Artículo BIT
Sobre vinos, viajes, libros, deportes... y más
Situado en los valles cantábricos del Pirineo navarro, a orillas del Bidasoa, se encuentra el señorío de Bértiz. Un espacio natural protegido de bosque atlántico caducifolio. La abundante pluviosidad, superior a los 2.000 litros, hace de estos valles los más verdes y frondosos de toda la Península Ibérica. Los visitantes nos encontramos inmersos en un escenario de árboles de enormes dimensiones. Árboles de múltiples variedades, predominando hayas y robles, pero también encontraremos, castaños, pinos, cedros, plátanos, tilos, etc. La existencia del parque se remonta al siglo XIV, en que fuera donado por el Rey de Navarra a D. Pedro Miguel Bértiz. Hasta finales del XIX ha permanecido como propiedad privada, lo que le ha permitido preservarse de labores de pastoreo que, sin duda, hubieran modificado su aspecto. En 1898 fue donado a Navarra con la exigencia de conservarlo sin modificar sus características, como puede leerse en el testamento de puño y letra de su último dueño. El espacio del parque está dividido en la zona de acogida, el jardín y el bosque. En la zona de acogida, hay columpios bajo los árboles, paseos de tilos y un gigantesco Cedro, que se unen para darnos la bienvenida. El jardín es sencillamente magnífico, con especies vegetales de incalculable valor, como son gingkos de China, sequoyas de California, palmeras, magnolios, araucarias de Chile, pinsapos andaluces, castaños de los Balcanes, bambúes y nenúfares. A orillas del Bidasoa tiene construido un mirador sobre las ya caudalosas aguas del río a la sombra de los tilos, lo que resulta deliciosamente idílico. Para los amantes de la botánica, es un verdadero paraíso. El otro gran espacio es el bosque, con un sinfín de rutas, perfectamente indicadas en cuanto a su longitud y duración estimada de recorrido. Rutas que pueden seguir caminos en buen estado, incluso para sillitas de niños, o sendas entre los montes de robles y hayas para los más aventureros. En cuanto a la duración, los hay de una hora y los hay que sobrepasan los 20 kilómetros, a gusto del visitante. El momento ideal para visitar el parque es en otoño, con un sinfín de matices pictóricos, dado por los colores de las hojas de los diferentes árboles que hay de hoja caduca y de hoja perenne. Pero también en pleno verano es posible disfrutar de todo su esplendor, desafiando al calor bajo metros de verdes hojas. Si coincide nuestra visita con la floración de los tilos, la paz y la tranquilidad están aseguradas. Para redondear la excursión, el turismo ofrecido en al ámbito gastronómico resulta exquisito y suculento. Todo ello en las afueras del parque, merece la pena. EXCURSIÓN Julián Fernández Navajas EL SEÑORÍO DE BÉRTIZ Unos peinan canas y otros lucen calva pero todos le ponen ganas. Van sobrados porque las han visto de todos los colores y, aquí, ahora, bien colocados tras la cámara y sus aledaños, han sacado redaños para desempolvar al héroe de antaño, ése que pluraliza bemol bajo el sombrero de Indiana Jones y que, en esta entrega, se permite, sobrado, mostrarnos cómo bajo la bandera no todos son lo que aparentan, que allá por 1957 un forcejeo entre un militar ruso y un aventurero americano activó la aturdidora vagoneta de Munich-72 o que bajo las mesas de estudio se deslizan perseguidores y perseguidos, todos y todo en nombre del conocimiento. También, sabio, deja en el aire, como ejercicio, la diferencia entre migración y éxodo. Pero sobre cualquier mensaje subliminal prevalece la idea, obsesiva, del retorno: hay que volver a dejar las cosas en su sitio, sea una simbólica calavera de cristal, sea una costumbrista pareja con hijo, sea el sombrero icono del protagonista, sea el concepto del cine como espectáculo, negocio y medio de expresión. Desde el verde esperanzado logo de Lucas Ltd. hasta la salida de la iglesia de los personajes, todo conduce al retorno: vuelve la aventura, vuelve el héroe. Vuelve el cine a donde en su día estuvo. CINE Atanasio Carpena Martín INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL Dirección: Steven Spielberg, 2008 ¿Cuál es el valor de un gran vino? Los economistas procuran soslayar este tipo de cuestiones centrándose en algo mucho más medible, o sea, el precio. El valor subyacente es inevitablemente subjetivo, aunque no por ello menos real para cada sujeto en particular. El tema de hoy me viene casi hecho por la anécdota que contó hace días un amigo. La cosa fue que éste y tres antiguos compañeros de trabajo se reunieron a comer y charlar en un restaurante nuevo de tipo medio. Mi amigo, no especialmente experto pero aficionado al vino, se encargó de la carta y eligió un Ribera del Duero que no conocía y le apeteció probar. Marcaba 12,00 € y mientras comían y charlaban se acabaron la botella sin prestarle más atención que la justa de notar que no estaba malo. El problema fue la cuenta: unos 1.300 € por una comida digamos “normal”, pero con un vino que ascendía a 1.200. El vino era un Pingus que se vende en tiendas (en pocas tiendas) por más de 800 € según añadas. Afortunadamente para mi amigo y sus colegas, tras alguna discusión se pudo demostrar que la carta que les pasaron estaba equivocada y salieron bien parados, aunque con una sensación inevitablemente agridulce: ¡qué gran vino habían podido catar y qué poco caso le habían hecho! Pingus es obra del danés Peter (“Pingus”) Sisseck que desde la cosecha del 95 viene produciendo unos pocos miles de botellas al año a partir de cepas muy viejas (algunas del orden de un siglo, con producciones bajísimas), escogiendo grano a grano sobre mesas de recepción, y cuidando la fermentación y la crianza en las mejores barricas de roble que se usan una sola vez, o incluso menos (o sea, pasando el mismo vino por más de una barrica nueva). ¿Justifica eso su precio, el más alto actualmente para un vino de consumo en España? Valórelo cada cual. La diferencia en boca con otros buenos vinos no dudo de que exista pero, en esto como en todo, los rendimientos marginales son decrecientes. Si no supiera qué otra cosa mejor hacer con mi dinero, yo lo probaría sin esperar a que se vuelvan a equivocar en un restaurante (no me gustaría estar en el pellejo del responsable del error), pero no es ése mi caso. Adelante quien se anime. Afortunadamente Sisseck produce también Flor de Pingus, un poco menos selecto, sólo por algo más de 100 €. VINOS Manolo Gamella VALORES Y PRECIOS MÁQUINAS & ALMAS. ARTE DIGITAL Y NUEVOS MEDIOS Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid 26/06/2008-13/10/2008 El MNCARS explora con esta exposición la relación estrecha entre ciencia, arte y tecnología. La muestra incluye el trabajo de 17 artistas que tienen en común el uso de la tecnología digital como herramienta. A comienzos del siglo XXI, arte y ciencia discurren por caminos paralelos a través del trabajo de un grupo de artistas que aúnan arte, tecnología, creatividad, misterio, emoción y belleza. La tecnología se convierte en un vehículo que sirve de soporte, de elemento desarrollador o como método de investigación para la búsqueda de nuevas sensaciones. Aunque –como reflexiona Montxo Algora, comisario de la muestra- “sus ordenadores por sí mismos no crean. Y sin el sentimiento y la creatividad de sus autores, el arte digital no es nada”. El visitante podrá contemplar, desde los retratos interactivos de Rozin, a los robots antropomórficos de McMurtrie, la videoinstalación de Farocki, las esculturas de luz de Friedlander, la instalación/denuncia de Muntadas, los ferrofluidos de Sachiko Kodama, el proyecto de Abad que da presencia en Internet a colectivos marginados, las “bestias de la playa” de Theo Jansen, el “software art” de John Maeda, la instalación interactiva de Rafael Lozano- Hemmer, las pinturas digitales de Evru, las instalaciones de Daniel Canogar o el arte inclasificable de David Byrne, Ben Rubin y Mark Hansen, Vuk Cosic, Pierre Huyghe y Natalie Jeremijenko. EXPOSICIÓN Bestia de la playa de Theo Jansen Escultura de luz de Paul Friedlander ¿Cómo empezar una reseña sobre el último disco de R.E.M.? La banda de rock cuyo nombre hace referencia a la fase del sueño más profundo es, sin duda, una de las más innovadoras, inspiradoras, e influyentes desde que surgieron en los primeros años ochenta en Athens, Georgia (EE. UU.). Siempre con un sonido difícil de clasificar que no en vano se ha convertido, con el paso de los años, en un referente de lo que luego ha sido el rock independiente o alternativo. Responsables del sonido R.E.M.: el vocalista Michael Stipe, el guitarrista Peter Buck, el bajista Mike Mills, y el batería Bill Berry (que dejó la banda a finales del año 97). Desde que lanzan ‘radio free europe’, el que fue su primer sencillo triunfaron en las radios independientes y en los college americanos. Stipe, su voz, y sus letras han marcado una trayectoria valiosísima. R.E.M. se ha ido reinventando durante toda su carrera: si bien es cierto que en los primeros noventa alcanzaron el reconocimiento masivo y el éxito mainstream con Out of Time (1991) y con Automatic for the People (1992) es de destacar que nunca han dejado de experimentar, han arriesgado, y siempre han provocando cambios constantes en su estilo musical. No en vano, R.E.M. han tocado todos los palos: folk, rock, pop, medios tiempos, guitarras más afiladas, etc. En mi opinión, sus mejores discos nunca aparecerán en la lista de los discos más vendidos o de mayor éxito comercial. Y es esto, precisamente, lo que les hace merecedores de aparecer en estas páginas. Así, este último album, Accelerate (2008), recupera el sonido más rock, y de alguna forma es una vuelta al principio, a los primeros tiempos R.E.M. Y aprovecharé ahora para repasar, aunque sea brevemente la trayectoria de este grupo, ya que toda su discografía se puede considerar un “must” en cualquier colección que se precie. Entre 1983 y 1987 publican sus primeros cinco discos, a través de I.R.S. Records. En mi opinión, son todos enormes, intensos, diferentes, de lo poquito refrescante y nuevo en un panorama desértico, una década, los ochenta, en los que el pop-rock atravesaba una dura travesía de agotamiento creativo. Murmur, Reckoning, Fables Of The Reconstruction, Lifes Rich Pageant, y Document. Este ultimo fue éxito de crítica y público, destacando tres temas: ‘the one i love’, ‘finest worksong’, y la magnífica ‘it’s the end of the world as we know it (and i feel fine)’. En 1988 inician la época con Warner Bros., y publican (para mi gusto el mejor disco pop de R.E.M.), con temas maravillosos como ‘’, ‘’, ‘’ o ‘turn you inside out’. Pasada la resaca y el éxito masivo de Out Of Time (‘losing my religion’, ‘shiny happy people’) y Automatic for the People (‘drive’, ‘everybody hurts’), sacan el guitarrero Monster (1994) y el más experimental New Adventures in Hi-Fi (1996). Para mi gusto, en los siguientes discos no acaban de dar con un nuevo disco redondo, salen Up (1998), Reveal (2001) - con el enorme single ‘imitation of life’ – y Around The Sun (2004), a mi gusto de lo más débil y flojo de toda la discografía, apenas si se salva el sencillo ‘leaving new york’. Y ya llegamos al final del viaje, que es cómo empezaba esta breve reseña: a primeros de abril de este año 2008 sacan su último disco de estudio, Accelerate. Un disco completo, rockero, guitarrero, enérgico, breve pero intenso, y que nos hace vibrar (de nuevo), y creer (de nuevo) que R.E.M. puede hacer grandes cosas todavía. Sí, a mí me ha gustado mucho, y sobre todo, porque he de reconocer que ya casi no esperaba nada bueno de esta enorme banda. Lo han vuelto a hacer. Y es incluso los temas más previsibles, como Supernatural Superserious o Hollow Man vuelven a inyectarnos cierta adrenalina musical. Nada de pianos. Las guitarras de nuevo al mando, recordando a veces al Monster, y a ratos a los primeros discos. Mis canciones favoritas de este Accelerate: ‘living well is the best revenge’, ‘man sized wreath’, la propia ‘accelerate’, y ‘horse to water’. Sin duda, R.E.M. sigue siendo recomendable: su nuevo disco, todos los que no estuvieran ya en vuestro iPod y, por supuesto, su único concierto en España. MÚSICA Sebastián Muriel Herrero R.E.M. … ACCELERATE ...) Entre las aves y los mamíferos, es evidente la tendencia hacia la formación de sociedades más o menos complejas, que comparten muchas características: existencia de un grupo jerarquizado; especialización funcional de la conducta, que no suele afectar la estructura corporal, si exceptuamos los ratones cavadores desnudos (Heterocephalus glaver), que forman sociedades parecidas a las de los insectos. Las sociedades de mamíferos no son rígidas, poseen gran movilidad vertical y horizontal: cualquier individuo bien dotado puede escalar las más altas cotas de la jerarquía, al contrario que en los insectos sociales, donde el individuo reproductor se escoge de una vez para siempre. Pero hay un mamífero, el hombre, que está alcanzando niveles de socialización que prometen no quedarse a la zaga de los de los isópteros e himenópteros. Durante la mayor parte de su evolución, las sociedades humanas no se diferenciaban mucho de las manadas y rebaños de mamíferos. Asegurar la manutención del grupo era una empresa arriesgada y difícil, que exigía la dedicación exclusiva de los individuos activos. Sólo los ancianos, enfermos o impedidos, y los niños, disponían de cierto grado de tiempo libre. Según el trabajo que realizaban, existían, como mucho, tres o cuatro categorías de personas: cazadores (generalmente varones), recolectores (a menudo mujeres), ancianos, y personas inútiles para otra actividad, que podían dedicarse a labores especializadas (tallar la piedra, curar a los enfermos...). La pertenencia a una u otra clase dependía de la edad, el sexo y la constitución física del individuo. Hace unos diez mil años surgieron las ciudades y estados modernos, sociedades mucho más complejas que las tribus, con miles, millones o cientos de millones de individuos, que en algunos casos dejan pequeñas a las más grandes agrupaciones de hormigas y de termes. La diferenciación social creció. La alimentación de la población pasó a depender de la agricultura y la ganadería, ocupaciones menos peligrosas que la caza y la recolección, que además permiten que el trabajo de uno solo produzca lo suficiente para mantener a muchos. No todos tenían que ocuparse en tareas de este tipo. Aparecieron profesiones especializadas, como los guerreros, que protegían a los ciudadanos y agricultores de los ataques de sociedades vecinas rivales. A cambio de la protección, los productores primarios entregaban una parte de sus productos (los impuestos) para mantener a sus defensores. Como todo grupo humano y animal, los ejércitos adquirieron una jerarquía. Los mandos supremos poseían la fuerza, lo que les permitió obtener ventajas personales. La tendencia innata en el ser humano a preferir a sus propios hijos frente a los demás, llevó a que los cargos supremos se hicieran hereditarios. Surgieron monarquías e imperios. La sociedad se dividió en castas o clases sociales: los hijos de los soldados se hacían soldados, los de los campesinos se dedicaban a la agricultura y la ganadería. En algunos lugares, como en la India, la costumbre se convirtió en ley y la movilidad vertical disminuyó casi hasta cero. En otros, se permitió cierto grado de elasticidad social. Pero hay peligros para el éxito de las cosechas y la supervivencia de la sociedad, contra los que no sirve la protección del ejército: las irregularidades del clima. Algunas, como las estaciones, son predecibles y pueden deducirse de la posición de los astros. Los primeros hombres civilizados supusieron que los restantes fenómenos atmosféricos (tormentas, granizadas, sequías o inundaciones) también estarían relacionados con los astros o serían consecuencia del capricho de algún dios. La segunda posibilidad dio lugar a la aparición de una casta sacerdotal encargada del apaciguamiento de los seres inmortales, de cuya buena voluntad podía depender la subsistencia de la nación. La otra, llevó a los sacerdotes a desarrollar técnicas adivinatorias y la primera ciencia del hombre moderno: la astrología. Las castas sacerdotal y guerrera estaban exentas del trabajo productivo, para consagrarse a la protección de las clases agrícolas y ganaderas frente a sus enemigos divinos y humanos. Por la naturaleza de sus actividades, los sacerdotes se convirtieron en los más cultos entre los habitantes de las primeras civilizaciones. Por ello se les adjudicó la misión de llevar la cuenta de los movimientos celestes (el calendario), de los que dependían directamente las cosechas, y también de la recaudación de los impuestos y su distribución entre las clases no productivas. Su actividad condujo independientemente, en varias partes del mundo, a la invención de diversos sistemas de escritura, de notaciones numéricas, y al desarrollo de la aritmética, la segunda ciencia del hombre moderno. Una parte de la población, cuyos esfuerzos no eran necesarios para producir alimentos, se dedicó a actividades tecnológicas, con lo que surgieron nuevas especializaciones. Entre las artesanías más antiguas destacan la alfarería y la metalurgia (primero del cobre, luego del bronce, más tarde del hierro). Los artesanos solían ser personas incapacitadas para otro tipo de actividad: es frecuente que el dios de los herreros sea cojo. La proliferación de productos artesanales provocó la aparición de los comerciantes, que mediante el trueque o la moneda metálica, inventada hacia el año 700 a. de J.C., favorecieron la diseminación de los frutos del trabajo humano por extensiones que a veces sobrepasan los límites de las civilizaciones. ¿HACIA EL QUINTO NIVEL? Manuel Alfonseca 10. LA SOCIEDAD HUMANA: ¿ALGO MAS QUE INSECTOS?
30 oct 2015