años 1930 y 1940 como un concepto diferente al de televisión, sin embargo, con el tiempo, ambos conceptos se unieron en el de televisión. Estos dos conceptos establecían, además, unos modelos de televisión diferentes: la radiovisión asociaba los receptores a los domicilios particulares mientras que la televisión lo hacía a grandes salas públicas. Dentro de las transmisiones de imágenes hechas mediante cable se encontraba también la denominada fonovisión o telefonovisión, sistema telefónico que permitía que dos interlocutores pudieran verse mientras dialogaban por teléfono: una especie de videoteléfono, que también tuvo cierto impacto durante los años treinta del siglo XX y del que incluso llegamos a tener dos equipos en España en 1938, los cuales se utilizaron posteriormente para las primeras pruebas realizadas en los años 1950. Este sistema había sido desarrollado en Estados Unidos y en Alemania y permitía establecer una comunicación bidireccional entre dos interlocutores, concepto muy distinto al de la difusión de televisión, y en el que las grandes compañías telefónicas tenían gran interés. El vídeo, ¿una señal auxiliar? Otro de los conceptos que se incluyeron en los orígenes de la televisión está relacionado con la imagen: como señal auxiliar o no. Las primeras transmisiones de televisión no incluían el sonido. La idea de introducir en una misma emisión el vídeo y el audio se fue incorporado con posterioridad, planteándose dos posibilidades. En la primera, la televisión estaba destinada a complementar los programas de radio, transmitiendo imágenes de forma auxiliar. La otra entendía la transmisión de imágenes como aspecto principal junto con el sonido y la relacionaba con la transmisión de películas. Al principio, se optó por transmitir las dos señales en frecuencias diferentes y era necesario la utilización de dos receptores: uno para el vídeo y otro el audio, aspecto que recomendaban las revistas especializadas, como “Radio Universal” que en 1935 decía lo siguiente: “a fin de gozar al completo de un espectáculo visual y sonoro, se hace indispensable el uso de dos receptores; mientras que uno permite oír la palabra y la música, el otro muestra las imágenes transmitidas desde las estaciones emisoras”. Poco a poco la tecnología fue avanzando hasta que ambas señales llegaron a recibirse en un solo receptor. Reflexión final Ahora que la televisión se ha convertido en algo cotidiano, resulta interesante conocer los distintos usos y tecnologías que se asociaron a este concepto. Las investigaciones siguen avanzando y los desarrollos también, y dentro de otros cien años, quizá, nuestro actual concepto de televisión parezca tan curioso como nos parecen a nosotros los conceptos que se incluían dentro de la televisión en sus orígenes y que se han desarrollado en este artículo. Nota 1 TSH. Así se denomina a la Telegrafía Sin Hilos, es decir, mediante radio.
30 oct 2015
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Consideraciones sobre las líneas telegráficas y telefónicas en España
Consideraciones sobre las líneas telegráficas y telefónicas en España El tendido de las primeras líneas telegráficas y su mantenimiento, muchas veces en condiciones extremas, era toda una aventura. En la mayoría de las ocasiones se seguía el tendido del ferrocarril para facilitar la labor, pero en otras no, como fue el caso, inicialmente, en España, un país de compleja orografía. José María Romeo López Miembro del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Difícil orografía, verdadero milagro En los estudios sobre la evolución histórica de las telecomunicaciones se considera que el Telégrafo Eléctrico fue una consecuencia de la implantación de los ferrocarriles, tanto por la necesidad de regular el tráfico de trenes por una sola vía como por la rapidez en la transmisión de noticias e informaciones que permitían esas mismas líneas. Efectivamente, así ocurrió en la mayoría de los países. Pero en el caso de España, el comienzo del Telégrafo fue anterior a la construcción de las vías férreas y, por tanto, las líneas telegráficas siguieron, en un principio, los itinerarios de las carreteras y caminos, incluso, a través del campo. Las dificultades para la construcción y mantenimiento de estas líneas se describen muy dramáticamente en un artículo aparecido en la Revista de Telégrafos de 1 de noviembre de 1861. Allí se dice: “Las líneas quedarán construidas aunque para ello sea necesario plantar un poste en el fondo de un barranco donde aún no ha impreso su huella la pisada del hombre o sobre el pico de una escarpada roca azotada de continuo por el rugido de las tempestades… El puerto de Pajares, en Asturias, el alto de Alcolea, hasta la Muela, el trayecto desde Alsasua hasta San Sebastián y la Brújula, bastarían, por si solos, para dejar asegurada para siempre la buena reputación del Cuerpo de Telégrafos”. Se indica, también, cómo los extranjeros se asombraban de la orografía española, hasta el punto de que en su “Rapport sur les lignes telegrafiques en Europe” (“Informe sobre las líneas telegráficas en Europa”), el experto D´Ancelot exclama: “Las líneas telegráficas en España, son un verdadero milagro”. En el mismo artículo se comenta que entre Algeciras y Cádiz, por falta de camino, la línea se tendió sobre las marismas y que, entre Trujillo y Cáceres, distantes de ocho leguas, no existe ningún punto intermedio. “¿En dónde está la veloz locomotora para conducir con la rapidez necesaria al celador encargado de remediar la avería? Tendría que salir a caballo y recorrer las ocho leguas desafiando la crudeza de la estación y, tal vez, exponiendo su propia vida…”. En este texto se menciona el uso del caballo. No he encontrado ninguna otra referencia a que en la Península se utilizaran caballos por los Celadores y sí un caso descrito en la Revista de Telégrafos en que un Jefe de Estación y un Celador recorrieron 20 kilómetros para averiguar las causas de un cruce que se producía periódicamente en la línea. También se hace referencia en ese relato a que el celador llevaba carabina. Sin embargo, en el Reglamento del ramo y servicio de Telégrafos en la Isla de Cuba, aprobado por el Ministro de Ultramar el 13 de mayo de 1867, figuran Reparadores montados con un sueldo de 790 escudos y Reparadores a pie con 600 escudos. Asimismo, en noviembre de 1868, el Gobierno Provisional decidió disminuir los gastos de explotación del Telégrafo en la isla de Cuba y, entre otras medidas, suprimió los 32 Reparadores a pie y 9 de los montados y estableció que los 64 montados que quedaban atendieran, cada uno, una longitud de línea de 25 kilómetros. En la disposición ministerial correspondiente se indica que las líneas de la Isla sumaban 1.600 kilómetros y contaban con 40 estaciones, es decir, una media de 40 kilómetros entre estaciones. Configuración de la red telegráfica En un artículo de R. Exea, titulado “Reseña histórica y estadística de nuestras construcciones telegráficas y hechos más notables”, publicado en varios números de la Revista de Telégrafos en 1864, se detallan los recorridos y fechas de las líneas que constituían la red telegráfica española hasta el mes de noviembre de 1863. La longitud total de estas líneas era de 9.465 kilómetros, las cuales conectaban a 197 estaciones. Esto supone una media de 48 kilómetros entre estaciones, lo que confirma las penosas características y las consideraciones anteriores sobre las líneas telegráficas en España. El trazado de la mayor parte de las líneas recogidas por R. Exea aparece en la “Carta Telegráfica de España y Portugal” de 1860. De dicha carta podemos destacar algunos tramos significativos por su evolución posterior. La llamada de Galicia, a la salida de Madrid, tenía las siguientes estaciones: El Pardo, San Rafael, con una desviación anterior a El Escorial, y otras dos desde San Rafael, una a Segovia y San Ildefonso, y otra, a Ávila. Continuaba a Valladolid, desde aquí a Palencia, por un lado, y a Rioseco, por el otro. La línea de Irún, salía de Madrid hacia Alcalá, Guadalajara, Alcolea, Calatayud, con derivaciones desde aquí a Soria y Teruel y continuaba a Zaragoza, desde donde, por Pamplona, se dirigía a Irún, y por Huesca, Barbastro y Lérida llegaba a Barcelona. La de Portugal salía por Casas del Retamar a Talavera y la que podíamos decir del sur, pasaba por Aranjuez, desde Castillejos tenía una derivación a Toledo, seguía a Tembleque desde donde por Alcázar de San Juan se dirigía a Albacete y Almansa para llegar a Valencia, Alicante y Murcia. Desde Tembleque por Manzanares y la Carolina seguía a las capitales de Andalucía. Al terminar su artículo en el número del 15 de julio de 1864, R. Exea advierte que existe una diferencia de 536 kilómetros, entre la suma de las longitudes que él indica en el cuadro que se acompaña y la longitud que en esa fecha tienen las líneas, debido a la rectificación de algunos tramos y a la supresión de varios trayectos cuyos hilos han pasado ya a los apoyos de las líneas de los ferrocarriles. Continúa: “A todas las construcciones que hemos referido, añadiremos las que además se llevan a cabo del paso de los conductores de las líneas del Gobierno a los apoyos de las de los ferrocarriles, lo que se está verificando en el de Madrid a Zaragoza y Barcelona, y en el del Norte por Valladolid hasta Vitoria. Líneas telegráficas y trazados de ferrocarril Es evidente la ventaja que suponía para el mantenimiento y vigilancia de las líneas telegráficas el que éstas fueran a lo largo de los trazados del ferrocarril, más aún si, como parece deducirse del texto anterior y como más adelante veremos, se utilizaban los apoyos de las líneas de aquél. La vigilancia y conservación eran compartidas, especialmente en los casos más graves de caída de postes. Recuerdo que, de pequeño, cuando íbamos en el tren, mi padre me contaba cómo se localizaban y reparaban las averías. Una vez detectada una por el celador, éste montaba en el primer tren, en el furgón de mercancías con la puerta abierta e iba observando la línea. Cuando el celador veía el hilo caído o cruzado seguía hasta la primera estación y desde ella regresaba andando hasta el lugar de la avería. Supongo que en muchos casos el maquinista les pararía más cerca. Por otro lado, “la mano airada”, como se denominaba entonces a ciertos actos de vandalismo, afectaba seriamente a la integridad de los elementos de línea, especialmente los aisladores, y no tanto a los conductores de hierro. Sin embargo, cuando fue necesario utilizar hilo de cobre de 3 milímetros en las primeras líneas telefónicas, la principal causa de averías fue el robo de los conductores. No deja de ser llamativo que cuando en 1910 se consiguió establecer la línea telefónica internacional desde Madrid a Francia, una Real Orden dispuso que el personal de Vigilancia de Telégrafos, compuesto de Capataces y Celadores tuviera el carácter de Guardas Jurados con el uniforme y el armamento correspondientes. La difícil orografía de la Península Ibérica que tuvieron que vencer los telegrafistas para el tendido de sus líneas, también se dejó sentir en la construcción de los “caminos de hierro”. Estas dificultades hicieron que las compañías ferroviarias fueran realizando por tramos las grandes rutas tratando de rentabilizar inmediatamente los trayectos más fáciles. Los más relacionados con las líneas telegráficas se desarrollaron como sigue: Alar, Reinosa (1857), los Corrales, Santander (1858), Sanchidrian, Medina, Valladolid, Baños, Alar (1860), Barcena, Los Corrales (1860), Baños, Burgos (1860), Burgos, Quintanplana (1861), Quintanaplana, Miranda (1862), Madrid, El Escorial (1861), Ávila, Sanchidrian (1863), Escorial, Ávila (1863), Madrid, Guadalajara (1859), Guadalajara, Jadraque (1860), Jadraque, Medinaceli (1862), Medinaceli, Alhama, Grisen (1863), Grisen, Casetas, Zaragoza (1864). La Ley general de 3 de junio de 1855 incluye la obligación de las Empresas concesionarias de ferrocarriles de permitir la colocación, entretenimiento y conservación de hilos telegráficos al servicio del Estado. Pero no es fácil encontrar referencias sobre cómo se decidía y se llevaba a cabo el traspaso y nuevos tendidos de hilos de Telégrafos por los trazados ferroviarios. En la Revista de Telégrafos, en la sección de Crónicas del Cuerpo, hay algunas referencias a los funcionarios comisionados para llevar a cabo los trabajos y poco más. Nuevamente, es la “Carta Telegráfica de España”, de 1867, la que refleja los cambios que han experimentado los trazados de las líneas telegráficas. La llamada línea de Galicia sigue el trazado del ferrocarril por Madrid, El Escorial, Ávila, y desde aquí, sale la derivación a Segovia y San Ildefonso. Continúa por el ferrocarril a Medina del Campo y Valladolid y Palencia, y desde aquí por Reinosa, llega a Santander, y por Burgos, a Miranda y Vitoria. Por su parte, la línea de Irún, sigue el ferrocarril, y desde Guadalajara, va a Sigüenza, y por el valle del Jalón, a Calatayud y Zaragoza. Desde aquí conserva el anterior trazado y otro nuevo por el ferrocarril. Ambos se unen en Tafalla y continúan por éste. Creo bien conocidos los trayectos de ferrocarril desde El Escorial a Ávila y el del Jalón, con gran cantidad de túneles, en los que resulta difícil soportar los hilos y que dio lugar a numerosos ensayos para la utilización de cables con cubierta aislante. Sin embargo, se prefirieron al puerto de Guadarrama y al alto de Alcolea. La “Carta Telegráfica y Telefónica de España” y la CTNE El mejor documento que muestra los trazados de las líneas, inmediatamente antes de la creación de la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) es la “Carta Telegráfica y Telefónica de España”, formada por la Sección de Planos del Cuerpo de Telégrafos y publicada por la Dirección General de Comunicaciones, en 1923. En ella se indica, en diferentes colores, las telegráficas y las telefónicas así como los hilos que iban por carretera (rojo), por trazados de ferrocarril en postes de Telégrafos (negro) o sobre apoyos de las Compañías ferroviarias (azul). Es considerable la importancia de éstas últimas. En 1924, la Compañía Telefónica compró a Telégrafos las líneas telefónicas y los hilos que sobre apoyos comunes se dedicaban a servicio telefónico. Aunque mantuvo algunas por las vías férreas, modificó unas y construyó otras nuevas en los márgenes de las carreteras sin problemas de conservación ya que dotó a sus Celadores interurbanos de automóviles de turismo, lo que en aquella época producía cierta sorpresa. Desgraciadamente durante la posguerra fue necesario recurrir a las bicicletas, imagen que de alguna manera ha transcendido.
30 oct 2015
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Telecomunicaciones y espionaje, en España, durante la Primera Guerra Mundial
Telecomunicaciones y espionaje, en España, durante la Primera Guerra Mundial Telecomunicaciones y espionaje, en España, durante la Primera Guerra Mundial En la actualidad, estamos acostumbrados a través de novelas, películas y noticias a ver como las telecomunicaciones forman parte del mundo de los Servicios de Inteligencia. El presente artículo pretende, con la debida distancia temporal, divulgar a través del estudio de correspondencia oficial disponible en archivos de diferentes instituciones españolas, algunos curiosos casos de espionaje durante la primera guerra mundial en España. Rafael Fernández Ruiz Miembro del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Recordando la historia as telecomunicaciones tomaron una importancia de especial relevancia en España durante la Primera Guerra Mundial debido a la neutralidad que mantuvo nuestro país en el conflicto. En este artículo contaremos una colección de casos de espionaje inéditos, en algunos casos rocambolescos, extraídos de colecciones de legajos de correspondencia oficial. La radiocomunicación desplaza a las palomas Durante la Primera Guerra Mundial, España permanece neutral y es por tanto que las violaciones de dicha neutralidad en materia de comunicaciones y la existencia de sistemas de radiocomunicación clandestinos utilizados por los servicios de inteligencia contendientes son motivo de especial seguimiento por parte del Gobierno de aquel período. En líneas generales, gran parte de las denuncias de estos casos surgen de las embajadas inglesa, francesa y estadounidense en nuestro país. La mayoría de los casos denunciados se sitúan en la capital y zonas costeras por interés estratégico para los submarinos alemanes. En virtud de la neutralidad, el Gobierno Español se adhiere a los artículos 7 y 8 del Convenio Telegráfico Internacional de San Petersburgo de 19 de Julio de 1875 y se establece censura y control sobre los telegramas en cifra. Maletín de radiocomunicaciones como los utilizados por los servicios de inteligencia. L El Gobierno Español, el 11 de noviembre de 1914 considera que “por el momento deben limitarse las restricciones en materia de comunicación radiotelegráfica a prohibir la circulación de todos los radiogramas cifrados en clave o en lenguaje convenido expedidos por o destinados a particulares, barcos de guerra y mercantes o agentes consulares de cualquier nacionalidad y categoría, y a ejercer severa censura en cuanto a los redactados en claro en cualquier idioma de los admitidos por los reglamentos o por lo menos en español, francés, inglés y alemán, recomendándose a los censores que en caso de duda consulten transmitiendo precisamente por telégrafo o cable el texto sospechoso”. En nota interna de Correos y Telégrafos se indica a los radiotelegrafistas que “se cuide de examinar la redacción de radiotelegramas dirigidos a Alemania, por si con apariencias comerciales pudieran ocultar noticias de otra índole; como así mismo se ha recomendado el exacto cumplimiento de las Reglas del Convenio Radiotelegráfico Internacional”. La carta del embajador británico Es de especial interés una carta con fecha de 4 de febrero de 1917 del embajador británico en España al ministro de la Gobernación solicitando el desmontaje de toda instalación no gubernamental de telefonía sin hilos en España, que, según la misiva, se utilizaban para la comunicación de objetivos a los submarinos alemanes. En la Coruña, donde según carta del Cónsul de EEUU en dicha ciudad, existían más de seis estaciones de radio clandestinas, se produce el siguiente episodio relatado en carta al Ministro de la Gobernación: “A las 4 de la tarde se sorprendió estación radiotelegráfica y parte de un radio de París en casa de la señora donde vive sacerdote José Toubes. Citada señora pudo escapar con una caja que no fue habida en registro (..)”. Se tiene constancia de la existencia de una estación clandestina montada por espías alemanes en la finca “El Cabezuelo”, cerca de Miraflores, Madrid. Así, el oficial encargado de la estación telegráfica de Collado Villalba comunica que “se ha encontrado una antena de unos ocho metros de altura, que el montaje ha sido efectuado por tres súbditos alemanes y que éstos disponen de otros aparatos que procurar ocultar a la vista de toda persona ajena”. Aparato sospechoso en el convento En telegrama oficial del Gobernador de Bilbao al Ministro de la Gobernación, el 14 de octubre de 1914 es suficientemente explicativo: “Cumpliendo órdenes que tengo transmitidas a Alcaldes cercanos a costa para que vigilen si en territorio de su jurisdicción se montan estaciones radiográficas, el de Portugalete me comunicó anoche que había observado instalación de un aparato sospechoso en convento monjas Carmelitas. Dispuse saliera Inspector vigilancia Herraiz y un agente acompañados telegrafista Jefe línea para reconocer aparato (..) y siendo aparato reconocido resultó contener elementos de estación radiotelegráfica no concluida de montar, pero que hubiera funcionado inmediatamente de no haber sido descubierta a tiempo (...).” El 28 de diciembre de 1917 el Gobernador Civil de Tenerife informa al Presidente del Consejo de Ministros de la existencia de una antena camuflada dentro del asta de la bandera del Consulado Austrohúngaro. Los franceses, por su parte, no se quedaban cortos en sus actividades de espionajes, y realizaban actividades de inteligencia naval basándose en una red de oficiales radiotelegráficos de la compañía Transmediterránea, como se demuestra en carta confidencial del Ministro de Gracia y Justicia a Eduardo Dato del 30 de mayo de 1914, de la cual transcribimos fragmentos: (..) Hay en Barcelona agentes franceses que obtienen de radiotelegrafistas españoles, con patente de Estado, por medio de compromiso jurado, que radiotelegrafien a una dirección convenida española: todo encuentro con submarinos alemanes, todo ataque y combate de submarinos con buques enemigo y la presencia de súbditos alemanes y austriacos a bordo (..) Redactado de los telegramas para cada caso y significado de los mis- “La mayoría de los casos denunciados se sitúan en la capital y zonas costeras por interés estratégico para los submarinos alemanes” mos: arregla asuntos pendientes. 490 A- situación, haga compra firme .. 250 P-situación, compra libro número… 148-B-situación. (..) Yo siendo telegrafista del vapor Lázaro matrícula de Valencia y compañía Transmediterránea estando en Barcelona los días 27 y 30 de marzo, me propuso el señor Ortega que entrara al servicio de los franceses cumpliendo unos trabajos de telegrafía relacionado con ellos (..) Una vez aceptadas estas proposiciones de palabra me hicieron firmar una carta con el contenido que sigue: ”El señor Lorenzo Navarro, que tiene el certificado de radiotelegrafista expedido en el año 1914 y con cédula … se compromete mediante la cantidad de 500 pesetas mensuales a cumplir todas las instrucciones que de nosotros reciba además de la primera, segunda y tercera anotadas anteriormente y jura, bajo su palabra de honor no decir nada del convenio hecho en esta fecha. Afirmo que estas declaraciones las he hecho de mi espontánea voluntad y sin presión de ninguna clase. Barcelona, 30 de Marzo de 1918, L. Navarro”. La red de espionaje afectaba a los telegrafistas de 13 barcos de la Compañía Transmediterránea. Denuncia de la embajada norteamericana Otro caso consiste en la denuncia planteada en carta por la Embajada Norteamericana en Madrid el 12 de enero de 1918 por parte del Embajador J.G. Willard al Presidente del Consejo de Ministros: “(..) A message sent to the Aranjuez Station at 3.22 AM by a submarine, It is not know what was known with this messsage after it’s receipt in Aranjuez. The following is the authority of the statement that messages were sent reporting american activities in the Azores(...)” cuya traducción viene a decir que se ha interceptado un mensaje desde un submarino alemán con destino a la estación de radio de Aranjuez, con contenido de información de actividades de los americanos en las Azores, no conociéndose su utilización posterior. Al finalizar la contienda se restablecen las condiciones previas en cuanto al uso de claves y censura. Se vuelve a autorizar el servicio de radioaficionados. Será ya en la II Guerra Mundial y durante la Guerra Fría cuando las Telecomunicaciones aplicadas a los Servicios de Inteligencia adquieran su madurez. “Correos y Telégrafos indica a los radiotelegrafistas que “se cuide de examinar la redacción de radiotelegramas dirigidos a Alemania” Mensaje cifrado alemán Otro caso de gravedad fue el envío desde la estación de radio alemana de Norddeich, con destino a la empresa Wilhem Privat-Unternehmen y posteriormente enviado a la estación E.G.C. (distintivo de la estación radiotelegráfica de Carabanchel, emisora militar del gobierno) de un mensaje cifrado con cifra del Almirantazgo alemán. El mensaje era: fogovabbit, kelchectif, eruflegudi, punkt, immejaques, drosviende, cavezeglip, quosammon, cacosebriz, napuravari. El significado no ha podido ser encontrado en los documentos, aunque seguro que algún lector experto en criptografía puede hallar el contenido del mensaje. Este caso generó numerosa correspondencia entre diferentes miembros de la Administración.
30 oct 2015
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75 años de la AEIT
o eran muchos los que integraban la recién creada Asociación. En toda España había un total de 69 ingenieros de telecomunicación, 41 de los cuales estaban en distintos departamentos de administración relacionados con las telecomunicaciones (Telégrafos, Dirección General de Telecomunicación o Escuela Oficial), con la excepción de uno de ellos que trabajaba como ingeniero geógrafo en el Instituto Geográfico y Estadístico. El resto habían pedido excedencia y eran supernumerarios. Así, 14 de ellos estaban en la Compañía Telefónica Nacional de España; 10 en Standard Eléctrica; uno en Unión Radio; dos en compañías de telefonía extranjeras en Brasil y Rumania; y uno no ejercía. La Asociación surgió 12 años después de la creación formal del título de ingeniero de telecomunicación. Es difícil saber el motivo o motivos que llevaron a su creación, pero se puede hacer un repaso por los acontecimientos más importantes de aquellos años, y seguramente aportarán algunos datos de interés sobre este asunto. Funcionarios del Cuerpo de Telégrafos La ingeniería de telecomunicación se creó oficialmente a través del Real Decreto de 22 de abril de 1920, con el fin de “colocar el nivel científico de los Telegrafistas españoles a la altura de los que en otros países ostentan títulos análogos y capacitar a sus poseedores para estudiar, plantear y resolver arduos problemas de la Telecomunicación”. Sólo los telegrafistas podían acceder a esta formación. Para hacerlo era necesario ser funcionario del Cuerpo de Telégrafos, con al menos dos años de servicio y tener un buen expediente, ya que, se exigía un informe favorable “La Asociación surgió 12 años después de la creación formal del título de ingeniero de telecomunicación” Hace 75 años nació la Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación. Una organización creada con el ánimo de “estrechar y fomentar las relaciones y estudios de personas dedicadas a los asuntos técnicos de telecomunicación, contribuyendo al prestigio moral y científico de los asociados y gestionando cerca de los Poderes Públicos que la entidad representa aquella técnica, interviniendo como órgano consultivo en los asuntos de tal orden”. Olga Pérez Responsable del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Recordando la historia N del superior. Además la edad límite para poder incorporarse a estos estudios eran los 35 años. Hay que recordar que en esa época los servicios telegráficos eran monopolio del Estado, que los desarrollaba a través de Telégrafos. El servicio telefónico se establecía y explotaba por parte del Estado, que utilizaba al efecto el personal de Telégrafos, si bien también se había otorgado la instalación y explotación a corporaciones provinciales y municipales y a entidades particulares; en este último caso, la Dirección General se reservaba la facultad de enviar a un funcionario de Telégrafos delegado para vigilar la marcha del servicio y el cumplimiento de la conbit Carta que envía Mouilleron al Director General de Telégrafos en 1861, en la que indica que el telegrafista, Ignacio Hacar, ha sido contratado como Ingeniero Particular para dirigir la instalación de la línea del Bajo Aragón. RECORDANDO LA HISTORIA. 75 años de la AEIT cesión, y reconocer las diferentes estaciones, líneas o material antes de su puesta en servicio. Por último, los servicios vinculados a la “radiotelefonía” también requerían la autorización de un funcionario de Telégrafos que se encargaba de la parte técnica, la vigilancia, la intervención y la inspección. Los Telegrafistas y los Ingenieros de Telecomunicación tenían sus competencias muy vinculadas a los diferentes servicios de telecomunicación y durante los primeros años de la década de 1920 parecía que el Cuerpo de Telégrafos podía adquirir mayores competencias. Sin embargo, en poco tiempo estas cuestiones quedaron definidas y tanto la telefonía como la radio quedaron fuera del ámbito del Cuerpo de Telégrafos. El 27 de febrero de 1923, el Estado empezó a establecer las bases de la radiodifusión española, promulgando un primer reglamento de estaciones particulares de carácter provisional el 26 de mayo. Seis meses más tarde, el 26 de noviembre, las autoridades convocaron lo que se vino a denominar la Conferencia Nacional de Telegrafía sin Hilos, con el fin de analizar la radiocomunicación en España y proponer al Gobierno normas reguladoras. Finalmente, el 14 de junio de 1924 se publicó el reglamento definitivo, quedando concluida esta primera fase de la radiodifusión. Poco después, se otorgó la primera de las concesiones a EAJ-1, Radio Barcelona, a la que siguieron: EAJ-2 Radio España de Madrid, EAJ-3 Radio Cádiz, EAJ-4 Estación Castilla, EAJ-5 Radio Club Sevillano, EAJ-6 Radio Ibérica. Por otro lado, en 1924 el Gobierno suscribió un contrato con la Compañía Telefónica Nacional de España para la organización, reforma y ampliación del servicio telefónico nacional, concediéndole su prestación en régimen de monopolio. Dos años después, en 1926, se constituyó Standard Eléctrica, una empresa creada con capital estadounidense de la Internacional Telephone and Telegraph, para la fabricación de equipos de conmutación y aparatos telefónicos. El momento del cambio Todas estas cuestiones hicieron variar radicalmente el panorama de la profesión. Los ingenieros de telecomunicación, todos ellos Telegrafistas, empezaron a salir de la Administración para colaborar en las nuevas empresas que se estaban creando y que demandaban profesionales. Algunos de ellos ya llevaban tiempo trabajando fuera de Telégrafos, pero el impulso que se estaba dando a las telecomunicaciones necesitaba un mayor número de especialistas en esta materia, que pudieran llevar a cabo los proyectos que se emprendían. De esta forma, mientras en 1924 de los 28 ingenieros de telecomunicación, sólo dos eran supernumerarios, un año más tarde de esos mismos 28 ingenieros, 12 trabajaban ya fuera de la Administración. Libro editado por la AEIT en el año de su creación. Así siguió el escenario español hasta que en 1930 se produjo un nuevo hito que tuvo repercusión en la profesión: se reorganizó la Escuela Oficial de Telegrafía en la que cursaban los estudios los ingenieros de telecomunicación, creándose la Escuela Oficial de Telecomunicación, a través de un Decreto de 20 de septiembre. Con este cambio se modificó la forma en la que se podía acceder a los estudios: ya no era necesario pertenecer al Cuerpo de Telégrafos, sino que podían concurrir “los españoles o extranjeros que sean expresamente autorizados por la Dirección General, dentro de las limitaciones que se establezcan en cada convocatoria”. Dentro de esta nueva Escuela se sistematizaron los estudios de lo que se podría considerar grado medio, a través de la creación del título de perito de radiocomunicación, y se permitió el acceso a las mujeres, pero sólo en la escala auxiliar. Quizá esta fuera la causa de que en 1930 se creara la Asociación Española de Ingenieros y Técnicos de Telecomunicación, que reunía en una única organización a los profesionales relacionados con la telecomunicación. La llegada de las atribuciones El año 1931 también estuvo jalonado por un hecho relevante: las atribuciones profesionales de los Ingenieros de Telecomunicación, dictadas en el Real Decreto 119, de 8 de enero, aún vigente. Esta disposición normativa fue bien recibida por el colectivo del ramo, pero no ocurrió lo mismo con otras ingenierías, que incluso llegaron a solicitar una aclaración sobre ella. Las facultades de los ingenieros de telecomunicación fueron confirmadas poco después por medio de una Orden del Ministerial, de 28 de enero de 1932. De esta forma, en 1931 quedaron establecidas las competencias de los ingenieros de telecomunicación. Sin embargo, 70 años antes, en 1861, el telegrafista Ignacio Hacar, ya había sido contratado por Mouilleron en calidad de Ingeniero Particular, para dirigir los trabajos de la línea telegráfica del Bajo Aragón, tal y como ya señala Olivé. Este contrato resulta significativo, ya que, una empresa extranjera contrata a un telegrafista como ingeniero, para dirigir un proyecto de telegrafía, a pesar de que el título de ingeniero no existiría oficialmente hasta 1920. Poco después, de que se establecieran estas atribuciones y en pleno periodo de la Segunda República, se constituyó un efímero Ministerio de Comunicaciones, mediante del Decreto de 15 de abril de 1931, con lo que se otorgaba a las comunicaciones y a las telecomunicaciones, en particular, el más alto rango ministerial. Seguramente todas estas circunstancias influyeron en la creación de una nueva organización, pero esta vez específica para los ingenieros: la Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación. Su primer Presidente fue Emilio Novoa González. Esta organización representó de manera única a los Ingenieros de Telecomunicación hasta el año 1967, fecha en la que se creó el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación, por Decreto 2358 de 19 de agosto, que, de acuerdo con la Ley de Colegios Profesionales, asumió la representación oficial del conjunto de los Ingenieros de Telecomunicación, quedando desde esa fecha establecidas dos instituciones: la Asociación Española y el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación. Gracias a aquellos primeros ingenieros de telecomunicación que decidieron unirse para crear una Asociación, y a todos aquellos que han participado en ella, hoy podemos conmemorar los primeros 75 años de la AEIT. 75 años de la AEIT “La ingeniería de telecomunicación se creó oficialmente a través del Real Decreto de 22 de abril de 1920, con el fin de colocar el nivel científico de los Telegrafistas españoles a la altura de los que en otros países ostentan títulos análogos y capacitar a sus poseedores para estudiar, plantear y resolver arduos problemas de la Telecomunicación”
30 oct 2015
Artículo BIT
Sobre la etimología de televisión
Sobre la etimología de televisión as primeras propuestas conocidas para “ver a través de la electricidad”, alumbraron aparatos muy diversos que recibieron el nombre común de “telectroscopios”. Está aceptado que este nombre fue utilizado, por primera vez, por el divulgador científico, de origen francés, Louis Figuier, en 1878, influido, al parecer, por un artículo publicado en el periódico norteamericano “The New York Sun”, el 29 de marzo de 1877. El artículo en cuestión llevaba el título de “The Electroscope” y anunciaba la presentación de “un instrumento por medio del cual las personas y los objetos que estuvieran en movimiento en una parte del mundo, podían ser vistos por cualquiera que se encontrara en otro lugar diferente”. La palabra “electroscopio”, en el argot científico, nada tenía que ver con la transmisión de imágenes, sino con la detección de la presencia de cargas eléctricas, representando dicho término, en si mismo, un instrumento de probada utilidad que ya existía en aquella época. Tal vez por ello, Figuier prefirió añadir el prefijo griego “tele”, por un lado, y tomar la derivación latina de “electricidad”, adoptada del griego “elektron”, por otro, para referirse de forma inequívoca a aquellos primeros transmisores de imágenes. Conforme a esta hipótesis, “telectroscopio” tendría así el lógico significado de “mirar a lo lejos por medio de la electricidad”. El neologismo se extendió rápidamente entre la comunidad científica de todo el mundo, encontrándose la primera referencia conocida, en España, publicada en el diario “La Época”, en la edición del sábado 27 de septiembre de 1879, donde se dice lo siguiente: Verdaderamente merece nuestro siglo llamarse el siglo de la electricidad. Cada día nuevas aplica- “Constantin Perskyi, profesor de la Academia de Artillería de San Petersburgo, utilizó por primera vez la palabra “televisión” en el Congreso Internacional sobre Electricidad celebrado en París en 1900” Sobre la etimología de televisión La transmisión de imágenes en movimiento, mediante el uso de la electricidad, representó un fabuloso reto tecnológico que cautivó a un buen número de investigadores e inventores del último cuarto del siglo XIX y el primero del XX. Antonio Pérez Yuste Universidad Politécnica de Madrid Foro Histórico de las Telecomunicaciones Recordando la historia Sobre la etimología de televisión ciones de este misterioso agente vienen á llenarnos de asombro. Gracias á el, dos personas separadas por el Atlántico podrán á un tiempo hablarse, oírse y verse sin abandonar su habitual morada. Para llegar á realizar esta última maravilla se acaba de dar el primer paso. Lo ha dado el inventor del telectroscopio, ya antes de ahora anunciado, pero sólo desde hoy sometido al examen de físicos tan eminentes como Du Moncel y Haliez d’Arros, que nos permiten creer en la realidad de invención tan en extremo peregrina. La aceptación del término “telectroscopio” no fue sin embargo unánime y hubo, también, quienes optaron por otras expresiones. Fue el caso, por ejemplo, del alemán Paul Gottlieb Nipkow – inventor del famoso disco de barrido óptico de la imagen, que lleva su nombre–, que en la patente de su invento, presentada en 1884, se refería a su equipo como: “elektrisches teleskop”, o “telescopio eléctrico”, denominación que tuvo su particular predicamento entre un sector de la comunidad científica. Pero no sería la primera, ni tampoco esta última, la palabra que habría de quedar de forma definitiva en el diccionario para el resto de los tiempos. Ese honor le cabe al término “televisión”, expresión que vería la luz en el albor del siglo XX, al abrigo cultural de la Exposición Universal de París de 1900. Un advenedizo en la corte científica del mundo Corría el verano de 1900 cuando, aprovechando la Exposición Universal de París, se organizó en la capital francesa el primer Congreso Internacional sobre Electricidad, del 18 al 25 de agosto. El último día, un desconocido profesor de la Academia de Artillería de San Petersburgo, llamado Constantin Perskyi, pronunció una conferencia, en francés, donde explicaba la forma de “reproducir a distancia las radiaciones luminosas que representan la imagen de un objeto”. La ponencia de Perskyi llevaba el atractivo título de “Télévision au Moyen de L’Électricité” (Televisión por Medio de la Electricidad) y en relación con sus principios básicos decía: Se descompone la imagen a transmitir en un número infinito de puntos de luz que, tomados por separado, pueden ser tratados como si fueran otras tantas fuentes luminosas de diferente intensidad. Por ultimo, Perskyi terminaba citando los investigadores que, según él, venían aplicando este principio en sus trabajos: Nipkoff (Nipkow), Kachmetieff (Bachmetiev), Stchepanik (Szczepanik), Scheffer (Schöffler) o Poloumordinoff (Polumordvinov). Como es sabido, la palabra “televisión” proviene del prefijo griego “tele” y del nombre latino “visio”, dando como resultado, al unir ambas, el significado de “ver a lo lejos”. Esta construcción híbrida, greco-latina, recuerda en cierto modo la misma situación que, cuatro años después, se produjo con la palabra “telecomunicación” (ver BIT, nº 156). Al igual que ésta, fue duramente criticada por los filólogos más puristas, quienes veían en este tipo de mestizaje una especie de barbarismo lingüístico. Pero, al igual que ella, terminaría imponiéndose en casi todo el mundo. Rápidamente pasó a Inglaterra como “television” y, desde allí, alcanzó los Estados Unidos donde Jenkins, uno de los padres de la televisión mecánica, acotó su uso a la transmisión de imágenes por cable, acuñando la palabra “radiovision”, en cambio, para cuando tal comunicación tenía Figura 1. Palacio del Agua y de la Electricidad, situado en el Campo de Marte de París, donde se celebró el Congreso Internacional sobre Electricidad de 1900. Fuente: Wikimedia Commons. Sobre la etimología de televisión lugar mediante el empleo de ondas electromagnéticas. Desde Francia, la “télévision” llegó también hasta Italia, “televisione”, Holanda, “televisie”, y, por supuesto, España, “televisión”, donde las primeras obras monográficas sobre la materia datan de 1929. Se trata de la traducción al castellano de la segunda edición de un texto escrito, originalmente, en 1926 por el inglés Alfred Dinsdale, realizada por Luis Amador López, y de los libros escritos por los divulgadores técnicos Manuel Marín Bonell y Enrique Mata Lloret. La excepción alemana A pesar de su rápida propagación por todo el mundo, el término “télévision” no logró penetrar, sin embargo, en países geográficamente tan próximos a Francia como Alemania o Dinamarca. En Alemania, el nombre empleado para designar este medio es “fernsehen” que, a la sazón, resulta ser más antiguo que el utilizado por Perskyi en el Congreso de 1900. Fue un químico llamado Raphael Eduard Liesegang quien, en 1891, publicó en Dusseldorf su obra “Beiträge zum Problem of the Electrischen Fernsehens” (Contribución al Problema de las Televisiones Eléctricas). El libro, inspirado en los trabajos de Szczepanik sobre el telectroscopio, incorporaba, de ese modo, a la lengua alemana, un germanismo cuyo significado literal es: “ver (sehen) lejos (fern)”. La nueva palabra penetró en Dinamarca, donde se transformó en la expresión “fjersyn” y, en opinión de algunos historiadores de la televisión, como André Lange, también se propagó, junto con la ciencia que conlleva, por los países de la Europa del Este, Rusia entre ellos. Estos mismos historiadores mantienen la hipótesis de que el término fue traducido al ruso como “televisija” y, de aquí, Perskyi pudo haberlo adaptado al francés como “télévision”. Se trata, desde luego, de una hipótesis bastante plausible, como demuestra el hecho de que en su conferencia Perskyi sólo citara los trabajos realizados por investigadores de influencia germano-rusa, pero omitiera otros, igual de destacados, realizados por científicos de la Europa occidental, como el francés Senlecq o los británicos Ayrton y Perry, o del continente americano, como el estadounidense Carey. Pero sería un emigrante de origen húngaro, Dénes von Mihály, quien habría de apuntalar el término “fernsehen” en Alemania definitivamente. Inventor preclaro en su época, pero poco conocido hoy, desarrolló un sistema basado en un original mecanismo de barrido óptico de la imagen, que recogió en un libro publicado en 1923. La obra tenía el sugestivo título de “Das Elektrische Fernsehen und das Telehor” (La Televisión Eléctrica y el Telehor) y está considerada la primera monografía sobre la televisión editada en el mundo. En ella, Mihály realiza una descripción general sobre la transmisión de imágenes a distancia y presenta los detalles del “Telehor”, un equipo de su propia invención al que, un año más tarde, la revista británica Wireless World and Radio Review dedicaría unas páginas antes, incluso, de que Logie Baird, el pionero más famoso de la televisión, fuera conocido en su propio país. Fue así como Alemania terminó, por tanto, afianzado la palabra “fernsehen” en su lengua vernácula. El nacimiento del término unos años antes del Congreso de París, unido a la existencia de una escuela de pensamiento propia, garantizó su supervivencia frente al empuje de la lengua francesa, primero, y de la inglesa, más tarde. “La palabra “televisión” proviene del prefijo griego “tele” y del nombre latino “visio”, dando como resultado, al unir ambas, el significado de “ver a lo lejos” o “ver a distancia” Figura 2. Retrato del inventor húngaro Dénes von Mihály (1894-1953). Fuente: http://www.sasovits.hu/anyag/feltalal/ mihaly_d.htm
30 oct 2015