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Réquiem por la Universidad
Hemeroteca. Réquiem por la Universidad a cuestión es tan patética que hay grandes empresas que rechazan incluso entrevistar a licenciados en determinadas facultades de algunas universidades masificadas. Ser licenciado hoy no garantiza nada. Si antes terminar la carrera te introducía en una élite intelectual, hoy te coloca al mismo nivel que otros cientos de miles de personas que saben tan poco como tú. Las carreras no preparan para nada. Ni siquiera garantizan que sepas leer y escribir con corrección. La élite de España Una vez que el título de arquitectura había perdido también su dificultad, sólo quedaban unas pocas carreras con prestigio, de tal manera que las empresas se pegaban por sus titulados. Las ingenierías superiores mandan cada año al mercado a auténticos profesionales, con conocimientos amplios y hondos, y una capacidad asombrosa para aprender cualquier oficio o profesión que se les exija. Los ingenieros superiores son la auténtica élite intelectual de nuestro país. Tan sólo ellos pueden fardar de tener una titulación realmente universitaria. Pero claro, destacar parece proscrito en esta democracia igualitaria, enemiga de la excelencia. El actual Gobierno, que lo es por mucho que no lo parezca, planea eliminar las diez titulaciones de ingeniería superior. Se igualarán, según el proyecto de Mercedes Cabrera, ministra de Educación, a las ingenierías técnicas, y pasarán de seis a cuatro años. A ver si así consiguen eliminar el abismo que separa a cualquier ingeniero superior de cualquier otro licenciado del panorama español. El plan de Bolonia El concepto de universidad no existe como tal, ni en España ni en la mayor parte de Europa. Con la excusa del plan de Bolonia para Réquiem por la Universidad Hace quince años, cualquier licenciado destacaba, por unos mínimos conocimientos, sobre la media de la sociedad. Actualmente, cualquier recién licenciado no difiere mucho de cualquier estudiante de 2º de Bachillerato: sus conocimientos son escasos, la expresión oral bastante pobre, y la escrita rayana en el analfabetismo. A medida que ha ido creciendo el número de universidades públicas y privadas, el profesorado ha ido perdiendo calidad, el alumnado actitud y aptitudes, y los planes se han ido haciendo más asequibles. Hoy en día cualquiera puede terminar una carrera. De modo que hoy una licenciatura es poco más que un trámite para entrar, de forma precaria, en el mercado laboral. “Los ingenieros superiores son la auténtica élite intelectual de nuestro país. Tan sólo ellos pueden fardar de tener una titulación realmente universitaria” Hemeroteca L Daniel Martín Licenciado en Derecho y columnista en La Estrella Digital armonizar las titulaciones universitarias, se ha ido despojando de muchas materias a las distintas carreras, que así son unos cursillos de contenidos mínimos donde el estudiante apenas profundiza en ninguna materia. Hoy en día, el licenciado en Derecho no tiene por qué saber Derecho Romano o Derecho Natural, y el arquitecto no se pasa un año dibujando sin parar. Los estudiantes de Periodismo no saben redactar una noticia, y los de Políticas apenas saben hacer la ‘o’ con un canuto. A los de Psicología ni siquiera les suena el nombre de Carl Jung y a los de Historia de Arte hay que ayudarles a recordar a Giotto. Hemos idos vaciando las carreras para convertirlas en asequibles para cualquiera. Así, hoy en día la Universidad es una continuación del colegio. Que un estudiante haya estado 20 años en las aulas no significa absolutamente nada. Quizás sepa algo; probablemente sabrá muy poco. Cuando llegó la Democracia a España, con 150 años de retraso, se pensó que había que igualar las posibilidades de los ciudadanos. Pero se confundieron muchos términos. Así, con la educación en general se creó un sistema de mínimos donde todos pudieran acabar sin que nadie pudiese sacar una cabeza al resto. Un concepto igualitario “por abajo” y enemigo de la excelencia. Con la Universidad en particular se decidió que todo el mundo pudiese ser universitario con independencia de sus aptitudes y actitud. Lo importante es sacar el título, aunque eso elimine el propio sentido elitista de la enseñanza universitaria. En lugar de crear una política que asegurase el acceso a la universidad de los mejores estudiantes con independencia de su origen social, se optó por la política de crear universitarios en serie, aunque eso supusiese eliminar el conocimiento. Así, hasta los universitarios son hoy corderitos escasamente críticos con el poder. Universidad para todos Y así fueron naciendo universidades en todas las provincias, con el lógico declive de la calidad del profesorado y con la imperiosa necesidad de adaptar los planes para que los hijos de la LOGSE no fracasaran en el trámite de la enseñanza superior. En lugar de crear una universidad para los mejores, se creó una universidad para todos. Adiós a la élite intelectual, muerte a la excelencia académica y humana. Progresía en estado puro para una sociedad más igualitaria, mucho menos justa. Porque no hay nada menos justo que impedir a los mejores llegar más arriba que los mediocres. Así, con tantas facultades, tanta ignorancia en las aulas y en los estrados, se perpetúa el sistema en el que sólo triunfen los que tienen contactos o dinero. Esta universidad capaz de prescindir hasta de los ingenieros, en lugar de igualar, amplía e institucionaliza las diferencias sociales. Hoy un alumno brillante no es mucho mejor que un alumno normal. Los dos serán licenciados, los dos sabrán bastante poco. Reproducción de un artículo publicado el 13/04/2007 en la Estrella Digital. “Esta universidad capaz de prescindir hasta de los ingenieros, en lugar de igualar, amplía e institucionaliza las diferencias sociales” Hemeroteca. Réquiem por la Universidad
30 oct 2015