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La invención del triodo amplificador: la válvula Fleming, el audión y la válvula Lieben
La invención del triodo amplificador: la válvula Fleming, el audión y la válvula Lieben a historia real no es tan sencilla, sino mucho más complicada y muy diferente. Los litigios por las patentes y la I Guerra Mundial han complicado sobremanera la visión histórica, y la tendencia natural humana de simplificar y resumir la historia han acabado dando por buena la versión simple. El objetivo de este trabajo es aportar algo de luz al proceso real de invención del triodo, que implica en cierta medida la desmitificación de la figura de Lee DeForest. Básicamente, se llegó al triodo siguiendo simultáneamente dos caminos diferentes y partiendo de orígenes muy distintos. En los EE.UU. Lee DeForest inventó el Audión como detector de ondas de radio a partir del detector de llama (no de la válvula Fleming, como se indica erróneamente). En Alemania, un hoy olvidado Robert von Lieben partió del tubo de rayos catódicos de Braun para desarrollar un relé telefónico sin inercia (amplificador de corrientes ondulantes) conocido como válvula Lieben. Ambos inventores trabajaron de forma independiente y sin tener conocimiento uno de otro. El diodo Fleming La invención del triodo está llena de casualidades. Todo comenzó en 1883, cuando Edison observó por casualidad el paso de una corriente eléctrica a través del “Lee DeForest no partió del diodo de Fleming para inventar el Audión, sino del detector de llama. Se le veía como un detector y pasaron cinco años antes de descubrir sus propiedades amplificadoras” La invención del triodo amplificador: la válvula Fleming, el audión y la válvula Lieben En prácticamente cualquier enciclopedia, libro de texto, tratado de electrónica, página web o trabajo histórico se puede leer que la válvula amplificadora (triodo) fue inventado en 1906 por Lee DeForest partiendo del diodo Fleming. La realidad es muy diferente, se llegó al triodo a través de dos caminos con distintos orígenes. José Carlos Gambau Rodríguez EA2BRN Recordando la historia L Inglaterra Estados Unidos Alemania Efecto Edison Detector de llama Tubo de Rayos Catódicos Diodo Fleming Audión DeForest Triodo de alto vacío Válvula Lieben Recorrido esquemático muy simplificado de la invención del triodo RECORDANDO LA HISTORIA. La invención del triodo amplificador: la válvula Fleming, el audión y la válvula Lieben vacío entre un cátodo caliente (filamento) y un ánodo frío mientras experimentaba para solucionar un problema causado por el filamento de carbón. El sentido de la corriente siempre era del elemento caliente al elemento frío. No sabía que hacer con ello y lo patentó como “indicador sensitivo de voltaje”, ya que la intensidad que circulaba dependía de la temperatura del filamento. En 1899 Fleming se convirtió en asesor científico de Marconi y aprovechó el efecto Edison para rectificar las ondas electro-magnéticas. Resultó ser un buen detector cuya respuesta era proporcional a la fuerza de la señal recibida. Fleming patentó este dispositivo con el nombre de válvula oscilante. Para no chocar con la patente de Edison, en los EE.UU. lo patentó únicamente como una aplicación del efecto Edison a la rectificación de corrientes de alta frecuencia. La Compañía Marconi adquirió la patente y lo empleó principalmente en instrumentos de medición. El Audión DeForest Lee DeForest también descubrió el Audión por casualidad. En los primeros años de su carrera en la radio se asoció con personajes que veían la radio como una máquina de hacer dinero fácil sin importar los medios. En esta primera etapa tuvo numerosos litigios por cuestiones de patentes, y debido a ello se vio obligado a buscar un detector que no plagiara ninguna. Comenzó investigando la respuesta de los gases calientes a las ondas electromagnéticas e inventó el detector de llama, que resultó ser poco fiable. Prosiguió por este camino y encerró diversos gases a baja presión en un globo de vidrio que calentaba con un filamento. La señal se aplicaba al filamento y la respuesta se recogía en una placa. Obtuvo buenos resultados, pero este dispositivo tenía un gran parecido a la “válvula oscilante” de Fleming. Para no volver a enzarzarse en otro proceso con la Compañía Marconi estudió varias modificaciones. Finalmente en 1904, en una prueba “a ver qué pasa”, insertó un hilo en zigzag entre el filamento y la placa, al que aplicó la señal de entrada. Este dispositivo le dio un excelente resultado y lo patentó en octubre de 1906 con el nombre de Audión; esta primera patente es únicamente por un detector, no por un amplificador. Ignoraba su principio de funcionamiento y mucha gente sólo veía en él un extraño detector sin futuro. Fritz Lowenstein (de la compañía Hamond) descubrió en 1911 que el Audión podía amplificar una señal. DeForest se sorprendió por este hecho inesperado y se apresuró a modificar la patente de 1906 añadiendo el efecto amplificador, después ofreció el Audión a AT&T como amplificador telefónico. AT&T encargó un estudio a Harold D. Arnold que convirtió el débil e inestable Audión en un dispositivo de alto vacío más práctico y robusto. Cuando Arnold fue a patentar el Audión de alto vacío descubrió “Lieben, Reisz y Strauss partieron del tubo de rayos catódicos y pusieron a punto en Viena una válvula amplificadora electrónica simultáneamente al descubrimiento del audión amplificador” Detector audión DeForest. Se caracterizaba por su baja calidad. Válvula oscilante o diodo Fleming de 1904. con sorpresa que se le había adelantado Irving Langmuir que trabajaba para General Electric. Langmuir había hecho un detallado estudio científico del Audión, había demostrado matemáticamente sus principios de funcionamiento y la gran ventaja de un alto vacío. Además había resuelto la relación entre su geometría interna y sus características eléctricas. Gracias a estos trabajos General Electric pudo fabricar el primer triodo moderno verdadero, el Pliotron. En el juicio que siguió a continuación entre AT&T y General Electric por el triodo de alto vacío el juez dictaminó que no habían inventado nada, el aplicar un alto vacío era meramente un hecho natural, y la patente básica del triodo pertenecía a DeForest, que del día a la noche se vio propietario de una de las patentes más importantes de la electrónica. Robert von Lieben El caso de Robert von Lieben es muy diferente. Su padre era un acaudalado hombre de negocios de Viena. Lieben adquirió la compañía telefónica de Ohlmuetz donde descubrió la gran importancia que tendría la invención de un amplificador telefónico. Desde temprana edad era aficionado a la física, y montó un laboratorio en su casa para trabajar en la construcción de un amplificador (también llamado relé telefónico). En 1906 presentó un primer prototipo de amplificador electrónico basado en el tubo de rayos catódicos de Braun. Se basaba en la deflexión de un haz de electrones. Este tubo amplificador presentaba enormes dificultades de fabricación en serie y contrató a dos ayudantes, Reisz y Strauss, que pusieron a punto el dispositivo conocido como válvula Lieben. Esta válvula consistía en un cátodo emisor de electrones calentado por un filamento, un disco de aluminio lleno de perforaciones para controlar el paso de los electrones, y una varilla para recoger los electrones. Para favorecer el paso de los electrones el interior del globo de vidrio tenía vapor de mercurio a muy baja presión. En Septiembre de 1911 solicitaron una patente por su amplificador de cátodo caliente para corrientes ondulantes. Al mes siguiente, presentó su invención a las empresas eléctricas más importantes de Alemania, que se dieron cuenta inmediatamente de la importancia de esta invención y crearon un consorcio para su explotación conjunta (Lieben Consortium). Siemens se encargó de perfeccionar la válvula Lieben para su empleo en la telefonía y Telefunken para su empleo en la radio. La I Guerra Mundial aisló a Alemania de los avances que estaban haciendo Arnold y Langmuir; sin embargo, progresaron siguiendo el método de prueba y error hasta construir Telefunken, en 1915 una válvula de alto vacío que consistía en un hilo en espiral que rodeaba al filamento y una placa cilíndrica que rodeaba a ambos, un dispositivo que recordaba en cierto modo al Pliotrón de General Electric. A partir del momento en que la válvula Lieben se convierte en un dispositivo de alto vacío, y pasa a controlar el flujo de los electrones entre un filamento o cátodo caliente y una placa fría por medio de una rejilla que rodea el filamento no puede hablarse de un audión DeForest y una válvula Lieben diferentes. Se trata del mismo dispositivo al que se ha llegado por dos caminos diferentes. Tal vez la válvula Lieben sea la que ha sufrido más modificaciones en su forma original a lo largo de este camino. Las causas del olvido de Lieben hay que buscarlas en la fabricación masiva del triodo por parte de la industria americana, durante la Gran Guerra, para los países aliados, la publicación tras la guerra de los trabajos de Langmuir que explicaban todos los aspectos del triodo que todavía permanecían oscuros, el famoso proceso de Marconi contra DeForest por plagio de la válvula Fleming (Marconi quería hacerse con el control del triodo), y en la ascendencia judía de von Lieben. Con la llegada al poder de Hitler y el Partido Nazi se trató de borrar toda la memoria judía, se retiró la placa en honor de Lieben que había en su casa natal en Viena y se eliminaron todas las referencias a sus trabajos. RECORDANDO LA HISTORIA. La invención del triodo amplificador: la válvula Fleming, el audión y la válvula Lieben Pliotrón General Electric. Puede considerarse al pliotrón el primer triodo de alto vacío moderno. Va´lvula Lieben al lado de otras va´lvulas posteriores
30 oct 2015
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El telekino de Torres Quevedo
RECORDANDO LA HISTORIA. Planificación de frecuencias al trasluz as primeras ideas de carácter práctico relacionadas con la acción de una fuerza a distancia sin utilizar ningún tipo de medio material, comenzaron a gestarse a partir de una famosa conferencia impartida por el británico Oliver Lodge, ante la Royal Institution de Londres, en junio de 1894. Allí, Lodge organizó unos ensayos en los que demostraba cómo podía detectarse un campo electromagnético mediante el uso de un tubo radioconductor inventado por el francés Edouard Branly en 1891. Este tubo, que Lodge bautizó con el nombre de “cohesor”, aumentaba considerablemente su conductividad al ser atravesado por una corriente de alta frecuencia, lo que permitía cerrar un circuito secundario a través de una batería local para ejecutar, de ese modo, cualquier tipo de acción. Lodge empleó un galvanómetro de espejo para señalar la recepción de las ondas electromagnéticas, pero pronto se hizo natural pensar en otras posibilidades. Fue el caso de Guglielmo Marconi quien, en compañía del Ingeniero Jefe del Post Office británico, William Preece, organizó una demostración el 12 de diciembre de 1896, en el Toynbee Hall de Londres, en la que hacía sonar el timbre de una caja al actuar sobre el pulsador de otra, sin que estuvieran conectadas entre sí por ningún tipo de cable. El sector militar no fue ajeno a estas experiencias, viendo en ellas una clara posibilidad de aventajar al enemigo. En ese sentido son conocidas las propuestas del ingeniero eléctrico Axel Orling y del coronel Carl Braunerhjelm, en Suecia (1897), de los ingenieros eléctricos Ernest Wilson y Charles John Evans, en Inglaterra (1898), o del ingeniero civil Lionel Varicas y su hijo, Cecil John Varicas, también en Inglaterra (1898), que desarrollaron distintos sistemas para el guiado por radio de torpedos submarinos. Asimismo, un tal W. J. Clarke, en los Estados Unidos, ideó un procedimiento que permitía explosionar minas a distancia sin el uso de cables. Como curiosidad, Clarke mostró su sistema en la Electrical Exhibiton de Nueva York, celebrada en 1898, poco después del inicio de la Guerra de Cuba, utilizando para la ocasión la maqueta de un barco español como objeto de prueba. Aprovechando también la Feria de Nueva York, Nikola Tesla presentó una embarcación realizada a escala, que podía ser puesta en marcha, comandada y parada, actuando sobre la manivela de un transmisor de radiotelegrafía convencional. Asimismo, solicitó una patente que registró el 1 de julio de 1898. La técnica de Torres Quevedo Todas estas propuestas basaban su funcionamiento en una técnica conocida como “on-off”. Es decir, disponí- El telekino de Torres Quevedo Leonardo Torres Quevedo es uno de los ingenieros españoles más universales. Su actividad abarcó campos tan dispares de la técnica como la mecánica, la aeronáutica o la automática, en todos los cuales realizó contribuciones de alcance internacional. En 1902 presentó el Telekino, precursor del actual mando a distancia, que sentó las bases fundamentales del control remoto de mecanismos. El autómata ejecutaba con precisión las órdenes que se le enviaban mediante ondas hertzianas, utilizando un transmisor convencional de radiotelegrafía. Antonio Pérez Yuste Miembro del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Universidad Politécnica de Madrid Recordando la historia L Última fotografía oficial de Leonardo Torres Quevedo. Fuente: “Obra e Inventos de Torres Quevedo”, José García Santesmases, Ed. Instituto de España. bit 168 ABR.-MAY. 2008 99 RECORDANDO LA HISTORIA. Planificación de frecuencias al trasluz an de un mecanismo que detectaba cuándo se recibía una onda electromagnética y cuándo no, actuando de forma distinta según el caso. Por ejemplo, accionando el timón del torpedo en una dirección, cuando se recibía la onda electromagnética, o en dirección contraria, cuando cesaba la misma. En el caso de Tesla el receptor era, incluso, algo más sofisticado, pues introducía un tercer estado que permitía dejar fijo el timón en una posición. Por lo demás, el arranque del motor venía asociado a la posición del timón, de forma que cuando éste superaba un ángulo de 45º respecto a la dirección de movimiento normal, el motor se detenía, permaneciendo en marcha para ángulos inferiores. Así las cosas, no fue hasta los trabajos de Torres Quevedo, a partir de 1901, cuando quedaron establecidas las bases fundamentales de los modernos sistemas de control remoto. Torres Quevedo supo darse cuenta de que todo sistema de control remoto precisaba dos cosas para funcionar: un receptor que admitiese múltiples estados de funcionamiento independientes entre sí, y una manera de poder seleccionarlos a partir de una señal como la de telegrafía que sólo podía tomar dos valores posibles: “on” y “off”. Torres Quevedo encontró la solución al problema en un original mecanismo que recuerda bastante al telégrafo de cuadrante inventado por el inglés Charles Wheatstone, en 1839, y mejorado por el francés Louis Breguet, a partir de 1845. En éstos últimos, una aguja situada en una esfera, a modo de reloj, avanza paso a paso hasta señalar la letra situada en una corona circular que contiene todas las del alfabeto. Por el contrario, en la propuesta de Torres Quevedo, es la palanca de un conmutador mecánico la que avanza sobre una corona circular de contactos, conectando una batería local a la entrada de un servomotor o de cualquier dispositivo mecánico con memoria. Sin embargo, tanto en uno como en otro caso, es un tren de pulsos el que permite determinar, en función de su número, hasta qué letra se desplaza la aguja en los telégrafos de Wheatstone o Breguet, o hasta qué contacto se desplaza la palanca en el conmutador de Torres Quevedo. Si el inventor español era consciente de esta semejanza, no es posible saberlo, ya que no aparece referido en ninguno de sus escritos. Así pues, la técnica empleada por Torres Quevedo consistía, sencillamente, en componer un tren de pulsos telegráficos cuyo número determinaba la acción a realizar. Esto es, un único pulso para la acción 1, dos pulsos para la acción 2, y así sucesivamente, de forma que cada pulso hacía avanzar la palanca del conmutador sobre la corona de contactos, hasta cerrar el circuito sobre el que debía realizarse la acción. En sus prototipos, Torres Quevedo llegó a contemplar hasta 19 acciones diferentes. Origen y ensayos del Telekino En 1901 Torres Quevedo estaba metido de lleno en el desarrollo de un nuevo tipo de globo aerostático dirigible, de armazón semirrígido, que per- Aspecto general del Telekino. Fuente: Museo Torres Quevedo, ETSI Caminos, Canales y Puertos, Universidad Politécnica de Madrid. Fotografía: Antonio Pérez Yuste. “El término ‘Telekino’ procede de las palabras de origen griego: ‘tele’ y ‘kino’, que significan: ‘a distancia’ la primera y ‘movimiento’ la segunda, dando como resultado el significado de ‘movimiento a distancia’” mitiera salvar las dificultades de transporte de los globos de armadura interior rígida –a cuya clase pertenecían los dirigibles del alemán Von Zeppelin- y los inconvenientes de suspensión y estabilidad de la barquilla de los globos de armadura interior flexible –que era el caso de los dirigibles del brasileño Santos-Dumont. El desarrollo práctico de una nueva aeronave lleva aparejado, como es natural, la realización de múltiples ensayos donde el piloto está expuesto a tener un accidente con el riesgo, incluso, de perder su propia vida. De modo que, para evitarlo, Torres Quevedo pensó en un sistema de control remoto con el fin de ensayar sus dirigibles sin necesidad de arriesgar vidas humanas. El invento adquirió pronto carta de naturaleza propia en la mente de Torres Quevedo, recibiendo del inventor el nombre de “Telekino”, término que procedía de las palabras de origen griego: “tele” y “kino”, que significan: “a distancia” la primera y “movimiento” la segunda, dando como resultado el significado de “movimiento a distancia”. Torres Quevedo presentó su patente en Francia (10 de diciembre de 1902), España (10 de junio de 1903) y Gran Bretaña (10 de diciembre de 1903), pudiendo comenzar sus ensayos prácticos una vez que el Gobierno español dispuso, por Real Orden de 4 de enero de 1904, la creación de un “Centro de Ensayos de Aeronáutica y Laboratorio anejo”, dependiente de la Dirección General de Obras Públicas. El Centro, del que se nombró Director a Torres Quevedo, estaba destinado “al estudio técnico y experimental del problema de la navegación aérea y de la dirección de la maniobra de motores a distancia”, quedando situado en un espacio no utilizado del antiguo frontón Beti-Jai, en la calle Marqués de Riscal de Madrid. En aquél lugar se efectuaron los primeros ensayos utilizando, para el propósito, un sencillo triciclo, a los que siguieron otros de mayor envergadura realizados con una pequeña embarcación en el Lago de la Casa de Campo de Madrid. En una de aquellas demostraciones, Torres Quevedo tuvo la enorme fortuna de que se encontrara el Alcalde de Bilbao entre los curiosos visitantes, quedando tan profundamente maravillado por lo que vio que, de vuelta a su ciudad, promovió una recogida de fondos entre los vecinos pudientes de la villa para organizar una experiencia a mayor escala en el Abra de Bilbao. Los ensayos fueron efectuados el 7 de noviembre de 1905 utilizando, en esta ocasión, un bote con ocho personas a bordo que fue maniobrado por Torres Quevedo a una distancia que superó los dos kilómetros. El éxito de aquellas experiencias animó a Torres Quevedo a solicitar del Gobierno español la ayuda económica necesaria para aplicar su Telekino al guiado de torpedos submarinos. Desgraciadamente, el Ministerio de la Marina desestimó la ayuda solicitada con el argumento de que carecían de sentido las pruebas que pretendía efectuar el inventor español por cuanto, se decía, “encontraban realizándose ya experiencias análogas en Francia”. Aquella contrariedad debió desanimar profundamente a Torres Quevedo pues, exceptuando la repetición de los ensayos en el Abra de Bilbao, en presencia del Rey Alfonso XIII, en septiembre de 1906, no se ha encontrado constancia documental alguna de que fuera usado el Telekino en más ocasiones; ni tan siquiera para el guiado de globos aerostáticos. RECORDANDO LA HISTORIA. Planificación de frecuencias al trasluz Detalle del conmutador mecánico del Telekino. Fuente: Museo Torres Quevedo, ETSI Caminos, Canales y Puertos, Universidad Politécnica de Madrid. Fotografía: Antonio Pérez Yuste. “Torres Quevedo creó el Telekino con el fin de ensayar los globos dirigibles, de su propia creación, sin necesidad de utilizar un piloto y evitar, de ese modo, arriesgar su vida en algún infortunado accidente”
30 oct 2015
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Planificación de frecuencias al trasluz
bit 169 JUN.-JUL. 2008 81 RECORDANDO LA HISTORIA. Planificación de frecuencias al trasluz Radiodifusión sonora en ondas medias Las primeras emisiones de radiodifusión sonora en España se iniciaron en 1924, en la banda de ondas hectométricas (ondas medias), comprendida entre las frecuencias 526,5 kHz y 1.606,5 kHz. El servicio de radiodifusión sonora en esta banda utiliza una canalización radioeléctrica de 9 kHz. La primera frecuencia portadora utilizable es 531 kHz y la última 1.602 kHz. En total, la banda dispone de 120 frecuencias. La planificación de frecuencias destinadas a emisoras de onda media se realiza en tres niveles territoriales: local, estatal e internacional. En el ámbito local debe considerarse, entre otras, la proximidad en frecuencia debida a la discriminación de los receptores. La mínima separación en frecuencia de dos emisoras de onda media que cubran total, o parcialmente, la misma zona de servicio es 27 kHz; es decir, 3 canales de 9 kHz. A nivel estatal se analiza la influencia mutua entre las emisoras españolas de onda media cuyas frecuencias se encuentren a menos de 27 kHz, en función de su proximidad geográfica. Desde el punto de vista internacional se estudia la compatibilidad radioeléctrica con las emisoras de Planificación de frecuencias al trasluz La planificación de frecuencias es el arte de realizar un aprovechamiento óptimo, racional y eficaz del espectro radioeléctrico que, garantizando una calidad de servicio satisfactoria, evita las interferencias entre estaciones. Existen varios métodos que buscan ese objetivo con mayor o menor acierto, porque la planificación de frecuencias no es una ciencia exacta. Los métodos clásicos de planificación de frecuencias son el método de la distancia mínima cocanal, el método de la retícula teórica, y el método heurísticamente óptimo. Sin embargo, existe otro método, inédito hasta ahora, y completamente desconocido: la planificación de frecuencias al trasluz. Este método es genuinamente español. Se utilizó una sola vez, en 1985, para elaborar el plan de emisoras de onda media, que fue aprobado por el Gobierno en 1993, y que, actualmente, continúa vigente. ¡Alta tecnología española! José Ramón Camblor Experto de Avilés (Asturias) en la planificación radioeléctrica de la radio y la televisión Recordando la historia Mimbres para un plan artesano. 82 bit 169 JUN.-JUL. 2008 RECORDANDO LA HISTORIA. Planificación de frecuencias al trasluz onda media de otros países; es decir, que no se reciba interferencia procedente de esas emisoras, ni se cause interferencia a esas emisoras, ni de día ni de noche. Conferencia de 1975 La Delegación de España, encabezada por José María Arto Madrazo, que participó en la Conferencia sobre el servicio de radiodifusión en las bandas de ondas hectométricas y kilométricas, convocada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), y celebrada en Ginebra en 1975, tenía la difícil tarea de conseguir para las emisoras españolas el acuerdo de coordinación del resto de países. Los resultados para España no fueron satisfactorios. Sólo se obtuvieron 45 frecuencias inscritas para 276 emisoras. Además, 16 de esas frecuencias se encontraban compartidas por varias emisoras españolas, 14 de ellas con diez o más emisoras, en las que se concentraban 229 emisoras; es decir, unas 16 emisoras por frecuencia. El distinguido delegado Lorenzo Chamorro Santa Cruz llamaba a ese plan de frecuencias con ironía, pero también, con acierto, plan de interferencias. Los motivos para ese descalabro pudieron estar en que España no participó en la Conferencia europea anterior, celebrada en Copenhague en 1948, porque había sido expulsada por razones políticas de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y, por ende, de la UIT. No obstante, ejerciendo su derecho al pataleo, los delegados españoles, en el momento de la firma de las Actas Finales de la Conferencia de 1975, presentaron “una reserva general al Plan” y reclamaron “el derecho de adoptar las medidas necesarias para restablecer las zonas de servicio…” El Acuerdo de Ginebra, firmado el 22 de noviembre de 1975, lleva asociado un Plan de frecuencias, y contiene también las reglas para modificar dicho Plan; es decir, los procedimientos de coordinación internacional de frecuencias entre los países firmantes. Dicho Acuerdo entró en vigor el 23 de noviembre de 1978 y su Plan asociado tuvo que aplicarse en España reduciendo y acomodando las emisoras de la mejor manera posible. La frecuencia 549 kHz, que fue sustituida por 729 kHz, y las frecuencias insulares 1.386 kHz, 1.440 kHz y 1.494 kHz, no fueron utilizadas. En definitiva, las 42 frecuencias restantes se utilizaron para alojar a 244 emisoras, obteniendo las mismas coberturas con menos emisoras. No obstante, 21 de esas frecuencias continuaban compartidas por varias emisoras españolas, 13 de ellas con diez o más emisoras, en las que se concentraban 188 emisoras; es decir, unas 14 emisoras por frecuencia. Los años siguientes fueron un rosario de quejas constantes de los radiodifusores por mala calidad de la señal, y por interferencias causadas por otras emisoras, españolas o extranjeras, que compartían las mismas frecuencias. Por fin, en el año 1984, sobre la base de la reserva efectuada por España al Acuerdo de Ginebra de 1975, se tomó la decisión de elaborar una nueva planificación de frecuencias para mejorar la situación de las emisoras españolas. El reto era mejorar la situación creada con el Plan de Ginebra de 1975, en un ambiente radioeléctrico muy congestionado durante la noche, procurando no causar interferencias a las Láminas traslúcidas con la silueta de España. “El método de planificación de frecuencias al trasluz es genuinamente español” bit 169 JUN.-JUL. 2008 83 RECORDANDO LA HISTORIA. Planificación de frecuencias al trasluz emisoras de otros países, con vistas a obtener, posteriormente, su acuerdo de coordinación internacional. Elaboración del nuevo plan técnico Las negociaciones llevadas a cabo con Radio Nacional de España (RNE) y con la Asociación Española de Radiodifusión Comercial (AERC) permitieron establecer unos principios básicos consensuados para acometer la nueva planificación de frecuencias. Aunque el Plan de Ginebra de 1975 no fuese satisfactorio para España, algunas frecuencias inscritas resultaban válidas, pero otras eran manifiestamente inutilizables por las interferencias que se recibían procedentes de emisoras extranjeras. Además, era necesario determinar nuevas frecuencias utilizables para descargar otras que se encontraban muy ocupadas, y para realizar una redistribución basada en los principios de planificación establecidos. La planificación de frecuencias tenía entonces una gran componente artesanal. Se disponía de algunas herramientas informáticas rudimentarias, que permitían calcular los productos de intermodulación, realizar estimaciones de la intensidad de campo de la onda ionosférica, y calcular el efecto combinado de la interferencia múltiple. Con estos mimbres se iniciaron los estudios de planificación radioeléctrica y se identificaron las nuevas frecuencias que podrían utilizarse en España, sin causar interferencia perjudicial a las emisoras extranjeras. De esta manera se superaba el nivel de planificación internacional. Juntando las frecuencias ya inscritas en el Plan de Ginebra de 1975, y consideradas válidas, con las nuevas frecuencias identificadas como utilizables, se obtuvo el juego de frecuencias para redistribuir las emisoras españolas de la mejor manera posible, en el nivel de planificación territorial estatal. En esta fase surgió la planificación de frecuencias al trasluz. En varias hojas de papel vegetal se dibujó la silueta de España. Cada hoja fue numerada, en orden creciente, con el valor de una frecuencia del juego, y en ellas se fueron marcando con un punto las ubicaciones de las emisoras según se fueran asignando a una frecuencia- hoja. Visualizando al trasluz hasta un máximo de 3 hojas (separación en frecuencia inferior a 27 kHz) se podía analizar la proximidad geográfica entre emisoras, desplazando algunas emisoras de unas hojas a otras, en una estrategia de ensayo y error, si se consideraba que dos emisoras estaban demasiado cerca, en función de su potencia y de su separación en frecuencia, y teniendo en cuenta, también, la compatibilidad a nivel local. El resultado de esta planificación, consensuada y aceptada por RNE y la AERC, fue 76 frecuencias para 237 emisoras, 49 de esas frecuencias compartidas por varias emisoras españolas, pero sólo una con más de diez emisoras en red sincronizada. Esta planificación constituye una optimización sustancial de la situación anterior en cuanto a incremento de coberturas y a mejora de la calidad del servicio, y demuestra que la planificación de frecuencias es un arte, entendido como habilidad, con astucia, para aumentar la capacidad del espectro radioeléctrico. Finalizada la planificación, pasaron los años sin que se materializase como nuevo plan técnico, hasta que en el año 1993, cuando casi nadie lo esperaba, fue aprobado por el Gobierno. Ahí queda la planificación de frecuencias al trasluz como contribución española a la ingeniería del espectro radioeléctrico. El artículo completo de este extracto se encuentra en www.coit.es/foro/pub/ficheros/planaltrasluz_22a 35bf4.pdf Este artículo está dedicado a la Delegación de España en la Conferencia de 1975 y, muy especialmente, al ingeniero, amigo y caballero Lorenzo Chamorro Santa Cruz. Láminas superpuestas con las emisoras de tres frecuencias-hojas. “Visualizando al trasluz hasta 3 hojas se podía analizar la proximidad geográfica entre emisoras”
30 oct 2015
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Canarias: 125 años del cable telegráfico
Canarias: 125 años del cable telegráfico Con estas palabras se abría la edición especial de la Ilustración de Canarias, que además de la publicación habitual, publicó 50 ejemplares en edición de lujo que se vendieron a 3 pesetas. Ilustrados, personajes de ciencia y políticos del momento participaron y en sus autógrafos se aprecia la emoción ante un acontecimiento al que denominaron “la fiesta del cable”. Canarias por fin tenía su cable telegráfico. No era el primero, unos meses antes se había tendido el que unía Tenerife con La Palma, pero sí el que permitía al archipiélago tener comunicación telegráfica con el resto del mundo. La situación de las islas en el océano Atlántico hacía de este territorio un punto ideal para el amarre de barcos, fomentando la exportación y la llegada de extranjeros. El telégrafo aumentó el número de embarcaciones que atracaron en sus puertos y también el de habitantes, tal y como reconocerían años después las Sociedades Económicas de Amigos del País de Tenerife (La Laguna y Santa Cruz). Así, mientras en 1884 amarraron en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas 430 vapores y 996 veleros, en 1904 fueron más de 4.500 y 3.500, respectivamente. La próspera vida de Canarias dependía, en cierta medida, de los barcos que llegaban y de las comunicaciones telegráficas. El “telégrafo submarino” llegó a Canarias con casi tres décadas de retraso respecto de la península. Hay que recordar que el telégrafo se empezó a instalar en España en 1855, con la Ley que autorizaba su establecimiento en todas las capitales de provincia y departamentos marítimos. Durante todo ese tiempo fueron varios los proyectos telegráficos en los que Canarias adquirió protagonismo. Los cables submarinos estaban funcionando en distancias cortas desde 1851, pero la necesidad de comunicar a través del telégrafo Europa y América hizo que se empezara a hablar del cable trasatlántico. Un proyecto para establecer el cable angloamericano fue aprobado en 1855, y los Gobiernos de ambos países se involucraron financiera y logísticamente en ello. Fue complicado por varias razones: se necesitaba un aislante adecuado; las señales tenían que recorrer una gran distancia; se requería un barco especial para transportar el cable, y una elevada financiación. El primer intento se realizó en 1857, pero fracasó y no se volvió a abordar hasta un año después. Esta vez, se estableció una comunicación entre los dos Canarias: 125 años del cable telegráfico “Hoy, 6 de diciembre de 1883, el cable telegráfico funciona por vez primera entre Cádiz y Santa Cruz de Tenerife. Nuestras islas entran en comunicación con el mundo. De hoy más, el hilo que reposa en el fondo del océano, puede trasmitirnos, minuto por minuto, cada palpitación de la vida civilizada. No hay en la historia del Archipiélago, día más solemne”. Olga Pérez Vicepresidenta de la AEIT Responsable del Foro histórico de las telecomunicaciones Recordando la historia C Autógrafo de Juan Ravira aparecido en la Ilustración de Canarias. Canarias: 125 años del cable telegráfico continentes, pero sólo duró unos días. El tercer proyecto comenzó en 1865, pero el cable se rompió, quedando en el océano. Un año más tarde, en 1866, se consiguió tender un cable entre Terranova e Irlanda, y se recuperó el cable perdido el año anterior. De esta forma quedó establecida la comunicación entre los dos continentes mediante dos cables. En España, antes de que entrara en servicio este cable angloamericano, hubo también varias iniciativas que pretendían tender un cable trasatlántico, pero por el hemisferio sur, conectando España con las Islas Canarias, y con Cuba, que en aquella época era española. Esta alternativa tenía como ventaja, desde una perspectiva técnica, que los puntos intermedios para el amarre aumentaban las posibilidades de éxito, y en el terreno económico, significaba un incremento de los ingresos telegráficos, además de una ampliación del comercio y un crecimiento del número de barcos que atracarían en las costas canarias. Los beneficios que presentaba para la gestión de los territorios coloniales, al tener un conocimiento inmediato de las noticias que de otra forma tardaban varias semanas en llegar, también eran evidentes. Una de las iniciativas fue promovida por el ingeniero español Arturo Marcoartú, que desde la promulgación de la Ley de 1855 empezó a impulsar esta posibilidad, entrando en contacto con empresarios españoles, cubanos y estadounidenses. A pesar de sus numerosas gestiones durante algunos años, su iniciativa no prosperó. También hubo proposiciones promovidas por empresas internacionales que veían en este cable un buen negocio. Entre ellas destaca la de Horatio J. Perry, que curiosamente representaba a la misma empresa que se encargaba del tendido del cable angloamericano, y que aspiraba a tender el cable desde la península hasta la costa americana, pasando por las Islas Canarias y Cuba. La Administración tuvo que aclarar algunas cuestiones relacionadas con las competencias ministeriales para establecer “el brazo electro-magnético más gigantesco”. Además de Gobernación, con la Dirección General de Telégrafos, tenía que participar Ultramar, que se encargaría de todo lo concerniente a las colonias americanas. Por este motivo, se decidió dividir la concesión del proyecto: Gobernación se encargaría del tendido hasta Cuba y Ultramar desde la isla hasta la costa norteamericana. El Ministerio de Gobernación otorgó a Perry la concesión provisional en 1859 para el tendido de “la gran vía telegráfica” que partiendo de Cádiz terminara en Cuba pasando por las Islas Canarias. El plazo del que disponía para acabar la obra era de 3 años o de 4, en el caso de que se perdiera el cable en la inmersión. Sin embargo, Ultramar no le dio permiso para llegar a la costa americana. Por este motivo, el proyecto no se inició, y en 1864 Gobernación declaró caducada la concesión Península-Canarias- Cuba. Poco después, en 1866 el cable angloamericano empezó a prestar servicio y la situación cambió. Se otorgaron concesiones para conectar las Antillas españolas con EEUU, y España se comunicaba con sus colonias a través del cable angloamericano; mientras Canarias seguía sin comunicaciones telegráficas. A partir de ese momento la idea del cable trasatlántico español volvió a aparecer varias veces en la Gaceta de Madrid y en las actas del Consejo de Estado. Llama la atención la Ley de 1 de enero de 1871 que autorizaba el establecimiento de un cable telegráfico entre la península y Canarias, que pudiera prolongarse hasta Améri- “El telégrafo aumentó el número de embarcaciones que atracaron en sus puertos y también el de habitantes” Otros autógrafos publicados en la Ilustración de Canarias. Canarias: 125 años del cable telegráfico ca, si así se solicitase. A raíz de ello, en 1873, se otorgó a Juan de Lasarte la licencia para establecer el tendido. El límite máximo para el inicio del servicio se fijó en 1,5 años. Pero esta iniciativa tampoco se consolidó, a pesar de que la licencia se transfirió a finales de 1873 a Adolfo Claé. La necesidad de unir Canarias con la península y todas las islas entre sí era grande, y los municipios canarios así lo manifestaban. No solamente era imprescindible desde una perspectiva de comunicación, sino también desde una visión de negocio, dada la situación geográfica de las islas. Estas peticiones tuvieron su consecuencia en el ámbito parlamentario. Hubo cierta polémica acerca de la necesidad de comunicar telegráficamente todas las islas, pero la nueva Ley, de 3 de mayo de 1880, no lo recogió y aprobó el tendido de un cable telegráfico submarino que partiendo de Cádiz se comunicara con Tenerife, Gran Canaria, la Palma y Lanzarote. Quedaban fuera Fuerteventura, el Hierro y La Gomera. A partir de este momento se publicaron varias subastas que trataban de conseguir un concesionario. Fue en 1882 cuando se contrató la obra a Orsechouski y Fernández Neda, después de haber hecho algunas modificaciones en las condiciones iniciales del pliego; no obstante se mantenía la unión de Cádiz con Tenerife, y de ésta con Gran Canaria, La Palma y Lanzarote. La escritura de concesión se formalizó el 3 de enero de 1883. Parecía que todo estaba organizado, pero un retraso en el inicio del proyecto obligó a la Administración a conceder una prórroga, que finalizaría con la transferencia del contrato a la empresa Spanish National Submarine Telegraph Company Limited el 8 de julio de 1883, empresa que también obtuvo la concesión francesa para prolongar el cable hasta Senegal. Dos barcos cableros, el Dacia y el Internacional, realizaron el sondeo. El tendido se realizó desde Santa Cruz de Tenerife a Cádiz. El cable estaba listo el 6 de diciembre de 1883, pero una avería hizo que la validación de la comunicación no se hiciera efectiva hasta el 25 de marzo de 1884, tal y como señala Olivé1. Por otro lado, este autor señala que el enlace submarino entre Tenerife y Gran Canaria empezó a funcionar el 21 de diciembre y que la conexión entre Las Palmas y Lanzarote se demoró debido al replanteo del proyecto inicial, por las condiciones del fondo marino que obligaron a seguir una ruta más larga; el cable se sumergió en noviembre de 1884, y empezó a prestar servicio el 12 de febrero de 1885. En 1890, los cables de Canarias sumaban casi 1500 kilómetros, mientras continuaba el debate sobre el cable trasatlántico español. Nota 1 OLIVÉ, S. “Los primeros cables submarinos”. Historias de Telégrafos. 2007 Mapa que refleja el tendido de cable. Aspecto del Puerto de Santa Cruz de La Palma en la mañana del 16 de noviembre de 1884 al ser visitados los buques del cable telegráfico.
30 oct 2015
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Comienzos de la transmisión de datos en España
RECORDANDO LA HISTORIA. Comienzos de la transmisión de datos en España Primeras experiencias Hace falta trasladarnos a la mitad de la década de los años sesenta y situarse en una empresa dedicada al tratamiento de la información. A unos jóvenes ingenieros se les encomendó la misión de estudiar y experimentar con las primeras máquinas diseñadas para la transmisión de datos a través de las líneas telefónicas entonces existentes, considerando como premisa que únicamente era factible su utilización a muy baja velocidad y utilizando técnicas de modulación clásicas. De esta manera, la primera experiencia de transmisión de datos digitales efectuada en España lo fue sobre una línea punto a punto, de ancho de banda vocal, entre Madrid y Málaga. Esto ocurría en el año 1964 y se utilizó una unidad que utilizaba fichas de cartulina; en aquel tiempo, la ficha perforada constituía el más importante soporte informático en uso. En el extremo receptor se encontraba una perforadora de fichas a la que se había añadido un dispositivo de comunicaciones. La velocidad teórica de transmisión era de 134,8 baudios, si bien el terminal emisor ralentizaba mecánicamente la lectura de la ficha para que la perforadora pudiera efectuar su trabajo a régimen similar al manual, para el que estaba diseñada. Esta primera prueba, en la que intervinieron IBM y la Compañía Telefónica Nacional de España, debió constituir un éxito; hay que hacer notar que en aquellos años no se creía demasiado en la necesidad de transmitir datos ni existía demanda de ello. Por otra parte, Telefónica no mostraba interés en iniciar una nueva andadura de esta índole. La experiencia no tuvo relevancia como avance hacia una nueva tendencia de las telecomunicaciones. Fue un año después, noviembre de 1965, recién inaugurada la nueva Escuela de Telecomunicación en la Ciudad Universitaria de Madrid, cuando un grupo de ingenieros, encabezados por su director D. Emilio Novoa González, organizó el II Congreso Internacional de Técnicas de Telecomunicación. Hubo, por parte de las principales empresas del ramo, todo un despliegue de exhibiciones y demostraciones de lo más avanzado en la época. Comienzos de la transmisión de datos en España Hoy no concebimos el ordenador sin el complemento de las telecomunicaciones; los sistemas de proceso de cualquier naturaleza o magnitud no tienen razón de ser sin su conexión a las redes globales. Hubo un tiempo, no hace demasiados años, en el que la simple transmisión de datos digitales a través de las líneas de comunicación era considerado como algo difícil y de poca fiabilidad y unas pocas personas, a lo largo del mundo, se esforzaban en experimentar y desarrollar una técnica que, a través de los últimos treinta años, se ha convertido en la base fundamental de nuestra sociedad. La técnica se denominó teleproceso o transmisión de datos y ha dado lugar a la gran variedad de modalidades y aplicación de las que hoy disfrutamos”. Rafael Murcia Llorens Ingeniero de Telecomunicación Presidente de AUSTEL Miembro del Foro Histórico de las Telecomunicaciones Recordando la historia “La primera experiencia de transmisión de datos digitales efectuada en España lo fue sobre una línea punto a punto, de ancho de banda vocal, entre Madrid y Málaga” RECORDANDO LA HISTORIA. Comienzos de la transmisión de datos en España La empresa IBM, pionera en esta especialidad, decidió que podía llamar la atención con la transmisión de datos en forma de consulta directa a un ordenador, y también mostrar el sistema de conmutación de mensajes telegráficos que la Compañía utilizaba en Europa, a modo de red telegráfica privada. En España no se disponía de facilidades para llevar a cabo las demostraciones, por lo que se precisó de conexión a ordenadores en países en los que ambas aplicaciones estuvieran funcionando. La red se centralizaba en París. Se empleó un teleimpresor telegráfico de código Baudot conectado por línea punto a punto al ordenador central. La aplicación consistía en conmutación de mensajes, según el concepto store and forward; se enviaba un mensaje por teclado o por cinta de papel al ordenador, que analizaba el encabezamiento y lo transmitía seguidamente a la estación de destino. El término inglés con el que se denominaba esta aplicación era, aparte del mencionado concepto, el de message switching, diferente al de line switching clásico. Una segunda demostración utilizaba un terminal de datos desarrollado para conexión directa (online), el Sistema IBM 1050. Constaba de una unidad de control que comprendía una máquina de escribir y unidades de cinta de papel, éstas de ocho perforaciones y código de seis bits. La velocidad de transmisión era de 134,8 baudios. Se emitía la consulta y se obtenía la respuesta del ordenador en la impresora de bola del terminal. La línea de comunicación utilizada era punto a punto y el ancho de banda de 3 kHz, todo un derroche en cuanto a la velocidad utilizada; sin embargo no se recomendaba otra posibilidad. Se evitaba de manera absoluta el uso de redes conmutables, dado que en la época cualquier conmutación telefónica internacional o, incluso, nacional se establecía vía operadora. En esta demostración, el ordenador se encontraba en Boëblingen, Alemania y era un IBM 1440, algo más capaz que el que la empresa utilizaba en Madrid. Como la demostración se efectuaba en España, las respuestas del ordenador debían estar en idioma español, por lo que se llevaron a cabo las transformaciones necesarias en el programa informático para lograr este resultado. Las dificultades de todo género con las que íbamos a encontrarnos eran importantes; a modo de ejemplo, recuerdo que algunas de las unidades que se recibieron para transmitir datos eran de corriente a 60 ciclos y 110 voltios; hubo que conseguir a toda prisa un motogenerador de estas características para alimentarlas, instalándolo donde el ruido no molestara demasiado. Lo importante es que las demostraciones constituyeron un rotundo éxito, a pesar de las dificultades y los contratiempos lógicos de toda exhibición. Los asistentes al Congreso pudieron contemplar, por primera vez en la historia de nuestro país, los bits y bytes de los primeros ordenadores viajando por las líneas de comunicación; ingenieros y curiosos quedaron convencidos de que la Telecomunicación y la Informática formaban equipo, constituyendo dos técnicas hermanadas. Las demostraciones de conmutación de mensajes telegráficos abrieron una nueva perspectiva en el tiempo, ya que en la época estaban en pleno auge las redes telex, que se extendían Tarjetas perforadas. RECORDANDO LA HISTORIA. Comienzos de la transmisión de datos en España por todo el mundo utilizando conmutación de líneas en centrales telex automáticas. A partir de este momento, las empresas españolas comenzaron a pensar en posibles aplicaciones del teleproceso; sin embargo quedaba aún un largo camino por recorrer hasta la consecución de las metas que se fueron alcanzando posteriormente. La batalla de los módems Los equipos de transmisión de datos, para conectarse a las líneas, necesitaban de unas unidades conocidas como módems. Era algo que podía asimilarse tanto a la parte de equipo informático como a la de transmisión, podrían obtenerse de la empresa fabricante del ordenador o de la compañía de comunicaciones. Existía toda una gama de ellos, tanto para diferentes velocidades de transmisión como para variados tipos de líneas. Los había de baja velocidad, para terminales de consulta, o para unidades que trasmitían grandes bloques de datos, en modo secuencial, desde unidades de cinta magnética o los ordenadores mismos. Podían hacerlo a 1.200 o 2.400 baudios, en el primer caso con línea telefónica de rango vocal a terminación de dos hilos, en el segundo con líneas ecualizadas y a cuatro hilos. Velocidades mayores se decía que podían existir, por supuesto con canales de superior ancho de banda, lo que en Telefónica se conocía como “grupo primario”. Sin embargo, ninguna entidad informatizada aspiraba a tal fin. Era norma universal que los módems se homologaran para su uso en líneas alquiladas a las compañías telefónicas, para cada modelo se requería el aporte de buena cantidad de literatura técnica y unidades para pruebas, siendo el proceso largo y farragoso hasta conseguir la ansiada aprobación, que representaba la posibilidad de vender e instalar sistemas de teleproceso, que los clientes podían establecer entre diferentes localidades o edificios. La puesta en marcha de cada instalación constituía un notable esfuerzo común por parte de los técnicos de ambas compañías, informática y de comunicaciones. Poco a poco se fueron creando grupos de especialistas que dominaron la naciente técnica y todas las vicisitudes de la inexperiencia. Pasados unos años, Telefónica vio una buena posibilidad de negocio en el suministro del módem, conjuntamente con la línea y comenzó a ofertarlos a los clientes, algo que las compañías de ordenadores vieron conveniente, ya que de esta manera se delimitaba, en una sola compañía, la responsabilidad de la transmisión; la pérdida de negocio era mínima y la seguridad adquirida muy conveniente. El paso siguiente lo constituyó la oferta, por parte de la operadora, de una avanzada red integrada de transmisión de datos, que sustituía ventajosamente el alquiler de circuitos dedicados, punto a punto. La utilización de la red telefónica automática a baja velocidad, todavía se hizo esperar unos años más y no llegó a constituir un medio de transmisión definitivo. Máquina perforadora de fichas. “La empresa IBM decidió que podía llamar la atención con la transmisión de datos en forma de consulta directa a un ordenador, y también mostrar el sistema de conmutación de mensajes telegráficos que la Compañía utilizaba en Europa, a modo de red telegráfica privada”
30 oct 2015
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Julio Cervera Baviera, pionero de las radiocomunicaciones en España
Aunque se trata de un personaje relativamente desconocido popularmente, e incluso dentro del colectivo de los ingenieros de telecomunicación, recientemente ha obtenido cierta publicidad en prensa por la publicación de un libro que baraja la posibilidad de que fuese el inventor de la telefonía sin hilos [1]. La paternidad de los grandes inventos siempre estará en discusión por lo oscuros que son los comienzos y por el mucho prestigio (y también dinero por derechos de patente) que comporta; de ello tenemos muchos ejemplos en la historia de las telecomunicaciones, como la controvertida paternidad del teléfono, atribuida a Alexander Graham Bell pero también reclamada para Antonio Meucci, o la propia invención de las radiocomunicaciones que Nikola Tesla disputó a Guglielmo Marconi, que es el padre comúnmente aceptado. Pero sin entrar a discutir esta posibilidad, la figura del comandante Cervera ya es lo bastante apasionante como para traerla a esta sección y recordarla, en especial, por sus trabajos en relación con la radiotelegrafía y por tanto como predecesor nuestro. Su época y su personalidad Mientras que en los países más industrializados de Europa Occidental se vivía durante la transición entre los siglos XIX y XX un optimismo considerable y la convicción en el progreso de la Humanidad alentados por los avances de las ciencias y la técnica, en España las circunstancias políticas determinaban un estado de ánimo muy distinto; el siglo XIX español había sido mucho más que convulso políticamente, desaprovechado para conseguir recuperar terreno frente al resto de naciones de Occidente y como puntilla todavía quedaba el golpe final que produjo la pérdida de las últimas colonias americanas en 1898. En este ambiente parece que no cabría mucho lugar para la investi- Julio Cervera Baviera, pionero de las radiocomunicaciones∗ en España Siempre se ha tenido la impresión (justificada o no) de que los grandes avances científico-técnicos de la Revolución Industrial (el ferrocarril, el telégrafo, etc.) llegaron a España con retraso y su uso tardó en generalizarse por las circunstancias nada propicias para la innovación que se daban en el país. Sin embargo, las tempranas experiencias de Julio Cervera Baviera con la telegrafía sin hilos, casi al mismo tiempo que esta técnica nacía, ponían a España en la vanguardia de ese campo en aquellos momentos y convierten al comandante de ingenieros español en uno de los pioneros de las radiocomunicaciones y de nuestra profesión. Iván Ledesma Obelar Ingeniero de Telecomunicación Recordando la historia “Aunque se trata de un personaje relativamente desconocido popularmente, recientemente ha obtenido cierta publicidad en prensa por la publicación de un libro que baraja la posibilidad de que fuese el inventor de la telefonía sin hilos ” * Nota terminológica: Se emplea expresamente el término radiocomunicaciones en sustitución de la común abreviación radio para dejar claro que nos referimos al conjunto genérico de técnicas que permiten la transmisión de información por medio de ondas electromagnéticas no guiadas por hilos conductores y no específicamente a la radio como medio de comunicación social o a las técnicas de radiocomunicaciones en que se basa este medio de comunicación. gación técnica de vanguardia en España. Por eso sorprende aún más encontrar en estos años a Julio Cervera Baviera, una de esas figuras que parecen sacadas de su contexto histórico en las que es pródiga España. Al recorrer la biografía de Julio Cervera Baviera ([2],[3]) encontramos a un personaje sumamente polifacético, casi como si de un hombre del Renacimiento se tratase: militar que participó en diversas campañas, como en el Marruecos español y Puerto Rico; ingeniero eléctrico y mecánico que realizó y dirigió diversos proyectos para la instalación de la iluminación eléctrica pública y del tranvía en varias ciudades; geógrafo y explorador de Marruecos y el Sahara Occidental cuyas expediciones tendrían una importancia considerable en el establecimiento del dominio español sobre esos territorios; activo político republicano que llegó a ser diputado en Cortes pero que también llegó a ser encarcelado por las opiniones que publicaba; miembro visible de la masonería; colaborador habitual de la prensa científico-técnica y política de la época; empresario y uno de los primeros introductores en España de la enseñanza a distancia por correspondencia y de la radiotelegrafía. Aunque esta relación de sus facetas no es exhaustiva, sí nos da una idea del tipo de persona de que se trataba: pionero, audaz, emprendedor, inquieto, comprometido y controvertido. Las experiencias de Cervera con las radiocomunicaciones La dedicación de Cervera a la radiotelegrafía y a las radiocomunicaciones en general por la que le traemos aquí comprende un periodo breve pero muy intenso entre 1899 y 1903 de su de por sí muy ajetreada vida. En esos años desarrollaría una actividad casi a contrarreloj en relación con la nueva técnica de la telegrafía sin hilos que Marconi había patentado por primera vez en 1896. Esta actividad tan temprana permite considerarle un pionero de las radiocomunicaciones y, desde luego, uno de sus introductores en España. A su regreso de Puerto Rico, donde había participado en la guerra contra los EEUU, el comandante Cervera, siempre atento a los avances científicos y técnicos y sus posibles implicaciones estratégicas y aplicaciones militares, propuso al Ministerio de la Guerra investigar la posible utilización de la naciente técnica de la telegrafía sin hilos con fines militares. Su preocupación por las comunicaciones como elemento estratégico venía de antiguo; como resultado de sus exploraciones del norte de Marruecos y del Sahara Occidental, Cervera ya había detectado la necesidad de establecer sistemas de comunicación rápidos y modernos con estos territorios si se quería asegurar la presencia española en ellos. La cercanía del desastre del 98 habría hecho a los mandos del Ejército español especialmente sensibles a la necesidad de modernización y facilitó que, en respuesta a la propuesta de Cervera, se le comisionara en mayo de 1899 para viajar a Francia y Londres con el fin de poder observar in situ las experiencias de telegrafía sin hilos que desarrollaban Marconi y su compañía. Es muy probable que durante esta comisión, Cervera tuviera la oportunidad de visitar las instalaciones del enlace que Marconi había logrado establecer a través del canal de la Mancha entre Dover y Boulognesur- Mer en marzo de ese año y de conocer al propio inventor. Casi recién llegado de su viaje a Inglaterra y Francia, Cervera obtiene patente de un sistema de telegrafía sin hilos propio, anticipando además en su solicitud de patente nuevas aplicaciones de las radiocomunicaciones como el radiocontrol, y otras que no detalla. Con su nuevo sistema realiza a finales de 1899 experiencias satisfactorias en presencia de diversas autoridades en Madrid. Como resultado de estas primeras experiencias irá presentando modificaciones a su patente inicial a lo largo del año 1900 y, a principios de 1901, se le comisiona para establecer un enlace militar entre Tarifa y Ceuta utilizando su sistema de telegrafía sin hilos. Ya en julio de ese año se consigue establecer la conexión entre el cerro del Camorro en Tarifa y el monte Hacho en Ceuta salvando 32 km, casi a la par que en España se establecía el primer radioenlace regular con equipos de procedencia francesa entre Cádiz y Matagorda. Julio Cervera Baviera (Segorbe 1854 - Madrid 1929?), fotografía publicada en el Boletín del Instituto de Cultura Alto Palancia, nº 1 , julio 1995. El éxito en el establecimiento del enlace a través del Estrecho despierta el interés de las autoridades civiles de la Dirección General de Telégrafos que le encargan a principios de 1902 el establecimiento de un enlace radiotelegráfico entre Alicante e Ibiza con su sistema. Simultáneamente Cervera crea junto con otros socios la sociedad anónima “Telegrafía y Telefonía sin Hilos” para hacer un aprovechamiento empresarial de sus patentes y acometer el proyecto de instalación del enlace Península-Baleares. Por la denominación de la sociedad parece que Cervera ya vislumbraba la aplicación de las nuevas técnicas a la transmisión de voz, pero al menos en sus patentes no dejó constancia de desarrollos técnicos que permitiesen esta aplicación. Todo parece indicar que a principios de 1903 las pruebas del enlace de 84 km entre el cabo La Nao en Alicante y el cabo Pelado en Ibiza empezaban a dar resultados satisfactorios. Sin embargo, poco después Cervera solicita licencia por enfermedad y abandona los trabajos en el enlace y toda actividad en relación con las radiocomunicaciones. El desencanto y los nuevos proyectos No están claros los motivos que llevaron a Cervera a abandonar tan abruptamente sus trabajos sobre la radiotelegrafía, aunque los escasos indicios documentales (referencias en prensa, cartas del militar, etc.) apuntan a que no se debieron a dificultades técnicas en la culminación de los trabajos para el establecimiento del enlace Alicante-Ibiza, ni a enfermedad del propio Cervera, sino más bien a trabas de sus superiores militares o civiles. Sea como fuere, sin el impulso de Cervera se cortó el posible desarrollo del germen de una industria española de las radiocomunicaciones a la par con el desarrollo en otras potencias europeas del momento; pronto los equipos de Cervera son sustituidos por equipos Telefunken en las experiencias del Ejército y la Marina y el hueco que deja Cervera es aprovechado por otras muchas compañías extranjeras que colonizarán el desarrollo de las radiocomunicaciones españolas. Tras algunos meses en EEUU Cervera regresa a España y se dedica con todo empeño al proyecto de establecer la Internacional Institución Electrotécnica, institución dedicada a la enseñanza técnica por correspondencia, campo éste en el que también fue pionero. Cervera, arquetipo de ingeniero Por muy extrañas que fuesen las circunstancias que le llevaron a abandonar su empeño en el desarrollo de las radiocomunicaciones, no podemos obviar el mérito de Cervera como pionero español de las radiocomunicaciones en unas circunstancias nada favorables. Hoy en día Cervera sería tenido por un arquetipo de ingeniero-emprendedor que tomando como punto de partida los avances científico-técnicos, los desarrolla en busca de aplicaciones prácticas sin perder de vista la explotación comercial; su peripecia en la introducción de las radiocomunicaciones en España podría utilizarse como caso de estudio (si bien no de éxito) sobre las dificultades a las que se pueden enfrentar las iniciativas de I+D+i en un ambiente político, económico y social poco propicio. Luego, no sólo es justo recordar al comandante Cervera, sino que su caso puede todavía hoy sernos útil. Referencias y lecturas adicionales [1] La radio en España (1896-1977): una historia documental, Ángel Faus Belau, Editorial Taurus, Madrid, 2007 [2] Julio Cervera y Baviera, vanguardia de una época, Vicente Gómez Benedito, Boletín del Instituto de Cultura Alto Palancia, nº 1 , julio 1995 [3] La introducción de las radiocomunicaciones en España (1896-1914), Jesús Sánchez Miñana, Fundación Rogelio Segovia para el desarrollo de las telecomunicaciones, Madrid, 2004 Antenas del enlace Tarifa-Ceuta en el monte Hacho en Ceuta y el cerro del Camorro en Tarifa. La Energía Eléctrica, número extraordinario de 17 de mayo de 1902.
30 oct 2015
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Las señales eléctricas del Ferrocarril de Langreo
RECORDANDO LA HISTORIA. Las señales eléctricas del Ferrocarril de Langreo a cuenca carbonífera del río Nalón es una importante zona minera asturiana, que ha desarrollado una intensa actividad en la extracción del carbón. En 1842, cuando la gente viajaba en diligencia tirada por caballos, y se tardaba tres horas para ir de Gijón a Oviedo, el carbón se transportaba en carros arrastrados por cuatro bueyes a lo largo de la carretera carbonera que unía Sama de Langreo con Gijón. En cuanto el volumen de carbón hizo difícil su transporte por este medio, se decidió construir una vía férrea. En 1846 se fundó la Compañía del Ferrocarril de Langreo, y el siguiente año obtuvo la concesión estatal para construir y explotar la línea de Gijón a Sama de Langreo que, posteriormente, se alargaría hasta Pola de Laviana. El Ferrocarril de Langreo (FCL) fue inaugurado el 25 de agosto de 1852 en el tramo Gijón-Noreña, con su locomotora de vapor, sus vagones de madera, y sus duros e incómodos asientos de la tercera clase. Singularmente, el FCL fue el primero de España en utilizar el ancho de vía internacional (1435 mm), y uno de los pocos en utilizar esa anchura hasta la llegada del tren de alta velocidad AVE. La función principal del FCL fue el transporte de carbón desde los valles mineros del Nalón hasta la dársena gijonesa, en un corto trayecto de 51,5 km que cubría a baja velocidad, quizás 18 km/h, pero también realizaba, por obligación legal, el transporte de viajeros (sólo 7.344 durante 1857) a través de las estaciones o apeaderos de Gijón, Sotiello, Pinzales, La Florida, San Pedro, Noreña, Bendición, Carbayín, Tuilla, La Felguera, Sama de Langreo, El Entrego, Sotrondio, y Pola de Laviana. El 12 de junio de 1972, cuando la precaria situación económica por falta de rentabilidad llevó a la desaparición de la Compañía, la línea del FCL fue integrada en la red de los Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (FEVE) que adaptó paulatinamente su carril al ancho métrico que caracteriza esta red, Las señales eléctricas del Ferrocarril de Langreo Asturias ha sido uno de los principales productores de carbón de España. La necesidad de transportar el carbón desde la cuenca minera del río Nalón hasta el puerto marítimo de Gijón propició la creación del Ferrocarril de Langreo. Las dificultades económicas de la compañía obligaron a buscar los medios para abaratar costes. Fruto de esos esfuerzos fueron unos ingeniosos semáforos, con protección frente a fallos y sin relés, que ahorraban muchos kilómetros de cable en cada estación y que incluía un sistema de aviso cuando se fundía una lámpara. José Ramón Camblor Recordando la historia L “Los ferroviarios denominan enclavamiento a todo dispositivo de seguridad que restringe, en función de su estado, el movimiento de las agujas en los cruces de vías o el accionamiento de las señales ferroviarias, impidiendo combinaciones incompatibles que resulten peligrosas para la circulación de los trenes” RECORDANDO LA HISTORIA. Las señales eléctricas del Ferrocarril de Langreo replegándose desde Gijón en 1983 hasta Pola de Laviana en 1984, y desapareciendo así este vestigio del Langreo. Señales ferroviarias y enclavamiento En el ferrocarril, la seguridad en la circulación tiene que garantizar que cuando un tren circula por una vía, no llegará otro en sentido contrario, ni ninguno que circule en el mismo sentido, le alcanzará por detrás. Una señal de ferrocarril es un dispositivo que informa sobre el estado de disponibilidad de la vía, la velocidad máxima del tren, la necesidad de parar, o cualquier otra información, proporcionando una circulación controlada y segura, tanto de día como de noche, en circunstancias normales o extraordinarias. Por otra parte, los ferroviarios denominan enclavamiento a todo dispositivo de seguridad que restringe, en función de su estado, el movimiento de las agujas en los cruces de vías o el accionamiento de las señales ferroviarias, impidiendo combinaciones incompatibles que resulten peligrosas para la circulación de los trenes. En sus comienzos, el FCL utilizaba una señal mecánica situada, en función de la orografía, entre 800 m y 1500 m antes de la estación (señal avanzada), que consistía en un disco de color rojo sobre un poste que rotaba a dos posiciones respecto a la línea férrea, en paralelo (vía libre) y perpendicular (precaución), y más adelante otra señal similar a la entrada de la estación (señal de alto), que era una pantalla cuadrada de color rojo con las mismas posiciones, en paralelo (vía libre) y perpendicular (parada). Estas rudimentarias señales mecánicas se accionaban a distancia desde la estación, mediante un sistema funicular, con alambres que se acababan rompiendo en poco tiempo. Las señales luminosas anteriores Cuando en 1925, por el incremento del tráfico de trenes y la mayor velocidad, se hizo necesario sustituir la señalización mecánica por los sistemas luminosos de procedencia extranjera utilizados en aquella época, más fiables y con cuadro de mando en la estación, que permitía comprobar a distancia el estado de las luces, resultó que el coste de la instalación y el mantenimiento era excesivo para las finanzas del FCL. En los circuitos de esos sistemas, los dos focos, luz blanca (vía libre) y luz roja (precaución o parada), de cada una de las dos señales, avanzada y de alto, se encontraban en paralelo en una línea de alimentación (dos hilos). La luz blanca se activaba utilizando relés, que actuaban como dispositivos de enclavamiento, instalados en líneas independientes para cada señal Locomotora de vapor 30 del FCL (1910). Cortesía J.A. Tartajo Automotor diesel 203 del FCL (1954) RECORDANDO LA HISTORIA. Las señales eléctricas del Ferrocarril de Langreo (cuatro hilos más), permaneciendo las luces rojas activadas en la posición normal de reposo. Otra línea (dos hilos más) se utilizaba para conectar cada uno de los pilotos del cuadro de mando de la estación, que servían como comprobación del estado de las señales. En total se empleaban ocho hilos a cada lado de la estación. Por lo tanto, se requerían hasta 24 km de cable para llevar los 8 hilos de cobre a 1500 m a cada lado de la estación. Además, se utilizaba un total de cuatro relés, dos por cada señal. El semáforo de Nacho El Director Gerente de la Compañía, Ignacio Fernández de la Somera, ideó entonces un original sistema eléctrico de señales luminosas para el ferrocarril que fue patentado, el 14 de marzo de 1926, e implantado inmediatamente en el Ferrocarril de Langreo y en otras compañías de ámbito regional. El nuevo sistema sólo utilizaba tres hilos a cada lado de la estación. En uno de los hilos del circuito, se situaban en serie los dos focos de luz roja, junto con el piloto rojo del cuadro de mando. En otro hilo, los correspondientes de luz blanca, y el tercer hilo, como línea de base, cerraba el circuito. Alternativamente, podían disponerse los focos en paralelo con conexión directa al hilo de base. La alimentación del circuito se realizaba con baterías, o bien se incorporaban transformadores para su utilización con corriente alterna. Por lo tanto, sólo se requerían hasta 9 km de cable para llevar los 3 hilos de cobre a 1500 m a cada lado de la estación. El funcionamiento no podía ser más sencillo. Un conmutador per- “El Director Gerente de la Compañía, Ignacio Fernández de la Somera, ideó un original sistema eléctrico de señales luminosas para el ferrocarril que fue patentado, el 14 de marzo de 1926, e implantado inmediatamente en el Ferrocarril de Langreo y en otras compañías de ámbito regional” Estación de Laviana en 1983. Cortesía J.A. Tartajo Circuitos con dos lámparas por foco en serie. Patente 97248 OEPM RECORDANDO LA HISTORIA. Las señales eléctricas del Ferrocarril de Langreo mitía activar simultáneamente las luces rojas de las señales, avanzada y de alto, cerrando el acceso a la estación por un lado (parada), a la vez que se activaban las luces blancas de acceso a la estación por el otro lado (vía libre) para habilitar la entrada de un tren por ese lado, o activaba las cuatro luces rojas para proteger al tren en la salida de la estación. Nada más simple, pero a nadie se le había ocurrido antes. ¡Alta tecnología asturiana! Además, para incrementar la fiabilidad del sistema, cada foco utilizaba dos lámparas en paralelo a diferente tensión. Seleccionando adecuadamente los valores de las resistencias del circuito, cuando la lámpara principal, a mayor tensión, se fundía, la lámpara secundaria, a menor tensión, se mostraba con mayor luminosidad, sirviendo de aviso al maquinista, mientras que el piloto correspondiente del cuadro de mando disminuía su luminosidad, informando al jefe de la estación para la pronta reposición de la lámpara fundida. Más tarde el piloto luminoso fue sustituido por el sonido de un timbre. Alternativamente, las dos lámparas de cada foco podían sustituirse por una única lámpara de doble filamento, con base común y a diferentes tensiones, para reducir la posibilidad de fundido simultáneo de ambos filamentos y que, en caso de fallo, se manifestaba por una menor intensidad luminosa de la lámpara. Este sistema luminoso, que se manejaba eléctricamente desde la estación, era más barato, sobre todo, porque utilizaba cinco hilos menos, ahorrando muchos kilómetros de cables, más fácil de instalar porque tenía menos elementos, y más fácil de mantener porque prescindía de los dispositivos electro- magnéticos (relés). Además, contribuyó a aumentar la seguridad porque la autorización de entrada de un tren a la estación por un lado impedía automáticamente la entrada por el otro lado (enclavamiento), y a la regularidad en la circulación de los trenes porque aseguraba la permanencia de las señales ante fallos por fundido, constituyendo un gran paso en la modernización de la explotación ferroviaria. Nota Este artículo está dedicado al irónico y mordaz ingeniero, amigo del tren, José Antonio Tartajo Garrido. La información relevante de este artículo fue facilitada por el Departamento de Documentación del Museo del Ferrocarril de Asturias (MFA), y por el Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM). Circuitos con lámparas de doble filamento en paralelo. Patente 97248 OEPM Papiro salvado del fuego y el agua (MFA)
30 oct 2015
Artículo BIT
La televisión en onda media
RECORDANDO LA HISTORIA. La televisión en onda media comienzos de los años treinta existían en Europa emisoras experimentales de televisión que transmitían en Onda Larga (Koningswusterhausen), Onda Media (Londres, París, Berlín, Moscú, etc.) y Onda Corta (Roma, Doveritz, etc.). Cada estación utilizaba sus propios parámetros técnicos, no existiendo ningún tipo de normalización nacional ni internacional. Por eso, era posible sintonizar señales que correspondían a imágenes con formatos de presentación distintos (1:1, 3/7, 4/3, etc.) o diferente número de líneas por cuadro, por lo que sólo era posible visualizar correctamente aquéllas para las cuales estuviese diseñado el receptor. Las primeras pruebas de emisión de televisión en Onda Media fueron realizadas por el escocés John Logie Baird, a quien la BBC permitió utilizar en 1926 uno de sus transmisores. La señal moduladora provenía de un equipo basado en el disco de Nipkow que exploraba un pequeño muñeco de ventrílocuo adosado a su parte delantera. Muy probablemente, este mismo dispositivo fue utilizado también en la primera transmisión de imágenes a través del Océano Atlántico, que tuvo lugar el 8 de febrero de 1928, en Onda Corta. Para la realización de esta experiencia Baird recurrió a los radioaficionados, dado que éstos disponían de los equipos necesarios para efectuar comunicaciones a larga distancia, y que constituían un colectivo muy abierto a cualquier ensayo relacionado con la radio. Para ello, el escocés utilizó el transmisor de la estación de radioaficionado 2KZ de Londres, con unos 2 KW de potencia, y el receptor de la estación 2CJV situada en Nueva York. La longitud de onda empleada fue de 45 metros. Una de las imágenes transmitidas correspondía al pequeño muñeco de ventrílocuo citado anteriormente. Las señales también fueron recibidas en mitad del Atlántico durante el viaje de regreso a Londres del personal de la empresa de Baird desplazado a los Estados Unidos para la ocasión. Baird comenzó a transmitir una programación regular de televisión el 30 de septiembre de 1929 desde Londres a través del transmisor regional 2LO, de la BBC, en Onda Media. La norma empleada, que estuvo operativa hasta el 11 de septiembre de 1935, se basaba en La televisión en onda media Los primeros servicios regulares de televisión comenzaron a surgir en Europa y los Estados Unidos entre mediados de los años 20 y principios de los 30. Estos servicios, siempre de tipo experimental, consistían en la difusión a través de emisoras de radiodifusión de imágenes y sonido dirigido a un grupo abierto de usuarios, tantos como los que dispusiesen de un receptor apropiado y se encontrasen en la zona de cobertura de la emisora. Hay que recordar que los sistemas de televisión disponibles en aquellos años eran mayoritariamente de tipo mecánico, si bien las pantallas basadas en el tubo de Braun eran ya muy utilizadas en los laboratorios y estaban apareciendo las primeras cámaras electrónicas de la mano de Farnsworth, Zworykin y otros. Efectivamente, tanto los métodos de exploración de las imágenes a transmitir, como las técnicas de presentación en el receptor, se apoyaban en elementos mecánicos giratorios, habitualmente el disco de Nipkow o mecanismos con tambores de espejos. J. Javier Esteban Yago Ingeniero de Telecomunicación Recordando la historia A RECORDANDO LA HISTORIA. La televisión en onda media la exploración de 30 líneas verticales con una relación de aspecto de 3/7 y una velocidad de barrido de 12,5 imágenes por segundo. Por tanto, teniendo en cuenta el pequeño tamaño de las imágenes captadas, la percepción de un telespectador que contase con un receptor adecuado debía de ser parecida a la de estar mirando por el ojo de una cerradura, con la dificultad añadida de una muy escasa resolución y un considerable parpadeo. Un aspecto diferenciador de la televisión respecto a la radiodifusión ordinaria era que cada emisora necesitaba de dos portadoras: una para la imagen y otra para el sonido. La primera transmisión de televisión “sonora” tuvo lugar el 14 de julio de 1930, fecha en la que Baird emitió en directo la obra de teatro “The man with the flower in his mouth”. Este programa pudo ser captado por las longitudes de onda de 261,5 metros (1.148 KHz.) y 356 metros (842 KHz.), en las que se transmitían respectivamente el sonido y las imágenes. Con el paso del tiempo, y sobre todo desde que la BBC adoptó oficialmente la norma de 30 líneas verticales el 22 de agosto de 1932, los medios técnicos empleados por Baird fueron mejorando considerablemente. Además, éste llegó a fabricar varios miles de receptores de ese tipo para el mercado británico, lo que parecía aventurar un prometedor negocio. Sin embargo, el escocés no pudo hacer frente a la amenaza que suponía la televisión electrónica, mucho más capaz de mejorar la calidad de las imágenes. Su intento de introducir un nuevo sistema de 240 líneas horizontales, ya funcionando en bandas de frecuencias mucho más elevadas, fracasó frente al sistema de 405 líneas desarrollado por la compañía Marconi-EMI, que en 1937 fue elegido por la BBC como norma para la televisión de “alta definición”, y que estaría en funcionamiento hasta 1985. También en los Estados Unidos, los transmisores de televisión mecánica funcionaban a finales de los años veinte y comienzo de los treinta en las bandas de Onda Media y Onda Corta. Existen indicios para pensar que los radioaficionados tuvieron en este país un papel relevante en el desarrollo de Prototipo de cámara basada en el disco de Nipkow utilizado por Baird en sus primeras transmisiones. Cortesía del London Science Museum and the National Media Museum. “La primera transmisión de televisión “sonora” tuvo lugar el 14 de julio de 1930, fecha en la que Baird emitió en directo la obra de teatro ‘The man with the flower in his mouth’” Izq.) Receptor de televisión de Baird de 1930 funcionando en Onda Media a 30 líneas verticales de resolución (fotografía obtenida a partir de un folleto publicitario, en el que la relación de aspecto se ha hecho más cuadrada que la real de 3/7). Centro y Dcha.) Imágenes obtenidas, donde pueden apreciarse claramente el sentido de exploración vertical y un formato de presentación de 3/7. RECORDANDO LA HISTORIA. La televisión en onda media la televisión. Por ejemplo, la emisora de Boston WLEX eligió la banda de 80 metros (3,5 Khz.), dentro de la Onda Corta, para sus emisiones de televisión, que se iniciaron en mayo de 1928. El motivo no era casual, en esta banda operaban los radioaficionados, como todavía ocurre hoy en día. Este colectivo, además de disponer de los receptores apropiados, tenía los conocimientos y la motivación necesarios para realizar un seguimiento de las emisiones, redactar informes precisos de recepción y aportar mejoras técnicas en los equipos. El diario de la época Boston Evening Transcript señalaba al respecto, en un crónica publicada en mayo de 1928, que la frecuencia elegida era “una ventaja decidida para los radioaficionados, la mayoría de los cuales ya disponen de sus propios receptores de onda corta, y simplemente necesitan añadirle un amplificador, un disco con su motor, y una lámpara de neón para ver las imágenes que serán transmitidas”. Los detalles para la autoconstrucción de receptores también se publicaron en la prensa del momento. Estaba claro que, aunque seguramente el montaje del equipo necesario carecía de complejidad, era deseable una cierta experiencia y, sobre todo, un gran deseo de experimentar. Pero la búsqueda de frecuencias distintas a las que se utilizaban para la radiodifusión sonora convencional avanzó muy rápido en los Estados Unidos. Ya a finales de los años veinte la entonces llamada Federal Radio Commision (FRC), germen de lo que después sería la Federal Communications Commision1 (FCC), había atribuido2 de forma experimental al servicio de televisión en 1929 algunos segmentos de frecuencias comprendidas entre los 2 y 3 MHz. (longitud de onda entre 100 y 150 metros), situada entre la Onda Media y Corta, organizándola en canales de 100 KHz., dado que los radiodifusores, que eran los propios fabricantes de equipos, pretendían emitir imágenes de cierta calidad, con un formato de 4/3 (similar a muchas de las pantallas actuales) a 60 líneas por cuadro y 20 cuadros por segundo, las cuales requerían de un ancho de banda de unos 48 Khz. que se duplicaban en las dos bandas laterales generadas en el proceso de modulación. Sin embargo, aunque estas frecuencias fueron utilizadas por muchas estaciones3 para realizar pruebas (Chicago, Nueva York, Pittsburgh, etc.), no se llegaron a explotar comercialmente al quedar pronto obsoleta la televisión mecánica debido a aparición de la televisión electrónica, que progresaba rápidamente en los Estados Unidos a pesar de la gran depresión económica de esos años, y precisaba de mucha más anchura de espectro debido a su mayor potencial para explorar y reproducir velozmente las imágenes. Referencias y lecturas adicionales 1 La FCC fue creada mediante Ley del Congreso de los Estados Unidos de 2 de junio de 1934. 2 Rules and Regulations Governing Visual Broadcasting, 18 de febrero de 1929. 3 Al menos 25 estaciones de televisión funcionaban en 1929 en la banda de 2 Mhz. Se pueden citar, entre otras, las explotadas por Westinghouse (en Springfield y Pittsburgh), RCA (en New York y New Jersey), Jenkins (en New Jersey y Washington) y General Electric (en New York). “La primera transmisión de televisión “sonora” tuvo lugar el 14 de julio de 1930, fecha en la que Baird emitió en directo la obra de teatro ‘The man with the flower in his mouth’” Receptor de televisión en forma de octógono (modelo “octagon”) fabricado en 1928 por la General Electric Company. Se utilizó para recibir las imágenes transmitidas en la banda de 2 MHz. en los Estados Unidos.
30 oct 2015