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De la bola de cristal a la moneda al aire
67.- EDITORIAL De la bola de cristal a la moneda al aire. Valorar el pasado, estudiar el presente y tratar de escudriñar lo que nos pueda deparar el futuro resulta imprescindible para quienes deseen responder adecuadamente a las necesidades de cada momento y evitar situaciones desfavorables que, cuando suceden, suelen ser difícilmente superables. La caótica situación en que llegaron a encontrarse nuestras telecomunicaciones públicas puede ser un ejemplo de ello. Otros aspectos no menos preocupantes y que empiezan a ser cuestionados, como la política económica e industrial que se ha estado aplicando en los últimos años, empiezan a aparecer en el horizonte. Cuestiones, éstas y otras, que son como son y solamente con el paso del tiempo podrán valorarse como positivas o negativas. Desgraciadamente, nadie posee una bola de cristal para poder vaticinar lo que el futuro nos depara. Pero de la bola de cristal a la moneda al aire va un abismo. Quien toma decisiones quisiera, siempre, disponer de la primera herramienta, pero la cruda realidad es que, las más de las veces, las prisas y la improvisación llevan a lo segundo. No pretendemos enmendar la plana a quien decide, llámese Solana, Solchaga, Pérez o García. Quisiéramos, eso sí, que no empezaran siempre los debates cuando ya es tarde. Nos gustaría evitar la carencia de discusión previa y valiente entre expertos y afectados que sirva de soporte a quien o quienes deben, al final del proceso, llevar a la práctica, legislar y dirigir el día a día. Es, en nuestra opinión, esto lo que está fallando y es precisamente esto lo que deseamos retomar cuanto antes mejor. Parece como si un largo letargo hubiese sacudido nuestra sociedad en general y nuestro sector en particular. El fantasme del miedo a “no salir en la foto”. El “sostenella y no enmendalla”. El aquí mando yo y el contraste de opiniones sólo llevará a la puesta en cuestión de mi persona. Precauciones y miedos que sólo sirven para aplazar y evitar sistemáticamente cualquier debate y, en consecuencia, para saber, de forma directa y organizada, las opiniones de los demás. Precauciones y miedos que han acabado con los últimos vestigios de ilusión colectiva que nos quedaba de cuando esto era habitual y la sociedad era “más abierta”. Como queremos ser positivos, vaya por delante un ejemplo de lo que debería ser más habitual: el debate creado en torno a lo que debe ser el ingeniero de telecomunicación del año 2000. Reunidos en El Escorial, durante dos días en fechas recientes, por iniciativa de nuestra Escuela de Madrid, quienes tenían algo que decir en este asunto, las discusiones, a veces ásperas, se han producido abiertamente. Cada uno ha aportado sus dudas, proyectos, rechazos y necesidades, libre y abiertamente, produciéndose, en conjunto, una auténtica “puesta en común” de experiencias personales y colectivas. Lo que llevará, sin duda, a quienes vayan a redactar el Plan de Estudios, a lograr un ingeniero de telecomunicación preparado para el futuro. Situaciones análogas en otros aspectos, son, por desgracia, difíciles de imaginar. Jornadas puntuales, con presencia de sindicatos, profesionales, administración y oposición, donde se repita la experiencia, en torno al modelo industrial, a las compras públicas, al desarrollo de los servicios, a las políticas sectoriales o al proceso tecnológico de nuestra incorporación a Europa, por poner algunos ejemplos, podrían hacer públicos muchos descontentos, frustraciones, proyectos o ilusiones, y traerían consigo, y eso es lo importante, sustanciales avances en la construcción colectiva de una verdadera “casa común”, la de todos los españoles. Es a esto a lo que ayudaremos cuanto podamos las Juntas Directivas del COIT y de la AEIT.
30 oct 2015