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Prospectiva
Siempre resulta gratificante colaborar en los ejercicios prospectivos. En teoría, se trata de explorar las posibilidades futuras a partir de indicios presentes. En la práctica, es una oportunidad para recopilar información y reflexionar sobre dónde estamos y adónde nos gustaría llegar. En la época del sosiego monopolístico, las previsiones tecnológicas eran la referencia fundamental. A partir de la entusiasta información de la industria y de la documentación que se obtenía en los organismos internacionales (entonces no se disponía de buscadores ni navegadores para surcar el ciberespacio), se competía por presentar las previsiones más audaces y estimulantes. De esta manera, allá por el final de los ochenta del siglo pasado, ya se dibujaban casitas con todo tipo de aparatos electrónicos conectados al exterior por la fibra óptica. Las personas sonreían con un terminal desde el que podían acceder a cualquier información, y las redes se diluían en “nubes” sobre las que, todavía, no se anticipaba el cambio climático. Éste apareció con la competencia y la doctrina regulatoria. Desde entonces, las previsiones se acortan drásticamente y lo esencial ya no son los dibujos imaginativos, sino las ratios financieras que convencen a los analistas de inversiones. Siguen elaborándose informes prospectivos, pero se dedica más esfuerzo a explicar lo sucedido, a ofrecer consejos o hacer advertencias, que a pronosticar el futuro. Fundaciones, consultoras, observatorios y centros de análisis, compiten en la publicación de informes repletos de estadísticas sobre el pasado reciente y con tímidas previsiones del porvenir. La comparación de estos informes pone en evidencia más discrepancias en la interpretación de lo acontecido que en los pronósticos, donde, además, se recuperan muchos de los tópicos que ya circulaban en el siglo pasado. No quisiera transmitir la sensación de estar en contra de los ejercicios prospectivos. Reitero que son una excelente oportunidad para reflexionar sobre el escenario actual y debatir sobre las estrategias que ayuden a progresar, siendo conscientes de que, en la cultura del nanosegundo, lo que ayer era futuro, hoy es reliquia, y de que nada envejece tan rápidamente como un mañana imaginado. Tampoco quisiera restar importancia a las estadísticas que se publican pero, si bien lo que muestran es interesante, lo que ocultan es crucial. Así, el primer desafío del análisis prospectivo consiste en desmaquillar la realidad que enmascaran las encuestas y asumir que en el momento de su publicación ya forman parte del pasado. En la práctica, es más complicado descifrar el porvenir cercano que dibujar el futuro remoto con rasgos de ciencia ficción. La combinación de evidencias del pasado, descritas en las estadísticas, con las ilusiones lejanas de los ejercicios prospectivos, ayudaría a interpretar la perspectiva inmediata. No olvidemos que la historia se vive caminando hacia delante pero se comprende mirando hacia atrás.
30 oct 2015