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Cine: L’ANGLAISE ET LE DUC de Eric Rohmer
Vinos | Jazz | Cine | Libros | Viajes Cine L’ANGLAISE ET LE DUC de Eric Rohmer Que la producción de nuestra materia prima signaléctica sea cada vez más tributaria de la intervención de máquinas no implica que la libertad y la creatividad humana estén inexorablemente condenadas a ser alienadas por procedimientos mecánicos. En lugar de que el sujeto pase a depender de la máquina, nada impide que las redes maquínicas se comprometan en una suerte de proceso de subjetivación; dicho en otros términos, que el maquinismo y la humanidad comiencen, un día, a mantener fructuosas relaciones de simbiosis” CARTOGRAFÍAS ESQUIZOANALÍTICAS (Félix Guattari, 1989) L’ANGLAISE ET LE DUC (La inglesa y el duque, 2001), presentada en el Festival de Venecia del presente año, es la tercera película histórica de Eric Rohmer, después de DIE MARQUISE VON O (La marquesa de O, 1975) y PARCEVAL LE GALLOIS (Parceval, 1978) y la segunda película política, después de L´ARBRE, LE MAIRE ET LA MEDIATHÉQUE (El árbol, el alcalde y la mediateca, 1993). Está, por lo tanto, fuera de los “Cuentos Morales” (1962-1978) y las “Comedias y Proverbios” (1980-1986). L´ANGLAISE ET LE DUC, basada en la primera parte del libro de Grace Elliott LE JOURNAL DE MA VIE PENDANT LA RÉVOLUTION FRANÇAISE, narra las relaciones de la aristócrata inglesa con el Duque de Orleans, su protector en el París de finales del XVIII. La película comienza en julio de 1790, se celebra la Fiesta de la Federación y el Duque regresa de un viaje a Inglaterra, y finaliza en 1794 después de la llegada del Terror en 1793 y previamente a la detención de Madame Elliott y su posterior ingreso en prisión, a los que está dedicada la segunda parte del libro. El 6 de abril de 1793 se crea el Comité de Salud Pública. La Convención tiene veintiún Comités. Los dos más importantes son el de Seguridad General, encargado de la represión, y el mencionado de Salud Pública, encargado de las ejecuciones, cuya misión es vigilar al Consejo Ejecutivo y adoptar las acciones necesarias para salvaguardar el proceso revolucionario. El periodo de dominio absoluto de este Comité comienza en julio del mismo año con las medidas contra los acaparadores de alimentos al mismo tiempo que se enfrenta a la guerra europea y a la contrarrevolución. Aprueba la Ley de Sospechosos que permitirá encarcelar a todos aquellos que muestren poca firmeza en la represión de la contrarrevolución y la Ley del Máximo General que fija el precio máximo que pueden tener las mercancías así como los salarios máximos que pueden alcanzar los trabajadores. Estamos en la vuelta al Terror después del Gran Miedo de 1789. Robespierre ingresa el 27 de julio de 1793 en este Comité. En el mismo año Jacobo Roux, ex-vicario de San Nicolás de Campos, lider de Los Furiosos, predicador de los descalzonados, decía “la libertad es mera sombra cuando una clase puede matar de hambre a la otra impunemente; la igualdad es sombra vana cuando el rico ejerce el derecho de vida y muerte sobre sus semejantes”. La democracia social se alinea con el gobierno revolucionario, el Terror entra en el orden del día de la Convención. El Comité de Salud Pública además de actuar contra los enemigos de la Revolución y los sospechosos de serlo actúa contra los especuladores, acaparadores y transgresores de la Ley de Máximos. Luis XVI es guillotinado el 21 de enero de 1793. Madame Elliott y su doncella contemplan París desde la terraza de su casa de campo en Meudon, bajo un cielo gris y plomizo. A lo lejos se escucha a Santerre y sus tambores. No lo pueden ver pero se presiente que cae la cuchilla y rueda la cabeza del Rey, los tambores se callan, silencio de muerte, la ciudad enmudece. Entre ambas, Meudon y París, el Sena que serpentea en medio de tierras, granjas y viñedos. Entre ambas, la terraza y la ciudad, la capacidad de sugestión de una maquinación múltiple plena de tecnologías, flujos maquínicos y territorios existenciales entre los que, desde luego, está el espectador, el que mira y es mirado. Escena paradigmática de un film cuya capacidad para hacer del pasado histórico presente legible, y por ello interpretable, nace en la subjetividad atravesada por los hechos históricos de una testigo presencial y directamente involucrada en los mismos: Grace Elliott. Narrar la narración de la Historia. Para las escenas de exteriores Eric Rohmer encargó al pintor Jean-Baptiste Marot treinta y seis cuadros de diferentes espacios urbanos y alrededores del París de la Revolución Francesa y con el aspecto de las pinturas de la época. De todos ellos únicamente tres se inspiraron en cuadros existentes: una vista del Pont au Change, una vista del puente de Sant-Michael, ambos de Corot, y una vista de la iglesia de Saint-Roch, actualmente en el Museo Carnavalet. El resto se concibió a partir de diferentes planos del Siglo XVIII, de la situación arquitectónica actual y, en aquellos casos en los que los edificios han desaparecido y/o el ángulo de vista requerido no era conocido, se utilizaron cartas topográficas, se recreó el estilo a partir de la obra pictórica de aquellos años y se utilizó la colección de fotografías de Marvielle en las que pueden verse construcciones y entornos ya desaparecidos. En cualquier caso está claro que se ha procurado conseguir la perspectiva que proporciona/exige la cámara cinematográfica con el objeto de conseguir a posteriori una exacta adecuación/interpenetración de las dos imágenes: esa de las tomas al natural de los actores en el estudio (sobre un fondo verde) y la correspondiente a las pinturas una vez digitalizadas. En suma hacer coincidir el punto de vista -la perspectiva del pintor- y de la cámara. Por otra parte, Rohmer se ha ayudado de rayos laser para guiar a los actores en sus movimientos y evitar, de esta forma, situaciones de inverosimilitud espacial en el momento de la superposición de imágenes Para las escenas de interiores Rohmer ha prolongado el espíritu y las sensaciones ópticas, fisiológicas y subjetivas que subyacen detrás de la virtualidad de las imágenes del París re-creado a partir de la simbiosis de diferentes procesos de producción significante: pintura, fotografía, vídeo, cine, literatura, ingeniería de las imágenes,.... La película ha sido rodada íntegramente en vídeo digital y se ha pasado a formato cine mediante su tratamiento en el kinescopio. Los procesos de manipulación de lo digital permiten recuperar totalmente el “antes de” sin pérdida de señal al contrario que los procesos de manipulación de lo analógico donde entre el “antes de” y el “después de “ hay un gradiente de pérdida. Sin embargo no debemos olvidar que la imagen no nace Digital, se hace. Lo Analógico está en el origen. Al mismo tiempo Méliès (el artilugio, lo artificioso, el paisaje fabricado) y Lumière (la impresión de realidad, la naturaleza de la luz, el paisaje aprehendido en las sensaciones provocadas) dentro de un bucle que nace en la maquinaria de la computación y se realimenta con la maquinación de las impresiones, de las ilusiones. Realidad que llega a ser pintura, pintura que llega a ser cine, cine que llega a ser memoria de la realidad. En suma, lo pictórico que trasciende lo fílmico. La imagen como signo y por lo tanto referente que se hace presente y con el referente la Historia narrada y no la realidad histórica. La Historia que se hace discurso. Memorias que construyen historia desde la Historia. La mirada que va desde lo privado a lo público y desde lo público a lo privado, desde la intimidad de la alcoba al espectáculo de la calle y las sesiones/actuaciones de los comités revolucionarios en un continuo desplazamiento de los personajes delante de la cámara más que en un desplazamiento de la cámara delante de los personajes. Eric Rohmer, más próximo del cine mudo que del cine de diálogos, aunque no lo parezca. Vinos | Jazz | Cine | Libros | Viajes
30 oct 2015