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FRONTERA. Pbits frente a TWh
La Revolución de la Energía es una necesidad real impuesta por agotamiento del petróleo, y además acuciada por la ONU, que a través del Panel Internacional del Cambio Climático (http://www.ipcc.ch/) pretende reducir drásticamente las emisiones de CO2. Con este objetivo, la Agencia Internacional de la Energía (AEI), integrada por 27 países encuadrados en la OCDE, ha publicado el libro “Energy Technology Perspectives 2008” (http://www.iea.org/), presentado en Tokio en junio, en el que se ve factible reducir las emisiones de CO2 a la mitad entre 2010 a 2050, y con unas medidas que exigirán “una revolución energética mundial”, con un coste de $45 billones, por: – Mayor eficiencia energética. Acabar con el derroche – Captura y almacenamiento de CO2 . Almacenaje profundo y forestación. – Fuentes renovables (construcción de 17.500 turbinas eólicas). – Energía nuclear (1.300 nuevas centrales nucleares frente a las 435 hoy operativas y 30 en construcción) El petróleo ha comenzado una explosiva línea ascendente de precio, ya sin retorno, (140 $/barril cuando escribo hoy) debido a dos causas: demanda creciente, sobre todo de las grandes economías emergentes, y oferta menguante, que ha alcanzado el máximo en la explotación de recursos (ley de Hubbert). En 2007 la producción ha experimentado su primer descenso desde 2002, cayendo el 0,2% hasta sumar 81,53 millones de barriles diarios. La energía en el mundo se reparte entre un 87% de combustibles fósiles (28% carbón, 36% petróleo, 23% gas), un 7% nuclear y un 6% de hidroeléctrica y renovables (www.foronuclear.org). Las dificultades económicas de un país dependerán de su dependencia energética exterior, y la debilidad de España es que depende de las importaciones en un 85,1%, frente al 56,2% de la OCDE. De ahí la profundidad de la crisis ante los aumentos de precio. Pero cuando en el caso español, el petróleo llega a representar el 51% de la energía, y en su mayoría se destina al transporte por carretera (4,6 millones de camiones y furgonetas) y privado con más de 20,3 millones de turismos (www.ine.es) o se realiza una revolución que modifique los hábitos de consumo, o este río de petróleo no habrá quien lo pague. Pero tanto el ferrocarril como el vehículo eléctrico (o de pila de hidrógeno) exigen suministro de electricidad, siendo idónea la energía nuclear, sin descartar las alternativas, para esa electrificación descarbonizada. La telecomunicación se muestra esencial, pues gran parte de los desplazamientos de trabajo pueden ser sustituidos por el teletrabajo, y muchos kWh de energía relevados por Petabits de información circulando por la Red Universal Digital. La Asociación Española de la Industria Eléctrica ha publicado el Informe “Perspectivas de la generación eléctrica 2030”, en que vaticina un 32% en energías renovables y un 7% en nuclear (http://www.hispanidad. com/imagenes/cartas/Prospectiva2030.ppt). El problema es que en esta legislatura terminan los permisos de explotación de 7 de las 8 centrales nucleares operativas, y el presidente del Gobierno español es contrario a la energía nuclear por principios y ¡falta de agua! (según declara al Financial Times en una entrevista del 4 de junio). Europa apuesta por la construcción de centrales nucleares, pero en España, la fanática religiosidad ecologista impera, mientras Francia nos exporta hasta 8.834 kWh nucleares/año. Dios nos coja confesados en esta crisis. FRONTERA Pbits frente a TWh Aquilino Morcillo Crovetto Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015