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La radio y la tecnología: breve historia y perspectivas
Prensa/Radio/TV MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y TECNOLOGÍA La radio y la tecnología: breve historia y perspectivas Isaac Moreno Peral Director Técnico de la Cadena COPE La radio española, con casi un siglo de existencia, se enfrenta a uno de los mayores retos de su historia, propiciado, como casi siempre, por los avances tecnológicos. La radio es el medio electrónico con mayor penetración mundial, gracias a su accesibilidad, su versatibilidad y al módico precio de sus aparatos receptores. Ha llegado a convertirse en uno de los medios de mayor prestigio (debido probablemente a su habilidad para aprovechar las posibilidades tecnológicas en beneficio propio, modificando y actualizando formatos, programas y contenidos, etc.). Hoy en día es uno de los medios de comunicación más aceptados, de mayor credibilidad y con mayor capacidad de liderazgo en la creación de opinión pública. La audiencia, en consecuencia con todo lo anterior, ha ido creciendo de forma constante, aunque con algunos altibajos, y ello a pesar de su madurez (casi un siglo desde las primeras emisiones) y de la emergencia de otros poderosos medios como la televisión, Internet, etc. Aunque ocupa el cuarto lugar en inversión publicitaria, después de la televisión, la prensa y las revistas, el porcentaje de participación en la tarta publicitaria se mantiene estable con el tiempo. Con una audiencia al alza y un puesto ganado por méritos propios en el sector de los medios de comunicación, la radio se desenvuelve en un escenario tranquilo y apacible. Pero no es oro todo lo que reluce: la radio española está afectada por una serie de amenazas, algunas estructurales y otras coyunturales, que pueden condicionar su futuro desarrollo. Una relación, no exhaustiva, de las más importantes de dichas amenazas sería: – Distorsión en el mercado derivada de la doble financiación de emisiones públicas. – Regulación deficiente y no actualizada. – Órganos reguladores autonómicos (FM) actuando sobre realidades de cadenas nacionales. – Creciente presión regulatoria sobre determinadas formas de publicidad. – Permisividad de las autoridades ante incumplimientos generalizados de la normativa regulatoria no solamente por emisiones privadas, sino también por emisiones públicas. – Introducción de nuevas tecnologías de emisión de forma desordenada y poco meditada. No obstante, y a pesar de todo, la radio española constituye en estos momentos un sector dinámico, en auge y con buenas perspectivas de mercado, y por tanto, con un futuro prometedor. La radio: breve historia de una evolución En sus casi cien años de vida, la radio ha sufrido una drástica transformación, como la han sufrido también las pautas de consumo de la misma por parte del público. Circunscrita, en un principio, a un pequeño espacio donde se producían programas sencillos, fundamentalmente música, monólogos o diálogos, charlas, conferencias, lecturas de textos, etc. Es decir, la radio se hacía completamente dentro de un estudio, donde un locutor hablaba, leía y ponía música. Los gustos de la incipiente audiencia evolucionan con la radio hacia fórmulas de más espectáculo (las radionovelas, los conciertos, los programas-espectáculo cara al público), que calan en la audiencia llegando a constituir algunos de ellos un verdadero fenómeno social. A pesar de estos importantes cambios en el estilo, pocos se habían producido en el aspecto tecnológico: voces en el estudio y música en vivo o grabada. El único aspecto técnico diferencial lo constituía la mayor o menor calidad de los diferentes dispositivos empleados en la producción: micrófonos, platos giradiscos, grabadores y reproductores y mesas de mezclas. Poco a poco, con la disponibilidad de líneas telefónicas y enlaces móviles, la radio va saliendo al exterior en forma de reportajes, cobertura de eventos exteriores previstos e, incluso, llevando la producción de los programas fuera de las emisoras. Con la introducción de la FM en España, durante la década de los 60, la radio (en FM) evoluciona hacia fórmulas más juveniles, siendo a comienzos de los 80 cuando la FM se hace cargo, además, de la radio convencional, comenzando la onda media un lento pero inexorable declive. A finales de esa década comienza a vislumbrarse lo que va a ser una profunda transformación en la radio: la invasión de la informática, primero de forma casi imperceptible, ocupando cada vez más espacios en la grabación, edición, producción y automatización. Este cambio, unido al abaratamiento de las comunicaciones vía satélite, propició una transformación importante en el mundo de la radio: la práctica desaparición de las emisoras locales, como negocio familiar, y la transformación de todo el parque de emisoras en una cuantas cadenas con gran capacidad técnica para compatibilizar la emisión en cadena con pequeñas desconexiones locales para publicidad local, o para realizar cortos tramos de programación local, eventualmente regional (sobre todo en informativos). Para entonces, la digitalización en la radio ya era prácticamente total, por lo que se refiere a la grabación y reproducción , edición y transporte de la señal desde el centro de producción hacia los centros de producción local y desde éstos a los centros emisores. Por otra parte, la telefonía móvil e Internet han borrado prácticamente los límites a los que puede acceder la radio, haciéndola ubicua. No existe prácticamente ningún evento del tipo que sea, donde no esté de forma prácticamente inmediata la radio, entrando en directo a antena, editando incluso el propio reportero para la emisión de su última entrevista, o los resúmenes de una rueda de prensa, en cuestión de minutos. La única polémica que se alza aquí es la eterna consideración de la calidad del sonido frente a la inmediatez, ya que ambas características son a veces imposibles de conciliar. En la actualidad puede decirse que los estudios de una emisora constituyen prácticamente una red informática de área local, con periodistas que acceden a las noticias que les llegan desde las agencias de prensa, vía satélite o las que los propios reporteros recogen de la calle, las editan y las preparan en forma de archivos sonoros que van encolados dentro de un programa de continuidad. El conductor de programa va desarrollando el programa, perfectamente pautado, con comentarios que puede leer en una pantalla. Si algo necesita, puede recurrir a su búsqueda en los servidores propios o en Internet. El uso de la informática y la total digitalización propician la realización de los grandes y complicados programas deportivos, con fuentes de señal en dos o tres docenas de puntos fuera de la emisora, con multiconferencias donde todos y cada uno de los corresponsales exteriores van entrando bajo la batuta del conductor del programa. Igualmente, la telefonía móvil e Internet han propiciado el estrechamiento de los lazos entre la radio y sus oyentes. Cada vez más programas de radio aprovechan los comentarios y aportaciones de los oyentes en tiempo real, propiciando de esta manera una especie de interactividad incipiente. La radio digital: hacia la digitalización integral En la década de los 90 ven la luz diferentes tecnologías que posibilitan la digitalización del último eslabón pendiente en la radio: el de la transmisión y la consiguiente recepción. Sistemas como el DAB (Digital Audio Broadcasting o Difusión de Audio Digital) garantizan una mayor calidad en la recepción, e incluso en condiciones de recepción móvil y en presencia de propagación multitrayecto, proporcionan mayor eficiencia espectral y disponen de capacidad excedentaria para transmitir y recibir además del programa de radio propiamente dicho, una serie de datos adicionales que pueden servir como herramienta para reforzar los recursos del programa y /o pueden ser útiles como soporte para la difusión de nuevos servicios que aporten al oyente utilidades por las que incluso esté dispuesto a pagar. Pero hay un problema: para recibir estas emisiones digitales hacen falta nuevos receptores. Sin una introducción coordinada a nivel internacional de la radio digital, no habrá en mucho tiempo receptores asequibles. Sin un esfuerzo de los radiodifusores en producir nuevos y atractivos programas (adicionalmente a los que vienen produciendo para la radio analógica) no parece que los oyentes estén motivados para comprarse un receptor caro. La primera circunstancia no se ha dado; y la segunda, en la medida en que la radio digital, con nuevos agentes entrantes en el mercado, no supone una clara alternativa a corto plazo frente a la madura tecnología analógica, tampoco parece que vaya a darse a corto plazo. Todo indica que vamos hacia una coexistencia más o menos pacífica de tecnologías: la analógica y la DAB, seguida posteriormente de otras como DRM, i-Biquity etc. y que dicha coexistencia se mantendrá por mucho tiempo, a menos que cambien las circunstancias antes apuntadas. Tendencias de futuro A estas alturas, creo que a nadie le queda duda de que el futuro de la radio es completamente digital. La cuestión es el cuándo y el cómo. A pesar de que parece que el tiempo de transición puede ser largo y de que puede haber múltiples tecnologías emergentes, incluyendo las que digitalizan directamente las frecuencias de onda media y las de FM (con técnicas transitorias de simultaneidad del mismo programa en analógico y en digital sobre el mismo centro emisor y en la misma frecuencia), no hay tiempo que perder, y hay que afanarse en analizar, comprender y prepararse para los grandes retos que se plantean a los radiodifusores: – La ampliación de la oferta, sin que parezca que el mercado publicitario de la radio, muy maduro, vaya a aumentar mucho más. – Consecuentemente a la ampliación de la oferta, se producirá una segmentación de contenidos en busca de nichos de oyentes, incluso en las fórmulas musicales. – La búsqueda de mecanismos de investigación de audiencias más fiables, precisos y rápidos en la presentación de resultados que los actuales (EGM o Estudio General de Medios), sin los cuales va a ser imposible colocar la radio en las cifras de inversión publicitaria que le corresponderían en función de las cifras de audiencia. – Los servicios de valor añadido y la comercialización de alguno de ellos, supondrá el inicio de una nueva actividad de las compañías radiodifusoras que deberán afrontar el cambio de modelo de un espectador pasivo a un cliente que recibe un servicio por el que paga y por cuya prestación es exigente. – La multiplicidad de tecnologías en juego obligará a los radiodifusores a un esfuerzo adicional en el mantenimiento de sus infraestructuras de soporte o en el pago por su uso. – Los grandes defectos del marco jurídico-administrativo bajo el que se desarrolla la actividad del radiodifusor no servirán precisamente de ayuda para afrontar los retos que los avances tecnológicos imponen. Pero con independencia de la digitalización de la radio y de la mayor o menor tardanza en la consolidación de las diferentes tecnologías, el mayor reto al que la radio se enfrenta, desde el punto de vista conceptual, es Internet. El progresivo aumento de los accesos en banda ancha unido al desarrollo de las técnicas de consumo en este medio hacen que, por ejemplo, el “podcasting” permita al usuario la disposición para el consumo de sus programas y productos favoritos de la radio en el lugar y modo que mejor le convenga. La radio, pues, deberá concentrarse fundamentalmente en la producción de contenidos y asegurarse de su diseminación por el mayor número de plataformas posible, que garanticen su máxima difusión. No es ociosa, a este respecto, la consideración de una posible radio de pago, centrada en programas o productos específicos. El futuro de la radio está por definir, pero la radio debe empezar a andar ya hacia ese futuro.
30 oct 2015