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Artículo BIT
Defender la profesión
15.- EDITORIAL Defender la profesión. Es una opinión extendida que los españoles no formamos un cuerpo social homogeneizado en torno a ideas universalmente extendidas, de contenido y proyección por encima de intereses inmediatos y concretos. Los españoles encerrados y preocupados por su universo individual han roto, sin embargo, sus barreras para sentirse integrados en mundos reducidos de intereses comunes: aquellos que se forman en torno a las actitudes corporativas. Desde esas posiciones cada colectivo se procura instrumentos para extender sus competencias y defender los terrenos previamente conquistados. La vieja tradición gremialista ve continuada su función en los días del siglo XX, varios siglos después de que hayan desaparecido sus colectivos de origen. Esta tentación afecta igualmente en nuestros días a todos los ciudadanos, con independencia de la posición que se tenga en las escalas productivas. Es común, por lo tanto, encontrar espíritu corporativo entre los metalúrgicos, los médicos, los ingenieros, etc. Nuestra profesión, por haber nacido recientemente no parece disfrutar sin embargo de una muy alta cota de integración corporativa, según se desprende de la historia de casi todas nuestras actuaciones en los marcos naturales de la AEIT y el COIT. Esto, que es una realidad, pesa sobre las posibilidades que se nos prestan, en este terreno de juego de los intereses corporativos, para conseguir elevar nuestra presencia social al mismo tiempo que se mejora la necesaria, hoy impetuosa tecnificación de la sociedad. Tal falta de sentimiento nos impide levantar la voz con energía suficiente para deslindar el intrusismo profesional al que estamos sometidos, de la saludable competencia de otras ingenierías; nos limita para denunciar abusos e incumplimientos de la legalidad en muchos de los cometidos que la Administración se reserva en este dominio y por fin nos impide reunir lo que de unitario tienen los hombres y mujeres de esta profesión por encima de las evidentes diferencias que nos separan para mejor defender la profesión. Desde esa postura claramente manifestada de la bondad de tales actuaciones, nuestro colectivo acertaría, sin embargo, al distinguir un uso de un abuso, de dicho “espíritu de cuerpo”. Nos vienen en estos días en que se cierra el BIT a los ojos, los coletazos del conflicto médico generado en el Hospital Provincial de Madrid y su posible extensión a todo el territorio nacional. Y como colofón de lo anterior expuesto creemos que es el típico caso en que no nos sentimos solidarios ni identificados con aquellos que, involucrando a todo un colectivo profesional, pretenden sin más el mantenimiento de actitudes cuando menos inmorales, en muchos casos corrompidas. Actitudes minoritarias que no guardan la más mínima solidaridad con ese amplio número de médicos en paro que han manifestado su repulsa públicamente a tales actitudes, así como con el conjunto de los españoles que no han entendido cómo se podían manejar sus fondos de manera tan inaceptable. Nosotros no podemos compartir ese llamamiento que se puede generar sobre lo que se ha dado en llamar “el problema de la clase médica”. No por falta de comprensión sobre las actitudes corporativas sino por una exacta medición de lo que de trigo y de paja hay en cada caso concreto.
30 oct 2015
Artículo BIT
Coordinación y coherencia
16.- EDITORIAL Coordinación y coherencia. Que estamos a punto, si no ponemos ya los medios para evitarlo, de perder el tren del desarrollo y pasar a ser una nación definitivamente dependiente en lo que se refiere a las telecomunicaciones, la electrónica y la informática, es algo, que, actualmente, no ofrece duda. Esto es así, porque aún no existe una verdadera voluntad política de seguir una senda de progreso similar a la del bloque de países desarrollados al que históricamente pertenecemos. Aunque hasta hace bien poco apostábamos a que esta voluntad no existía y denunciábamos de forma reiterada que esta atención que nuestro sector requiere, ni se daba, ni existía el menor interés por parte de la Administración en que se diera, ahora debemos decir que este fenómeno empieza a darse. Por un lado, por las presiones que, desde sectores profesionales, se mantienen sobre los responsables de administrar los fondos públicos, y, por otro, por el propio dinamismo del sector, y el ejemplo de otros países que tenemos cerca. Sin embargo, este naciente apoyo se caracteriza, a veces por su incoherencia, y siempre por su descoordinación. No es coherente, por ejemplo, que el titular del hasta hace poco Ministerio de Transportes y Comunicaciones, manifiesta, durante la clausura de las llamadas Jornadas Hispano-Francesas de Telemática, “su voluntad de instrumentar los apoyos administrativos y económicos necesarios para potenciar al máximo este sector, consciente de que es básico para el establecimiento y desarrollo de una economía moderna”, se proceda, al poco tiempo, a añadir más competencias a las que ya soportaba este Ministerio, ahora el turismo, que no hacen sino relegar el problema de las telecomunicaciones, la electrónica y la informática, al mismo furgón de cola, ahora de un tren más largo: el de las preocupaciones y prioridades dentro del Ministerio. Que no hay coordinación es, por otra parte, evidente. Mientras en el Ministerio de Transportes, Turismo y Comunicaciones se anuncia reiteradamente la próxima aparición de un Libro Blanco sobre el futuro de las Telecomunicaciones, la Electrónica y la Informática, en alguna parte se le siguen añadiendo páginas al nonato Plan Informático Nacional, y desde el Ministerio de Industria se pone en marcha una Asociación para tratar de favorecer la aplicación de la microelectrónica en los procesos productivos de las PYME. Por supuesto, Defensa, Sanidad, Interior y RTVE cubren sus necesidades en esta área “a su aire”. En Transporte, Turismo y Comunicaciones se albergan algunos de los servicios, pero también forman parte importante de la demanda los que se regulan y explotan desde Defensa, Trabajo, Sanidad y Seguridad Social e Interior y Presidencia. Por otro lado, en Industria y Energía se tiene como objetivo ordenar la oferta nacional, mientras en Economía y Comercio se juega un papel decisivo respecto a las importaciones. Hay empresarios, técnicos y buena situación estratégica mundial para un desarrollo floreciente de este sector en nuestro país. El Gobierno tiene la palabra o, mejor dicho, la capacidad de actuar. Si, como parece, pretende practicar un nuevo estilo, basado en el pragmatismo y empeñado en la eficacia, dispone de una gran ocasión para lucirse en este terreno de las Telecomunicaciones, la Electrónica y la Informática.
30 oct 2015
Artículo BIT
Editorial
17.-EDITORIAL El 11 de Diciembre de 1979, siendo entonces Ministro de Transportes y Comunicaciones, Salvador Sánchez Terán, y producto de una moción presentada en el Parlamento por el PSOE, el Gobierno se compromete a redactar en el plazo de un año, “un informe sobre el futuro de la industria electrónica y telecomunicaciones en España, y el papel que el Gobierno está dispuesto a asumir”. El 25 de Febrero de 1981, el Ministro de la Presidencia del Gobierno, en respuesta a una pregunta realizada en el Congreso de los diputados, comunicó por escrito al presidente de dicho organismo que en Junio del presente año se haría público el Libro Blanco. Finalmente durante una sesión de la Comisión de Transportes y Comunicaciones del Congreso de los Diputados, celebrada el pasado día 17 de Junio el actual Ministro de Transportes, Turismo y Comunicaciones volvió a retrasar el reloj, anunciando la salida del Libro Blanco a la luz pública para “antes de finalizar el verano”. (La estación conocida como verano dura oficialmente hasta el 21 de septiembre). Antes, en Diciembre de 1980, sin que se hubiera fijado siquiera el índice de dicho Libro, el ahora Ministro del ramo José Luis Álvarez, que cuenta en su departamento con un Gabinete de Ordenación de las Telecomunicaciones, encarga a Antonio Barrera de Irimo (Consejero de CTNE y Presidente de FUNDESCO) la redacción de un Libro Blanco sobre el futuro de las Telecomunicaciones en España, quien presidirá a partir de ese momento un grupo de personas, cuya entidad, composición y objetivos nunca se han detallado oficialmente. En sus propias comunicaciones, el grupo se hace llamar indistintamente Comisión y Ponencia Especial. La Comisión “encargada de elaborar un informe que sirva de base para definir la política más adecuada para el futuro de este sector” es protestada desde varios frentes, acusada de no estar adecuadamente compuesta y de no contar con los medios y el tiempo necesarios para semejante tarea. Producto de ello, su presidente solicita información a aquellos sectores y personas “que puedan aportar datos o criterios sobre el presente y el futuro de las telecomunicaciones, sus repercusiones económicas sobre otros sectores productivos, y sus repercusiones sociales sobre el conjunto de nuestro país, incluyendo juicios de valor”, tal y como textualmente recogía su carta. Esto sucede el 22 de Diciembre y uno de los organismos cuestionados es, lógicamente, nuestro Colegio Oficial, a través de la persona de nuestro Decano. Se nos solicitaba “la expresión del punto de vista de la comunidad profesional de telecomunicación frente a los servicios de telecomunicación”, aunque no estuvieran tan próximas a nuestro juego de intereses y responsabilidades. Se nos daba para ello poco más de un mes de plazo, que sensiblemente reducido si tenemos en cuenta que en el mismo estaba incluido el periodo de Navidad. La junta de Gobierno del COIT, consciente de la importancia y trascendencia del tema, rehuye la “chapuza” y, a costa de sobrepasar el periodo fijado, decide poner en marcha, a su vez, una comisión abierta, cuya convocatoria apareció, en su día, en las páginas de nuestro Boletín, que diera forma a nuestra aportación. Tras su trabajo, repartido por áreas entre sus componentes, esta comisión presenta sus conclusiones a la Junta de Gobierno, que concreta y presenta a la Comisión que preside Antonio Barrera de Irimo el documento que tenéis en vuestras manos y que pretende ser, tal y como se indica en la carta de presentación “una sucinta expresión de los aspectos más destacables que, a juicio de este Colegio Oficial, deberían contemplarse en una Política de Telecomunicación aplicable a la realidad de nuestro país”. Se ha huido, conscientemente y en lo posible, de apoyaturas cuantitativas que, con toda seguridad, resultarían redundantes para la Ponencia oficial, centrándonos en los puntos esenciales sobre los que, en lo sucesivo, pivotarán las actividades de este sector. Nos ha parecido, así mismo, oportuno subrayar la vital importancia que para nosotros tienen una serie de decisiones políticas de amplio espectro, previas a la elaboración de una Política concreta de Telecomunicaciones, tal como se recoge en la Introducción de nuestro documento. Los profesionales tenemos la obligación de utilizar nuestras organizaciones como foros para discutir estos temas. Por ello, nos proponemos invitar a los diversos sectores sociales a que manifiesten sus puntos de vista sobre el presente y el futuro de las Telecomunicaciones, la Electrónica y la Informática, a fin de aportar nuevos datos para que, tanto la Administración Pública como el Parlamento puedan hacer frente con la adecuada perspectiva a las graves responsabilidades contraídas con la sociedad en este sector. En opinión de la Junta de Gobierno del COIT, este intento oficial de estudiar el sector demuestra una vez más la ausencia total de la voluntad política mínima necesaria para asumir la importancia del mismo, y planificar su futuro. Parece más un recurso barato encaminado a ir trampeando el acoso parlamentario, que un primer paso para el establecimiento de una nonata Política de Telecomunicaciones. Y todo esto, mientras el sector se tambalea y varios cientos de compañeros se encuentran sin empleo, resulta demasiado grave para permanecer callados y quietos. Si queremos mejorar nuestro campo de actuación profesional, debemos reflexionar y dialogar cuanto sea necesario, pero también actuar. Por nosotros, que no quede.
30 oct 2015
Artículo BIT
El cuento de nunca acabar
18.- EDITORIAL El cuento de nunca acabar. Érase una vez un país encantador, de bellas y variadas tierras, llenas de piedras donde una de las historias más completas del mundo dejó la huella de generaciones y generaciones de gentes alegres, imaginativas, valientes y nobles, pero un poco ingenuas. Entre muchas virtudes, ese país tuvo siempre un defecto crónico: jamás supo darse unos dirigentes dignos. Ni en política, ni en economía, ni siquiera en fútbol. Y así, en el país de la imaginación y de la luz, gobernaron la torpeza y el oscurantismo. En el país de los soñadores faltó la ilusión y llegó un momento, cuando quedaban menos de 20 años para que cristo cumpliera 20 siglos, en que parecía el país de Alicia. Los tejeros, en vez de hacer tejas, jugaban a ser ogros. En los supermercados vendían veneno. En la televisión se prohibía la cultura propia, sustituida por la de otro país, donde los vaqueros llevaban pistola y horribles pantalones de lona azul. Los notarios dirigían los transportes y las comunicaciones. Los ingenieros de caminos comandaban los servicios telefónicos, mientras los ingenieros industriales dirigían el proceso autonómico. La derecha desunida se llamaba Unión de Centro, mientras los republicanos pedían el Premio Nobel para el Rey. Los poblados con más de 20 familias querían tener su propio gobierno, puesto que ya tenían Universidad y hasta idioma propio. No era de extrañar que nadie pensara en el futuro. Ni en la Sociedad de la Información. Ni en la telemática. Ni en la Electrónica. Y cuando alguien redactaba un Plan Informático, siempre había su Don Pío que se lo pasaba por la licuadora. Se pedía un Libro Blanco sobre las telecomunicaciones, y se le encargaba a un jesuita químico. Se solicitaba un Plan Cuatrienal sobre inversiones telefónicas, y se hacía para cinco años, sin permitir que se cumpliera ni uno sólo de sus capítulos. Cuando cada habitante de ese país tenía varios vecinos y parientes deseosos de que les cobraran casi 20 veces mil pesetas por tener un teléfono en su casa, se hablaba de escasa demanda. En fin, como aún quedaban ingenuos, un grupo de ellos, que se había infiltrado en las directivas de un Colegio y una asociación Profesionales propuso y llevó a cabo un debate para clarificar al menos su sector. Para buscar la ilusión, la imaginación, la luz. Ya os contaremos lo que ocurrió.
30 oct 2015
Artículo BIT
Un honor que obliga a más
19.- EDITORIAL Un honor que obliga a más El estilo de nuestros editoriales no acostumbra a ser triunfalista. Entre otras razones, porque no se suelen dar en nuestro sector circunstancias que justifiquen echar las campanas al vuelo y encender los botafumeiros. Esta vez, sin embargo, sí hay un motivo de satisfacción. La labor realizada por la AEIT y el COIT en el último quinquenio, y especialmente, a lo largo de 1981, en la contribución al Libro Blanco y en el Debate sobre la Electrónica en España, ha cristalizado en la elección de nuestro Presidente y decano como “Personaje electrónico del año”. Se trata de un reconocimiento honorífico (todo es honorífico en la vida colegial y asociativa) que nos alcanza a todos, desde los “simples pagadores de cuotas” hasta los miembros de las Juntas Directivas. Es, en definitiva, un paso delante de nuestra profesión, tan parca en reconocimientos y tan modesta en su proyección pública. Viene a ser el indicador de que uno de nuestros principales objetivos de los últimos años se va cumpliendo: situar la imagen de nuestras organizaciones profesionales en el centro del sector electrónico, es decir, en una zona donde nuestra presencia ha de ser mucho más amplia que la estrictamente correspondiente a las Telecomunicaciones en sí mismas. Otro empujoncito por parte de las escuelas, vía programas y titulaciones, y habremos situado nuestra profesión en el camino por donde ha de pasar, necesariamente, el futuro de la sociedad española. Ahora bien, no podemos ensimismarnos más que el tiempo necesario para leer este editorial. Hay mucho por hacer. La Administración empieza a despertar perezosamente y, todavía con los balbuceos y tropezones típicos del adormilado, va poniendo en marcha Libros, Planes y Programas. Nuestra obligación y nuestra esperanza están ahí, contribuyendo a la ordenación y el impulso del sector. La tarea no ha hecho más que empezar. Enhorabuena a todos, y los mejores deseos para 1982.
30 oct 2015
Artículo BIT
Otra vez el cuento de nunca acabar
20.- EDITORIAL Otra vez el cuento de nunca acabar. Nos referíamos en el número 18 a un grupo de ingenuos y utópicos buscadores de ilusiones, imaginación y luz, tratando de hacer ver a sus congéneres la importancia de la Electrónica, las Telecomunicaciones y la Informática. Para ello, organizaron un debate, con gran éxito de crítica y público, donde todos los que tenían alguna idea se hicieron oír. Incluso hubo quien carecía de ideas al respecto y también platico sin sonrojo. Claro que, terminado el debate, recibió el encargo de organizar rogativas para solucionar el problema de la sequía, y de mejorar la tecnología del escardado de cebollinos. ¿Y saben lo que hizo justo, justo, el día del traslado? Pues, en un descuido, ¡zas!, sacó las fotocopias de varios cientos de DIN A-4 conteniendo deslavazadas informaciones y tibias insinuaciones sobre el asunto éste de las Telecomunicaciones, la Electrónica y la Informática, lo filtró selectivamente a varios periódicos “amiguetes”, y se fue saltando a la pata coja hacia los predios agrícolas, canturreando aquello de: “chincha, Solana, que no soy manco / en la prensa de mañana verás el Libro Blanco”. La estupefacción fue general. Había paladas de estupefacción. Los servicios municipales de limpieza se vieron negros para dejar las calles expeditas de tanta estupefacción. Pero ya decíamos el otro día que la capacidad imaginativa de los habitantes del país del cuento era muy alta. Así que, pensaron, a Libro muerto, Plan puesto. Y todos se lanzaron sobre la Comisión del Plan Electrónico Nacional, ávidos de nuevas aventuras. Los primeros en lanzarse (no les dio tiempo ni a cambiar de traje) fueron los propios “inspiradores” del Libro abortado. Gila contaría así la escena: “ - Ignacio, ya sabes quién soy, Oye, que nos hemos quedado sin Libro y buscamos Plan. - Pero hombre, si ya tenemos la alineación completa. - ¿Decías algo? - No, no, que donde dije digo, digo Diego y Antonio y Julián…y Miguel Ángel. - ¡Muy bien! ¡Nos vemos en la Moncloa! Y, claro, por aquello de la similitud con el país de Alicia, otorgaron la presidencia de la Comisión del Plan Electrónico…¡A un banquero!¡Como debe ser! Eso sí, de un Banco que cuenta en su elenco de Directores Generales con un señor que escribe artículos en los periódicos, propugnando un futuro industrial a base de siderurgia y construcción naval, y tirando por la borda el sector electrónico, pues en él “debemos jugar el papel de consumidores cualificados o el de fabricantes instrumentales, es decir, no empresarios”. Confiados en la coherente incoherencia nacional, cabe esperar que la suma de dos situaciones incoherentes (Plan Electrónico / banquero) y (director de banco / Electrónica), se contrarreste con la posible incoherencia (banquero / director de banco), y vaya todo como una seda. Y colorín, colorado, este cuento no ha terminado. ¡Si no fuera porque el asunto es tan importante, qué bien lo podríamos pasar!
30 oct 2015
Artículo BIT
Una bomba en Ríos Rosas
21.- EDITORIAL Una bomba en Ríos Rosas La prensa diaria y semanal habrá escrito ya muchas líneas en torno al atentado contra la Central Telefónica de la calle Ríos rosas, cuando estas páginas salgan a la calle. El retraso, unido a un estado de opinión contrario a que se amplifique el efecto de los actos terroristas, podía inducir a reducir el silencio, o a un simple recuadro marginal, la postura de nuestra revista. Por el contrario, por entender que en España siempre son beneficiosas cuantas voces se alcen en contra de métodos que no han lugar en sociedades donde la discrepancia tiene cauces de expresión, nos hemos decidido a unir nuestro editorial, el de un colectivo profesional, al de otros muchos, en la reprobación tajante y rotunda de ese acto terrorista, así como de todos aquellos que atentan contra las personas y el respeto a su libertad individual y colectiva. Merece la pena aprovechar la ocasión para destacar, en torno a ese suceso, algunos temas que no han merecido, injustamente, la atención debida en otros medios de expresión. La tradicional falta de consideración hacia la importancia de las telecomunicaciones en nuestra sociedad ha facilitado que no se considerasen, entre los primeros objetivos a defender de los ataques terroristas, aquellos centros que posibilitan el funcionamiento de una economía desarrollada, basada en la informatización profunda de su funcionamiento. Hoy las comunicaciones, en sus diversos aspectos, requieren una consideración de carácter estratégico, que lamentablemente ha brillado por su ausencia, a la hora de planificar la defensa del Estado, de sus centros vitales. Si añadimos a esta situación de partida, la complicación que representa que parte de estos centros estén en explotación por empresas de responsabilidad privada, podemos sentirnos poco tranquilos ante la corrección en un futuro de los errores cometidos en el presente. Continuando en la línea de los elementos que pudiesen haber evitado la realización del acto terrorista, creemos que hoy existen, en una sociedad avanzada, medios técnicos que mejoran la calidad de la seguridad de centro vitales para el disfrute social. La utilización de los medios técnicos de seguridad depende de los hombres al frente de las empresas, que han de pensar su instalación, no solamente en función de su costo y rentabilidad inmediata, sino con la perspectiva estratégica a que hacíamos referencia anteriormente. Una mejora en estos terrenos, tal vez permita que los ciudadanos sientan que se camina por delante de los acontecimientos, y no, como ha venido siendo norma en este país, una vez que ha sucedido lo peor. Ante el acto cometido dos breves referencias. La primera para reconocer el esfuerzo de los trabajadores de la CTNE y las empresas del sector que han dedicado horas extraordinarias, en condiciones no solicitadas, a reparar algo que entienden es un servicio público y del cual se sienten responsables ante el resto de los ciudadanos. Trabajo de hombres que se sienten sentados sobre otra bomba, ésta de aspecto menos aparatoso, la de la pérdida de sus puestos de trabajo, ante la reducción de inversiones, falta de planificación de sus empresas, cambio tecnológico, etc., y que han unido su solidaridad en el esfuerzo con la repulsa manifestada en la calle, junto a sus organizaciones sindicales, de los actos terroristas. La segunda referencia nos afecta a todos. La ausencia de un bien, la posibilidad de comunicarnos, ha hecho darse cuenta a los ciudadanos de a pie que algo se ha infiltrado en sus hábitos, en su cultura. Que hoy ya no se podría concebir una vida sin comunicación y que el hombre de nuestros días, sin entender cómo funciona, sin comprender cómo ha venido, es en parte un ser menos limitado, más universal, gracias a lo que crea con su ingenio, que una vez más se demuestra poderoso y frágil al mismo tiempo.
30 oct 2015
Artículo BIT
La ordenación de las telecomunicaciones
22.- EDITORIAL La ordenación de las telecomunicaciones. La actuación pública de la AEIT y el COIT durante estos últimos años se ha concentrado, fundamentalmente, en la tarea de concienciar a la sociedad española en general, y a sus representantes en particular, sobre la imperiosa y urgente necesidad de situar a nuestro amplio sector entre el puñado de prioridades que los gobernantes manejan a la hora de configurar el futuro. Y si anotamos las indicaciones de ciertos termómetros (prensa, comisiones oficiales en marcha, discursos y declaraciones), hasta puede parecer que ya hemos tenido éxito en nuestro empeño. Pero ni siquiera por una ilusión óptica se llegan a entrever soluciones. En realidad, se ha disparado un proceso de manoseo de los problemas, de puesta al día de las informaciones y los datos más relacionados con las telecomunicaciones, la electrónica y la informática. Los periodistas, los banqueros, los políticos y hasta los cantantes “hacen manos” con la complicada terminología de los iniciados en tan esotéricas materias. Junto al bit, la robótica y el chip, te descerrajan sin pestañear un “cerebro electrónico”, un “rayo de la muerte” o una teledifusión por cable. Bien, ya estamos en el rollo, que diría un cheli. Y ahora, ¿qué? Pues ahora viene lo bueno. O el desastre, porque si de los diversos Libros, Planes y Programas no salen acciones concretas, inmediatas, coherentes y bien orientadas, no habremos conseguido más que vulgarizar la terminología y, en el mejor de los casos, dar una leve capa de cultura tecnológica a los habituales lectores de periódicos. Nuestra obligación, en estos momentos, consiste en hacer propuestas definidas y ordenadas y ése es también nuestro riesgo, porque nos podemos equivocar (una de las más reconocidas características de muchos españoles es la paralización ante los problemas, por miedo al ridículo en el que se puede caer si uno se equivoca) y, si acertamos, podemos desatar las iras de quienes, con sus redes, están especializados en la pesca en río revuelto. Tan complicado y tan simple como la vida misma. De todas las posibles acciones a emprender con vistas a una mayor racionalización de las estructuras del sector, parece que conviene empezar precisamente por la base, consolidando los incompletos y viejísimos cimientos legales de nuestras telecomunicaciones. Un conjunto de actividades de la importancia estratégica, económica, tecnológica y social como la de las telecomunicaciones no puede seguir descansando sobre piezas jurídicas tan dispares, inconexas y desfasadas como los diversos contratos y decretos que constituyen la actual “desordenación”. La comparación internacional, nos vuelve a dejaren mal lugar, aunque esto importe algo menos. Lo verdaderamente significativo es acabar con la dispersión de competencias (Dirección General de Correos y Telecomunicación, Subsecretaría de Aviación Civil, Subsecretaría de la Marina Mercante, CTNE, Ente Público RTVE, Defensa); la indefinición del alcance real de cada una de ellas; la falta de cauces claros y eficaces para la implantación de una política conjunta, y para su posterior seguimiento y control por parte de los poderes públicos; la falta de criterios políticos orientadores sobre cuestiones tales como el régimen de explotación de los distintos servicios sobre todo, los nuevos, la política de tarifas y las relaciones internacionales. El temario típico de una adecuada ordenación de las telecomunicaciones es amplio. El COIT y la AEIT lógicamente cuentan entre sus miembros con las personas más capacitadas del país para confeccionar cuantas propuestas sean necesarias, y las juntas directivas de ambas instituciones están decididas a abordar el tema con la profundidad que sea necesaria, en el convencimiento de que las casas no se empiezan por el tejado.
30 oct 2015