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Sobre vinos, viajes, libros, deportes... y más
Dios creó el mundo en 7 días; en 7 segundos, yo destrocé el mío” da como pista inicial quien, con un inquietante secreto a cuestas, se identifica como inspector de hacienda mientras ultima una revisada lista de siete nombres: siete personas que han de equilibrar su declaración de renta, no la fiscal de ellas, sino la suya personal, no la física sino la anímica. Si un despiste puede sesgar 7 vidas, ¿puede un acto deliberado encauzar 7 almas?. Si he quitado 7 y repongo 7, ¿me quedo en paz?. Vida y muerte, culpa y perdón, amor y redención: hay lazos que unen el destino de las personas. Si algo malo ha hecho Will Smith, aquí se redime (aunque juega sobre seguro: 7 es el número de la banca). CINE Atanasio Carpena Martín SIETE ALMAS Dirección: Gabriele Muccino, 2008 David Fincher, el director, obró maravillas en “Alien 3” (1992), tocó el cielo con “Se7ven” (1995) y tras jugar a perder y luchar contra el pánico, exuda culpas y redime pecados pasados, si es que hubiera cometido, con este curioso caso de vidas y relojes cruzados sustentado por destacables efectos visuales supeditados a la narración de un regresivo avance en el tiempo. Eric Roth, el guionista, relató el estilo de vida americano a través de los ojos de “Forrest Gump” (1994), propuso un ensayo sobre la caída de las dos torres en “Munich” (2005) y en este curioso caso del Benjamín, que nació en circunstancias inusuales, rubrica que los extremos se tocan (bebés y ancianos no son tan distintos) y que es cuestión de tiempo que vuelva a llover sobre mojado (el agua de los rotos diques de Nueva Orleans avanza hacia el reloj que había contado hacia atrás en un intento de dar una segunda oportunidad a los caídos en el frente). Dirección y guión; dos pilares, una conclusión: “tu vida no cambia nada si la vives hacia delante o hacia atrás; lo importante es cómo la vives”. Para muestra, este botón. EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON Dirección: David Fincher, 2008 LIBROS EL ENSAYO ESPANOL. SIGLO XX Gracia J. y Ródenas D. eds. Colección Clásicos y Modernos Editorial Crítica. 2009. ISBN 978-84-8432-899-5 1008 Pág. El ensayo nos propone análisis y síntesis de la realidad desde posiciones intelectuales no siempre coincidentes con las del lector. Para reafirmación de nuestras ideas o para ponerlas en cuarentena, este género literario es imprescindible para no creer que la profundidad de pensamiento reside en los especialistas mediáticos que, con suerte, han leído un artículo de no más de quinientas palabras sobre un asunto y se piensan expertos. En España ha sido un género privilegiado por la calidad literaria de sus autores y una vía fecunda e imaginativa de exploración de la realidad y del mundo moral contemporáneo. Esta antología reúne -en más de 100 textos cuidadosamente editados, anotados y presentados - 79 voces indiscutibles e imprescindibles de la prosa de ideas del siglo XX. Arranca desde los orígenes (con Azorín, Baroja, Unamuno, Ortega, Ors, Azaña o Machado), avanza por los nombres señeros, más y menos notorios, de nuestra cultura (Bergamín, Espina, Giménez Caballero, Salinas, Ayala, Zambrano, Ferrater Mora, Pla, González-Ruano, Sánchez Ferlosio, Benet o Fuster) y alcanza lo más vivaz y feliz del ensayismo reciente, los clásicos para el siglo XXI (Savater, Lledó, Trías, Camps, Marías o Azúa). En todos los casos los autores comparecen con textos seleccionados por la calidad de su prosa, la plasticidad de su pensamiento y la relevancia de sus planteamientos y actitudes morales. Los oportos constituyen sin duda la joya de la corona de los vinos portugueses. Sin embargo, como por desgracia ocurre con tantas cosas de nuestro país vecino, son bastante poco conocidos a este lado de la raya. Su historia comparte aspectos con la de los otros grandes vinos generosos ibéricos: los jereces y los madeiras. Esta forma de hacer vino comenzó en Jerez hacia el siglo XVI, cuando se comprobó que añadir alcohol destilado mejoraba la conservación del producto durante el largo transporte y el almacenamiento en los climas hostiles del Nuevo Mundo recién descubierto. Luego, a comienzos del XVIII, la Guerra de Sucesión Española cortó el suministro regular de vinos de Francia hacia sus ahora enemigos de Inglaterra y Centro Europa, creando una importante demanda en esos países para vinos portugueses conservados de la misma manera. La importancia de esos nuevos mercados se manifiesta desde entonces en el fuerte predominio de empresas británicas, holandesas y alemanas en la producción y comercio de estos vinos, tanto en Portugal como en España. El oporto debe su especial personalidad a la combinación de los buenos vinos, mezcla de distintas uvas de los viñedos de la ribera norte del alto Duero portugués, con la crianza en el clima atlántico de Oporto, más en concreto de Vila Nova de Gaia, en la ribera sur de la desembocadura del río. Puede hacerse una primera clasificación de estos vinos en dos grandes categorías: los envejecidos en barril y los envejecidos en botella. Los primeros evolucionan por oxidación lenta a través de los poros de las barricas resultando un color tostado (tawny) y generalmente mezclan varias cosechas (excepto en la variedad colheita) por lo que la edad que se les marca es una media entre las de sus componentes contadas desde la cosecha al embotellado (hasta más de 40 años). Los segundos proceden de una sola cosecha seleccionada (más o menos tres de cada diez) y su evolución en la botella se hace con escasa oxidación, manteniéndose un color vivo (ruby). Esa misma evolución hace que desarrollen posos después de embotellados, haciendo aconsejable el decantado y el consumo rápido tras el descorche. También entran en esta clasificación los menos conocidos oportos blancos (dulces y secos). Los rubies de años excepcionales se denominan vintages y, con menos del 2% de la producción, alcanzan los más altos precios. En los últimos años va aumentando la popularidad de un tipo intermedio que se filtra y embotella tras cuatro 4- 6 años en barrica (late bottled vintage), disminuyendo el problema de los posos. Hay mucho más que aprender, y sobre todo que catar. Tan cerca y tan lejos. VINOS Manolo Gamella VINHOS DO PORTO 80 bit 174 ABR.-MAY. 2009 Huir de la ciudad puede no ser la única elección para encontrar el descanso y la paz después de los días de trabajo. Como ya dije en números anteriores, podemos visitar otras ciudades haciéndolas destino de nuestras excursiones. Además, ¿quién se atreve a sostener que no hay grandes paseos por las calles de nuestras ciudades; paseos para ser caminados por el más intrépido de los aventureros? Y, sobre todo, podemos disfrutarlos al máximo si sabemos contemplar el entorno con los ojos de aquel que se deja asombrar una vez mas. Confío en que ésta sea la actitud del lector que se anime a recorrer la ruta que hoy propongo. Y para que no sea brusca la transición de excursiones por la naturaleza a recorridos por la ciudad vamos a irnos a la bahía coruñesa en la que se funden los espacios naturales con paisajes urbanitas de gran belleza e historia. Esta bahía está protegida por dos cabos y comenzaremos la excursión desde el mas occidental. Sobre él se encuentra la torre de Hércules, antigua como la misma ciudad coruñesa, cuyas casas se construyeron a sus pies. Hay magníficos paseos comenzando por el paseo marítimo que nos llevan hasta la torre; paseos que no se recorren en pocos minutos, sino que pueden ocuparnos varias horas si vamos siguiendo todos los caminos y nos paramos a descansar en los acantilados donde golpean incansables las olas del océano. Por supuesto no hay que olvidarse de acudir a la torre, pero no es necesario que insista, ya se encargan de ello los múltiples carteles que nos venden la visita. A continuación podemos abandonar la ciudad e ir al centro de la bahía en la que se encuentra un islote donde se construyó el Castillo de Santa Cruz. Este lugar se encuentra en la población de Santa Cruz de Oleiros. Son muchos los lugares que podríamos visitar, pero éste es uno que no debemos pasar por alto. Un castillo sobre roca y unido a tierra por un largo puente donde se respira la paz y se contempla un mar mucho mas tranquilo que aquel que golpea los acantilados. Por si fuera poco, podremos encontrar en el pueblo algún que otro restaurante donde disfrutar de la gastronomía costera gallega. Para terminar el día llegaremos hasta el cabo de Mera, el más oriental de la bahía. En él se encuentra un pequeño faro que ayuda a los barcos a delimitar la entrada al puerto. Está situado sobre un acantilado desde el que puede verse la cara oriental de la ciudad. Podemos contemplar desde aquí parte del paseo marítimo, los espigones del puerto y un sinfín de barcos que entran y salen hacia altamar. Podríamos estar aquí varias horas, absortos por el trasiego de los buques y dejar pasar el tiempo hasta la puesta de sol, en que comienzan a encenderse las luces de la ciudad. ¡Qué mejor lugar para dar por concluida la excursión! Ahora nos queda encaminarnos hacia esas luces y disfrutar de la noche coruñesa igual que lo hicimos con la bahía mientras hubo luz del sol. EXCURSIÓN Julián Fernández Navajas LA BAHÍA CORUÑESA, DE LA TORRE DE HÉRCULES AL FARO DE MERA
30 oct 2015