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Artículo BIT
Prospectiva
Siempre resulta gratificante colaborar en los ejercicios prospectivos. En teoría, se trata de explorar las posibilidades futuras a partir de indicios presentes. En la práctica, es una oportunidad para recopilar información y reflexionar sobre dónde estamos y adónde nos gustaría llegar. En la época del sosiego monopolístico, las previsiones tecnológicas eran la referencia fundamental. A partir de la entusiasta información de la industria y de la documentación que se obtenía en los organismos internacionales (entonces no se disponía de buscadores ni navegadores para surcar el ciberespacio), se competía por presentar las previsiones más audaces y estimulantes. De esta manera, allá por el final de los ochenta del siglo pasado, ya se dibujaban casitas con todo tipo de aparatos electrónicos conectados al exterior por la fibra óptica. Las personas sonreían con un terminal desde el que podían acceder a cualquier información, y las redes se diluían en “nubes” sobre las que, todavía, no se anticipaba el cambio climático. Éste apareció con la competencia y la doctrina regulatoria. Desde entonces, las previsiones se acortan drásticamente y lo esencial ya no son los dibujos imaginativos, sino las ratios financieras que convencen a los analistas de inversiones. Siguen elaborándose informes prospectivos, pero se dedica más esfuerzo a explicar lo sucedido, a ofrecer consejos o hacer advertencias, que a pronosticar el futuro. Fundaciones, consultoras, observatorios y centros de análisis, compiten en la publicación de informes repletos de estadísticas sobre el pasado reciente y con tímidas previsiones del porvenir. La comparación de estos informes pone en evidencia más discrepancias en la interpretación de lo acontecido que en los pronósticos, donde, además, se recuperan muchos de los tópicos que ya circulaban en el siglo pasado. No quisiera transmitir la sensación de estar en contra de los ejercicios prospectivos. Reitero que son una excelente oportunidad para reflexionar sobre el escenario actual y debatir sobre las estrategias que ayuden a progresar, siendo conscientes de que, en la cultura del nanosegundo, lo que ayer era futuro, hoy es reliquia, y de que nada envejece tan rápidamente como un mañana imaginado. Tampoco quisiera restar importancia a las estadísticas que se publican pero, si bien lo que muestran es interesante, lo que ocultan es crucial. Así, el primer desafío del análisis prospectivo consiste en desmaquillar la realidad que enmascaran las encuestas y asumir que en el momento de su publicación ya forman parte del pasado. En la práctica, es más complicado descifrar el porvenir cercano que dibujar el futuro remoto con rasgos de ciencia ficción. La combinación de evidencias del pasado, descritas en las estadísticas, con las ilusiones lejanas de los ejercicios prospectivos, ayudaría a interpretar la perspectiva inmediata. No olvidemos que la historia se vive caminando hacia delante pero se comprende mirando hacia atrás.
30 oct 2015
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FRONTERA. La ley del mínimo esfuerzo
En el artículo “La economía española vista por un ingeniero”, publicado en estas páginas hace ya dos años, recogí la opinión de que se había “destrozado la productividad y competitividad española”, y en consecuencia “se anuncia el fin del ciclo” (de prosperidad). Un año después, y ante la campaña de la elecciones generales parlamentarias, el Presidente del Gobierno llamó catastrofistas y antipatriotas a quienes así opinaban. El día que escribo, la Comisión Europea –comisario Sr. Almunia- tumba los ya pesimistas pronósticos del vicepresidente 2º del Gobierno y anuncia un retroceso de un 2% del PIB en este año, y un desempleo del 19% en 2010, el más alto de Europa y el doble del de la UE. Desconozco si el presidente del Gobierno mintió cuando los expertos vaticinaban la catástrofe económica española, o sencillamente decía a los españoles lo que querían oír desconociendo la realidad y viviendo en el país de Alicia. La respuesta podría estar en otro artículo publicado aquí hace un año: “Educación para la sabiduría”, en el que indicaba que “el sistema educativo ha antepuesto la igualdad a la excelencia... y el resultado es que por primera vez en cien años, debido al efecto LOGSE, la generación más joven tiene menor nivel educativo que la anterior”. Somos responsables de no haber previsto, cuando había tiempo, la sustitución de la economía especulativa basada en la construcción en una economía del conocimiento, conduciendo el país a la recesión y a una época de vacas flacas, que si es generalizada en el mundo, en España es la peor de Europa, endeudada y con destrucción de su tejido industrial. Como el crecimiento de un país está directamente ligado a la sociedad del conocimiento, con la tecnología propia de nuestra profesión, no debe extrañar que los memes de la mediocridad educativa introducidos, ya extendidos como plaga en el tejido social, sustituyan a la ética de la excelencia por la ley del mínimo esfuerzo y produzcan estos resultados. El problema no es si quien nos dirige engaña o sólo ignora, sino el de una sociedad que elige a quien mejor representa a esta decadente mentalidad. Dejando por imposible la enseñanza primaria, secundaria y formación profesional, que al parecer no están entre las prioridades de políticos o ciudadanos (CIS), la enseñanza superior tendrá que adaptarse en 2010 al Espacio Europeo de Educación Superior, según los acuerdo firmados en 1999 por 29 países (Declaración de Bolonia). Y es ahora cuando se empieza a discutir sobre esto, lo que indica imprevisión. La pregunta de si saldremos adelante o no, es ociosa. He nacido en un país cercano al subdesarrollo que mi generación lo transformó en la 8ª potencia económica mundial. Pero si se olvidan los valores de la superación por el esfuerzo, la argentinización está a la vuelta de la esquina, pues la prosperidad no nos la regaló nadie. La adquisición y reintroducción social de la mentalidad de la excelencia corresponde a las nuevas generaciones. Al menos, los arquitectos han conseguido no degradar su profesión con el pretexto de Bolonia.
30 oct 2015
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La fibra en el horizonte
Hay temas talismán, que por el momento en que aparecen, o simplemente porque se trata de recursos con propiedades extraordinarias, se convierten en un horizonte de esperanza, en un objetivo hacia el que caminar, orientando mercados y definiendo políticas. Así pasaría en su día con el descubrimiento de los aceros toledanos, la imprenta de Gutenberg o la radio de Julio Cervera. En nuestros días ha pasado con Barack Obama y lleva unos años pasando con la fibra óptica, como futuro esplendoroso de la infraestructura fija de red. La CMT acaba de cerrar el marco normativo para el despliegue y explotación de la red de fibra que presenta pocas novedades respecto a la venerable red de cobre. Sólo el dominante ha desplegado fibra y se le obliga a una oferta mayorista hasta 30 Mbps porque comercialmente no se usan todavía velocidades superiores. Esto quiere decir que los actores se han movido poco o nada y el marco normativo sigue con la misma foto, en parte porque hay que ser realistas, en parte porque en tiempos de crisis más vale no hacer mudanzas. En esa situación las administraciones no pueden ni deben estarse quietas. Eso implica la participación política del asunto, y aquí las cosas funcionan principalmente con prioridades. Los Juegos Olímpicos de Madrid 2016 son el acicate que ha necesitado el Ayuntamiento de la Capital para reducir el tiempo de las licencias, ofrecer pasos de canalización públicos y sentar en una mesa a los presidentes de las principales operadoras, haciendo de juez bueno. Y es que no hay nada como encontrar la motivación adecuada. Algo similar, pero a mayor escala, tendría que ocurrir en lo que algunos autores ya han bautizado como el regreso del Estado. Si el Estado se va a poner a invertir en obra pública para desatascar la cola del paro, sería muy recomendable que lo hiciera evaluando los déficits estructurales, y que si se ha de gastar el dinero, se haga donde valga la pena. Con un poco de suerte y cuando las nubes de la crisis mundial despejen, nos podemos encontrar sin créditos bancarios, pero con una nueva red que haga más fácil volver a ponernos en marcha. La fibra óptica como soporte y tecnología no es suficiente para acelerar el crecimiento, requiere cuidarla y desplegarla sin prisa pero sin pausa. Es un ejemplo paradigmático de que la tecnología lleva un paso y el mercado otro, porque se pueden tener unas tasas de agregación que superen los TB de transmisión gracias a avanzadas técnicas de multiplexación, pero de nada nos sirven si el emisor y el receptor no se ponen de acuerdo para abrir una zanja. Y es que los actores en este escenario están condenados a entenderse. Los movimientos de las operadoras suelen ser más reflejos que meditados, más instintivos que estratégicos. Armonizar la regulación de las infraestructura de red no es trivial, pero con dosis considerables de imaginación y flexibilidad se puede ordenar un patio que todavía no han encontrado del todo su sitio. Madrid 2016 puede ser un buen ejemplo
30 oct 2015
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Gonzalo Moreno Muñoz
Alas puertas de unas nuevas legislativas europeas, volvemos a mojarnos el dedo para comprobar de donde sopla el viento, para saber que quiere ser Europa, y por lo que toca a los lectores de esta publicación, cuales será las políticas relacionadas con el sector teleco los próximos cuatro años. Un compañero, en estas mismas páginas, abogaba por el mercado único europeo en lo geográfico, en total competencia en lo funcional, y necesariamente, añado yo, vigilado por una sola institución comunitaria. Europa irremediablemente se va creando, y si bien es cierto, que las competencias están replicadas, los contornos difusos y las decisiones son más que discutibles, los señores de Bruselas llevan ya años moviéndose para que un nuevo actor haya aparecido en lo jurídico y lo administrativo, que hace todavía más complejo el sudoku de la atribución de funciones en lo referente a regulación y competencia. Los euroescépticos lo denominan ineficiencia, los euroforofos lo tildan de complementariedad. Poco importa el estado actual si sabemos a dónde queremos ir. Y ahí creo que todavía sí tenemos recorrido, porque una red de fibra no se despliega en dos tardes, ni las decisiones estructurales se pueden tomar a la ligera. Que haya posturas contradictorias sobre unos mismos hechos (e.g. la multa a Telefónica por abuso de posición) en dos instancias dirigidas por una política común, demuestra que no es tan común la política, o que todavía estamos en fase de saber que le toca hacer a cada uno. Y ese debate, de si queremos competencia en infraestructuras, en servicios o en plataformas, de si el mercado residencial está de verdad demandando velocidades de 30 Mbps, o de si la Administración Pública tiene que poner más dinero aparte de abrir zanjas, todavía no se ha tenido a nivel político. A los señores que se sentarán en Bruselas a partir del próximo junio, de los que saldrá una nueva Comisión para la SI, se les podría hacer un par de preguntas, a saber: ¿Se quiere un mercado de las telecos en verdadera competencia? ¿Regulado por autoridades nacionales de regulación? ¿Revisado por tribunales de competencia? ¿Revisado por segunda vez en Bruselas? ¿Todos con capacidad sancionadora? ¿Creen ustedes que así las empresas responderán en innovación e inversión? ¿Hasta dónde estará dispuesta la UE a garantizar el servicio universal? ¿Cómo se financia? ¿La regulación del mercado es de verdad temporal? ¿Por qué no se fija un apagón regulatorio? Estas y otras preguntas estamos obligados los profesionales del sector a plantear a nuestros representantes europeos, en tanto en cuanto, son los futuros legisladores de una unidad política en construcción. Está dentro de nuestros derechos y deberes forzar el debate, con toda la asistencia profesional que se requiera, para ponerse manos a la obra al día siguiente. Y una vez empezado ese proceso, mirar atrás solo lo necesario. Fijarse en otros países, atentos a la evolución de unos y otros, y aplicar inteligentemente lo mejor según nuestra propia idiosincrasia. Dentro de Europa las evoluciones normativas, paradójicamente, han sido muy dispares, pero se puede aprovechar esa multiplicidad de experiencias para recoger los factores más positivos de cada una y luego converger en un escenario común. Esa puede ser una hermosa tarea sectorial que nos corresponda a los telecos en la creación de Europa, y que sea de forma efectiva esa comunidad política y económica, con libre circulación de personas, bienes y servicios. Que sea así, pero que sea de verdad. Gonzalo Moreno Muñoz Ingeniero de Telecomunicación La batalla se juega en Europa
30 oct 2015
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Javier Domínguez
Quizá el ingeniero esté crepuscular. Evoca la lejana incorporación del color en la TV y la admiración que sintió entonces por la ingeniosa solución para garantizar la compatibilidad con los receptores monocromáticos que siguieron (y siguen) reproduciendo, en blanco y negro, programas producidos en color. No hubo que prever apagones de la vieja tecnología y los ciudadanos renovaron sus televisores sin imposición de un plazo determinado. Recuerda también cómo se acometió la sustitución del móvil analógico. Con la tecnología digital se introdujo la competencia y, sin grandes campañas ni complicados planes de transición, los usuarios se convencieron de la bondad del cambio (la gran mayoría ignoraba el uso de una nueva tecnología) sin soportar la tortura del anuncio sobre los días que quedaban para el cese del servicio analógico. Ahora, en pleno siglo XXI, el ingeniero se siente incómodo con la imposición del momento en que deberá adaptar su instalación para seguir viendo la TV radiodifundida por ondas terrestres en versión digital (TDT). Profesionalmente, considera un fracaso que no se haya adoptado una estrategia que permita a los usuarios eligir cuándo cambiar de tecnología. El ingeniero sospecha que se opta por imponer a falta de saber convencer. El mayor número de canales y la mejor calidad no parecen argumentos de peso, y en cuanto a lo de la interactividad hay que reconocer que es una verdad a medias. Piensa el ingeniero que para ser consecuente con la ampulosa declaración de poner a la ciudadanía en el centro de las decisiones, habría que dedicar el beneficio de la mayor eficacia espectral de la TDT (el dividendo digital) para mantener en funcionamiento, simultáneamente, las dos tecnologías. Entonces, desde este escenario y en un marco audiovisual previsiblemente más reducido, se podría racionalizar la desmesurada asignación de múltiplex (especialmente en los ámbitos local y regional), corregir las incertidumbres del modelo teórico de propagación, y, mejorar la calidad percibida por los usuarios, evitando los apagones totales: de lo viejo y de lo nuevo. A la vez, habría que promover la competencia para que sean los productores y programadores los que convenzan a los televidentes de la bondad de adaptar sus instalaciones y de comprar un descodificador o de cambiar su receptor. En este contexto, resulta lógico impulsar la alta definición y admitir la TV de pago. Si se quiere mantener el hito tecnológico del 3 de abril de 2010, el ingeniero propone que se sirva con soda y se promocione como el objetivo del encendido digital nacional, renunciando a vincularlo con el cese total de las emisiones en analógico. Para los ansiosos por disfrutar del dividendo, se aconseja una dosis de sosiego: ya les llegará su oportunidad, como sucede con las frecuencias que se liberan del móvil analógico. Mientras, se respetará el derecho de la ciudadanía a la libre elección de cuándo y cómo sustituye su vieja tecnología. Encendido con soda Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
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FRONTERA. “Crisis, ingeniería y futuro”
La actual crisis económica ha sido ya diagnosticada por el premio Nobel de economía de 1970, Paul Samuelson, así como por el de 2008, Paul Krugman. El primero manifestó (11-03- 09) que esta crisis es comparable a la Gran Depresión de 1929: “la peor experiencia con la que Norteamérica y el mundo se enfrenta desde el final de la II GM... y que posiblemente no asistiremos a una recuperación antes de 2014”. El FMI ya ha anticipado que el PIB mundial caerá por primera vez en 60 años. En cuanto a la situación económica de España, Krugman afirmó en Madrid que es “aterradora”, y que sólo se saldrá de ella mediante “cirugía” e innovación que fomente el empleo. Intentaré responder a tres preguntas, sin que la obligada brevedad afecte al necesario rigor: 1º. ¿Es esta crisis el anuncio del cambio cultural de una nueva sociedad? El cambio cultural exige la implantación de revolucionarias tecnologías que aún están en fase experimental, y la puesta a punto de un sistema educativo competitivo. Sustituir la economía de los combustibles fósiles por la ilimitada del hidrógeno exige disponer de reactores de fisión de 4ª generación (aprovechamiento de residuos) como paso previo, y luego sustituirlos por rectores de fusión, lo que está a medio siglo vista, tras lo que la síntesis de alimentos nos independizará del cultivo. Tampoco el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) ofrecerá resultados prácticos sobre Física antes de una década, por lo que aún no se dispondrá del soporte tecnológico necesario a corto plazo. 2º. ¿Qué factores determinarán la recuperación? La crisis es tecnológica y se ha producido según el modelo cíclico de Kondratieff y de destrucción creativa de Schumpeter. El largo ciclo de prosperidad que ahora acaba, se ha debido preferentemente a la tecnología de los combustibles fósiles (petróleo y gas) y la electrónica, que estaban llegando a su madurez, por lo que a partir de la crisis del puntocom, (marzo 2000) el negocio se fundamentó en la venta especulativa de dinero (bonos basura y construcción). La crisis estalló por la falta de liquidez y ha contagiado al sistema. Ha faltado ingeniería para crear nuevos productos de sustitución con los que dinamizar el mercado. Los ingenieros y científicos innovadores son imprescindibles. 3º. ¿Cuándo se producirá el cambio social que marcará una nueva época? La crisis monetaria puede durar un lustro, en que empezará el remonte económico con la mejora de la tecnología existente, hasta que en los próximos 20 años comiencen a verse los resultados las nacientes aplicaciones de tecnologías tales como el suministro ilimitado de energía limpia, la ingeniería genética, la Red Universal Digital (terminología de Fernando Sáez Vacas), con inteligencia incorporada, y los nuevos materiales. Los nuevos retos harán obsoletas las antiguas preocupaciones y el progreso seguirá su curso negentrópico. Empezará el futuro. Esa frontera que esperábamos en 1984 y en 2000. FRONTERA Crisis, ingeniería y futuro Aquilino Morcillo Crovetto Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
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“Pros y contras de la globalización ”
En estos días, donde nos enfrentamos a la crisis más "compleja" de la historia, han vuelto a surgir con fuerza las voces opositoras a la globalización. En el sector de las telecomunicaciones, el comercio y la globalización han reportado beneficios ingentes a muchos países y ciudadanos. Sin embargo, a muchos les asaltan dudas sobre la veracidad de esta afirmación para el sector de las telecomunicaciones, sobre todo en el impacto que ha tenido en la calidad del empleo en los países occidentales. La realidad es que este sector se enfrenta a un duro problema en muchos países, que no es precisamente la globalización: es de los pocos sectores, por no decir el único, que es deflacionista. Durante años, los precios de los servicios y equipos de telecomunicaciones no dejan de bajar, ofreciendo mucho más por menos. Un importante factor para la bajada es el entorno regulatorio... ¿Es realmente cara una tarifa plana de servicios de telecomunicaciones si lo comparamos con el precio de tomar unas tapas, unas copas, ir al cine o poner la calefacción?... Centrándonos en el tema de la globalización, el comercio ha permitido a muchas naciones obtener los beneficios de la especialización y conseguir economías de escala. Ha incrementado la productividad, impulsado la difusión del conocimiento y de las nuevas tecnologías y aumentado la posibilidad de elección de los consumidores. El comercio y la globalización han dado una mayor prosperidad para centenares de millones de personas, mejorando la asignación de recursos, reduciendo la pobreza y una mayor estabilidad entre los países. Hace unos años pensábamos que la globalización sólo afectaría negativamente a sectores intensivos en mano de obra, como el textil o el agrario, pero ya está afectando a los sectores intensivos en I+D, como el de las telecomunicaciones. Sin embargo, debemos tomar el ejemplo de empresas como Inditex o Adolfo Dominguez, donde la globalización ha sido una oportunidad de crecimiento, emprendiendo un exitoso proceso de intercionalización en base, precisamente, a un avanzado sistema de coordinación y control de sistemas productivos fragmentados, gracias a los avances de los sistemas de información y las telecomunicaciones, asi como a la reducción de los costes de transporte y comunicación, costos de seguros y arances, mejora de la propiedad intelectual, acceso a subvenciones, etc. Las telecomunicaciones son uno de los pilares básicos sobre los que se ha construido el éxito de estos grupos. El comercio es beneficioso para los fabricantes de telecomunicaciones, porque aunque están sometidas a una mayor presión competitiva, pueden acceder a nuevos mercados, reduciendo los riesgos de tipos de cambio y crisis regionales, aumentando su producción y reduciendo sus costos a través de economías de escala y el efecto experiencia. Las empresas también pueden conseguir beneficios importantes gracias al acceso a insumos intermedios especializados. Las diferentes etapas de la producción, ya sean de productos o servicios, requieren tipos distintos de tecnología y de cualificación o insumos en distintas proporciones. En estas condiciones, la ventaja de fragmentar la producción entre varios países consiste en que la empresa puede localizar diferentes etapas del proceso de producción en el país en el que exista una abundancia relativa del tipo de cualificación o de insumo (energía barata, hierro, chips, conocimiento en algún área específica como el datacom en Estados Unidos, el transporte óptico en Italia o el software en La India, etc.) que se utiliza de forma más intensiva en esa etapa de producción. Fruto de la globalización de los suministradores, los operadores, empresas y particulares tienen a su disposición una mayor variedad de productos y servicios a precios más bajos y de mayor calidad. Sin embargo, sobrevivir en este entorno más competitivo exige una mayor especialización, eficiencia y productividad, razón por la cual muchos suministradores y operadores han tenido que recurrir a reestructuraciones organizativas y reducciones de plantilla. Este año, el 2009, será decisivo en la configuración del nuevo escenario futuro de las telecomunicaciones. No todos seguirán dando que hablar, pero aquellos que lo hagan, lo harán reforzados. ¿Están las empresas de telecomunicaciones españolas o con presencia en nuestro país preparadas para la globalización?... Ejemplos como el del Grupo Telefónica, demuestran que sí. Sin embargo ¿facilita la Administración la I+D+i y la consecución de sinergias y economías de escala en nuestras empresas?... Esta cuestión da para otro artículo de opinión. Pros y contras de la globalización Ramón Jesús Millán Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
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El espectro radioeléctrico, la regulación y la competencia
No cabe duda que el sector de las telecomunicaciones está atravesando no sólo un proceso de cambio tecnológico sin precedentes, sino también una transformación de las redes de acceso que está provocando la necesidad de abrir un debate sobre la asignación del espectro radioeléctrico y su uso eficiente por parte de los operadores adjudicatarios, con el objeto de maximizar el beneficio que este recurso escaso aporta al conjunto de la sociedad y a la economía en particular. En este contexto, observamos cada vez en mayor medida la existencia en el mercado de ofertas convergentes que hacen que la delimitación geográfica y por servicios que realizan las distintas Autoridades Nacionales de Regulación tenga que ser objeto de revisión y actualización, con la finalidad de adaptarse a la realidad competitiva que el nuevo entorno de transformación de la red de acceso está provocando. Efectivamente, la existencia de plataformas alternativas como las redes móviles podría provocar que el entorno competitivo que tradicionalmente hemos conocido cambiara de forma significativa, haciendo que cuestiones como las siguientes tuvieran que ser objeto de análisis o, cuando menos, reflexión: ¿hasta qué punto los servicios de banda ancha móvil pueden llegar a convertirse en sustitutos o en servicios complementarios de los servicios de banda ancha fija?; ¿resulta más eficiente técnica y económicamente que la prestación del servicio universal con una red móvil en lugar de con una fija?; ¿cuáles serían las implicaciones sobre los análisis de mercados y sobre los precios de los distintos servicios regulados?. Las respuestas a estas preguntas exigen reflexionar sobre el procedimiento seguido para la adjudicación de las licencias, los compromisos de inversión requeridos a los adjudicatarios, y el uso eficiente que eventualmente los mismos estarían haciendo de las bandas de frecuencia que les asignaron. Pero, adicionalmente a lo anterior, también exige reflexionar sobre el ámbito geográfico en el que dicha competencia podría tener lugar, así como la necesidad o no de revisar la definición y el análisis de los distintos mercados afectados, y la tipología de obligaciones impuestas. Se puede concluir por tanto que el espectro radioeléctrico, cuando es asignado de forma correcta y utilizado de forma eficiente, constituye el primer instrumento regulatorio para garantizar no sólo la tan ansiada competencia, sino también un modelo regulatorio que incentive la inversión y la innovación. La asignación por tanto de las bandas de 790-862 MHz a los operadores móviles tras el apagón analógico representa una oportunidad para aumentar el beneficio para la sociedad y para avanzar con paso firme hacia un modelo de competencia en infraestructuras, gracias a la aparición de plataformas alternativas de acceso que técnica y económicamente pueden resultar muy competitivas y atractivas para unos consumidores finales que demandan cada vez más no sólo servicios empaquetados sino también servicios convergentes. El espectro radioeléctrico, la regulación y la competencia Antonio García Zaballos Gerente de la Industria de Telecomunicaciones, Media y Tecnología de Deloitte Profesor Asociado del Instituto de Empresa Business School
30 oct 2015