Cuando en los primeros días del año 1981 entré en la sala de juntas del Instituto de la Ingeniería de España mi sensación era agridulce. Contrastaba el aspecto tradicional -casi vetusto- del edificio con el entusiasmo y juventud del grupo de ingenieros de telecomunicación (todavía no éramos telecos) que alrededor de la mesa debatían sobre la situación general del país – en pleno proceso de transición – y la realidad de nuestro sector. Estaba allí casi por casualidad, mi “delito” era haber escrito, unos meses antes, un artículo en el BIT número 12 sobre el modelo de paradigmas propuesto por Thomas S. Kuhn para explicar el desarrollo de la ciencia. Era un joven profesor de la “Escuela” –la 1ª promoción de la de Barcelona estaba todavía en las aulas- y estudiante de sociología. Una rareza que me igualaba a los miembros de unas juntas muy poco convencionales. Me enteré que tres años antes un grupo voluntarioso de “progres”, también jóvenes ingenieros, habían formado una “candidatura democrática” que había roto la tradicional alternancia entre representantes oficiosos de Telefónica y Standard desde la fundación de la AEIT (1965) y el COIT (1967). Con ellos había nacido un nuevo estilo de asociacionismo profesional, tan heterodoxo como minoritario, constituido por 2.000 ingenieros de los que un elevado porcentaje eran poco convencionales. (... 1985): EL COIT Y LA AEIT DE LOS TELE¿QUÉ? Con su habitual ingenio, nuestro compañero J.A. Martín-Pereda definió de esta manera a las promociones de los años setenta. Trabajábamos en algo tan largo -tele ¿qué?- que se relacionaba con los teléfonos y los telegramas, artefactos que tampoco parecían tan com- De General Arrando a Fernández de la Hoz: Una visión personal de la reciente historia del COIT Félix Pérez Martínez Vocal, Vicesecretario y Secretario del COIT/AEIT 1981-1999 BIT 142 DIC.-ENE. 18 2003 “Los objetivos del COIT y la AEIT eran elementales: apoyar el proceso general de modernización del país y conseguir que nuestras autoridades asumiesen el papel protagonista que nuestro sector y sus profesionales debían jugar en el futuro de la naciente democracia”. plicados como para justificar cinco años de duros estudios. Nuestras oportunidades laborales se reducían a Telefónica, sus empresas suministradoras y la Escuela. Pero, como éramos tan pocos, siempre encontrábamos un hueco. Sin embargo, unos profesores jóvenes, que habían estado en EEUU, nos habían educado en dos postulados básicos: el valor intrínseco de la tecnología y la necesidad de adaptarse al continuo cambio tecnológico. Éramos "otros ingenieros", no llevábamos traje ni corbata como los de “Caminos o “Industriales”, nos quemábamos con los soldadores y leíamos con avidez las revistas técnicas americanas. Mientras tanto, la sociedad recelaba de unos artefactos -¿computadores? ¿ordenadores?- que eliminaban puestos de trabajo y nuestros políticos, ocupados en la transformación político-social del país, no nos hacían ningún caso, aunque asociaban nuestra actividad con la modernidad. Los objetivos del COIT y la AEIT eran elementales: apoyar el proceso general de modernización del país, lo que incluía la propuesta de sustitución de los colegios profesionales por las asociaciones ¡qué cosas!, y conseguir que nuestras autoridades asumiesen el papel protagonista que nuestro sector y sus profesionales debían jugar en el futuro de la naciente democracia. En ello concentrábamos nuestros esfuerzos. Se realizó un informe sobre el primer Plan Nacional de Investigación Científica y Técnica (1978), contribuimos al Libro Blanco de las Telecomunicaciones (1981), creamos el premio al Ingeniero del Año (1982), participamos en la organización del “Año Mundial de las Comunicaciones” (1982), organizamos Jornadas Sectoriales (1983) y las XXII Jornadas Europeas de Telecomunicación (1983), tomamos posición ante la Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones (1984) y un largo etc. de actuaciones. Mientras tanto, nuestras instituciones crecían en número de miembros, 3.500 en 1985; el BIT se convertía en una de las revistas leídas en el sector y se nos quedaba pequeño General Arrando donde íbamos ocupando los escasos metros cuadrados que dejaban libres otras asociaciones. Los exiguos presupuestos que manejábamos, 13,2 millones de pesetas en 1980, crecieron hasta los 40 millones de 1985, síntoma evidente del incremento de actividades. El personal de la Se- BIT 142 DIC.-ENE. 19 2003 Ô cretaría, un Secretario Técnico apoyado por media docena de personas que incluían la redacción del BIT era también escaso y ponía de manifiesto el carácter voluntario con que se desarrollaban las mismas. Por otro lado, el Ejercicio Libre también crecía, a pesar del escaso esfuerzo que se le dedicaba. Gracias a la aplicación de la Ley de Antenas Colectivas en el “boom” de la construcción y al desarrollo de las comunicaciones móviles en grupo cerrado, pasamos de unos ingresos de 2,7 millones de pesetas en 1980 a 9,4 millones en 1985. Aunque el pequeño número de compañeros implicados –apenas un centenarsiempre protestaban, con razón, del poco interés que les dedicábamos; lo que era coherente con el pensamiento imperante entre los miembros de las Juntas. En apenas cinco años nos convertimos en los expertos naturales de lo que se acabó denominando Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones (TIC), adjetivadas como "nuevas" por otros. Pasamos de ser tele¿qué? a ser TELECOS, ingenieros con mayúsculas. En nuestro país se había producido un cambio radical. Se empiezan a abrir los mercados y se atisba el proceso de liberalización del sector. Nuestras tecnologías son consideradas protagonistas del cambio, unas tecnologías cuyos secretos desvelan los contenidos de los planes de estudios de dos Escuelas de calidad reconocida por todos. (1985-1990): EL COIT Y LA AEIT DE LOS TELECOS Sin apenas entorno industrial y ninguna en I+D, nuestro sector se puso de moda. Los sucesivos gobiernos financiaron iniciativas que, si bien comparados con otras similares en otros países no eran espectaculares, suponían un crecimiento sin precedentes en términos relativos. Por otra parte, la introducción masiva de las TIC’s en el país y, sobre todo, el crecimiento vertiginoso del sector informático propició que algunos autores calificasen a este quinquenio de “prodigioso”. Éramos los mejor preparados y fuimos reclamados de forma masiva ante el nuevo reto. El desajuste de la demanda frente a la oferta alcanzó proporciones desmesuradas, lo que se tradujo en garantía de empleo y mejoras en las condiciones laborales de los expertos las telecomunicaciones (el salario medio se dobló en seis años). Los jóvenes ingenieros de telecomunicación desarrollaron trayectorias profesionales rápidas y brillantes, renunciando a los puestos laborales tradicionales (Telefónica, DGTel, incluso las Escuelas) para apostar por las empresas multinacionales y las privadas nacionales más dinámicas o que ofrecían mejores condiciones. Fuimos los profesionales de moda. Un TELECO podía elegir donde trabajar antes de acabar la carrera, estabamos en los medios de comunicación y todos los jóvenes querían ser TELECOS, aunque pocos lo conseguían por la elevada nota de acceso pedida en las escasas escuelas abiertas. Por otro lado, a lo largo de estos años los ingenieros de telecomunicación, por primera vez, ocuparon de forma masiva cargos de responsabilidad en el sector. Las expectativas de crecimiento del sector estaban cuestionadas por el escaso número de titulados, se elaboraron planes de reconversión e otras titulaciones y se abrió el grifo de las nuevas escuelas, al principio con el apoyo de nuestras instituciones que proponían un techo de cinco distribuidas uniformemente por el territorio nacional. La universidad reaccionó (en exceso) y, dada su inercia, consiguió responder a las necesidades cinco años después, cuando el espejismo había desaparecido. La profesión volvió a conocer el paro, a pesar de lo cual las universidades siguieron generando escuelas sin ningún control; situación que todavía se mantiene. Nuestras instituciones entraron en crisis, se habían cumplido en buena medida los objetivos. Así lo demuestra la creación de la Dirección General de Telecomunicaciones (nuestra histórica reivindicación) y, sobre todo, el nombramiento de Javier Nadal, hasta entonces Secretario del COIT y la AEIT, como su responsable. En el nuevo contexto los miembros de las Juntas perdieron la unidad de criterios y aparecieron dos tendencias contrapuestas en su seno: los que deseaban mantener una posición crítica con los poderes públicos y los que apostaban por una estrecha colaboración con ellos. Fueron años difíciles en los que estos problemas apenas salieron al exterior de las juntas. Seguimos trabajando, pero con objetivos desdibujados. En mi opinión esta etapa se caracterizó tanto por la consolidación de nuestras instituciones y su definitivo reconocimiento en el sector, como por la pérdida de su carácter crítico con el poder. De hecho, para el COIT y la AEIT fue una etapa de transición en la que, las personas que sustentaban ambos criterios, todas responsables de uno de los periodos más fructíferos de nuestras instituciones, nos pasaron el testigo a colegiados que no habíamos participado en la “movida” de los setenta. Lo hicieron poco a poco, con generosidad y naturalidad. En 1990 ya éramos más de cinco mil colegiados y un presupuesto de 75 millones de pesetas, de los que 23 millones procedían del ejercicio libre, demostraba que nuestro prestigio social superaba ampliamente lu 25 años de BIT BIT 142 DIC.-ENE. 20 2003 la realidad de nuestras instituciones representativas. (1990-1999): CAIDA Y RECUPERACIÓN DE LA PROFESIÓN En 1990, tras el nombramiento de Angel Luis Gonzalo como Comisario de la Expo-92, Jorge Pérez se convirtió en nuestro Decano y Presidente. Al frente de unas juntas renovadas, el COIT y la AEIT iniciaron una nueva etapa caracterizada por el crecimiento y reconocimiento definitivo de su papel protagonista. El entorno sufrió de nuevo un cambio drástico, la liberalización del sector convierte al “dinero” en un nuevo protagonista frente a la tecnología que, poco a poco, pasará a tener un papel meramente instrumental. La ruptura del monopolio de Telefónica y su privatización cambian drásticamente las reglas de juego. Telefónica abandona sus compromisos industriales lo que, a la postre, se traducirá en la practica desaparición de la industria de telecomunicación en este país. Se consolida una industria de comercialización que requiere pocos puestos de trabajo y a la que no responde el perfil clásico del ingeniero de telecomunicación. Todo ello inmerso en un proceso de globalización mundial de mercados y tecnologías. Las tecnologías “duras” quedan en manos de unas pocas multinacionales sobre las que el gobierno apenas tiene control. Las numerosas escuelas ya creadas empiezan a suministras promociones numerosas de ingenieros preparados para desarrollar unas tecnologías que el sector no necesita. El paro se convierte en uno de los problemas de la profesión. Afortunadamente, la situación duró pocos años, la aparición de nue-Ô “Los ingenieros de telecomunicación, por primera vez, ocuparon de forma masiva cargos de responsabilidad en el sector” vos operadores y el desarrollo de nuevos servicios, especialmente las comunicaciones móviles digitales y el sorprendente desarrollo de INTERNET, abre nuevos campos de actividades a nuestra profesión asociadas a las tecnologías “blandas”: despliegue de infraestructuras, ingeniería de sistemas, y desarrollo de aplicaciones y servicios. Con la convergencia de la electrónica, la informática, las comunicaciones y el audiovisual, nuestra profesión, vuelve a recuperar el tono y al pleno empleo. El COIT y la AEIT participan activamente en este cambio. Es un periodo que se caracteriza por la transcendencia de sus posiciones públicas, por el desarrollo de grandes proyectos tecnológicos, por el incremento de sus miembros –se alcanza el colegiado 10.000 en 1998- y por el aumento espectacular de los Grupos de Trabajo y de los Servicios ofrecidos a los colegiados. Los informes “Reflexiones sobre el Segundo Operador de Redes Públicas” (1992), “España en la Sociedad de la Información” (1995) y “Competencia y Regulación en los Mercados de las Telecomunicaciones, el Audiovisual e Internet” (1998) se convierten en referentes para la toma de decisiones en el sector. Nuestro Decano es nombrado miembro permanente del Congreso Asesor de las Comunicaciones (1993). Organizamos las XXXI Jornadas Europeas de Telecomunicación (1992) y participamos en la creación de la Real Academia de la Ingeniería con un elevado porcentaje de sus miembros entre nuestros compañeros. El COIT y la AEIT desarrollan tres grandes proyectos, pioneros en su momento, para demostrar las posibilidades de nuestras tecnologías. En el proyecto ETSIT-TELEENSEÑANZA (1991), con la colaboración del CDTI, DGTel, Fundesco y Telefónica, se imparten por primera vez clases vía satélite desde la Escuela de Madrid. Pocos años después, se generaliza la experiencia a todo Europa a través del proyecto TEN (Trans-European and Tele-education Network). Finalmente, el proyecto INFOVIA-INTERNET del IEE, liderado por la AEIT, pone anticipadamente a disposición de los ingenieros los servicios de correo electrónico e INTERNET. Otro cambio significativo de este periodo, frente a etapas anteriores, es la diferente consideración que se da al Ejercicio Libre de la Profesión. Superadas las reticencias históricas, y considerándolo como una actividad consustancial con la existencia del COIT, se profesionaliza su Grupo de Trabajo. En 1992 se presenta el documento “Estudio de Áreas de Actividad y Competencia de los Profesionales de la Ingeniería de Telecomunicación”, que inicia un costoso y lento proceso para desarrollar esta actividad y que concluirá con la publicación del Real Decreto- Ley 1/98 de 27 de febrero que transformará el Ejercicio Libre de la Profesión con el desarrollo de las ICT’s. Es también la época de la firma de los primeros acuerdos sobre visados de proyectos con los operadores que, junto con las ICT’s, permitirá dar un salto cualitativo en los presupuestos de nuestras instituciones y abrirá una nueva etapa para nuestras instituciones, la que encabezará nuestro actual Decano y Presidente Enrique Gutiérrez Bueno. Dos hechos muy significativos cierran esta etapa. Por un lado, la celebración del II Congreso Nacional de la Ingeniería de Telecomunicación en 1998 (42 años después del primero) con la participación de 1.500 congresistas, de todas las instituciones y empresas significativas del sector y un presupuesto superior a 200 millones de pesetas. Por otro, en octubre de 1998 se inaugura la nueva sede de la calle Fernández de la Hoz. Ambos acontecimientos constituyen la culminación de 30 años de historia caracterizados por el éxito de una profesión que, con sus sombras, siempre ha sido protagonista en el sector. El hecho de que pocos años después se inaugurase la nueva sede de la calle Almagro demuestra la energía que caracteriza a sus instituciones representativas. A MODO DE CONCLUSIÓN El autor de estos párrafos comenzó su colaboración con el COIT y la AEIT cuando la revista BIT publicaba su número 12 y concluyó sus responsabilidades colegiales cuando se publicó el número 112. Creo que los cien números de la revista describen el nacimiento del ingeniero postindustrial. Un ingeniero que se enfrentará en los próximos años a retos tan significativos como la masificación, la descentralización colegial o las consecuencias del nuevo modelo de educación superior propuesto por Bolonia. Desde la nostalgia de estas páginas sólo me queda manifestar mi confianza en que se incremente entre nosotros un sano corporativismo que nos aglutine en torno a nuestras instituciones y nos abra las puertas de nuevos sectores a los que tradicionalmente hemos renunciado. Asimismo, espero que escuelas de calidad, impartiendo contenidos innovadores, egresen "expertos naturales en las TIC’s" adaptados a las nuevas necesidades del mercado laboral. Si esto ocurre nos asentaremos definitivamente y alejaremos el riesgo de convertirnos en otra más de las profesiones subempleadas. Estoy seguro que, con nuestras tecnologías y nuestro esfuerzo, lo vamos a conseguir. M lu 25 años de BIT