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Libros: El libro de BIT
Libros El libro de BIT [Vinos][Multimedia] -------------------------------------------------------------------------------- Universitarios de hoy No ha sido costumbre de BIT publicar relatos literarios. Si se han publicado, con distintas excusas y motivos, fábulas moralizadoras y ejemplarizantes. Pero las malas costumbres estan para romperse. Estas páginas quedarán periódicamente abiertas a vuestra imaginación. Incluimos en este número un relato corto de nuestro compañero Enrique Sánchez. Carmen, es decir, mi esposa, y yo coincidimos en el mismo trabajo durante una buena temporada. Ambos realizamos nuestras tesis doctorales en un laboratorio de la Escuela de Telecomunicación de la Politécnica de Madrid. Trabajamos juntos, aunque en temas de investigación distintos, desde mediados de 1978 hasta principios de 1983. Luego, ella se convirtió en profesora den la Facultad de Físicas de la Complutense, mientras yo terminaba mi tesis y, después, en septiembre de 1984, me incorporaba a un Instituto oficial. Por aquella época, los dos teníamos muy claro que nunca más volveríamos a coincidir en el mismo trabajo. Pero, las cosas de la vida, el caso es que en 1990 nos trasladamos a vivir a Vigo, con nuestros tres hijos, y volvimos a coincidir, esta vez como profesores de la Escuela de Telecomunicación de esa ciudad. Había muchas diferencias entre los que habíamos hecho antes y lo que íbamos a hacer en Vigo. Pero al margen de ellas, Carmen jugaba con una ventaja importante. Ella lleva ejerciendo como profesora universitaria varios años. Por el contrario, para mí era la primera oportunidad en la que tenía que preparar una asignatura y contársela a los alumnos que se habían matriculado en ella. Por una de esas casualidades que siempre ocurren, a Carmen le tocó dar clases en primero y segundo de carrera, mientras que a mí e correspondía una asignatura del último año. En lo relativo a mí, eso supuso una ventaja importante; a fin de cuentas, los alumnos de quinto tenían veintitrés años como mínimo, y ello implicaba que estaban en posesión de un grado de madurez importante. Aunque sólo fuera porque los profesores de los cursos inferiores habían contribuido en gran medida a que los estudiantes adquiriesen esa madurez. Así que me incorporé a la docencia universitaria sin mayores dificultades. En cambio, Carmen parecía sufrir una especie de trauma. Lo que ocurría era que ella siempre había dado clase en los cursos superiores de la Facultad de Físicas de la Universidad Complutense de Madrid, y ahora se veía obligada a lidiar con alumnos de menos edad. De ese modo, y aunque pueda parecer paradójico, al final resultaba que el cambio había sido más fácil para mí que para ella, cuando era Carmen quien había insistido en que tal cambio se produjera. Cuando hablábamos del tema, a medida que se desarrollaba el curso 1990-1991, daba la impresión de que éramos incapaces de entendernos. Carmen se maravillaba de lo rápido que me había adaptado a la rutina de las clases, pesar de que yo siempre había insistido en que no me gustaba la docencia. Y a mí me sorprendía que ella, con toda su experiencia anterior, llegara a casa muchas tardes con la moral por los suelos. -Es que tú no sabes cómo son los chavales de dieciocho años recién salidos del instituto. David, no sabes lo que es eso –me decía, mientras yo la escuchaba incrédulo. Tuve ocasión de saberlo años más tarde. Fue como consecuencia de una reestructuración de tareas en el departamento en el que ambos estábamos integrados. Yo debía seguir con mi asignatura de quinto, pero también estaba obligado a echar una mano en una de primero. Y, diez días después de empezar las clases, ya entendía perfectamente lo que mi esposa había sido incapaz de explicarme durante cuatro o cinco años. Sobre todo, porque cada semana tenía ocasión de ver el contraste entre los alumnos de quinto y los de primero. Aquéllos eran pocos (apenas veinte o veinticinco seguían mis clases), en tanto que los segundos eran excesivamente numerosos (casi cien en cada sesión). Los de quinto, atendieran o no, se interesaban por la asignatura. Bien al acabar mi exposición, bien en mi despacho, me planteaban sus dudas y me sugerían cómo hacer más interesantes o más prácticas mis clases. Es más, no era raro que, tras las preguntas que se referían concretamente a la materia que yo impartía, la conversación derivase hacia sus planes para cuando terminasen la carrera, o las posibilidades de empleo de los ingenieros de telecomunicación. En más de una ocasión me sorprendió algún estudiante que apenas aparecía por clase o que, cuando lo hacía, estaba dormido mientras yo hablaba comentándome, con la mayor sensatez del mundo, algún aspecto que yo había explicado o queriendo saber más detalles acerca de lo que había dicho en el aula. Además, me trataban de tú, lo cual no dejaba de suponer un cierto alivio para una persona como yo, que rondaba los cuarenta años. Los alumnos de primero constituían otro mundo. Me trataban de usted, tanto en clase como en las raras ocasiones en que venían a mi despacho a preguntar dudas, pese a mi insistencia en que me apearan aquel formulismo. Además, y pese al usted, muchos se burlaban de mí y me sacaban defectos. Bueno, no me quejo de eso especialmente, porque en ese aspecto se portaban exactamente igual con los profesores que les daban otras asignaturas. Lo que me fastidiaban era su actitud en clase. No se dormían como los de quinto. Pero su estrategia me daba cien patadas. Los mejores no paraban de escribir todo lo que yo decía de palabra o escribía en la pizarra. Y eso a pesar de que les había advertido de que era preferible que me atendiesen, porque, si querían algo por escrito, ya lo tenían en los apuntes que mis compañeros y yo les habíamos preparado, o, sobre todo, en una multitud de libros escritos por distintos autores, que explicaban la materia de forma maravillosa. Era igual; ellos tomaban notas sin parar, cometiendo cien mil errores por culpa de su apresuramiento, cundo podían leer lo mismo, y mejor explicado, en nuestros apuntes o en aquellos libros. Los otros hacían poco más o menos igual que los buenos, pero, además, añadían otras características particulares. Tomaban apuntes a ratos, pero la mayor parte del tiempo la dedicaban a hablar con sus compañeros de banco, a morrearse con la persona del otro sexo más próxima, a escuchar música a través de auriculares, o a buscar cualquier cosa del profesor de la que pudieran reírse. Vista aquella actitud, en los primeros momentos traté de contemporizar. Insistí una y otra vez en que no era necesario que tomaran apuntes, o tan siquiera que asistieran a clases; a fin de cuentas, ni yo ni mis compañeros pasábamos lista de los presentes en el aula. También recalqué que, si se iba a clase, era para atender, no parar dedicarse a las múltiples actividades a las que se entregaban mis alumnos (y eso que los teléfonos móviles todavía no estaban tan de moda como ahora). Pero todo era inútil; mis advertencias caían en saco roto, y yo me desesperaba a cada día que pasaba. -¡No lo entiendo, Carmen, no lo entiendo! –le decía a mi esposa, por la noche, en casa, cuando lo que sí empezaba a comprender era el desaliento de ella-. Les dices a los alumnos de quinto que no es necesario que vayan a clase, que lo tienen todo en los apuntes o en los libros, y no te aparece ninguno. Es más, los que te van no te dan la lata, y, o se duermen, o escuchan atentamente. Los de primero escriben como cosacos, no se enteran de nada, y te vuelven loco con mil y una estupideces. Creo que eso se lo dije a Carmen, un día tras acabar de corregir un examen final de la asignatura de quinto. Yo era generoso para corregir, pero sólo en al frontera entre el suspenso y el aprobado. Ahí, en caso de duda, me inclinaba por el alumno. Pero lo que no hacía era regalar notables o sobresalientes. Con exámenes dudosos de ese tipo, yo me inclinaba por calificación más baja. En otras palabras, si no sabía a qué carta quedarme entre un suspenso y un aprobado, me inclinaba indefectiblemente por lo segundo; si la disyuntiva era entre un aprobado y un notable, o entre un notable y un sobresaliente, el estudiante se quedaba con la nota inferior. Entre condenar y premiar a alguien en situaciones dudosas, mi criterio variaba radicalmente dependiendo del riesgo para el alumno. Resultaba que, en aquella ocasión, yo acababa de otorgar la primera matrícula de honor en mi asignatura de quinto. Y le correspondía, precisamente, a una chica que no había aparecido por clase en todo el curso. Pero su examen era impecable. Ni mirándolo con lupa podía encontrar un fallo que pudiera ponerme en dudas acerca de la matrícula. Y aquello hacía más patente el contraste con lo que ocurría en primero. Lo grave del asunto era que se suponía que teníamos en nuestras manos a los mejores alumnos de Galicia. Por lo que fuera, se había corrido la voz de que la carrera de Ingeniero de Telecomunicación era especialmente difícil, y eran pocos los que aspiraban a ingresar en nuestra Escuela. Cuando nuestro cupo de entrada era de doscientos alumnos por años, había veces que quedaban varias plazas sin cubrir. Y ello pese a que las perspectivas de empleo para los ingenieros de telecomunicación crecían cada vez más. Pero se suponía que éramos muy duros y eso retraía a los estudiantes que superaban la selectividad. No voy a hablar ahora de eso; sólo quiero recalcar que parecía que llegaban a nuestra Escuela los mejores alumnos de los institutos y colegios privados de Galicia. ¡Pues si ésos eran los mejores...! Carmen, otros profesores y el que suscribe estas líneas ya habíamos discutido hasta la extenuación sobre el tema. ¿Por qué era tan difícil dar clase en primer curso? Apuntamos un millón de soluciones y ninguna nos convenció. Al final lo mejor que pudimos hacer fue separar el problema en distintos aspectos. Uno de ellos era, naturalmente, el relativo a la actitud. Podíamos culpar a los profesores de Enseñanza Media; a la permisividad, que se estaba convirtiendo en algo habitual entre los padres; al gobierno, por sus leyes educativas; o a Perico el de los Palotes. Daba igual, la actitud era la que era y teníamos que adaptarnos a ella. Otra clave la aportaron mis hijos. Carmen y yo tenemos la costumbre de comentar muchas cosas en familia; eso suscita en ocasiones discusiones apasionadas. Una de las más movidas fue la relativa al planteamiento de los exámenes. No voy a hablar de lo que dijeron mis hijos pequeños, todavía en enseñanza primaria. Pero Ana, ya en el instituto, se escandalizó cuando su madre y yo aseguramos que los exámenes en la Universidad no son para preguntar un tema determinado, sino para comprobar si un alumno, a partir de los que se le ha explicado, es capaz de razonar sobre una situación nueva. -¡Pero eso no es justo!- estalló Ana. O sea, que uno estudia y estudia, y luego resulta que vosotros vais y le preguntáis por cosas que no le habéis dado. -Pero Ana- intentó explicar Carmen.-, de eso se trata precisamente. Bueno, al menos en ingeniería la cosa no es que te sepas de memoria el puente de Rande, que ya está construido, sino que tengas la capacidad de hacer otro puente en otro sitio. ¿No lo entiendes? No, Ana no lo entendía. A ella tenían que ponerle en un examen los mismos problemas que le habían explicado en clase. Carmen y yo, aterrorizados ante semejante razonamiento, aportamos nuevos elementos a la discusión que se estaba prolongando indefinidamente entre los profesores de la Escuela de Telecomunicación de la Universidad de Vigo. En lo que tocaba a la asignatura de primero que yo impartía en colaboración con otro compañero, la brutal observación de Ana nos llevó a plantear un tipo diferente de exámenes. Evidentemente, no íbamos a pedir a los alumnos que nos repitieran, con pelos y señales, un tema, cualquier tema. Pero podíamos intentar otra estrategia. Mi compañero aceptó mi idea, y así empezamos a diseñar nuestros problemas de examen, no para que los alumnos obtuvieran la respuesta final de golpe, sino como el resultado de una serie de pasos encadenados. El nuevo planteamiento de los exámenes de nuestra asignatura pareció funcionar durante un par de años. De hecho, nuestro porcentaje de aprobados fue tal que llegamos a deshacernos de la bolsa de suspensos que habíamos acumulado en los cursos pasados. Nos encontramos con que, si entraban doscientos alumnos en la Escuela, nosotros éramos capaces de aprobar a doscientos cincuenta por curso. Es decir, nos sacábamos de encima a una buena parte de los que habían quedado atascados en ella en cursos anteriores. Y, a continuación, llegó el desastre. En un examen idéntico al que habíamos puesto hacía unos pocos meses, resultó que el porcentaje de aprobados no llegó al treinta por ciento, cuando habíamos estado moviéndonos en cifras del cincuenta y sesenta por ciento. ¿Qué había ocurrido? Bien, mi compañero y yo seguimos dándole vueltas al asunto. Y no encontramos ninguna respuesta. Voy a contarles algo de ese examen, a ver si a ustedes se les ocurre algo. Había un problema en el que pasaban cosas en diversos instantes de tiempo. Los instantes que a nosotros nos interesaban eran cien milisegundos, un segundo y cien segundos. Pues bien, un porcentaje importante de alumnos indicó en sus respuestas que cien milisegundos eran menores que cero( es decir, que se trataba de un tiempo negativo) y que, por consiguiente, problema carecía de solución. En otro problema se daba una serie de datos y se preguntaba por el valor de uno que faltaba. Lo había preparado yo, y casi podría decir que estaba dispuesto a encontrarme con cualquier cosa a la hora de corregir. Un estudiante llenó seis páginas de cálculos (lo sé, por que yo lo corregí) y concluyó con esta frase: "lo siento profe, pero no puedo calcular lo que se me pide porque me falta ese dato". Por si sirve de algo, añadiré que el alumno en cuestión era repetidor y que había asistido a todas mis clases del año, el segundo que él cursaba la asignatura. No voy a seguir. Mi compañero y yo seguimos preguntándonos si hemos corregido un examen o si hemos sufrido una pesadilla. Pero eso no es lo peor. Cuando le conté estas cosas a mi esposa, Carmen se limitó a sonreír irónicamente y a preguntarme si no me acordaba de lo que me había dicho hacía unos años (tiene una memoria de elefante y a veces la odio por eso). -Es que tú no sabes cómo son los chavales de dieciocho años recién salidos del Instituto. David, no sabes lo que es eso. ¿Fue eso lo que te dije o no? Enrique Sánchez
30 oct 2015
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Vinos: Vinhos de Portugal
Vinos Vinhos de Portugal [Libros][Multimedia] -------------------------------------------------------------------------------- Tan cerca y tan de espaldas Así ha sido lamentablemente buena parte de la historia de nuestras relaciones con el hermano peninsular, y en materia de vinos tampoco hemos hecho excepción. Parece mentira que una raya artificial sobre el paisaje pueda hacer que viñedos más próximos para un extremeño que los de Rioja, o que los de Jerez para un catalán, nos resulten en general tan ignorados. Y desde luego no es por falta de calidades, cantidades ni variedades. El vino en Portugal tiene una raigambre tradicional al menos tan vieja y tan rica como en España, y si es por consumo, se bebe más por habitante allí que aquí. Pero con todo, pocos españoles alcanzan a conocer mucho más allá de la existencia del oporto (por lo menos de oídas), quizás de los vinhos verdes, y puede que del Mateus Rosé, ese vino refrescante que con su fina burbuja y su bonita botella oval constituye uno de los mayores éxitos exportadores del país. La historia vinícola de Portugal transcurre paralela a la nuestra tras la introducción de la vid probablemente por los fenicios, su extensión en la época romana, su relativo retroceso con la llegada del Islam y su recuperación para la Cristiandad a lo largo de la Edad Media. El desarrollo más característico llegó después, al volcarse la civilización lusa hacia el océano con lo que ello significó, primero de expansión de sus vinos hacia las colonias americanas, africanas y asiáticas, luego y sobre todo a partir del siglo XVIII, de comercio de calidad principalmente hacia Inglaterra y Holanda. Este último negocio, como pasó igualmente en Jerez, fue a menudo controlado desde la producción por grandes casas importadoras que tendieron a favorecer la práctica del encabezado de los vinos con alcohol, asegurando su conservación durante el transporte y el almacenaje. Surgieron así los clásicos oportos y madeiras, y también el gusto, más acentuado que en España, por moscateles, malvasías y otros vinos de aperitivo o de café "fortificados" en diversas regiones del país. Ya en 1756 el Marqués de Pombal (el mismo que expulsó a los jesuítas) creó la Companhia Geral da Agricultura e das Vinhas do Alto Douro, considerada la primera denominación de origen del mundo y punto de arranque de una política que abarca actualmente un conjunto de 19 denominaciones controladas y otras 29 reglamentadas (el equivalente a los "vinos del país"), cubriendo amplias zonas desde el Miño hasta el Algarve. Para un recorrido por encima, sin contar con las islas de Madeira y de Azores, podemos agrupar las denominaciones principales en cinco grandes regiones: la de los llamados "vinos verdes", la del Duero con el resto del norte, la más cercana a Lisboa, el Alentejo y el Algarve. La primera de estas regiones viene a ser una prolongación meridional de nuestra Galicia, contando también aquí con aromáticos alvarinhos (y sus no menos sabrosos orujos o bagaceiras, en general más cuidados que los nuestros), pero su especialidad característica son los ligerísimos (unos 9 grados) vinos verdes hechos con uvas poco maduras. La región del Duero viene a ser continuación de la española de Toro, dando excelentes vinos tintos (también algunos blancos), muy bien estructurados y poco conocidos entre nosotros, con excepción de los que río abajo se transforman en las bodegas de Oporto y Vilanova de Gaia en los famosos productos que no vamos a describir ahora aquí. Un poco más al sur las comarcas de Dâo y Bairrada destacan también por sus magníficos tintos. Cerca de Lisboa, las comarcas de Colares, Carcavelos, Bucelas y Setúbal producen una variedad grande de vinos, blancos, tintos y moscateles dulces. A la altura de nuestra Extremadura, las comarcas alentejanas de Borba, Portalegre, Redondo, Reguengos y Vidigueira nos ofrecen sus buenos blancos y tintos, y más abajo, en el Algarve, los de Lagoa, Lagos, Portimâo y Tavira empiezan a ser apreciados ahora por el turismo internacional. Como puede comprenderse, no hemos hecho más que dar unas pinceladas sobre todo un mundo vinícola que mantiene además, mejor que nosotros, una importante variedad de uvas bien adaptadas a sus climas atlánticos. Y para acabar, un par de consideraciones adicionales. Una: los vinos portugueses no son ya una ganga aunque, visto lo de aquí, tampoco son de asustarse, si exceptuamos los oportos de cosechas (vintages) extraordinarias con precios de obras de arte. Dos: por desgracia no es fácil encontrarlos en este ingrato vecino de al lado, pero afortunadamente la solución es bien sencilla, Portugal está a tiro de coche en vacaciones y hasta en cualquier puente laboral. Por este motivo, entre otros, vale la pena. Manuel Gamella
30 oct 2015
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Multimedia: Windows Millennium: la tercera edición de Windows 98 para el hogar
Multimedia Windows Millennium: la tercera edición de Windows 98 para el hogar [Libros][Vinos] -------------------------------------------------------------------------------- ¿Windows Millennium? Windows Millennium es un sistema operativo para ordenadores personales y que surge como la evolución de Windows 98 Segunda Edición, ya que hay que hacer notar que existen dos versiones significativamente diferentes de Windows 98, la original y la SE que salió al mercado un año después y que le diferencia del anterior sobre todo en aspectos relacionados con Internet. Windows Millennium ha sido diseñado pensando en el hogar y en la familia, y no es un Windows adecuado para la empresa o los usuarios profesionales, adecuado para la empresa o los usuarios profesionales, para los que ya existe Windows 2000 profesional, por ejemplo, no tiene la estabilidad y fiabilidad de los sistemas operativos profesionales como Windows NT y ha incorporado una serie de utilidades para proteger el sistema Escritorio de Millennium. tal es la importancia de Windows Media Player que acapara tres iconos, después de la instalación operativo y hacerlo más resistente a las instalaciones de programas y drivers de terceros que, en definitiva, son las principales causas de cuelgues y pantallas azules en sus predecesores. Windows 2000 y Windows Millennium son sistemas operativos con un núcleo completamente distinto. A finales del año 1998 parecía que Microsoft iba a lanzar un mismo Windows, el 2000, tanto para el hogar como para el usuario profesional, y que Windows 98 SE sería el último sistema operativo basado en DOS. Pero diversos problemas de incompatibilidades con juegos, plataformas multimedia y programas antiguos impidieron que este proyecto pudiera concluirse y fuera necesario lanzar otro Windows más, como paso intermedio hasta la plataforma NT de nombre: Millennium. La herramienta System Restore permite "regresar" a la configuración de un día pasado ¿Es Windows Millennium el último sistema operativo con núcleo DOS? Aunque DOS significó el despegue del concepto "ordenador personal", este sistema operativo se ha convertido en un pesado lastre que ha condicionado a los sistemas operativos como Windows 9x al no aprovechar completamente la potencia hardware de los sistemas. Aunque no está muy claro si Windows Millennium es el último sistema operativo con núcleo DOS todo parece indicar que en efecto así será y que en cualquiera de los casos no habrá una cuarta edición de Windows 98; los sistemas operativos con núcleo DOS termina en Millennium. El modo DOS, tal como lo conocemos, ha dejado de existir en Windows Millennium. Ya no es posible iniciar el sistema en "sólo símbolo del sistema" o apagar el sistema "reiniciando en modo MS-DOS". Tanto es así, que los archivos AUTOEXEC.BAT y CONFIG.SYS ya no tienen ninguna función en Millennium. ¿Qué hay de nuestro DOS? Windows Millennium mantiene DOS en su núcleo y lo que sucede es que se ha ocultado, el MS-DOS sigue estando debajo de Windows de la misma manera que lo estaba en el 95 o el 98 aunque se haya escondido el símbolo del sistema, en un esfuerzo por simplificar el sistema operativo. Lo que realmente se ha eliminado de Windows Millennium es el soporte para aplicaciones DOS de 16 bits en modo real. La siguiente versión o actualización de Windows Millennium, en la que definitivamente se elimina el DOS como núcleo principal utilizará el núcleo de Windows 2000. Ya no existe la opción de ‘Reiniciar en modo MS-DOS". Las capacidades de ahorro de energía(hibernación y suspensión) han sido muy mejoradas. APARIENCIA DE WINDOWS MILLENNIUM Definitivamente, la apariencia de Windows Millennium es la misma de Windows 2000, sin olvidar que debajo permanecen las ideas de Windows 98. Sin embargo, las mejoras multimedia son obligadas en un sistema operativo que pretende constituirse en el estándar de la familia y el hogar. La estrella de Millennium en el terreno multimedia es la incorporación de la nueva versión de Windows Media Player y es a su vez el mayor defecto, debido a la cantidad de recursos que consume, incluso en PCs realmente potentes. Millennium incorpora el nuevo Windows Movie Maker y un renovado Windows Media Player. Para facilitar la creación de una pequeña red en el hogar con salida a Internet por un mismo módem, se incorpora ICS (Internet Connection Sharing), utilidad que ya estaba disponible en Windows 98 SE y no en la primera versión de Windows 98. PROTECCIÓN DE ARCHIVOS Microsoft se ha tomado muy en serio los problemas de estabilidad de Windows 9x y ha incorporado dos nuevas utilidades en Millennium. La primera es el sistema de recuperación de archivos (SFP), que impide que programas y drivers antiguos o mal construidos machaquen archivos esenciales para el buen funcionamiento de Windows. La recuperación de archivos se realiza de forma transparente al usuario. Cada vez que algún programa (o nosotros por descuido) elimine o estropeé algún archivo del sistema, éste será recuperado por Millennium sin nuestra intervención. La segunda utilidad es System Restore. Se basa en almacenar en disco distintos puntos de comprobación (checkpoints) de la configuración del sistema, al iniciar el equipo cada día, antes de instalar un programa o en cualquier momento que nosotros programemos. Si el sistema falla en un momento dado, podremos recuperar una configuración anterior. Es una utilidad muy potente que nos permite "retroceder en el tiempo" cuando detectemos que algo no funciona correctamente. Sin embargo, el coste de esta "magia" es la cantidad de espacio que ocupa en el disco cada configuración. CONCLUSIÓN Está claro que nuestros ordenadores personales contarán con la posibilidad de incorporar nuevos sistemas operativos en un futuro próximo, bien a través de Windows 2000 o de Windows Millennium. Pero esta mejora consumirá muchos de nuestros recursos hardware, principalmente CPU, memoria y disco duro por lo que la actualización del sistema operativo puede ralentizar nuestro ordenador. Windows Millenium está recomendado para aquellos usuarios que tienen el ordenador para su uso en tiempo de ocio, es decir, juegos; también es recomendado para ordenadores antiguos cuyo hardware no va a ser reconocido por Windows 2000. Pero si su ordenador tiene otro uso, la conclusión es clara, vaya pensando en actualizarse a Windows 2000 profesional. Rafael Pérez Ugena
30 oct 2015
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Libros: El libro de bolsillo
Libros El libro de bolsillo [Vinos][Multimedia] [Jazz y más] -------------------------------------------------------------------------------- El libro de BIT Álvarez Molina, F. No le digas a mi madre que trabajo en Bolsa. Alianza Actualidad. ISBN 84-206-4415-3. Madrid 1999. 182 pág. Sobre bolsa y finanzas hay muchos, demasiados, libros preparados de "encargo". Un interés circunstancial por un determinado tema suele conducir a recopilar una serie de capítulos en los que se recogen tópicamente los tópicos de la materia. El resultado es un "muerto"; algo sin vida, sin ideas y con un millar de paginas, por exigencias del editor. El libro de Francisco Alvarez Molina representa el paradigma de lo contrario, del libro cuyo autor tiene ideas propias que exponer, vivencias interesantes que contar. La bolsa ha sido, es, una parte importante de su intensa vida. Y en su trabajo muestra el fruto de años dedicados a "hacer bolsa" en París y, últimamente, en Valencia. El libro comienza con un prólogo de Jean Francois Théodore quien, como presidente de la Bolsa de París y Euronext, representa un importante papel en la tragicomedia en cuyo acto final aparecerá la bolsa europea o quizás mundial. Le siguen capítulos que definen el papel de la bolsa, el entorno español y uno dedicado al inversor donde se responden con claridad preguntas que nos hacemos todos los días : ¿Qué me cuesta invertir en Bolsa? ¿Qué sentido tiene un "split"?... El último capítulo recoge, certera y concisamente, todos los problemas que tantos quebraderos de cabeza producen a los responsables de las bolsas europeas cuando intentan crear un organismo que permita realizar eficientemente transacciones con los instrumentos financieros europeos. Un libro de obligada lectura para empezar a tener una visión certera de mundo de la bolsa y su entorno. EL LIBRO DE BOLSILLO El formato utilizado por el libro de bolsillo es mi preferido. Fácil de transportar, de manejar; nos permite la diversión en situaciones que de otra manera serian insufribles; y aprovechar momentos, que de no dedicarlos a la lectura, perderíamos irremediablemente. Y esto sin tener encuenta la ventaja económica que supone su precio, en el entorno de las 1000 ptas. – 6 euros, frente a las ediciones convencionales aproximadamente tres veces mas caras. En España tenemos colecciones en este formato con larga tradición y magníficos fondos que han alimentado todo tipo de intereses : historia, teatro, ensayo, poesía, novela. Los libros de Alianza, Austral, Cátedra, los compactos de Anagrama... han sido reseñados habitualmente en nuestra sección y seguiremos utilizándolos como referencia, al margen de modas pasajeras, de literatura con largo recorrido. Una nueva hornada de colecciones han aparecido recientemente con títulos que, aunque son de publicación reciente, casi han acabado su exitosa vida comercial en el caro formato de tapa dura. Las editoriales consiguen alargar la vida comercial de sus publicaciones; y ampliar considerablemente sus potenciales clientes. El nombre de los autores, los títulos, los premios que han obtenido, a precios razonables, son poderosas razones para atraer a numerosos lectores. Las cuentas de los cien días de funcionamiento de Debolsillo, que presento sus primeros ejemplares el pasado marzo, pueden darnos una idea aproximada de las cifras que se manejan. En este periodo han ingresado dos mil cuatrocientos millones de pesetas por la venta de dos millones y medio de ejemplares. Las novedades suponen un cincuenta y siete por ciento de las ventas, correspondiente el porcentaje restante a fondo. No tamando en cosideración los libros de Pérez-Reverte, los más adquiridos son La hija de la fortuna de Isabel Allende, que alcanza la nada despreciable cifra de cien mil ejemplares, Las cenizas de Angela de McCourt y Los pilares de la tierra de Follet. Basta con mirar las estanterías en los diversos espacios comerciales para encontrarnos con títulos interesantes. Para facilitaros la tarea acompaño algunas recomendaciones. Punto de lectura. Éxito de Martin Amis, Todo un hombre de Tom Wolfe, Mal de amores de Mastretta Compactos Anagrama Teoría de la inteligencia creadora y El laberinto sentimental de Marías, Donde las mujeres de Pombo, Sostiene Pereira de Tabucchi Debolsillo Los pájaros de Bangkok de Montalban, El sastre de Panamá de Le Carre. Bernardo González Palacios
30 oct 2015
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Vinos: Chile sin ir muy lejos
Vinos Chile sin ir muy lejos [Libros][Multimedia] [Jazz y más] -------------------------------------------------------------------------------- ¿Era Pío Baroja quien decía que el carlismo se curaba leyendo y el nacionalismo viajando? Se puede estar más o menos de acuerdo con el fondo político de esta broma, pero es indudable el beneficio de poder ampliar con lecturas y viajes las experiencias y sensaciones limitadas de nuestro medio local. Probablemente sea lógico por pura saturación que en países con tanta historia y riqueza vinícola como Francia, Italia o España no sea fácil conocer muchos vinos extranjeros a menos que se recurra a estos viajes barojianos, ya que las lecturas no pueden más que ilustrar para la cosa de la cata. Lamentablemente resulta también difícil si no se es rico y ocioso ponerse a buscar botellas autóctonas recorriendo uno a uno los países. Quizá el comercio electrónico venga a arreglar esto pronto, pero viajando sólo un poco existe ya un sucedáneo gracias a lugares donde los buenos aficionados no tienen vinos propios que atender y no les queda más remedio que traerse lo mejor que encuentran en calidades y precios desde cualquier parte del mundo (¡pobre gente, sin identidad y sin raíces!). O sea, sin ir muy lejos, sitios como Gran Bretaña, Irlanda o Escandinavia. Buscad si vais por ahí y encontraréis tiendas especializadas e incluso a veces simples supermercados repletos de botellas exóticas como para montar verdaderos cursillos de iniciación a los aromas y sabores del mundo (por esto al menos no hay que tirar piedras contra la globalización). Deteneos ante las estanterías y una de las primeras cosas que observareis es una proliferación creciente de marcas venidas del hemisferio austral, donde la franja de climas templados restringe la producción a Chile, Argentina, Africa del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Se trata de países sin variedades indígenas de uvas, en los que los viñedos han crecido experimentando con las mejores cepas europeas llevadas por los colonizadores, y donde desde abril pueden empezar a beberse los primeros vinos del año gracias a la inversión de las estaciones. También podréis ver que uno de esos países va incrementado su presencia de manera especialmente notable: es Chile, que ha sabido compensar la disminución de consumo local (de 54 litros anuales por habitante a 18 desde los 60) con un aumento en calidad reflejado en un 40% más de exportaciones en los cuatro últimos años. La historia del vino chileno tiene dos fechas clave: 1541 cuando los colonizadores españoles llegaron con las primeras vides, y 1850 cuando, huyendo de la filoxera que durante el medio siglo siguiente arrasaría viñedos por todo el mundo, se estableció tras la barrera protectora de los Andes una generación de viticultores y bodegueros europeos. Así Chile es hoy el único país donde las vides viníferas crecen habitualmente sobre sus propias raíces, sin tener que injertarse sobre pies americanos resistentes a la plaga. Esta generación revolucionó el viñedo chileno introduciendo métodos franceses, los más avanzados de la época, y nuevas variedades francesas y alemanas (blancas). Una curiosa reliquia de esa época ha sido el descubrimiento reciente de abundantes cepas de una variedad tinta francesa (carmenère) que se creía extinguida por la filoxera y que en Chile se venía confundiendo y mezclando con uvas de cabernet franc. Ahora se elaboran ya vinos varietales de carmenère y se piensa que puedan llegar considerarse característicos del país, como casi está ocurriendo con los de malbec en Argentina o los de sauvignon blanc en Nueva Zelanda. Por razones climáticas los viñedos chilenos se sitúan, como la mayor parte de la población, en la zona central del largo país (Santiago, Valparaíso, Concepción), con unas 80 viñas registradas en valles que se agrupan de norte a sur en nueve regiones: Coquimbo, Aconcagua, Casablanca, Maipo, Rapel, Curicó, Maule, Itata y Bío Bío. Chile destaca hoy por sus tintos, aunque hay también blancos apreciables, como los de Casablanca y Curicó. Por cierto que un derivado de éstos es hoy el aguardiente nacional del país (en disputa con los peruanos que dicen ser sus inventores), el pisco, cuyas mejores marcas provienen de la destilación de moscateles del norte. Entre las bodegas tradicionales chilenas puede señalarse como bastante conocida en Europa la de Concha y Toro, sobre todo por su cabernet-sauvignon Casillero del Diablo (bajo esta marca hay también tintos de merlot y blancos de chardonnay y de sauvignon blanc). Pero también se producen interesantes "vinos de autor", destacando últimamente el Caballo Loco de bodegas Valdivieso (valle de Lontué en Maule), que rompe con las normas de etiquetar con el año y con las variedades, para hacer sus propios coupages (llamados Nº 1, 2, 3 y 4) con distintas combinaciones de años y de uvas. El Nº 4 indica el más complejo, con aromas intensos y muy evolucionados (recordando a humo, cuero, cacao, confituras…). Pero todavía más cerca, en algunas tiendas bien surtidas de por aquí, existe una buena oportunidad de encontrar vinos chilenos, gracias a que desde 1980 el bodeguero catalán Miguel Torres ha ido adquiriendo terrenos e instalaciones en Chile, contribuyendo de paso a la modernización tecnológica de las viñas y bodegas del país. Las marcas chilenas de Torres se comercializan también por aquí, aunque no en abundancia. Son los tintos Santa Digna, Cordillera y Manso de Velasco, y los blancos Santa Digna, Don Miguel, Maquehua y Bellaterra. Por algo se empieza. Manuel Gamella
30 oct 2015
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Multimedia: Linux
Multimedia Linux [Libros][Vinos][Jazz y más] -------------------------------------------------------------------------------- BREVE HISTORIA UNIX empieza su desarrollo por el año 1965 siendo el verdadero despegue en 1974, convirtiéndose en el sistema operativo preferido en las universidades, ya que su distribución es libre incluso la fuente. Este desarrollo crea una fuerte confusión ya que la falta de normalización crea varios UNIX, a veces incompatibles entre si. A mediados de la década de 1980, este sistema operativo tiene fuertes requerimientos de hardware que facilita el desarrollo de derivados del UNIX, adaptados a máquinas más modestas, como el PDP-11 o el recién llegado PC. Entre ellos cabe destaca XENIX, de gran popularidad, TUNIX o MINIX. Es a principios de la década de 1990, en la Universidad de Helsinki en Finlandia donde un estudiante de informática, llamado Linus Torvards tiene especial interés en XENIX y decide crear un clon de UNIX para PC, por aquel entonces un 80386. Su primer trabajo empieza en 1991 con la versión 0.02 y finaliza en 1994 con la versión 1.0, versión plenamente operativa y estable de la versión del kernel de Linux. La última versión es la 2.2, aparecida en Internet el 25 de Febrero de 1999. CARACTERISTICAS DESTACABLES EN LINUX Al igual que su hermano mayor UNIX, el kernel de Linux es de libre distribución, incluyendo las fuentes que están escritas en C. Los desarrollos comerciales en Linux están sujetos a la GNU (General Public License), ya que el compilador viene incorporado en la mayor parte de las distribuciones del sistema operativo. En la actualidad, Linux ha alcanzado la mayoría de edad, sirviendo para la mayoría de propósitos incluyendo usuarios finales o domésticos. Es decir, Linux es un sistema operativo multiusuario, multitarea, multi-hilo, multiprocesador, con un núcleo capaz de ejecutar binarios tipo a.out, ELF, SVR3 y SRV4, con una API compatible POSIX.1 y extensiones BSD y USL. En cuanto a sus posibilidades de red, podemos destacar el protocolo TCP con IPv4, IPv6 y admite protocolos tan conocidos como X.25, IPX/SPX (redes Novell), SMB, NetBEUI (redes Microsoft), DDP o SLIP/PPP, por ello cualquier ordenador con un sistema operativo Linux puede funcionar como cliente o servidor en redes Internet, NetWare, Appeltalk, NetBEUI y NFS. Además, Linux reconoce los sistemas de archivos FAT16, FAT32, VFAT, NTFS (Windows NT), HPFS (OS/2), Xenix, SVR (UNIX), HFS (Macintosh), ISO 9660 (CD ROM) y por supuesto las propias de Linux xfs, ext, ext2 y UMSDOS (Linux corriendo en particiones formatedas en DOS). En cuanto a los dispositivos o hardware soportado, esta última versión puede afirmarse que si un dispositivo funciona con Windows 95 funciona con Linux, incluso el plug and play, y sólo una reducida parte de fabricantes de hardware no han hecho públicas sus características que permiten el desarrollo de estos drivers. En la actualidad la mayor parte de los drivers pueden obtenerse de Internet, el canal preferido por los "locos de Linux" para obtener los parches, las nuevas distribuciones del kernel o incluso la asistencia técnica. Colaboradores de todo el mundo desarrollan nuevos drivers, software o simplemente someten a Linux a duras pruebas, lo que le dota de gran robustez. Se calcula que unos 8.000.000 de usuarios tienen instalado este sistema operativo y esta cifra crece de forma espectacular. Para finalizar este apartado, hay que destacar que Linux no es un aburrido sistema operativo de comandos, ya que dispone del potente servidor gráfico XWindows y diversas interfaces que harán las delicias de cualquier usuario. Con estas herramientas, la mayor parte de la administración del sistema se reduce a unos pocos clicks de ratón, eliminando de esta forma un duro aprendizaje ya que este entorno de ventanas es tan intuitivo como el de Windows. LAS DEBILIDADES DE LINUX Como cualquier sistema operativo, Linux también tiene desventajas. La primera es la ausencia de aplicaciones comerciales. Dado que este sistema operativo y las herramientas de desarrollo son de libre distribución, esta característica no atrae a las empresas comerciales cuyo fin no es el educativo. Sin embargo esta tendencia está cambiando debido al gran desarrollo que está alcanzado Linux. La segunda desventaja es la falta de un emulador DOS y Windows con los que se pueda trabajar cómodos. Esto quiere decir que aunque estos emuladores funcionan y no causan problemas, son en exceso lentos, sobre todo el de Windows. Otra gran desventaja es la ausencia de servicio técnico, desventaja sobre todo para las empresas en que la rentabilidad del tiempo es importante. Para un usuario que sepa desenvolverse por Internet no es mucho el inconveniente pero el problema cambia ahora a dominar la red Internet. La última desventaja importante es que Linux es como UNIX, es decir no es un sistema operativo para todo el mundo y menos cuando se está muy acostumbrado al ordenador personal (monousuario) y al sistema de archivos del DOS. Para empezar la propia instalación del sistema operativo en un PC no es para aficionados y si este obstáculo es salvado, viene después la configuración de las Xwindows o del mismo kernel todas ellas tareas complejas y complicadas, que desaniman al usuario para instalar y funcionar con Linux. CONCLUSIONES Lo descrito a lo largo de estas líneas, debe dejarnos claro para quien está pensado Linux y para quien no lo está. Si se intimida ante un ordenador no pruebe Linux. Con Linux no podrá disfrutar con el último juego o con una espectacular aplicación comercial, pero si lo suyo es aprender o desarrollar instale Linux y disfrute. Respecto de las empresas, no pueden sustituir aún a los ordenadores personales en cuanto a flexibilidad del software, pero pueden hacer muy bien su trabajo como servidores de ficheros, de aplicaciones o servidores Internet/Intranet. Por último indicar que los requerimientos para ejecutar Linux o sus aplicaciones pueden encontrarse en cualquier ordenador, recuérdese que se desarrollo pensando en una plataforma Intel 80386. Por ello Linux puede instalarse en un humilde 386 con 2MB de memoria y 40MB de disco duro hasta un sistema de 64 multiprocesadores de 64 bits con 3GB de memoria y disco de 4TB. Un servidor normal puede constar de un 486 o mejor pentium con 16MB de memoria para ejecutar las XWindows y 300MB de espacio en disco. Para finalizar, comentar que el logotipo oficial de Linux es un pingüino (ver figura), aunque existen logos alternativos más maliciosos circulando por Internet. Rafael Pérez Ugena
30 oct 2015
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Jazz y más: Tito Puente y Agustín Carbonell
Jazz y más Tito Puente y Agustín Carbonell [Vinos][Libros][Multimedia] Tito Puente (1925-2000), puertorriqueño de Nueva York, ha sido considerado con toda justicia como el rey de los timbales, instrumento también conocido como "batería de pie" o "rumberas con platillos" en el mundillo de la salsa-jazz. Extraordinario percusionista, compositor y arreglista, también tocaba el vibráfono y el saxo alto. Estudió en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York y fue uno de los puntales (como Machito o Tito Rodríguez, entre otros) esenciales en la unión entre los ritmos afrocaribeños y el jazz. Colaboró con Dizzy Gillespie y otros músicos de jazz, y dirigió durante décadas orquestas y combos, extendiendo por el mundo la salsa-jazz, dejando a los músicos libertad para que improvisaran los solos que les pedía el cuerpo. Insisto en lo procendente del término salsa-jazz ya que, en principio el término salsa procede de la música de los puertorriqueños de Nueva York en los años sesenta, es una denominación que, a mi juicio, debería abarcar todo lo "afro", tanto si procede directamente de África como lo transformado en el Caribe, Ecuador, Perú, Brasil, o por los puertorriqueños de Nueva York, etc. Es de señalar que, por ejemplo, en Cuba hoy todavía se distingue entre la salsa y la músicaa afrocubana, sin que el término salsa englobe todo. Tito Puente grabó a lo largo de su vida más de cien discos en los que los mambos, los chá-chá-chás, los guaguancós, etc., abundaban. Uno de ellos fue el CD titulado In session (Bat-EMI Odeon) grabado en 1992 con un grupo de 9 músicos de categoría: Mongo Santamaría (congas), Charlie Sepúlveda (trompeta), Dave Valentin (flauta), Mario Rivera (saxos), Giovani Hidalgo (percusión), Ignacio Berroa (batería), Andy González (contrabajo) y Hilton Ruiz (piano), colaborando en el último número el gran músico de jazz James Moody. Es un CD de salsa-jazz de alta calidad. Si hay que poner algún reparo lo que me gusta menos son algunas estructuras repetitivas que toca en su teclado Hilton Ruiz como acompañamiento de algunos solos de percusión; sin embargo los solos de piano que hace este músico son de lo mejor del disco. En algún número por ejemplo el titulado "Tigino + Z" podemos disfrutar de maravillosos solos de percusión con el piano callado. Agustín Carbonell ("Bola"). Nacido en Madrid en 1967 es un excelente guitarrista de flamenco clásico que se ha internado también en el nuevo flamenco con la colaboración del percusionista brasileño Ruben Dantas (habitual de Paco de Lucía y que trajo a España el instrumento conocido como "cajón", tan frecuente hoy en el flamenco rítmico) y de los españoles Javier Colina (contrabajo) y Pedro Ojesto (piano), y más músicos y cantaores de flamenco. El último CD que han grabado se titula Vuelo flamenco (Nuba Records) y, al igual que en el anterior, encontramos música de calidad auténtica. La única objeción es la duración total del CD (no llega a 40 minutos). Podrían haberlo completado, por ejemplo, con uan "jam-session", improvisando todos libremente por bulerías o rumbas. No obstante, es un CD recomendable. Juan José González
30 oct 2015
Artículo BIT
Vinos: Más vinos australes
Más vinos australes Los amigos argentinos se sentirían algo ofendidos si después de hablar en mi último artículo sobre los vinos chilenos dejara de referirme aquí a los suyos. De manera que allá va. La historia del vino en Argentina se remonta como en Chile a los primeros tiempos de la conquista. Tanto para la misa como para la mesa, los colonizadores exigían vino y, aunque ya las carabelas de Colón empezaron por transportarlo en toneles y pellejos, pronto hubo intentos transplantar vides españolas aunque con pobres resultados en las latitudes tropicales. No se desanimaron: en 1531 una real cédula aconsejaba llevar vides y olivos a las Indias y ante la elevada mortandad de los esquejes que hacían el viaje se llegaron a sembrar pepitas de uvas pasas, lo que originó una proliferación de plantaciones de características incontroladas y escasa calidad. Aún así los viñedos prosperaron bien en los climas templados al sur del virreinato del Perú, hasta el punto de que los exportadores de la península intentaron, con escaso éxito, prohibir la producción de vinos criollos, para defender sus intereses comerciales. La corriente viticultora peruana se extendió por tierras chilenas y desde allí atravesó los Andes tras la fundación de Santiago del Estero, donde el fraile mercedario Juan Cidrón plantó en 1557 las primeras cepas conocidas en lo que hoy es territorio argentino. Desde entonces en toda la franja que transcurre al pie de la cordillera andina, desde el Chaco hasta la zona septentrional de la Patagonia, se ha elaborado siempre vino, aunque las dificultades del transporte por mulas y carretas limitaban su salida hacia las zonas más pobladas de la Pampa y el Río de la Plata. Este panorama cambió favorablemente a mediados del siglo XIX por dos acontecimientos decisivos: la introducción por nuevos viticultores inmigrantes (sobre todo franceses e italianos) de técnicas modernas y variedades de calidad, y el desarrollo del ferrocarril que permitió la comercialización en gran escala hacia Buenos Aires y otros núcleos crecientes de población. Argentina es hoy el mayor productor de vino de las Américas, contando con viñedos apreciables en Salta, Catamarca, La Rioja (¡qué casualidad!), San Juan, Mendoza y Río Negro. Sin embargo más del 70% de la producción, y más aún si nos referimos a los tintos, procede de la provincia de Mendoza, seguida por la vecina San Juan y por el resto a gran distancia, predominando la elaboración de vinos blancos en el noroeste (Salta, Catamarca y la Rioja). Lo primero que salta a la vista si se pasea uno ante las estanterías de cualquiera de las magníficas tiendas de vinos de Buenos Aires es la abundancia de marcas monovarietales (vinos elaborados con una sola clase de uva) que resulta característica de gran parte de las bodegas argentinas de calidad. Así, una buena selección de estos vinos puede convertirse en todo un curso sobre los diferentes aromas y sabores que resultan de cepas tan renombradas como las tintas malbec, syrah, cabernet-sauvignon, merlot, pinot noir, barbera, sangiovese o tempranillo, y las blancas chardonnay, sauvignon, chenin, semillon, torrontés, o riesling. Por contra, choca la ausencia de un sistema oficial de denominaciones de origen, si bien hay un par de iniciativas de asociaciones privadas en los departamentos mendocinos de Luján de Cuyo y San Rafael. Bruselas y sus controles quedan muy lejos, como lo demuestra la alegre usurpación de términos como borgoña, o champagne para etiquetar vinos locales de esos tipos. Entre toda esta variedad es destacable la especial adaptación a los suelos y climas argentinos de la uva malbec, originaria de la región francesa de Burdeos, donde suele constituir una componente menor de los coupages (mezclas) mientras aquí da lugar en solitario a vinos en los que alcanza su máxima expresión. En el mercado internacional la marca más conocida es probablemente Trapiche. Esta bodega mendocina, fundada en 1883, comercializa actualmente buenos vinos varietales de malbec, cabernet-sauvignon y chardonnay, cada uno de ellos en dos versiones: jóvenes y criados en roble. También de Mendoza, pero más difícil de encontrar fuera del país, puedo recomendar, porque acabo de beber mi última botella, el excelente cabernet reserva del 94 Luigi Bosca, un tinto con cuerpo donde se juntan bien los aromas de la madera con los propios de esa variedad, ésos que los manuales describen como “recuerdos de pimiento verde”, pero que aquí son más cosas (frutas, especias, cuero…) sacadas de vides con más de 40 años. Dos cosas más cabe añadir antes de terminar. Una, que será poco probable que entren en España muchos de estos vinos mientras la inflación y la equiparación actual del peso al dólar sigan haciendo que cuesten al cambio algo así como el doble que los de aquí. Otra, que no se encuentran en Argentina más que libros de adorno (de ésos con muchas fotos en papel satinado y precio absurdo) sobre sus vinos. Si yo fuera editor publicaría ya alguna guía decente. En un país tan aficionado al vino y a la lectura no creo que faltara demanda.
30 oct 2015