Internet y la Sociedad en Red. Jorge Pérez y Sergio Ramos. Grupo de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. La capacidad de Internet para cambiar las estructuras económicas y sociales es de sobra conocida. Internet se ha convertido en un activo estratégico cuyo control enfrenta a las naciones de todo el mundo (véase el enfrentamiento entre EEUU y el resto de países por compartir el control de la Red de la pasada Cumbre Mundial de Sociedad de la Información celebrada en Túnez). Internet es también la principal herramienta de crecimiento, desarrollo en innovación para el mundo entero, ya sea el primero, segundo o tercero. Particularmente para Europa su utilización por los ciudadanos y las entidades públicas y privadas es un fin en sí mismo (véanse las estrategias de Lisboa, las diferentes iniciativas e-Europe o la más reciente i-2010 conocida como “Sociedad de la Información Europea para el Crecimiento y el Desarrollo). Pero sobre todo, Internet es el espacio donde se desarrollan las nuevas formas de comunicación del “ciudadano global”, donde se deposita el “conocimiento público global” y donde se vulneran las normas y estructuras del mundo físico, dando paso a una nueva forma de “organización y gobierno global” en red. Así Internet está poniendo en cuestión muchos de los paradigmas hasta ahora aplicados al desarrollo y gobierno de organizaciones e instituciones globales, avanzando hacia un modelo donde la conectividad a la Red, su gobierno y su crecimiento, basado en el impulso de las comunidades de usuarios, son los elementos centrales. ¿Cómo es posible describir este proceso? En nuestra opinión los grandes factores que sustentan el cambio son tres: – La universalización del acceso a la Red. El paradigma de los últimos años ha sido la prestación del servicio universal de telecomunicaciones a todos los ciudadanos. Sin embargo la convergencia tecnológica y la evolución del IP, así como la proliferación de todo tipo de contenidos multimedia en Internet, están cambiando este principio para adaptarlo a la realidad actual y futura donde prima la disponibilidad de acceso a la Red, en lo que podríamos denominar el desarrollo del acceso universal, un concepto mucho más amplio y complejo que su predecesor. Vemos como el impulso de Internet requiere de nuevas formas de intervención pública donde prime el desarrollo de la conectividad (lo que implica principalmente desarrollo de infraestructuras, sea cual sea la tecnología empleada) frente al desarrollo de un servicio concreto. Asistimos por tanto al nacimiento de la sociedad en red que demanda la progresiva extensión de la conectividad a Internet para todos, en cualquier momento y lugar, y con cualquier dispositivo. – Gobernabilidad. Sin duda la responsabilidad del gobierno y control de Internet es una de las grandes cuestiones que se encuentra permanentemente en debate. La gestión del sistema de dominios, el reparto de responsabilidades para sufragar y corregir la brecha digital entre regiones ricas y pobres, la seguridad en la Red, la piratería o la distribución ilegal de contenidos multimedia son sólo una muestra. Baste un reciente ejemplo para ilustrar la importancia de la gobernabilidad de Internet. La pregunta que plantemos es cómo evitar que un contenido (por ejemplo la emisión de un partido de fútbol en directo) pueda ser distribuido a miles de usuarios a través de Internet y de forma gratuita con un simple retraso de unos minutos. Más aún, cómo evitar que los usuarios consuman este tipo de “servicios” tan fácilmente accesibles y tan “baratos”. – Espacio y conocimiento público. Asistimos a la proliferación de weblogs y wikipedias que ofrecen la posibilidad de compartir entre comunidades de usuarios todo tipo de imágenes, sonidos, vídeos o textos, poniendo de manifiesto la extraordinaria capacidad del ser humano para generar y compartir conocimiento utilizando Internet como la principal herramienta. Así las redes de conocimiento se extienden a múltiples ámbitos tanto públicos como privados, tanto académicos como profesionales, estando en todos ellos presente un espíritu de cooperación y organización en red donde los intereses comunes benefician a los miembros de la comunidad, que a su vez contribuyen a su crecimiento y desarrollo. Basta mirar a las nuevas generaciones para observar que Internet está cada vez más presente en sus vidas, convirtiéndose en un elemento de ocio y de consumo, además de una herramienta técnica, intelectual y social, que avanza de forma imparable y en la que predominan los modelos de organización basados en el espíritu commons. En resumen, el “ciudadano global” demanda conectividad permanente a la Red, que se convierte en el vehículo desde el que cuestiona con su actividad y uso las reglas tradicionales establecidas, y lo que es más importante, desde el que consolida un creciente espacio global de conocimiento que estimula el crecimiento imparable de Internet.