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Artículo BIT
Buscando la salida
En aviación los ingenieros saben que los grandes desastres no se deben a una única causa. Hay pequeñas averías o determinadas circunstancias adversas que, por si solas, no causarían nunca un accidente grave. Sin embargo, cuando esos problemas coinciden por determinadas circunstancias provocan las tragedias. El estado actual de cosas en nuestro país no se debe a una causa en particular, sino a un conjunto de ellas que por separado, y si no se hubieran ido enquistando, no habrían causado ningún desastre irremediable. Habrá quien se crea que la coyuntura actual se debe a que los ciudadanos de algunos países son más austeros y productivos que nosotros y también quien opine que la crisis es la excusa para tomar el control de otros países utilizando como arma la economía. Independientemente de que cada cuál piense aquello que le parezca más acertado, lo que sí parece claro, para quien siga con interés la situación, es que el problema va para largo. Basta mirar alrededor para ver qué les está ocurriendo a quienes van por delante en el camino de implantar políticas económicas impuestas. Las cosas se pueden cambiar, pero para eso hay que actuar. Nadie lo va a hacer salvo los afectados porque los que rescatan, es decir, los que prestan y reciben una compensación económica por ello, siguen ganando dinero y además creen que tienen asegurado el control. No se puede caer en el error de esperar a tomar decisiones personales hasta que la situación cambie. Primero porque la vida no espera y segundo porque va a transcurrir mucho tiempo hasta que la coyuntura cambie. El tiempo del que disponemos, a veces lo olvidamos, tiene un límite. Tampoco hay que olvidar que cuando esto termine, porque no hay ninguna duda de que eso ocurrirá, lo que tendremos será muy distinto a lo que hemos perdido. No valdrán las mismas pautas que nos fueron útiles para manejarnos en el pasado. Habrá que emplear otras nuevas que sean más acordes con la situación que llegará y ya se puede entrever lo que va a venir, pero mientras no nos podemos inhibir. Hay que actuar y hacerlo en varias direcciones. Por un lado, no dejándose engañar; la inteligencia no es sólo la facilidad para el dominio de las Matemáticas o de la Física. En segundo lugar, arañando cada oportunidad por alejada que parezca de nuestros objetivos. Si es preciso desviándonos del camino planificado, pero sin olvidar que, a la menor oportunidad, volveremos para intentar conseguir lo que queremos y en lo que creemos. Y por último, intentando que determinadas líneas no se crucen. Es admirable el esfuerzo de algunos colectivos de profesionales muy cualificados para, utilizando el marco legal vigente, defender lo que nunca se debe perder. Se sabe que más recortes traerán menos crecimiento y se siguen aplicando. También se sabe, y en especial el colectivo de los profesionales de las nuevas tecnologías, que el futuro está en el conocimiento y en la innovación. Aunque se sabe, también se está estrangulando ese camino. El recorte de recursos, probablemente decidido por quien no sabe ni de ciencia ni de tecnología, está cortando toda posibilidad de seguir en esa línea de crecimiento y de futuro. Todo el prestigio y conocimiento, ganados con interés y trabajo bien hecho en los proyectos internacionales durante estos años, se está dilapidando. Incluso desde un punto de vista puramente economicista, estas acciones suponen tirar el dinero de las inversiones realizadas los años anteriores. No está la situación para tirar nada. Por el interés de los que imponen recortes y la miopía de los que los aplican, se está perdiendo la riqueza tecnológica del presente y del más inmediato futuro ¿No es el momento para que los ingenieros sean, al igual que lo son otros grupos de profesionales, más “beligerantes” con estas decisiones?Teresa Pascual Ogueta Ingeniera de Telecomunicación Buscando la [email protected] salida
30 oct 2015
Artículo BIT
Suenan tambores de guerra en el sector de las telecomunicaciones
Recientemente hemos tenido noticias acerca de una posible OPA de ATT sobre Telefónica, rumores que han venido precedidos de noticias semejantes,como por ejemplo, otra posible OPA de Verizón sobre Vodafone. De momento, son eso, rumores, pero no por ello deberíamos dejar de preguntarnos si hay base para ello y qué consecuencias podemos extraer. La respuesta, a primera vista, es que si, que si hay base para ello.¿Pero por qué? Está claro que uno de los objetivos primordiales de cualquier compañía es el crecimiento y creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos,que los operadores de telecomunicaciones, en general, y los europeos, en particular, están embarcados en una dificil travesía, donde la palabra crecimiento es cada vez más dificil de pronunciar. Es la famosa frase del desacoplo entre tráfico e ingresos y el reflejo de todo esto es la pobre valoración del sector y de las compañías europeas en bolsa, donde ya llevan un largo peregrinar por el desierto desde el pinchazo de la burbuja en el año 2000. Alguien podría argumentar que esta situación es común a los operadores de uno y otro lado del Atlántico, pero la realidad es que los operadores señalados como opantes son de EEUU y los opados de Europa. Si damos un paso más podría parecer, a primera vista, que las estrategias y políticas de telecomunicaciones en EEUU y Europa son similares, lo cual no es necesariamente así y conviene resaltar una serie de diferencias esenciales al respecto. La primera, es que en EEUU tienen muy claro que el objetivo es tener empresas fuertes y solidas financieramente hablando, y el foco está puesto en esto. En Europa las políticas son mas populistas y orientadas al usuario, lo cual a veces es dificil de compaginar con la fortaleza de las compañías. La segunda, es que EEUU aprendió la lección de sus errores del pasado (desmembración de ATT), que hizo que las compañías de este país perdieran relevancia en el plano internacional por mor de la competencia interna. Por contra, en esa época las empresas europeas se lanzaron a la conquista exterior. Pues bien, ahora estamos en el proceso inverso, unas compañías estadounidenses consolidadas y unas europeas fragmentadas y obsesionadas por la competencia, asimilándose poco mas o menos competencia con número de actores. Otra diferencia es el grado de libertad de que gozan las compañías en EEUU, con un modelo más abierto y flexible frente al intervencionismo atroz que hay en Europa. En cuarto lugar, hay que mencionar la importancia que se da al mundo Internet en EEUU, donde sus compañías copan los primeros puestos en los distintos eslabones de la cadena de valor, cosa que no sucede en Europa, donde nos perdemos en disquisiciones que no conducen a ningún sitio. La quinta diferencia es la salud financiera de las compañías de EEUU, que tienen caja y salud suficiente para abordar estos procesos, mientras que en Europa lo que prima es el desapalancamiento que dicen los economistas. Por último, habría que mencionar la diferente concepción en cuanto a los modelos de negocio: en EEUU venden servicios, mientras que en Europa las compañías venden el acceso y se regalan prácticamente los servicios. Podríamos esgrimir otra serie de puntos, pero creo que los expuestos son suficientes, como para entender que los operadores de EEUU lo que buscan con estas posibles OPAS es recuperar el tiempo perdido y enmendar la estrategia equivocada que aplicaron en la década de los 90 y eso es lo que está pasando en estos momentos, en los que los que van por el camino erróneo son los operadores europeos. Es evidente que la apuesta es muy ambiciosa porque nada menos que están buscando las "joyas de la corona" pero, ojo al dato, porque a mi me enseñaron en las Milicias, las fases del combate, a saber: la aproximación, la toma de contacto, el asalto, la destrucción del enemigo y la explotación del éxito, así es que, que nadie se duerma en los laureles. José Luis Machota Ingeniero de telecomunicación [email protected] Suenan tambores de guerra en el sector de las telecomunicaciones
30 oct 2015
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La crisis del factor Trabajo
José Eduardo Mohedano Córdoba Ingeniero de Telecomunicación inteltic.net Opinión La crisis del factor Trabajo Por primera vez en las últimas décadas, desde finales de 2012 los beneficios empresariales en España superan a la suma de todos los salarios. En 2006, antes del comienzo de la recesión, los salarios representaban el 47,3% del PIB, mientras que los beneficios de las empresas se quedaban en el 41,4%. Este hecho podría parecer motivo de alegría para directivos y accionistas, si no fuera porque en los países más avanzados de Europa sucede justo lo contrario. Es decir, un alto ratio beneficios/salarios es un indicador de menor desarrollo económico. Los salarios españoles están 3,7 puntos por debajo de la media europea, mientras que los beneficios están 6,8 puntos por encima. Curiosamente, el FMI sigue recomendando presionar a la baja los salarios de los españoles. El sector de las telecomunicaciones aparece aquí como una excepción, pues las malas noticias vienen por partida doble: no sólo se han perdido puestos de trabajo (más de 18.000 en los últimos 5 años) sino que además esta destrucción de empleo viene de la mano de una enorme erosión en los ingresos de las compañías, provocada no sólo por la crisis general sino también por una durísima competencia en precios. En consecuencia, las inversiones se han reducido un 29% en este último lustro. Estos datos pintan un panorama muy sombrío si consideramos además que los analistas siempre han señalado al hipersector TIC como estratégico y clave para la recuperación económica. La realidad incuestionable es que España padece un imbatible desempleo estructural desde la crisis del petróleo de los años 70, sólo aplacado temporalmente por dos acontecimientos irrepetibles en las próximas décadas: la incorporación a la Unión Europea y la Burbuja Inmobiliaria, cuyo estallido ha mandado a la calle a millones de trabajadores que ahora nadie sabe cómo recolocar dentro de nuestras fronteras. Recordando que los tres factores tradicionales de producción son tierra, trabajo y capital, resulta que una burbuja especulativa en el factor tierra ha provocado el hundimiento del factor trabajo a costa del factor capital. Si el trabajo asalariado en masa surge con la revolución industrial, no es descabellado pensar que la desindustrialización puede provocar su definitiva disminución durante quizá muchas décadas. No es la falta de jóvenes (parados en un 50%) lo que pone en peligro nuestras futuras pensiones, sino la reducción de la necesidad del factor trabajo. Una de las causas del surgimiento de la Revolución Industrial en Inglaterra a finales del siglo XVIII fue que los salarios eran relativamente elevados y resultaba conveniente sustituir trabajo por capital en forma de inversiones en maquinaria y nuevas fuentes de energía. Sin embargo, con la globalización resulta más barato todavía sustituir trabajo asalariado caro en países desarrollados por trabajo asalariado barato en países "emergentes". Es más, muchas multinacionales ni siquiera contratan personal directamente en esos países, sino que firman acuerdos con contratas locales. Es decir, menos trabajo y menos inversiones. Siguiendo la ley del péndulo, parece que la Historia económica avanza hacia ¿nuevas? formas de contratación del trabajo. Por ejemplo, desde el Renacimiento hasta la expansión de las fábricas fue bastante frecuente en Europa el verlagssystem: trabajo a domicilio en el entorno rural, pagado por comerciantes que buscaban escapar de las rigideces de los gremios urbanos y reducir el precio del producto. Este tipo de relaciones nos provocan temor porque en la Universidad nos prepararon para ser unos buenos asalariados, pero las profundas transformaciones que estamos viviendo en la naturaleza de los intercambios económicos y la aparición de nuevos ingenios como las impresoras 3D abren sin duda todo un mundo de posibilidades. No se sorprendan ustedes de nada en las próximas décadas, la pensión tampoco nos la pagarán los inmigrantes.
30 oct 2015
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Es posible aprender
Las personas podemos y debemos aprender con el fin de adaptarnos mejor a nuestro entorno. Ya lo decía José Ortega: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Por tanto, no podemos evitarla. Más optimista resulta pensar que las organizaciones también pueden y deben aprender. Todo esto, que a mi director de tesis puede parecerle tan romántico e idealista, es el principio de la teoría del aprendizaje organizativo. Una organización es como un ser vivo. Debe adaptarse a un entorno turbulento y cambiante. Generalmente, no se trata necesariamente de cambiar la estructura. Puede bastar con modificaciones culturales. Pero la organización es, al igual que cualquier organismo biológico, un objeto de trabajo en el contexto de la teoría general de sistemas de Ludwig von Bertalanffy. La teoría general de sistemas constituye, por tanto, un caldo de cultivo apropiado para el desarrollo de la teoría del aprendizaje organizativo de Argyris y Schön, que posteriormente aplicará de forma más clara en el mundo de la organización Peter Senge. Pero, ¿cómo aplicamos todo esto a nosotros mismos y a nuestro entorno social? En resumen, ¿cómo hacemos balance de nuestros éxitos y fracasos con el fin de mejorar? Argyris y Schön proponen dos formas: un hacer lo mismo de siempre de forma más eficiente, por una parte, y un hacer de forma diferente y más eficaz, por otra. De acuerdo con estos autores, el verdadero aprendizaje organizativo es el último, porque nos obliga, de una forma u otra, de manera consciente, a reconocer nuestra más recóndita miseria, con el objetivo de subsanar los vicios adquiridos que no nos permiten progresar. Esto, a nivel de organización, de nación o de sociedad, puede implicar cambios culturales, en los procesos de negocios y, tal vez en menor medida, de carácter estructural. El verdadero problema del auténtico aprendizaje organizativo es, por tanto, la planificación a largo plazo que requiere para que resulte de verdad eficaz, con todas las desavenencias que conlleva una carrera de fondo. Sin embargo, como parece ser que todavía estamos en tiempo de crisis, tal vez sea este momento una oportunidad única para llevar a cabo tan magna empresa. La ingeniería de sistemas constituye, de una forma u otra, una implicación de la teoría general de sistemas en el ámbito de la innovación tecnológica y su aplicación una forma de apostar por el aprendizaje organizativo de verdad, por el de hacer mejor las cosas a largo plazo, aunque nos conlleve un esfuerzo sustancial en el plano temporal más inmediato. Renovados propósitos para el curso que comienza: nuevos enfoques para gestionar mejor nuestra complejidad. José Manuel Arias Calvo Ingeniero de Telecomunicación MIT System Design and Management [email protected] People and organizations undergo an authentic, organized learning process when long term planning with new, more effective ways of completing tasks allow the elimination of old, inefficient procedures while replacing them with innovative efforts that bring real progress, even though these efforts can be intense and difficult in the short term. IS IT POSSIBLE TO LEARN?
30 oct 2015
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Intimidad y tecnología
Por una noticia de prensa nos enterábamos hace unos años, de que la empresa más exitosa en Internet iba a poner sus servidores en barcos fondeados en alta mar porque allí “era más fácil la refrigeración”. Probablemente para una gran mayoría de la población era una razón convincente. Los papeles de Snowden han demostrado algunas cosas que solo eran intuiciones. Está por ver cómo este conocimiento de la realidad cambiará los hábitos porque aunque estos últimos años había señales suficientemente claras de lo que sucedía, personas y empresas parecían ignorarlas. Una consecuencia será que el sector de la nube sufrirá cambios y, probablemente, habrá oportunidades para las empresas que sepan proporcionar la tecnología con la confianza que se demanda. En realidad, lo único novedoso en todo esto es la herramienta empleada porque el afán de control que subyace es muy antiguo. La caída del muro de Berlín nos mostró con qué paciencia y perseverancia se ponían micrófonos y se escuchaban todas las conversaciones de los sospechosos de disidencia las veinticuatro horas del día y durante todos los días. Nada inédito pues bajo el sol, pero los nuevos instrumentos, tan poderosos, allanan el trabajo y permiten extender el control, no sólo a los sospechosos, sino también a todos por si algún día alguno de ellos lo fuera. Cualquier vecino curioso, incluso en una gran ciudad, conoce datos que hablan de cómo es a grandes rasgos nuestra vida. Puede intuir el alejamiento o no de nuestra pareja, la enfermedad incipiente o el cambio de nuestro nivel económico. Incluso la felicidad o la desgracia extremas que acompañan alguna de nuestras etapas de la vida. No necesitará haber intercambiado una sola palabra con nosotros porque las pistas que vamos dejando de nuestra cotidianidad son suficientes. Basta observar nuestros horarios, las personas que nos acompañan o la manera de vestir y de saludar. Eso sí, tiene que ser curioso o tener un interés concreto que alimente la curiosidad. Muchas de las empresas con las que nos relacionamos han demostrado ser extremadamente curiosas y algunos gobiernos, también. Las nuevas herramientas recopilan los datos y las técnicas del vecino curioso se convierten en el algoritmo que los analiza y así, en cualquier momento, cuando se precise, se puede obtener el perfil de cualquier persona. Cierto que a veces el observador malinterpreta lo que ve, pero de momento esos errores no preocupan a quienes los cometen aunque es doloroso para quien es calificado injustamente de sospechoso. En unas jornadas profesionales sobre la falta de seguridad en el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones, había quien afirmaba que la culpa era de la gente por no leerse las condiciones de confidencialidad, ésas que hay que aceptar antes de utilizar las aplicaciones. El problema está en que si las lee detenidamente y las comprende en toda su magnitud, le será difícil aceptarlas. Tampoco firmará si lee con atención las condiciones del contrato para abrir una cuenta bancaria. Si es totalmente coherente, se verá obligado a vivir ajeno a todo lo que significa Internet y eso ahora mismo supone casi un suicidio social y profesional. Lo que se paga por utilizar algunas aplicaciones es muy caro en términos de privacidad. Por ejemplo, la descarga en el móvil o la tableta de un diccionario que se ofrece gratuitamente obliga, entre otras cosas, a permitir que esa aplicación acceda al número del teléfono, al número de serie y si hay una llamada activa, al número con el que se ha establecido la llamada. La capacidad de regular estas conductas es escasa porque los reguladores son locales y las empresas globales. Si los países ya se coordinan para impedir que los enemigos de las sociedades democráticas las puedan atacar ¿intentarán los gobiernos coordinarse para preservar la intimidad de sus ciudadanos y de sus empresas? Si los ciudadanos y las empresas no lo exigen, es dudoso que lo hagan. Many of the companies we deal with on the Internet and some governments have proven to be extremely nosy. Although most of us are not aware of this, we pay a hefty price in terms of privacy for using some applications. The regulation of data privacy is largely ineffective as rules are local while companies are global. Governments will not protect the privacy of their citizens and companies unless they demand said protection.
30 oct 2015
Artículo BIT
Emociones
Tengo la impresión de haber contado ya esta historia. Disculpen, pues, si me repito pero los hechos son tozudos y en los últimos tiempos se han adoptado decisiones que refuerzan mi percepción de que la “marca” Ingeniero de Telecomunicación se sigue diluyendo. Como bien señalaba Edita de Lorenzo (BIT Nº 192), los telecos “resolvemos problemas de una manera muy discreta, las soluciones que damos tienden a ser invisibles y los ciudadanos las disfrutan muchas veces sin percibirlas claramente y esto dificulta la visibilidad”. Nos enorgullece ser artífices de las emociones que surgen cuando, gracias a las telecomunicaciones, descubres, aprendes y participas; o de aquellas que expresan los niños al navegar y crear con sus tabletas; como de las que transmiten los más mayores cuando mitigan su aislamiento mediante el uso de los móviles. Nos toca construir un relato que explique la aportación a esas emociones de una ingeniería que exhibe unos elementos tangibles, los cables, las torres y las antenas, tan sustanciales como poco decorativos. El desafío no es fácil: las telecomunicaciones se han convertido en un bien de consumo tan habitual que decrece la emoción cuando funcionan a medida que aumenta la indignación cuando fallan. Me pregunto si será por esa discreción e invisibilidad de los resultados de la ingeniería de telecomunicación y por su buen comportamiento, por lo que en la nueva Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) no hay ningún consejero con la “marca” teleco. No pretendo cuestionar la profesionalidad ni los conocimientos de los designados, los 10 con un brillante currículo que los capacita para aprender y convertirse en expertos cualificados. Tampoco entro en el galimatías de las mayorías y cuotas de los partidos políticos, ni en el reparto de poderes. Mi comentario surge de un hecho sólido (sin emociones): desde la creación de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), ahora absorbida por la CNMC, los telecos han desempeñado tareas muy relevantes lo que ha fomentado y acreditado, junto con su dominio de la técnica, un valioso conocimiento en regulación y competencia. ¿No mereceríamos una mejor consideración a la hora de componer la plantilla de consejeros del superregulador? Y como remate, tampoco nos han asignado la Dirección de Instrucción de la correspondiente área sectorial y que ejercía un teleco en la extinta CMT. Hemos disfrutado de tiempos mejores con la presencia de Ingenieros de Telecomunicación en los altos niveles de la Administración. Eran, posiblemente, épocas en las que las emociones que suscitan nuestras tecnologías iban acompañadas del misterio de las ondas electromagnéticas. Ahora, los enigmas de las telecomunicaciones han perdido su poder intimidatorio y son muchos más los que se atreven a ser protagonistas en este sector. Seamos positivos y apostemos por que un Ingeniero de Telecomunicación llegue a ser secretario de Estado de Infraestructuras, al igual que un respetable Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos es secretario de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información. Todo es cuestión de emocionar. EMOTIONS Telecommunications engineering has recently lost its aura of mystery, emotion and possibilities as it is presently considered to be just another commodity that only brings frustration when systems malfunction. As a group, we need to obtain recognition for the emotions brought on through modern communications channels and strive to place telecoms engineers in high level positions such as state secretary of infrastructures.
30 oct 2015
Artículo BIT
Telco big data: retos y oportunidades
7 Opinión 119966 marzo 2014 Telco big data: retos y oportunidades as operadoras de telecomunicaciones pueden obtener información muy importante sobre sus clientes, pero por diversos motivos, aún no han podido extraer y explotar todo el valor estratégico y rentabilidad económica de dichos datos. Los datos son tanto estructurados (perfil del cliente, peticiones de servicios, tarificación, incidencias técnicas generadas, etc.), como no estructurados (documentos, vídeos, imágenes, contenido Web, localización, presencia, DPI, señalización SIP/Diameter/ SS7, “logs”, grabaciones del “contact center”, etc.) y parcialmente estructurados (perfil del cliente enriquecido con CDRs o “call data records” e información externa como blogs, foros, redes sociales, etc.). Los operadores tienen información demográfica del cliente, saben dónde vive, saben dónde está, cuándo se conecta, cuánto ancho de banda consume, qué sitios Web visita, qué aplicaciones utiliza, etc. Mediante DPI (Deep Packet Inspection) incluso podrían obtener información adicional en tiempo real sobre las necesidades y los gustos e intereses del cliente, si bien actualmente se encuentran limitados por cuestiones legislativas sobre privacidad y confidencialidad. Toda esta información adquirida de diversas fuentes debe ser organizada y luego analizada para dar soporte a la toma de decisiones. Para las operadoras de telecomunicaciones, “big data” va a suponer nuevas inversiones, pues aumentará el tráfico de las redes y la demanda de sistemas “cloud”. Serán necesarios nuevos conocimientos, plataformas hardware, herramientas software y procesos operativos y comerciales. En especial, es necesaria una renovación de su tradicional infraestructura de tecnologías de información y comunicación y ser más flexibles, imitando lo máximo posible el modelo de sus competidores OTTs (Over-The- Top), que pueden ofrecer nuevos servicios sin grandes inversiones y en muy poco tiempo. De este modo, “big data supone grandes retos para las operadoras, pero también una gran oportunidad. En efecto, “big data” es una poderosa tecnología que pueden explotar para predecir y reducir el ratio de abandono de clientes, impulsar la fidelidad de éstos mediante ofertas especiales o que combinen diversos productos, proporcionar productos y servicios personalizados, mejorar la eficiencia interna, optimizar la infraestructura de red, etc. La información obtenida, puede ser además utilizada para ofrecer nuevos productos y servicios a empresas. Por ejemplo, Telefónica Dynamic Insights está comercializando en el Reino Unido el servicio “Smart Steps”, que utiliza datos agregados y totalmente anónimos de la red móvil. Estos datos permiten a las empresas privadas y organismos públicos medir, comparar y comprender qué factores influyen en el número de personas que visitan un determinado lugar en cualquier momento. Esto puede ser utilizado, por ejemplo, por establecimientos comerciales, para realizar ofertas puntuales adaptadas a cada una de sus tiendas y determinar las mejores localizaciones y los formatos más apropiados para la apertura de nuevas tiendas. Se trata claramente de un aspecto diferenciador respecto a otras ofertas OTT, porque las operadoras pueden obtener muchos más datos y más fiables que éstos.3 L Ramón Jesús Millán Tejedor Ingeniero de Telecomunicación ramonmillan.com Telecoms operators have access to highly relevant information about their customers but for several reasons such as privacy and confidentiality regulations, these operators have not managed to extract and exploit the strategic value of this data. Classic operators have customer data such as address, current location, access point, bandwidth requirements, websites visited, applications used and more by using DPI (Deep Packet Inspection) yielding real-time interests. Efficient organization and analysis of this Big Data can be a huge differentiating factor relative to OTT operators that lack access to such a volume of reliable information. Telco big data: challenges & opportunities
30 oct 2015
Artículo BIT
Ruido
Opinión Ruido os telecos conocemos muy bien el ruido. La historia de las telecomunicaciones ilustra la permanente y despiadada contienda que mantenemos con él; enseña, también, las tácticas adoptadas, en la conquista del tiempo y de los espacios, para proteger la información (hasta aprendimos a enmascararla para que el ruido interprete que es de los suyos sin maltratarla). Esta legendaria experiencia, además de alimentarnos de realidad, debería ayudarnos a sobrevivir en ambientes contaminados por la incertidumbre y el alboroto. Sin embargo, en los últimos tiempos, tenemos problemas para gestionar, de manera proactiva, el impacto de un ruido que nos perturba profundamente. Es consecuencia de un cúmulo de circunstancias y tiene distintos protagonistas; su fortaleza le permitió superar inmune el cambio de gobiernos del que ha salido reforzado con la protección de los hombres de la troika. Pongamos que hablo del ruido producido por el aluvión de grados del Plan Bolonia que lucen la etiqueta de ingeniería de telecomunicación, así como por los másteres acreditados de los que sólo una categoría habilita para ejercer la profesión de ingeniero. Y hablo, también, de ese ruido generado por la supresión del visado para los proyectos, por la ausencia de actividades reservadas a la profesión regulada o por los límites a la colegiación obligatoria. Percibo, además, el ruido debido a las dudas sobre la coexistencia de dos instituciones afines (una, el Colegio, de derecho público y otra, la Asociación, de derecho privado), ruido que se intensifica con el continuo descenso de la demanda para el título de ingeniero de telecomunicación y del número de colegiados. Con todo ello, se detecta una inquietante fragilidad de las cuentas de resultados de ambas organizaciones y la dificultad para revertir la situación. Puede que, cuando se publiquen estas líneas y gracias a la energía consumida en subrayar las diferencias y en la defensa del statu quo, alguno de los componentes de este zumbido haya desaparecido o resulte distorsionado. Otros sectores profesionales han organizado, incluso, campañas mediáticas, con declaraciones, entrevistas y publicidad: me temo que sea una estrategia de vuelo corto. Echo en falta un debate abierto sobre la reinvención y adaptación de las instituciones al nuevo marco que nos están dibujando. Somos socios fundadores del macroespacio de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) donde las telecomunicaciones desempeñan un cometido básico y transversal: ¿por qué no aprovechar ese papel tan relevante para impulsar un plan que resalte las cosas fundamentales que compartimos; que insista en los hechos y no en los orígenes; y que apueste por un acuerdo que nos una sin insistir obsesivamente en lo que nos distingue? Sólo una iniciativa imaginativa, ambiciosa, sin exclusiones y con servicios atractivos, podrá someter este ruido que nos desconcierta. De lo contrario, me temo que terminaremos formando un coro para cantar eso de “y con tanto ruido no escucharon el final” (Ruido; Joaquín Sabina). 3 L Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación [email protected] Telecoms engineering has arduously fought a never ending battle against noise in order to achieve clear communications but recent legislation such as the Bologna Process has flooded its professional space with regulatory noise by diluting rights and responsibilities among many so-called compatible professionals. Other professional sectors have launched publicity campaigns and interviews aimed at defending their turf but this will be short lived. Maybe an open debate about reinventing and adapting to the new regulatory atmosphere can help our professional college by leveraging the relevance of ICT while emphasising our strengths while leaving differences aside. Noise
30 oct 2015