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El cuento de nunca acabar
18.- EDITORIAL El cuento de nunca acabar. Érase una vez un país encantador, de bellas y variadas tierras, llenas de piedras donde una de las historias más completas del mundo dejó la huella de generaciones y generaciones de gentes alegres, imaginativas, valientes y nobles, pero un poco ingenuas. Entre muchas virtudes, ese país tuvo siempre un defecto crónico: jamás supo darse unos dirigentes dignos. Ni en política, ni en economía, ni siquiera en fútbol. Y así, en el país de la imaginación y de la luz, gobernaron la torpeza y el oscurantismo. En el país de los soñadores faltó la ilusión y llegó un momento, cuando quedaban menos de 20 años para que cristo cumpliera 20 siglos, en que parecía el país de Alicia. Los tejeros, en vez de hacer tejas, jugaban a ser ogros. En los supermercados vendían veneno. En la televisión se prohibía la cultura propia, sustituida por la de otro país, donde los vaqueros llevaban pistola y horribles pantalones de lona azul. Los notarios dirigían los transportes y las comunicaciones. Los ingenieros de caminos comandaban los servicios telefónicos, mientras los ingenieros industriales dirigían el proceso autonómico. La derecha desunida se llamaba Unión de Centro, mientras los republicanos pedían el Premio Nobel para el Rey. Los poblados con más de 20 familias querían tener su propio gobierno, puesto que ya tenían Universidad y hasta idioma propio. No era de extrañar que nadie pensara en el futuro. Ni en la Sociedad de la Información. Ni en la telemática. Ni en la Electrónica. Y cuando alguien redactaba un Plan Informático, siempre había su Don Pío que se lo pasaba por la licuadora. Se pedía un Libro Blanco sobre las telecomunicaciones, y se le encargaba a un jesuita químico. Se solicitaba un Plan Cuatrienal sobre inversiones telefónicas, y se hacía para cinco años, sin permitir que se cumpliera ni uno sólo de sus capítulos. Cuando cada habitante de ese país tenía varios vecinos y parientes deseosos de que les cobraran casi 20 veces mil pesetas por tener un teléfono en su casa, se hablaba de escasa demanda. En fin, como aún quedaban ingenuos, un grupo de ellos, que se había infiltrado en las directivas de un Colegio y una asociación Profesionales propuso y llevó a cabo un debate para clarificar al menos su sector. Para buscar la ilusión, la imaginación, la luz. Ya os contaremos lo que ocurrió.
30 oct 2015