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Artículo BIT
El Plan Electrónico Nacional, cuanto antes
26.- EDITORIAL El Plan Electrónico Nacional, cuanto antes. A mediados de Enero de 1982, una comisión formada por once expertos inicia la redacción del Plan Electrónico Nacional. Su composición genera no pocas críticas, entre ellas las de nuestro colectivo a través de nuestras Juntas Directiva y de Gobierno en estas mismas páginas. Tras poco más de un año de trabajos y negociaciones, dicha comisión finaliza, el pasado 3 de Febrero, un documento definitivo que, no nos duelen prendas, es, sin lugar a dudas, el más importante que en nuestro sector se haya desarrollado hasta el momento. Del producto final, titulado “Plan Nacional de la Industria Electrónica”, dividido en seis capítulos, se debe destacar un aspecto especial. Sin entrar en valoraciones cualitativas de su contenido, para lo que habrá tiempo en el futuro, su estructuración constituye un importante punto de inflexión respecto de experiencias anteriores. En efecto, por primera vez un comité de expertos da forma a “recomendaciones” concretas para solucionar problemas igualmente concretos, desmenuza pacientemente la amplia problemática que en electrónica, telecomunicaciones e informática afecta a un país como el nuestro y, en definitiva, ofrece, para cada situación, soluciones “a medida”. Sin embargo, desde que se inició la andadura de la comisión redactora hasta el día en que finalizó su trabajo, han sucedido muchas e importantes cosas en nuestro país. Entre ellas, que el partido en el Gobierno que encargó el estudio en cuestión, ya no es el mismo que ahora lo recibe. Ello implicará, lógicamente, una revisión de su contenido que lo adecue, en caso de que sea necesario, a las nuevas circunstancias. A partir de aquí se inician todo tipo de especulaciones. Desde quienes piensan que todo será trastocado a simples acciones enmarcadas en la política sectorial a llevar a cabo por la Dirección General de Electrónica e Informática, hasta quienes afirman que la intención del Ministerio de Industria es lograr que el borrador definitivo esté, sin más demoras, entregado al Parlamento antes del próximo mes de Junio. Lo que si es cierto es que la comisión redactora aún no ha hecho entrega oficial del documento al Ministro de Industria y Energía, y esto es, al menos, preocupante. Nuestra postura en este asunto es rotunda. Creemos que el borrador actualmente redactado constituye un punto de partida suficientemente importante como para que el Gobierno dé forma, sin grandes dificultades, a lo que será el Plan Electrónico Nacional, en su versión definitiva. El esfuerzo y la colaboración habida desde amplios sectores de nuestra sociedad, muchas veces aunando criterios enfrentados, debe verse ratificado por la voluntad política del Gobierno que, al menos en declaraciones programáticas, siempre ha dejado constancia de su propósito de hacer del sector electrónico, y en la línea de actuación de los países desarrollados de nuestro entorno, uno de los objetivos industriales de una política progresista y moderna.
30 oct 2015
Artículo BIT
Del nuevo tono a la sinfonía inacabada
27.- EDITORIAL Del nuevo tono a la sinfonía inacabada. Por fin, parecen empezar a correr tiempos mejores para las telecomunicaciones en nuestro país. Existe interés en conducir los problemas, ya viejos, a soluciones definitivas, de forma que nunca la sociedad ha recibido tal cantidad de información, ni tantas declaraciones de intención como en los últimos meses. El discurso de Enrique Barón, Ministro de Transportes, Turismo y Comunicaciones, ante la Junta Nacional de Telecomunicaciones vino a ser el disparo inicial. En los actos celebrados el 17 de Mayo en el Palacio de Comunicaciones de Madrid y el 19 en nuestro salón de actos, los responsables del Gobierno para estos asuntos pudieron comprobar cómo se llenaban unos auditorios con público ávido de conocer las nuevas ideas que el cambio político pueda suponer a nuestro sector. En su intervención en nuestra casa, Enrique Barón resumió lo que podríamos considerar primeras pinceladas de una obra que su equipo no ha hecho sino comenzar y que todos deseamos importante. Hizo suyos todos los argumentos que durante largo tiempo nuestro colectivo vino defendiendo estérilmente ante otros protagonistas. El contenido de su intervención satisfacía, en definitiva, a quienes, incansablemente, han solicitado un mayor peso específico para nuestras telecomunicaciones, a la cabeza de los que creemos encontrarnos. Podemos afirmar que estuvimos ante el Ministro de Comunicaciones, que, además, entiende del turismo y del transporte. Esto, aunque no es suficiente, es, en sí, una importante novedad. Sin embargo, que esto solamente no debe satisfacer la línea iniciada hace años po nuestras Juntas Directivas, es algo que nos parece evidente, pero de lo que queremos dejar constancia y sobre lo que más adelante volveremos. Sentado esto, es preciso constatar que algo ha cambiado en todo este contexto, que el marco no es el mismo, que son otros los personajes. No parece ahora necesario, al menos por el momento, convencer a nadie sobre el papel que le corresponde jugar como administrador de un bien común y del que no se puede hacer dejación, como sucedía hasta hace bien poco. Por fin nuestro colectivo y nuestra Administración Central parecen sintonizar, al menos sobre el papel, unos mismos objetivos. A pesar de ello, y en lo que a telecomunicaciones se refiere, no basta con el “nuevo tono”, a no ser que este sea el inicio de logros concretos. Es necesario activar la ley de las comunicaciones, alcanzar cuanto antes una adecuada ordenación jurídica del sector, llegar lo antes posible a la red civil de servicios integrados y hacer realidad un largo etcétera de reivindicaciones tantas veces planteadas y nunca resueltas. Será entonces cuando se demuestre que los planteamientos genéricos actuales, las buenas intenciones del momento, pasan a ser realidad y no sólo música celestial destinada a alegrar temporalmente la cara de afligidos espectadores deseosos de buena música. En definitiva, Sr. Ministro, y utilizando estas metáforas musicales tan queridas por los responsables de nuestro sector, no queremos quedarnos en el simple tono, que, al fin y al cabo, no es sino una única frecuencia, por muy bien que éste suene, sino lograr, entre todos, esa sinfonía por las que los que vivimos las telecomunicaciones día a día, venimos luchando desde hace tiempo. En esto, como en tantas otras cosas, puede contar con nuestra desinteresada ayuda.
30 oct 2015
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Corporativismo
28.- EDITORIAL Corporativismo. No es precisamente, en contra de lo que algunos piensan, el corporativismo “uno de los males de nuestro sector”. Existen, creemos, otros muchos y más importantes problemas que urgen solución. Es más, quizá sea el nuestro uno de los sectores menos corporativistas de la actualidad. Piénsese, si no, en los importantes conflictos profesionales puestos de manifiesto con la ley de incompatibilidades, la cuestión médica o la huelga a altos cargos de la Administración, entre otros. Nadie discute que las sociedades modernas han transformado su estratificación social hacia una mayor complejidad. Consecuencia de ello, el tejido de la sociedad civil, que no permanece estática, está sujeto a multitud de intereses y tensiones, a las que nuestra profesión no permanece, lógicamente, ajena. Esta lucha de intereses/privilegios está sujeta a la interpretación individual y colectiva, de forma que lo que unos pueden entender como corporativismo feroz, otros pueden interpretarlo como defensa legítima de derechos. En cualquier caso, el listón lo pone cada uno donde considera oportuno, en función de su concepción de la sociedad en la que vive, y es difícil clarificar definitivamente lo que se debe entender por corporativismo y evitar así que este vocablo se convierta en arma arrojadiza, que muchos utilizan, cuando les interesa, tan pronto como un colectivo profesional se manifiesta públicamente. Quizá sea necesario, en consecuencia, fijarse en el conjunto de actuaciones de una profesión como colectivo para situarla adecuadamente en el entorno social. En este sentido, nuestra inequívoca postura en contra de movimientos de fines dudosos y que, con toda la carga de subjetividad que este juicio encierra, si entendemos corporativistas, como la Unión Profesional, la Federación de Colegios Profesionales de Ingenieros, ola todavía reciente huelga de altos cargos de la Administración, hacen innecesarios comentarios clarificadores. Queremos resaltar, sin embargo, nuestra firme opinión de que los Colegios Profesionales no podemos, en forma alguna, constituirnos en grupos de presión políticos al margen de los mecanismos reconocidos en nuestra Constitución, ni sustituir a organizaciones sindicales en la defensa de intereses laborales colectivos, sean de trabajadores de cuello blanco, o no. Sin embargo, y sentado lo anterior, a veces se nos ha tachado de corporativistas por el excesivo celo demostrado en defender el área profesional para la que nuestro colectivo se considera especialmente preparado. Los que así colocan el listón de medir, deben entender, fundamentalmente, dos cosas. En primer lugar no consideramos ningún privilegio, aunque volvamos a reconocer la subjetividad de este juicio, la defensa, como colectivo profesional, del entorno en el que nos compete desarrollar nuestros conocimientos, sino, al contrario, un derecho que de hecho ejerce cada profesión, para lograr así un mejor funcionamiento de nuestra sociedad. Ello no es, en absoluto, incompatible, y así lo hemos anunciado repetidamente, con una presencia en nuestro sector de todo profesional capacitado para el desarrollo de una tarea, siempre que efectivamente lo esté. En segundo lugar, las características del trabajo a desarrollar por nuestros profesionales, junto con la bisoñez histórica de nuestra profesión ante otras, confieren a nuestra actuación características especiales. En efecto, nuestra sociedad en general y nuestra Administración en concreto han sido históricamente insensibles a la necesidad de incluir electrónica, telecomunicaciones e informática entre sus necesidades básicas. Ha sido en este terreno concreto en el que nuestras Juntas Directivas, en nombre de nuestro colectivo, han puesto especial énfasis y han recordado sistemáticamente que existe un potencial humano de ingenieros de telecomunicación con el que se cuenta poco y una Administración destecnificada, al menos en este área, que no lo aprovecha. Esto, además, se agrava cuando a la hora de hacer llegar esta idea a nuestra Administración, tropezamos con profesiones que, sin haberse preparado especialmente en este terreno, y dado que tanto electrónica, como telecomunicaciones, o informática están casi en todas partes, defienden desesperadamente áreas profesionales que no son específicamente suyas. Que, por ejemplo, no se reconozca que la electrónica presente en un avión justifica sobradamente la presencia de especialistas, como de hecho está sucediendo, es tan corporativista como lo sería el que nosotros como ingenieros de telecomunicación pretendiéramos excluir a arquitectos a la hora de edificar y equipar una nueva central telefónica. No es, en definitiva, corporativista que cada colectivo defienda el área para la que esté técnicamente preparado. En cualquier caso, quede claro que éste es nuestro “corporativismo”, al que no renunciaremos, sino cuando nuestro país esté, en lo que a cualificación técnica de sus profesionales se refiere, a la altura de los países de su entorno.
30 oct 2015
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A todos nuestro agradecimiento
29.- EDITORIAL A todos nuestro agradecimiento. El año 1983 está siendo en España un periodo importante para el futuro industrial y de los servicios dentro del amplio campo de las telecomunicaciones, la electrónica y la informática. Ha coincidido la celebración del Año Mundial de las Comunicaciones, instrumento divulgativo de nuestras técnicas y sus aplicaciones, con el arranque a nivel nacional de las primeras decisiones del gobierno socialista en las áreas que nos son competentes. La reelaboración del Plan Electrónico Nacional, los nombramientos de los responsables del sector público, en las empresas industriales y de servicios, el anuncio de la Ley de Ordenación de las Comunicaciones, etc., proclaman un futuro lleno de interés para los que seguimos con vocación lo que pasa en materia de telecomunicaciones dentro de nuestras fronteras. La AEIT y el COIT han continuado durante este periodo con un quehacer diario, continuación de sus tareas anteriores, intentando a la vez elevar el tono de sus aportaciones al esfuerzo que algunos realizan para el progreso de este sector. Con esta finalidad, se aceptó en su momento la organización de las XXII Jornadas Europeas de Telecomunicación que han tenido lugar en Madrid el pasado mes de Septiembre. Una crónica de lo allí ocurrido, con los datos estadísticos y las aportaciones realizadas se hará en otras páginas distintas a ésta, dentro del propio Bit. Sí es preciso, sin embargo, editorializar un breve resumen que transmita a nuestros lectores el estado de opinión de los organizadores. Sin falsas humildades, sin ánimos de colocarnos en un pedestal, creemos que las jornadas han sido un éxito para los profesionales españoles que han estado en contacto con nuestros colegas europeos durante una semana de trabajo y ocio, en la labor absorbente de imaginar y construir un futuro ya inmediato. Ha sido también una gran satisfacción para los organizadores recoger las felicitaciones de otros países que han sabido apreciar el esfuerzo realizado por un país nuevo en la FITCE en la ejecución de dichas jornadas. Pero junto a los aspectos positivos que de modo global dominan nuestro balance, pensamos que hay algunos otros que ensombrecen seriamente el panorama con el que nos enfrentamos. De manera breve creemos importante destacar dos, sin que su orden indique ninguna prioridad. Dentro del conjunto de ingenieros que trabajan en las áreas específicas de telecomunicación, el colectivo de compañeros que a lo largo de las diferentes y frecuentes informaciones proporcionadas sobre las jornadas, han mostrado su interés por formar parte de FITCE, no ha alcanzado el número que esperábamos. Es una tarea pendiente la de construir una sección FITCE en España que represente dignamente nuestros problemas y soluciones en el ámbito de la Comunidad Europea. Una prueba importante de la falta de sensibilidad por parte de ese colectivo hacia los aspectos técnicos de dichas jornadas ha sido el tener que declarar desierto el concurso para un trabajo periodístico que, a publicar en el Bit, fue convocado por estas juntas directivas el pasado mes de Mayo. Sería deseable recuperar por los ingenieros que trabajan en estos campos concretos de las telecomunicaciones, la idea de una comisión específica en estos sus locales para el estudio de sus problemáticas concretas. Tal vez la sección FITCE pueda ser su marco. En otro plano, la administración responsable del sector ha participado de manera activa en las jornadas, teniendo únicamente que destacar como negativa, la ausencia del Ministro de Transportes, Turismo y Comunicaciones en sus niveles más representativos, en la sesión de inauguración. Esto dio lugar a que las primeras impresiones recibidas por el auditorio sobre las posiciones gubernamentales, de cara al sector, no estuviesen a la altura de lo esperado. Es aún más lamentable el que se desaprovechase un foro como aquél con excusas de última hora y en función, nos tememos, de motivos domésticos que no se justifican en modo alguno. En resumen, un avance en nuestros objetivos de conformar una opinión favorable a las telecomunicaciones en nuestro país y un esfuerzo que se ha podido realizar gracias a la colaboración de ingenieros, empresarios, autoridades locales y nacionales. A todos nuestro agradecimiento.
30 oct 2015
Artículo BIT
Electrónica para la paz
30.- EDITORIAL Electrónica para la paz. Hoy el editorial de nuestra revista se sale de los cauces clásicos de sus temarios, para adentrarse, por una vez, en senderos bien distintos. Lo hacemos con el convencimiento de que la ocasión lo merece. El reto afrontado por el comité de redacción del Bit al encarar el tema de este número monográfico ha colocado a las juntas directivas y de gobierno ante el agradable compromiso de hacer una declaración en el crucial tema de la paz. Este editorial es la respuesta utópica, pero necesaria al problema planteado. Quienes empleamos el tiempo para el engrandecimiento de una potente industria electrónica, en el marco de unos servicios amplios y modernos, que soliciten investigaciones y desarrollos en las universidades y en las empresas, queremos creer en: - Una electrónica al servicio de las comunicaciones entre los hombres, que rompan las barreras geográficas, del tiempo, de la condición social. - Una electrónica que se utilice para ayudar a los habitantes del planeta en su lucha diaria y tenaz con la naturaleza. Unos equipos que empleen su inteligencia para prevenir desastres naturales, así como para evitar la destrucción de nuestro entorno. - Una electrónica que sirva para que en los hospitales, el hombre se beneficie de la capacidad de contrastar sus propios conocimientos y corregir las deficiencias que en nuestra maquinaria produce el paso del tiempo y las pequeñas catástrofes cotidianas. - Una electrónica que ayude al hombre en su proceso productivo haciendo más fáciles aquellas tareas de moldear los productos naturales a nuestro alcance, permitiendo su uso y disfrute. Unas máquinas que amplíen el ocio y permitan que las enormes capacidades de inteligencia creadas por los ordenadores actuales se utilicen para la explotación, en beneficio de la mayoría, de los limitados recursos de nuestro planeta. - Una electrónica que ayude en las escuelas y centros universitarios a que el conocimiento del hombre, con una historia acumulada de siglos, sea comprensible y asequible a todo aquel que quiera profundizar en lo conocido para borrar lo ignoto. - En fin, una electrónica que se ponga al servicio de los transportes, mejorando y reduciendo sus riesgos, limitando incomodidades y eliminando barreras entre pueblos y regiones. Frente a este panorama los “agoreros de turno” se limitan a declarar solemnemente que solamente se podrán dar todas las solicitudes anteriores si al frente de ellas se coloca “la locomotora” de la industria de la guerra, en la que hoy la electrónica también tiene una parte destacada. Los que hemos solicitado siempre la existencia de un sector electrónico-informático poderoso, hoy tenemos la fuera moral de negar que esa “locomotora” sea inevitable. Queremos declarar que más bien su existencia corresponde a una necesidad de intereses minoritarios instalados en los centros de decisión, que hay razones objetivas del desarrollo de las fuerzas productivas. Con esta idea, reclamamos formas nuevas de hacer que nuestros conocimientos se desarrollen y sean útiles, y por lo tanto anteponemos nuestra condición de ciudadanos de un planeta que se siente amenazado por la guerra a la de técnicos que se benefician de la utilización intensiva, pero equívoca, de sus conocimientos. Acertar con una bomba capaz de destruir el planeta como si de un dardo casero se tratase, tener capacidad de violar la intimidad personal, entender el espacio como una zona para el combate, destruir el medio ambiente con la utilización de radiaciones incontroladas, y un largo sin fin de “conquistas tecnológicas” no son sino una muestra de por dónde no hay que avanzar. Utilizando los conocimientos que poseemos con el fin de que exista un futuro mejor evitaremos que algún “loco”, algún día, desde algún refugio bien protegido, nos enseñe cuánto poder de destrucción ha sido capaz de desarrollar el hombre. Hagamos verdad la frase de que “sólo los locos pueden amar la guerra” quitándoles de las manos los instrumentos con los que firman ardientes declaraciones de amor contra la especie humana.
30 oct 2015
Artículo BIT
Nuevo Presidente del Instituto de la Ingeniería de España
31.- EDITORIAL Nuevo Presidente del Instituto de la Ingeniería de España. Se acaban de celebrar elecciones a la presidencia del Instituto de la Ingeniería de España, tras terminar el mandato del anterior Presidente, el ingeniero del ICAI, don Augusto López Zuriaga. Un nuevo Presidente, el ingeniero naval don Manuel García Gil de Bernabé, ha obtenido la confianza de 40 de los 73 componentes del Consejo de Representantes del Instituto, y deberá, por tanto, coordinar durante los próximos cuatro años las actividades de esta Federación en la que estamos encuadradas las nueve Asociaciones de Ingenieros Superiores del país. Es un buen momento, por tanto, para revisar la trayectoria del Instituto durante los últimos e importantísimos años, y tratar de reflexionar sobre los temas más importantes de nuestra casa, con vistas al futuro. En términos generales, el análisis retrospectivo arroja un resultado claramente negativo, incluso podría decirse que catastrófico, pues el Instituto no ha sido capaz de hacer que la voz de la ingeniería española estuviera presente en los innumerables momentos decisivos que la transición y modernización que la sociedad española ha vivido y sigue viviendo. Siendo los ingenieros depositarios de una amplia gama de conocimientos, adquiridos fundamentalmente gracias a haber disfrutado de la oportunidad de pasar por unos centros universitarios, que a pocos españoles les fue dada, sobre todo en el pasado, su aportación a la orientación y resolución de los principales problemas económicos, técnicos y sociales no solamente es útil para la sociedad, sino que constituye un inolvidable deber, siendo precisamente el Instituto el mejor cauce del que dispone la ingeniería española para tratar de pagar la deuda social anteriormente indicada. Desde las vergonzantes dudas y rechazo final con que en la tarde del 23 de Febrero de 1981 se acogió la propuesta de nuestro Presidente y Decano de enviar en aquellos cruciales momentos un telegrama de adhesión a la Jefatura del Estado y a la Constitución, hasta la generalizada atonía institucional, que ha mantenido apagada la voz del Instituto ante problemas tan importantes como la reconversión industrial y reindustrialización del país, por citar sólo un ejemplo, pasando por la falta de una acción decidida en cuanto a la reorientación de ese gran fracaso de la ingeniería española, que es la previsión común, no se encuentra prácticamente ningún motivo para estar satisfechos del comportamiento de nuestro Instituto durante estos últimos años. Por esa razón nuestra Asociación, ante el pasado proceso electoral, mostró su apoyo a la persona que nos parecía más indicada para tratar de recuperar el tono y el pulso del Instituto. Esta persona es Ramón Boixadós, Presidente de la Federación de Asociaciones Nacionales de Ingenieros Industriales, que, por su amplio conocimiento de la vida del Instituto, y por sus características personales y profesionales, podría haber sido sin duda un eficaz coordinador de los esfuerzos de cuantos pretendemos fortalecer el Instituto. Naturalmente, quienes venimos defendiendo y practicando las reglas de juego democráticas en el Instituto desde 1973, defendemos ahora el resultado de las recientes elecciones, y ofrecemos nuestro apoyo al nuevo Presidente, encaminándolo incondicionalmente a la superación de este peligroso bache en que ha estado sumida la actuación del Instituto, y que desearíamos concretar a la mayor brevedad posible en acciones orientadas a culminar el proceso de reorganización territorial del Instituto, de acuerdo con la estructura autonómica; a la definitiva clarificación de las relaciones Instituto-AMIC, reestructurando en la medida de lo posible la hasta ahora disgregadora e insolidaria política seguida por esa Asociación, absolutamente contraria al espíritu de prevención común que debería mantenerse en el colectivo de la ingeniería; la creación de cauces internos suficientemente ágiles como para captar la participación de los propios compañeros en tareas que tiendan a hacer presentes nuestros criterios en el proceso de cambio social, económico y técnico que se está operando en España. En definitiva, nos gustaría poder trasplantar a la actividad del Instituto una buena parte de las ilusiones que hemos venido poniendo en juego dentro de nuestra Asociación durante estos últimos años. Sr. Presidente del Instituto de la Ingeniería de España, enhorabuena por su elección y tiene Vd. la palabra.
30 oct 2015
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El fin de una tregua
32.- EDITORIAL El fin de una tregua. Cuando en Octubre de 1982 las elecciones celebradas en España llevaron a la Moncloa al equipo de gobierno del PSOE, nuestros deseos de que se modificasen, de forma radical, las maneras de “no hacer” de los ministros del ramo anteriores, eran enormes. Las esperanzas de que se cumpliesen nuestros deseos eran igualmente importantes, pues las declaraciones de los responsables del nuevo equipo en materia de telecomunicaciones, electrónica e informática permitían creer que existía una comprensión clara de los retos que estos sectores punta suponían para el futuro de nuestro país. Las declaraciones efectuadas en la celebración del Día Mundial de las Telecomunicaciones, en 1983, por el Vicepresidente del Gobierno y por el Ministro de Transportes, Turismo y Comunicaciones permitían confiar en una aceleración del ritmo de las transformaciones tan largamente esperadas. Pero es el día de hoy y los temas fundamentales siguen pendientes. Creemos que este incumplimiento de objetivos no se debe a razones objetivas justificables, sino que responde tanto a una débil voluntad política por hacerlos realidad como la imposibilidad de romper algo tan terrible como la inmovilidad de la Administración española hacia aquello que signifique progreso y cambio. Continúan pendientes temas como una unificación de competencias y servicios en telecomunicación que aborde ya y solucione problemas pendientes, la realización práctica del Plan Electrónico e Informático Nacional que evite que su contenido se convierta en papel mojado, la redacción y tramitación urgente de una Ley de Ordenación de las Comunicaciones que supere ampliamente los topes que se plantea el borrador que actualmente elabora el Gobierno, y el replanteo de los criterios básicos de profesionalización de la Administración que permita la incorporación de técnicos capacitados para ejecutar las directrices políticas de los puntos anteriores. La resolución pendiente de dichos problemas y de otros de menor calibre, nos llevan a replantearnos el papel que actualmente está jugando nuestro colectivo. Queremos sustituir nuestro prudente silencio de los últimos meses, lógico como consecuencia de la confianza puesta en un equipo político que tropieza al principio de su gestión con dificultades obvias, y que a nada ha conducido, por una activa denuncia, esperamos que constructiva y para la que vamos a prepararnos seriamente, de aquellos aspectos que como profesionales entendemos deben formar parte fundamental de nuestra sociedad. Que nadie se olvide de que nuestro país tiene un futuro y que tal futuro, querámoslo o no, pasa por las telecomunicaciones, la electrónica y la informática.
30 oct 2015
Artículo BIT
Un parón a tiempo
33.- EDITORIAL Un parón a tiempo. Los colegios profesionales, son la parte más importante del entramado asociativo profesional de España. Tienen en su historia un contenido importante de tradiciones y funcionamiento democráticos, aún en épocas donde las situaciones imperantes no eran nada favorables a tales “veleidades”. Estas tradiciones y la valoración positiva de cualquier forma asociativa que los ciudadanos de un país se den, para evitar caer en la existencia de sociedades invertebradas, hacen apoyar de principio la idea de los colegios profesionales como una vía, no la única, del asociacionismo profesional. Una vez sentadas las bases anteriores, se está en mejor situación para acometer una tarea que nos resulta ingrata: dejar clara nuestra rotunda oposición al actual anteproyecto de Ley de Colegios Profesionales que el Gabinete del PSOE parecía decidido a llevar a las Cortes en el próximo periodo de sesiones. Y nos resulta ingrata porque entendemos que tras la argucia de algún habilidoso maestro de pasillo, la Constitución obliga al Gobierno a regular “las peculiaridades propias del régimen jurídico de los Colegios Profesionales y el ejercicio de las Profesiones Tituladas”. Enfrentados pues a cumplir con un desarrollo de la Constitución, el gobierno ha desaprovechado una ocasión más para avanzar en el compromiso histórico de organizar desde el marco legal una sociedad que mire al futuro y no se embelese con las imágenes del pasado. El gobierno, y su ministro de la Presidencia, han sufrido el canto de las sirenas de los pasillos para intentar con un proyecto de ley que nos afecta a todos los profesionales, eliminar un moscón incómodo instalado en su seno (las actitudes de algunos colegios que han servido como oposición frontal a algunos de sus proyectos más atrancados). Nos parece mal método el intentar combatir a través de algo universal lo que no deja de ser un comportamiento sectario, torcido y radicalmente rechazable como el que ha mantenido una parte del amplio colectivo profesional. Pero nos parece peor el que se haya desaprovechado la ocasión para no abrir un debate con la sociedad organizada a través de sus asociaciones naturales acerca de los objetivos y funciones que deban tener los colectivos profesionales en una sociedad que mira ya al siglo XXI. Nos parece urgente definir si queremos avanzar hacia una Administración organizada sobre el criterio de su profesionalidad (incorporación de profesionales a sus filas), o bien, que prefiere mantener delegaciones de funciones más propias de épocas donde el atraso técnico de los administradores no les dejaba más remedio que hacer dejación de sus obligaciones. Es el momento de superar viejas concepciones de organización social en torno a las corporaciones, de discutir sobre la obligatoriedad de colegiación, de celebrar un debate para el futuro. Pues bien, nada de esto se ataca en el texto que se nos ha enviado para consulta. Solamente una situación que empeora el texto legislativo anterior, que no reconoce la pluralidad existente en las profesiones y que no distingue entre las infinitas modalidades de lo corporativo, entrando de manera conservadora en lo existente sin cuestionarse si para hacer eso merece la pena moverse o sería más rentable quedarse sin refrendar un pasado ampliamente rechazable. Algunas razones que pueden aclarar aún más “el estado del arte” en este tema son de modo telegráfico, las actitudes que los distintos colectivos han tomado hacia la ley. Han sido las fuerzas más conservadoras, menos proclives a remozar España las que con un disimulo mal ejecutado han apoyado a través de sus críticas el actual anteproyecto, que ha recibido las reprobaciones absolutas de todos los colectivos que en este periodo democrático han apostado siempre por mejorar la condición de nuestra organización social. La decisión tomada por el Gabinete González de paralizar la “criatura” del Ministro Moscoso nos parece cuando menos, prudente; ahora bien lo que nos parecería excelente es que el berraco en cuestión una vez devuelto a los corrales se le dedicase a buen fin, atacando la faena a ser posible con una nueva propuesta que partiendo de cero cumpliera su objetivo: adecuar ley y sociedad a los tiempos en que vivimos. Para ese proyecto nos ofrecemos a colaborar en el objetivo de realizar una ley perdurable y con futuro.
30 oct 2015