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Telefónica y las telecomunicaciones
Opinión Telefónica y las telecomunicaciones [El Espacio de Investigación Europeo y sus implicaciones en España] -------------------------------------------------------------------------------- Resulta obvio destacar la permanente actualidad de Telefónica en los medios de comunicación de España, pues por algo ostenta el número uno en el rango empresarial, pero esta presencia tiene generalmente muy poca relación con lo que en BIT nos interesa como ingenieros, y que es el objeto preferente de nuestra actividad y de la de la empresa: las telecomunicaciones, de las cuales o bien no se habla, u ocupan una atención indirecta a las informaciones económicas, políticas o empresariales que centran la noticia Los ciudadanos españoles han debido de verse sorprendidos por las dos etapas recientes que han centrado esta información: al comienzo del primer gobierno del PP, la atención a Telefónica se centró en un despiadado ataque a Telefónica y a su presidente, a quien los medios del Grupo PRISA designaban como "el amigo de Aznar", blanco de los ataques al gobierno en lo que se denominó "la guerra digital", en la que se enfrentaron los periodistas en dos bandos irreconciliables de amigos y enemigos del gobierno. El origen de la "guerra" fue el establecimiento de una empresa que rompió el monopolio de la TV de pago ostentado por el Grupo PRISA, y la compra por Telefónica de diversos medios de comunicación audiovisual (Antena 3, Onda Cero, etc.), que se interpretó nada menos que como un ataque a la libertad de prensa. De una forma mágica, y un mes antes de las elecciones, cuando más fuertes eran los ataques a Telefónica por el asunto del próximo cobro por 100 directivos de las opciones sobre acciones (por un importe de casi 80.000 millones de pesetas), que se constituyó nada menos que en la base de la campaña electoral, la situación cambió radicalmente, y el Grupo PRISA cesó en sus ataques a Telefónica, y tras las elecciones, los otrora opositores se convierten en los partidarios del presidente de Telefónica (que ha pasado de ser "el amigo de Aznar" al "perseguido por Aznar"), que es atacado por sus antiguos defensores, en lo que en sí se presenta como otra guerra a cara de perro entre periodistas enfrentados por la gestión de Telefónica. En esta batalla han sido muy pocas las intervenciones de los ingenieros de telecomunicación, y tal parece que el asunto no nos concierne, cuando la realidad es que el hecho de que la telecomunicación no aparezca en la lucha dialéctica, la misma está subyacente y muy directamente relacionada con la misma, como se expondrá a continuación. Empezaré diciendo que la "guerra digital" se ha terminado porque Telefónica y el Grupo PRISA han llegado a un acuerdo por el que se establecerá un maridaje entre la red Internet de Telefónica (su portal Terra) y los contenidos del Grupo de comunicación, para su difusión en un mercado potencial Iberoamericano que supeera los 400 millones de personas. Es sabido que la red móvil igualará en número de terminales a la red fija en los próximos años (en España ya se produjo el sobrepaso a mediados del año 2000), que los terminales de Internet igualarán a los de la red móvil pocos años después, y que el tráfico será preferentemente de datos en una red mundializada a finales de la década. Puesto que la integración de redes y servicios es una realidad imparable, debida a la digitalización, aquél operador que no prevea un sistema integrado telecomunicaciones-multimedia-audiovisual (Nueva Era, según la U.I.T.), está condenado a ser absorbido por la competencia. Puesto que en esta nueva realidad los contenidos de la red poseen más valor añadido que los de mera infraestructura, los operadores de tráfico necesitan reconvertirse en operadores de valor, lo que se convierte en cuestión de supervivencia adquisiciones como las tan antes criticadas de Telefónica (Vía Digital, Antena 3, etc.), y pactos como los previstos para darle contenido a los portales de Internet. Sería absurdo que la primera multinacional española en telecomunicaciones no se aliara con la primera multinacional española en contenidos para competir conjuntamente en el mercado exterior en español (2º mundial en Internet, con más del 9%, según la UIT). El que estas empresas sean amigas del gobierno de turno, o dejen de serlo, es totalmente irrelevante para el interés nacional. La importancia de los portales nos la da un dato, que se ofrece en la publicación Millenium (1999) de la UIT: en un mundo globalizado por la información, el comercio representa el 70,2% del valor económico; la electrónica el 11,2%; las telecomunicaciones el 8,7%; la industria editorial el 5,7% y el entretenimiento electrónico el 4,2%. Puesto que en un mundo intercomunicado con equipos móviles personales las transacciones comerciales serán electrónicas por la red, introducidas a través de los portales, que cobrarán una comisión por ello, el coste de la telecomunicación tiende a ser subsidiario, por lo que quien base su negocio exclusivamente en la explotación de la red irá a la quiebra, por la prevalencia de los contenidos, pero quien descuide la calidad y prestaciones de la red será desplazado del negocio, pues la misma se convierte en el soporte estructural de la economía de la sociedad del conocimiento. Podemos hablar de Telefónica como ingenieros tanto desde el punto de vista empresarial y de los contenidos (empresas, alianzas, valor de las acciones de bolsa, etc.) como desde el punto de vista de las tecnologías y de calidad de la red, pues ambos nos competen, pero puesto que a esta segunda faceta no se le dedica excesiva atención, me centraré en ella por ser la más conflictiva, aunque relacionándola con la anterior. El hecho de que las acciones suban o bajen tiene su importancia, máxime cuando más de dos millones de españoles han confiado sus ahorros al valor de la empresa, pero este es sólo un indicativo de la gestión, ya que la empresa también se gestiona a largo plazo. La realidad es que en 1996 el valor de la acción apenas alcanzaba los 5 ¤, y el 6 de marzo de 2000 valía seis veces más, si bien el 16 de junio este valor había caído un 34,11%, lo que representó una pérdida de capital de 687.000 millones de pesetas en un solo día. Es tan elogiable aumentar la capitalización bursátil como criticable su desvalorización, pero un análisis empresarial debe ir más a las causas que a los efectos. Las causas de que suba el valor bursátil de una empresa operadora dominante de telecomunicación son muy diversas, pero es muy difícil que baje cuando todas las del entorno están subiendo. A efectos comparativos, y según datos de la propia Telefónica, entre el 30-06-96 y el 14-01-00 la rentabilidad del accionista de Telecom Italia fue del 478% mientras que la del de Telefónica fue del 482%, lo que las hace prácticamente equivalentes. Mientras que la expansión exterior de Telefónica tuvo éxitos como su introducción en Brasil y la consolidación de su política en Hispanoamérica, se produjeron dos hechos que empañan esta brillante actuación en el solar patrio: la destecnificación por pre-jubilaciones y la consecuente pérdida de inmovilizado material por falta de inversión, que influyen muy directamente en la falta de calidad y competitividad de la red española de cara al futuro. El 1-01-96 Telefónica tenía una plantilla, en España, de 69.543 personas, mientras que el 1-01-99 había bajado a 58.127 personas, ya que en el convenio de 1997 se acordó la rebajar la jubilación de 57 a 55 años (y posteriormente a 52), al objeto de dejar la plantilla por debajo de las 50.000 personas el 1-01-01. Esto tiene un coste técnico, la destecnificación por pre-jubilaciones (los especialistas de mayor experiencia rondan los 52 años), y un coste económico, que la prensa informó era de 459.500 millones de pesetas por indemnizaciones para 13.967 empleados entre los años 1999 y 2000. ¿De dónde sale este dinero?. La solución de Telefónica para el problema ha sido simple: disminuyendo la inversión y contabilizando el coste con cargo a reservas, y no a la cuenta de resultados, por lo que se falsea el beneficio según el Plan General de Contabilidad y el artículo 192 de la Ley de Sociedades Anónimas; en consecuencia, el inmovilizado material neto, que era de 2.992.254 millones de Pta. en el ejercicio de 1996, ha pasado a ser de 2.659.560 millones de Pta. en 1998, lo que indica una descapitalización de planta del 11,11% en dos años (los datos de 1999 ya no figuran en la Memoria Anual de accionistas, lo que hace temer lo peor). De hecho, la inversión en España en 1998 fue inferior en un 42,37% a la del ejercicio anterior. Es un hecho que gracias a esta política de disminución de personal y de no repartir beneficios, una empresa consigue aumentar artificialmente el valor de la acción bursátil, pero si ello es a costa de su destecnificación y descapitalización, esta política se convierte en especulativa, máxime en una empresa que ya era líder en Europa en el índice de líneas por empleado con el que se determina su productividad. La situación de la red es por tanto precaria, por falta de calidad, lo que justifica la actitud de Telefónica de impedir la tarifa plana de Internet, pues con el equipamiento actual no se podría soportar. Y el problema es que es ahora precisamente cuando sería necesario disponer de una red acorde con las necesidades de una sociedad desarrollada que exige una moderna y actualizada infraestructura de telecomunicaciones de la que España carece. Posiblemente el interés del presidente de Telefónica de radicarse en Miami no es sino una pública confesión de que España carece de la infraestructura necesaria para gestionar desde Madrid una empresa multinacional de la magnitud de Telefónica. Y mientras tanto, la prensa sigue empeñada en temas tales como la amistad o enemistad entre el presidente de Telefónica y el de la Nación. Realmente curioso. Aquilino Morcillo Crovetto Ingeniero de Telecomunicación [email protected]
30 oct 2015