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DECEM2. Alternativas financieras para ayuda al desarrollo (2)
DECEM2 Alternativas financieras para ayuda al desarrollo (2) El mundo de hoy en día es un mundo a tres velocidades. Un mundo en el que el sistema capitalista se ha impuesto a aquel con el que durante décadas rivalizó respecto a su condición inexpugnable de modelo económico de facto. Un mundo con una brecha económica que no deja de crecer, y que afecta ya al 80 por ciento de la población de un planeta poco solidario llamado “Tierra”. Un sistema, el capitalista, basado en la economía de mercado y el beneficio económico. El presente artículo sugiere una tasa destinada a compensar la desigualdad, fruto de pasados procesos de colonización que agudizaron los desequilibrios de riqueza ya existentes. Jaime Pozuelo-Monfort1 Ingeniero de Telecomunicación [email protected] La contribución corporativa: el grano de arena de la empresa privada La sociedad occidental del mundo presente se sustenta en una base económica y financiera que se ha ido forjando a lo largo de las décadas y tras sucesivas crisis que azotaron a países y sociedades a golpe de devaluaciones forzosas, reventones bursátiles y crisis que hicieron madurar el denominado sistema capitalista. Una sociedad, por tanto, vertebrada desde su raíz en los principios de libre mercado, de la ley de la oferta y la demanda, en que el espíritu emprendedor se premia cuando un proyecto empresarial se materializa y se convierte en público mediante una oferta pública de venta de acciones. Las sociedades más avanzadas operan bajo la tutela del libre mercado, pero se sustentan gracias al poder impositivo de las Administraciones Públicas. La incapacidad, a nivel tributario, de economías como la rusa o la argentina, alimentaron las crisis económicas que azotaron sus estructuras económico- financieras en 1998 y 2002, respectivamente. El beneficio corporativo es, a ciencia cierta, la recompensa del emprendedor al trabajo bien hecho. Un beneficio corporativo que se tasa en mayor o menor medida. Un beneficio corporativo que supone el pilar de la valoración bursátil de aquellas compañías que cotizan en los mercados financieros. El mercado bursátil constituye un elemento clave en la coyuntura y estabilidad económica de un estado soberano. Posibilita la financiación de grandes proyectos, a la vez que la abarata. Democratiza el acceso al capital y permite al pequeño ahorrador ser partícipe de las ganancias cuando las hubiere. Un panorama, el descrito con anterioridad, que ex–ante resulta satisfactorio. Satisfactorio si el poder no se reparte entre unos cuantos que acaban jugando el papel de mano invisible de Adam Smith. Un panorama, el descrito con anterioridad, que premia la capacidad gestora del individuo, al mismo tiempo que penaliza al trabajador de clase media el cual, cada vez con mayor dificultad, encuentra la estabilidad deseada por todos aquellos que formamos parte de una sociedad denominada del “bienestar”. El éxito de las compañías multinacionales no es únicamente fruto de los aciertos del tiempo presente. Lo es también del favoritismo de tiempos pasados, del abuso de una posición dominante, de la mala práctica del desequilibrio negociador frente a estados frágiles -controlados por dictadores déspotas- de la explotación durante décadas de recursos naturales y humanos. La sociedad occidental proporciona oportunidades, a través de sus grandes empresas, a las sociedades en vías de desarrollo. Pero tambien es parcialmente culpable de sus políticas pasadas, con consecuencias nefastas en la realidad presente del mundo pobre. Permitamos que el emprendedor siga albergando la motivación de arriesgarse en un proyecto personal, de levantarse cada mañana con la pasión de ver su negocio prosperar. Permitamos que se le premie mediante la retención del beneficio corporativo. Pero compensemos a las sociedades que sufrieron los abusos del proceso colonizador, a lo largo de siglos de historia, con el beneficio de compartir parte de esas ganancias que hoy suponen la piedra angular del sistema capitalista de los denominados países industrializados. El valor bursátil3 Uno de los principios clave de la economía financiera se centra en el cálculo del valor bursátil de una corporación. La definición técnica diría que el valor bursátil se determina sumando el valor presente de los flujos de caja futuros. Tan rimbombante expresión no es más que la suma de los beneficios futuros, actualizados a unidades monetarias del momento actual. No es lo mismo ganar un millón de euros hoy que el año que viene, o que dentro de diez años. Los precios aumentan porque existe inflación, un fenómeno económico que subyace detrás de la pérdida de valor del dinero conforme transcurre el tiempo. Los beneficios futuros están sujetos a incertidumbre: a incertidumbre macroecónomica, a riesgos de todo tipo (operacional, de mercado, de crédito, de tipos de cambio, etc). Por consiguiente, los beneficios futuros calculados para determinar el valor presente de una corporación son beneficios esperados. Es un juego de expectativas y las expectativas cuentan. Si las expectativas se baten, el valor bursátil de una corporación subirá, si no se cumplen, el valor bursátil descenderá. De este razonamiento se puede derivar el comportamiento de un valor bursátil en función de la tasa corporativa que se aplique. A mayor tasa corporativa (el llamado “impuesto de sociedades” dentro del sistema tributario español), menor es el beneficio. Por tanto, el valor bursátil debería disminuir. Sistemas fiscales como el irlandés, con una tasa corporativa relativamente baja respecto a otros sistemas tributarios de la zona Euro, han conseguido atraer la razón social de muchas corporaciones, por motivos evidentemente vinculados al aumento del beneficio corporativo. Una tasa al beneficio corporativo neto El beneficio neto es el resultante después de aplicar la tasa corporativa o “impuesto de sociedades”. Supongamos que de cada 100 euros de beneficio bruto, el Fisco retuviese, por ejemplo, 30, si la tasa corporativa fuese de un 30 por ciento. Al beneficio neto proponemos aplicarle una segunda tasa, denominada “tasa decem”, que consiste en destinar a un gran fondo de inversión el 10 por ciento del beneficio neto. En el caso del que hablamos, la corporación debería depositar 7 euros de cada cien en un gran fondo de inversión. El lector podrá pensar que el beneficio neto pasa de 70 a 63 euros por cada 100 euros de beneficio bruto y que, en consecuencia, el valor bursátil de una compañía descendería automáticamente un 10 por ciento. La conclusión aparente es que la adopción de una medida similar a la propuesta haría bajar el mercado bursátil automáticamente en un 10 por ciento, en el momento de adoptarse. Piense el lector formado en economía financiera en los estados contables de la empresa privada: la cuenta de resultados y el balance, este último formado por activo y pasivo. Proponemos que el 10 por ciento del beneficio neto remanente, una vez aplicada la tasa corporativa (“impuesto de sociedades”) se invierta en un gran fondo de inversión, gestionado de acuerdo a criterios éticos y sostenibles, cuyos intereses se dedicarían a ayuda al desarrollo en economías emergentes y del otrora bien denominado Tercer Mundo, a través de infraestructuras básicas, sistemas educativo y sanitario... Este diez por ciento del beneficio neto seguirá siendo propiedad de la empresa que, sin embargo, no podrá utilizar a su antojo. Formará parte del activo y, por ende, del pasivo. El montante se liberará en caso de quiebra de la empresa, situación en la que los acreedores podrán acceder al mismo para minimizar pérdidas y aumentar de este modo el valor recuperado, técnicamente denominado “ratio de recuperación”. La “tasa decem”, consistente en trasvasar un 10 por ciento del beneficio neto corporativo, contribuiría a aumentar el montante del gran fondo de inversión, cuyos beneficios resultantes de las estrategias inversoras se destinarían a ayuda al desarrollo. ¿Bajaría el valor bursátil de una corporación que cotizase en Bolsa si se aplica una medida similar? Es posible que bajase en medio o un punto porcentual, sin tener en cuenta el impacto que un gran fondo de inversión concebido de esta forma tendría en mercados emergentes, donde a menudo la gran corporación cosecha la mayor parte de sus beneficios. Un impacto positivo en las economías emergentes tenderá a compensar la pérdida de valor asociada a una medida del estilo de la “tasa decem”: el resultado de sumar las dos tendencias puede resultar, sin duda, positivo. Notas 1 Sobre el autor: Jaime Pozuelo-Monfort finalizó ingeniería de Telecomunicación en la Universidad Politécnica de Madrid en el 2000. Tras cursar el master en Administración de Empresas del Collège des Ingénieurs, en París, y el master en Análisis Financiero en la Universidad Carlos III de Madrid, finalizó el master en Ingeniería Financiera en la University of California-Berkeley. Actualmente cursa el master en Desarrollo Económico en la London School of Economics. 2 “Decem” es el término en latín equivalente al número diez. 3 Ver análisis en la última página de este artículo.
30 oct 2015