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Crisis económica y nuevas tecnologías: economía y nuevas tecnologías: el inicio de otra fase histórica
Economía y Nuevas Tecnologías el inicio de otra fase histórica La influencia del carácter discontinuo de los avances tecnológicos en los procesos de crecimiento de las economías, constituye un elemento explicativo esencial de las transformaciones estructurales que han tenido lugar en los escenarios económicos durante las últimas décadas. Concretamente, se intenta analizaren este artículo la posibilidad de que nos encontremos en el umbral de una nueva fase de cambio y expansión del sistema productivo, en cuya raíz se encontrarían lo que se ha denominado Nuevas Tecnologías. Texto Juan R. Cuadrado Roura Casi desde el inicio de la de los sesenta, la mayoría de los economistas dejaron de pensar en términos de largo plazo. Por supuesto que había razones para ello. El proceso de recuperación iniciado pocos años antes estaba ofreciendo ya unos resultados espectaculares en términos de aumento de los niveles de empleo, de producción y de renta, y estos logros parecía que podrían prolongarse largamente en el futuro. Por otra parte, la teoría keynesiana ofrecía a las autoridades económicas unos esquemas muy claros para suavizar los movimientos cíclicos a corto plazo, los únicos que aparentemente había que tomar en consideración. La evolución a largo plazo de las economías industrializadas no planteaba, en principio, especiales motivos de preocupación. El sistema económico era capaz de generar riqueza y ésta no sólo permitía aumentar los niveles de bienestar sino generar ahorro suficiente para mantener los niveles de inversión deseables. A su vez, la inversión arrastraba el desarrollo tecnológico y éste ofrecía unas posibilidades cuyos límites parecían poco menos que inagotables. Ciertamente, algunos economistas aislados habían llamado la atención sobre el carácter discontinuo de los avances tecnológicos y su posible incidencia en los procesos de crecimiento de las economías. Varios de ellos integraron incluso este factor entre las posibles variables que permitirían explicar adecuadamente los movimientos cíclicos. Pero sus ideas pasaron claramente a un segundo plano cuando el clima expansivo se generalizó y lo único importante era lograr el adecuado manejo de los instrumentos más aptos para lograr que las economías se desenvolviesen en la zona más próxima a su potencial. Las ideas keynesianas y las aportaciones monetaristas ofrecían, a estos efectos, un abanico de posibles actuaciones para lograrlo, evitando las tensiones inflacionistas y las caídas de tipo recesionista. La crisis iniciada en 1973 ha provocado un giro bastante radical en relación con este tipo de planteamientos. Los problemas de fondo han saltado de nuevo a un primer plano, al quedar en evidencia las rigideces derivadas de los desajustes en los mercados de factores y del intervencionismo que se fue instalando en el sistema. Asimismo, se ha abierto paso la idea de que la crisis que están afrontando algunos sectores industriales no sólo está relacionada con unos claros excesos de oferta, sino con un cierto agotamiento, en términos de productividad y rentabilidad, de algunas de las producciones vinculadas a las tecnologías convencionales. La consecuencia final de este giro ha sido que los economistas hemos vuelto a examinar cómo se había producido la última fase de expansión de la economía mundial y qué rasgos son los que sobresalen cuando se pretenden comprender las auténticas raíces de la crisis actual. La Interpretación de la última ola de expansión económica Tres grandes núcleos de problemas han ido destacándose como esenciales para explicar este trasfondo estructural de la presente crisis económica Las alteraciones que se han producido en los costes y precios relativos de un buen número de factores de producción. La crisis de algunos mecanismos institucionales que funcionaron en la fase de prosperidad pero que ahora resultan inadecuados y son fuente de rigideces. de un conjunto de innovaciones tecnológicas que han empezado a incidir ya sobre ciertos productos, procesos e industrias existentes y que. asimismo, impulsan al desarrollo de nuevas actividades. Esto último ha permitido también aceptar la de que el estancamiento en el que se han sumido las economías más avanzadas no sólo es consecuencia de unos desajustes macroeconómicos cuyo impacto no se niega, sino producto de cambios estructurales mucho más profundos que se inscriben en una serie de tendencias sectoriales a largo plazo. El retorno a las ideas puestas en circulación por Kondratiev y Schumpeter hace varias décadas no sólo no puede resultar así sorprendente, sino que tiene una enorme lógica. La crisis actual sólo puede entenderse bien si se comprende que sus auténticas se hunden mucho más profundamente que el simple inicio de los aumentos del precio del petróleo en 1973. Un buen número de prestigiosos analistas, éntrelos que podíamos citar a Dupriez, Mensch, Freeman, Clark, Van Duijn y Rothwell. coinciden en calificar el periodo histórico comprendido entre el inicio de la II Guerra Mundial y el momento actual como el cuarto ciclo Kondratiev. Hay concordancia en enumerar la serie de factores favorables que facilitaron el desarrollo de la gran onda expansiva de la economía mundial que tuvo lugar entre 1950 y el inicio de la década de los setenta y que no vamos a detenernos aquí a analizar con detenimiento. El crecimiento de la inversión en capital fijo registrado en los anos sesenta fue, indudablemente, uno de los factores más relevantes para impulsar los aumentos de productividad y el desarrollo La liberalización del comercio y la expansión de los intercambios internacionales la abundancia de mano de obra la ventajosa relación de precios entre la mayor parte de las materias, la energía y los productos industriales los bajos tipos de interés y la disponibilidad de tecnologías todavía escasamente aplicadas y que podrían adquirirse o asimilarse con relativa facilidad, constituyen el conjunto de elementos positivos que facilitaron el logro de las elevadas tasas de expansión del citado período. Cuando el coste real de algunos factores productivos, particularmente mano de obra, empezó a aumentar en los países más ricos, el juego de las ventajas comparativas provocó el desplazamiento hacia terceros países de algunas ramas productivas intensivas en mano de obra, tema que Vernon describió ya muy acertadamente en 1966 ligándolo a la teoría del ciclo vital del producto. Simultáneamente, los países con elevados niveles salariales se especializaban cada vez más en los sectores con elevada intensidad de capital. Pero, este proceso, además de relacionarse con unos importantes aumentos en la capacidad productiva de algunos sectores industriales bienes de consumo duraderos textil y confección calzado material de transportes etc., aparece también vinculado a la decreciente capacidad de generación de empleo por parte de las economías más avanzadas. Un hecho que se estaba detectando desde mediados de los sesenta en todos los países avanzados. Los tres grandes subperíodos del desarrollo de la postguerra Cuando se examina con detenimiento lo que ha ocurrido en las economías occidentales y de manera todavía más clara en Europa desde finales de la II Guerra Mundial hasta hoy, se llega a la conclusión de que hay que diferenciar tres subperíodos importantes. El primero comprende entre 1950 y 1964 y su característica más destacable es el fuerte ritmo de expansión {7 de aumento anual de la producción industrial, ligado a una notable creación de empleo 1,1 de incremento medio anual. El segundo período cubre entre 1964 y 1970 y durante el mismo la producción industrial siguió manteniendo tasas de expansión muy elevadas aproximadamente un 6 de media anual ¦ aunque el empleo quedó ya casi estancado. Por último, entre 1970 y los primeros ochenta, lo que ha ocurrido es que la producción industrial prácticamente se ha detenido media del 1 anual en la CEE, al tiempo que se han producido importantes pérdidas de empleo, con desigual incidencia y apreciables desfases temporales por países p. ej. entre G. Bretaña, la R.F. de Alemania y el conjunto de la CEE de los Nueve, como refleja el cuadro 1. Las relaciones que han existido entre la inversión y la creación de puestos de trabajo se conocen también con bastante claridad. En el caso de los países de la CEE, lo que nos muestran las estadísticas es que a partir de mediados de los sesenta la inversión tendió cada vez más a provocar la sustitución de mano de obra por equipo capital, lo que tiene como consecuencia la estabilización y más tarde la pérdida de puestos de trabajo. Conviene señalar, además, que la destrucción de puestos de trabajo que se ha producido de forma generalizada desde comienzos de los setenta no ha ido acompañada de una mejora de la productividad en la industria sino de un empeoramiento de ésta en todos los países desarrollados, como muestran Sos datos del cuadro 2, inmersos ya en un proceso de crecimiento de la producción muy bajo y, en algunos casos, incluso negativo. En definitiva, lo que los datos nos muestran es que los cambios estructurales registrados en las relaciones entre la producción industrial y el empleo, y entre los aumentos de la inversión y la creación de nuevos puestos de trabajo, se han ido produciendo de forma gradual, pero constante, a lo largo de las tres últimas décadas. La crisis actual se inició coincidiendo con el fuerte aumento del precio de los crudos y de otras materias primas iniciado en 197374, pero, una serle de cambios de fondo venían manifestándose ya con evidente antelación, siguiendo una trayectoria que podemos a un histórico de largo alcance, análogo a los ya detectados con anterioridad a la última Guerra Mundial. Los cambios tecnológicos y el ciclo vital de las producciones En las transformaciones estructurales a la que acabamos de aludir, los cambios tecnológicos han jugado un claro papel y constituyen un elemento explicativo esencial. Un buen conjunto de análisis de tipo general, así como otros referidos a la evolución de algunos sectores concretos, permiten entresacar los rasgos más decisivos de lo muchos califican como la revolución industrial de la postguerra. Rothwell y Zegveld han hecho de todo ello una síntesis particularmente consolidación del proceso fase de madurez y saturación del mercado tienen una serie de rasgos que de forma simplificada tratamos de sintetizar en el 3. Desde esta perspectiva, una de las características más destacables del período 194570 fue el rápido desarrollo de un conjunto de nuevas Industrias cuya base tecnológica estaba asociada a invenciones científicas y avances tecnológicos alcanzados veinte o treinta años antes. Este es el caso de las tecnologías ligadas a la petroquímica, los materiales sintéticos y los productos farmacéuticos, la electromecánica y la electrónica, o la aeronáutica, que generaron nuevas áreas de actividad económica, nuevos mercados y el paralelo crecimiento de la demanda de bienes de capital y de bienes de consumo de carácter duradero. A partir de finales de la década de los cuarenta hasta el inicio de los setenta, la introducción y amplia difusión de innovaciones de productos para el consumidor final, permitió asimismo la expansión de algunos sectores de alto crecimiento textiles sintéticos televisión materiales plásticos electrodomésticos el automóvil y otros. En una primera etapa, las unidades de producción dominantes tienen una dimensión pequeña o media y un nivel de eficiencia poco elevado. Los productos son nuevos o incorporan importantes mejoras en relación con sus antecesores. En términos generales, la inversión industrial se dirige en aquellos momentos a la creación de nuevos productos y a aumentar la capacidad de producción, generándose un importante número de puestos de trabajo. La década de los sesenta representa, desde una óptica también global, la fase de consolidación del proceso antes descrito, las mejoras de la industria se orientan esencialmente a ampliar la capacidad de producción y a renovar sus equipos productivos el tamaño medio de las empresas aumenta, bien sea gracias a la propia expansión de las empresas existentes y de nueva creación, o a través de operaciones de concentración y de absorción. No abundan ya los productos auténticamente nuevos sino las mejoras dentro de una misma base tecnológica, que a veces podrían calificarse incluso como pseudomejoras. Destacan, sin embargo, las innovaciones organizativas, forzadas por un inicio de la caída de la rentabilidad media, a pesar de que la demanda del mercado continuó expandiéndose a buen ritmo y la productividad también lo hizo, aunque de modo paralelo a la producción, lo que implicaba el estancamiento del empleo. La etapa de madurez de los productos y de saturación de mercados enlaza y se superpone a la anterior. La sensible baja del número de innovaciones de productos y el hecho de que algunas innovaciones automóvil, televisión, electrodomésticos. alcanzasen una amplia difusión en los países industrializados, reduce el papel de los sectores motores los que habían sido, ya no operan como tales, y son poco, o casi ninguno, ofrecen las tecnologías dominantes para dar lugar a innovaciones importantes caen, al igual que las posibilidades de desarrollar nuevas iniciativas empresariales. La inversión se concentra cada vez más en mejorar la eficiencia productiva y en sustituir el factor trabajo, y sólo en escasa medida se dirige a incrementar la capacidad de producción. Paralelamente, la fabricación de algunos productos maduros se desplaza hacia áreas geográficas de bajo coste laboral Sudeste asiático. Latinoamérica que compiten con las economías avanzadas y que acortan todavía más la capacidad de éstas para crear empleo. La crisis energética desempeña el papel de protagonista final de todo este proceso que se precipitaba ya claramente hacia la recesión económica en que todavía seguimos inmersos. Pero, lo más relevante es que una serie de sectores petroquímica, fibras sintéticas, línea blanca de electrodomésticos, electrónica de consumo y fabricación de automóviles, por ejemplo aparecen entonces situados en la fase histórica de y saturación de mercados, con importantes excesos de capacidad y una demanda estancada o en retroceso. Asimismo, parece que otras industrias ubicadas más hacia el centro de las relaciones intersectoriales electrónica y semiconductores habían cubierto también las tres fases antes mencionadas. Y, por último, algunas ramas productivas que suelen calificarse como tradicionales siderurgia, metalurgia de base, textil, construcción se han visto también afectadas por una progresiva ralentización y MODELO DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL DE LA POSTGUERRA 1945 hasta aproximadamente 1964. Fase de crecimiento dinámico Emergencia de nuevas Industrias basadas mayormente en 1 nuevas oportunidades tecnológicas. Producción Inicialmente en pequeñas unidades. muchos productos nuevos. Rápido crecimiento de nuevos mercados. Regeneración de algunos mercados en áreas tradicionales textiles. Generación neta de empleo la producción total creció más que creció la productividad. El énfasis competitivo reside principalmente sobre la disponibilidad de productos y tactores distintos al precio. Desde mediados hasta finales de los 60. Fase de consolidación Concentración industrial creciente y ampliación de las eco Elevadas economías de escala dinámica. Introducción de Innovaciones organizativas. —Algunos cambios fundamentales en los productos disponibles pero basados principalmente en las tecnologías existentes. Rápido crecimiento de la productividad. El énfasis competitivo continua principalmente sobre tactoFinales de los 60 hasta la fecha madurez y fase de saturación del mercado Unidades productivas muy grandes, a veces integradas. Cambio de algún producto, pero énfasis predominante Incremento de la racionalización organizativa. Incluyendo Inversión extranjera directa en áreas de costa laboral. Estancamiento y sustitución de los mercados. Mayor crecimiento de la productividad que de la producción total demanda. Rápido aumento del desempleo industrial. Donde los productos están poco diferenciados, la importancia de la competencia vía precios es alta. Fuente R. Rothwell y W. Zegveld, 19S2. de la demanda. Una caída que se deriva de la propia recesión económica, pero cuyo inicio había comenzado a detectarse bastante antes de la crisis del petróleo. En este contexto de la economía mundial, marcado por el agotamiento de las tecnologías y de los sectores que fueron decisivos en la fase económica y precedente, una nueva ola de importantes cambios tecnológicos ha empezado a introducirse en el sistema productivo de los países mas avanzados, dando lugar a innovaciones tanto de productos como, sobretodo, de procesos de producción. La microelectrónica y las tecnologías de la información, la biotecnologías, las tecnologías energéticas y la producción de nuevos materiales cerámicas, metales y nuevas aleaciones polímeros, fibra óptica y materiales compuestos conforman ahora Nelson y Winter describieron en 1977 como trayectorias tecnológicas generales, capaces de impulsar y de cambiar profundamente un sistema productivo anquilosado. Hacia una nueva fase de expansión a largo plazo La afirmación anterior, es decir, la idea de que estamos en el umbral de una posible nueva fase de cambio y expansión del sistema productivo, en cuya base se encuentran un conjunto de Nuevas Tecnologías requiere algún tipo de justificación. Aclaremos, ante todo, que el tema es objeto de numerosos debates y que no hay un acuerdo total al respecto. N siquiera se está de acuerdo en delimitar que son y cuáles son esas nuevas tecnologías, aunque existe un notable consenso en destacar cuatro grandes bloques la microelectrónica y las tecnologías de la información y las comunicaciones, que todos admiten que es el grupo más importante la biotecnología la energética y las tecnologías de nuevos materiales. Pues bien, contempladas conjuntamente todas estas tecnologías coinciden en mostrarnos tres rasgos o características muy importantes para la transformación del sistema productivo y su evolución a I a roo plazo Su polivalencia. Su coincidencia en el tiempo. Su base científica. El carácter polivalente de dichas tecnologías constituye un rasgo esencial que las diferencia de otros avances tecnológicos que han tenido un alcance histórico mucho más bajo. Aunque existen diferencias de grado, si algo destaca en todas ellas es el hecho de que sus posibilidades de incidencia en el conjunto del sistema productivo actual puede ser muy amplia. En todos los documentos recientes de la OCDE se insiste en e carácter sistémico de las nuevas tecnologías, refiriéndose al hecho de que se trata de innovaciones técnicas que están teniendo y van a tener una Incidencia intersectorial y un carácter polivalente. Como es obvio, hay sectores con los cuales algunas de estas tecnologías tienen una relación muy directa, lo que determinará una fuerte expansión de industria informática, o de las telecomunicaciones. Pero no es menos cierto que su utilización puede extenderse y de hecho así está ocurriendo a un amplio número de sectores, afectando a los procesos de producción y a los productos. La industria no es sólo la protagonista de tales cambios también la agricultura, la construcción y los servicios lo son ya, o acabarán siéndolo en un plazo no excesivo. Incluso se comprueba que ciertos sectores que siempre suelen calificarse entre los tradicionales el textil pueden experimentar mejoras muy sustanciales en su productividad gracias a la aplicación del CADCAM, La coincidencia en el tiempo de este conjunto de nuevas tecnologías constituye su segundo rasgo singular que, unido a la capacidad de penetración en todo el sistema económico que acabamos de comentar, justifican que se esté hablando ya de que estamos ante una auténtica revolución tecnológica. Indudablemente, nos falta todavía una perspectiva temporal más amplia para aceptar esta idea en toda su extensión, pero, como afirma C, Freeman, la microelectrónica y la informática pueden ser ya calificadas como una auténtica revolución tecnológica y algo similar acabará sucediendo con la mayor parte de las restantes tecnologías. No parece tan claro que pueda ocurrir así en el caso concreto de la energía nuclear, cuyo desarrollo sigue sujeto a problemas de aceptación política y social que tienden a frenar su implantación. Por último, la tercera característica de los cambios tecnológicos actuales es que tanto su avance técnico como su aplicación requieren la disponibilidad de una amplia Infraestructura científica. Como es sabido, casi todos los desarrollos tecnológicos se apoyan en un conjunto de conocimientos y avances científicos. Asi ocurre también en este caso, pero, además, como se comprueba al examinar qué países son los que realmente dominan los avances tecnológicos que he destacado, su desarrollo exige disponer de un amplio soporte científico número y calidad de los centros e investigadores y fuerte financiación. También la utilización o aplicación de una buena parte de las nuevas tecnologías demanda un mayor nivel de formación profesional y técnica en las empresas. Y todo ello plantea problemas importantes que se relacionan con la política de ID, pero también con las políticas de empleo y de fomento de las inversiones que es conveniente aplicar. No puedo entrar en un análisis más profundo evidente es que los cambios tecnológicos en curso constituyen para todos los países un evidente reto histórico. Porque no estamos ante una simple inflexión del progreso técnico, sino ante unos cambios que afectan ampliamente a la estructura productiva heredada, cuya crisis se presentía bastante antes de que el primer aumento de los precios energéticos decantasen su inicio en el último trimestre de 1973. Referencias bibliográficas CASTELLS, M y otro Nuevas tecnologías, economía y « en España. Alianza Editorial, Madrid, IS86, 2 tomos. CUADRADO HOUBA. J.R. El reto de los cambios tecnológico en Papeles de Economía Española, núm. 28, 1986. DUIJIN, J. van The Long Wave In Economlc Lile G. Alien Unwln, Londres, 1983. FREEMAN, C. CLARK, J. y SOETE, L Desempleo e innovación tecnológica. Un estudio de lasondas largas y el desarrollo. Ministerio de Trabajo. Madrid, 1985 traducción de la edición Inglesa de 1982. ROS, F. y otros Los países industrializado ante la nueva Tecnología Fundesco, Madrid, 1986. ROTHWELL, R. y ZEGVELD, W. and Technology Ed. Long man, Essex, 1985. Juan R. Cuadrado Roura, es Catedrático de Política Económica, en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Alcalá.
30 oct 2015