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El cuento de nunca acabar
18.- EDITORIAL El cuento de nunca acabar. Érase una vez un país encantador, de bellas y variadas tierras, llenas de piedras donde una de las historias más completas del mundo dejó la huella de generaciones y generaciones de gentes alegres, imaginativas, valientes y nobles, pero un poco ingenuas. Entre muchas virtudes, ese país tuvo siempre un defecto crónico: jamás supo darse unos dirigentes dignos. Ni en política, ni en economía, ni siquiera en fútbol. Y así, en el país de la imaginación y de la luz, gobernaron la torpeza y el oscurantismo. En el país de los soñadores faltó la ilusión y llegó un momento, cuando quedaban menos de 20 años para que cristo cumpliera 20 siglos, en que parecía el país de Alicia. Los tejeros, en vez de hacer tejas, jugaban a ser ogros. En los supermercados vendían veneno. En la televisión se prohibía la cultura propia, sustituida por la de otro país, donde los vaqueros llevaban pistola y horribles pantalones de lona azul. Los notarios dirigían los transportes y las comunicaciones. Los ingenieros de caminos comandaban los servicios telefónicos, mientras los ingenieros industriales dirigían el proceso autonómico. La derecha desunida se llamaba Unión de Centro, mientras los republicanos pedían el Premio Nobel para el Rey. Los poblados con más de 20 familias querían tener su propio gobierno, puesto que ya tenían Universidad y hasta idioma propio. No era de extrañar que nadie pensara en el futuro. Ni en la Sociedad de la Información. Ni en la telemática. Ni en la Electrónica. Y cuando alguien redactaba un Plan Informático, siempre había su Don Pío que se lo pasaba por la licuadora. Se pedía un Libro Blanco sobre las telecomunicaciones, y se le encargaba a un jesuita químico. Se solicitaba un Plan Cuatrienal sobre inversiones telefónicas, y se hacía para cinco años, sin permitir que se cumpliera ni uno sólo de sus capítulos. Cuando cada habitante de ese país tenía varios vecinos y parientes deseosos de que les cobraran casi 20 veces mil pesetas por tener un teléfono en su casa, se hablaba de escasa demanda. En fin, como aún quedaban ingenuos, un grupo de ellos, que se había infiltrado en las directivas de un Colegio y una asociación Profesionales propuso y llevó a cabo un debate para clarificar al menos su sector. Para buscar la ilusión, la imaginación, la luz. Ya os contaremos lo que ocurrió.
30 oct 2015
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Un honor que obliga a más
19.- EDITORIAL Un honor que obliga a más El estilo de nuestros editoriales no acostumbra a ser triunfalista. Entre otras razones, porque no se suelen dar en nuestro sector circunstancias que justifiquen echar las campanas al vuelo y encender los botafumeiros. Esta vez, sin embargo, sí hay un motivo de satisfacción. La labor realizada por la AEIT y el COIT en el último quinquenio, y especialmente, a lo largo de 1981, en la contribución al Libro Blanco y en el Debate sobre la Electrónica en España, ha cristalizado en la elección de nuestro Presidente y decano como “Personaje electrónico del año”. Se trata de un reconocimiento honorífico (todo es honorífico en la vida colegial y asociativa) que nos alcanza a todos, desde los “simples pagadores de cuotas” hasta los miembros de las Juntas Directivas. Es, en definitiva, un paso delante de nuestra profesión, tan parca en reconocimientos y tan modesta en su proyección pública. Viene a ser el indicador de que uno de nuestros principales objetivos de los últimos años se va cumpliendo: situar la imagen de nuestras organizaciones profesionales en el centro del sector electrónico, es decir, en una zona donde nuestra presencia ha de ser mucho más amplia que la estrictamente correspondiente a las Telecomunicaciones en sí mismas. Otro empujoncito por parte de las escuelas, vía programas y titulaciones, y habremos situado nuestra profesión en el camino por donde ha de pasar, necesariamente, el futuro de la sociedad española. Ahora bien, no podemos ensimismarnos más que el tiempo necesario para leer este editorial. Hay mucho por hacer. La Administración empieza a despertar perezosamente y, todavía con los balbuceos y tropezones típicos del adormilado, va poniendo en marcha Libros, Planes y Programas. Nuestra obligación y nuestra esperanza están ahí, contribuyendo a la ordenación y el impulso del sector. La tarea no ha hecho más que empezar. Enhorabuena a todos, y los mejores deseos para 1982.
30 oct 2015
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Otra vez el cuento de nunca acabar
20.- EDITORIAL Otra vez el cuento de nunca acabar. Nos referíamos en el número 18 a un grupo de ingenuos y utópicos buscadores de ilusiones, imaginación y luz, tratando de hacer ver a sus congéneres la importancia de la Electrónica, las Telecomunicaciones y la Informática. Para ello, organizaron un debate, con gran éxito de crítica y público, donde todos los que tenían alguna idea se hicieron oír. Incluso hubo quien carecía de ideas al respecto y también platico sin sonrojo. Claro que, terminado el debate, recibió el encargo de organizar rogativas para solucionar el problema de la sequía, y de mejorar la tecnología del escardado de cebollinos. ¿Y saben lo que hizo justo, justo, el día del traslado? Pues, en un descuido, ¡zas!, sacó las fotocopias de varios cientos de DIN A-4 conteniendo deslavazadas informaciones y tibias insinuaciones sobre el asunto éste de las Telecomunicaciones, la Electrónica y la Informática, lo filtró selectivamente a varios periódicos “amiguetes”, y se fue saltando a la pata coja hacia los predios agrícolas, canturreando aquello de: “chincha, Solana, que no soy manco / en la prensa de mañana verás el Libro Blanco”. La estupefacción fue general. Había paladas de estupefacción. Los servicios municipales de limpieza se vieron negros para dejar las calles expeditas de tanta estupefacción. Pero ya decíamos el otro día que la capacidad imaginativa de los habitantes del país del cuento era muy alta. Así que, pensaron, a Libro muerto, Plan puesto. Y todos se lanzaron sobre la Comisión del Plan Electrónico Nacional, ávidos de nuevas aventuras. Los primeros en lanzarse (no les dio tiempo ni a cambiar de traje) fueron los propios “inspiradores” del Libro abortado. Gila contaría así la escena: “ - Ignacio, ya sabes quién soy, Oye, que nos hemos quedado sin Libro y buscamos Plan. - Pero hombre, si ya tenemos la alineación completa. - ¿Decías algo? - No, no, que donde dije digo, digo Diego y Antonio y Julián…y Miguel Ángel. - ¡Muy bien! ¡Nos vemos en la Moncloa! Y, claro, por aquello de la similitud con el país de Alicia, otorgaron la presidencia de la Comisión del Plan Electrónico…¡A un banquero!¡Como debe ser! Eso sí, de un Banco que cuenta en su elenco de Directores Generales con un señor que escribe artículos en los periódicos, propugnando un futuro industrial a base de siderurgia y construcción naval, y tirando por la borda el sector electrónico, pues en él “debemos jugar el papel de consumidores cualificados o el de fabricantes instrumentales, es decir, no empresarios”. Confiados en la coherente incoherencia nacional, cabe esperar que la suma de dos situaciones incoherentes (Plan Electrónico / banquero) y (director de banco / Electrónica), se contrarreste con la posible incoherencia (banquero / director de banco), y vaya todo como una seda. Y colorín, colorado, este cuento no ha terminado. ¡Si no fuera porque el asunto es tan importante, qué bien lo podríamos pasar!
30 oct 2015
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Una bomba en Ríos Rosas
21.- EDITORIAL Una bomba en Ríos Rosas La prensa diaria y semanal habrá escrito ya muchas líneas en torno al atentado contra la Central Telefónica de la calle Ríos rosas, cuando estas páginas salgan a la calle. El retraso, unido a un estado de opinión contrario a que se amplifique el efecto de los actos terroristas, podía inducir a reducir el silencio, o a un simple recuadro marginal, la postura de nuestra revista. Por el contrario, por entender que en España siempre son beneficiosas cuantas voces se alcen en contra de métodos que no han lugar en sociedades donde la discrepancia tiene cauces de expresión, nos hemos decidido a unir nuestro editorial, el de un colectivo profesional, al de otros muchos, en la reprobación tajante y rotunda de ese acto terrorista, así como de todos aquellos que atentan contra las personas y el respeto a su libertad individual y colectiva. Merece la pena aprovechar la ocasión para destacar, en torno a ese suceso, algunos temas que no han merecido, injustamente, la atención debida en otros medios de expresión. La tradicional falta de consideración hacia la importancia de las telecomunicaciones en nuestra sociedad ha facilitado que no se considerasen, entre los primeros objetivos a defender de los ataques terroristas, aquellos centros que posibilitan el funcionamiento de una economía desarrollada, basada en la informatización profunda de su funcionamiento. Hoy las comunicaciones, en sus diversos aspectos, requieren una consideración de carácter estratégico, que lamentablemente ha brillado por su ausencia, a la hora de planificar la defensa del Estado, de sus centros vitales. Si añadimos a esta situación de partida, la complicación que representa que parte de estos centros estén en explotación por empresas de responsabilidad privada, podemos sentirnos poco tranquilos ante la corrección en un futuro de los errores cometidos en el presente. Continuando en la línea de los elementos que pudiesen haber evitado la realización del acto terrorista, creemos que hoy existen, en una sociedad avanzada, medios técnicos que mejoran la calidad de la seguridad de centro vitales para el disfrute social. La utilización de los medios técnicos de seguridad depende de los hombres al frente de las empresas, que han de pensar su instalación, no solamente en función de su costo y rentabilidad inmediata, sino con la perspectiva estratégica a que hacíamos referencia anteriormente. Una mejora en estos terrenos, tal vez permita que los ciudadanos sientan que se camina por delante de los acontecimientos, y no, como ha venido siendo norma en este país, una vez que ha sucedido lo peor. Ante el acto cometido dos breves referencias. La primera para reconocer el esfuerzo de los trabajadores de la CTNE y las empresas del sector que han dedicado horas extraordinarias, en condiciones no solicitadas, a reparar algo que entienden es un servicio público y del cual se sienten responsables ante el resto de los ciudadanos. Trabajo de hombres que se sienten sentados sobre otra bomba, ésta de aspecto menos aparatoso, la de la pérdida de sus puestos de trabajo, ante la reducción de inversiones, falta de planificación de sus empresas, cambio tecnológico, etc., y que han unido su solidaridad en el esfuerzo con la repulsa manifestada en la calle, junto a sus organizaciones sindicales, de los actos terroristas. La segunda referencia nos afecta a todos. La ausencia de un bien, la posibilidad de comunicarnos, ha hecho darse cuenta a los ciudadanos de a pie que algo se ha infiltrado en sus hábitos, en su cultura. Que hoy ya no se podría concebir una vida sin comunicación y que el hombre de nuestros días, sin entender cómo funciona, sin comprender cómo ha venido, es en parte un ser menos limitado, más universal, gracias a lo que crea con su ingenio, que una vez más se demuestra poderoso y frágil al mismo tiempo.
30 oct 2015
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La ordenación de las telecomunicaciones
22.- EDITORIAL La ordenación de las telecomunicaciones. La actuación pública de la AEIT y el COIT durante estos últimos años se ha concentrado, fundamentalmente, en la tarea de concienciar a la sociedad española en general, y a sus representantes en particular, sobre la imperiosa y urgente necesidad de situar a nuestro amplio sector entre el puñado de prioridades que los gobernantes manejan a la hora de configurar el futuro. Y si anotamos las indicaciones de ciertos termómetros (prensa, comisiones oficiales en marcha, discursos y declaraciones), hasta puede parecer que ya hemos tenido éxito en nuestro empeño. Pero ni siquiera por una ilusión óptica se llegan a entrever soluciones. En realidad, se ha disparado un proceso de manoseo de los problemas, de puesta al día de las informaciones y los datos más relacionados con las telecomunicaciones, la electrónica y la informática. Los periodistas, los banqueros, los políticos y hasta los cantantes “hacen manos” con la complicada terminología de los iniciados en tan esotéricas materias. Junto al bit, la robótica y el chip, te descerrajan sin pestañear un “cerebro electrónico”, un “rayo de la muerte” o una teledifusión por cable. Bien, ya estamos en el rollo, que diría un cheli. Y ahora, ¿qué? Pues ahora viene lo bueno. O el desastre, porque si de los diversos Libros, Planes y Programas no salen acciones concretas, inmediatas, coherentes y bien orientadas, no habremos conseguido más que vulgarizar la terminología y, en el mejor de los casos, dar una leve capa de cultura tecnológica a los habituales lectores de periódicos. Nuestra obligación, en estos momentos, consiste en hacer propuestas definidas y ordenadas y ése es también nuestro riesgo, porque nos podemos equivocar (una de las más reconocidas características de muchos españoles es la paralización ante los problemas, por miedo al ridículo en el que se puede caer si uno se equivoca) y, si acertamos, podemos desatar las iras de quienes, con sus redes, están especializados en la pesca en río revuelto. Tan complicado y tan simple como la vida misma. De todas las posibles acciones a emprender con vistas a una mayor racionalización de las estructuras del sector, parece que conviene empezar precisamente por la base, consolidando los incompletos y viejísimos cimientos legales de nuestras telecomunicaciones. Un conjunto de actividades de la importancia estratégica, económica, tecnológica y social como la de las telecomunicaciones no puede seguir descansando sobre piezas jurídicas tan dispares, inconexas y desfasadas como los diversos contratos y decretos que constituyen la actual “desordenación”. La comparación internacional, nos vuelve a dejaren mal lugar, aunque esto importe algo menos. Lo verdaderamente significativo es acabar con la dispersión de competencias (Dirección General de Correos y Telecomunicación, Subsecretaría de Aviación Civil, Subsecretaría de la Marina Mercante, CTNE, Ente Público RTVE, Defensa); la indefinición del alcance real de cada una de ellas; la falta de cauces claros y eficaces para la implantación de una política conjunta, y para su posterior seguimiento y control por parte de los poderes públicos; la falta de criterios políticos orientadores sobre cuestiones tales como el régimen de explotación de los distintos servicios sobre todo, los nuevos, la política de tarifas y las relaciones internacionales. El temario típico de una adecuada ordenación de las telecomunicaciones es amplio. El COIT y la AEIT lógicamente cuentan entre sus miembros con las personas más capacitadas del país para confeccionar cuantas propuestas sean necesarias, y las juntas directivas de ambas instituciones están decididas a abordar el tema con la profundidad que sea necesaria, en el convencimiento de que las casas no se empiezan por el tejado.
30 oct 2015
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Reflexiones ante un cambio de Gobierno
23.- EDITORIAL Reflexiones ante un cambio de Gobierno Ante el cambio de Gobierno, tras la celebración de las ya inminentes elecciones legislativas, parece oportuno reflexionar sobre el papel jugado por los Ministerios de Industria y Energía y de Transportes, Turismo y Comunicaciones en lo relacionado con la electrónica, la informática y las telecomunicaciones. En el Ministerio de Industria y Energía, la Dirección General de Electrónica e Informática canaliza la actividad relacionada con nuestro sector. Su reciente creación fue, el tiempo lo ha demostrado, un indudable acierto. Asuntos arrancados a poco de iniciado su camino, y casi sin presupuesto, junto a otros posteriores, como la reconversión del sector de componentes, la normativa entre homologación, los programas SATCA y FACA, la informatización de Hacienda, y, sobre todo, la puesta en marcha del Plan Electrónico Nacional y una estrecha colaboración con la industria nacional, han significado el primer paso, de los muchos que se tendrán que dar hasta alcanzar el irreversible papel que en el panorama industrial español tendrán la electrónica y la informática a medio plazo. Lo logrado es, a pesar de todo, poco en comparación con los objetivos que la sociedad marcará a nuestro Ministerio de Industria y Energía en el futuro. Sin embargo, a nuestro juicio y ciñéndonos al tema que nos ocupa, el conjunto de su gestión ha de valorarse positivamente. El quehacer del Ministerio de Transportes, Turismo y Comunicaciones, la ordenación de las telecomunicaciones parece ocupar uno de los últimos lugares en la escala de prioridades establecida. Las consecuencias han sido numerosas. El lastimoso proceso de redacción del tan anunciado Libro Blanco de las Telecomunicaciones, la tan solicitada, tanto por profesionales, como por empresarios y sindicatos, Ley de las Telecomunicaciones, que continúa pendiente, la multiplicación innecesaria y preocupante de las redes, que lleva a cada organismo público a tener la suya propia, o la actual situación de la CTNE, donde sigue sin estar claro si el status actual, con una empresa privada gestionando un servicio público, es el adecuado, si procede o no un control parlamentario, y cuyo Presidente, lejos de dimitir para dedicarse a las elecciones legislativas, ha optado por un “guárdenme el sitio, que enseguida vuelvo”, son algunos de los muchos ejemplos que ratifican lo anteriormente postulado. Si a ello añadimos que al titular del departamento, y a pesar de la reiterada correspondencia enviada por nuestras Juntas Directivas manifestando su inquietud por el futuro de las telecomunicaciones y solicitando la celebración de una entrevista, le conocemos gracias al Festival de la Canción de Benidorm; que la Junta Nacional de las Telecomunicaciones, que tiene asignadas funciones de carácter estratégico en la ordenación de nuestras telecomunicaciones como la planificación y coordinación de redes, la información preceptiva de programas de inversiones, la asignación de funciones o la relación con organismos internacionales, se ha reunido una sola vez en todo el año, y en sesión que no duró ni dos horas; o que su órgano ejecutor, el Gabinete de Ordenación de las Telecomunicaciones carece, a nuestro juicio, del peso específico dentro de la Administración y de los medios materiales y humanos para cumplir los objetivos marcados inicialmente, debe concluirse que la gestión de tan heterogéneo Ministerio, y en materia de telecomunicaciones, ha brillado por su ausencia. Lo anterior ha llevado a solicitar, desde distintas posiciones, entre ellas la nuestra, la creación de un Ministerio de Comunicaciones, que, más centrado en objetivos homogéneos, se enfrente con los problemas que afectan a las telecomunicaciones, que no son pocos, y que nadie parece querer o saber resolver. Este es el reto que habrá de asumir la fuerza política que salga de las urnas el próximo 28 de Octubre.
30 oct 2015
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En el umbral del cambio
24.- EDITORIAL En el umbral del cambio. El pasado 28 de Octubre, los españoles se han procurado un Gobierno para los próximos cuatro años, en un acto masivo de ejercicio democrático, que ha dejado un buen sabor en el espíritu de las gentes, con independencia de la suerte que haya corrido cada una de las opciones en liza. Un gobierno mayoritario en las Cortes Generales y en el país, apoyado en casi diez millones de votos, es una buena opción de principio para atacar los problemas y dar cauce a las aspiraciones de cambio (tan insistentemente expresadas) que unen a los pueblos de España. La línea editorial del Bit es conocida por su continuidad, por su perseverancia en reclamar de los poderes públicos atención a los problemas del sector. Esta vez, superando nuestro marco profesional y conectando con el deseo generalizado de la mayoría, queremos unirnos a la esperanza de todos en que se resuelvan los problemas primarios y más acuciantes que se plantean en terrenos como los de la Defensa, Administración, Sanidad, Educación, Justicia, la mejora en el nivel de vida de los sectores más desfavorecidos, la creación de empleo y riqueza… No queremos ser una voz más en el coro de peticiones, sino representar un deseo, una idea en movimiento, porque confiamos en las posibilidades de nuestro pueblo para mejorar y en la capacidad de nuestro colectivo para caminar en esa dirección. Volviendo a planteamientos más cercanos, los próximos dirigentes de la Administración Publica Española conocen de sobra los planteamientos que, desde fechas ya alejadas, venimos repitiendo en todos los foros a que tenemos acceso. Al mismo tiempo, nosotros conocemos las posturas sustentadas por las fuerzas políticas que han actuado durante los últimos años y que se presentaron a estas elecciones con unos programas concretos, con la oportunidad de exponerlos en nuestra propia tribuna. Sin embargo, es útil repetir una vez más, en lo que se refiere a nuestro sector, las actuaciones que juzgamos urgentes e imprescindibles para superar una situación insatisfactoria y que podemos resumir en los siguientes puntos: - Reconocer la importancia capital que tienen para un país moderno las técnicas de las que nos consideramos conocedores. - Coordinar la actuación de las administraciones Públicas a todos los niveles: central, autonómicas y locales. - Planificar las compras del sector público para que sea posible un mejor funcionamiento de las empresas existentes o por crear. - Definir unos objetivos para el sector empresarial de mayoría pública que fomenten el avance tecnológico y coloquen a nuestro país en el grupo de los más desarrollados. - Ordenar las funciones y tareas del sector, abordando con rapidez leyes como la de Telecomunicación, necesarias para aclarar las distintas áreas de responsabilidad y competencia, acabando con la confusión existente. - Atender el problema de la asimilación tecnológica, como paso imprescindible para reducir nuestra dependencia en terreno tan trascendente. - Renovar las estructuras del país, de acuerdo con las nuevas tecnologías, con la participación en cuanto a ritmos y metas de todas las fuerzas sociales interesadas. En la discusión de estas propuestas y de otras muchas que se quedan en el tintero, así como en la puesta en práctica de algunas de ellas, estaremos siempre dispuestos a colaborar con el futuro Gobierno. Si coincidimos, desde un firme compromiso de participación. Si discrepamos, desde la ajustada crítica. En cualquier caso, sin ningún tipo de apriorismo y sobre la base de la necesidad y la posibilidad de alcanzar los objetivos. Como hasta ahora con anteriores Gabinetes, y para lo que venga en el futuro: señores del Gobierno, cuenten con nosotros.
30 oct 2015
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Ante el año mundial de las comunicaciones
25.- EDITORIAL Ante el Año Mundial de las Comunicaciones. Por resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, 1983 será el Año Mundial de las comunicaciones y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) el organismo encargado de promover y coordinar, en colaboración con otros numerosos Organismos Económicos y Sociales internacionales, las actividades que tengan lugar con este motivo. Confiamos en que, en esta ocasión, la participación española se desarrolle de forma más brillante que en la última celebración del Día Mundial de las Telecomunicaciones. El interés que puso la nueva Administración en los actos de Cincuentenario de la UIT, a las pocas horas de su toma de posesión, representa un gesto al que no estábamos acostumbrados, que inicia una nueva forma de hacer las cosas. La Comunidad Internacional ha reconocido públicamente algo por lo que venimos clamando desde hace tiempo en nuestro país: que las comunicaciones son una de las infraestructuras básicas para todas las actividades sociales, económicas y culturales. Su desarrollo tiene un interés estratégico primordial en el que deben concentrarse los recursos precisos y las actuaciones administrativas necesarias para asegurar la expansión equilibrada de unos medios que son condición indispensable y elemento integrante del desarrollo de los pueblos. Sin embargo, debemos reconocer que nuestra sociedad no ha asumido estos valores, como lo prueba, por ejemplo, la falta de un tratamiento del tema en los textos escolares similar al que se ofrece de los transportes o las genéricas propuestas de posprogramas en las pasadas elecciones. Pero nuestra preocupación más inmediata debe ser la continuidad en la dispersión de competencias en el organigrama de la Administración, que puede tener consecuencias impredecibles en esta etapa de construcción del nuevo Estado. En efecto, la falta de un órgano administrativo único como instrumento de la soberanía del Estado en esta materia, que sustituya a las competencias genéricas de la Administración (Direcciones Generales de diversos Ministerios, Administraciones Autonómicas, entes autónomos, empresas de servicios públicos, etc.), provoca una permanente fuente de indefiniciones y conflictos y puede llegar a abortar cualquier intento de definir una política coherente en este sector, al suponer cada parte que es soberana y depositaria de las competencias del Estado para determinar libremente su actuación. Lamentablemente, el recurso a la idea de una Unión Internacional de Telecomunicaciones como contrapunto a la desunión nacional en la materia, debe ser adecuadamente matizado, y el análisis de cómo se entiende la Cooperación Internacional en estos temas, que en muchas ocasiones es puesto como ejemplo frente a la falta de efectividad de otros Organismos Internacionales, debe ser fuente permanente de aprendizaje para los españoles. Basta analizar cómo se imponen los intereses de los países más fuertes a la hora de alcanzar, o de que no se alcance, un acuerdo internacional sobre cualquier materia técnica (normas de televisión, reparto de frecuencias, etc.); cómo se establecen las redes internacionales para fomentar o evitar determinados tránsitos, con evidentes despilfarros que repercuten en el coste de los servicios, o hasta qué punto la explotación de satélites de telecomunicación está determinada por intereses muy concretos; cómo se transforma la colaboración con países en desarrollo en una acción de marketing perfectamente organizada y, en fin, cómo las telecomunicaciones no permanecen al margen de los conflictos bélicos y de la estrategia de la tensión que periódicamente nos sobrecoge. Y todo ello debe sumarse a los permanentes vaivenes a que nos tienen acostumbrados la docena de multinacionales que dominan el mercado mundial de equipos de telecomunicación. Pero el que seamos conscientes de esta situación nacional e internacional, evidentemente compleja, que condiciona nuestras posibilidades de actuación, no debe limitar nuestra ya larga petición de que España defina sus grandes objetivos en telecomunicaciones, aunando en torno a ellos los esfuerzos de todos los organismos, sectores e intereses de nuestro país. En cualquier caso, debemos multiplicar nuestras actuaciones para crear en la sociedad española una auténtica conciencia sobre el papel que deben jugar las telecomunicaciones, puesto que es desde una conciencia colectiva, y no únicamente desde el lógico convencimiento que a priori tenemos los profesionales, como pueden lograrse las metas señaladas. No podemos, pues, desaprovechar ocasiones como la que nos brinda la celebración de este Año Mundial de las Comunicaciones para promover estas ideas en cualquier medio, ante cualquier institución, sin olvidar lógicamente las que deberían ser las más interesadas en el tema y que, a menudo, siguen evitando el protagonismo que les corresponde.
30 oct 2015