Artículo BIT
El saco y la soga
Los políticos no recogieronintencionadamente el guantelanzado por nuestro Decanoen el encuentro del Colegio conlos partidos, antes de las eleccio-nes. No lo hicieron porque hanperdido la castidad que pedía Pla-tón para ellos y se conforman conaumentar el ratio ordenador/niñopara saber que las TIC estánimplantándose de forma masiva.El ejercicio de pensar es algode pocos, y entre los políticos demenos; sobre todo si están excita-dos por la proximidad de la con-tienda electoral y no se puedenplantear ciertas cosas que remue-van cimientos movedizos. Elguante de marras fue en forma depregunta incisiva: si en periodode enfriamiento económico, subela inflación y los precios (arras-trando a luz, agua, gas, leche yhuevos). ¿Por qué no suben losservicios de teleco? O mejordicho: ¿por qué es preceptivo quebajen?Los gobiernos hay veces que seacercan más a Lázaro de Tomesque a la polisgriega. Los preciosse fijan con los mecanismos híbri-dos propios de una economía demercado, menos en telecomuni-caciones donde las empresas tie-nen que reducir los costes de pro-ducción porque la UE nos regaló,junto al euro y la bandera de doceestrellas, el servicio universal.Este caballo de Troya posmodernose edificó de forma que el estadodel bienestar se renovaba con ser-vicios de nuevo cuño, definidoscomo imprescindibles para lapoblación. La satisfacción delsector fue natural, ya que se trata-ba del respaldo regulatorio a unentorno recién liberalizado. Peroyo, que hago ley y trampa, nocreo una operadora pública, opago los costes excedentes paraejecutar la garantía del serviciouniversal, sino que convenzo alos profesionales de que mirencon buenos ojos la soga paraahorcarse. Y si hay dudas existenmedios de coacción.Las buenas noticias para losprofesionales del mundo telecoson inversamente proporcionalesal número de páginas de progra-ma electoral que dedican los par-tidos a las TIC. Precisamente deeso se ufanaron los representes deizquierda, derecha, nacionalistasy aldeanos. Cuando una promesaes del tipo: “garantizar la accesibi-lidad de la banda ancha” ya pode-mos echarnos a dormir y esperar aque escampe. Y las empresas, quese hicieron para obtener benefi-cios, tienen que doblarle la manoa sus empleados y ahorrarse hastala señora de la limpieza, porque elgobierno no puede permitir que elservicio ADSL suba a la par que elpan, aunque la economía esté deresaca.El problema matemático tradi-cional decía: “Un campesinovende un saco de patatas por1.000 ptas. Sus gastos de produc-ción se elevan a 4/5 del precio deventa. ¿Cuál es su beneficio?”.Como este enunciado tiene queproteger la inocencia de un niñode primaria, nada nos dice sobregastos de producción o quien fijael precio de venta. Pero en caso deque la casa consistorial del anejoen cuestión, llegara a determinarque la patata es un tubérculo deltodo beneficioso para grandes ychicos, necesario parael crecimiento futuro ysu consumo necesariopara la salud pública;provocaría la satisfac-ción del campesinoque vería ampliado sumercado al universode la población (en sucaso es de trescientaspersonas, contandoalcalde y alguacil).Entonces se daríacuenta de que al ter-minar de montar elpuesto, el primer díadespués de publicadoel jubiloso bando, yviéndose como granpropietario en breve,un funcionario deguardia le fija el pre-cio del saco a 800ptas, porque la patataha entrado en el olim-po de los productosfavorecidos por elestado del bienestar ytiene que estar alalcance de todos. Y loque iba ser una pro-ducción en masa de lapatata, con beneficioseconómicos para loscampesinos que la tra-bajaran bien y exce-lencias salubres parala población, se con-vierte en la ruina paraquien osó cultivarlaobligando a la gente aterminar comiendozanahorias.
30 oct 2015