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Innovar simplificando la complejidad
muchas veces, se une a la cuestión anterior el hecho de que generalmente no somos capaces de poner límite alguno al conjunto de productos y servicios que vendemos. Creemos que esta estrategia protege mejor nuestra cuota de mercado, e incluso somos capaces de justificarla si es preciso a través de sofisticados análisis de segmentación del mercado. Pero, normalmente ignoramos que esta complejidad conduce generalmente hacia una pérdida de eficiencia que se traduce en una menor rentabilidad de la empresa y a veces incluso a su deterioro. Es muy frecuente encontrar que el 20% de los productos o servicios que vendemos generan el 80% de los ingresos (regla de Pareto) y esto, con independencia del sector en cuestión. En este caso nos enfrentamos al problema de la gestión de la complejidad del portfolio de productos o servicios que vendemos y no al de la innovación en si mismo. Siempre he tenido curiosidad en conocer por qué en general las empresas no son capaces de identificar estos problemas a tiempo y reaccionar en su operativa diaria frente a este tipo de situaciones, por qué a menudo sólo vemos la punta del iceberg y reaccionamos cuando es demasiado tarde, cuando ya es inevitable la cirugía y cuando las consecuencias son aún peores que las que inicialmente podíamos imaginar. El miedo al cambio La única explicación que encuentro a este comportamiento es el miedo o resistencia al cambio. Se trata de una reacción natural ante lo desconocido, propio de individuos y también de organizaciones. Muchas veces nos da miedo el cambio porque en si mismo es incertidumbre y no sabemos en realidad lo que nos depara. Otras veces lo que vemos es cierta resistencia al cambio, tipificada como un comportamiento individual o de cierto colectivo de personas que lo interpretan en términos de pérdida de cuota de poder dentro de la empresa. Vencer este tipo de comportamiento es clave. A veces está en juego el futuro de la empresa. Pero, ¿por qué tiene que ser todo tan complejo?. Casi nunca somos capaces de pensar de manera opuesta, es decir, en cómo simplificar las cosas, en cómo vender un producto tan etéreo (bueno al fin y al cabo los operadores de telecomunicaciones vendemos aire) y poco diferenciado como puede ser un minuto de voz de forma sencilla, clara y transparente al consumidor, sin letra pequeña, sin utilizar esquemas de tarifas complejos y poco intuitivos. Esto también es innovar y puedo decir, por propia experiencia, que requiere un esfuerzo profundo y disciplina para cambiar la forma de pensar dentro y, a veces también, fuera de la empresa. Cuando hablamos de innovación desde la óptica de los operadores de telecomunicaciones lo primero que se nos viene a la cabeza es pensar en el lanzamiento al mercado de nuevos productos o servicios que nos permitan diferenciarnos de los competidores. Sin embargo, frecuentemente tendemos a realizar esta aproximación pensando en el desarrollo de nuevos productos o servicios complejos, mas que en satisfacer verdaderamente las necesidades del consumidor. Innovar simplificando la complejidad Gabriel Míguez Director General de Relaciones Institucionales y Desarrollo Estratégico de Negocio de Yoigo Y En ocasiones, he podido comprobar que para llegar a algún tipo de conclusión sobre si una tarifa de un determinado operador era más competitiva que otra, se requería incluso conocer el patrón actual de consumo del cliente (que puede estar condicionado por una apreciación subjetiva de la tarifa en si misma) y hacer una simulación no trivial con la hoja de cálculo. Esto no solo es absolutamente inaceptable, sino que además irrita profundamente al consumidor y trunca su confianza con el operador. Partir de la sencillez Para hacer frente al desafío de la complejidad, hay que empezar por los clientes, por determinar cual va a ser nuestra oferta comercial. Al fin y al cabo, lo único que el cliente ve de un operador es su oferta comercial, la publicidad y su marca. Todo lo demás queda aguas abajo. Una vez decidida tenemos que ajustar nuestras operaciones para hacerlas eficientes. Esto es particularmente importante en el caso de un operador de telecomunicaciones porque, tradicionalmente, este negocio se ha concebido como un negocio de economías de escala, es decir un negocio donde predominan los costes fijos y donde es necesario generar volúmenes de tráfico sustanciales para conseguir una reducción unitaria del coste por minuto, clave para competir. Dice un refrán popular que el “hambre agudiza el ingenio”. Nada más acertado para explicar cómo a partir de la de la sencillez, a través de una oferta simple pero potente, se puede construir un modelo de negocio que sustente un planteamiento diferenciador y disruptivo en el mercado, donde las economías de escala se puedan anticipar. Estas son las mejores oportunidades para competir en un mercado altamente penetrado como el nuestro, desarrollar estrategias difícilmente replicables por los competidores con una aproximación realmente diferente e innovadora. Los operadores con un enfoque “Low Cost” representan una innovación en el sector de las telecomunicaciones por el tipo de modelo de negocio que proponen. Este enfoque es relativamente nuevo en el mercado de las telecomunicaciones, pero no es nuevo en otros sectores como el de las líneas aéreas o la banca, por citar dos ejemplos concretos y paradigmáticos, donde los operadores tradicionales se han visto obligados a cambiar también su estrategia de negocio e incluso su modelo operativo para hacer frente a una competencia creciente que erosionaba su cuota de mercado. Competir en tiempos de crisis La percepción por parte del consumidor de un entorno económico de crisis como la que vivimos actualmente, hace que su fidelidad con el operador que le proporciona servicios se reduzca y que, en lugar de disminuir su consumo, busque “La percepción por parte del consumidor de un entorno económico de crisis como la que vivimos actualmente, hace que su fidelidad con el operador que le proporciona servicios se reduzca y que, en lugar de disminuir su consumo, busque alternativas que le permitan disfrutar de los mismos servicios a un coste menor” alternativas que le permitan disfrutar de los mismos servicios a un coste menor. ¿Hay algo menos diferenciado que un minuto de tráfico de voz? Por otra parte, es lógico pensar que aquellos competidores con cuotas de mercado elevadas prefieran ceder una cuota de mercado moderada antes que enfrentarse a una caída generalizada de sus ingresos, dada la enorme presión que tienen para preservar sus márgenes, evitando así una guerra de precios en el mercado. Es muy frecuente también encontrar en momentos de crisis que una de las primeras medidas que adoptan las empresas sean la de paralizar o ralentizar las inversiones, a la espera de tiempos mejores. Esta medida, genera a los gestores un horizonte de seguridad y protección frente a la incertidumbre, pero nada más lejos de la realidad. Las decisiones de inversión deberían estar basadas en procesos rigurosos de análisis y deberían ser vistas como oportunidades de crecimiento incluso en tiempo de crisis. Pero por suerte, o por desgracia, no podemos pensar, a riesgo de equivocarnos y hacer desaparecer rápidamente la empresa del mercado, en la disrupción permanente como palanca única de creación de ventajas competitivas sostenibles, sobre todo cuando la empresa ya está en marcha. Cambiar el rumbo lleva tiempo y si no se hace con cuidado podemos hacer zozobrar la nave. Reinventarse continuamente Todos estamos acostumbrados y, en cierto modo, nos vemos obligados a “reinventar” la empresa cada día. La mejora continua de procesos para incrementar la productividad es algo frecuente, persistente en el tiempo, que no debemos en absoluto despreciar y que todos sufrimos en mayor o menor medida. Un buen día pensamos que se podrían hacer las cosas de forma diferente, de manera más eficiente y productiva. Tomamos la decisión, la comunicamos a las áreas involucradas y la ponemos en práctica. Ajustamos las desviaciones, los fallos, nos aproximamos a los resultados esperados y, nuevamente, comienza el proceso. Quizá en otro eslabón de la cadena de valor, quizá alguien diferente toma la iniciativa..... Sin embargo, esta aproximación no cambia de forma radical la manera de hacer las cosas, simplemente adopta un enfoque de mejora continua en los procesos, lo cual tiene un impacto limitado en la mejora de la productividad, pero no es disruptivo. No se trata de que cada día nos volvamos locos pensando en cómo podemos cambiar la empresa, en cómo podemos generar un modelo disruptivo sólido, porque esto lleva tiempo y la decisión de lanzamiento o de cambio debe estar bien soportada; pero si es necesario generar la cultura dentro de la empresa para que todas las iniciativas fluyan de una manera abierta y valiente, para que cooperen equipos de áreas diferentes, para que se vean todos los ángulos del problema o de la oportunidad, según se mire. En este sentido, crear una organización enfocada y separada dentro de la empresa puede ayudar a mantener la energía y la motivación necesaria para catalizar un nuevo proyecto en lugar de asignarlo directamente a los responsables de aquellos negocios más estables que, probablemente dedicarán menos atención al mismo. “No podemos pensar en la disrupción permanente como palanca única de creación de ventajas competitivas sostenibles, sobre todo cuando la empresa ya está en marcha”
30 oct 2015