A Vuelapluma Primavera electrónica y telecomunicada -------------------------------------------------------------------------------- Pasa el tiempo y la primavera se va convirtiendo en verano Una primavera rara anduvo sobre nosotros y nos hizo actuar de extraña forma, quizá con un atisbo de guerra al fondo y muchas telecomunicaciones: de satélite, de máquina voladora con tripulante, de máquina explosiva no tripulada. Todo electrónico, telecomunicado. Es el triunfo de la tecnología aérea, un siglo después del triunfo de la tecnología naval. Ellos, que son jóvenes e hicieron el gran imperio, deshicieron los restos coloniales de una España que no supo repartirse el mundo a tiempo con los ingleses, que desoyó lo de "Con todos guerra y paz con Inglaterra" y mantuvo en el trono un child of the House o Bourbon, entregado a la voluntad de Francia, hasta de la Francia republicana del directorio... Ellos, a los que respetuosamente llaman cousins los ingleses, siendo sus ancestros, ahora mandan hacer lo que los europeos deberían llevar a cabo solos, sin tutelas. Y todo lo que se hace es con sus máquinas, sea cual sea la sigla o la escarapela. Ellos a inventar, y nosotros a copiar. En Barcelona, con frío y toques de chubasco estuvimos oyendo mucho discurso a cerca del mal llamado comercio electrónico; mucho de lo que parece importar, del escaparate y las medidas de seguridad para el cliente, un usuario final que todavía no puede ser masivo, ni lo será; porque no todo el mundo tiene acceso al ordenador, ni ganas de tenerlo; y porque la mayoría de las cosas no se pueden comprar bien sobre muestra virtual sino tocándolas. A mi me gusta la idea de Centrotiendas en España, o de Centrolojas en Portugal: lo de "comprar paseando", como si fuera en un gran centro comercial repartido por zonas selectas de las ciudades. Y con un entramado telemático que conduce a lo que importa, a evitar papelorio, que, como insiste Ángel Viña, está hecho de átomos, que pesan, mientras los bits son inmateriales. Lo que importa (digo yo y decimos tantos que, por pura estadística, o estamos en una gran equivocación o estamos en lo cierto) es hacer desaparecer el flujo maldito de la "evidencia material" en las transacciones entre empresas: desde la petición de oferta a la orden de pago, pasando por los pedidos y las órdenes de fabricación. En Barcelona, presididos por el señor Schwartz no televisivo, oímos algo a cerca del business to business, pero no es suficiente. FUNDESCO está obligada a seguir en la brecha. Otra cosa es lo que oímos en Oporto. Allí, reunidos por Antonio Marques en el INEGI, representantes de una consultora mundial y de otra fabricante mundial de ordenadores aseguran que los intercambios "electrónicos" (¿por qué no "telemáticos"?) de documentos van a representar entre el 80 y el 90 por ciento del total del volumen de ventas realizadas a través de la interred. Mientras el cielo se deshace en ráfagas de lluvia sobre la cuenca del Duero, armamos una discusión interesante, mucho más viva que las de Barcelona, y descubrimos que la universidad de la capital del "Norte" portugués (Galiza Bracarense) tiene un grupo de trabajo dedicado a las aplicaciones de la interred (¿Por qué llamarla "internet"? ¿Porque manden ellos, los vencedores en Santiago de Cuba?) para la pequeña empresa. Bien. Seguiremos, cada cual a lo nuestro, con nuestras manías telemáticas. Algunos, convencidos de que las micromuescas en el metal de base de un disco óptico son mucho más duraderas que la tinta del folio con membrete. Y no toquemos la seguridad, porque muchos podríamos hablar de falsificaciones -cuando no amaños y chapuzas- en documentos tradicionales, tanto de consulta como de compromiso... De este asunto y de otros, como de por qué van tan lentas las obras de "el cable", pudimos hablar Luís Manuel Sánchez -mi colega del CIS- y José Manuel Soto, hasta hace poco director general de Medios de Comunicación de la Xunta de Galicia y actualmente director general de Intelsis. Fue un favor que nos hicieron los pilotos y los jefes de Iberia. Como dice mi suegro, "cuando me llegue la hora y me pidan la última voluntad, diré que me devuelvan las horas perdidas en los aeropuertos, y viviré años". Ciertamente. Gracias a los señores de los aires pudimos intercambiar puntos de vista sobre lo que nos mantiene ilusionados en la profesión; y, cuando ya nos cansábamos de la cantinela ("Iberia informa... Dentro de cuarenta y cinco minutos..."), nos pusimos a leer y comentar los periódicos. Juntamos las elecciones municipales al modem de cable, los derechos de paso y apoyo al modem asimétrico, revisamos las posibilidades de negocio en toda Iberoamérica, teniendo en cuenta la condición doble de estos gallegos que despistan llamándose como los portugueses y hablando casi como ellos. Nos metimos a la antropología profunda de las esquelas mortuorias en Galicia, cada una con nombre y mote que hace referencia a lugar, familia, condición, oficio y hasta relación con animales domésticos. Y, en el colmo de nuestros aburrimientos, entramos a leer las búsquedas gratuítas de pareja. En las columnas de "chico busca chico" escontramos una que nos hizo reír hasta llamar la atención de los desesperados que nos rodeaban. Rezaba algo así como "Soy Robin el morenito. Llámame y seré tu Banderas. Pasaremos toda la noche cabalgando sobre una vaca verde mientras yo te cardo el pelo". La carcajada rompió el maleficio. Nos llamaron a embarcar y todavía no nos lo creíamos. Volábamos ya y seguíamos sin creerlo, con una risa floja, hija de algo onírico, de sexo trastornado sobre una vaca verde. Viendo nieves en montes bajos, temí por las glorias del vino, cosecha del 99. Y recordé una frase de nuestro compañero Emilio Rojo, elaborador de caldos exquisitos en el Ribeiro castigado por las heladas: "Esto, colega, es una desgracia entálpica". En fin, amigos. La guerra sigue, y no sé que beberemos. -------------------------------------------------------------------------------- Xavier Alcalá Ingeniero de Telecomunicación