Artículo BIT
Defender la profesión
15.- EDITORIAL Defender la profesión. Es una opinión extendida que los españoles no formamos un cuerpo social homogeneizado en torno a ideas universalmente extendidas, de contenido y proyección por encima de intereses inmediatos y concretos. Los españoles encerrados y preocupados por su universo individual han roto, sin embargo, sus barreras para sentirse integrados en mundos reducidos de intereses comunes: aquellos que se forman en torno a las actitudes corporativas. Desde esas posiciones cada colectivo se procura instrumentos para extender sus competencias y defender los terrenos previamente conquistados. La vieja tradición gremialista ve continuada su función en los días del siglo XX, varios siglos después de que hayan desaparecido sus colectivos de origen. Esta tentación afecta igualmente en nuestros días a todos los ciudadanos, con independencia de la posición que se tenga en las escalas productivas. Es común, por lo tanto, encontrar espíritu corporativo entre los metalúrgicos, los médicos, los ingenieros, etc. Nuestra profesión, por haber nacido recientemente no parece disfrutar sin embargo de una muy alta cota de integración corporativa, según se desprende de la historia de casi todas nuestras actuaciones en los marcos naturales de la AEIT y el COIT. Esto, que es una realidad, pesa sobre las posibilidades que se nos prestan, en este terreno de juego de los intereses corporativos, para conseguir elevar nuestra presencia social al mismo tiempo que se mejora la necesaria, hoy impetuosa tecnificación de la sociedad. Tal falta de sentimiento nos impide levantar la voz con energía suficiente para deslindar el intrusismo profesional al que estamos sometidos, de la saludable competencia de otras ingenierías; nos limita para denunciar abusos e incumplimientos de la legalidad en muchos de los cometidos que la Administración se reserva en este dominio y por fin nos impide reunir lo que de unitario tienen los hombres y mujeres de esta profesión por encima de las evidentes diferencias que nos separan para mejor defender la profesión. Desde esa postura claramente manifestada de la bondad de tales actuaciones, nuestro colectivo acertaría, sin embargo, al distinguir un uso de un abuso, de dicho “espíritu de cuerpo”. Nos vienen en estos días en que se cierra el BIT a los ojos, los coletazos del conflicto médico generado en el Hospital Provincial de Madrid y su posible extensión a todo el territorio nacional. Y como colofón de lo anterior expuesto creemos que es el típico caso en que no nos sentimos solidarios ni identificados con aquellos que, involucrando a todo un colectivo profesional, pretenden sin más el mantenimiento de actitudes cuando menos inmorales, en muchos casos corrompidas. Actitudes minoritarias que no guardan la más mínima solidaridad con ese amplio número de médicos en paro que han manifestado su repulsa públicamente a tales actitudes, así como con el conjunto de los españoles que no han entendido cómo se podían manejar sus fondos de manera tan inaceptable. Nosotros no podemos compartir ese llamamiento que se puede generar sobre lo que se ha dado en llamar “el problema de la clase médica”. No por falta de comprensión sobre las actitudes corporativas sino por una exacta medición de lo que de trigo y de paja hay en cada caso concreto.
30 oct 2015