Artículo BIT
La ingeniería, entre el queso y el glamour
Decía mi compañero J. Eduardo Mohedano (BIT, n. 180-181) en estas mismas páginas que los ingenieros habíamos perdido glamour pero habíamos ganado mercado. Con el nuevo diseño de Bolonia, la ingeniería no será lo mismo, empujados por la lógica europea de homologación de títulos, en el plano educativo, y por las circunstancias cambiantes en el mundo económico y social. Intrusismo, competencias y privilegios nos refieren a la organización profesional bien reglada y amparada, con contornos definidos y una nítida definición social. El baile de nombres en las denominaciones de los nuevos grados y la imprecisa defensa que los colectivos de ingeniería han hecho, ha sido una muestra de que las recetas ya no valen para una situación que ha cambiado. El ingeniero del siglo XXI tiene que volver a inventarse. Las necesidades cambian, el entorno se transforma y es necesario responder con la misma rapidez y originalidad que lo hace la sociedad. Si el mundo está hoy hiperconectado, se han saltado fronteras y es realidad la aldea global, ha sido gracias, en gran medida, a los ingenieros de telecomunicación que han virtualizado el mundo, superando admirablemente las limitaciones de tiempo y espacio. Si somos corresponsables de estos resultados, tenemos que ser justos administradores de la herencia, que además debe ser perfectiva porque el desarrollo humano es un camino sin meta. Se sigue leyendo el clásico de Spencer Johnson, ¿Quién se ha llevado mi queso?, donde el queso representa la prosperidad que en un entorno cambiante, nunca tiene dirección postal fija. El queso de los ingenieros cambió hace tiempo, y si es necesario luchar colectivamente en defensa de nuestra excelencia, lo es mucho más mirar de frente a la realidad para plantear una estrategia creativa. La excelencia de la ingeniería hay que trabajarla a diario en la empresa y en la universidad; y el título de ingeniero será una quimera si el que lo detenta no demuestra con obras elocuentes las razones de su mérito. Nuestra hoja de servicios nos permite la suficiente confianza para entrar de lleno en los nuevos depósitos de queso y aportar soluciones increíbles a nuevos problemas. Si no hemos sido capaces de apuntalar nuestra identidad como lo han hecho médicos o arquitectos, es porque tenemos que volver a correr para tomar posiciones. El técnico bien formado y abrigado socialmente debe de dar paso al ingeniero creativo, políglota y transversal, capaz de liderar proyectos de innovación y tratar con la misma soltura las técnicas de modulación, las cotizaciones bursátiles o responsabilidad social de su empresa. Y esto sin dejar de asesorar a las administraciones públicas advirtiendo que la firma del ingeniero sigue siendo garantía de calidad y seguridad. El 1 de octubre ha entrado en vigor el Real Decreto por el que se despoja a las ingenierías de todas sus competencias menos nueve, en materia de edificación y explosivos. Quizá sea éste, desde las reconversiones industriales y las burbujas de las telecos y la construcción; el último signo de que los tiempos piden otra cosa. Para salir a jugar tendremos muchas trabas, empezando por nuestra historia gloriosa, pero también contamos con la receta del éxito que podemos blandir con orgullo y tan buenos resultados ha dado: dedicación, esfuerzo e innovación.
30 oct 2015