Artículo BIT
Sobre ESPRIT, EUREKA, RACE, SDI y otras oportunidades
39.- EDITORIAL Sobre ESPRIT, EUREKA, RACE, SDI y otras oportunidades. La complejidad creciente de las nuevas tecnologías y sus aplicaciones, así como las exigencias financieras y humanas que plantea su desarrollo, obligan a una coordinación de esfuerzos internacionales, a la hora de poner en marcha cualquier programa ambicioso de tipo científico-tecnológico. Es, más que nunca, la hora de la cooperación internacional. Los ciclos de vida de las tecnologías y de los productos en que se plasman, se acortan. Las sucesivas generaciones de componentes, equipos y sistemas mueren cada vez más jóvenes, siguiendo una ley afortunadamente contraria a la de los seres humanos. La competencia por mantenerse o mejorar posiciones en los mercados internacionales es, por tanto, cada vez más cruenta, y sólo a los muy preparados, los que producen innovaciones con muy alta competitividad y a los que manejan la información adecuada en el momento oportuno, son capaces de sobrevivir. El propio gigante norteamericano, ve amenazadas sus posiciones por la laboriosidad y sagacidad de los japoneses, mientras la vieja Europa sigue gastando casi un 10% de su PIB global en el mantenimiento de las fronteras internas. En este ambiente, los objetivos de tipo tecnológico están desplazando a los estrictamente económicos en la política general de los principales países. Cuando Reagan o Mitterrand quieren ilusionar a sus votantes, ofreciéndoles opciones de futuro, “inventan” complicados programas de desarrollo tecnológico, a los que atribuyen casi milagrosas propiedades para resolver los problemas de sus respectivas áreas de influencia. Acertada o no, ésta es la vía de finales del siglo XX, por la que resulta imprescindible caminar. Y nosotros, con la casa sin barrer. Parece trágico signo el que nos sitúa históricamente ante grandes disyuntivas fuera del tiempo adecuado. O llegamos demasiado pronto, o llegamos demasiado tarde, pero en muy raras ocasiones conseguimos llegar al sitio adecuado en el momento preciso. Superada la transición política, aceptado el sistema democrático y realizada la reconversión de nuestros sectores industriales obsoletos, las oportunidades que los programas de cooperación tecnológica internacional brindan al proceso de reindustrialización, que coloque a nuestra economía en situación adecuada para abordar las próximas décadas de forma airosa, nos pasan por delante sin tener aún la preparación precisa para obtener todas las posibles ventajas. La Administración sigue sin estar lo suficientemente tecnificada como para abordar toda la serie de negociaciones que están teniendo lugar ya en los escenarios europeos, norteamericanos y japoneses. La buena voluntad y extraordinaria entrega con que algunos altos funcionarios están actuando, no suple, desgraciadamente, la carencia de expertos en las distintas materias objeto de estos programas, donde se ventila mucho de nuestro futuro. Tampoco nuestras empresas industriales demuestran estar suficientemente preparadas ni siquiera concienciadas en muchos casos, para hacer frente a este reto, lo cual llevará a una creciente dependencia respecto a empresas extranjeras. Nuestro sistema ciencia-tecnología, tiene también diversas carencias que le impiden adaptarse de forma ágil al ritmo que la cooperación internacional impone. Entre los proyectos de investigación básica generalmente apoyados por la CAICYT y los programas industriales que a duras penas llegan a las ventanillas del CDTI, existe un hueco en el que, precisamente se suelen mover los programas competitivos, impulsados por la cooperación entre gobiernos e industrias. Desde nuestro punto de vista, es imprescindible partir de un análisis al menos tan crudo como el anterior, para poder alcanzar resultados positivos. Porque estamos convencidos de que no sólo se deben sino que se pueden alcanzar. Pero no es ya el tiempo de la ficción sino de la realidad, y no basta, por tanto, estampar firmas en documentos de cooperación internacional, sino prepararse rápidamente para que dicha cooperación sea verdaderamente real. Sin ánimo de establecer decálogos inflexibles, nos permitimos apuntar algunas necesidades de muy urgente solución, vías a nuestra incorporación efectiva al proceso de avance tecnológico internacional: - Urgente tecnificación de nuestra Administración, donde sobran varios miles y faltan varias decenas de personas. - Puesta en marcha de programas especiales para formación de técnicos en los campos tecnológicos considerados como estratégicos. - Creación de nuevas instituciones que puedan programar, gestionar y controlar programas de cooperación tecnológica, sin la pesadez burocrática de las ya existentes. - Puesta en marcha inmediata de programas tecnológicos nacionales, que aglutinen nuestros recursos investigadores, sirvan para hacer más eficaz la formación de nuestros técnicos y permitan colaborar con otros países en términos de menor dependencia e incluso, en algunos casos, de igual a igual. El país tiene suficientes reservas de ilusión, imaginación y capacidad de esfuerzo, como para situarse en las primeras filas de esta maratón tecnológica a la que se han lanzado los principales países del mundo, pero es preciso pasar inmediatamente de las palabras a los hechos, superando nuestro antiguo complejo de país cuya capacidad innovadora se agota en lo cultural y no traspasa las fronteras de lo científico y tecnológico. ¿Ayudamos todos?
30 oct 2015