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Emprender sinónimo de éxito
La palabra emprender se ha puesto de moda y parece que no hay otra opción, pero sobre todo, se da a entender que quien no quiere emprender, es que aspira a ser prácticamente un parásito. Hace años, bastantes, no se le llamaba emprender sino montar un negocio. Estaba claro para quienes empezaban a estudiar en una escuela de ingeniería, que allí no iban para hacerse inmensamente ricos. Estudiantes en la adolescencia, se fijaban en los coches de los profesores, de los que tenían dedicación completa a la universidad y de los que la compatibilizaban con su trabajo en la empresa privada. La conclusión, a la vista de esos signos externos de riqueza, era que estudiar en una escuela de ingeniería para hacerse multimillonario no era una buena idea. En aquel momento, quienes mejor vivían eran los que tenían un negocio. Un negocio de cafetería, de frutería o de pescadería. Los datos indicaban que ahí había dinero. Muchos optaron por esa opción, bien porque podían heredar un negocio familiar, bien porque con ayuda lo montaron por su cuenta. Desde entonces las cosas han cambiado mucho, pero independientemente del camino elegido, no parece que en ninguno de los dos casos una gran mayoría se haya hecho rica por ello. Al menos rica en el sentido y el nivel que parece ser el destino prometido a quienes emprendan en las nuevas tecnologías. Las posibilidades de emprender, y como consecuencia de ello convertirse en multimillonario, dependen fuertemente del medio en el que se desenvuelve ese emprendimiento. Ahora lo llaman ecosistema. Cualquiera que haya viajado por países que no tienen suficiente grado de desarrollo, se habrá dado cuenta de que está lleno de emprendedores. En cada calle y en cada rincón hay una persona emprendedora ofreciendo sus servicios o vendiendo su producto (desde un montón de ajos, a cualquier cosa por diminuta que sea). Luego no parece que emprender sea en sí mismo sinónimo de riqueza. Sin embargo es lo que se da a entender con los mensajes que se lanzan desde todos los ámbitos a los estudiantes españoles. Las razones por las que se invita a los estudiantes actuales a que se hagan emprendedores son otras. En aras a reducir al mínimo posible las inversiones y gastos en recursos humanos altamente cualificados, recursos imprescindibles pero costosos para las empresas, la figura del emprendedor resulta muy atractiva para las grandes corporaciones. Primero fue la externalización de determinadas tareas rutinarias y de poco valor añadido a otras empresas. Ahora se trata de no tener en nómina a las personas que tienen iniciativa y buscan la excelencia. La idea de que desde un garaje se puede crear un imperio es el gancho, pero ningún alto ejecutivo deja la gran empresa para irse a la cochera de su casa a crear algo para hacerse inmensamente rico. Lo más difícil en un proyecto es tener una idea y hacerla posible. Después, lo importante es hacerla exitosa. El objetivo de la gran empresa es claro. Cuando alguien ha llegado al punto de demostrar que aquella idea inicial es suficientemente buena, la gran empresa la compra. Se produce así una selección natural y las empresas emplean recursos en los proyectos ya refinados, en las apuestas seguras. En el camino se han quedado multitud de proyectos fallidos que la empresa se ha ahorrado. El fracaso ha ido a la cuenta de la persona emprendedora, cuya idea no ha tenido éxito suficiente. Se dan a conocer las empresas incipientes exitosas, pero no se detallan los porcentajes de fracasos que se cosechan y con ellos, cuántas personas valiosas se quedan en el camino. Ley de vida sí, pero que tiene que conocer quien está decidiendo qué hacer y cómo enfocar su vida. Por cierto, las empresas pequeñas exitosas, al hacerse más grandes, contratan a los expertos que no se han hecho emprendedores. 3 Teresa Pascual Ogueta Ingeniera de Telecomunicación Emprender ¿sinónimo de éxito?
30 oct 2015