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Vinos: Vinhos de Portugal
Vinos Vinhos de Portugal [Libros][Multimedia] -------------------------------------------------------------------------------- Tan cerca y tan de espaldas Así ha sido lamentablemente buena parte de la historia de nuestras relaciones con el hermano peninsular, y en materia de vinos tampoco hemos hecho excepción. Parece mentira que una raya artificial sobre el paisaje pueda hacer que viñedos más próximos para un extremeño que los de Rioja, o que los de Jerez para un catalán, nos resulten en general tan ignorados. Y desde luego no es por falta de calidades, cantidades ni variedades. El vino en Portugal tiene una raigambre tradicional al menos tan vieja y tan rica como en España, y si es por consumo, se bebe más por habitante allí que aquí. Pero con todo, pocos españoles alcanzan a conocer mucho más allá de la existencia del oporto (por lo menos de oídas), quizás de los vinhos verdes, y puede que del Mateus Rosé, ese vino refrescante que con su fina burbuja y su bonita botella oval constituye uno de los mayores éxitos exportadores del país. La historia vinícola de Portugal transcurre paralela a la nuestra tras la introducción de la vid probablemente por los fenicios, su extensión en la época romana, su relativo retroceso con la llegada del Islam y su recuperación para la Cristiandad a lo largo de la Edad Media. El desarrollo más característico llegó después, al volcarse la civilización lusa hacia el océano con lo que ello significó, primero de expansión de sus vinos hacia las colonias americanas, africanas y asiáticas, luego y sobre todo a partir del siglo XVIII, de comercio de calidad principalmente hacia Inglaterra y Holanda. Este último negocio, como pasó igualmente en Jerez, fue a menudo controlado desde la producción por grandes casas importadoras que tendieron a favorecer la práctica del encabezado de los vinos con alcohol, asegurando su conservación durante el transporte y el almacenaje. Surgieron así los clásicos oportos y madeiras, y también el gusto, más acentuado que en España, por moscateles, malvasías y otros vinos de aperitivo o de café "fortificados" en diversas regiones del país. Ya en 1756 el Marqués de Pombal (el mismo que expulsó a los jesuítas) creó la Companhia Geral da Agricultura e das Vinhas do Alto Douro, considerada la primera denominación de origen del mundo y punto de arranque de una política que abarca actualmente un conjunto de 19 denominaciones controladas y otras 29 reglamentadas (el equivalente a los "vinos del país"), cubriendo amplias zonas desde el Miño hasta el Algarve. Para un recorrido por encima, sin contar con las islas de Madeira y de Azores, podemos agrupar las denominaciones principales en cinco grandes regiones: la de los llamados "vinos verdes", la del Duero con el resto del norte, la más cercana a Lisboa, el Alentejo y el Algarve. La primera de estas regiones viene a ser una prolongación meridional de nuestra Galicia, contando también aquí con aromáticos alvarinhos (y sus no menos sabrosos orujos o bagaceiras, en general más cuidados que los nuestros), pero su especialidad característica son los ligerísimos (unos 9 grados) vinos verdes hechos con uvas poco maduras. La región del Duero viene a ser continuación de la española de Toro, dando excelentes vinos tintos (también algunos blancos), muy bien estructurados y poco conocidos entre nosotros, con excepción de los que río abajo se transforman en las bodegas de Oporto y Vilanova de Gaia en los famosos productos que no vamos a describir ahora aquí. Un poco más al sur las comarcas de Dâo y Bairrada destacan también por sus magníficos tintos. Cerca de Lisboa, las comarcas de Colares, Carcavelos, Bucelas y Setúbal producen una variedad grande de vinos, blancos, tintos y moscateles dulces. A la altura de nuestra Extremadura, las comarcas alentejanas de Borba, Portalegre, Redondo, Reguengos y Vidigueira nos ofrecen sus buenos blancos y tintos, y más abajo, en el Algarve, los de Lagoa, Lagos, Portimâo y Tavira empiezan a ser apreciados ahora por el turismo internacional. Como puede comprenderse, no hemos hecho más que dar unas pinceladas sobre todo un mundo vinícola que mantiene además, mejor que nosotros, una importante variedad de uvas bien adaptadas a sus climas atlánticos. Y para acabar, un par de consideraciones adicionales. Una: los vinos portugueses no son ya una ganga aunque, visto lo de aquí, tampoco son de asustarse, si exceptuamos los oportos de cosechas (vintages) extraordinarias con precios de obras de arte. Dos: por desgracia no es fácil encontrarlos en este ingrato vecino de al lado, pero afortunadamente la solución es bien sencilla, Portugal está a tiro de coche en vacaciones y hasta en cualquier puente laboral. Por este motivo, entre otros, vale la pena. Manuel Gamella
30 oct 2015