Artículo BIT
Función social del ingeniero
Profesor Adjunto de la Cátedra de Microondas de la E.T.S.IT.M. Función socia de ingeniero in duda, la década de los 70, ha supuesto la consolidación de los aspectos más inmediatos, si se quiere más propios, de nuestra ingeniería. Por un lado, y desde la perspectiva del ejercicio profesional, el aumento cuantitativo del colectivo de Ingenieros de Telecomunicación, así como la diversificación de los contenidos de su trabajo, muestra un desarrollo importante de nuestra profesión, acorde con la demanda social de unas tecnologías (electrónica, informática y comunicaciones) que se presentan como la clave de cualquier futura aventura que, en materia de desarrollo económico, desee acometer este país. Por otro lado, este proceso se ha visto complementado con una mejora sustancial de la formación técnica que recibe el futuro ingeniero, a su paso por la Universidad. La renovación de Planes de estudios y la incorporación de profesorado joven a puestos de responsabilidad en las E.T.S.I.T. (Madrid y Barcelona), son claros indicadores de los esfuerzos realizados en este senti do. Sin embargo, a nuestro juicio, este panorama queda ensombrecido por el descuido de un aspecto tan fundamental como es el de la inserción de nuestra ingeniería, en la cada vez más compleja dinámica social. Y conste, que por inserción social entendemos algo tan modesto como es la participación del ingeniero en ámbitos de relación social distintos del exclusivamente profesional, de forma que los distintos grupos sociales, el ciudadano medio si se quiere, aproveche "todas" las posibilidades que ofrecen nuestros ingenieros, y no sólo aquellas derivadas de su puesto de trabajo u ocupación profesional. Esta incomunicación ciudadanoingeniero, paradójica en unos profesiona les que hacen del tratamiento y comunIcación de información, cometido cotidiano de sus vidas, no es un problema particular de la "telecomunicación", sino más bien herencia de la secular separación técnica-sociedad, que otras ramas de la ingeniería, algunas con siglos de experiencia, no han sabido solucionar. Nadie niega el papel fundamental de los ingenieros en la organización productiva, como actores claves en la invención, desarrollo y producción de objetos y prestación de servicios útiles al ciudadano. Pero, podemos preguntarnos: ¿No podr ía la ingeniería aportar soluciones en otros ámbitos sociales y políticos más amplios, aparentemente alejados de su actividad profesional propia? En nuestra opinión, la respuesta es afirmativa. El ingeniero, por su formación científico-técnica y su experiencia profesional, podría ayudar a resolver desde los problemas ciudadanos cotidianos, hasta los niveles de decisión política más elevados. Pero quizás, debiéramos ir más lejos todavía: el ingeniero, educado y acostumbrado en la búsqueda de soluciones técnico-económicas posibles, con los "pies en la tierra", teniendo siempre presente el criterio de optimización del resultado, puede aportar unos modos de comportamiento, de trabajo, y en definitiva una visión de los problemas, que, siempre en contraste con los procedentes de otros grupos sociales, podrían ser útiles a la colectividad. Sin embargo, es indudable que estas posibilidades planteadas en teoría, no se desarrollan en la práctica. La escasa participación del ingeniero, tanto individual como colectivamente, en asociaciones, grupos de promoción de ideas, etc., ni tan siquiera en la participación poi ítica, confirman (salvo excepciones) este hecho. Parece como si existiese una barrera insalvable que impide el entendimiento entre el ingeniero y el ciudadano medio. El ciudadano se sitúa frente al ingeniero con una peligrosa ambivalencia de sentimientos. Por un lado, depende de sus inventos, sin los cuales no podría mantener sus actuales condiciones de vida. Pero por otro, el ingeniero no deja de aparecérsele como un ser distante, poseedor de un saber, "el secreto tecnológico", al que no puede acceder. Ni su lenguaje, ni los procesos de que se sirve para construir los "artefactos", son inteligibles para él. El único vínculo de relación entre ambos, lo constituyen los propios objetos. Objetos que si en un primer momento, aparecen como "mágicos" (no se comprende el misterio de su funcionamiento), rápidamente se "naturalizan", apareciendo como algo dado y cotidiano, que no hace referencia a sus autores (entre otros, los ingenieros). Por su parte, el ingeniero contribuye a esta incomprensión con el exceso de tecnicismo en su formación y con los hábitos que desarrolla en el ejercicio de su trabajo. Acostumbrado a tomar decisiones técnicas ( ióptimas! ) en el marco laboral, encuentra serias dificultades para desenvolverse en ámbitos socio-políticos más amplios, en los que, en primer lugar, no está claro cuál es la decisión óptima en cada caso, y en segu nd o lugar, es preciso tener en cuenta otros factores, diferentes de los puramente racionales, tales como costumbres, sentimientos colectivos, normas sociales, etc. El Ingeniero, aparece así ante el hombre medio como "cabeza cuadrada", tópico que al fin y al cabo, no esconde más que una realidad de falta de flexibilidad, de la que tantas muestras hemos dado en otros tiempos. En nuestra opinión, la década de los 80, es un momento oportuno para iniciar el esfuerzo por romper el mencionado muro de incomprensión. Es necesario acercar la ingeniería al ciudadano, buscar un lenguaje que permita esta relación, y alcanzar cotas de participación social más elevadas. Este esfuerzo, debe comenzar desde la misma formación del ingeniero, mostrándole la importancia de "mojarse", tanto individual como colectivamente, en el diseño de un futuro socio-económico, que navega en un mar de desconciertos. Por otro lado, parece razonable aprovechar (quizás llenar de contenido) el marco institucional existente (Los Colegios y las Asociaciones profesionales) para este cometido. En efecto, cuando uno ojea un manual de Sociología política, los colegios profesionales aparecen definidos como "grupos de presión que pretenden influir sobre los órganos de decisión política, para obtener decisiones favorables en la defensa de los intereses económicos y profesionales de sus colegiados". Una visión tan estrecha de la acción de los colegios y asociaciones profesionales, carece de sentido en unos momentos en que el ejercicio libre de la profesión tiene un peso específico tan discreto. ¿No será el momento de iniciar una transformación en estas instituciones, de manera que se conviertan en grupos de promoción de ideas? Las últimas actuaciones de nuestro Colegio, tendentes a mostrar a la Administración, los partidos poi íticos, fuerzas sindicales, etc., la importancia de la Electrónica, Informática y Comunicaciones, como sector clave en el futuro modelo de sociedad, caminan en este sentido- Quizás, habría que pedirles objetivos más ambiciosos, más alejados de los órganos de poder, y más cercanos al ciudadano. Vivimos en un mundo en crisis, a la que por cierto nuestras técnicas han contribuido de forma nada despreciable. Son necesarias soluciones técnicas, pero sobre todo poi íticas. El espacio vital en que se desenvuelve el hombre de hoy, es eminentemente técnico, y sin embargo, hay un sen ti r cada vez más ex tend ido, d e rechazo hacia este substrato artificial y deshumanizado. Que 103"ingenieros de Telecomunicación comiencen a preocuparse por lograr una mejor inserción en la sociedad, no es algo gratuito. Responde a una necesidad de cambio.
30 oct 2015