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V CONGRESO DE INGENIEROS DE TELECOMUNICACIÓN CIT 2007. BARCELONA. Un congreso para el debate
on el objetivo de aunar un lugar de encuentro entre profesionales donde, además, se pudieran intercambiar experiencias en un ambiente agradable, se marcaron dos grandes líneas de actuación: potenciar la participación aumentando el número de participantes (y por supuesto de acompañantes) y confeccionar un programa atractivo con muchos espacios destinados al debate y al intercambio de experiencias combinados con actividades lúdicas para todos los asistentes. Un gran reto El reto era importante, y para mayor complejidad se decidió cambiar la ubicación del congreso (siempre se había celebrado en la Comunidad de Madrid): Barcelona. Al principio parecía una apuesta arriesgada, puesto que podía incidir negativamente en el número de asistentes, pero la experiencia nos ha demostrado todo lo contrario. Barcelona ha sido un destino muy atractivo para los congresistas (y sobre todo para los acompañantes) y además nuestros compañeros de la demarcación catalana del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COETC) se han volcado en ayudar en todo lo posible. Respecto al número de congresistas y acompañantes, podemos decir que se han superado nuestras expectativas más optimistas, reuniendo más de 200 personas cuando en la anterior edición nos quedamos en 130. En cuanto al programa del congreso, la apuesta también era arriesgada. Empezando porque por primera vez, se definieron unas Mesas de Trabajo con el objetivo de recabar las opiniones, nuevas ideas y soluciones de los participantes a los principales problemas a los que debe enfrentarse un Ingeniero de Telecomunicación en el desarrollo de su actividad profesional. Se definieron cuatro Mesas: 1. Coste aproximado de Proyectos 2. Iniciación a la Actividad Profesional 3. Servicios COIT y atención al Colegiado Marta Balenciaga Arrieta Ingeniero de Telecomunicación Vocal 5º COIT Carlos Fernández Valdivielso Ingeniero de Telecomunicación Vocal 1º COIT V CONGRESO DE INGENIEROS DE TELECOMUNICACIÓN CIT 2007. BARCELONA Un congreso para el debate Cuando un grupo de ingenieros de Telecomunicación de diversas zonas de España (Galicia, Cataluña, Andalucía, Baleares, Madrid y Navarra) comenzamos, hace casi un año con mucha ilusión, la organización del V Congreso de Ingenieros de Telecomunicación (CIT 2007) nos planteamos un objetivo fundamental: dar un giro al modelo tradicional de congreso con numerosas ponencias de contenido técnico hacia un espacio donde los participantes tuvieran más protagonismo y se sintieran parte activa del colectivo. El congreso debía ser un lugar de encuentro entre profesionales de toda España, para conocernos, intercambiar experiencias en un entorno agradable y en un ambiente desenfadado y que nos sirviera para “desconectar” de nuestra realidad diaria. C De izda. a dcha.: Tony Brey, Amalia Falcón, Bernardo Balaguer, Carlos Fernández, Marta Balenciaga y Joan Ribes. V CONGRESO DE INGENIEROS DE TELECOMUNICACIÓN CIT 2007. BARCELONA 4. Nuevas oportunidades de Negocio En la Mesa 1 se trataba de establecer los procedimientos para calcular el coste medio que soportan los Ingenieros de Telecomunicación a la hora de realizar los diferentes proyectos. En la Mesa 2 se pretendía debatir las pautas a seguir para una buena iniciación a la actividad profesional y evitar la competencia desleal. En la Mesa 3 se buscaba recopilar la opinión de los Congresistas sobre los servicios que el COIT ofrece a sus Colegiados, defectos-virtudes y mejoras, así como presentar los nuevos servicios que ha puesto o va a poner en marcha la Nueva Junta de Gobierno. Por último, en la Mesa 4, se trataba de poner en común actividades de los Ingenieros de Telecomunicación para elaborar un listado de posibles nichos de negocio y establecer un plan de actuación desde el COIT para su fomento. Sobrepasando las expectativas Inicialmente, no sabíamos cómo resultaría el experimento, si los asistentes se apuntarían, colaborarían, aportarían experiencias y comentarios, o si preferirían descansar, o simplemente pasear por la ciudad en lugar de debatir sobre la profesión. La respuesta de los congresistas ha sido fantástica y ha desbordado las previsiones iniciales. La mayoría de los asistentes al Congreso ha participado en alguna de las mesas de trabajo y ha contribuido al debate con sus opiniones y experiencias. Las dos primeras mesas se convirtieron en una única, y la cuarta, ¨Nuevas Oportunidades de Negocio¨, suscitó tanto interés que hubo que separar a los asistentes en tres grupos y cazar a lazo algún moderador que no estaba previsto. Tres premisas circulaban por todos los grupos de trabajo: aportar ideas, crear debate y sacar conclusiones Tenemos que agradecer en este punto el trabajo realizado por los moderadores de cada Mesa, que en la noche del viernes, después de la Cena de Gala y el baile, tuvieron que preparar la presentación de las Conclusiones para exponerlas en la mañana del sábado. Las conclusiones extraídas de cada Grupo serán canalizadas a la estructura profesional del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación para mejorar su funcionamiento y orientar sus pasos a realizar acciones que nos ayuden a mejorar, optimizar y ampliar nuestra profesión. Sesenta y uno de los Congresistas que han contestado a la encuesta final que se circuló han respondido que SÍ repetirían de nuevo este esquema de Mesas de Trabajo en el próximo Congreso, y 2 personas han contestado que NO. Con estas respuestas, el Comité Organizador está animadísimo a repetir la experiencia dentro de dos años, mejorando todos aquellos aspectos que digamos, han fallado este año por la novedad, se ampliará el tiempo dedicado a las mismas, se mejorará la logística, y conseguir que esos dos colegiados se pasen al bando del SÍ. Personalidades en la inauguración Respecto al resto del Programa, después de la Inauguración Oficial del Congreso a cargo de D. Jordi Bosch, Secretario de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información de la Generalitat de Cataluña, se comenzó realizando un recorrido por la evolución del COIT desde el Una instantánea de la cena de Gala. También hubo tiempo para bailar. último congreso celebrado en 2005, así como una exposición de los objetivos que la nueva Junta de Gobierno se ha planteado para esta nueva legislatura. Entre ellos, Francisco Mellado, Vicedecano del COIT, en la conferencia inaugural del CIT 2007, destacó que la Junta de Gobierno está trabajando para “afianzar el ejercicio profesional del ingeniero de telecomunicación, tanto en el sector público como en el privado y, de forma destacada, la figura del facultativo competente”. Por su parte, Miguel Ramírez Martín, Decano del Col·legi Oficial de Enginyers de Telecomunicació. Catalunya (COETC) incidió en la importancia de estos congresos para consolidar la profesionalización de los ingenieros de telecomunicación, tanto dentro del colectivo como en el resto de la ciudadanía, en un sector, apuntó, que está lleno de posibilidades y que abre nuevas vías continuamente. La mañana del viernes, en una sesión moderada por Carles Martín Badell, presidente de ACET, comenzó con una exposición de Marcel Coderch, vicepresidente de la CMT, quién expuso la situación actual de la regulación de las telecomunicaciones en la Unión Europea y el traslado y adaptación de la misma a España, dejando vislumbrar un escenario complejo, pero con oportunidades para los emprendedores. A continuación, presenciamos un bloque de ponencias muy aplaudidas en el que diferentes ingenieros de telecomunicación presentaron sus proyectos empresariales: desde pequeños gabinetes donde trabajan dos ó tres personas, hasta grandes empresas con más de 70 empleados repartidos por la geografía española. La exposición de estos modelos empresariales perseguía ofrecer a los ingenieros de telecomunicación nuevas oportunidades, perspectivas y tendencias de la actividad profesional plasmadas en una realidad: la empresa. La aportación de los patrocinadores Posteriormente escuchamos a nuestros patrocinadores: ASTRA, IKUSI y GMV, que expusieron el grado de avance tecnológico en sus respectivas líneas de trabajo, destacando el nivel de innovación en sus empresas y el papel crucial de los ingenieros de telecomunicación. A ellos, gracias por su apoyo al CIT 2007. También tenemos que citar y agradecer a las dos empresas colaboradoras del congreso: AMIC (Asociación Mutualista de la Ingeniería Civil) y Caja de Ingenieros. Por último, en la tarde del viernes, se insistió en la importancia que ha tenido la entrada en vigor del nuevo Código Técnico de la Edificación (CTE) para el colectivo profesional, y se hizo un recorrido del mismo, presentando las nuevas oportunidades profesionales que nos proporciona a los Ingenieros de Telecomunicación, al poder actuar estos como proyectistas o poder colaborar con otros profesionales en la realización de los diversos proyectos parciales de instalaciones o tecnologías que forman parte de las edificaciones. Se creó un interesantísimo, a la par que divertido, debate entorno a este tema. ¿Los Ingenieros de Teleco V CONGRESO DE INGENIEROS DE TELECOMUNICACIÓN CIT 2007. BARCELONA Un momento durante el Congreso. De izda. a dcha.: Enrique Gutiérrez, Jordi Bosch y Miquel Ramírez. debemos meternos en todas las puertas que nos abre el CTE? (Plan de negocio SUPERCORB) ¿O quizá sólo en aquellas más “propias” de nuestra profesión? (Plan de negocio DELICATEBREI). Clausura El congreso fue clausurado en la mañana del sábado por D. Bernardo Lorenzo Almendros, Director General de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información de la Secretaria de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información, acompañado por el Decano Presidente del COIT, D. Enrique Gutiérrez Bueno, y el Decano de la Demarcación de Cataluña (COETC), D. Miquel Ramírez. En este acto, el Decano Presidente del COIT, incidió en la importancia que tiene el Colegio para “ejercer la profesión en la sociedad del siglo XXI”. Y apuntó que los ingenieros de telecomunicación se encuentran dentro de un sector “lleno de oportunidades”. En definitiva, podemos concluir que el congreso ha sido todo un éxito de participación y de contenido, salvo en dos pequeños aspectos: el “timing” del programa (este problema se ha convertido en un “clásico” de nuestros congresos, nunca conseguimos ajustarnos a los horarios preestablecidos y siempre superamos los tiempos marcados, incluso algunos casi pierden el barco del último día) y el baile. Una vez más se pudo contrastar empíricamente que los ingenieros de telecomunicación no destacamos por nuestras dotes y artes en la pista de baile, salvo honrosas excepciones. Todos nos llevamos un gran recuerdo del congreso y de Barcelona (incluyendo una reproducción de la salamandra de Gaudí). Hay que agradecer el esfuerzo económico y humano realizado, al COIT y a las Administraciones (tanto a la catalana como a la española) por su apoyo y presencia en los actos oficiales del congreso. Ahora toca comenzar a trabajar en la siguiente edición, que será en Málaga durante el 2009. Barcelona ha dejado el listón muy alto, pero apostaremos por superarlo. Entrecruzar trayectorias Antoni Brey Ingeniero de Telecomunicación Vocal del COETC Empiezo como el abuelo de las batallitas: recuerdo el Primer Congreso de Ingenieros de Telecomunicación... vaya, ¡ya han pasado unos cuantos años! ¿Existía Internet? Sí, pero casi no. ¿Y móviles? También, pero tampoco. Desde luego, ni WiMax, ni TDT, ni tantas otras cosas. ¿Y las ICT? Aquello fue, en ese tema, algo parecido a la sala de partos. Ciertamente, han pasado ya unos cuantos años y nuestro sector se ha transformado profundamente, tal vez como pocos. Ahora bien, los ingenieros e ingenieras, las personas, seguimos siendo en algunos casos (bastantes) los mismos. Durante este tiempo nos hemos ido adaptando a los cambios, hemos evolucionado e, incluso, hemos prosperado. Me gusta la palabra “prosperar”: consiste en seguir una trayectoria vital cuya función tiene derivada positiva. Cada uno sigue la suya, y en los CIT se entrecruzan las de muchos de nosotros. Para eso, justamente, sirven los congresos hoy, para entrecruzar trayectorias, para conectar, para tejer la red de contactos profesionales y de relaciones personales que nos ayudan a prosperar en todos los sentidos. Creo que en el CIT07 de Barcelona se ha conseguido de nuevo, y estoy seguro que en el futuro sucederá muchas veces más. De izda. a dcha.: Enrique Gutiérrez, Bernardo Lorenzo y Miquel Ramírez.
30 oct 2015
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XIX Encuentro de las Telecomunicaciones en Santander
XIX Encuentro de las Telecomunicaciones en Santander El XIX Encuentro de las Telecomunicaciones, organizado por AETIC y la Fundación Telefónica, se ha celebrado del 5 al 8 de septiembre en el incomparable marco de la UIMP en La Magdalena, está vez con el lema "Tiempo de Convergencias", que ha contado con el patrocino de 21 de las empresas más importantes del país en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones y la colaboración de Red.es. César Alierta, Presidente de Telefónica, el primer interviniente, hizo un repaso por todos los logros alcanzados por su compañía en 80 años y destacó que "el tamaño es un factor básico para la competitividad" Sin duda, Telefónica, 2ª compañía integrada de Telecomunicaciones del mundo tiene un tamaño que le permite ser líder en una gran cantidad de mercados y seguir apostando por entrar en otros, pero "con inversiones muy prudentes, selectivas, que sean "gestionables y aporten valor", como destacó Alierta. Jesús Benegas, presidente de AETIC, cuya ponencia se titulaba "Más allá de la convergencia: Creatividad", habló de la "innovación disruptiva" y dijo que España debe converger como un paso intermedio para poder liderar después". Reinaldo Rodriguez, presidente de la CMT, habló de la regulación, como no podía ser de otra forma y abogó por un nuevo marco, más flexible y más orientado al mercado. Dijo que habría que tener una regulación "homogénea para agentes y actividades", que "promueva la competencia en beneficio de los ciudadanos", que "permita a los agentes acceder a los recursos de que carecen", que "evite el bloqueo de los procesos" y que "sea transparente y de desarrollo y aplicación rápida". Francisco Román, consejero delegado de Vodafone, durante su presentación advirtió del riesgo de forzar la competencia en móviles y reconoció que en los tiempos que corren "hay que jugársela en el mercado", y que ya es bastante tragedia que en España "tengamos que hablar tanto de regulación y no de clientes o de innovación y desarrollo". Sin duda una de las intervenciones más esperadas y aplaudidas fue la de Julio Linares. El presidente de Telefónica de España demandó una regulación que limite la ocupación de las infraestructuras de la compañía, ya que según advirtió, en el marco legal actual no existe incentivo alguno para invertir en bucles de acceso más avanzados. Durante su intervención, Linares explicó que todo el El Secretario de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Informaci.n, Francisco Ros, clausur. el 8 de septiembre, el XIX Encuentro de las Telecomunicaciones de la Universidad Internacional Men.ndez Pelayo (Santander), que se celebr. bajo el lema ÔTiempo de ConvergenciasÕ. mundo tiene la opción de invertir en una zona nueva o en nueva tecnología, por lo que no debería existir obligación de abrir a terceros las infraestructuras fruto del esfuerzo inversor de una compañía concreta; por ello, demandó un nuevo modelo regulador que estimule las nuevas inversiones. También recalcó que la banda ancha es el servicio que más crece en España, con una oferta amplia y variada y con una penetración mayor que la media europea, a pesar del déficit existente en otros servicios relacionados con este tipo de acceso e indicó que ese crecimiento ha sido posible gracias al esfuerzo inversor y comercial realizado desde los operadores fijos. La inauguración de las jornadas fue realizada por El ministro Montilla que, después de repasar la situación en la que se encuentra nuestro país en materia de TIC y hablar de las diversas actuaciones en relación al Plan de Convergencia, lanzó un mensaje para navegantes al decir que se revocarían las licencias de UMTS a los operadores que en la próxima primavera no tuviesen sus redes desplegadas y ofertas comerciales. Además de la Regulación, otro de los temas que se trató ampliamente este congreso sobre la Convergencia, con numerosas opiniones manifestadas en contra, fue el de los Operadores Móviles Virtuales, ya que todos los operadores móviles consideraban que hay un grado de competencia suficiente, aunque también contó con alguna a favor (BT), pero siempre que "fuese mediante acuerdos comerciales y no forzados por la Regulación". En cuanto a nuevos servicios, la televisión sobre el móvil y la TV interactiva, sobre infraestructuras IP de banda ancha marcaron el protagonismo. Durante la clausura del seminario, Francisco Ros, Secretario de Estado de Telecomunicaciones, anunció que la liberalización completa de los precios de Telefónica no se producirá en el año 2006, con lo que la intervención del Gobierno en esta pieza clave del sector de las telecomunicaciones se extenderá durante 24 meses más. Ros explicó este nuevo retraso por la tardanza en transponer a la normativa española las exigencias regulatorias sobre mercados de referencia de la UE. u XIX Encuentro de las Telecomunicaciones en Santander
30 oct 2015
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Sobre la etimología de Telecomunicación
Antonio Pérez Yuste Universidad Politécnica de Madrid Miembro del Foro Histórico Recordando la historiaRecordando la historia Sobre la etimología de Telecomunicación Telecomunicación es una palabra de uso cotidiano cuya definición, más ampliamente extendida en la actualidad, es una versión revisada de la recogida en la Constitución y el Convenio de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) de 1932. Según esta influyente organi zación, ligada a las Nacio nes Unidas, Telecomunicación es “toda transmisión, emisión o recepción de signos, señales, escritos, imágenes, sonidos o informaciones de cualquier naturaleza por hilo, radioelectricidad, medios ópticos u otros sistemas electromagnéticos”. Definición algo extensa pero que contiene los tres elementos que están presentes en todo sistema de telecomunicación moderno: la información, la comunicacióny el medio. Siguiendo a Sebastián Olivé, en su obra “Primeros Pasos de la Telecomunicación”, la Conferencia constituyente de la UIT de 1932 –celebrada, a la sazón, en la ciudad de Madrid– adoptó el nombre “Telecomunicación” como término comprensivo (omnicomprensivo, dice él), de todas las formas de comunicación a distancia conocidas en aquella época. Así, la pro pia Conferencia describió entonces la telecomunicación como “toda comunicación telegráfica o telefónica de signos, señales, escritos, imágenes y sonidos de toda naturaleza, por hilo, radio o por otros sistemas o procedimientos de señalización eléctricas o visuales (semáforos)”. Definición ésta que, como puede apreciarse, es sólo ligeramente distinta de la utilizada en la actualidad. En aquella ocasión, la UIT, además de adoptar su nombre actual –que entró en vigor, ofi cialmente, el 1 de enero de 1934, sustituyendo al de “Unión Telegráfica Internacional” empleado hasta entonces– tomó la decisión de refundir el Convenio Telegráfico Internacional, de 1865, y el Convenio Internacional de Radiotelegrafía, de 1906, en un único Convenio Internacional al que llamó de “Telecomunicaciones”. Quizás eso explique por qué razón se piensa, en algún caso, que fue la Conferencia de Madrid de 1932 la que alumbró tan esclarecido nombre. Pero no fue así. “A comienzos del siglo XX el término ‘Telecomunicación’ era sinónimo de modernidad y progreso. Algunas empresas lo incorporaron a su nombre como forma de incrementar su valoración social” bit 156 ABR.-MAY. 2006 77 RECORDANDO LA HISTORIA. Sobre la etimología de Telecomunicación Telecomunicación como sinónimo de modernidad Antes de celebrarse la antedicha Conferencia de Plenipotenciarios, Juan Antonio Galvarriato ya empleó el término, en 1920, en su famoso libro “El Correo y la Telecomunicación en España”. Al referirse al conjunto de técnicas empleadas para “transportar noticias” por medios eléctricos (telegrafía, telefonía, radiotelegrafía y radiotelefonía), Galvarriato utilizaba el nombre “Telecomunicación” y anticipaba, incluso, que ésta habría de convertirse, en un futuro, en “la sustituta racional del Correo”. Como también, la clase política española venía utilizando el término con total naturalidad antes de la Conferencia de Madrid. Gabino Bugallal, Ministro de la Gobernación con Manuel Allendesalazar, en 1921 ordenó al Director General de Correos y Telégrafos, Fernando Barón, Conde de Colombí, la redacción de un proyecto de ampliación y mejora de los “servicios de telecomunicación”. El resultado, conocido como Proyecto de Colombí, debía servir de base para la discusión en las Cortes de una Ley que viniera a sustituir a la promovida por Juan de la Cierva en 1907. A partir del trabajo realizado por el Conde de Colombí, Bugallal preparó un Proyecto de Ley que no llegó a ser debatido por las Cortes. Al mes escaso de su entrada en el Congreso se produjo el Desastre de Annual y con él, la caída de Allendesalazar y de todo su Gabinete. Al menos, en la Biblioteca del Congreso nos ha quedado el texto íntegro del Proyecto de Ley, cuyo artículo primero nos permite rememorar cuán ambicioso era su alcance: Retrato del Ingeniero de Telégrafos francés Édouard Estaunié Se autoriza al Ministro de la Gobernación para reorganizar los servicios de telecomunicación, ampliando los telegráficos y radiotelegráficos, el telefónico, nacional e internacional, el de cables submarinos, estableciendo al propio tiempo el radiotelefónico y los pneumáticos (sic), adquiriendo aparatos rápidos y dotando los servicios que se amplían y crean, con el personal y los medios necesarios para su explotación, dentro de las prescripciones de esta ley. Por su parte, en la Escuela Oficial de Telegrafía era habitual utilizar el término “Telecomunicación” para referirse al conjunto de técnicas establecidas para realizar una comunicación a distancia mediante el empleo de la electricidad. En su primer Plan de Estudios, aprobado en agosto de 1913, dentro de su Sección Tercera –conocida como Sección de Estudios Superiores– aparecía una asignatura, denominada “Telecomunicación”, que se impartía en tres semestres consecutivos con el siguiente contenido: telegrafía, en el primer semestre del segundo curso, telefonía y radiotelegrafía, en el segundo semestre del segundo curso, y líneas telegráficas aéreas, subterráneas y submarinas, en el único semestre del tercer curso. Más aún, en aquellos años, el término “Telecomunicación” era sinónimo de modernidad y progreso, hasta el punto de que algunas empresas lo incorporaron a su nombre como forma de incrementar su valoración social. Era algo muy parecido a lo que representó el término “puntocom” hace poco, o a lo que significó el sufijo “tronics” en los años 70. Fueron los casos, por ejemplo, de la “Compañía Ibérica de Telecomunicación”, creada en 1916 por Antonio Castilla, pionero español del “broadcasting” –nombre por el que era conocida la radiodifusión en aquellos años–, o de la “Compañía de Telecomunicación y Electricidad” (TESA), creada en 1919 por Enrique Parellada, a la sazón socio fundador de la Compañía Peninsular de Teléfonos y de buena parte del sistema telefónico español anterior a la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE). Telecomunicación como sinónimo de transmisión de información Pero no fue España, sino Francia, el país al que cabe el honor de haber acuñado el término “Telecomunicación” nada más iniciarse el siglo XX. En 1901, el Ingeniero de Telégrafos Édouard Estaunié sustituyó a Leon Thévenin como Director de la “École Professionnelle des Postes et Télégraphes” de París asumiendo, además, la impartición de 78 bit 156 ABR.-MAY. 2006 RECORDANDO LA HISTORIA. Sobre la etimología de Telecomunicación Portada del libro de Juan Antonio Galvarriato, publicado en 1920 una asignatura sobre telefonía y telegrafía. Ambas materias habían sido consideradas, tradicionalmente, disciplinas separadas, pero Estaunié se dio cuenta de que no eran sino manifestaciones tecnológicas diferentes de una misma cosa. A partir de sus apuntes de clase, publicó, en 1904, la obra “Traité Pratique de Télécommunication Électrique (Télégraphie- Téléphonie)”, en la que proponía el término Telecomunicación para describir la “transmisión del conocimiento a distancia mediante el uso de la electricidad” y recogía bajo esta definición las técnicas de transmisión conocidas hasta entonces, esto es: la telegrafía, con y sin hilos, y la telefonía. Con su definición, Estaunié se adelantaba, sin él saberlo, al concepto teórico de información que más tarde habrían de sistematizar personajes de la talla de Hartley (1928), Nyquist (1929) y, por supuesto, Shannon (1948). Como él mismo decía, había construido su nueva palabra a partir del vocablo griego “tele” (lejos, a distancia) y del vocablo latín “communicare” (poner en común, hacer partícipe, compartir), resultando, al juntar ambas, la expresión “compartir a distancia”. Si a esto se le añade, ahora, la utilización que de la expresión “communicare” se hacía antiguamente para “hacer partícipe” a una persona de una noticia por medio del correo, se llega, finalmente, a la semántica completa del término “Telecomunicación” que motivó el alumbramiento de esta palabra, hoy universal. Pese a la brillantez del razonamiento de Estaunié, no parece que el ingeniero francés se sintiera especialmente cómodo añadiendo su nuevo vocablo a un diccionario que, según él, “era ya demasiado rico”. Precisamente, en su obra referida escribía lo siguiente en un tono bastante poético: J’ai dû ajouter un mot nouveau à un glossaire déjà trop riche au gré de nombreux électriciens. J’espère qu’on voudra bien me le pardonner. Les mots naissent dans les sciences neuves, comme les plantes au printemps. Il faudra s’y résigner, et il n’y a que demi-mal, puisque l’été qui doit suivre se chargera d’élaguer les mauvaises pousses. [He tenido que añadir un nuevo nombre a un glosario, ya demasiado abultado para el gusto de numerosos ingenieros eléctricos. Espero que me perdonen por ello. Las palabras nacen en las nuevas ciencias, como las plantas en primavera. Habrá que resignarse, no es más que un mal menor, pues el verano que venga ya se encargará de podar los malos brotes.] No en balde, Estaunié alcanzó en Francia una reconocida fama como novelista y ensayista, hasta el punto de ocupar un sillón en la selecta Academia Francesa de la Lengua en 1923. Pero esa es una historia para ser contada en otra ocasión.
30 oct 2015
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De la Cierva y la primera Ley de Telecomunicaciones de España
Antonio Pérez Yuste Universidad Politécnica de Madrid Miembro del Foro Histórico Recordando la historiaRecordando la historia De la Cierva y la primera Ley de Telecomunicaciones de España La Ley General de Telecomunicaciones, de 2003, consolidó en España un marco armonizado de libre competencia cuya construcción se había iniciado, al menos formalmente, cinco años antes, al señalarse por el Gobierno la fecha del 1 de diciembre de 1998 como punto de partida para la liberalización total del mercado de las telecomunicaciones, una vez que culminara con éxito, a finales de 1996, un intenso proceso de negociación con la Comisión Europea (CE). Apesar de lo antedicho, lle-ajustarse la prestación de las diver-durante mucho tiempo y que gar a la fecha del 1 de sas modalidades de telecomunica-reclamaba, definitivamente, su diciembre de 1998, exi-ción”. Semejante afirmación paso hacia una situación de libre gió un esfuerzo legislativo previo –equivocada, a mi modo de ver– mercado. muy importante, que sirvió para ha hecho extenderse la opinión de transitar de forma ordenada desde que la LOT fue el primer texto Se olvida, empero, una Ley las viejas estructuras monopolísti-legislativo, aprobado por unas mucho más antigua que, de una cas de explotación a las más Cortes Generales, que ordenaba forma bastante más modesta, permodernas de libre mercado. un sector que había tenido la con-siguió el mismo propósito y que, al sideración de “monopolio natural” igual que la LOT, también fue dis- Se acepta, con carácter general, que ese camino se inició en 1987 con la Ley de Ordenación de las “Hasta 1907 existió una ausencia total de base Telecomunicaciones (LOT), Ley que, como su propio preámbulo legal en la que apoyar el derecho del Gobierno señala, establece, “por primera vez en España, un marco jurídico para decidir sobre la explotación de los básico en el que se contienen las servicios de telecomunicaciones” líneas maestras a las que había de bit 157 JUN.-JUL. 2006 87 RECORDANDO LA HISTORIA. De la Cierva y la primera Ley de Telecomunicaciones de España cutida y aprobada por las Cortes españolas. Se trata de una Ley promovida, en 1907, por el abogado y político conservador Juan de la Cierva, mientras ocupó la cartera de Gobernación durante el “gobierno largo” presidido por Antonio Maura, Ley que fue sancionada por el Rey Alfonso XIII el 26 de octubre de ese mismo año. La situación en 1907 En 1907, el término “telecomunicación” todavía no había sido acuñado en España, no obstante lo cual, se tenía bastante claro qué manifestaciones tecnológicas representaba, a saber: la telegrafía eléctrica, la telefonía y la radiotelegrafía. Hacia 1907, la telegrafía eléctrica era una tecnología ya madura. Se había experimentado, con carácter aplicado, por primera vez en España, en el puerto de Bilbao, en 1849. En 1855 se creó el monopolio del Estado sobre los servicios telegráficos al autorizar, por Ley, al Gobierno a “plantear un sistema completo de líneas electro-telegráficas que pusiera en comunicación a la Corte con todas las capitales de provincia y departamentos marítimos, y que llegase a las fronteras de España y Portugal”. Ese mismo año, ya por Real Decreto, se dispuso que la construcción y conservación de dichas líneas corriese a cargo del Ministerio de Fomento, quedando su explotación bajo la responsabilidad del de Gobernación. En 1856 se creó el Cuerpo de Telégrafos, asignándole las competencias de explotación, y al año siguiente se le traspasaron, también por Decreto, las competencias de construcción y conservación, situación que se mantuvo inalterada en lo sucesivo. La telefonía, por su parte, era una tecnología que ya había supe rado su etapa infantil pero cuya regulación adolecía, sin embargo, de todo orden. Como hace ver Gutiérrez Alonso en su tesis doctoral, desde la primera regulación del servicio telefónico, debida a Sagasta, en 1882, hasta 1907, la regulación de la telefonía se fue realizando a golpe de decreto del poder ejecutivo sin dejar que el legislativo tuviera oportunidad de ejercer ningún tipo de control sobre ella. Durante ese período de tiempo, la reglamentación del servicio telefónico fue variando al mismo ritmo que cambiaban los gobiernos de la nación, permitiendo unas veces la explotación privada y dejándola otras en manos públicas, lo que contribuyó a incrementar el desorden telefónico en todo el país. Líneas aisladas unas de otras, materiales no homogéneos, tarifas diferentes, diversidad de cánones de las concesiones, ausencia de calidad y amplias regiones sin servicio eran los calificativos más habituales del escenario telefónico en 1907. La radiotelegrafía, o telegrafía sin hilos era, en cambio, una tecnología novedosa en España, cuyos primeros ensayos habían sido realizados por el comandante Julio Cervera, en 1899, en el Cuartel de la Montaña de Madrid. A este le siguieron otros más, todos auspiciados por el Ejército y la Marina que, como dice Sánchez Miñana, “eran instancias mucho más comprometidas que las civiles Fotografía de Antonio Maura, en su despacho, tomada en 1917. “La Ley de De la Cierva, de 1907, constituyó el primer corpus legislativo, aprobado en unas Cortes Generales, para la regulación de las telecomunicaciones en España” 88 bit 157 JUN.-JUL. 2006 RECORDANDO LA HISTORIA. De la Cierva y la primera Ley de Telecomunicaciones de España con la nueva técnica”. Precisamente, fue el Ministro de la Guerra, Vicente Martitegui, quien movió al Consejo de Ministros a decretar, el 21 de mayo de 1905, la creación de una comisión para promover el establecimiento de la radiotelegrafía en España y redactar un reglamento para la instalación de las estaciones necesarias y la prestación del servicio correspondiente. En esta situación se produjo la llegada al poder de Antonio Maura, quien formó gobierno, en enero de 1907, incorporando al “villaverdista” Juan de la Cierva como Ministro de Gobernación. Se iniciaba, entonces, la etapa tal vez más estable de la Restauración. Etapa que llegó a ser conocida con el nombre de “gobierno largo” y que cubriría la política española hasta octubre de 1909. La Ley de Telecomunicaciones de 1907 La explotación del servicio telegráfico, plenamente asumida como estaba por el Cuerpo de Telégrafos desde 1857, no planteaba ningún inconveniente político para el Gobierno, cosa que no sucedía con la telefonía o con la radiotelegrafía. En la primera, como hace ver Javier Nadal, existía una ausencia total de base legal en la que apoyar el derecho del Gobierno para tomar decisiones sobre la explotación del servicio, pese a lo cual los distintos Gabinetes no se privaron de elaborar Reglamentos y realizar concesiones siempre que surge la ocasión. En cuanto a la radiotelegrafía, se trataba de una tecnología emergente situada, aún en 1907, en España, en el terreno de la experimentación, pero que empezaba ya a demandar su propio modelo de explotación. Consciente de esta situación, De la Cierva supo aprovechar la relativa estabilidad política del momento, y el creciente apoyo de la opinión pública hacia Maura, para sacar adelante una Ley muy básica en su contenido, pero de profundo calado, por la que se autorizaba al Gobierno a plantear y desarrollar los servicios de radiotelegrafía, cables y telefonía, en todo el país, valiéndose de lo que llamó “entidades” nacionales. Siguiendo a Loro Chico en su tesis doctoral, cuando De la Cierva menciona el término “entidades”, lo utiliza como subterfugio para evitar referirse a “empresas privadas”, que era en las que realmente estaba pensando. De la Cierva defendía el criterio de que la mayor libertad de acción de las corporaciones privadas les permitía ser más eficaces que el Estado para explotar los servicios de telecomunicaciones, opinión ésta que le reportó no pocas críticas. Azcárate, Moret y Martín Rosales, en el Congreso, y Navarro Reverter, en el Senado, sostuvieron la opinión de que los servicios de radiotelegrafía, cables, telegrafía y teléfonos eran competencia exclusiva del Estado, que tenía la obligación de dotar de ellos a la nación y de explotarlos por medio del Cuerpo de Telégrafos. En el mejor de los casos, añadían sus críticos, podía admitirse que se cediera a la iniciativa privada la instalación de las redes o la construcción de estaciones, pero nunca la cesión de los derechos de explotación de tales servicios. Juan De la Cierva y Peñafiel. bit 157 JUN.-JUL. 2006 89 RECORDANDO LA HISTORIA. De la Cierva y la primera Ley de Telecomunicaciones de España “De la Cierva defendía que la mayor libertad de acción de las corporaciones privadas les permitía ser más eficaces que el Estado para explotar los servicios de telecomunicaciones” Reproducción literal de la Ley de De la Cierva de 1907, publicada en la Gaceta de Madrid el 28 de octubre de 1907. A pesar de estas diferencias, la Ley salió adelante, si bien demostró en la práctica una menor efectividad de la esperada. Su mayor virtud, si acaso, fue que permitió asumir de jure una situación que se venía dando de facto en el ámbito de la telefonía, donde “casi cualquiera” que lo deseara podía establecer y explotar una línea telefónica. La telegrafía, por su parte, siguió siendo exclusividad del Cuerpo de Telégrafos, mientras que en la radiotelegrafía se optó por la concesión en régimen de monopolio a una empresa privada: la Compañía Nacional de Telegrafía sin Hilos. En definitiva, con el término “entidad” empleado por De la Cierva, el Gobierno conservaba intacto su derecho a establecer y explotar los servicios de telecomunicación mediante la “entidad estatal” que era el Cuerpo de Telégrafos pero admitía, simultáneamente, la participación de “entidades privadas”, como empresas y particulares, e incluso de “entidades públicas”, como los ayuntamientos, diputaciones provinciales o mancomunidades de provincias. Desde nuestra perspectiva actual, la importancia de la Ley de De la Cierva hay que buscarla en el hecho de que constituyó el primer corpus legislativo para la regulación de las telecomunicaciones en España. Se mantuvo en vigor durante nada menos que ochenta años, pasando por encima de Gobiernos de la Restauración, Dictaduras, Gobiernos de la República y Gobiernos de la Transición, unas veces olvidada, otras ignorada, hasta su desaparición final, en 1987, cuando fue anulada por la LOT en su disposición derogatoria primera.
30 oct 2015
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Recordando las comunicaciones de emergencia de los aficionados
Recordando las comunicaciones de emergencia de los aficionados Isidoro Ruiz-Ramos Gª-Tenorio Dr. en Ciencias de la Información por la UCM Miembro del Foro Histórico de Telecomunicaciones Cuando los medios oficiales de comunicación eran aún pobres y deficientes, los radioaficionados demostraron su gran eficacia en casos de accidentes y grandes calamidades. Ello consolidó la comunión definitiva de la radioafición con acciones humanitarias, de colaboración y salvamento que se prolonga hasta nuestros días con la ayuda altruista y desinteresada que lleva a cabo la Red Radio de Emergencia, REMER. Recordando la historia Quizás una de las primeras colaboraciones amateurs en este campo, cuya repercusión dio incluso lugar al rodaje de la película “La tienda roja”, tuvo lugar en mayo de 1928 cuando el italiano Umberto Nobile formó parte de una expedición al círculo polar ártico en el dirigible “Italia”. Tras precipitarse éste bruscamente sobre un témpano de hielo, los supervivientes se refugiaron en una tienda de campaña de lona roja que encontraron entre los restos del dirigible. Una vez que los aventureros consiguieron localizar la estación radiotelegráfica de onda corta, lograron hacerla funcionar cuando se hubo dado al mundo la noticia de la desaparición del aerostato con todos sus tripulantes. Los reiterados intentos de los expedicionarios, con el pequeño transmisor, no tuvieron éxito para establecer comunicación alguna pero un radioaficionado siberiano logró captar la débil llamada proporcionando su localización exacta entre los inhóspitos hielos. Con el salto de la noticia al otro lado del mundo se movilizaron los medios para efectuar el rescate y, dos días después, los supervivientes quedaron a salvo. La radioafición en España En España, sin tantos tintes de tragedia ni repercusión mundial, existe también constancia documental de la colaboración de los radioaficionados en algunos casos en los que prestaron su valiosa ayuda. Quizás la más antigua tuvo lugar el 11 de noviembre de 1929 cuando el aficionado menorquín Francisco Morales recibió la llamada SOS de un hidroavión correo entre Marsella y Argelia. Puesto en contacto el operador de la estación EAR-146 con la Comandancia de Marina de Mahón, salieron embarcaciones en su busca y el hidroavión fue remolcado hasta el puerto de Ciudadela. En marzo de 1934, ante la rotura del cable submarino entre las islas de Tenerife y La Palma, el oficial de Telégrafos Juan Vall ofreció su estación de aficionado EA8AF para sacar el servicio oficial y urgente entre ambas islas. Aceptada la oferta, trasladó sus aparatos a Tacoronte y cursó los tráficos con la estación amateur de Pedro Duque Fernández, quien por entonces emitió sus señales provisionalmente con el distintivo EA8TFF. Llegado julio de 1936, y repitiendo lo ocurrido en octubre de 1934 con los hechos revolucionarios en Asturias, durante los primeros días de la guerra civil ciertos radioaficionados prestaron valiosa ayuda cursando lo que se llamó el “Servicio de socorro” al quedar cortadas las líneas telefónicas y telegráficas entre la España dividida. Ante la incierta situación de quienes quedaron aislados, en una u otra zona, familiares y amigos trataron de buscar la colaboración de las estaciones amateurs para saber de sus seres queridos. También de inmediato, ciertas emisoras de aficionado de ambas zonas, con o sin sus operadores, fueron puestas a disposición de autoridades civiles y militares no sólo para cursar mensajes, sino para ser utilizadas incluso en la “guerra de las ondas” que se entabló emitiendo propaganda político- militar dentro del espectro radioeléctrico asignado internacionalmente al tráfico amateur. Hacia la fundación de la URE Prohibida la radioafición a finales de julio de 1936, se abrió un largo paréntesis administrativo de casi trece años. En 1948, a pesar de la prohibición y cuando numerosas estaciones españolas de aficionado poblaron el éter, dentro de una permisibilidad oficiosa por parte de las autoridades, los amateurs fueron portadores de noticias oficiales ante la falta de medios de la Administración del Estado. En la Primavera de aquél año en el que se produjeron graves disturbios en Bogotá, a fin de dar conocimiento al Gobierno español que, tanto la Embajada como la colonia española no habían sufrido daño alguno, distintos aficionados hicieron llegar a nuestro país el mensaje enviado por el Embajador de España en Colombia. El Gobierno del general Franco expresó públicamente su gratitud a quienes facilitaron la noticia y aquello abrió aún más la esperanza de que las autoridades legalizarían con prontitud la anómala situación de los amateurs. Fundada la Unión de Radioaficionados Españoles (URE), el 1 de abril de 1949, las estaciones de sus socios continuaron brindando valiosa ayuda en las comunicaciones civiles al resultar éstas insuficientes. Las inundaciones de Valencia en los primeros años cincuenta debido al desbordamiento del Turia, los destrozos que ocasionaron las inclemencias del tiempo en los sistemas telefónicos y telegráficos de la Isla de La Palma durante el mes de enero 1957, y la búsqueda de algún medicamento en cualquier parte del mundo para salvar una vida, fueron ocasiones en las que los aficionados brindaron sus servicios. El conocimiento de ello y la proyección, por entonces, de la película “T.K.X. no contesta”, llevó a asociar la radioafición con acciones humanitarias de colaboración y salvamento. Una labor que quedó reflejada en el diario “Informaciones” de Madrid de 11 mayo de 1956 con la cabecera: <<Los radioaficionados son auténticos héroes desconocidos>>. Entre las líneas de aquel artículo consta el acercamiento de la Administración a la URE a fin de conseguir la colaboración de sus socios, “[º] La Junta de Defensa Pasiva se ha dirigido oficialmente a la URE para solicitar su concurso. Es más, esta misma Unión de Radioaficionados, durante el pasado invierno, en que por su rigor quedaron incomunicados muchos puntos de la Península, se ofrecieron a la Dirección General de Telecomunicación para que pudieran disponer de sus servicios en la forma que creyeran necesaria, ya que por existir <<radiopitas>> en todos los lugares de la Patria, a través de ellos se podría prestar interesantes ayudas, oferta que mereció la gratitud de las autoridades, pero que no fueron utilizados por haberse establecido rápidamente las comunicaciones interrumpidas. [º]”. Para desarrollar tal actividad, el 19 de enero de 1957 la URE redactó el Anteproyecto para el establecimiento de una Red Española de Emergencia que fue publicado el mes siguiente en su órgano oficial. La Comisión UREProtección Civil En los trágicos días que siguieron al terremoto de Agadir, el 29 de febrero de 1960, fue cuando comenzó a organizarse seriamente en nuestro país la Protección Civil tras lo que hasta entonces se hubo denominado Defensa Pasiva Nacional. Se precisó contar con la valiosa colaboración de los aficionados y, por ello, el 1 de junio fue distribuida entre los socios de la URE una circular de la Comisión URE-Protección Civil junto al cuestionario para que los amateurs enviasen su opinión. Semanas después de comenzar Isidoro Ruiz Novillo a desempeñar las funciones de presidente de la URE, el operador de la estación EA4DO se vio obligado a asumir la representación de los aficionados en una comisión integrada por delegados de los diferentes organismos colaboradores de la Dirección General de Protección Civil. A partir de entonces, las relaciones URE-Protección Civil fueron continuas, dando comienzo a una serie de ejercicios demostrativos cuyos exitosos resultados pusieron de manifiesto la gran valía de las estaciones amateurs. Además de quedar testimonio de ello en la Revista URE, también consta en periódicos y semanarios gráficos con cabeceras tan sensacionalistas como la que publicó el domingo 27 de mayo de 1962 el diario “Arriba”: El Cuerpo de transmisiones más eficaz del mundo no cobra un duro. Cuando toda comunicación falla siempre existe un radioaficionado que comunica Con el transcurso del tiempo, Protección Civil adquirió sus primeros transceptores ENSA de VHF, similares a los que comenzaron a instalarse más tarde en los autobuses madrileños, y uno de aquellos equipos se trasladó a la estación EA4DO para que la Dirección General tuviera línea directa con los propios aficionados. A pesar de la continua ampliación de la propia red de transmisiones de Protección Civil, hoy en día los radioaficionados aún siguen prestando su desinteresada colaboración en la Red Radio de Emergencia, REMER.
30 oct 2015
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El desarrollo de la televisión en España a través del BOE
El desarrollo de la televisión en España a través del BOE José María Romeo López Miembro del Foro Histórico de Telecomunicaciones En el año 1956 comenzaron en España las emisiones de televisión, en una sede provisional situada en el Paseo de la Habana de Madrid. Desde entonces, la televisión ha sido objeto de legislación y de una serie de ajustes regulatorios. Así lo demuestra el Boletín Oficial del Estado (BOE). A lo largo de diferentes publicaciones ha sido el testigo silencioso y el cronista histórico de los particulares desarrollo y evolución de la televisión en nuestro país, a menudo marcados por una orografía y unas características geográficas singulares y complejas. Comienzan las emisiones de Televisión Española (1956) El 28 de octubre de 1956 comenzaba sus emisiones la televisión española, desde una sede provisional en el Paseo de La Habana, en Madrid, con una antena de 90 metros de altura, un transmisor de imágenes con 2 kw de potencia útil y uno de sonido de 1 kw, elementos con los que tenía un alcance de 70 km. Sus emisiones podían ser captadas por los 600 aparatos receptores que en aquel momento existían y que habían costado entre 24.000 y 32.000 pesetas, incluido el Impuesto sobre el Lujo que gravaba la tenencia y disfrute de aparatos de televisión. Evidentemente, este precio no era asequible para la gran mayoría de las familias y, por tanto, para lograr aumentar la audiencia, el Gobierno, por Decreto de 3 de octubre de 1957, decidió convocar un concurso para la fabricación de un modelo de receptor nacional de televisión a precio reducido. El número de receptores objeto del concurso era de 20.000 unidades. Para la adquisición de dichos aparatos era necesario solicitarlos a través de la Organización Sindical, estando excluidas de esa posibilidad las jerarquías, y en el caso de los funcionarios civiles y militares, se haría a través de los Ministerios correspondientes En todos los casos, se efectuarían sorteos si el número de peticiones era superior a las disponibilidades. Los aparatos debían de tener un tamaño de pantalla de 17 pulgadas o cuarenta y seis centímetros. Cada empresa sólo podría presentar propuesta para la fabricación del 25 por ciento de la cantidad total. El precio no podría ser superior a las 10.000 pesetas, en las ventas al contado, y a 12.000, en las ventas a plazo, en 30 mensualidades y a 400 pesetas. En ese precio estaba incluida la instalación de la antena correspondiente en el casco urbano. En el decreto se consideraba oportuno apartar del mercado un número reducido de receptores a fin de adjudicarlos a las parroquias, escuelas y demás instituciones o asociaciones que lo solicitaran. Como se contemplaba en este decreto, para la recepción de la señal de Televisión era necesaria una antena exterior. Pero en 1957 la mayoría de las viviendas eran de alquiler y para situar cualquier elemento en el exterior, como el tejado del edificio, era necesaria la autorización del propietario del mismo. Como ésta no debía de conseguirse fácilmente, un decreto firmado por Franco el 18 de octubre de 1957, en Barcelona, regulaba la instalación de antenas receptoras de televisión en el exterior de los edificios. El artículo primero del decreto decía: “Los inquilinos, arrendatarios y personas legalmente autorizadas para usar la totalidad o parte de un inmueble urbano podrán instalar por su cuenta, en el exterior de los edilicios que ocupen, antenas receptoras de televisión, sin las limitaciones derivadas de la observancia de los Reglamentos administrativos sobre la materia. Se considerará nula y sin valor alguno, cualquier estipulación que contradiga lo establecido en el párrafo anterior aunque hubiere sido convenida antes de la promulgación del presente Decreto”. En el Decreto de 3 de octubre de 1957, sobre fabricación del receptor nacional, se decía que el pliego de condiciones se publicaría en el plazo máximo de cuatro meses. Hay que hacer constar que dicho decreto, de 3 de octubre, se publicó en el Boletín Oficial del Estado (BOE) del 29 de noviembre de ese año. Y, efectivamente, en el BOE del día 10 de marzo de 1958 aparecía una orden de fecha 6 de marzo en la que se publicada el pliego de condiciones en cuestión, dentro del plazo establecido, si se tienen en cuenta las fechas de publicación en el boletín. Por fin, otra orden de la Presidencia del Gobierno, de 30 de agosto de 1958, aprobaba la adjudicación definitiva para la fabricación del modelo nacional de receptor de televisión de precio reducido, en la siguiente forma: – Marconi Española, S. A., 5.000 aparatos receptores. – Standard Eléctrica, S. A., 5.000 aparatos receptores. – R.C.A. Española, 3.500 aparatos receptores. – Payma, S. L., 3.500 aparatos receptores. – Fluoresecencia y Televisión Ibérica, S. A., 1.000 aparatos receptores. – Teleradiocomunicación S. A., 1.000 aparatos receptores. – Iberia Rodio, S.A., 1.000 aparatos receptores. La Bola del Mundo, un largo proceso (1960) El Ingeniero de Telecomunicación Sánchez Cordobés, a quien se encargó el proyecto técnico de la televisión española, tomó dos decisiones importantes. Una de ellas, la adopción de la norma de 625 líneas que había desarrollado el PTT1 suizo, frente a las de 405 líneas de la televisión británica y las 819 de la francesa. La otra, fue la instalación de grandes emisoras de 200/250 kw, en los puntos más elevados de las cordilleras de la Península Ibérica como Navacerrada, Aitana, Guadalcanal, etc. Esto dio lugar a muchas críticas ya que en Europa las redes de televisión se establecían mediante la construcción de torres muy elevadas de entre 100 y 200 metros de altura, muy típicas porque en su parte superior solía haber un restaurante panorámico. Se llegaba a decir que llevar la emisora para cubrir Madrid a 40 kilómetros iba a dar lugar a que entraran en resonancia los cuernos de las vacas que era lo único que había entre ellas. Existe una obra de Sánchez Albornoz, titulada “España, un enigma histórico”, en la que, para justificar que el desarrollo histórico y político del país haya sido el que ha sido, recurre a algo tan ajeno a la historia como es el perfil de la línea férrea de París a Algeciras. Resulta sorprendente comprobar que ese perfil desde París a Irún es una planicie y desde Irún a Algeciras es un verdadero “serrucho” de picos y valles. Sánchez Albornoz lo utiliza para poner de manifiesto la dificultad de relaciones sociales y culturales y yo recurro a él para subrayar cómo no es posible adoptar en España los criterios utilizados en Europa para sistemas de radio cuya propagación está afectada por la orografía como son los de microondas, tales como Televisión y Telefonía Móvil. Efectivamente, en un territorio llano, una estación de poca potencia en una torre de 200 metros puede cubrir círculos de 200 kilómetros de diámetro. Por tanto, es posible completar la cobertura con una adecuada selección de frecuencias. En el caso de España, esto no es así porque se interrumpiría la señal en las montañas. Por consiguiente, lo que se hizo fue lo mismo sustituyendo las torres por alturas geográficas y aumentando proporcionalmente la potencia de las emisoras. La Gaceta de Madrid del 28 de diciembre de 1957, publicaba una Ley del 26 de dicho mes por la que se concedía un suplemento de crédito de 61 millones de pesetas para la instalación de emisoras de televisión en Barcelona, Navacerrada, Valencia, Málaga, Zaragoza y Santiago de Compostela, debidamente enlazadas entre si. Por sendos decretos, de 21 de febrero de 1958, se autoriza a contratar la adquisición de los elementos necesarios para la instalación de emisoras de televisión, una en Navacerrada, por un importe máximo de 19.400.000 pesetas, y otra en Barcelona, por un importe máximo de 16.750.000 pesetas. Otro decreto, de 7 de marzo del mismo año, autorizaba la adquisición e instalación de un “Mástil soporte para la antena de la Emisora de Televisión en las dos Castillas”, por un importe de 943.739 pesetas. Unos días después se aprobaba la construcción del edificio para la emisora de televisión de 200 kw en Navacerrada, por un importe de 4.857.064 pesetas. Por una Orden, de 13 de junio de 1958, se dispone la adjudicación definitiva de una emisora de televisión en Navacerrada a R.C.A. Española, S. A. por valor de 19.400.000 pesetas. Al concurso se habían presentado, además de la adjudicataria, Omnium Ibérica Industrial, Philips Ibérica S. A. E., Iberavia, S.A. y S.A.C.R.E.I., S.A. Con la misma fecha se adjudicaba a Philips Ibérica S. A. E. la emisora para Barcelona, por valor de 14.823.200 pesetas. El 5 de septiembre de 1958 se autoriza para contratar, mediante concurso, la adquisición y tendido de un cable subterráneo para alimentación eléctrica de la emisora de Navacerrada por un importe de 1.341.754 pesetas. Con la misma fecha se autoriza la adquisición de una emisora para Zaragoza por un importe de 4.500.000 pesetas. Aunque Telefónica acababa de terminar en 1957 el tendido de un cable coaxial entre Madrid, Zaragoza y Barcelona, con capacidad suficiente para transportar un canal de televisión y 960 canales telefónicos, Televisión Española (TVE) decidió la instalación de radioenlaces de microondas - “enlaces hertzianos” se decía entonces- cuya instalación comenzó a finales de 1958. El sistema funcionaba en la banda de 4 GHz, que con parábolas de casi 3 metros de diámetro permitía vanos de unos 70 km de longitud. Para salvar la curvatura de la Tierra en esa distancia eran necesarias, en algunos puntos, torres de casi 100 metros de altura. Pero en aquellos años no existían medios de transmisión o guía ondas que, a esa frecuencia, pudieran conectar los equipos con las parábolas a esa altura. Por tanto, las parábolas se colocaron horizontalmente en el suelo y una placa metálica de 3 x 4 metros con una inclinación de 45º, en la parte superior de la antena, que constituía un reflector pasivo. Un decreto de 8 de octubre de 1959 autorizaba a contratar sin subasta la adquisición e instalación de reflectores pasivos con destino a ese enlace hertziano. “Las dificultades que plantean las condiciones climatológicas del paraje en que se ha realizado este proyecto hacen necesaria la urgente ejecución del mismo (…)”. Dichas dificultades justificaban la autorización para contratar, sin las solemnidades de subasta, la “segunda fase del edificio”, por un importe de 1.389.925,03 pesetas. Nuevamente, un decreto de 17 de abril de 1959 explicaba, debido a las “dificultades que plantean las condiciones climatológicas del paraje (…)”, la necesidad de construcción de un edificio-torre para la instalación de antena y parábolas de televisión en Navacerrada por un importe de 3.765.031,05 pesetas. Una Ley, de 11 de mayo de 1959, concedía tres suplementos de crédito por un importe total de 21.000.000 de pesetas, como consecuencia de que “El funcionamiento en cadena de las emisoras de televisión en Madrid (Navacerrada), Barcelona y Zaragoza, previsto para el año en curso (…) que, al recargarse con nuevos y más intensos gastos, resultan insuficientes a los fines para que han sido consignados”. La misma Ley asignaba dos suplementos de crédito por 61.000.000 pesetas para atender a las necesidades de instalación de la segunda fase del Plan de Radiodifusión y Televisión Nacionales. Por un decreto, de 2 de junio de 1960, el Ministerio de Industria declara de “interés nacional” el tendido de una línea de transporte de energía eléctrica de Villalba al Puerto de Navacerrada, destinada a alimentar la emisora de televisión de Las Dos Castillas. Por fin, el 15 de diciembre de 1960, es posible transmitir, desde las emisoras de la Bola del Mundo, La Muela y Barcelona, la boda de Balduino de Bélgica con la aristócrata española Fabiola de Mora y Aragón en la Catedral de Bruselas. El Segundo canal Esa solución de las emisoras de gran potencia, en los puntos más elevados de la geografía española, a pesar de su idoneidad, tenía el inconveniente de que daba lugar a numerosos solapamientos de coberturas, por lo que fue necesario utilizar distinta frecuencia en cada una de ellas agotando las bandas de VHF. Por consiguiente, para establecer un segundo canal, fue preciso recurrir a las bandas de UHF, lo que a su vez llevó a la necesidad de regular el uso de antenas colectivas en los edificios de viviendas. El Decreto de 13 de mayo de 1965 justifica la necesidad por estas razones técnicas: “En uno de enero del año en curso comenzó en Madrid, con carácter experimental, el segundo programa de TVE. Debido al agotamiento de los canales disponibles en las bandas I y III se hizo preciso que dicho programa fuera difundido en las frecuencias correspondientes a las bandas IV y V (UHF), en cumplimiento de los acuerdos de la Conferencia de Estocolmo (...) Se autoriza al Ministerio de Información y Turismo para contratar, por concurso, con excepción de las solemnidades de subasta, la adquisición de tres emisoras de televisión UHF para el segundo programa, con destino a Barcelona, Navacerrada y Zaragoza, por un importe máximo de cincuenta millones de pesetas (50.000.000 de pesetas)”. La utilización de estas nuevas bandas de frecuencias, más elevadas, requería el uso de una segunda antena de menores dimensiones y, mientras el segundo canal se había implantado mediante decreto, la solución al problema de las antenas se hace por Ley. Así, la Ley de 21 de julio de 1966 decía: “El desarrollo de la televisión, con el establecimiento de un segundo programa que requiere una antena de características diferentes y la ampliación del servicio de radiodifusión en frecuencia modulada, lo cual en muchas zonas de recepción requiere también una antena especial, determina que el uso de antenas individuales se haga casi imposible al ser limitado el espacio disponible en las terrazas de algunos edilicios y en la totalidad de ellos contribuya a extender la gran amenaza a la estética que ya ha podido apreciarse especialmente en las grandes ciudades. Actualmente, los inmuebles suelen ya presentar un anárquico y deplorable aspecto debido al bosque de antenas de televisión que los corona”. “Por ello, parece conveniente y oportuno dictar normas, como es la obligatoriedad de instalación de antenas colectivas. Su necesidad ya se había destacado en los trabajos del Seminario de Viviendas del Instituto Nacional de la Vivienda. También determinadas Corporaciones municipales han demostrado inquietud ante la situación que plantean, desde un punto de vista de la seguridad pública y de la estética, las aglomeraciones de antenas en los tejados. Igualmente, en varios países extranjeros se estudia detenidamente la posibilidad de instalación de antenas colectivas en todas las edificaciones debido a la diversidad de canales de televisión y a la proliferación de emisoras de frecuencia modulada (...) En su virtud, y de conformidad con la propuesta elaborada por las Cortes Españolas, DISPONGO. Artículo uno —Para todo Inmueble de más de diez viviendas, o con un número de plantas superior a cuatro, la instalación de antenas de televisión y radiodifusión en frecuencia modulada se regirá por las normas que en la presente Ley se establezca. Artículo dos —Todo Inmueble cuya construcción se termine o habite por primera vez, a partir de la fecha de entrada en vigor de la presente Ley, debe contar con una antena colectiva para recepción de emisiones de televisión y radiodifusión en frecuencia modulada. Dicha antena debe poseer las tomas necesarias para cada una de las viviendas del inmueble y previsiones para los posibles locales comerciales que puedan instalarse”. Nota 1 PTT: acrónimo de Post, Telephone and Telegraph, hace referencia a los entes públicos que gestionaban las telecomunicaciones en Europa.
30 oct 2015
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El concepto “televisión”en sus orígenes
El concepto “televisión” en sus orígenes En pleno siglo XXI, en el que la televisión forma parte desde hace mucho tiempo de nuestras vidas y el color, el sonido estereofónico, los contenidos digitales o la interactiviad son ya cotidianos, cuesta trabajo situarse en una época en la que ni siquiera se hablaba de televisión, sino de visión a distancia. Desde sus orígenes, se fueron incorporando diversos usos a la visión a distancia, hasta que el nuevo concepto quedó consolidado alrededor de la segunda guerra mundial. Algunos de ellos se siguen considerando dentro del actual concepto de televisión, mientras que otros se separaron definitivamente de él. Este artículo expone algunos de los usos y tecnologías que se han incluido dentro del término televisión, en sus orígenes, y que han servido para definir la televisión tal como hoy la conocemos. Olga Pérez Sanjuán Vicesecretaria de la AEIT Responsable del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Génesis del concepto: la telefotografía Las primeras pruebas de transmisión de imágenes son de mediados del siglo XIX, si bien entonces no se hablaba de televisión. La palabra francesa “télévision” la utilizó por primera vez el físico ruso Constantin Perskyi en una conferencia sobre este tema impartida en el primer Congreso de Electricidad, que se celebró en la Feria Internacional de París de 1900, y pronto fue trasladada a otros idiomas con expresiones muy similares. En estas primeras experiencias se transmitían imágenes fijas, y una copia de las mismas quedaba “impresa” en el extremo receptor. Este es el caso del pantelégrafo de Caselli, de 1856, y de otros inventos posteriores más relacionados con lo que después se denominaría telefotografía, como los realizados por el ingeniero español Agustín Riu, o el radioaficionado Pablo Abad y Piera o como los de Belin, Korn o Fulton. La principal característica de todos ellos es que realizaban unos barridos de las imágenes a través de métodos diferentes y conseguían de manera ingeniosa convertirlas en señales eléctricas que eran transmitidas y recibidas en un aparato adecuado. Durante algún tiempo, estas primeras transmisiones se incluyeron dentro del término televisión. Fue a partir de la década de los años 1920 cuando ambos conceptos y tecnologías se empezaron a separar. Ejemplos de estas distinciones los encontramos en las hemerotecas: así, el diario “ABC” en 1927 ya separaba la telefotografía de la televisión. El ingeniero de Telecomunicación Ramón Miguel y Nieto también lo hacía en la conferencia que pronunció en 1932 sobre la televisión, primera de un ciclo que había convocado la Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación (AEIT), en la que definió la televisión como el “cinematógrafo a distancia”. La televisión como teleteatro Al mismo tiempo que la separación entre la televisión y la telefotografía se fue haciendo más evidente, un nuevo concepto empezó a incluirse dentro de la visión a distancia: la emisión de obras de teatro con la transmisión de imágenes fijas al principio, y con movimiento, después. Una referencia de ello se puede encontrar en las noticias aparecidas en la prensa de 1928 sobre lo que algunos consideran el primer drama teatral emitido y recibido por televisión en Estados Unidos: “El mensajero de la Reina”. La obra se emitió telefotográficamente desde la emisora WGY gracias a trabajos del Dr. Alexanderson que desarrolló un receptor “radioóptico”. Para la transmisión se utilizaron dos canales independientes: uno para el vídeo y otro para el audio. Y para la captación de las imágenes se prepararon tres fotocámaras: dos para cada uno de los dos actores que intervenían en la obra, y una tercera para otros elementos que intentaban representar el movimiento. Poco tiempo después, se empezaron a transmitir obras de teatro en las que las imágenes ya presentaban movimiento. Este es el caso de la primera comedia transmitida por televisión en Inglaterra en 1930, “El hombre de la flor en la boca”, en la ya se podían ver lentos movimientos, aunque las cámaras sólo seguían siendo capaces de captar el rostro de un actor. La crítica fue muy positiva, alabando las ventajas del nuevo sistema y sus posibilidades futuras. No obstante, también se expusieron algunos aspectos que había que mejorar. Así, algunos de los comentarios aparecidos en los diarios fueron: “Lo que el público ve en el televisor es una imagen o reproducción del tamaño de una tarjeta postal. Las pantallas son tan pequeñas que se tiene la impresión de ver por el ojo de una cerradura”. Esta situación varió rápidamente. Las pantallas receptoras fueron aumentando su tamaño y las cámaras empezaron a captar a varias personas al mismo tiempo. En 1931 la prensa publicaba: “Es posible ver un grupo de ocho personas a través de la televisión”. Los sistemas de captación de imágenes también mejoraron y la velocidad que se conseguía en los movimientos era cada vez mayor. “ABC” lo destacaba de esta forma en 1936: “Nueva York. Se han hecho pruebas de televisión dándose una exhibición pública de imágenes transmitidas por TSH1 sobre una pantalla de cuatro pies de anchura. La Exhibición, que duró media hora, consistió en varios actos de un vodevil demostrando las posibilidades de la televisión para teatros y otros lugares públicos”. Se puede observar como la televisión fue definiendo su ámbito de aplicación hacia la transmisión de imágenes en directo, ya fueran fijas o con movimiento. Este aspecto puede resultar sorprendente si se asocia la televisión con la transmisión de imágenes en movimiento, pero hay que recordar, por ejemplo, la Reglamentación de Trabajo en las Entidades de Radiodifusión del año 1947 que define la televisión como el servicio que efectúa la difusión de imágenes fijas o en movimiento para su visión a distancia. Aparece un nuevo concepto: el telecinema El telecinema, la telecinematografía, el radio cinema o transmisión de películas de cine a distancia fue otro de los usos que se fueron incluyendo dentro del novedoso concepto de televisión en los años 20. El cine ya era una realidad desde 1895 y, posiblemente, fue éste el que impulsó el desarrollo de las nuevas aplicaciones para la televisión. Hay que considerar que muchos inventores de sistemas o aparatos de televisión empezaron experimentando con la transmisión de películas a distancia, al requerir menores condiciones técnicas que la captación de imágenes en directo, evolucionando posteriormente hacia la transmisión de éstas. Fue con dichas experimentaciones cuando se le empezó a dar utilidad práctica a los dos inventos del siglo XIX: el disco de Nipkow, que se utilizaba en la televisión mecánica, y el tubo de Braun, en la electrónica. ¿El cable o la radio? Una idea que también estuvo relacionada con la concreción del concepto televisión tiene que ver con la forma en la que se transmitían las señales: radio o cable. Al principio, el único medio de transmisión que existía era el cable telegráfico, y por ello, los primitivos sistemas utilizaban este medio, como hacía el pantelégrafo de Caselli. Posteriormente, un nuevo sistema de transmisión por cable permitía las comunicaciones telefónicas y, así, algunas de las primeras transmisiones de televisión se realizaron a través del cable telefónico convencional, si bien las características técnicas de los mismos influían en la distancia a la que se podía llegar y en la calidad de la señal transmitida. La llegada del siglo XX trajo consigo un nuevo sistema de transmisión: la Telegrafía Sin Hilos o TSH, y apareció la radiodifusión sonora, que fue evolucionando siendo capaz de incorporar también, a los pocos años, la transmisión de imágenes. De esta forma surgió la radiovisión, o la radiotelevisión que transmitía las imágenes a través de ondas de radio y que algunos entendidos, como el ingeniero Agustín Riu, distinguían de la televisión que las transmitía por cable. Este término, radiovisión, fue utilizado durante las década de los años 1930 y 1940 como un concepto diferente al de televisión, sin embargo, con el tiempo, ambos conceptos se unieron en el de televisión. Estos dos conceptos establecían, además, unos modelos de televisión diferentes: la radiovisión asociaba los receptores a los domicilios particulares mientras que la televisión lo hacía a grandes salas públicas. Dentro de las transmisiones de imágenes hechas mediante cable se encontraba también la denominada fonovisión o telefonovisión, sistema telefónico que permitía que dos interlocutores pudieran verse mientras dialogaban por teléfono: una especie de videoteléfono, que también tuvo cierto impacto durante los años treinta del siglo XX y del que incluso llegamos a tener dos equipos en España en 1938, los cuales se utilizaron posteriormente para las primeras pruebas realizadas en los años 1950. Este sistema había sido desarrollado en Estados Unidos y en Alemania y permitía establecer una comunicación bidireccional entre dos interlocutores, concepto muy distinto al de la difusión de televisión, y en el que las grandes compañías telefónicas tenían gran interés. El vídeo, ¿una señal auxiliar? Otro de los conceptos que se incluyeron en los orígenes de la televisión está relacionado con la imagen: como señal auxiliar o no. Las primeras transmisiones de televisión no incluían el sonido. La idea de introducir en una misma emisión el vídeo y el audio se fue incorporado con posterioridad, planteándose dos posibilidades. En la primera, la televisión estaba destinada a complementar los programas de radio, transmitiendo imágenes de forma auxiliar. La otra entendía la transmisión de imágenes como aspecto principal junto con el sonido y la relacionaba con la transmisión de películas. Al principio, se optó por transmitir las dos señales en frecuencias diferentes y era necesario la utilización de dos receptores: uno para el vídeo y otro el audio, aspecto que recomendaban las revistas especializadas, como “Radio Universal” que en 1935 decía lo siguiente: “a fin de gozar al completo de un espectáculo visual y sonoro, se hace indispensable el uso de dos receptores; mientras que uno permite oír la palabra y la música, el otro muestra las imágenes transmitidas desde las estaciones emisoras”. Poco a poco la tecnología fue avanzando hasta que ambas señales llegaron a recibirse en un solo receptor. Reflexión final Ahora que la televisión se ha convertido en algo cotidiano, resulta interesante conocer los distintos usos y tecnologías que se asociaron a este concepto. Las investigaciones siguen avanzando y los desarrollos también, y dentro de otros cien años, quizá, nuestro actual concepto de televisión parezca tan curioso como nos parecen a nosotros los conceptos que se incluían dentro de la televisión en sus orígenes y que se han desarrollado en este artículo. Nota 1 TSH. Así se denomina a la Telegrafía Sin Hilos, es decir, mediante radio.
30 oct 2015
Artículo BIT
Consideraciones sobre las líneas telegráficas y telefónicas en España
Consideraciones sobre las líneas telegráficas y telefónicas en España El tendido de las primeras líneas telegráficas y su mantenimiento, muchas veces en condiciones extremas, era toda una aventura. En la mayoría de las ocasiones se seguía el tendido del ferrocarril para facilitar la labor, pero en otras no, como fue el caso, inicialmente, en España, un país de compleja orografía. José María Romeo López Miembro del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Difícil orografía, verdadero milagro En los estudios sobre la evolución histórica de las telecomunicaciones se considera que el Telégrafo Eléctrico fue una consecuencia de la implantación de los ferrocarriles, tanto por la necesidad de regular el tráfico de trenes por una sola vía como por la rapidez en la transmisión de noticias e informaciones que permitían esas mismas líneas. Efectivamente, así ocurrió en la mayoría de los países. Pero en el caso de España, el comienzo del Telégrafo fue anterior a la construcción de las vías férreas y, por tanto, las líneas telegráficas siguieron, en un principio, los itinerarios de las carreteras y caminos, incluso, a través del campo. Las dificultades para la construcción y mantenimiento de estas líneas se describen muy dramáticamente en un artículo aparecido en la Revista de Telégrafos de 1 de noviembre de 1861. Allí se dice: “Las líneas quedarán construidas aunque para ello sea necesario plantar un poste en el fondo de un barranco donde aún no ha impreso su huella la pisada del hombre o sobre el pico de una escarpada roca azotada de continuo por el rugido de las tempestades… El puerto de Pajares, en Asturias, el alto de Alcolea, hasta la Muela, el trayecto desde Alsasua hasta San Sebastián y la Brújula, bastarían, por si solos, para dejar asegurada para siempre la buena reputación del Cuerpo de Telégrafos”. Se indica, también, cómo los extranjeros se asombraban de la orografía española, hasta el punto de que en su “Rapport sur les lignes telegrafiques en Europe” (“Informe sobre las líneas telegráficas en Europa”), el experto D´Ancelot exclama: “Las líneas telegráficas en España, son un verdadero milagro”. En el mismo artículo se comenta que entre Algeciras y Cádiz, por falta de camino, la línea se tendió sobre las marismas y que, entre Trujillo y Cáceres, distantes de ocho leguas, no existe ningún punto intermedio. “¿En dónde está la veloz locomotora para conducir con la rapidez necesaria al celador encargado de remediar la avería? Tendría que salir a caballo y recorrer las ocho leguas desafiando la crudeza de la estación y, tal vez, exponiendo su propia vida…”. En este texto se menciona el uso del caballo. No he encontrado ninguna otra referencia a que en la Península se utilizaran caballos por los Celadores y sí un caso descrito en la Revista de Telégrafos en que un Jefe de Estación y un Celador recorrieron 20 kilómetros para averiguar las causas de un cruce que se producía periódicamente en la línea. También se hace referencia en ese relato a que el celador llevaba carabina. Sin embargo, en el Reglamento del ramo y servicio de Telégrafos en la Isla de Cuba, aprobado por el Ministro de Ultramar el 13 de mayo de 1867, figuran Reparadores montados con un sueldo de 790 escudos y Reparadores a pie con 600 escudos. Asimismo, en noviembre de 1868, el Gobierno Provisional decidió disminuir los gastos de explotación del Telégrafo en la isla de Cuba y, entre otras medidas, suprimió los 32 Reparadores a pie y 9 de los montados y estableció que los 64 montados que quedaban atendieran, cada uno, una longitud de línea de 25 kilómetros. En la disposición ministerial correspondiente se indica que las líneas de la Isla sumaban 1.600 kilómetros y contaban con 40 estaciones, es decir, una media de 40 kilómetros entre estaciones. Configuración de la red telegráfica En un artículo de R. Exea, titulado “Reseña histórica y estadística de nuestras construcciones telegráficas y hechos más notables”, publicado en varios números de la Revista de Telégrafos en 1864, se detallan los recorridos y fechas de las líneas que constituían la red telegráfica española hasta el mes de noviembre de 1863. La longitud total de estas líneas era de 9.465 kilómetros, las cuales conectaban a 197 estaciones. Esto supone una media de 48 kilómetros entre estaciones, lo que confirma las penosas características y las consideraciones anteriores sobre las líneas telegráficas en España. El trazado de la mayor parte de las líneas recogidas por R. Exea aparece en la “Carta Telegráfica de España y Portugal” de 1860. De dicha carta podemos destacar algunos tramos significativos por su evolución posterior. La llamada de Galicia, a la salida de Madrid, tenía las siguientes estaciones: El Pardo, San Rafael, con una desviación anterior a El Escorial, y otras dos desde San Rafael, una a Segovia y San Ildefonso, y otra, a Ávila. Continuaba a Valladolid, desde aquí a Palencia, por un lado, y a Rioseco, por el otro. La línea de Irún, salía de Madrid hacia Alcalá, Guadalajara, Alcolea, Calatayud, con derivaciones desde aquí a Soria y Teruel y continuaba a Zaragoza, desde donde, por Pamplona, se dirigía a Irún, y por Huesca, Barbastro y Lérida llegaba a Barcelona. La de Portugal salía por Casas del Retamar a Talavera y la que podíamos decir del sur, pasaba por Aranjuez, desde Castillejos tenía una derivación a Toledo, seguía a Tembleque desde donde por Alcázar de San Juan se dirigía a Albacete y Almansa para llegar a Valencia, Alicante y Murcia. Desde Tembleque por Manzanares y la Carolina seguía a las capitales de Andalucía. Al terminar su artículo en el número del 15 de julio de 1864, R. Exea advierte que existe una diferencia de 536 kilómetros, entre la suma de las longitudes que él indica en el cuadro que se acompaña y la longitud que en esa fecha tienen las líneas, debido a la rectificación de algunos tramos y a la supresión de varios trayectos cuyos hilos han pasado ya a los apoyos de las líneas de los ferrocarriles. Continúa: “A todas las construcciones que hemos referido, añadiremos las que además se llevan a cabo del paso de los conductores de las líneas del Gobierno a los apoyos de las de los ferrocarriles, lo que se está verificando en el de Madrid a Zaragoza y Barcelona, y en el del Norte por Valladolid hasta Vitoria. Líneas telegráficas y trazados de ferrocarril Es evidente la ventaja que suponía para el mantenimiento y vigilancia de las líneas telegráficas el que éstas fueran a lo largo de los trazados del ferrocarril, más aún si, como parece deducirse del texto anterior y como más adelante veremos, se utilizaban los apoyos de las líneas de aquél. La vigilancia y conservación eran compartidas, especialmente en los casos más graves de caída de postes. Recuerdo que, de pequeño, cuando íbamos en el tren, mi padre me contaba cómo se localizaban y reparaban las averías. Una vez detectada una por el celador, éste montaba en el primer tren, en el furgón de mercancías con la puerta abierta e iba observando la línea. Cuando el celador veía el hilo caído o cruzado seguía hasta la primera estación y desde ella regresaba andando hasta el lugar de la avería. Supongo que en muchos casos el maquinista les pararía más cerca. Por otro lado, “la mano airada”, como se denominaba entonces a ciertos actos de vandalismo, afectaba seriamente a la integridad de los elementos de línea, especialmente los aisladores, y no tanto a los conductores de hierro. Sin embargo, cuando fue necesario utilizar hilo de cobre de 3 milímetros en las primeras líneas telefónicas, la principal causa de averías fue el robo de los conductores. No deja de ser llamativo que cuando en 1910 se consiguió establecer la línea telefónica internacional desde Madrid a Francia, una Real Orden dispuso que el personal de Vigilancia de Telégrafos, compuesto de Capataces y Celadores tuviera el carácter de Guardas Jurados con el uniforme y el armamento correspondientes. La difícil orografía de la Península Ibérica que tuvieron que vencer los telegrafistas para el tendido de sus líneas, también se dejó sentir en la construcción de los “caminos de hierro”. Estas dificultades hicieron que las compañías ferroviarias fueran realizando por tramos las grandes rutas tratando de rentabilizar inmediatamente los trayectos más fáciles. Los más relacionados con las líneas telegráficas se desarrollaron como sigue: Alar, Reinosa (1857), los Corrales, Santander (1858), Sanchidrian, Medina, Valladolid, Baños, Alar (1860), Barcena, Los Corrales (1860), Baños, Burgos (1860), Burgos, Quintanplana (1861), Quintanaplana, Miranda (1862), Madrid, El Escorial (1861), Ávila, Sanchidrian (1863), Escorial, Ávila (1863), Madrid, Guadalajara (1859), Guadalajara, Jadraque (1860), Jadraque, Medinaceli (1862), Medinaceli, Alhama, Grisen (1863), Grisen, Casetas, Zaragoza (1864). La Ley general de 3 de junio de 1855 incluye la obligación de las Empresas concesionarias de ferrocarriles de permitir la colocación, entretenimiento y conservación de hilos telegráficos al servicio del Estado. Pero no es fácil encontrar referencias sobre cómo se decidía y se llevaba a cabo el traspaso y nuevos tendidos de hilos de Telégrafos por los trazados ferroviarios. En la Revista de Telégrafos, en la sección de Crónicas del Cuerpo, hay algunas referencias a los funcionarios comisionados para llevar a cabo los trabajos y poco más. Nuevamente, es la “Carta Telegráfica de España”, de 1867, la que refleja los cambios que han experimentado los trazados de las líneas telegráficas. La llamada línea de Galicia sigue el trazado del ferrocarril por Madrid, El Escorial, Ávila, y desde aquí, sale la derivación a Segovia y San Ildefonso. Continúa por el ferrocarril a Medina del Campo y Valladolid y Palencia, y desde aquí por Reinosa, llega a Santander, y por Burgos, a Miranda y Vitoria. Por su parte, la línea de Irún, sigue el ferrocarril, y desde Guadalajara, va a Sigüenza, y por el valle del Jalón, a Calatayud y Zaragoza. Desde aquí conserva el anterior trazado y otro nuevo por el ferrocarril. Ambos se unen en Tafalla y continúan por éste. Creo bien conocidos los trayectos de ferrocarril desde El Escorial a Ávila y el del Jalón, con gran cantidad de túneles, en los que resulta difícil soportar los hilos y que dio lugar a numerosos ensayos para la utilización de cables con cubierta aislante. Sin embargo, se prefirieron al puerto de Guadarrama y al alto de Alcolea. La “Carta Telegráfica y Telefónica de España” y la CTNE El mejor documento que muestra los trazados de las líneas, inmediatamente antes de la creación de la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) es la “Carta Telegráfica y Telefónica de España”, formada por la Sección de Planos del Cuerpo de Telégrafos y publicada por la Dirección General de Comunicaciones, en 1923. En ella se indica, en diferentes colores, las telegráficas y las telefónicas así como los hilos que iban por carretera (rojo), por trazados de ferrocarril en postes de Telégrafos (negro) o sobre apoyos de las Compañías ferroviarias (azul). Es considerable la importancia de éstas últimas. En 1924, la Compañía Telefónica compró a Telégrafos las líneas telefónicas y los hilos que sobre apoyos comunes se dedicaban a servicio telefónico. Aunque mantuvo algunas por las vías férreas, modificó unas y construyó otras nuevas en los márgenes de las carreteras sin problemas de conservación ya que dotó a sus Celadores interurbanos de automóviles de turismo, lo que en aquella época producía cierta sorpresa. Desgraciadamente durante la posguerra fue necesario recurrir a las bicicletas, imagen que de alguna manera ha transcendido.
30 oct 2015