Artículo BIT
De la seducción
PUNTO DE VISTA DE LA SEDUCCIÓN La ley de la seducción es, ante todo, la de un intercambio ritual, la de un envite donde la suerte no está nunca echada Baudrillard. La seducción, por, es siempre un proceso reversible, una estrategia de las apariencias, imagen que traslada automáticamente a mil imágenes en un infinito juego de espejos. Cometían por ello un craso error Pedro García López y José Manuel Moran al analizar, en un reciente articulo1, ciertas políticas sectoriales en términos de estrategias fatales, por lo menos si, con su inteligente parábola, querían hacer alusión al sector de la electrónica y las telecomunicaciones. No, amigos, no existen estrategias fatales solo vanas apariencias, simulación, engaño, significantes sin significado, artificio, seducción, en suma. Las estrategias fatales no se derrumbarán nunca al primer envite de la realidad ya que son, por sí mismas, inmateriales, etéreas e inconsistentes. Simplemente, se dejarán modelar por otras realidades mucho más tangibles, adhiriéndose a su superficie y demostrando su versatilidad. La seducción es errática, no tiene objeto definido, vaga por el mundo buscando afinidades. Se ejerce, por ello, con un talante y nunca como un trabajo. Por ello, los grandes seductores que operan en este sector aquellos en los que todos pensamos se encuentran siempre en su natural papel al recibir un premio o sonreír ante la cámara del fotógrafo. Nunca un gesto descompuesto ni un rictus de preocupación nada escapa a la faz sedante y dúctil del seductor. No entienden Pedro García López y José Manuel Moran que el espectáculo, la fabulación, el luz y taquígrafos, son inherentes a esta estrategia de las apariencias, ajena se a un discurso en términos de efectos sociales o modernización del país, que pertenece a otra constelación galáctica. La seducción nunca puede ser producción sino re producción de signo, palabra y deseo. La seducción se agota en sí misma alejada del acontecimiento, sólo busca recompensa en la propia autosatisfacción y complacencia con el yo. Como Narciso, se deleita en su propia imagen al margen de los crudos avatares del mundo exterior. Ninguna fecha del calendario ni requerimiento finalista amenaza al seductor porque, como dice el maestro Baudrillard, la seducción es más fuerte que el poder, ya que tiene una naturaleza instantánea, centelleante, mientras que el poder se quiere irreversible, como el valor, y como él, acumulativo e inmortal. Vivir al día y vivir aislado ha dejado de ser rentable. Justamente lo contrario de lo que escriben García y Moran, sería la máxima coherencia de la seducción el olvido de las coordenadas de espacio tiempo para devenir en un instante intemporal y en una ubicación utópica. La seducción es una espiral que se encierra en sí misma, en infinitas volutas que se pliegan hacia el interior de la nada. Condenada a apuntar hacia el centro y nunca hacia la periferia, busca el corazón en un viaje sin final, perpetuamente errática en la multiplicidad de los seres. Cruel destino el de la seducción nunca encontrarse a SÍ misma, perdida en los innumerables señuelos del mundo. Seguirán por ello los seductores vagando hasta el final de la eternidad, forzados a reconstruir su imagen, fragmentada en un millón de añicos. En la pág. 85 se reproduce íntegro Las estrategias fatales, artículo al que hace referencia el autor, aparecido en El País el 29 de Noviembre de 1985.
30 oct 2015