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Artículo BIT
Sobre ESPRIT, EUREKA, RACE, SDI y otras oportunidades
39.- EDITORIAL Sobre ESPRIT, EUREKA, RACE, SDI y otras oportunidades. La complejidad creciente de las nuevas tecnologías y sus aplicaciones, así como las exigencias financieras y humanas que plantea su desarrollo, obligan a una coordinación de esfuerzos internacionales, a la hora de poner en marcha cualquier programa ambicioso de tipo científico-tecnológico. Es, más que nunca, la hora de la cooperación internacional. Los ciclos de vida de las tecnologías y de los productos en que se plasman, se acortan. Las sucesivas generaciones de componentes, equipos y sistemas mueren cada vez más jóvenes, siguiendo una ley afortunadamente contraria a la de los seres humanos. La competencia por mantenerse o mejorar posiciones en los mercados internacionales es, por tanto, cada vez más cruenta, y sólo a los muy preparados, los que producen innovaciones con muy alta competitividad y a los que manejan la información adecuada en el momento oportuno, son capaces de sobrevivir. El propio gigante norteamericano, ve amenazadas sus posiciones por la laboriosidad y sagacidad de los japoneses, mientras la vieja Europa sigue gastando casi un 10% de su PIB global en el mantenimiento de las fronteras internas. En este ambiente, los objetivos de tipo tecnológico están desplazando a los estrictamente económicos en la política general de los principales países. Cuando Reagan o Mitterrand quieren ilusionar a sus votantes, ofreciéndoles opciones de futuro, “inventan” complicados programas de desarrollo tecnológico, a los que atribuyen casi milagrosas propiedades para resolver los problemas de sus respectivas áreas de influencia. Acertada o no, ésta es la vía de finales del siglo XX, por la que resulta imprescindible caminar. Y nosotros, con la casa sin barrer. Parece trágico signo el que nos sitúa históricamente ante grandes disyuntivas fuera del tiempo adecuado. O llegamos demasiado pronto, o llegamos demasiado tarde, pero en muy raras ocasiones conseguimos llegar al sitio adecuado en el momento preciso. Superada la transición política, aceptado el sistema democrático y realizada la reconversión de nuestros sectores industriales obsoletos, las oportunidades que los programas de cooperación tecnológica internacional brindan al proceso de reindustrialización, que coloque a nuestra economía en situación adecuada para abordar las próximas décadas de forma airosa, nos pasan por delante sin tener aún la preparación precisa para obtener todas las posibles ventajas. La Administración sigue sin estar lo suficientemente tecnificada como para abordar toda la serie de negociaciones que están teniendo lugar ya en los escenarios europeos, norteamericanos y japoneses. La buena voluntad y extraordinaria entrega con que algunos altos funcionarios están actuando, no suple, desgraciadamente, la carencia de expertos en las distintas materias objeto de estos programas, donde se ventila mucho de nuestro futuro. Tampoco nuestras empresas industriales demuestran estar suficientemente preparadas ni siquiera concienciadas en muchos casos, para hacer frente a este reto, lo cual llevará a una creciente dependencia respecto a empresas extranjeras. Nuestro sistema ciencia-tecnología, tiene también diversas carencias que le impiden adaptarse de forma ágil al ritmo que la cooperación internacional impone. Entre los proyectos de investigación básica generalmente apoyados por la CAICYT y los programas industriales que a duras penas llegan a las ventanillas del CDTI, existe un hueco en el que, precisamente se suelen mover los programas competitivos, impulsados por la cooperación entre gobiernos e industrias. Desde nuestro punto de vista, es imprescindible partir de un análisis al menos tan crudo como el anterior, para poder alcanzar resultados positivos. Porque estamos convencidos de que no sólo se deben sino que se pueden alcanzar. Pero no es ya el tiempo de la ficción sino de la realidad, y no basta, por tanto, estampar firmas en documentos de cooperación internacional, sino prepararse rápidamente para que dicha cooperación sea verdaderamente real. Sin ánimo de establecer decálogos inflexibles, nos permitimos apuntar algunas necesidades de muy urgente solución, vías a nuestra incorporación efectiva al proceso de avance tecnológico internacional: - Urgente tecnificación de nuestra Administración, donde sobran varios miles y faltan varias decenas de personas. - Puesta en marcha de programas especiales para formación de técnicos en los campos tecnológicos considerados como estratégicos. - Creación de nuevas instituciones que puedan programar, gestionar y controlar programas de cooperación tecnológica, sin la pesadez burocrática de las ya existentes. - Puesta en marcha inmediata de programas tecnológicos nacionales, que aglutinen nuestros recursos investigadores, sirvan para hacer más eficaz la formación de nuestros técnicos y permitan colaborar con otros países en términos de menor dependencia e incluso, en algunos casos, de igual a igual. El país tiene suficientes reservas de ilusión, imaginación y capacidad de esfuerzo, como para situarse en las primeras filas de esta maratón tecnológica a la que se han lanzado los principales países del mundo, pero es preciso pasar inmediatamente de las palabras a los hechos, superando nuestro antiguo complejo de país cuya capacidad innovadora se agota en lo cultural y no traspasa las fronteras de lo científico y tecnológico. ¿Ayudamos todos?
30 oct 2015
Artículo BIT
Multinacionales y tecnología
40.- EDITORIAL Multinacionales y tecnología. Los acuerdos alcanzados en los dos últimos años entre nuestra Administración y diferentes multinacionales, triunfalmente difundidos por los medios de comunicación, pueden haber llevado al ciudadano medio, y a más de un técnico en la materia, a pensar que sólo a través de este tipo de empresas se puede llegar a poseer tecnología en nuestro país. Cambiar mercado cautivo y facilidades de todo tipo por tecnología, parece ser la política seguida por nuestro Gobierno. A este planteamiento quisiéramos hacer algunas breves matizaciones. Cuestionar, a estas alturas, el fenómeno multinacional, su potencia tecnológica, y su ventajosa presencia, dominante, en algunas áreas, resultaría, en nuestro país, inútil. De sobra conocido es el modelo defendido por quienes piensan que el camino más corto para tener tecnología propia, el que nos permitirá saltar etapas, pasa por el establecimiento de acuerdos con empresas multinacionales. No es, sin embargo, y aunque se nos quiera hacer ver lo contrario, oro todo lo que reluce. Según un reciente informe de la Universidad Autónoma de Madrid en torno al fenómeno tecnológico en España, solo un 3% de la tecnología importada es realmente innovadora, y, de ésta, la mayor parte se podría desarrollar en nuestro país, si se pusieran los medios. En definitiva, debemos preguntarnos si resulta imprescindible el acuerdo con las multinacionales en todos los casos para poseer la tecnología. Creemos sinceramente que no. Entre otras cosas, porque nuestros profesionales han dado sobradas muestras de poder asumir el mismo reto tecnológico que los de otros países. Resulta necesario, a nuestro juicio, y para aclarar conceptos al ciudadano medio, distinguir entre la auténtica tecnología punta y lo que podríamos llamar tecnología avanzada o alta tecnología, que contempla el diseño de sistemas y equipos de gran sofisticación y prestaciones, que está al alcance de quien quiera desarrollarla porque viene, o casi viene, “en los libros”. Mientras que para poder abordar lo que hemos llamado tecnología punta resulta, en los momentos actuales, imprescindible depender de una multinacional, no sucede lo mismo con el otro nivel tecnológico: aquí, quien ha arriesgado, ha recogido sus frutos. Países como Italia, y no Japón ni EE.UU., deben servirnos de ejemplo. Parece que, como país, hemos decidido jugar la baza tranquila y segura de la dependencia tecnológica. Dependencia “atenuada” o “controlada”, según gustan de matizar sus responsables, pero dependencia al fin y al cabo. Nos encontramos, así, cada vez más irreversiblemente abocados a jugar el papel de vasallos para siempre, con nuestro desarrollo propio condicionado, y nuestra independencia limitada e inestable. Elegidas las áreas adecuadas, solo arriesgando y trabajando “sin red” poseeremos tecnología propia de verdad. Existen actualmente empresas, aunque en número mucho menor del deseado, y profesionales, que están demostrando que es posible. Que ello se generalice resulta, quizá , un problema de política global que es imprescindible abordar con urgencia. Todo lo expuesto debe posibilitar, además nuestra adecuada participación en proyectos de carácter multinacional, en condiciones de igualdad, cosa que solo sucede cuando se posee tecnología. En resumen: multinacionales, rotundamente si, pero en donde sean realmente necesarias y/o aporten tecnología punta. En las áreas restantes se puede y debe desarrollar tecnología española.
30 oct 2015
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Los eurotópicos
41.- EDITORIAL Los eurotópicos. Con el ingreso formal en la CEE, ya tenemos motivos renovados para sustituir los manoseados tópicos hispanos que tantas páginas han llenado durante las últimas décadas, e incluso siglos, por otros lugares comunes no menos convencionales, aunque elevados, eso sí, a la categoría de europeos: los eurotópicos. Como pretendemos no caer en ellos, dejemos constancia de nuestra satisfacción por el acontecimiento y, con un simple “hola Europa” pasemos directamente a los grandes temas que servirán para definir unas telecomunicaciones españolas más a la europea que las actuales. Para empezar, europeizar nuestras telecomunicaciones implica inmediatamente ordenarlas. Nuestros puntos de vista y criterios al respecto ya son sobradamente conocidos, y en este punto y hora sólo insistimos en la urgencia con que debe llevarse a la práctica, después de tanto tiempo malgastado. Otra forma de europeizar consistiría en asumir que las telecomunicaciones de un país como el nuestro necesitan políticas elaboradas en los más altos niveles del Poder Ejecutivo de la Nación, por su impacto sobre la economía y la sociedad en general, y su condición de agente modernizador de ambas, Alguien podría pensar que, en estos momentos, europeizar las telecomunicaciones también significa liberalizarlas ampliamente, pero ahí conviene recordar que los países de la CEE que ya están contemplando procesos liberalizadores semejantes a los de EE.UU. y Japón, disponen de unos equipamientos en telecomunicaciones muy superiores a los nuestros, y de unos grupos industriales nacionales suficientemente fuertes como para necesitar mercados externos y, al tiempo, resistir los envites multinacionales a sus propios mercados internos. Con el peor nivel de penetración telefónica por 1000 habitantes de la CEE (excepto Portugal e Irlanda); con el nivel más bajo en inversión en telecomunicaciones por habitante (idem); con el peor porcentaje de participación de los productos de explotación de las telecomunicaciones en el PIB (idem), y sin tener un grupo industrial genuinamente nacional en este sector, no se pueden acometer las mismas alegrías liberalizadoras que en otros países. Por otra parte se ha demostrado que a mayor liberalización, mayor regulación y control por parte de las autoridades correspondientes, y las nuestras tienen, en el terreno de las telecomunicaciones, una estructura tan endeble y poco desarrollada que difícilmente puede aceptarse la idea de que están en condiciones de regular y controlar casi nada, como puede verse en la práctica diaria. Europeicémonos pues, adquiriendo los buenos hábitos y costumbres de nuestros vecinos; la seriedad de sus planteamientos; la profesionalización y tecnificación de sus Administraciones, e incluso su forma de practicar el nacionalismo. Pero no caigamos en la ingenuidad o en la chapuza de copiar sus esquemas, cuando nuestras condiciones objetivas no coincidan con las suyas y presagien un desastre. Es decir, hagamos las cosas bien, que, además, es lo más sencillo.
30 oct 2015
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Participar en las asociaciones profesionales europeas
42.- EDITORIAL Participar en las asociaciones profesionales europeas. Insistir en la condición de europeos comunitarios que, desde hace cinco meses, nos afecta no es, por ahora, reiterativo. Tras nuestra integración formal en la CEE, resulta ahora necesario hacer tal condición efectiva, especialmente en determinados aspectos, con la asimilación sin tardanza de lo que ello implica. Hace ya años que las demás naciones que integran la Comunidad han iniciado un abierto acercamiento en áreas comunes. A nivel empresarial, tales iniciativas se centran en torno a proyectos tecnológicos, para, conjuntamente, hacer frente a opciones ajenas a los intereses europeos que persiguen objetivos análogos. Para tales iniciativas ya existen, cada vez más consolidadas, propuestas comunitarias en las que, aunque aún tímidamente, nuestras industrias se encuentran involucradas, al menos en la medida de sus posibilidades actuales. Existe otro área que afecta directamente a nuestro papel como profesionales, hacia la que aún no estamos sensibilizados. Nos referimos en concreto a nuestra participación activa en los colectivos europeos de carácter profesional, a los que no damos todavía el peso específico que en otras sociedades tienen. Resulta necesario que asumamos como colectivo, y tal y como lo hemos hecho en otros muchos aspectos, lo que nuestra condición de europeos significa. Básicamente son dos las asociaciones de ingenieros a las que aquí debemos hacer referencia: La Federación europea de Asociaciones Nacionales de Ingenieros (FEANI) engloba a los ingenieros europeos de todas las ramas, siendo uno de sus objetivos más importantes la coordinación de las diferentes titulaciones que a niveles nacionales resultan posibles. A la Federación de Ingenieros de Telecomunicación de la Comunidad Económica Europea (FITCE) pertenecemos, ahora sí, con todos los derechos. Hasta la fecha asistíamos como miembros adheridos habiendo incluso organizado uno de sus congresos anuales en nuestro país. Trata la FITCE de plantear la problemática que las telecomunicaciones y las nuevas tecnologías presentan, especialmente en los entornos de los diferentes PTT europeos. Son en nuestro país los ingenieros de telecomunicación que pertenecen a la Administración o a Telefónica quienes pueden y deben ser miembros activos de la FITCE. A ellos recordamos desde aquí el interés que para todos tiene su participación activa. Ambas asociaciones buscan, en definitiva, coordinar las diferentes experiencias que puedan afectar al conjunto de los ingenieros europeos. Ser sensibles a tales iniciativas y asumir lo que ello significa resulta condición ineludible para una sociedad como la nuestra que tiene a estas alturas, que recuperar mucho tiempo perdido.
30 oct 2015
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Balance obligado de un cuatrienio
43.- EDITORIAL Balance obligado de un cuatrienio. Se han cubierto cuatro años de legislatura del Gobierno mayoritario del PSOE, y cuando este número salga de imprenta el pueblo español habrá escogido a sus nuevos gobernantes, en ese ejercicio de soberanía máxima que representa el voto universal. Es, por lo tanto, momento de balance y de proyectos. Nosotros, desde nuestra posición, conscientes de la necesidad de que existan múltiples voces desde la sociedad, que ayuden a la formación de una opinión plural y rica, queremos sumarnos a ambas tareas. Empezando por las acciones desarrolladas por la Administración en el Ministerio de Transportes, Turismo y Comunicaciones, podemos decir que, si bien se han dado pasos positivos, que permiten hablar de la existencia de “cimientos de un gran edificio”, la inconsistencia de los avances, su trayectoria corta y con demasiadas concesiones, no nos permiten ser muy optimistas al respecto. La organización administrativa no ha alcanzado el rango que nosotros hubiésemos deseado y, además, seguimos en un Ministerio que, si bien ha acogido en su seno a la Secretaría de Comunicaciones, no ha logrado poner nuestros problemas, los del sector, a la altura de nuestros compañeros de viaje (Transportes y Turismo). Se ha cambiado el ímpetu inicial de los momentos de Mayo de 1983, para volver a los discursos de cartón-piedra, que permiten al responsable político de turno pasar sobre los problemas sin apenas tocarlos. De esa organización administrativa debió surgir una norma legal que diese forma y contenido al disperso mundo de la telecomunicaciones en España. Pocas leyes, durante estos cuatro últimos años, han tenido un desarrollo tan confuso como el del anteproyecto hoy llamado LOT. Defendido sin ganas bajo el primitivo título de LOC, por el primer Gobierno Socialista, y reactualizado por el segundo, dejando por el camino aspecto trascendentes, es una norma a la que el futuro Parlamento deberá dedicar el tiempo y cariño suficientes para que no sea un bebé tardío y, además, con serias deficiencias. El segundo punto de referencia de nuestro sector se debe centrar en lo desarrollado por la Compañía Telefónica, sin duda el motor de las telecomunicaciones españolas. Pues bien, es obligado destacar, como ya hemos repetido en otros momentos y otros foros, que España sigue teniendo el peor nivel de penetración telefónica por 1000 habitantes de la CEE, con la excepción de Portugal e Irlanda; que mantenemos el nivel más bajo de inversión en telecomunicaciones por habitante, para idéntico entorno, y que la participación de los productos de explotación de las telecomunicaciones en el PIB es, igualmente, la peor de entre nuestros socios comunitarios. Añadidas a estas realidades, está una gestión de la Compañía que ha dado giros estratégicos radicales, durante este periodo, en sus aspectos industriales, impidiendo la consecución de planes que necesitan tiempo y planificación para su ejecución. En el día de hoy, por ejemplo, se echa de menos la continuidad de la política que estableció el Primer Plan Cuatrienal de la Compañía. En los aspectos de política industrial, la principal referencia para nuestros sectores ha estado en los entornos del Plan Electrónico e Informático Nacional. Fue, sin duda alguna, este reto de la Administración, más lejos en sus objetivos iniciales que en sus logros finales. La teoría del atajo tecnológico, usada como inspiración de las principales políticas industriales desarrolladas en el país, no ha permitido, hasta el momento, a pesar de los importantes recursos utilizados y de los mercados potenciales en presencia, demostrar si, primero, es un atajo y, segundo, si tras él se llega a los objetivos tecnológicos a los que el país debiera optar. El Plan, que estuvo repleto de deseos de obtener resultados brillantes para la galería de los números corrientes, sin fijarse en lo que dejaba de sólido realmente, abre las puertas a un segundo PEIN, ya anunciado, aunque todavía no conocido. La mera existencia de este tipo de planes merece ser saludada, por cuanto que ponen en evidencia las necesidades de planificación y protagonismo del sector público en los mercados tecnológicos avanzados. Otros muchos aspectos, como la gestión del espectro radioeléctrico, la situación de la televisión, la Ley de compras públicas, etc., merecerían ser tratados aquí, pero las limitaciones de espacio nos lo impiden. Sin embargo, no queremos pasar por alto el enorme problema, heredado por el actual Gobierno, que supone la escasez de recursos humanos cualificados para satisfacer las necesidades tecnológicas del país. La falta de previsión, en este sentido, nos ha llevado a que hoy estén en peligro objetivos tan queridos por nosotros como la tecnificación de la Administración y la expansión de la industria y de los productos nacionales. Este error de planificación de recursos para la Universidad, ha de ser corregido por el nuevo Gobierno de forma urgente. Para resumir, creemos que, en este cuatrienio, si bien se ha prestado más atención a los problemas que nos ocupan, la dedicación y el ritmo imprimidos no han alcanzado el nivel suficiente como para permitir al pasaje que se desabroche los cinturones y fumen, si lo desean. Estamos en un periodo aún crítico del viaje, y conducirlo con éxito es un reto al Gobierno que salga elegido y al que nos ofrecemos para colaborar en la construcción de ese mundo de las telecomunicaciones españolas, que tanto nos interesa a todos.
30 oct 2015
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Una nueva legislatura
44.- EDITORIAL Una nueva legislatura. Los resultados de las recientes elecciones han puesto un lógico continuismo en la composición del gabinete de Felipe González, sólo alterado por la sustitución de los responsables de algún ministerio. Que uno de estos haya sido el de Industria y Energía y uno de los confirmados el de Transporte, Turismo y Comunicaciones, nos lleva a hacer algunas reflexiones. Si tales reflexiones las iniciamos con el Ministerio de Abel Caballero, parece que nuestro Presidente de Gobierno haya alargado su mandato para que finalice la tarea iniciada. En nuestro área, ésta viene fundamentalmente reflejada por la consolidación como ley de la LOT, que, tras el injustificado retraso de los plazos prometidos, hasta ahora no pasa de ser un borrador más o menos manoseado, y por el papel que en el futuro juegue Telefónica. La tendencia, según declaraciones del Ministro y del Director General de Telecomunicaciones, va en la línea de, no se sabe bien cómo, liberalizar terminales. Muchas incógnitas quedan sobre cómo se llevarán las medidas en la práctica. Léase capacidad de control real de las telecomunicaciones por la Administración, realización y ejecución del Plan Nacional de Telecomunicaciones, etc. Todo ello pendiente, sin embargo, de que el mismo equipo que nos quiso convencer en su día de la inminencia de esta ley en la anterior legislatura, sea capaz de sacarla adelante en esta. En industria, y energía, las cosas han cambiado bastante. Parece ser que se avecina una importante reestructuración en el área tecnológica que incluso parecía que iba a llevarse a cabo antes de los nuevos nombramientos, y que se ha propuesto. Se trataría, o se tratará, de potenciar nuestra capacidad tecnológica coordinando mejor los organismos implicados. Sin embargo, por encima de la estructura que se habilite, el problema es más bien de voluntades y metas. A Joan Majó se le pudo achacar un excesivo interés en el pacto con multinacionales para no quedar descolgados tecnológicamente. Se le acusó de no apoyar, con nitidez y energía suficientes, una vía española, al menos en algunas significativas e importantes áreas. Está ahora por ver si la política que seguirán Luis Carlos Croissier como Ministro del ramo y Julio González Sabat como Director General de Electrónica e Informática será, o no, continuación de aquella. De aquí seguimos y seguiremos recordándoles que para alcanzar esa soberanía tecnológica que todos deseamos, existen otros caminos que los seguidos hasta la fecha, sin que estos hayan de ser, ni mucho menos, despreciados. Nuestros ingenieros, a quienes aquí representamos, están sobradamente preparados para compartir ese riesgo tecnológico al que, junto con empresarios, gobiernos y sindicatos, todos los países de nuestro entorno se han enfrentado si han querido significar algo. Las primeras declaraciones del nuevo Ministro de Industria y Energía señalando que dará más apoyo a la pequeña y mediana industria mueven al optimismo. Sin embargo, la inercia de la solución fácil que supone el vivir a la cómoda sombra de frondosos árboles es muy fuerte, aunque ello suponga el raquitismo de por vida. El tiempo, cuatro años, dirá la última palabra.
30 oct 2015
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La tecnificación de la función pública
45.- EDITORIAL La tecnificación de la función pública. Nuestra integración europea ha venido a ratificar carencias básicas de infraestructura en nuestra Administración. Estas carencias resultan sonrojantes cuando se constatan las escasísimas dotaciones de titulados superiores especializados en Tecnologías de la Información que nutren nuestras Instituciones. No es la primera vez que desde la AEIT y el COIT se llama la atención en este sentido reclamando la necesidad objetiva de una Administración tecnificada capaz de asumir el reto de las Nuevas Tecnologías, tanto para su propia modernización como para el ordenamiento de sectores estratégicos. Es evidente que en esta materia se arrastra la resaca de la crisis económica que impuso restricciones indiscriminadas en la contratación pública de personal, dejando un lastre de cuadros técnicos y de rigidez exasperante en los procedimientos. Las Ofertas de Empleo Público son un ejemplo claro de cómo las inercias burocráticas no sintonizan aún con las necesidades de la propia Administración para coger el paso de los nuevos tiempos. Desde otra perspectiva resultan más que sospechosas las críticas con que sectores de intereses económicos bien definidos se oponen a contrataciones de personal invocando la necesidad de contención del gasto público. Resulta difícil comprender, con qué medios humanos se piensa hacer afectiva la LOT, cuando se apruebe, o cómo se puede liberalizar un mercado de terminales atendiendo adecuadamente las tareas de normalización, homologación, supervisión y vigilancia. O, concretamente, cómo se puede poner en práctica el Plan Nacional de Telecomunicaciones. Puestos a hacer preguntas ingenuas se nos ocurren algunas más, ligadas a la escasez de recursos humanos: ¿Cómo puede mantener la Administración una negociación equilibrada con Telefónica para el nuevo contrato? ¿Cómo controlar la ejecución de éste? ¿Cómo evitar sospechas de “goles cantados” cuando se anuncian grandes acuerdos con multinacionales del sector? ¿Cómo defender adecuadamente nuestros intereses en Bruselas, cuando difícilmente se puede cubrir la asistencia de todas las reuniones de comités, subcomités, etc., de los distintos proyectos en que de alguna forma se ventila nuestro futuro? ¿Hasta cuándo las parcelas cerradas de escalas, escalillas, y cuerpos especiales, amén de la cerrazón de hospitales a todos los titulados que no sean médicos? ¿Con qué recursos humanos los entes sanitarios gerencian los 150000 millones de pts. de su parque electromédico? ¿Cómo cubrir las necesidades de especialistas en Nuevas Tecnologías que plantea el Plan Nacional de Investigación? ¿Cómo se puede seguir manteniendo la situación del personal civil en una estructura moderna de defensa? ¿Qué cuadros técnicos van a diseñar y gestionar la informatización de la Justicia española? El estudio realizado por el COIT y la AEIT ha confirmado el terrible déficit de titulados en Informática, Electrónica y Telecomunicaciones con que se enfrenta nuestro país. Es un hecho que las condiciones de contratación pública no son atractivas en las condiciones actuales del mercado de trabajo. Hablando con propiedad, son deprimentes. La situación es crítica y la realidad de hoy se cobra errores del pasado. Conviene enfrentarse a los hechos e imaginar una política de personal técnico para la función pública que sea atractiva y ágil en su ejecución. Un problema que todos enuncian pero nadie resuelve, ¿hasta cuándo?
30 oct 2015
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Dos años por delante
46.- EDITORIAL Dos años por delante. Las últimas elecciones para la renovación de las Juntas de Gobierno y Directiva del COIT y la AEIT se han celebrado bajo la normativa electoral que aprobamos durante el año 1986. Con esa modificación estatutaria, las anteriores juntas pretendían dos objetivos fundamentales: - Mejorar el periodo de tiempo hábil, aumentando a dos años de duración el mandato del conjunto del equipo de gobierno. - Hacer más democrático el proceso, renovando por completo la totalidad de las juntas y evitando así ese anómalo periodo de “convivencia” entre dos supuestos programas alternativos. La idea motriz de esta modificación de la normativa electoral, no se queda satisfecha con lo alcanzado hasta el momento. Una vez superado el proceso electoral, y con unas juntas elegidas de continuidad, la apariencia puede ser de que “nada ha cambiado”. Nuestra propuesta es bien distinta. Apoyándonos en los estatutos y modificándolos si es preciso, el grupo de personas que durante más de un decenio se ha ocupado de los asuntos profesionales de nuestro colectivo, quiere declarar abiertamente que no se considera “instalada” en sus posiciones, que llama a una renovación de los modos y las personas y que está dispuesta a realizar esta tarea durante el futuro próximo. Esta declaración, justamente tras un proceso de elecciones, puede parecer mal colocada en el tiempo. Es verdad que hubiese sido más natural su ejecución antes de las votaciones. Como nuestra voluntad es que eso no se repita, lo declaramos en nuestra primera comparecencia ante vosotros. Tenemos dos años para ello y queremos hacerlo sin prisa pero firmemente decididos a cumplirlo. A nuestro entender, los vehículos a utilizar para poder alcanzar un proceso de renovación son los siguientes: - Remover los aspectos legales que impidan la completa participación de quien quiera hacer oír sus propuestas. - Participar en la estructura asociativa, a todos los niveles, comisiones, grupos específicos, etc. Integrándose en lo que está en marcha es la mejor forma de poder ser mañana, el motor de la organización. - Utilizarlos vehículos de expresión (Bit, hojas informativas), para hacer conocer a la profesión las propuestas alternativas que pretenden mejorar el tejido asociativo. Esta idea, la de la renovación, va a permanecer entre nosotros durante todo el periodo de dos años de mandato. No vamos a dejar de mirar a nuestro alrededor para poder producir una renovación en las personas y en las ideas, si estas se producen y consiguen lo que es su meta, calar en las mentes de nuestros compañeros y en las nuestras mismas. Mientras tanto y en paralelo no podemos dejar de ocuparnos de las tareas del día a día y en ese quehacer nos encontramos con un año 1987 que ya parece será el año de la LOT, a la cual dedicaremos parte de nuestro esfuerzo para hacer que el niño que nace traiga, lleno de miga, un pan bajo el brazo. Aprovechando las fechas, el nuevo equipo de gobierno del COIT, y la AEIT, os saluda con el reto de participación y renovación antes descrito, ¿quién recoge el guante?
30 oct 2015