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Artículo BIT
BIT, un órgano de comunicación digno de nuestra profesión
50.- EDITORIAL BIT, un órgano de comunicación digno de nuestra profesión. Este número 50 de BIT representa mucho más que la artificial redondez de un guarismo. Es la consagración de una idea acertada, el do de pecho de n esfuerzo continuado, el indicador de un objetivo alcanzado. Desde que las Juntas directivas de la AEIT y el COIT decidieron su creación, hace 10 años, no hemos regateado apoyos, presupuestos y esfuerzos para hacer de BIT un órgano de comunicación digno de nuestra profesión y del pujante sector de las Tecnologías de la Información. La decisión y el impulso de los directivos, la vocación y desinteresada entrega de los sucesivos directores y la profesionalidad de sus colaboradores han permitido llegar hasta el número 50 con un elevado nivel de aceptación entre lectores y anunciantes. La intención de todos nosotros es consolidar lo alcanzado, sin perder la orientación principal: medio de comunicación entre los ingenieros de telecomunicación, y de éstos con su entorno profesional, combinando la opinión con la información, y siempre al servicio de la sociedad española. Permítasenos esta pequeña autocomplacencia de pura satisfacción por el objetivo alcanzado, que compartimos con todos los asociados, colegiados y empresas de sector, incluidas las editoras de revistas comerciales especializadas, a las que no deseamos en todo momento sino ayudar. Y quedamos emplazados para celebrar un número aún más redondo cuando doblemos el camino andado. Por nosotros no va a quedar.
30 oct 2015
Artículo BIT
Las telecomunicaciones. Un reto político
51.- EDITORIAL Las telecomunicaciones. Un reto político. Aunque, por lo general, los ingenieros, economistas, sociólogos y comunicólogos solemos entretenernos asombrando a nuestros conciudadanos con la descripción anticipada de mágicas diabluras tecnológicas, lo que de verdad importa en materia de telecomunicaciones, se ventila hoy por hoy en un terreno genuinamente político. Y, por tanto, interesante para todos, no sólo para los iniciados. En efecto, en un rápido vistazo al tablero internacional, nos encontramos con que la forma de organizar el entramado de las telecomunicaciones se convierte en la principal punta de lanza de la ofensiva neoliberal que, tanto desde el Oeste profundo, como desde el más lejano de los orientes, cabalga hacia Europa en busca de mercados más cómodos y dóciles, mientras aplica el lado estrecho del embudo para proteger sus propios “cotos” nacionales. De los gabinetes donde se hornean los guisos ideológicos, salen menús como éstos: “para modernizar es preciso privatizar”; “reglamentado es lo mismo que anquilosado y antiguo”; “si quieres ser eficaz, desmonopoliza”. Privatizar, desreglamentar, desmonopolizar y liberalizar las telecomunicaciones parecen ser los platos preferidos de la nueva cocina internacional. Luego se van sazonando con los mismos condimentos los transportes, la sanidad, la educación, etc., y en unos cuantos banquetes queda engullido el famoso Estado del Bienestar… En lo referente a liberalizar y desmonopolizar, si consideramos la CEE como bloque geopolítico comparable a USA y Japón (si no, las diferencias de escala impiden toda comparación), resulta que la situación real de las telecomunicaciones en el país norteamericano es de una mayor concentración monopolística que en la Comunidad, donde hay al menos una entidad por cada país (en varios más de una) ofreciendo acceso a la red, tanto en ámbito local como transnacional (equivalente al tráfico de larga distancia cuasimonopolizado por ATT en USA). En Japón, la concentración y el nacionalismo son aún mayores, con barreras insalvables para las empresas occidentales. Así pues, no hay tal liberalización real en esos tres países, como pretenden hacer creer al resto en lo referente a la red de transporte y al servicio telefónico (90% del negocio hasta fin de siglo). Como mucho, podría hablarse del paso de un monopolio estricto sensu a un duopolio teórico (con fuerte liderazgo de uno de los dos actores, como en el Reino Unido), o un oligopolio de las comunicaciones locales, con un liderazgo monopolístico en las de larga distancia, como en USA. ¿Demuestra la teoría económica positiva que un oligopolio es más eficaz en el uso de recursos económicos y técnicos que un monopolio? ¿Es mayor el número de usuarios que obtienen un precio más asequible y una mayor calidad, en un oligopolio? No, y no. La teoría, según los expertos, no demuestra la superioridad del oligopolio, y las encuestas en USA y el Reino Unido recogen un creciente descontento de los usuarios domésticos, que pagan la utilización del teléfono cada vez más cara, frente a los grandes usuarios (empresas, instituciones), que obtienen ventajas económicas y de calidad. Entonces, ¿de qué estamos hablando? Pues, lo primero de escalas diferentes: las medidas “liberalizadoras” que rompieron el imperio de ATT no pueden aplicarse al nivel de una sola de las administraciones de cada país europeo. Es el bloque europeo, en su conjunto, la dimensión a comparar. En segundo lugar, de otras cosas diferentes a la liberalización. ¿Tal vez de la desregulación, o desreglamentación? Tratamos de aclararlo en otro editorial posterior.
30 oct 2015
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Una primera lectura del PEIN II
52.- EDITORIAL Una primera lectura del PEIN II Saludamos desde estas páginas la salida a la luz del Plan Electrónico e Informático Nacional, que será vigente en el periodo 88-90 (PEIN II). Le ha costado trabajo salir, incluso se había pensado de él que se quedaría en uno de los múltiples borradores, pero parece ser que ha primado el compromiso adquirido por el actual equipo de la Administración y aprovechando que ya nadie hablaba de él, lo han sacado en su última versión. A pesar de su retraso, llegará como aire fresco definiendo una nueva línea de incentivación a la industria del sector, que supondrá una cifra que ronda los 20000 millones de pesetas a lo largo del trienio, en lo que se refiere al presupuesto a controlar por los organismos dependientes del Ministerio de Industria y Energía (CDTI, DGIIT y DGEI). El PEIN II está definido en un nuevo marco de actuación, identificado por la incorporación de España a la CEE, la evolución propia del sector, derivada en parte de la actuación del PEIN I, y la entrada en escena de otros planes nacionales (Plan Nacional de Telecomunicaciones y Plan Nacional de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico) que le restarán protagonismo y parcelas de actuación. En este sentido se deberá requerir una fuerte colaboración con los Departamentos de la Administración responsables de los mencionados planes que, aunque identificada en las acciones del plan, se adivina complicada, máxime sin las fronteras de los planes no están claramente delimitadas. Dentro de este marco de actuación, se aventura el objetivo de crear un entramado industrial competitivo que pueda permitir a la industria nacional la participación en programas internacionales con un nivel adecuado a la aportación presupuestaria. Una primera lectura del PEIN II permite adivinar el planteamiento excesivamente generalista de las acciones, aunque éstas no sean de alcance general. Así, se abunda en expresiones como nivel adecuado y tecnología necesaria, y bien podemos adivinar que para alcanzar dichos niveles y tecnologías adecuados a que se refiere, el presupuesto podría resultar excesivamente raquítico. También se abunda en situaciones tecnológicas y tendencias más propias de un análisis del estado del arte de la tecnología y que no son correspondidos por las consiguientes acciones que estén en línea con las tendencias, dentro de un contexto general de falta de homogeneidad entre los diferentes sectores identificados. Una característica diferenciadora con el Plan anterior es la globalización presupuestaria, que resta consistencia a las acciones propuestas, dejando rienda suelta a la iniciativa derivada de la demanda del sector industrial, manteniendo las acciones del plan propuesto como directiva o línea de actuación a seguir por los organismos que administran el presupuesto a la hora de adjudicar los incentivos. Entre las razones que se dan sobre la globalización del presupuesto está la de fuerte crecimiento del que impide realizar previsiones a medio plazo, razón altamente preocupante viniendo de un organismo de la Administración que debiera poseer un profundo conocimiento del sector, incluidas las actuaciones industriales y previsiones, y más si es de un periodo de tiempo tal como el que el PEIN II trata. Otro aspecto diferenciador es el de la actuación de la Administración en el desarrollo de las acciones. El criterio de selectividad y concentración de las actuaciones a los planes de empresa o grupos de empresas deberá tratarse con realismo para producir un efecto positivo en el sector y no utilizarlo en actuaciones de salvamento de difícil supervivencia. También mediante este criterio se eliminarán pequeños proyectos, posibles generadores de tecnología y que requieren un relativo esfuerzo en las tareas de seguimiento por parte de la Administración. La falta de concreción de las acciones del Plan hace pensar que en su desarrollo éstas adquieren un mayor nivel de definición, lo que hará necesario una mayor potenciación de los organismos de control y seguimiento de la Administración (CDTI, DGEI). En caso contrario, se correría el peligro de dar cabida a algunos tipos de iniciativas industriales, que lejos de alcanzar un objetivo de desarrollo tecnológico se encaminarían a obtener una incentivación fácil por parte de un estamento poco exigente, lo cual no beneficiaría en absoluto a un sector industrial competitivo como del que se trata. Entre los aspectos positivos del PEIN II, merece la pena destacar la toma de conciencia acerca del déficit profesional en el sector electrónico e informático, aportando una solución de potenciación de cursos de especialización y reconversión que traten de recuperar profesionales de otras áreas de menor demanda. De cualquier forma, y vistos los resultados obtenidos del PEIN I, habrá que preguntarse si el PEIN II puede conseguir dentro de 3 años un sector competitivo para su participación en los programas internacionales. Dada la línea continuista del PEIN II respecto al anterior, la respuesta puede ser sencilla… respuesta que induce a la formulación de una nueva pregunta: ¿es realmente objetivo del PEIN II el desarrollo de una tecnología enteramente nacional? En resumen se puede concluir que las muchas modificaciones y cambios que se han producido en la elaboración del PEIN I, le hacen parecer más el fruto de una improvisación que el producto de un seguimiento y análisis de los resultados del Plan anterior.
30 oct 2015
Artículo BIT
Europa: estamos pero no vamos
53.- EDITORIAL Europa: estamos pero no vamos. En esta circunstancia histórica por la que atraviesa España en la actualidad, nuestro país se ve sometido a tensiones de sentido contradictorio, que dificultan la eficacia de muchas de las bien intencionadas acciones de transformación y racionalización de nuestras estructuras. Por una parte, hay una tensión desagregadota, fruto del proceso de consolidación de las Autonomías, que demanda continuamente la reducción del ámbito de actuación política, económica y social hasta dominios que en muchos casos son bastante inferiores al 1/17 de la dimensión nacional. Es una tendencia hacia la miniaturización. Por otro lado, existe otra tendencia de sentido contrario nacida de nuestra integración en la CEE que nos invita a plantearnos los problemas en un ámbito ocho veces y media superior al de nuestra nación. Es una tendencia hacia el gigantismo, hacia el aumento de la escala. No es extraño, que nuestras administraciones públicas, nuestras empresas y nuestros colectivos profesionales atraviesen por momentos de perplejidad, bajo los efectos de este doble y diabólico proceso de desagregación-agregación. Descartada la posibilidad de un milagro, sólo el esfuerzo y capacidad de organización de todos nos puede evitar un resultado catastrófico en ambos sentidos, curiosamente denominados bajo un sólo epígrafe común: Comunidades. Si bien es verdad que en el sector de las telecomunicaciones se está más a cubierto que en otros respecto a la acción desagregadota de la descentralización estatal, la dimensión internacional de aquél acentúa sensiblemente las necesidades de dedicación al proceso de agregación europeo. Las políticas globales, tanto de servicios como industriales se establecen ya en el ámbito europeo, y esto será irreversible y cada vez más cierto a partir de 1992. La orientación de los fondos supranacionales dedicados a la investigación y el desarrollo en las grandes líneas que han de marcar la evolución tecnológica de las Telecomunicaciones europeas, se establecen en foros igualmente comunitarios. Lo mismo ocurre con las normas y recomendaciones que van ahormando los esquemas tarifarios, las prestaciones de los equipos y las características de los servicios. También provienen de Luxemburgo, Bruselas y Estrasburgo las prioridades aplicables a las acciones promotoras de nuevas parcelas de mercados emergentes, en las que nuestra Comunidad Europea pretende hacerse un hueco al lado de los norteamericanos y japoneses, tal como ocurre en los sectores espacial, de servicios de información electrónica y otros. Pero todo este enorme contingente de prioridades, normas, políticas y orientaciones que nos encontramos a diario en el Diario de la CEE no nacen por generación espontánea, ni siquiera procede todavía de ningún sistema experto. Es la poderosa maquinaria funcionarial de los diversos organismos comunitarios quien posee una mayor capacidad de influencia sobre el proceso. En muchos casos, incluso mayor que los propios representantes políticos de los Estados miembros al más alto nivel. Dicho de otra forma, si un país, una facción política o un grupo de intereses desea influir en alguna de las prioridades emanadas desde el corazón europeo, tiene que estar presente en dicha maquinaria. ¿Cuál es nuestra situación actual por lo que se refiere a esta presencia? Si nos fijamos en el porcentaje de españoles integrados en las plantillas funcionariales de la Comunidad, la situación es todavía muy deficitaria para nuestro país, probablemente debido al escaso tiempo que llevamos “dentro del club”. Si se analiza la asistencia de funcionarios españoles a los distintos foros comunitarios donde se discuten y perfilan las decisiones, parece que el esfuerzo de la Administración Española de las Telecomunicaciones empieza a alcanzar un cierto nivel, pero aún es insuficiente. En lo referente a la participación de las empresas españolas en esos mismos foros, salvo la ya conocida tradición de Telefónica, que durante años ha venido cubriendo el hueco de la propia Administración, son muy pocas las personas que dedican un tiempo razonable a esta tarea. Si, finalmente, miramos a nuestras Embajadas tanto en Europa como fuera de ella, la situación resulta verdaderamente lamentable, pues a estas alturas de nuestro acontecer histórico, todavía se carece de Agregados Científicos y/o Tecnológicos que ayuden a profundizar, agilizar y “desfolklorizar” los instrumentos de cooperación científica, técnica, industrial y comercial de nuestro país. En resumen, “estamos, pero poco” y, muchas veces, con prisa. Desde nuestro punto de vista, y por lo que se refiere exclusivamente al sector de las Telecomunicaciones, se deberían propiciar urgentemente los mecanismos necesarios para que un suficiente número de Ingenieros de Telecomunicación pudieran adquirir la formación complementaria suficiente como para poder integrarse en el entramado funcionarial de los diferentes organismos internacionales, bien en representación de las Administraciones españolas, bien del mundo empresarial o bien a título de meros ciudadanos europeos. Esto siempre será más eficaz que sobrecargar aún más las alforjas repletas de temas urgentes y prioritarios que nuestros escasos funcionarios de Exteriores suelen arrastrar por los pasillos de las grandes sedes internacionales. Una vez más, reclamamos profesionalidad para una tarea sobre la que descansa una buena parte del futuro de nuestro sector. Profesionalidad de nuestra Administración, profesionalidad de nuestras empresas y, naturalmente, profesionalidad de nuestros ingenieros.
30 oct 2015
Artículo BIT
Adiós, Sr. Ministro, bienvenido, Sr. Ministro
54.- EDITORIAL Adiós, Sr. Ministro, bienvenido, Sr. Ministro. Cada vez que se produce un relevo en la máxima jerarquía política de las Comunicaciones, las Juntas Directiva y de Gobierno de la AEIT y del COIT nos planteamos un esquema parecido: tratamos de trascender el plano de la pura cortesía del “hola” y del “adiós”, repasando la lista de cuestiones pendientes, tanto para valorar la actuación del ministro saliente, como para informar al entrante. Pues bien, sucesivos análisis del sector de las Telecomunicaciones nos llevaron a establecer ya en 1981 un cuadro de problemas básicos (véase el número 17 del BIT dedicado al Libro Blanco de las Telecomunicaciones), que venían a sintetizarse en los siguientes puntos: - Ausencia de una ley modernizadora del entramado jurídico de las Telecomunicaciones, y de reglamentos para regular los distintos servicios. - Poca dedicación de la Administración a las Telecomunicaciones, baja tecnificación de la misma y nivel insuficiente de la máxima jerarquía dedicada exclusivamente a la política sectorial. - Ausencia de objetivos públicos para el desarrollo de los servicios existentes y la implantación de otros nuevos, asumidos tras el necesario debate político. - Bajos niveles de penetración de los servicios existentes, lo cual frena la modernización de la economía española. - La comparación internacional, la demanda encubierta, los bajos índices de extensión de los servicios y la capacidad industrial justifican y permiten un ritmo muy superior de la expansión y renovación de las redes existentes. Insistimos, esto quedó escrito en 1981. ¿Dónde estamos en este momento? El Sr. Barón, como buen parlamentario, puso en marcha los primeros intentos de llevar al BOE la LOT, y dejó la carambola casi preparada para que otro parlamentario, el Sr. Caballero se anotase el punto. Algo parecido sucedió con la creación de la Dirección General de Telecomunicaciones, que no es aún la solución definitiva al problema del bajo nivel administrativo y político de este sector. Otra actividad conocida del Sr. Caballero se centró también en el plano legislativo, en el tema de la televisión, con un esquema más que razonable. Aumentó el número de plazas funcionariales destinadas a tecnificar las dependencias del Ministerio, pero sin dotarlas a tiempo del nivel suficiente, y encarriló el tema del añorado satélite español, después de excesivas dudas y retrasos. Como balance resumido, debemos decir que la orientación general de las actuaciones del último ministro coincidía bastante con las líneas fundamentales defendidas por la AEIT y el COIT, pero la profundidad de las acciones era más bien limitada, y el ritmo excesivamente lento, comparado con la evolución natural del sector. En cuanto al talante, siempre nos pareció demasiado tímido, retraído y poco agresivo para ser ministro. Tal vez por eso no abordó el necesario debate político sobre el futuro de las Telecomunicaciones españolas; no marcó con nitidez los objetivos globales del sector; ni globalizó sus aspectos económicos, tecnológicos e industriales en una auténtica política estratégica. Es decir, no, “mandó” lo suficiente en las Telecomunicaciones, por lo cual se lleva a casa una buena parte de responsabilidad en el deterioro actual del servicio telefónico. Sr. Barrionuevo: nos consta que Vd. está muy acostumbrado a tomar decisiones. Bienvenido.
30 oct 2015
Artículo BIT
Calidad del servicio telefónico
55.- EDITORIAL Calidad del servicio telefónico. Desde hace ya varios meses estamos asistiendo a un auténtico aluvión de críticas, reflejadas en los medios de comunicación, sobre la calidad del servicio telefónico y por ende del funcionamiento de Telefónica. Desde aquí, intentamos dar una visión del tema, desde la perspectiva que da nuestra profesión, que no lo olvidemos, nació al tiempo que se desarrollaban las comunicaciones telefónicas. El concepto de calidad, que en principio parece tan sencillo, esconde una interrelación de variables y parámetros muy compleja, cuya comprensión se escapa de una visión unilateral, ya sea meramente técnica, económica o social. Para aproximarnos a dicho problema, utilizaremos un modelo que se emplea en Telefónica, en el que se definen unos índices que engloban los diferentes conceptos, a saber: Calidad del Servicio, Atención a la Demanda y Atención al Cliente. La Calidad del Servicio mediría por un lado la mayor o menor bondad técnica de la Red para soportar los servicios de telecomunicaciones, fundamentalmente el telefónico y por otro la eficacia de Telefónica en mantener la red y los terminales. La Atención de la Demanda, mide el grado de cumplimiento de las demandas de los usuarios, tanto en el servicio telefónico como en otros (lista de espera). La Atención al Cliente mide el grado de satisfacción de los clientes con el trato en los servicios de Telefónica (reclamaciones por cobro indebido, atención en las oficinas comerciales, etc…). La Calidad del Servicio, depende de los medios técnicos, Centrales de Conmutación de los diferentes niveles jerárquicos, medios de transmisión, que enlazan estas centrales y red del abonado. Estos medios se han quedado pequeños, ante el volumen de tráfico que aspira a circular por ellos. También ha incidido en la calidad, una disminución del nivel de mantenimiento de los mismos, como consecuencia de diferentes cuestiones que afectan al personal de Telefónica y que analizaremos posteriormente. Otro tema que incide aquí es el acelerado cambio tecnológico en el que está inmersa Telefónica y que exige una introducción en la Red de nuevos equipos y sistemas, que deben ser compatibles con los anteriores y que eleva fuertemente la complejidad de su operación y mantenimiento. La Atención a la Demanda, depende también de muchas variables. Entre ellas están: existencia de líneas vacantes en las centrales, disponibilidad de red exterior, buen funcionamiento del complejo sistema de gestión que se produce desde que el usuario solicita un teléfono o un circuito, hasta que se lo instalan en su domicilio o empresa. En este tema, aunque se ha aumentado fuertemente el número de teléfonos y circuitos instalados, se producen unos periodos de espera medios del orden de 6 meses para un teléfono, lo que en estos tiempos que corren, no es presentable. En cuanto al resto de servicios de telecomunicaciones, la situación no es mejor, con el agravante de la fuerte repercusión económica que en este caso tienen las demoras existentes, que afectan al funcionamiento de las empresas. La clave de la actual situación en este tema ha sido la incorrecta previsión de la demanda efectuada por Telefónica. Recordamos que el propio COIT ha dicho y publicado desde hace años en esta revista, que España mantenía un bajísimo nivel de inversiones en telecomunicaciones, sobre todo si se compara con los países europeos de la CEE. La Atención al Usuario depende, como no, por un lado del trato de los empleados de Telefónica a los mismos y por otro de la bondad de los procedimientos de gestión. En este tema, justo es reconocerlo, se ha producido una mejora respecto a situaciones anteriores, con la creación de las Oficinas de usuarios, introducción de servicios como el de facturación detallada, etc. además de un cambio general en las relaciones con los clientes. La propia Telefónica ha reconocido, por boca de su Presidente, que la Calidad de Servicio actual es mala y que se ha degradado fuertemente en los últimos años. Se han aducido diferentes razones que han motivado la situación actual. A nuestro entender, las principales han sido: - Una visión excesivamente economicista de la gestión de la empresa, que ha primado fuertemente los aspectos financieros (saneamiento financiero, salida a las bolsas extranjeras…) sobre cualquier otro. - Consecuencia de lo anterior, una política de limitación de las inversiones y contención de los gastos, que ha producido, especialmente en el tema personal, fuertes distorsiones. - La política de “crecimiento cero” de plantilla, mantenida desde el año 83 al 86, ha producido una fuerte disminución del personal operativo, resistiéndose el nivel de conservación de la Red. - Una disminución del nivel de motivación de los empleados, como consecuencia de un clima laboral deteriorado, producto fundamentalmente, de los fracasos en los intentos de solucionar el problema de la Caja de Pensiones (ITP). - Una totalmente incorrecta previsión de la demanda, que no ha sabido prever el gran incremento de la misma producido desde el año 85 hasta el actual. Esta previsión es fundamental, pues los procesos a poner en marcha para atenderla son muy complejos y requieren tiempo. - Una cierta confusión organizativa, producto de los continuos cambios en la organización de Telefónica. Estos cambios, no necesariamente negativos, sin embargo han chocado con la “Cultura Telefónica”, produciendo desconcierto en el personal. No está exenta de responsabilidades en esta situación la Administración, que ha hecho una dejación total de su responsabilidad de que el servicio público, se de en buenas condiciones. ¿Significa todo esto que el equipo de gestión de Telefónica lo ha hecho todo mal? Entendemos que no. Su gestión tiene, como todo en la vida, luces y sombras. Decisiones como el aumento de la proyección internacional de Telefónica, la colaboración en el proceso de reconversión de los suministradores, la captación de capital extranjero, son a nuestro entender correctas. No obstante se ha echado en falta una mayor atención al aspecto de servicio público y un mayor peso de las opiniones de los técnicos en la política de Telefónica. ¿Se concebiría que en el Banco de España la mayoría de los directivos fueran Ingenieros de Telecomunicación?
30 oct 2015
Artículo BIT
Retevisión: un nuevo paso
56.- EDITORIAL RETEVISIÓN: Un nuevo paso. Siempre ha sido criterio de COIT manifestarse antelas iniciativas y realizaciones de nuestro ámbito profesional, mostrando el papel que nos corresponde al acompañarlas en su desarrollo y criticarlas con la intención de que en ellas manden la racionalidad, la economía y los diferentes aspectos del “humanismo tecnológico”. Hoy nos enfrentamos a la gestación de Retevisión, y no podríamos por menos expresar nuestro criterio: En tiempos por fortuna pasados, nadie se preocupó por un servicio nacional de distribución, contribución y difusión de señales radiofónicas y televisivas “para todos”. Porque apenas se consentía la existencia de cadenas de radio no sospechosas y porque se entendía la televisión como un instrumento al exclusivo servicio del sistema. Más recientemente, al iniciarse la organización del estado de las autonomías, surgió una Ley de Terceros Canales que, mirando única y parcialmente a la televisión, planteaba el desarrollo de redes “autonómicas” apoyadas en la infraestructura de RTVE, que no se llegaron a materializar por dos razones principales: - Los entes encargados de gestionar servicios de radio y televisión autonómicos hicieron ver a sus correspondientes administraciones cómo, si creaban la infraestructura propia, ésta podría utilizarse para servicios integrados de la comunidad. - Además, el celo y las exigencias de RTVE dieron pie a que los parlamentos autonómicos –acogiéndose a la letra de sus estatutos de autonomía- autorizasen gastos para duplicar infraestructuras de redes bajo el pretexto de que así se evitaban indefiniciones de titularidad y patrimonio. En los últimos tiempos, tras los cambios de dirección general y dirección técnica de RTVE, cambiaron las voluntades y se inició una línea de colaboración no exenta de sospechas por parte de los periféricos (confirmadas en más de una ocasión futbolística), mientras Telefónica anunciaba la creación de una red de transporte de vídeo claramente dirigida a enlazar TV3, ETB, TVG, TVV y TVA… A lo largo de estas vicisitudes, los promotores de la televisión privada, preocupados por su futuro negocio, han venido exigiendo la creación de un ente transportador y difusor de señales en las que las empresas tuviesen parte de capital y capacidad decisiva. Apoyándolos, se manifestaron las tres televisiones autonómicas “históricas” y, en el entretanto, apareció la Ley de la Televisión Privada. Ante la nueva situación, Retevisión, como servicio “para todos”, es una necesidad indiscutible, sobre la que tenemos varias propuestas que hacer: Debe ser una entidad pública que se entronque en el Ministerio de Transportes, Turismo y Comunicaciones. Gestionará todo tipo de señales, de radio o televisión, que se generen en cualquier centro de producción –fijo o móvil- y hayan de llegar a otro centro productor o a los receptores finales. Por tanto, en la red que administre se han de apoyar tanto las televisiones privadas como las públicas, evitando que los nuevos “terceros canales” creen infraestructuras propias y que RTVE pueda actuar como “juez y parte” en la gestión de enlaces. El nuevo ente debe extender su gestión al ámbito de los enlaces y la difusión vía satélite, actuando, de momento, entre los radiodifusores y Telefónica, mientras trabaja por la consecución del satélite español y procura con su lanzamiento los máximos retornos industriales. Retevisión asumirá la realidad –ya de hecho- de la difusión por cable y la no lejana realidad de la televisión de alta definición. Su objetivo final, definido en criterios de planificación teórica y económica, ha de ser la unicidad de la red, teniendo en cuenta que el futuro de ésta sea la banda ancha, y que su modernización no sufra demoras a pesar de las circunstancias que rodean al caso. Aguardando el nuevo paso que Retevisión viene a significar en el camino de la racionalización de nuestras telecomunicaciones, sólo nos quedan por hacer dos apuntes finales: - Uno, de índole económica: Es un acierto la paralización del desarrollo de la red de vídeo que estaba montando Telefónica. - Otro, de tipo humano, sobre el colectivo profesional que hoy cumple funciones en RTVE y mañana las cumpliría en Retevisión: Son mujeres y hombres con una cualificación específica y alta, capaces y necesarios para que el proyecto sea realidad sin atrancos. Es de esperar que se les respete en todos los aspectos, humanos y profesionales. Que no sean “víctimas” de un trauma organizativo. Solidariamente, eso esperamos.
30 oct 2015
Artículo BIT
Fusiones en la industria electrónica
57.- EDITORIAL Fusiones en la industria electrónica. En los últimos años hemos asistido a procesos muy importantes en la economía española, que han sido profundamente tratados en sus aspectos económicos y menos profundamente desde el punto de vista profesional, nos referimos a reestructuraciones de sectores como el siderúrgico y el naval, o al proceso de fusión bancaria. Durante el último año, se trabajó intensamente y solamente conocido por personas o personajes muy próximos a los centros de decisión, en el análisis de lo que debería ser el sector industrial de la electrónica, a la vista de los retos que plantea el mercado único. De este proceso estaban excluidas las empresas multinacionales, y se puede decir que no precisamente como castigo, sino porque en su gran mayoría habían tenido todas las opciones posibles para su reorganización o dimensionamiento, contando con ayudas económicas importantes, y lo que es más discutible con la posibilidad de negociar parcelas de mercado. Como en todo proceso, es seguro que hay excepciones, y en este editorial no se plantea analizar el porqué. Una vez establecidos los principios del reparto de una tarta que se supone suculenta e importante, el objetivo parece ser “racionalizar” el esfuerzo industrial, con capital mayoritariamente nacional, y no se sabe bien si es para evitar una lucha fraticida, para consolidar una industria nacional potente, o para preparar la novia. Seamos positivos y pensemos que es para consolidar una industria nacional, si bien es oportuno recordar que el mayor comprador de telecomunicaciones, está presente en el juego de la reordenación, pero no parece que ponga mercado a disposición. El sistema diseñado, prevé crear tres, algunos dicen cuatro, grupos, en los que actuarían de motor inicial, una empresa privada caracterizada por su tamaño y la parte especializada de la empresa pública característica del sector. A esta cabecera o núcleo, se asociarían aquellas empresas (normalmente pequeña o mediana) que aportarán una especialización identificada con el área en cuestión. Antes de analizar el planteamiento, es oportuno aclarar, que en toda esta actuación, se ha previsto que sean criterios empresariales los que justifiquen todos los movimientos previstos, aportando como ideas, la combinación de los diferentes intereses, bien sea mediante la compra de activos, el intercambio de participación, la creación de nuevas empresas participadas o incluso la potencia de algún “holding”, y ofreciéndose en cierto modo el Ministerio de Industria como garante de la operación. El primer movimiento práctico de esta estrategia se hace público, con el acuerdo firmado a finales de Diciembre pasado entre los presidentes de Telefónica y el INI, por el que se inicia la estructuración de dos grupos: el de comunicaciones y el de software. Nada o poco se puede decir a actuaciones que están planteadas con criterios como los expuestos, como no sea el hecho de que ninguna de las partes que intervienen en el proceso, se encuentran respuestas sobre el proyecto empresarial que las mueve. ¿Es posible que no exista? ¿Se tratará con esta propuesta, de acallar voces que están pidiendo un mayor protagonismo en el mercado? ¿Se trata de sanear, aprovechando capacidades de gestión privadas, el sector público relacionado con esta industria? El discurso que se hace en relación con el establecimiento de una industria española que equilibre peso de las multinacionales en el mercado interno y que a su vez sea capaz de competir en mercados extranjeros, como otra multinacional, puede hasta carecer de sentido, cuando básicamente se oriente hacia mercados cautivos de Defensa, que además de exigir una madurez industrial suficiente para que sea aceptada por el usuario final (los diferentes Ejércitos) tiene una gran incertidumbre en los presupuestos. En relación con el software, ¿cuáles son los criterios? Ni siquiera este sector es homologable en sus características a los puramente industriales, y hasta es bastante probable que en este caso, haya más perdedores que ganadores, por la gran atomización de las empresas que basan su existencia en una alta especialización. Simultáneamente y pensamos que provocado por este movimiento, se iniciaron otros, que no parecen ser especulativos, pero cuya trascendencia puede ser mayor a la esperada porque pueden significar vías de cambio en los objetivos básicos de nuestras industrias, que podrán estar plenamente justificados si no se encuentra forma mejor de organizar el sector. Por mucho que se quiera vender la racionalidad de este proceso, que sin duda ninguna la tiene, existen muchas preguntas en el aire, a las que no se puede responder sólo desde la política. Es necesario ofrecer respuestas concretas, que incluso puedan facilitar la definición de las alternativas empresariales, no sea que las reacciones resulten ser negativas y el efecto justamente el contrario al esperado. En otros países de nuestro entorno, y muy recientemente, situaciones parecidas generan un gran debate. ¿Por qué no sucede esto en España? Este país está tan acostumbrado a que le presenten los hechos, que se autolimita el derecho de preguntar, hasta el punto de que se señale al que pregunta, este es uno de esos casos, en que además le asiste el derecho del contribuyente.
30 oct 2015