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Comunicaciones en torno a Telefónica
PUNTO DE VISTA Consideraciones en torno a Telefónica verdaderamente hablar a lo largo y a lo ancho de una de las primeras empresas del País como Telefónica, sería un trabajo excesivamente arduo, como para acometerlo en unas pocas líneas, por lo que voy a limitarme a reflejar la reflexión que en su día se manifestó, a tenor de las informaciones aparecidas en los diarios más importantes del País, relativas a la ampliación de capital, la extranjerización de Telefónica y la privatización del grupo CTNE. Respecto a lo primero, mi opinión y la de CC.00. es clara. En los últimos años hemos venido abogando, y en ello seguimos, por la conveniencia de ampliaciones de capital mucho más frecuentes e importantes. De las tres principales fuentes de financiación (endeudamiento exterior, endeudamiento interior y ampliación de capital), esta última es, con mucha diferencia, la más barata y menos onerosa. El progresivo crecimiento de los gastos financieros durante los últimos años ha sido producido, precisamente, por un mayor endeudamiento interior, que por las ampliaciones de capital realizadas, y por un endeudamiento exterior mayor aún que el contraído en el interior. Proponíamos, concretamente, que en los años 1984 y próximos siguientes las ampliaciones de capital deberían ser del orden de un 25% (1 x4) anual, como mínimo; con el fin de ir sustituyendo progresivamente parte de! endeudamiento contraído en los mercados interiores y, sobre todo, exterior, por capital social. La partida de gastos financieros, entre intereses, amortizaciones de los préstamos y diferencias de tipos de cambio, estaba y están todavía ahogando la economía de nuestra empresa. En nuestro documento "COMENTARIOS AL PLAN CUATRIENAL 1983-1986 DE CTNE", de septiembre 1984, se indicaba de nuevo una conveniencia de ese tipo, apuntando la extrema y estratégica necesidad de evitar que, al incremento imparable de los costes de amortización técnica, inducido por la aceleración del cambio tecnológico, tuviera que sumarse al mismo tiempo incrementos adicionales, y en paralelo, de los costes financieros, asociados a la introducción de dichos cambios. Incrementos perfectamente parables, incluso cambiables de signo, los financieros. Oponer al efecto-suma producido en el coste por el cambio tecnológico un efecto-resta por vía financiera, solamente era posible mediante ponderaciones crecientes de las ampliaciones de capital dentro de la política financiera de la empresa. Dichas ampliaciones sobreincrementadas de capital habrían de permitir al Estado, en unos años de coyuntura relativamente baja en la bolsa, ir ascendiendo progresivamente en su cota de participación en la propiedad de Telefónica; aprovechando, en efecto, unas cotizaciones histórica y extremadamente baratas; con ello, el Gobierno obviaría cualquier fórmula de expropiación al tiempo que la alta rentabilidad de la inversión favorecería a medio y largo plazo el tan buscado equilibrio del Presupuesto del Estado. La Dirección ha dicho que tales ampliaciones de capital no eran realizables "debido a la estrechez del mercado interior de capitales". Era, y es, una razón de lo más aparente; pero una razón tan aparente como falsa. La verdadera razón de las reducciones operadas en las ampliaciones de capital, particularmente operadas desde el advenimiento de la democracia, ha sido, y sigue siendo, la siguiente: que tanto el PSOE, como a la derecha y a la patronal, no les ha interesado (por las razones que sean, pero no por razones de estricta economía), ni les interesa, que el Estado tenga la mínima oportunidad de afirmar y consolidar definitivamente su control sobre Telefónica mediante la apropiación de la mayoría absoluta del capital social de la empresa. Eduardo Uribe Federación de Transportes de CC.OO. Ahora Telefónica anuncia una ampliación al 1 x 8, a realizar solamente cuatro meses después de concluida otra de similar tamaño. Parecería como si, final aunque secretamente, la Dirección hubiera tenido en cuenta esta opinión. En consecuencia, tendríamos que estar completamente de acuerdo con la misma. Pero he aquí que el anuncio no va dirigido a que el Estado amplíe precisamente su participación, sino que ofrece pensando en que el extranjero pueda, por el contrario, ir aumentando su parte... Para mí, no son necesarios más comentarios al respecto. En cuanto poder extranjerizar la propiedad de CTNE en un 49 ó 50 por 100, aclaremos en primer lugar, que actualmente el techo legal está establecido en el 25%, y que la propiedad extranjera está estimada entorno a un 12%. Pues bien, ante tal evento, valga solamente la siguiente observación: El poder de influencia de las multinacionales extranjeras en la política tecnológica y económica de Telefónica es, ya hoy, extremadamente grande. Ello se manifiesta especialmente a través de la estructura monopolista del mercado de equipamiento al que Telefónica está sometido. Mercado dominado por dichas multinacionales; en relación con las cuales CTNE, al tiempo que socio "subordinado", es cliente supeditado. Telefónica ya está atada de pies a las multinacionales extranjeras por vía de los aprovisionamientos. ¿Por qué tiene ahora Telefónica que atarse de manos sentando en su Consejo de Administración a esos mismos, distintos o similares extranjeros, hasta un 49 ó 50 por 100 de la representación? Hay que señalar inmediatamente que ni siquiera es necesario, prescindiendo de los suministros, que el extranjero ocupe un solo sillón en CTNE para que pueda ya ejercer un poderoso influjo en la política y dirección telefónica, en el marco de la nueva situación que se dibuja. En el supuesto de que el extranjero simplemente controlara la propiedad de una parte importante del capital telefónico, cualquier medida importante que, desde el Consejo de Administración o desde cualquier otro nivel de la gestión, pretendiera darse o dejar de darse, habría de hacerse siempre con la mirada puesta en esos centros de decisión del exterior capaces de promover desde allí los oportunos movimientos especulativos con las acciones telefónicas. Cualquier movimiento de tan importante masa accionarial, o simplemente de una parte de ella, tanto al alza como a la baja, serviría para hacer tambalear la política telefónica previamente trazada desde España, por mejor pintada que estuviera. No sólo eso. Cualquier variación autónoma económicamente adversa localizada en el exterior podría provocar saltos adversos contra el capital telefónico español. CTNE se convertiría entonces en una empresa mucho más sensible a los flujos y coyunturas exteriores, no sólo como lo ha sido hasta ahora, sino presumiblemente, más sensible que a los flujos y coyunturas económicas y políticas españolas mismas. Hoy, ciertamente, la coyuntura exterior parece más favorable que la interior a la venta de las acciones telefónicas; pero mañana el viento favorable puede que sea a la inversa. Hoy, tal vez, se pueda vender al extranjero hasta el 49 ó 50 por 100 "y venga muy bien a corto plazo". Pero: ¿Qué pasará mañana: podremos recuperar ese capital cuando sea necesario? España pudo comprar a ITT un decisivo paquete de acciones de Telefónica en 1945; acciones que, al fin y al cabo, estaban perfectamente localizadas y estaban en España. ¿Podrá España hacer lo mismo mañana con ese 49 ó 50 por 100 en poder del extranjero? Hasta ahora, Valencia, Bilbao, Barcelona y Madrid han venido siendo bolsas relativamente estrechas y controlables; y sus movimientos no han atentado sustantivamente al desarrollo telefónico nacional. Pero: ¿Podrá en la nueva situación Telefónica, o el Gobierno español, controlar las bolsas de Tokio y Nueva York, de Londres, Francfort, o París? ¿Qué más piensan Telefónica y el Gobierno hacer, además de extranjerizar el 49 ó 50 por 100 de la propiedad de Telefónica, para conseguir contrarrestar las nuevas adversidades potenciales contra la soberanía nacional en el desarrollo de nuestras telecomunicaciones? Por último la voluntad de privatización de las empresas del grupo CTNE es cosa que ya ha sido manifestada en anteriores ocasiones. La conversión de participaciones mayoritarias en minoritarias de CTNE, en la propiedad de las empresas de su grupo, acabará disolviendo el ya limitado poder de Telefónica entre los poderes emergentes de las multinacionales. Hasta ahora, solamente ITT, Ericsson y General Cable son mayoritarias en las empresas, cuya propiedad comparten con Telefónica. A partir de ahora cabrá esperar que otras mantenidas bajo el 50%, como Fujitsu o Telettra, y otras nuevas multinacionales, como ATT, etc., se sumen a la lista ¿Cuáles serán, así pues, las empresas del Grupo en las que quede Telefónica con la totalidad de las acciones o con la mayoría? Aquellas que mantengan pérdidas, que no sean rentables. En cualquier caso, una cosa queda clara: que la privatización en este caso significaría exactamente extender la extranjerizaron de la propiedad a todas aquellas empresas en las que todavía la propiedad era mayoritaria o fundamentalmente española. ¿De verdad siguen todavía, el Gobierno y la Dirección de CTNE, pensando en dar ese gran impulso a la industria española del sector, al tiempo que se consiga, gracias a la LOC, ese control de Telefónica por parte del Estado español? Sinceramente, no lo creo.
30 oct 2015