17.-EDITORIAL El 11 de Diciembre de 1979, siendo entonces Ministro de Transportes y Comunicaciones, Salvador Sánchez Terán, y producto de una moción presentada en el Parlamento por el PSOE, el Gobierno se compromete a redactar en el plazo de un año, “un informe sobre el futuro de la industria electrónica y telecomunicaciones en España, y el papel que el Gobierno está dispuesto a asumir”. El 25 de Febrero de 1981, el Ministro de la Presidencia del Gobierno, en respuesta a una pregunta realizada en el Congreso de los diputados, comunicó por escrito al presidente de dicho organismo que en Junio del presente año se haría público el Libro Blanco. Finalmente durante una sesión de la Comisión de Transportes y Comunicaciones del Congreso de los Diputados, celebrada el pasado día 17 de Junio el actual Ministro de Transportes, Turismo y Comunicaciones volvió a retrasar el reloj, anunciando la salida del Libro Blanco a la luz pública para “antes de finalizar el verano”. (La estación conocida como verano dura oficialmente hasta el 21 de septiembre). Antes, en Diciembre de 1980, sin que se hubiera fijado siquiera el índice de dicho Libro, el ahora Ministro del ramo José Luis Álvarez, que cuenta en su departamento con un Gabinete de Ordenación de las Telecomunicaciones, encarga a Antonio Barrera de Irimo (Consejero de CTNE y Presidente de FUNDESCO) la redacción de un Libro Blanco sobre el futuro de las Telecomunicaciones en España, quien presidirá a partir de ese momento un grupo de personas, cuya entidad, composición y objetivos nunca se han detallado oficialmente. En sus propias comunicaciones, el grupo se hace llamar indistintamente Comisión y Ponencia Especial. La Comisión “encargada de elaborar un informe que sirva de base para definir la política más adecuada para el futuro de este sector” es protestada desde varios frentes, acusada de no estar adecuadamente compuesta y de no contar con los medios y el tiempo necesarios para semejante tarea. Producto de ello, su presidente solicita información a aquellos sectores y personas “que puedan aportar datos o criterios sobre el presente y el futuro de las telecomunicaciones, sus repercusiones económicas sobre otros sectores productivos, y sus repercusiones sociales sobre el conjunto de nuestro país, incluyendo juicios de valor”, tal y como textualmente recogía su carta. Esto sucede el 22 de Diciembre y uno de los organismos cuestionados es, lógicamente, nuestro Colegio Oficial, a través de la persona de nuestro Decano. Se nos solicitaba “la expresión del punto de vista de la comunidad profesional de telecomunicación frente a los servicios de telecomunicación”, aunque no estuvieran tan próximas a nuestro juego de intereses y responsabilidades. Se nos daba para ello poco más de un mes de plazo, que sensiblemente reducido si tenemos en cuenta que en el mismo estaba incluido el periodo de Navidad. La junta de Gobierno del COIT, consciente de la importancia y trascendencia del tema, rehuye la “chapuza” y, a costa de sobrepasar el periodo fijado, decide poner en marcha, a su vez, una comisión abierta, cuya convocatoria apareció, en su día, en las páginas de nuestro Boletín, que diera forma a nuestra aportación. Tras su trabajo, repartido por áreas entre sus componentes, esta comisión presenta sus conclusiones a la Junta de Gobierno, que concreta y presenta a la Comisión que preside Antonio Barrera de Irimo el documento que tenéis en vuestras manos y que pretende ser, tal y como se indica en la carta de presentación “una sucinta expresión de los aspectos más destacables que, a juicio de este Colegio Oficial, deberían contemplarse en una Política de Telecomunicación aplicable a la realidad de nuestro país”. Se ha huido, conscientemente y en lo posible, de apoyaturas cuantitativas que, con toda seguridad, resultarían redundantes para la Ponencia oficial, centrándonos en los puntos esenciales sobre los que, en lo sucesivo, pivotarán las actividades de este sector. Nos ha parecido, así mismo, oportuno subrayar la vital importancia que para nosotros tienen una serie de decisiones políticas de amplio espectro, previas a la elaboración de una Política concreta de Telecomunicaciones, tal como se recoge en la Introducción de nuestro documento. Los profesionales tenemos la obligación de utilizar nuestras organizaciones como foros para discutir estos temas. Por ello, nos proponemos invitar a los diversos sectores sociales a que manifiesten sus puntos de vista sobre el presente y el futuro de las Telecomunicaciones, la Electrónica y la Informática, a fin de aportar nuevos datos para que, tanto la Administración Pública como el Parlamento puedan hacer frente con la adecuada perspectiva a las graves responsabilidades contraídas con la sociedad en este sector. En opinión de la Junta de Gobierno del COIT, este intento oficial de estudiar el sector demuestra una vez más la ausencia total de la voluntad política mínima necesaria para asumir la importancia del mismo, y planificar su futuro. Parece más un recurso barato encaminado a ir trampeando el acoso parlamentario, que un primer paso para el establecimiento de una nonata Política de Telecomunicaciones. Y todo esto, mientras el sector se tambalea y varios cientos de compañeros se encuentran sin empleo, resulta demasiado grave para permanecer callados y quietos. Si queremos mejorar nuestro campo de actuación profesional, debemos reflexionar y dialogar cuanto sea necesario, pero también actuar. Por nosotros, que no quede.