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Decisiones que nos afectan ante la crisis del petróleo. FRONTERA
bit 163 JUN.-JUL. 2007 13 La prosperidad de la economía mundial durante un siglo, se ha basado en una fuente de energía barata, tomada por inextinguible: el petróleo, creador de la civilización más compleja de la Historia. El precio del barril osciló entre uno y tres dólares desde 1875, hasta que en 1973 (guerra del Yon Kippur y represalia económica árabe) y el posterior embargo de la OPEP, lo elevó a 12 dólares; y la guerra Irán-Irak en 1980 lo puso en 36 dólares. Las restricción de la producción de la OPEP y el 11S, ya entrado el siglo XXI, dieron la señal de un ininterrumpido ascenso en el que ya se pagan 61,07 dólares por barril. Lo grave no es tanto que siguiendo la curva de Hubbert (análoga para el petróleo a la Ley de Moore para la electrónica) la era del petróleo barato tocará a su fin entre la próxima década o a la siguiente, en función de las reservas estimadas. El hecho es que los descubrimientos de nuevos yacimientos alcanzaron su culmen en 1962 y hoy consumimos al año casi el doble de lo que se descubre. Necesitamos un sustituto del petróleo antes de 15 años para mantener la tecnificada sociedad actual, y en este período dependeremos de las mayores reservas del mundo que están en Oriente Medio, desde donde irradia un fundamentalismo islámico consciente de su poder para doblegar a Occidente. Ahorrar petróleo y gas natural (el 62% de la energía consumida) no sólo es imperativo sino que, además, efectivamente su consumo contribuye al cambio climático (argumento éste más comprensible para las masas que la independencia energética ante un mundo árabe amenazado por el fundamentalismo islámico). Consumir carbón como alternativa (incluso licuado) sería suicida para el planeta por su contaminación. Existen soluciones en reserva: el hidrógeno o la energía renovable e incluso atómica, para producir electricidad. En definitiva, producir hidrógeno y utilizarlo como combustible o electricidad, lo que sólo generaría vapor de agua. Pero este hidrógeno (que hoy se produce de hidrocarburos) puede generarse mediante la pila de combustible, que opera con un proceso inverso a la electrólisis. También descomponiendo el agua mediante electricidad, en hidrógeno y oxígeno, que provendría de energías alternativas o atómica. En España, el 39% de la energía se consume en el transporte, y el 17% en el hogar, por lo que un sistema alternativo conseguiría que el 56% del consumo dependiera directamente de los propios usuarios. Pero ese 39% móvil puede generarse por pila de combustible (que exigiría desarrollar una red de distribución de hidrógeno en vez de en gasolineras), o bien repostando electricidad conectándose a un enchufe por la noche. En cuanto al hogar, ese 17% puede proceder de la red, pero también puede generarse por pilas de hidrógeno locales, con lo que el sobrante se intercambiaría por una compleja red energética informatizada análoga a la de Internet. La domótica se hace tan imprescindible como la descentralizada distribución local de energías alternativas; o centralizada por centrales nucleares. Todo está hoy en investigación y pruebas, y todo está por decidir. Pero en España estamos muy ocupados en vacuidades políticas, como se desprende de la campaña electoral. Por suerte tenemos a ingenieros, como Antonio Luque, en cabeza internacional de la investigación fotovoltaica, por ejemplo. FRONTERA Decisiones que nos afectan ante la crisis del petróleo Aquilino Morcillo Crovetto Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015