Artículo BIT
Cine: SPIDER de David Cronenberg
Entre los años 1977 y 2002 el canadiense David Cronenberg (Ontario, 1943) ha realizado 14 largometrajes de los que la mayoría se inscriben dentro de las corrientes cinematográficas conocidas como “gore” y “ciencia- ficción” o lo que es lo mismo: metamorfosis monstruosas, universos virtuales, retornos a la animalidad, realidades kafkianas, manifestaciones de la crueldad, cotidianeidad de lo anormal. Con SPIDER (Reino Unido, 2001), presentada en el último Festival de Cannes, David Cronenberg se separa de ambos géneros, no tanto por lo que tienen de presencia de lo extraordinario o, si se prefiere, de reconstrucción fantástica de la realidad, como por la posición o el lugar desde el cual se inicia este proceso de alejamiento. SPIDER es un film sobre la locura y, por ello mismo, sobre la reconstrucción de la realidad desde la propia realidad del individuo enajenado en vez desde la irrealidad del objetivo constructivo como sería el caso del “gore” y la “ciencia ficción”. El proceso de producción de esta reconstrucción tiene su origen, como hemos dicho anteriormente, en instancias completamente distintas: la diégesis (=tiempo y espacio de la narración), por lo tanto internamente al texto fílmico, y lo profílmico (=tiempo y espacio para la narración), por lo tanto con anterioridad al discurso fílmico. En el primer caso el paso a la acción es del personaje, estamos dentro de la pantalla, y en el segundo lo es del que sabe, del que tiene el conocimiento técnico para la realización de una película, estamos fuera de la pantalla, estamos fuera de sala. Esta diferencia es precisamente la que instalada en el origen del acto cinematográfico le trasciende con la modificación del estatus del espectador en el juego que se está jugando: la lectura (=visión) de un film concreto: SPIDER. Los procesos de proyección desde y hacia la pantalla varían, no son del mismo tipo, y con ello lo que hay detrás de ir al cine. No es lo mismo ver un film verosímilmente próximo en claves, desde luego de realidad fílmica, pero también de realidad mundana, de vida diaria más o menos explicable, más o menos lógica, que un film comprensiblemente fantasioso, aunque increíble, en claves de realidad fílmica exclusivamente. La reconstrucción delirante de una realidad propia por parte del psicótico le lleva a edificar, a través de la trama delirante que fabrica, una vivienda donde dar cobijo a su razón. Esta construcción se levanta sobre una destrucción: la de la propia experiencia y su manifestación en el habla; sobre un perjuicio: el que normalmente le causa la instancia más fuerte o con mayor poder dentro de la novela delirada: la figura del padre; y, finalmente, sobre la autorreferencia: la realidad narrada le concierne directamente a él. La génesis de la estructura delirante está en la familia y sus orígenes en la historia particular y privada de cada uno; las raíces son, por lo tanto, biográficas. La fractura en el sujeto surge cuando es incapaz de sublimar y/o de urbanizar, la incomodidad, el desarreglo, el cataclismo, las contradicciones de una maquinaria deseante con raíces en el mismo individuo, en su propia historia biológica y percibida, pero también en la cultura en la que está inevitablemente inmerso. Sabemos, por otra parte, que nos podemos encontrar en el mundo de la locura con psicosis afectivas: melancolías y psicosis de la razón: esquizofrenia y paranoia, sin dejar de lado la parafrenia que se mueve entre ambas. Posiblemente Spider (Ralph Fiennnes) encontraría su explicación en los aledaños de esta última. Y digo posiblemente ya que no podemos salirnos de los espacios de la conjetura y la elucubración: estamos comentando una película: pura ficción donde el discurso se construye desde realidades evidentemente no clínicas. Así mismo SPIDER(David Cronenberg) nos remite al territorio de los delirios funcionales donde la discusión sobre el origen psíquico y/o físico de los mismos todavía está abierta. No es el caso de los delirios confusionales donde su origen sí está claramente definido en lo físico, en lo orgánico, en lo somático. Estamos en Londres, previsiblemente en los años setenta, la anti-psiquiatría está presente en la teoría (David Cooper, R.D. Laing, …) y en la instalación: clínica. La primera escena de SPIDER nos muestra la llegada de un tren a la estación, y así, de esta manera, el film se identifica, desde el primer momento, con el cine de tradición realista: Lumière y no de tradición fantástica: Méliès como ocurre en anteriores películas de David Cronenberg: EXISTENZ (1999), CRASH (1996), THE FLAY (1986), VIDEODROME (1982), SCANNERS (1981), etc. Spider se baja del tren, regresa de la institución hospitalaria y el mundo de la alienación al mundo de la sublimación y la simulación. La locura como tragedia se hace presente, de golpe y porrazo, en toda su dimensión: el cuerpo del alienado. SPIDER es única y exclusivamente este cuerpo, no nos abandonará en los 98 minutos que dura su proyección. Todo lo demás son recursos narrativos, expresivos si se quiere, que llenan o dan formato, con mayor o menor acierto, a una ficción que se pretende creíble. En realidad, y en última instancia, lo que se intenta desde el simulacro (= imágenes en color 24 veces por segundo) es mostrar la verdad del delirio: el infierno en que se encuentra el alienado y los antecedentes igualmente infernales de que proviene. Pero la locura es una cosa y el cine otra. BIT 136/NOVIEMBRE-DICIEMBRE 2002 117 SPIDER de David Cronenberg 1 Fernando Jiménez Molina U C i n e
30 oct 2015