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Técnicos subalternos, técnicos postmodernos
PUNTO DE VISTA Técnicos subalternos, técnicos postmodernos A Enrique Gutiérrez Bueno Mario Urea Holgado Director Cuando esta Revista nuestra se aproxima una edad venerable 10 años, 50 números puede resultar un poco paradójico escribir que gran parte de lo que había que decir se ha dicho, con mejor o peor acierto, en estas páginas. Aunque como afirmación de propósitos para el futuro queda francamente pobre, como homenaje al Director que nos deja, seguramente se queda corto. Sin embargo, es un deber elemental de sinceridad con los lectores reconocer que el tiempo, a pesar de aportar un cierto lustre y reconocimiento, ha conseguido erosionar muchas de las certidumbres que han identificado a la Revista, y por encima de ello, al colectivo de técnicos los que en gran medida ha tratado de reflejar. El paso y el peso de los años no han respetado demasiado de las ideas fuerza que han definido un modo de actuar y de entender la realidad por parte de los que podríamos denominar Técnicos subalternos 10años La empresa pública no ha conseguido alterar la concepción de la economía en general y ha reproducido, a veces con impresionante precisión, los modelos de conducta, en las relaciones de trabajo y la administración, de las industrias basadas en principios sociales muy diferentes. La tecnificación de la Administración, la gran panacea de estos años, ha mostrado que no es una condición suficiente para que el país las esferas públicas y privadas bajo el manto protector del Estado funcione, si no está acompañada del suficiente despego del poder a unos niveles, y de la suficiente independencia de criterio, a otros. Y las leyes, las distintas leyes LOTs, Función Pública, Compras Públicas, han perdido virtualmente lodo su poder encantador, incluso antes de ver la luz. En fin, la creación de tecnología nacional, una bandera demasiado ondeada por los técnicos subalternos, la acaban de instalar en los mástiles ornamentales del Poder, y parece que va para mucho tiempo a realidad no es tan dura algunos, es mucho más dura para los que han creído alguna vez. Y de nuevo puede resultar paradójico afirmar esto desde y para un sector que se presenta boyante o desde una coyuntura del mercado de trabajo favorable, colectiva e individualmente, para los técnicos que tienen alguna relación con las Tecnologías de la Información. Pero queremos entender, más allá de las variadas peripecias individuales, qué ha sido de la capacidad de intervenir, de cambiar, de analizar, que tenían aquellos técnicos subalternos, los buenos, losdehace10años. La desaparición de las grandes ideas motrices ha dejado tras de sí una segmentación que seguramente se pueda encontrar en el resto de la sociedad La cultura de la nostalgia, de la privacidad, el rechazo inconexo y apático de las grandes ideas y de los instrumentos que, si no desde su concepción, sí de facto habían venido funcionando como centro de con La alternativa no ha sido mejor. La política ventajas temporales, la disolución de toda inclinación globalista, en favor de lógicas parciales y limitadas. Los técnicos postmodernos han conseguido hacer ininteligible este sector, como ya lo hicieron antes con otros. La vida cotidiana se convierte en una sucesión de imágenes, de éxitos particulares. Los fracasos se silencian hasta que surgen en una crisis. A golpes de crisis se mueve el sector, sin un hilo conductor más allá de los intereses individuales, disfrazados o no con profesiones de liberales, multinacionales o privadas con el 49 de capital público. Ni lo uno ni lo otro. Este es un sector muy joven todavía para asumir, sin protestar, que todo vale y que contra todos vale. Tal vez sea un asunto a enmarcar generacionalmente. Y hablar de generaciones hablar de gente que viene y gente que se va. Pero no por eso es justo que acabe en escepticismo lo que fue defensa ilusionada de la tecnología nacional, de la intervención racional y razonable de los poderes públicos en la y n la modernización de la Sociedad, o de la participación colectiva de los técnicos en empeños. Cambiar esta línea de intervención de tantos años, de moralización del sector se quiere, por otra que corresponda mejor a las tendencias dominantes podría ser un síntoma de flexibilidad o de adaptación interesada, según la óptica con que se mire. Pero aceptar limitar los objetivos desde una posición esencialmente subordinada lleva años socavando la moral de muchas instituciones y, a través de ello, fomentando el escepticismo y la apatía, que no ha sido precisamente los valores que ha defendido nunca BIT, o su Director. Ha sido la apertura a todas las ideas, el ir un poco por delante, mostrando el camino unas veces y equivocándose seguramente otras más, pero sobre todas las cosas valorando la credibilidad y el contacto con un colectivo que aún tenemos que descubrir. Si es del año, puede recuperar la vitalidad de los técnicos subalternos, su protagonismo necesario, es la continuación corregida y aumentada de la emprendida por BIT en 1977, contando sólo con la inspiración del colectivo amplio sin barreras de técnicos que hacen día a día el sector. Y en estén. estarán los que
30 oct 2015