Artículo BIT
La Unión Europea y lasreglas de juego
El gigante francés de telecomunicaciones, France Telecom (FT),está a punto de asumir, después de hacerse con la mayoría de lasacciones de la compañía española Amena, la gestión y el control denuestro tercer operador de telefonía móvil, que pasará del verde bri-llante al naranja intenso. Este hecho, unido a la actual presencia de FT en España en telefo-nía fija e Internet, a través de Uni2 y Wanadoo, respectivamente, supo-ne una importante presencia activa de un “big player” europeo global,la del incumbente de nuestra vecina Francia, en un país ajeno, el nues-tro. Muchos piensan que esta nueva situación supondrá una mayor competencia, con el consiguien-te beneficio final para el usuario, y se felicitan por ello. Aunque este argumento será probablemen-te, aunque no necesariamente, cierto, conviene recordar que la competencia ya existía con Amenaen este sector. Pero, por encima de la apertura de los mercados están las reglas del juego, pues FT sigue tenien-do al Estado francés como accionista más que significativo. Y se mantiene esta singularidad en contra de las recomendaciones emanadas de la ComisiónEuropea, asumidas en su día por los estados miembros, incluido el francés, para fomentar la com-petencia en un mercado donde las iniciativas privadas lideren el desarrollo de las telecomunicacio-nes europeas, cuestión que, ahora sí, influye de manera importante en los intereses de nuestro país. Muchos de los estados miembros de la UE no asumen que es imposible la competencia efectivay real en este sector con empresas significativamente participadas por el propio Estado, que no dejade ser juez y parte. Pero si esto es, en sí, preocupante, más lo es que estas empresas salgan a com-petir con ventaja con empresas privadas a países ajenos. Que es exactamente lo que está pasando. La realidad ha demostrado una vez más la capacidad del Estado francés de intervenir de formaartificial en su mercado, impulsando y apoyando abiertamente a su operador con fondos públicoscuando ha considerado oportuno. Lo hizo cuando France Telecom estaba prácticamente en quiebratécnica mediante una ampliación de capital soportada por todos los ciudadanos franceses. Y, denuevo, lo hace con la compra de Amena, en un momento en que la empresa francesa acumula unadeuda de enorme relevancia, cuestiones ambas que difícilmente hubiera asumido cualquier empre-sa privada que lo hubiera intentado. En definitiva, FT actúa de una forma en que Telefónica difícilmente podría. Y ambas van a com-petir en el mismo mercado, el nuestro. Como corresponde a un país que sí ha hecho sus deberes, el Gobierno español poco puede hacerformalmente para impedir la compra de Amena sin romper los compromisos adquiridos de respetoa las reglas del juego europeas. Por eso, dando ejemplo en este sentido, se dio por enterado de laoperación y decidió no intervenir. La conclusión de este proceso nos lleva a la dura convicción de que existen países que parecenno desear el mercado único europeo en telecomunicaciones. Con situaciones como éstas puede concluirse que la responsabilidad de la Comisión Europeaqueda, al menos, comprometida. No tiene sentido perseguir con ahínco las acciones de oro quealgunos Estados ejercen quizá con excesivo rigor y permitir, distrayendo la mirada, que haya paísesmiembros de la UE que mantienen fuertes presencias accionariales en sus operadoras de telecomu-nicación. La Comisión Europea debería revisar el grado de cumplimiento de sus recomendaciones en estamateria y mantener, con eficacia si puede, que las reglas de juego sean las mismas para todos. De otra forma, nunca llegaremos al objetivo de un mercado plenamente liberalizado o, lo quees peor, será ocupado de manera poco justa e ineficiente por quienes mantienen políticas abierta-mente proteccionistas para sus empresas. Al menos, deberíamos tomar nota para el futuro que, ahora sí, nos va a ir mucho en ello.
30 oct 2015