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Las comisiones
Las comisiones Gonzalo J. Moreno Muñoz Ingeniero de Telecomunicación Haberlas hailas. Pero no se tratan de comisiones de licitación al estilo catalán o de las cuantiosas prevaricadas que aparecen como setas en el sólido sector del ladrillo. Tampoco las parlamentarias que surgen para solucionar una situación de crisis y la crisis se multiplica por un factor “n”. Las comisiones en Telecomunicaciones se reducen a una sola: La Comisión. Es regla común en economía que aquello que hace mucho ruido, da pocas nueces o si las da están agusanadas. Ese es el caso de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones. Quizá su polémica deportación (en palabras de su expresidente, Bustelo) no haya hecho más que reflejar en lo político lo mal que encaja una institución así en una pretendida economía de mercado. Porque ha sido en los últimos tiempos cuando ese organismo, intervencionista por naturaleza y vocación, se ha politizado hasta los ejes. Nació como una institución interministerial que tenía por objeto controlar un sector que en el año 1998 echaba andar sin mantener del todo el equilibrio. Todo por la permanente obsesión del Estado a que no le levanten la camisa, algo así como el padre que no quiere perder las riendas del todo sobre los hijos y cede un poquito en lo accesorio para seguir igual en lo fundamental. Así fue la liberalización del sector Teleco. Es evidente que el niño no se puede poner de pie de un día para otro, pero seguir con andador cuando la criatura empieza a barbear suena a niño tonto o sin gafas. Controlar a un sector en ciernes, después de un férreo control estatal es una cosa, y otra, y a ocho años vista, es seguir con un mercado encorsetado y sin capacidad de maniobra. Y para colmo la autoridad que lo regula dando brochezazos del color ideológico al mercado. Y es que no deja de ser paradójico que el sector con las empresas más jóvenes, tecnológicas y dinámicas esté sometido a las reglas más arcaicas del mercado. ¿Qué ocurre entonces? Después de la burbuja tecnológica y las primeras convulsiones, hemos tenido tiempo de diseñar una legislación donde prime la libertad económica y el sentido común. Las consecuencias de tan nefasta situación las puede percibir cualquier consumidor. Los usuarios de telefonía móvil tienen hecho el bolsillo a pagar las facturas más altas de Europa, al tiempo que la penetración en España es la mayor de entre todos nuestros vecinos europeos. La regla es sencilla y no se cumple: penetración, crecimiento del mercado, libre competencia ¿bajada de precios? No, porque un grupo de funcionarios deciden desde Barcelona cuanto pueden ganar las operadoras, o el precio que tiene la carcasa del móvil. Y nuestros políticos se pueden dejar la vida diseñando planes de implantación tecnológica para incorporar a las amas de casa a las TIC, sin darse cuenta de que, una vez más, desde Smith, están empezando la casa por el tejado. Pues ahora que está tan de moda eso de la segunda transición, anímense nuestros representantes a dejar de meterle mano a los hilos telefónicos, que ya no son ni una cosa ni otra, y de paso se ahorran el alquiler del edificio en el centro de Barcelona. Da la casualidad que determinadas tendencias políticas tienen vocación económica y esto siempre se traducen en comisiones. Unas que les sacan los colores a sus portadores y otras con vocación de Gran Hermano. Ya se sabe, el gusto por controlar.
30 oct 2015