86.- EDITORIAL No perdamos el norte: se trata de generar riqueza. Sin lugar a dudas, la política económica impuesta machaconamente durante más de una década resulta, actualmente, valorada por la sociedad española como, al menos, equivocada y culpable de la calamitosa situación por la que atraviesa nuestra industria. La política macroeconómica practicada, esa que ahora se llama “del pelotazo”, y el consiguiente establecimiento de unas condiciones artificiales que sólo buscaban hacer nuestro país atractivo a las inversiones extranjeras especulativas, condujeron al sistemático desprecio hacia la potenciación de nuestras propias capacidades en una especie de suicidio industrial colectivo, al que han supervivido pocas empresas, y del que ahora sufrimos las consecuencias. Se trata, por desgracia, de una situación que pocos denunciaron cuando tenía remedio, pero que, ahora, cuando quizás sea un poco tarde, y paradójicamente, está motivando ríos de tinta. Las opiniones que unos y otros vierten, sin embargo, tienen algo en común: corren el peligro de quedarse en palabras, sin pasar al terreno de los hechos. Obvian lo más importante, lo que debería constituir cualquier punto de partida: que el objetivo fundamental no puede ser otro que la generación de riqueza en nuestro país. Ser capaces de rentabilizar la cadena ciencia-tecnología-industria por donde en esta última década ha fallado: la utilización de nuestro mercado, en su más amplio concepto, empezando por el público, para que nuestros desarrollos acaben en nuestras industrias, y se genere producto propio con qué suministrar los servicios que nuestra sociedad demanda. Este es nuestro auténtico reto. Se trata, en definitiva, de lograr que lo que gastemos se dirija hacia nuestras empresas, y de evitar que nuestras inversiones sirvan para generar tecnología y empleo en cualquier parte menos en nuestro país. Es aquí donde está la verdadera salida de la crisis, y esto es lo que continúa sin escucharse. Dudar, a estas alturas, que son nuestras empresas las que pueden dar trabajo a tanto desempleado, que éstas sólo podrán hacerlo si tienen contratos y pedidos que se lo permitan, y que estos deben salir de las necesidades individuales y colectivas de nuestra sociedad, es no entender todavía donde está el origen de nuestros males. Ni creer, por sistema, que lo que viene de fuera es mejor que lo nuestro, ni confiar a terceros el esfuerzo que nos corresponde a nosotros, han dado buenos resultados. La reciente experiencia de tanta empresa que, encontrando otros mercados más jugosos que los nuestros, que actualmente los hay, olvidan compromisos adquiridos, hacen las maletas y se van, debería hacernos reflexionar. Defender lo nuestro como lo hacen otros países, sin dejar, por ello de colaborar en la construcción de esa Europa unida que aún llevará años, es lo que echamos de menos quienes vemos día a día cómo se degrada industrial y tecnológicamente nuestro país. Probablemente, haya quien continúe pensando que éste es un mensaje trasnochado. Libre es de pensarlo, pero sinceramente creemos que es lo que nuestra sociedad demanda actualmente para salir de la crisis, o, al menos, para eliminar ese diferencial con respecto a los demás países que han provocado con su política quienes así piensan.