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Artículo BIT
Editorial
7.- EDITORIAL Difícil resulta predecir cómo va a quedar el tema de los Proyectos en la futura Ley de Colegios profesionales a desarrollar por las Cortes. Hay muchos aspectos puestos en tela de juicio en la actual normativa: la delegación del visado por la Administración en los Colegios, la obligatoriedad de realizar proyectos en algunos casos, su contenido, las tarifas y su aplicación, y, por encima de todo, el tema de las competencias. Aunque la necesidad de algunos cambios es ya urgente, parece conveniente continuar sin entrar en modificaciones provisionales hasta no conocer la base legal sobre la que nos vamos a mover en el futuro. Baste por el momento el felicitarnos por la desaparición de la Evaluación Global de Hacienda, sistema totalmente obsoleto una vez superado el peculiar sistema impositivo que hemos padecido / disfrutado durante tantos años. Defensa de los Colegiados en el ejercicio libre de la profesión siempre que no choque con los intereses de la sociedad que lo permite. Reparto de competencias basado en criterios de eficacia social y nunca en la amplitud, poderío e influencias de cada colectivo. Derechos pero no privilegios, esa es la cuestión.
30 oct 2015
Artículo BIT
Editorial
8.- EDITORIAL La inexistencia de Política ( con mayúscula, señor tipógrafo ) de Telecomunicaciones en España es ya una afirmación desgastada pero inevitable en cualquier consideración medianamente seria sobre el sector. Hasta la fecha, cuantos nos hemos visto abocados a transitar por este lugar común lo hacíamos con aire de queja y con la esperanza de ver a alguien, algún día, haciendo algo, allá por altas neblinas del Poder ( así de abstracto ). Haciendo algo razonable, se entiende. Algo que viniera a anunciar, al menos, la intención de “pre-ocuparse-por” las Telecomunicaciones. Ya vendría después el “ocuparse-de”. Pero en los últimos meses se han producido varios hechos que siguen confirmando la falta de un Norte en el sector y tal vez obliguen a reorientar tales esperanzas: del poder Ejecutivo surge el ángel exterminador que sacrifica, con fulminante severidad, 36 de las 62 plazas previstas para el Cuerpo de Ingenieros de Telecomunicación al servicio del Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Desde Herodes no se había aplicado tanta saña contra un recién nacido. Al parecer, esos 36 puestos arrebatados a nuestro colectivo se convertirán en posiciones a ocupar por funcionarios de correos, para que Hacienda no proteste. El Legislativo no reacciona, y todo acaba en el BOE. Por otra parte, este mismo legislativo da la espalda a los Convenios Internacionales, y a la propia legislación interna, y aprueba de Estatuto de RTVE, donde define la radiodifusión por cable y donde ignora cerrilmente la existencia de la Junta Nacional de Telecomunicaciones, argumentando la diferencia entre “definiciones técnicas y definiciones políticas” (¡asombroso!) y la improcedencia de aludir en una ley a “otras disposiciones de menor rango”. Finalmente, el Gobierno (Ejecutivo, de nuevo) desautoriza a la CTNE en una decisión (doble paso) previamente autorizada por él, como representante legal del mayor accionista (el Estado) y titular, en última instancia, de un monopolio, cuya administración y explotación ha cedido a dicha Compañía. El vaivén del Gobierno en este asunto es descorazonador. Si el Delegado del Gobierno y los Consejeros no “se enteraron” en su día de que le estaban poniendo su firma al doble paso, el cese inmediato de todos ellos debería ser la respuesta, al tiempo que se hacía pública la resolución oficial. Si, por el contrario, obraron entonces con auténtico conocimiento de causa, es decir, si actuaron conscientemente, en dirección opuesta a la que el Consejo de estado considera lícita, ¿no deberían ser cesado con mayor motivo?. A la vista de estos hechos, ¿debemos seguir clamando por una intervención del aparato público en los asuntos de Telecomunicación?. Nosotros seguimos convencidos de que sí, pero con racionalidad, con coherencia, con seriedad y no con la zafiedad del elefante en la cacharrería. En definitiva, con la profesionalidad que sólo tienen los profesionales y que nunca tendrán los aficionados. Porque tal vez se pueda hacer Política Pesquera sin haber pescado nunca un cangrejo, y hasta se pueda arreglar un conflicto de transporte por carretera sin tener carnet de 1ª especial, pero constituye una grave irresponsabilidad colocar frente al cuadro de mandos de todo un sector vital como las telecomunicaciones a personas que, sin tener la remota idea de lo que hay más allá del hilo de su teléfono, carecen, incluso de la seriedad (¿o simplemente, inteligencia?) suficiente para saber rodearse de profesionales que se lo expliquen y hagan factible su función directiva. Por tanto, pedimos más profesionales en la Administración, para basar las decisiones en datos fiables y en estudios profundos, no en espejismos electoreros y en presiones demagógicas. Y, ¿por qué no? más profesionales en los Partidos Políticos. Y, por favor, que nadie confunda Profesionalidad con Tecnocracia…¡no empecemos!
30 oct 2015
Artículo BIT
Editorial
9.- EDITORIAL Una vez aprobados los nuevos Estatutos, y al cumplir sus 75 años de existencia, el hasta ahora IICE estrena rótulo: INSTITUTO DE LA INGENIERÍA DE ESPAÑA (desaparece la restricción “Civil” y se generaliza la expresión “Ingenieros”), y estrena estructura (federación de Asociaciones e Institutos Territoriales, y Consejo de Representantes en vez de Junta General Asamblearia). Con la ayuda del ayuntamiento, incluso estrena nombre de calle (General Arrando en vez de General Goded), y, en un futuro próximo estrenará presidente. Más adelante, se pretende que llegue a estrenar también edificio. Ante tanta novedad, conviene hacer un alto y reflexionar sobre los objetivos últimos de esta histórica y remozada organización ingenieril. Sugerir nuevos y completos planteamientos para cada apartado rebasaría los límites de un comentario editorial. Pero, de cara a la próxima elección de Presidente del IIE, sí nos parece oportuno marcar los que consideramos puntos básicos a ser tenidos en consideración. En cuanto a la Técnica y la Ciencia, la voz de la Ingeniería debe hacerse sentir a través de estudios, trabajos, propuestas, informes, recomendaciones, etc. En cuestiones tales como la Investigación, la transferencia de tecnología, la legislación sobre patentes, la construcción de un nuevo modelo de desarrollo tecnológico, los planes sectoriales (sobre energía, informática, construcción naval, etc.). En todos estos casos, el objetivo del IIE debería ser la elevación del nivel interno de nuestra Ciencia y nuestra Técnica, y la reducción de nuestra dependencia exterior, ayudando a racionalizar los mecanismos internos de generación de innovaciones (Universidad, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, empresas poco tecnificadas). Y todo ello, por encima de intereses particulares, de rama o de grupo. En el área de la formación, base de la propia Ingeniería, el IIE y, por tanto, su presidente, deberán cooperar en la tarea de mejorar la maltrecha Universidad, ayudando a flexibilizar y modernizar su estructura, y adaptar mejor sus objetivos a la realidad profesional. Frente al grave problema de destecnificación por el que atraviesa el aparato administrativo, y a fin de terminar con los ghettos existentes entre el funcionariado, el IIE debe hacerse oír, con acento de auténtica Ingeniería, olvidando su histórica división interna en castas, que aún defienden, por desgracia, algunos Colegios. En el tema del desempleo, poco puede aportar el IIE, a corto plazo, pero sí puede crear empleo a la larga, si se alcanzan los objetivos anteriores, especialmente consiguiendo que se potencie el sistema investigador y la tecnificación de las empresas y la Administración. Por último, en el orden interno, no se puede esperar más tiempo para construir un mutualismo único, fuerte y eficaz de toda la Ingeniería. Está claro que AMIC no ha sabido, no ha podido o no ha querido hacerlo, y se ha convertido en un ente casi ajeno a los intereses globales de la Ingeniería, en buena parte por culpa del propio Instituto, que no ha tenido una política mutualista ni ha utilizado su capacidad de control y gobierno sobre AMIC. Estos son, en nuestra opinión, los planteamientos más importantes ante el futuro del Instituto. Quien esté en condiciones de llevarlos adelante merecerá nuestro apoyo para llegar hasta la presidencia y ejercer después esa digna y difícil tarea.
30 oct 2015
Artículo BIT
Editorial
10.- EDITORIAL Querámoslo o no, nos encontramos inmersos en el inicio de lo que será la era de la Telemática. El desarrollo apreciado en la última década se acelerará en las dos próximas de tal forma que la existencia, por un lado, de un procesamiento de datos de increíble potencia y, por otro, de unas comunicaciones de gran capacidad y alcance, habrán cambiado la estructura social hasta en sus más hondas raíces. Esta unión entre ordenadores y comunicaciones hará que el control humano sobre sus circunstancias haya llegado a todas partes. Resulta evidente que quien controle este proceso, quizá irreversible, dominará tecnológicamente a los que no hayan sido capaces de evitar esta dependencia. Conscientes de ello todos los países de Occidente, tanto más cuanto más industrializados, tratan de apoyar el desarrollo de su propia industria informática. Este no es, evidentemente, el caso de nuestro país, donde entretanto, no podemos siquiera pensar en discutir si las medidas tomadas son , o no, las correctas. Simplemente porque la Administración, en este asunto, no es capaz de asumir su papel; o, lo que es peor, asume el papel del liberalismo más trasnochado, dejando que un sector como éste se regule a través de la presión multinacional. Como en tantas otras cosas, acabaremos lamentándonos de no haber actuado en su momento. Quizá sea éste un mal endémico en nuestro país. Se está pidiendo a gritos un Plan Informático Nacional. Quizá ese borrador elaborado en los dos últimos años y que descansa en algún cajón esperando no sabemos qué. Nos preguntamos, además, si su redacción contemplará el desarrollo de una industria nacional de componentes, la creación de puestos de trabajo, la producción de aquello que la seguridad nacional necesita, etc. Los interrogantes abundan y su importancia urge a que el Gobierno descubra sus cartas. Si las tiene.
30 oct 2015
Artículo BIT
Editorial
11.- EDITORIAL En Junio de 1982, dentro de poco menos de dos años, se celebrará en España el Campeonato Mundial de Fútbol. Es muy posible que el acontecimiento se produzca con brillantez deportiva e incluso técnica, pero también es seguro que este Campeonato pasará a la historia como una gran oportunidad perdida en la que la Administración, RTVE y la industria nacional de la electrónica hubieran podido demostrar que ya no se hacían las cosas como antes. Pero; la ausencia de iniciativas planificadas y, por tanto, el recurso a la improvisación, van a ser, una vez más, los parámetros fundamentales a utilizar en este evento. Con un conocimiento cierto de 8 AÑOS de antelación, se han perdido inexplicablemente cerca de seis de ellos para planificar adecuadamente los recursos técnicos y humanos que serán necesarios en la transmisión del Campeonato, para preparar las inversiones precisas que permitieran cumplir con la adquisición de recursos, y en fin, para que la industria nacional pudiera programar qué tipos de materiales y equipos se comprometía a desarrollar y producir en España. Ni RTVE planificó a tiempo, ni la administración se interesó en programar las inversiones adecuadas con plazo suficiente y urgir a RTVE, que al fin y al cabo es un organismo de la misma, ni la industria de la electrónica se preparó en participar adecuadamente. Y, ahora, a menos de dos años del Campeonato, vienen los rasgados de vestiduras, las acusaciones mutuas: RTVE no ha colaborado con la industria nacional; el Gobierno ha recortado al 50 por ciento el presupuesto de recursos presentado, tarde, por RTVE; RTVE dice, no obstante, que este recorte no afecta sustancialmente a lo planificado (¿); la industria de la electrónica no ha presentado planes de producción ni siquiera indicativos; etc., etc. Una vez más, los responsables de las decisiones en este país no han sido capaces de enfrentarse con rigor y profesionalidad a un compromiso adquirido. La responsabilidad es de ellos, aunque las consecuencias nos afecten a todos. No debemos olvidarlo.
30 oct 2015
Artículo BIT
Editorial
12.- EDITORIAL No es práctica habitual de nuestra revista el hablar de temas que, por su carácter coyuntural o su amplitud, hemos considerado propicios para otras tribunas. Hoy, sin embargo, conscientes de la gravedad de la situación, vamos a opinar sobre algo que ha sido comentario habitual durante las últimas semanas y que con certeza lo seguirá siendo en las próximas: la situación económica y su consecuencia directa, el paro. Nos apoyamos para ello en considerar que nuestro colectivo se ve afectado en varios flancos: Desde la óptica del ingeniero que desempeña funciones directivas y que conoce de las dificultades de hacer hoy una política empresarial constructiva en un marco de problemas estructurales profundos, desde la situación del que no encuentra trabajo o lo encuentra en funciones y tareas devaluadas y con la presión que suponen varios cientos de compañeros más a la búsqueda del “dorado”, y finalmente, desde la disminución del poder adquisitivo y sensación de desconfianza en el futuro que se ha producido a partir de la aparición de la crisis económica. Por definición y por convicción, no queremos analizar el último intento de programa económico presentado al país por el nuevo Gobierno, responsable de mejorar en un futuro las incertidumbres antes expuestas. Solamente queremos destacar que si en ese programa se anuncia la firme voluntad de atacar el problema del paro y la remodelación de sectores industriales con tecnología atrasada a la vez que se apoyan aquellos sectores nuevos más productivos, nos sentimos directamente afectados por todos lados. Tenemos parados y somos sector punta. Tenemos conocimientos y no se aplican intensamente. Formamos parte de un colectivo al que no se le sacan beneficios sociales de sus “saberes” y al que la Administración niega su importancia para la gestión de una sociedad desarrollada. Si el Gobierno quiere disponer de un sector público competitivo, si quiere apostar por una sociedad tecnificada, si quiere mirar hacia el futuro, ha de tomar decisiones que, sin ninguna duda, han de tener un asesoramiento técnico importante, sobrepasando la normal tentación de improvisación con el único objetivo de complacer a la galería. Sin caer en la defensa de pequeños mundos corporativos, sabiendo que el problema económico afecta a otros sectores de la sociedad de manera más grave que al nuestro, nos creemos en la obligación de sumarnos a aquéllos para reclamar soluciones que permitan superar la crisis y afrontar nuestros problemas más angustiosos.
30 oct 2015
Artículo BIT
Editorial
13.- EDITORIAL El sector de la Electrónica Profesional se encuentra en un momento crucial. La informática, la microelectrónica y las telecomunicaciones suponen un reto tecnológico que las naciones desarrolladas han asumido plenamente, y en el que nuestro país no parece interesado. Siempre en aras de responder a la opinión pública con la resolución de los problemas del momento, la Administración olvida sectores, como el nuestro, que a medio plazo se convertirán en prioritarios. Pero la necesidad de crear una base tecnológica que nos permita, cuando esto suceda, afrontar el problema con garantías de éxito, es algo que ahora, y no entonces, hay que asumir. Porque entonces ya será tarde. Y esto, lamentablemente, es lo que no se está haciendo. La consecuencia inmediata es que nuestra dependencia y nuestro retraso con respecto a países avanzados irá en aumento. Paradójicamente, entre las “voces autorizadas” del sector existe una asombrosa coincidencia. Se pide insistentemente una política de inversión del sector público que potencie y proteja la industria nacional, se considera imprescindible la existencia de un plan de informática y otro de microelectrónica que sirvan de marco para el desarrollo de industrias nacionales, que, de otra forma, estarían abocadas al fracaso. Falta, en definitiva, una política tecnológica e industrial seria. La Administración, que es consciente del problema después de las innumerables presiones de que está siendo objeto, justifica su incapacidad en la falta de apoyo económico que le puede ofrecer al sector, originada por la actual crisis, y no le dedica el interés necesario, dando, al parecer la batalla por perdida. Desde aquí queremos dejar constancia de que los medios a poner en estos momentos, son, además de económicos, de otra índole: interés gubernamental en el desarrollo de una electrónica nacional, tecnificar y organizar la administración para hacerla más eficiente, mentalizar a la opinión pública, planificar las inversiones con tiempo, ordenar y coordinar las competencias administrativas en el sector, etc. Nos lleva al desaliento, por ejemplo, asistir a manifestaciones, como la del Subsecretario de Transporte y Comunicaciones el día de San Gabriel, que no hacen sino demostrar que su Ministerio carece de norte en lo que a telecomunicaciones se refiere, y dar la sensación de que ni quiere, ni sabe, ni puede resolver el problema. Nos queda la esperanza de que la recién creada Dirección General de Electrónica e Informática dependiente del Ministerio de Industria de el juego que todos esperamos. Que no es poco. No obstante, conviene ser conscientes de que no es la Administración Pública el único estamento involucrado en la dinámica del sector, aunque sí el más influyente. Las entidades financieras, los empresarios, los usuarios y los trabajadores deben asumir su papel con la misma fe y seriedad que le exigimos a aquélla. Y dentro de estos últimos, nosotros, como profesionales, deberíamos ser siempre un ejemplo vivo y tenaz de esa profesionalidad, que tanto está faltando en muchos casos. ¿Empezamos por ahí?
30 oct 2015
Artículo BIT
Editorial
14.- EDITORIAL Son muchas las ocasiones en que hemos reclamado la atención de gobernantes y legisladores sobre los problemas de nuestro sector, y hemos pretendido hacerles ver la urgente necesidad de trazar con claridad los caminos por los que las Telecomunicaciones y la Electrónica deben transcurrir en el futuro. Ese futuro que ya no se concibe sin unos servicios modernos y asequibles, y sin unos procesos productivos donde las tareas rutinarias y repetitivas sean realizadas por las propias máquinas, dotadas de inteligencia artificial, todo ello al servicio de hombres cada vez más sanos, más cultos y más libres. Hasta ahora, ninguna respuesta, ningún gesto positivo. ¿Ha cambiado algo en las últimas semanas? Pues, tal vez sí o tal vez no. Veamos. Sin entrar aquí a considerar la amenazadora posibilidad de que el tinglado legal y político se venga abajo (¡no es posible que los españoles seamos tan obstinadamente masoquistas con nuestra Historia!), hay dos hechos a tener en cuenta. Primero. El Ministro de Transportes y Comunicaciones ha encargado la “redacción de un documento básico sobre Política de Telecomunicaciones”. Por algo se empieza. En su momento, nos manifestamos decepcionados por la composición del grupo receptor del encargo, así como por el método elegido para su redacción. Cuando se nos pidió por escrito “la expresión del punto de vista de la comunidad profesional de Telecomunicaciones sobre los servicios… y otras facetas de las Telecomunicaciones”, con la limitación de hacerlo en cuatro semanas y sin indicarnos la finalidad del documento, ni sus objetivos, ni su alcance, la reacción fue doble. Hacia el Ministerio, señalar nuestra desconfianza en que un planteamiento tan precipitado y desenfocado pudiera arrojar un resultado valioso. Hacia nuestra responsabilidad como profesionales constituir una Comisión que, supliendo las carencias indicadas, canalizara los conocimientos y sugerencias de los Ingenieros de Telecomunicación hacia un documento propio. Pero sin atropellarse; ordenando los temas y las ideas. Tratando de evitar la chapuza. El planteamiento general consiste en no pretender sintetizar a toda costa en un modelo único las diferentes e incluso contrapuestas opiniones de nuestros compañeros respecto a temas como regulación de las Telecomunicaciones, régimen de explotación de servicios, unidad pluralidad de infraestructuras, comercialización de terminales, política industrial, etc. Y en esas estamos. Segundo. Ante nuestra protesta por el patrocinio oficial que se dio a la operación comercial del Sector Telemático Francés, disfrazada de Jornadas Hispano-francesas, el propio Ministro recogió en el discurso de clausura la mayor parte de las sugerencias que le enviamos por escrito. Recogiendo la calificación de “Sector Básico”, manifestó “la voluntad de instrumentar los apoyos administrativos y económicos necesarios para potenciar al máximo las tecnologías y la industria españolas” y adoptó un tono general francamente positivo. Nuestro Decano-Presidente le comentó al finalizar, “Estamos todos de enhorabuena si esa va a ser la postura del Gobierno en los próximos tiempos y las palabras se traducen en hechos”. Sr. Ministro, le tomamos la palabra y le ofrecemos nuestra colaboración.
30 oct 2015