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El rol de los Ingenieros de Telecomunicación en los Consejos de las empresas del siglo XXI
Las TIC son en pleno siglo XXI claves en la gestión de los diferentes procesos de negocio de cualquier empresa u organización. Están implicadas en las operaciones del día a día y sería muy difícil imaginar el funcionamiento competitivo de una compañía sin la utilización de unos sistemas de información optimizados que respondan a sus verdaderas necesidades. Pese al papel cada vez más importante que desempeña la tecnología para el éxito empresarial, muy pocas compañías han incorporado a personas expertas en TIC en los puestos de mayor responsabilidad en la gestión de la empresa, es decir, concediéndoles un asiento en el Comité de Dirección o incluso en el Consejo de Administración. Sin embargo, para poder crear innovación y crecimiento económico, las empresas deberán ir más allá de su experiencia financiera, directiva o legal y dar un peso equivalente a la experiencia tecnológica en sus Consejos de Administración y equipos ejecutivos. La capacidad que ha demostrado la tecnología para crear fuertes ingresos y beneficios para el accionista, además de un mayor rendimiento para las inversiones corporativas, hace que su puesto en los consejos directivos sea, cada vez más, un imperativo comercial. Pero nuestro colectivo tiene que trabajar duro si quiere entrar en escena y sentarse en el máximo órgano de decisión de una compañía. Porque ser miembro del Consejo significa estar al frente de toda la empresa, no ser sólo un especialista con un cargo. Además, el Consejo necesita capacidad de interpretación y dirección, no sólo cifras. Nos tenemos que percatar de que, ante la expansión de las empresas y los nuevos retos a los que éstas se enfrentan en el mercado, debemos responder de forma diferente y asumir directamente la mejora de los procesos de negocio a través de las TIC. Tenemos que cambiar el rol exclusivamente tecnológico donde los Ingenieros de Telecomunicación estábamos fuera de la realidad del negocio, para pasar a formar parte de la estrategia. Para ello, debemos poner más empeño en la optimización de los procesos, tanto tecnológicos como de negocio y convertirnos en agentes de cambio para una mejora última del negocio. En consecuencia, nuestras universidades tampoco deberían estar ajenas a esta nueva realidad y deberían incorporar a los planes de estudio de Teleco más asignaturas que incluyan contenidos en finanzas, gestión, legislación, consultoría estratégica y de negocio, reingeniería de procesos de negocio, auditorías de sistemas de información, control y gestión de riesgos, en resumen, deberían proporcionar una mejor preparación en Gobierno TI (IT Governance). En definitiva, tenemos que demostrar al mercado nuestra increíble capacidad para identificar, desarrollar e implantar los mejores sistemas posibles para la gestión de la información, de forma que las compañías puedan potenciar notablemente su situación competitiva y reforzar su posición como innovadores de su sector económico. El rol de los Ingenieros de Telecomunicación en los Consejos de las empresas del siglo XXI Francisco José Doménech Colomer Vocal de la Junta de Gobierno Territorial de la Demarcación del Colegio de Ingenieros de Telecomunicación en Andalucía Occidental y Ceuta (COITAOC)
30 oct 2015
Artículo BIT
Complejidad
“El futuro de un país está en la capacidad de gestionar profesionales con conocimientos complejos que puedan resolver realidades complejas” (Decanus dixit; Café de Redacción; BIT nº 162). En el intento de descubrir la sustancia de esta declaración –realizada en una mesa de debate sobre el futuro de las ingenierías en España y su adaptación a la Declaración de Bolonia- vino en mi ayuda el texto de la consulta pública lanzada por la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), en mayo de 2007, sobre “Redes de acceso de nueva generación” (NGaN, por sus siglas en inglés). Las consultas públicas suelen ser documentos que sitúan al lector en el contexto técnico, de mercado y regulatorio, para ayudarle a formar un criterio y aportar sus puntos de vista sobre las oportunidades y planteamientos que surgen en la evolución de las redes y servicios de comunicaciones electrónicas. Con ellas puede realizarse un cursillo acelerado sobre los conceptos más determinantes en el ámbito de la regulación y se adquiere soltura en el uso de la coubicación, desagregación, replicabilidad o emulabilidad, mercados de referencia, poder significativo de mercado, escalera de inversión, entre otros tópicos regulatorios. Además, incorporan estrategias y datos de otros países que, como casi siempre, se han adelantado a nuestras iniciativas. Pero no se trata de hacer publicidad de la actividad de la CMT que ya dispone, para ello, de su gabinete de prensa. Desde hace tiempo, somos testigos de una campaña para mentalizar al sector y a la sociedad de la necesidad de realizar una profunda transformación de la red de acceso, mediante la sustitución total o parcial de la planta existente de pares de cobre por otra de fibra óptica, para ofrecer servicios que exigen velocidades de más de 50 Mbit/s. A partir de este planteamiento surge la consulta pública sobre NGaN que es un texto imprescindible para aprobar el cursillo acelerado. Repasando su contenido más sustancioso se observa que, aproximadamente, un 33% se dedica a describir los posibles escenarios de evolución tecnológica de la red de acceso; un 36% a consideraciones sobre la obra civil en el dominio público, y la infraestructura en el interior de los edificios y en el domicilio de los usuarios; un 25% a cuestiones de mercado y criterios de regulación, y tres páginas escasas (un 6%) a la reflexión sobre el impacto en la sociedad (brecha digital) y en las obligaciones de servicio público y universal. Es por tanto, un texto multidisciplinar, en el que la ingeniería de la zanja, la canalización, el conducto, la arqueta y el armario de intemperie, recuperan –¡quién lo diría en la era del software!– un valor determinante. Tengo que confesar que al finalizar la lectura de la consulta pública sentí un profundo desánimo al comprobar lo complejo que es, en muchas ocasiones, el proceso de innovación. Las barreras no provienen de la tecnología (en el caso de la NGaN la mayoría de las soluciones ya eran conocidas a finales del siglo pasado), sino de la retórica regulatoria y, especialmente, de las administraciones autonómicas y locales. ¿Y qué decir de las comunidades de propietarios que han de autorizar la actividad de los instaladores en sus inmuebles? Ésta si que es una realidad compleja que no pueden resolver ni la Declaración de Bolonia ni el debate sobre las atribuciones profesionales. Complejidad
30 oct 2015
Artículo BIT
La metafísica de la física actual
Compte con su positivismo determinó que la metafísica fuera relegada como un arcaísmo, hasta el extremo de que Dios se convirtió en una “hipótesis innecesaria” de la Mecánica celeste. Frente al determinismo de la Ciencia, una fuerza exterior al sistema carecía de sentido. El positivismo lógico de la escuela del Círculo de Viena distinguió, siguiendo a Kant, entre proposiciones analíticas o tautológicas, que sólo dependen del significado de los signos, y tiene su cauce en el lenguaje; y proposiciones sintéticas o demostrables con los datos de la experiencia, cuyo cauce es el empirismo que fundamenta la Ciencia. Cualquier otra proposición postulada como verdadera apriorísticamente, era literalmente “carente de sentido”, tales como las proposiciones metafísicas, entre las que se encuentran las éticas, estéticas o teológicas. La consecuencia es que no existe base lógica para un antagonismo entre religión y ciencia natural, ya que ambos campos carecen de conexión, pues una “verdad” revelada no tiene nada que ver con un resultado experimental propio de la ciencia, razón por la que científicos como Schrödinger o Einstein compaginaran ciencia y fe si la contradicción a que les hubiera obligado el marxismo o el existencialismo. El rechazo científico de la religión, que algunos pretenden actualizar, carece de sentido. Creer que la singularidad del Big- Bang en el tiempo de Planck es interna o externa al sistema, exige el mismo tipo de fe. Si bien la fe como teología es sólo una parte de la metafísica, como lo es la ontología; los criterios éticos están íntimamente relacionados en la ciencia actual, en la que la introducción de la termodinámica de las estructuras disipativas de Prigogine implica al desorden o caos como origen del orden, como intuyó Schrödinger, y la vida es fruto de la evolución de la entropía negativa, o información, nuestra frontera. Incluso existen teorías científicas como la de la Supercuerdas en Física cuántica, en la que el modelo conceptual precede al empirismo. La aceptación del paradigma actual tiene implicaciones éticas y por ende, metafísicas. Por ejemplo, puesto que la vida evoluciona, como tendencia, en la dirección del incremento de la información o complejidad de los sistemas, y no por mero azar, existe una implicación moral en el científico de no contradecir la marcha evolutiva hacia la inteligencia, tal como destruyendo el medio ambiente que posibilita la vida en este planeta. Lo cual es contradictorio a cuando se creía en la era industrial que sólo con derroche de energía podían ordenarse los sistemas, cuando prevalecía el criterio de que el aumento de entropía marcaba el curso del progreso evolutivo incluso en la vida o la sociedad. Se podría establecer un cuadro de principios éticos o metafísicos que determinarían un específico comportamiento del ingeniero que se considera científico, sea creyente o deje de serlo, ya que lo contradictorio es creer agnósticamente en la ciencia y vivir de espaldas a sus implicaciones morales, como la destrucción de los recursos del planeta y su irreversible contaminación, o aceptar un sistema de enseñanza que embrutece a las nuevas generaciones convirtiéndolas en las de mayor fracaso escolar de la OCDE. No cabe el disentimiento ético profesional, máxime en un ingenieroLa metafísica de la física actual Aquilino Morcillo Crovetto Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
Artículo BIT
La vida es móvil
El reclamo publicitario tiene mucho de marketing y poco de filosofía de la verdad. Cuando la publicidad crea eslóganes al estilo i’m loving it, por que tú lo vales o simplemente siempre, está buscando la frase feliz que se recuerde con facilidad y tenga ese duende de la mercadotécnica para brillar sobre las demás aumentando sustancialmente las tasas de recuerdo. Nada más. Pero hay veces que la frase tiene más enjundia y el acuñador, de forma voluntaria o involuntaria, certifica que ha ido un pasó más allá de los tristes spots televisivos. Claro que cuando Calderón de la Barca tituló su obra La Vida es Sueño, seguro que algún criterio de reclamo al lector tenía, por muy genial que fuera la obra que colgaba de él. Si la vida es sueño según Calderón, también es móvil según un operador que le hace el pareado; y si soñar en términos efectivos no pasa de unas horas al día, a estas alturas son más las que pasamos colgados al celular. Los tiempos corren más que las manillas del reloj aunque ya sean digitales, y si antes consistía en pasar la vida soñando, hoy nos conformamos con gustarla hablando. La movilidad y la vida van cogidas de la mano, no desde que se comercializó el primer Motorola, sino desde que salieron los sapiens para cazar de las Cuevas de Altamira. Es un atributo natural en los mamíferos, moverse, y por tanto facilitar esa movilidad entra dentro de las coordenadas generales del progreso. Fue una rueda, un carro, una vela o un motor continuo lo que hizo evolucionar la movilidad, que paso a paso derribó muros y brincó fronteras. “No te subas al coche de caballos, que te estalla la cabeza” decían las abuelas preocupadas a principios del XX; “No hables mucho por el móvil, que se te calienta el hipotálamo” dicen hoy los amantes de los espacios verdes, auténticos cruzados contra las antenas de telefonía. Pero la movilidad no se detiene a pesar de los que apostaban por mantener a Plantón dentro de la caverna. Hoy la vida se sigue viviendo, pero ahora las claves del desempeño se llevan en el bolsillo, en apenas 30 cm2, donde van quedando pocas monedas de latón y más micropagos a cuenta de factura. Porque la vida es móvil y el móvil es vida que se hace llave, monedero, agenda, callejero, cámara, radio, televisión, correspondencia, biblioteca… y todo lo que vaya cabiendo en medio palmo. Y en eso se cifra el éxito de lo portable para quien quiera escudriñarlo, en hacer andar la tecnología según la misma naturaleza del hombre. Porque la evolución que unas veces se llama máquina de vapor y otras códigos bidimensionales, son las patas de la misma mesa al dar un paso al frente. No se circunscribe a una cultura, ni a la compra compulsiva de tonos, sonitonos, polítonos; que va asociado a ese iberismo tan nuestro de marcar el territorio; sino a la propia cadencia del descubrimiento que mejora la vida, y acorta distancias. Es un proceso global, la revolución móvil de nuestros días que sirve al hombre para que el hombre viva mejor. Se trata de aligerar la carga y moverse con facilidad. La vida es móvil Gonzalo J. Moreno Muñoz Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
Artículo BIT
El mercado del móvil se renueva
Una vez más asistimos al inicio de un nuevo ciclo en la vida de la industria de las comunicaciones móviles. Quizás sea este su cuarto proceso de renovación en menos de 20 años: la llegada de los teléfonos de bolsillo a principios de los 90 inició la revolución de la telefonía personal. Poco tiempo después al llegar GSM, la misma tecnología de telefonía móvil llegó a cientos de operadores en decenas de países y Europa se abrió a la competencia entre operadores. Desde entonces, las conversaciones telefónicas se empiezan por un ¿dónde estás?, en lugar del más convencional ¿cómo estás?, dando por supuesto que el teléfono móvil te permite hablar desde cualquier rincón del planeta. A principios de la década actual, se desplegó un esfuerzo tecnológico inmenso para integrar en los dispositivos y las redes funciones multimedia que han extendido las capacidades de los teléfonos mucho más allá del ámbito de la comunicación interpersonal para el que estaban concebidos: hoy los teléfonos tienen mejores cámaras digitales, reproductores de música y vídeo, pantallas ó navegadores GPS que los propios dispositivos especializados de cada una de las categorías citadas hace sólo un par de años. Pero soplan de nuevo vientos de cambio: a las capacidades multimedia de ahora se suman los habilitadores que introducen las nuevas tecnologías de acceso de datos de alta velocidad. La convergencia de la llamada 3,5 G y las tecnologías encuadradas dentro de la familia WiFi están facilitando algo que se venía anticipando hace tiempo: un modelo de acceso abierto a contenidos y servicios, en el que el dispositivo se convierte en una plataforma personal de integración desde la que se puede acceder a Internet, almacenar la música y las fotos de uso habitual, procesar el correo electrónico y, como no, hablar con los demás. Pero lo más significativo de este nuevo ciclo es que en él intervienen nuevos actores que han participado muy directamente en alguna de las transformaciones esenciales en el mundo de Internet y cuentan, además, con marcas que ejercen una influencia muy importante en la mente de los consumidores. Si esto ocurre es porque existe espacio para ello en virtud de un proceso de relevo en el que anteriores actores no pueden restaurar los modelos que les llevaron al éxito pasado. Parece que su capacidad de innovación se agota y es sobrepasada por la de los que llegan de nuevo. También hay que considerar que el mercado de la movilidad ha madurado mucho y los clientes están ya preparados para adoptar modelos más abiertos y ricos, entre los que pueden elegir con mucha más libertad y de los que obtienen mayor satisfacción. Se ha hablado mucho de cual es el papel de cada uno de los agentes de la cadena de valor y de cómo muchos de ellos compiten por ponerse delante del consumidor, pero lo cierto es que es él, el consumidor, quien selecciona cada vez con más capacidad. Su perspectiva de la cadena de valor es más multidimensional y percibe ésta no como una cadena, sino como una retícula a cuyos nodos acude a recibir los productos y servicios que requiere. En este proceso de selección natural ganarán los que tengan una visión más amplia e integradora del mercado, para los que la convergencia es un medio y un proceso contínuo en el que las tecnologías están al servicio de los clientes y los productos se crean bajo la fuerza de la demanda. Donde calidad y buen precio no entran en conflicto y donde la asociación de marcas de valor crea arraigo emocional con los clientes. El mercado del móvil se renueva Luis Ezcurra de Alburquerque Director de Negocios de Telefónica España
30 oct 2015
Artículo BIT
Bolonia, un problema
España se encuentra en pleno proceso de adaptación de sus estudios universitarios al Espacio Europeo de Enseñanza Superior. Con carácter general, es intención del Gobierno que existan Grados, estudios de 240 créditos equivalentes a cuatro años, de los que tres son cursos plenamente lectivos, con el último dedicado al proyecto fin de carrera, prácticas en empresas y otras materias. Serían estos Grados los que darían entrada al mercado laboral, y donde estarían las atribuciones profesionales, con lo que la gran mayoría de los profesionales españoles en el futuro responderían a este perfil. Y existirían después unos másteres, que pretenden especializados, que llevaran a la excelencia, cuyo contenido y objetivos son, para ellos, más dudosos. A este modelo se ajustan sin problemas la mayoría de las profesiones actuales, a quienes les basta con cuatro años, que creen posible la inclusión de todas las materias en los plazos marcados. Quedan fuera de este esquema los médicos, los abogados y los arquitectos, para los que ya el sistema prevé que el ejercicio profesional, por su importancia, solo puede garantizarse tras una duración de 5 o 6 años de los estudios. En medio quedan las ingenierías. Ya habría finalizado el proceso de adaptación al espacio europeo en España, si no hubiera sido porque la ingeniería tiene un difícil encaje con lo que se pretende en el llamado proceso de Bolonia. Muchos aceptamos ahora que todo hubiera sido más sencillo si se hubiera asumido que, en esta área de conocimiento, ya se cumplía con Bolonia: había, y todavía hay, dos niveles, equivalentes al grado y al máster, uno de 3-4 años, la ingeniería técnica, y otro de 5-6 años, la ingeniería superior. Hubiera bastado con hacer ligeros ajustes para que, por ejemplo, tanto los ingenieros técnicos como los de ciclo largo iniciaran sus estudios en el mismo centro universitario, que es lo que ahora se pretende, y con el mismo recorrido desde el principio. No habría sido necesario hacer mucho más, sino dejar que las Escuelas generaran sus propios planes en este marco. Nos hemos metido, lamentablemente, en un camino lleno de obstáculos, al final del cual no sabemos si estaremos mejor o peor que antes. ¿Puede aceptarse que nuestro país no necesita ingenieros con la misma exigencia de conocimientos que médicos, arquitectos o abogados? ¿Se puede asumir que quienes han de responsabilizarse del correcto funcionamiento técnico de nuestra sociedad y de sus infraestructuras solo estudien tres años más uno? ¿De verdad nos podemos creer que sobran los actuales ingenieros, esos que han hecho posible el impresionante avance tecnológico experimentado por nuestra sociedad en los últimos años? Lamentablemente, la ingeniería técnica solo ve, en este proceso, la posibilidad de hacer realidad un anhelo que vienen persiguiendo desde siempre: ser ingenieros a secas, desprenderse de ese apelativo “técnico” que tanto les pesa. Y aplauden una reforma que podría llevar al deterioro de nuestra ingeniería. Que en tres años más uno se puedan adquirir los conocimientos, las competencias, las atribuciones y hasta el nombre, como algunos pretenden, de las ingenierías de ciclo largo actuales es, aparte de un disparate, el triunfo de la mediocridad y un intento de manipular la realidad que no nos llevará a nada bueno. Pero están en ello. Ahora resulta fundamental que tanto el Ministerio de Educación y Ciencia, como la Universidad sean sensibles al problema que se ha creado, y asuman la realidad y las consecuencias, y lograr, entre todos, que una reforma de carácter universitario no afecte a la competitividad de nuestro país. Bolonia, un problema Enrique Gutiérrez Bueno
30 oct 2015
Artículo BIT
El nuevo modelo de competencia de la UE o el riesgo de un paso atrás
La Comisión Europea (Comisaría de Información) ha lanzado recientemente una consulta pública con el fin de definir lo que sería el nuevo marco regulatorio del Sector de las Telecomunicaciones a partir del 2009/2010. Aún cuando no hay todavía una propuesta concreta sobre esta consulta, los comentarios de altos responsables de la Comisión y las acciones de ésta, no parecen avanzar en la línea que sería deseable, esto es, dar un paso hacia delante en el proceso de competencia iniciado en 1998, dotando a todos los operadores de un mayor grado de libertad y flexibilidad en la toma de decisiones y que sean estos los que acierten o se equivoquen con ellos. Sin embargo, y al margen de las diferencias de opinión entre la citada Comisaría y la de la Competencia, llama la atención que la Comisaría de la Información se haya postulado en contra de aquellos Estados que querían avanzar en la línea antes citada, caso por ejemplo; de las vacaciones regulatorias de Alemania, y que no hayan puesto objeción alguna a otras más proteccionistas, como por ejemplo; la separación funcional del Reino Unido. Es en esto y en otras facetas en los que se aprecia el sentir de la Comisión al considerar esta última opción como una de las posibles propuestas de cara al nuevo marco regulatorio. Pues bien, esperemos que, por el bien del Sector, esta no sea la propuesta, porque si hay algo peor que un monopolio, esto es sin duda una competencia regulada, con enfoques, decisiones y metodologías contables que lejos de haber puesto y poner el foco en el desarrollo del modelo de competencia que nos habíamos dado en la UE, se ha centrado en la continua bajada de precios, lo que, además de ser el peor camino para el Sector, para la Competencia en Servicios e Infraestructuras, para la Innovación y para la Inversión., nos volvería a alejar de los países más avanzados, como por ejemplo de EE.UU. Un caso ilustrativo de lo anterior, es la reciente multa impuesta a Telefónica por la Comisión que, tras señalar los altos precios en el ámbito mayorista de la banda ancha durante varios años, no ha habido inversión alternativa relevante de los nuevos operadores y la decisión del Regulador ha sido la de siempre, nuevo golpe de tuerca a los precios. ¿Dónde está la tan cacareada escalera de inversión y la competencia en infraestructuras? La realidad es que no se puede seguir con una regulación del día a día, centrada en el operador dominante, sin horizontes a medio plazo, o lo que es lo mismo, sin un marco claro estable y predecible. Más vale señores de la Regulación que hagan un examen de sus políticas y de las decisiones que han venido tomando, lo que siempre es un sano ejercicio, y que no cometan el error de la separación funcional ya que además de negar la competencia, sería volver a las medidas proteccionistas en la UE , lo que nos llevaría a pensar, a su vez, que los Órganos Rectores no creen ni en la competencia, ni en el mercado único, ni en todo lo que proclaman y aquí sí valdría el dicho de que para este viaje… El nuevo modelo de competencia de la UE o el riesgo de un paso atrás José Luis Machota Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
Artículo BIT
Un reto apasionante
En los últimos meses ha tenido muy buena acogida la serie televisiva “House” en la que, a menudo, vemos como a una persona que lleva una vida normal, de repente le ocurre algún problema de salud y es llevado urgentemente a un Hospital donde un grupo de médicos especula entre múltiples posibles enfermedades, inicialmente sin mucho éxito, hasta que finalmente siempre el gurú “House” acaba teniendo una feliz idea que le lleva a dar un diagnóstico certero. Pero es seguro que todos nos hemos preguntado alguna vez qué ocurriría si alguna vez nos llevan a un Hospital en el que no se encuentre el Dr. “House” o bien, simplemente, que el médico que nos atiende no sea precisamente una lumbrera. Incluso puede que tengamos suerte, pero ese día el Dr. “House” que nos atienda se encuentre con una gripe o con un problema personal que le impida poner todas sus neuronas a nuestro servicio. El resultado sería un mal diagnóstico y como consecuencia un mal tratamiento, con el trágico desenlace que ello pudiera tener. El problema de fondo consiste en que el diagnóstico depende demasiado del criterio subjetivo del médico, no existiendo un procedimiento claro y definido que permita que, cualquiera que sea el médico que nos atienda, el diagnóstico sea el mismo y, además, sea el correcto. A pesar de que se han realizado grandes progresos en los tratamientos y en los equipos para ayuda al diagnóstico, todavía queda mucho por hacer en lo referente al conocimiento de las enfermedades. Quizás esto se deba a que la mayoría de ellas han sido definidas bajo criterios muy heterogéneos basados principalmente en la experiencia de muchos años, pero careciendo de un enfoque científico riguroso. Actualmente nos encontramos con que no existe ningún sector que genere más datos que la Sanidad. Así, cada paciente aporta gran cantidad de información a los médicos, que queda almacenada en diferentes medios (papel, historia electrónica) pero que, sin embargo, solo son analizados puntualmente cuando se desea realizar una investigación sobre una patología determinada. Ante esta situación, se abre un reto apasionante para los ingenieros expertos en análisis de datos. Si fuéramos capaces de diseñar y construir sistemas automatizados para análisis continuado y masivo de datos, podríamos conocer no solo el comportamiento real de las enfermedades sino también sus factores causales, con lo que facilitaríamos enormemente la labor diagnóstica de los médicos y podríamos definir medidas preventivas y terapéuticas que permitirían salvar muchas vidas. Afortunadamente, esto ya es posible hoy día gracias a las nuevas tecnologías de análisis de datos. Tan solo hace falta que las Administraciones públicas y las empresas tengan una voluntad real de apoyar la investigación de la ingeniería aplicada a la medicina. Mientras que sigamos desconociendo la causa de más de la mitad de las enfermedades actuales o, simplemente, mientras que sigan habiendo unos padres que sufren, a quienes la medicina les siga diciendo que no sabe hacer nada para salvar a su hijo pequeño, creo que los ingenieros no podemos permanecer impasibles ya que podemos y debemos aportar soluciones a estos problemas que, algún día, serán los nuestros. Un reto apasionante Juan Francisco Paredes Lozano Ingeniero de Telecomunicación y Licenciado en Medicina y Cirugía
30 oct 2015